27 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 23




CAPITULO 23

Cerré la puerta de casa intentando hacer el más mínimo ruido y comencé a caminar hacia la casa de Bill. Tenía que hablar con él. Porque tenía que decidir qué hacer con Dylan. Lo iba a dejar, eso estaba claro. Y creo que ya no lo quería como antes. Ok, algún cariño le tenía que tener, ¿no? Pero la noticia no me había afectado tanto… Era algo terrible, si, pero no lo sentí como lo habría sentido en otro momento, tal vez. Es más, quería alejarme de él lo antes posible. Quizás después la que salía afectada era yo. Sólo tenía que buscar una oportunidad para hablar con Dylan y lo cortaría al instante. Él no me quería. Escucharlo hablar así sobre mí no me había gustado. Y es que sinceramente ¿A quién le gusta que la traten de zorra, y encima a las espaldas? Yo ni siquiera sabía cuáles eran las intenciones de Dylan. Seguro los gemelos y Kattie ya sospechaban algo, pues ellos ya me habían dicho hace tiempo que me alejara de él, pero yo no los había querido escuchar.
Y ahora me daba cuenta de que por no querer escuchar había perdido muchas cosas.
Le di con el pie a una piedra.
Tampoco me iba a enojar. Era su vida y ya estaba. Si él quería andar metido en el royo ese de las drogas… pues bien por él. Él poco cariño que le tenía no bastaba para ayudarlo a salir de allí. Aunque dudo que él quisiera salir de allí. Se estaba jodiendo solo. Y como se jodía solo, solo se quedaría.
Intentaba convencerme internamente de que Dylan ya había pasado, de que ya no lo quería. Aunque en el fondo sabía que aún sentía algo de aprecio por él. Y pensando así tan fríamente, como lo estaba haciendo, me hacía tener más claras las cosas.
Yo no lo tenía que querer. Entonces no lo quería. Y así eran las cosas, así debían ser. Yo quería mucho más a Bill.
Dios, yo amaba a Bill.
De pronto me entraron las ganas de estar con él.
Apresuré el paso mientras me mordía el labio inferior. No me aguantaba. Quería abrazarlo, besarlo y… ay Bill, Bill, Bill. Y es que si él no hubiese estado, no hubiera soportado así de bien lo que había pasado ayer.
Estaba completamente segura de que él me gustaba, de que lo quería, de que incluso lo amaba. Había llegado a esa conclusión la noche anterior y no iba a cambiar de opinión.
Ahora mismo iba, se lo decía y luego nos íbamos a nuestro lugar secreto.
Suspiré, piqué al timbre de la casa sonreí y miré mis pies. Dios, estaba como una boba.
¡Anne! volteé al instante hacia el lugar de donde había provenido el grito y pude ver a Kattie corriendo hacia mí. Tenía una enorme sonrisa en el rostro y venía con una mano alzada en el aire, saludándome. Le devolví la sonrisa y moví la mano por encima de mi cabeza, respondiéndole el saludo hola.
Hola dijimos a la vez en cuanto ella llegó a mi lado. Ella se echó a reír y yo la seguí.  Te veo contenta, ¿eh?
Si, es que lo estoy. Es que no sabes lo que me ha pasado…
No, no lo sé me había picado el bichito de la curiosidad. Ahora quería saber que era lo que había pasado y porqué mi amiga estaba así de contenta.
Fue lo mejor del mundo, te lo tengo que contar —susurró. Su voz se había vuelto aguda de pronto, cosa que me molestó un poco, pero no dejé de sonreír. La puerta se abrió en ese instante.
¡Chicas! ¿Cómo están? —nos saludó Simone. La miré y me puse de puntillas para besarla en la mejilla.
Hola, Simone ella me hizo un espacio en la puerta y luego pasé. Kattie se quedó saludándola allí y yo me dirigí al salón. Ya que vi la TV encendida en un canal de dibujos animados. Sólo a Tom, al magnífico Tom, se le ocurría ver Disney Chanel para matar el aburrimiento.
¡Hola! lo saludé. Él me miró sorprendido. Al parecer no se había dado cuenta de que yo estaba aquí.
¡Hola, Anne!se levanté del sillón de un salto y me plantó un beso en la mejilla ¿cómo estás? Tienes ojeras.
Oh, gracias, ya lo sé me llevé una mano a los ojos no dormí bien, pero estoy bien sonreí.
Que bien.
Si, muy bien ¿Y tú, estás bien?
Estaré bien cuando dejes de decir bien rió y yo lo seguí.
Ok, ok.
Te noto más animada entrecerró los ojos y en menos de un segundo ya se había vuelto a tirar sobre el sillón.
Es que Kattie me contagia su alegría ¿Sabes algo sobre eso? Tom cogió el control de la TV y cambió de canal rápidamente.
Oh, mira, formula uno me senté a su lado y no dije nada. Vale, él había cambiado de tema. Y había sido extremadamente obvio. En ese momento de silencio, me di cuenta de que si Kattie estaba en esta casa no iba a poder hablar con Bill. Que mierda…
¡Hallo, Tomy! casi gritó Kattie entrando en el salón. Tom se volteó a mirarla y yo igual lo hice.
Hola la saludó Tom ¿sabes dónde está Bill? Pff y mas pff. Me entró la rabia, los celos, todo. Dios, era una celosa de mierda…
Aquí estoy Bill apareció detrás de ella en ese momento.
¡Mi amoor! Chilló ella, prácticamente lanzándose encima de Bill con los brazos abiertos, para seguidamente besarlo en los labios. Tom se dio media vuelta para volver a mirar la TV. Y yo me quedé allí, estática, mirando a la pareja, con ganas de matar a la chica. Separaron sus labios y seguidamente Kattie lo abrazó, pasando las manos por encima del cuello de Bill, Bill la tomó de la cintura… Y me miró, pasando su cabeza a un lado de la de Kattie. No supe que expresión tenía yo en la cara. Pero él desvió la vista rápidamente. Se separaron y Kattie lo cogió de la mano, tirando de él, mientras venían hacia nosotros.
Hola, Bill me levanté para seguidamente darle un beso en la mejilla. Dios, que ganas tenía de que él hubiese corrido la boca o que se yo…
Hola, Anne me había llamado Anne. Y no había pasado desapercibido. Kattie e incluso Tom miraron a Bill impresionados... Conmigo incluida. ¿Y ahora qué le pasaba? Es decir, estaba bien... Kattie estaba aquí y todo. Pero no era para que el me llamara Anne y no Annie. Era mi nombre, pero él nunca me llamaba así. Ya era costumbre… uf, a lo mejor se había equivocado ¿qué? preguntó Bill.
Nada.
Nada.
La llamaste Anne había sido Tom. Bill me miró durante un segundo y luego calló en una de los sillones pequeños con Kattie en sus piernas.
Me equivoqué medio sonrió. Tensé la mandíbula y me dieron ganas de partirle la cara de un golpe. ¡Y encima se equivocaba!
Seguro con Kattie no se confundía nunca y siempre la llamaba cariño o amor. Pff y más Pff. Tenía que hablar con él y Kattie se tenía que ir de una vez.
Me di cuenta de que mi humor había cambiado de repente. A lo mejor por la actitud de Bill de no mirarme… Y estar así de distante. Se suponía, que ante el resto de las personas éramos mejores amigos, ¿no? Ahora él se alejaba de mi y parecíamos dos extraños. ¿Porqué? Pues porque a él seguramente se le había ocurrido una nueva idea para sacarme celos… o a lo mejor ya no me quería más y quería estar con Kattie.
Reprimí esa última idea e intente quitármela de la cabeza. Algo imposible de hacer, claro está. Pero valía la pena intentarlo.
Me deslicé en el sillón y me dediqué a mirar la TV sin dirigirle ninguna mirada a Bill.
Tom parecía estar desconectado de todo, pues no decía nada. Y por parte de nosotros, digo los tres Kattie, Bill y yo, había un silencio bastante incómodo, que no me gustaba para nada. Iba a estar aquí hasta que Kattie se fuera, no me movería.
Oh, pero claro… Lo que Kattie me tenía que decir. Así dejábamos este silencio incómodo y a lo mejor hasta yo me alegraba con lo que ella me iba a contar.
La miré, por fin iba a dejar de rebanarme el cerebro e iba a entablar un buen tema de conversación. A ver si también me servía para separar a esos dos un poco.
Oye, Kattie me miró ¿me vas a contar eso tan genial? le pregunté. Ella sonrió y casi pude ver como sus mejillas tomaban un color mas rosado. Se separó un poco de Bill y se puso de pie ante la mirada sorprendida de su novio. Como odiaba que fuesen novios.
Si, acompáñame un momento, que dejé el móvil en el bolso, y allí está el mensaje —me guiñó un ojo, gesto que no comprendí. Se acercó a mí y me cogió de la mano para luego hacer que me levantara del sillón.
Kattie la llamó Bill. Pero esta hizo caso omiso a sus palabras y tiró de mi para salir del salón.
Bil te llama.
Si, él no quiere que se lo diga a nadie, pero es que no aguanto —habló en voz muy baja —no te imaginas, lo juro, es lo mejor, es único y… y fue perfecto. No se lo vayas a decir a nadie ¿eh? —asentí —sé que no está muy bien decírtelo aquí y ahora, y con Bill en la otra habitación y encima en su casa, pero es que no me aguanto, estoy tan feliz, que te aseguro que se lo gritaría a todo el mundo, lo publicaría en los diarios, haría una canción de eso e incluso lo diría por la radio rió. Me tardé un poco en procesar sus palabras... ¿A qué se refería? jamás la había escuchado hablar tanto de sopetón. Era casi inentendible.
Lo que si me había quedado claro es que lo que me tenía que decir tenía algo que ver con Bill.
Entonces, si era algo bueno para ella sería algo malo para mí ¿O no? Ojalá no fuese así. Porque no lo soportaría. Y ahora que lo pensaba eso podría explicar el comportamiento de Bill.
Dios, ya empezaba a sacar mis propias conclusiones. Seguramente serían erróneas.
Y como Kattie estaba mal de la cabeza, seguro se ponía contenta por cualquier cosa. Como por ejemplo, porque Bill le había comprado algo
Tenía lógica.
Vamos, un poco.
¿Y me lo vas a decir? le pregunté. Ella se había quedado como una estúpida mirando un punto fijo de la habitación, con aires de soñadora. Estúpida.
Kattie pareció salir de sus pensamientos y me miró. Una sonrisa apareció en sus labios. Y cada vez se agrandaba más
Me estaba muriendo por ganas de saberlo.
Estaba impaciente.
Tenía toda la intriga.
Y ella no me lo decía.
Si, si, te lo diré revolvió las manos nerviosa.
Te dije que esto me hacía feliz, pero claro, también me da un poco de vergüenza decirlo soltó una risita.  Pero te lo diré, porque eres mi amiga y las amigas se cuentan todo —oh, si, claro… Como digas, Kattie.
¿Y bien..? la invité a hablar.
—Ayer, Bill y yo estuvimos en mi casa, ya sabes, juntos y todo eso —hablaba casi en un susurro —nuestra intención era ver una película… de esas románticas que a mi no me gustan nada, pero que a él le encantan —suspiró.
—¿Y…?
—Y… pasó algo que… —el color se le subió a la cara. Me di cuenta de que tragó saliva, preparándose para hablar. Yo ya me había dado cuenta de que esto no tenía muy buena pinta y comenzaba a asustarme —bueno… las cosas se calentaron un poco y… —y fue como si me cayera encima un balde de agua fría. No me lo esperaba. Me puse rígida al instante.
—¿Qué pasó? —Pregunté casi sin poder evitarlo. En el fondo la lo sabía. Sentí una punzada en el pecho y me entraron ganas de llorar.
No lo podía creer. Eso sólo quería decir una cosa.
Ya no soy virgen Bill y Kattie. Juntos. No podía ser. Imposible, ella me estaba mintiendo. Bill no era capaz de hacerme esto. Porque él me quería. Era una broma. Me estaba mintiendo.
Intenté tragarme las lágrimas y sacando fortaleza de donde no tenía, continué…
 ¿Cómo es que, cuándo…? Debes contármelo todo le pregunté fingiendo interés. Dios, soy una masoquista. Bajé la mirada esperando a que ella me contestara. Sentí que los ojos me ardían, pero no lo tomaría en cuenta… no. Yo no iba a llorar. Porque… porque ahora yo era… fuerte.

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