CAPITULO 42
—No —se encogió de hombros borrando la sonrisa de su rostro —él me habló… al verme sola, supongo —ok, había entendido el mensaje.
—Ella es sólo una amiga —dije antes de que ella pudiese pensar otra cosa.
—Te demoraste un montón en hablar con ella —roló los ojos y luego suspiró. Habíamos cambiado de papeles. Ahora la celosa era ella —creí que ya te habías olvidado de mí.
—Eso nunca… —sonreí ante su ocurrencia, para luego explicarle —es que a ella no la veía desde hacía tiempo. Creí que se había ido de la ciudad —Mery asintió, sin reclamar nada. Era mucho más razonable que yo en este tema.
—Comprendo… —esa es la prueba —¿ya compraste las cosas? —preguntó cambiando de tema.
—Sí, sólo falta la comida —le informé.
—Quiero muchas cabritas —me hizo ojitos. Me sentí un poco nervioso, antes lo hacía para conseguir todo lo que quería, pero eso había sido hacía años. Reí —y una bebida gigante.
—Lo que tú quieras, princesa —y es que esos ojitos podían conmigo. Me acerqué, para besarla suavemente. Segundos después me separé de ella —¿me acompañas o me esperas?
—Te acompaño —la tomé de la mano y nos acercamos caminando lentamente hacia el lugar donde vendían todos esos dulces. Nos detuvimos en la mini-fila a esperar nuestro turno. Reí, entre sorprendido y nervioso cuando sin avisar ella me besó en la mejilla.
—Emm… Bill —di media vuelta… era Fran, le sonreí. Sabía que algo se me había olvidado. Me tendió la mano hecha un puño.
—Te demoraste un montón en hablar con ella —roló los ojos y luego suspiró. Habíamos cambiado de papeles. Ahora la celosa era ella —creí que ya te habías olvidado de mí.
—Eso nunca… —sonreí ante su ocurrencia, para luego explicarle —es que a ella no la veía desde hacía tiempo. Creí que se había ido de la ciudad —Mery asintió, sin reclamar nada. Era mucho más razonable que yo en este tema.
—Comprendo… —esa es la prueba —¿ya compraste las cosas? —preguntó cambiando de tema.
—Sí, sólo falta la comida —le informé.
—Quiero muchas cabritas —me hizo ojitos. Me sentí un poco nervioso, antes lo hacía para conseguir todo lo que quería, pero eso había sido hacía años. Reí —y una bebida gigante.
—Lo que tú quieras, princesa —y es que esos ojitos podían conmigo. Me acerqué, para besarla suavemente. Segundos después me separé de ella —¿me acompañas o me esperas?
—Te acompaño —la tomé de la mano y nos acercamos caminando lentamente hacia el lugar donde vendían todos esos dulces. Nos detuvimos en la mini-fila a esperar nuestro turno. Reí, entre sorprendido y nervioso cuando sin avisar ella me besó en la mejilla.
—Emm… Bill —di media vuelta… era Fran, le sonreí. Sabía que algo se me había olvidado. Me tendió la mano hecha un puño.
—Se te olvidó esto —rio burlona. Recibí las monedas y los pocos billetes que me habían sobrado al comprar las entradas —cabeza de pez —agh, odiaba que me dijera así ¿por qué lo hacía delante de Mery? bien, era hora de presentarlas.
—Gracias —me guardé el dinero en el bolsillo del pantalón. Miré a Meer y a Fran intermitentemente. La primera, estaba seria, analizaba a Fran con la mirada…. Y esta última simplemente le sonreía —Fran, ella es Meer. Mi novia —la abracé, pegándola a mi cuerpo, para hacerla sentir mejor, no se notaba muy cómoda con la situación. Fran asintió emocionada —y Meer —la miré —ella es Fran, mi mejor amiga… —mi novia no dijo nada. Simplemente se quedó allí, estática, mirando a la chica que teníamos enfrente.
—Con que esta es la famosa Meer —oh, no —llevo oyendo mucho de ti, desde hace un buen tiempo… ¡hasta te he visto en fotos! pero ahí parecías más pequeña… claro, comprendo que ya creciste y todo —se acercó a Meer de un salto para besarla en la mejilla —es un gusto conocerte. Por fin sé cuál es la chica por la cual Bill pierde la cabeza —rio y Mery la acompañó. Me sentí totalmente bobo.
—Fran —que cerrara la boca de una vez.
—Gracias —me guardé el dinero en el bolsillo del pantalón. Miré a Meer y a Fran intermitentemente. La primera, estaba seria, analizaba a Fran con la mirada…. Y esta última simplemente le sonreía —Fran, ella es Meer. Mi novia —la abracé, pegándola a mi cuerpo, para hacerla sentir mejor, no se notaba muy cómoda con la situación. Fran asintió emocionada —y Meer —la miré —ella es Fran, mi mejor amiga… —mi novia no dijo nada. Simplemente se quedó allí, estática, mirando a la chica que teníamos enfrente.
—Con que esta es la famosa Meer —oh, no —llevo oyendo mucho de ti, desde hace un buen tiempo… ¡hasta te he visto en fotos! pero ahí parecías más pequeña… claro, comprendo que ya creciste y todo —se acercó a Meer de un salto para besarla en la mejilla —es un gusto conocerte. Por fin sé cuál es la chica por la cual Bill pierde la cabeza —rio y Mery la acompañó. Me sentí totalmente bobo.
—Fran —que cerrara la boca de una vez.
—Ops —soltó cómicamente para luego mirar a mi novia —de verdad, un gusto conocerte Meer, si necesitas algo me avisas, no sé. Si algún día quieres que te ayude en el algo, si necesitas a alguien o simplemente si quieres que te haga una rebaja en el cine, me avisas. Ya sabes —le guiñó un ojo.
—Gracias.
—No es nada. Creo que con todo lo que Bill me ha contado… ¡uf! te conozco más de lo que tú crees —agh, no puede ser… —siempre creí que Bill exageraba cuando te describía. Pero ahora veo que no, eres bastante linda —más que linda, Mery es mucho más que linda. Pero Fran no tenía por que decirle todo lo que salía de su boca en este momento. Lo único que lograba era hacerme sentir ridículo.
—Ya basta Fran…—hablé antes de que ella siguiera.
—OK, ok. Hasta luego —se acercó para despedirse y luego se fue. No supe que decirle a Mery, si disculparme o yo que sé.
—Gracias.
—No es nada. Creo que con todo lo que Bill me ha contado… ¡uf! te conozco más de lo que tú crees —agh, no puede ser… —siempre creí que Bill exageraba cuando te describía. Pero ahora veo que no, eres bastante linda —más que linda, Mery es mucho más que linda. Pero Fran no tenía por que decirle todo lo que salía de su boca en este momento. Lo único que lograba era hacerme sentir ridículo.
—Ya basta Fran…—hablé antes de que ella siguiera.
—OK, ok. Hasta luego —se acercó para despedirse y luego se fue. No supe que decirle a Mery, si disculparme o yo que sé.
Opté por cerrar la boca y no hacer ningún comentario. Compramos cosas dulces para comer durante la película, bebidas y ese tipo de cosas. Después de eso caminamos juntos hacia la sala que nos correspondía. Me pregunté qué película veríamos… ni siquiera había leído como se llamaba. Era a elección de Fran. Confiaba en ella, supongo. De todas maneras la película sería excelente porque tenía a una perfecta compañera.
La ayudé a subir las escaleras para llegar a lo más alto… me gustaban los asientos de arriba porque allí podía tener privacidad, y obviamente, estando con Mery necesitaba mucha privacidad. No planeaba soltarla durante las dos horas siguientes… la había extrañado demasiado todo este tiempo como para concentrarme sólo en la película. Nos acomodamos en los asientos. Suspiré, pensando en todo esto… lo que me estaba pasando. Era difícil de creer.
—Me gusta estar aquí contigo —la escuché susurrar a mi lado, bastante cerca de mi oído.
—Y a mí contigo —contesté, susurrando también. Ella se acercó para juntar nuestros labios fugazmente y luego apartarse y acomodarse en el asiento. Me sorprendía lo linda que podía llegar a ser a veces —te amo.
—Te amo —hablamos a la vez. Sonreí y ella hizo lo mismo. Miré la gigantesca cantidad de dulces que habíamos comprado. Tomé unas tres palomitas de maíz y se las di a Mery. Ella abrió la boca y las recibió sonriendo divertida —deliciosa —tragó. Reí…a veces podía llegar a ser muy graciosa. Llevé mi mano a su brazo y la acaricié despacio.
Me acomodé de lado en el asiento y me acerqué a su rostro, tomando su mejilla con una de mis manos. Ella sonrió, muy cerca de mí.
—¿Qué haces? —me acerqué aún más a ella, y cerré los ojos. Rocé sus labios con los míos, despacio. Ella ni siquiera se movió, simplemente se quedó allí, con los labios entreabiertos. Me separé de ella lo suficiente como para poder mirarla a los ojos. Como me encantaba, realmente me gustaba y mucho. Nunca antes había sentido algo así por alguien y saber que la única chica de la que me había enamorado de verdad era mi novia… me ponía de lo más feliz y nervioso. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y juntó nuestros labios con un movimiento rápido. Comenzó a besarme lentamente y yo seguí su juego… atrapaba sus labios, los besaba, mordía y disfrutaba. Minutos después mi lengua exploraba su boca con toda naturalidad.
—Bill… —rio Mery, apartándose de mis labios. La miré… sus mejillas estaban extremadamente rojas y sus labios estaban húmedos —creo que… la película acabó —miré rápidamente en todas direcciones. Sí, había acabado… las luces de la sala ya estaban encendidas. Pero que rápido había pasado la película. Ni siquiera la había visto.
—Hum… si, ya acabó —la acerqué a mí para besarla de nuevo. Se veía encantadora con las mejillas rojas, era irresistible.
—Tenemos que irnos… sólo quedamos nosotros aquí —dijo divertida, volviendo a apartarse de mis labios.
—Ok… la solté. Ella se levantó de encima de mis piernas y yo la imité. Nos arreglamos un poco la ropa y el cabello y luego, tomándola de la cintura, la ayudé a bajar las escaleras —con cuidado —dije al ver que ella se estaba apresurando al bajar.
—No voy a caerme, Bill—se burló.
—No quiero arriesgarme… —Mery puso los ojos en blanco y negó con la cabeza… si, bien, yo no tenía remedio… pero es que no podía evitar preocuparme por ella. Quería cuidarla a toda costa, que nada malo le fuera a suceder.
Despedí a Fran con la mano al salir del lugar… y nos apresuramos en ir hacia el coche antes de terminar mojados hasta la ropa interior. Estaba lloviendo bastante fuerte.
Cerré la puerta y suspiré.
—Qué manera de llover —resoplé. Las gotitas de lluvia caían con fuerza contra la ventana.
—Si… es como si acabara de tomar una ducha —comentó ella acomodándose el cabello con las manos.
—Hace bien ducharse por lo menos tres veces a la semana, Mery —bromeé. Ella me miró con cara de pocos amigos y suspiró.
—Eres malvado, Bill.
—Lo siento —reí. Ella sonrió de medio lado y se acomodó mejor en el asiento. Encendí el motor. Pensé en llevarla a algún otro lugar, a comer algo y conversar, no lo sé… pero luego pensé en que no sería lo correcto. Meer ya estaba lo suficientemente mojada como para enfermarse y no quería que se mojara más. Con los de ahora bastaba y sobraba… —voy llevarte a casa —le comenté. Ella no dijo nada, por lo que la miré fugazmente para ver su expresión. No se notaba molesta —está lloviendo demasiado y no quiero que te enfermes, hermosa… podemos salir por la noche si es que han mejorado las condiciones o quizás mañana.
—Como quieras, Bill —asintió comprendiendo el punto —¿y dónde iremos?
—Quizás te lleve a cenar, ¿quieres?
La ayudé a subir las escaleras para llegar a lo más alto… me gustaban los asientos de arriba porque allí podía tener privacidad, y obviamente, estando con Mery necesitaba mucha privacidad. No planeaba soltarla durante las dos horas siguientes… la había extrañado demasiado todo este tiempo como para concentrarme sólo en la película. Nos acomodamos en los asientos. Suspiré, pensando en todo esto… lo que me estaba pasando. Era difícil de creer.
—Me gusta estar aquí contigo —la escuché susurrar a mi lado, bastante cerca de mi oído.
—Y a mí contigo —contesté, susurrando también. Ella se acercó para juntar nuestros labios fugazmente y luego apartarse y acomodarse en el asiento. Me sorprendía lo linda que podía llegar a ser a veces —te amo.
—Te amo —hablamos a la vez. Sonreí y ella hizo lo mismo. Miré la gigantesca cantidad de dulces que habíamos comprado. Tomé unas tres palomitas de maíz y se las di a Mery. Ella abrió la boca y las recibió sonriendo divertida —deliciosa —tragó. Reí…a veces podía llegar a ser muy graciosa. Llevé mi mano a su brazo y la acaricié despacio.
Me acomodé de lado en el asiento y me acerqué a su rostro, tomando su mejilla con una de mis manos. Ella sonrió, muy cerca de mí.
—¿Qué haces? —me acerqué aún más a ella, y cerré los ojos. Rocé sus labios con los míos, despacio. Ella ni siquiera se movió, simplemente se quedó allí, con los labios entreabiertos. Me separé de ella lo suficiente como para poder mirarla a los ojos. Como me encantaba, realmente me gustaba y mucho. Nunca antes había sentido algo así por alguien y saber que la única chica de la que me había enamorado de verdad era mi novia… me ponía de lo más feliz y nervioso. Ella rodeó mi cuello con sus brazos y juntó nuestros labios con un movimiento rápido. Comenzó a besarme lentamente y yo seguí su juego… atrapaba sus labios, los besaba, mordía y disfrutaba. Minutos después mi lengua exploraba su boca con toda naturalidad.
—Bill… —rio Mery, apartándose de mis labios. La miré… sus mejillas estaban extremadamente rojas y sus labios estaban húmedos —creo que… la película acabó —miré rápidamente en todas direcciones. Sí, había acabado… las luces de la sala ya estaban encendidas. Pero que rápido había pasado la película. Ni siquiera la había visto.
—Hum… si, ya acabó —la acerqué a mí para besarla de nuevo. Se veía encantadora con las mejillas rojas, era irresistible.
—Tenemos que irnos… sólo quedamos nosotros aquí —dijo divertida, volviendo a apartarse de mis labios.
—Ok… la solté. Ella se levantó de encima de mis piernas y yo la imité. Nos arreglamos un poco la ropa y el cabello y luego, tomándola de la cintura, la ayudé a bajar las escaleras —con cuidado —dije al ver que ella se estaba apresurando al bajar.
—No voy a caerme, Bill—se burló.
—No quiero arriesgarme… —Mery puso los ojos en blanco y negó con la cabeza… si, bien, yo no tenía remedio… pero es que no podía evitar preocuparme por ella. Quería cuidarla a toda costa, que nada malo le fuera a suceder.
Despedí a Fran con la mano al salir del lugar… y nos apresuramos en ir hacia el coche antes de terminar mojados hasta la ropa interior. Estaba lloviendo bastante fuerte.
Cerré la puerta y suspiré.
—Qué manera de llover —resoplé. Las gotitas de lluvia caían con fuerza contra la ventana.
—Si… es como si acabara de tomar una ducha —comentó ella acomodándose el cabello con las manos.
—Hace bien ducharse por lo menos tres veces a la semana, Mery —bromeé. Ella me miró con cara de pocos amigos y suspiró.
—Eres malvado, Bill.
—Lo siento —reí. Ella sonrió de medio lado y se acomodó mejor en el asiento. Encendí el motor. Pensé en llevarla a algún otro lugar, a comer algo y conversar, no lo sé… pero luego pensé en que no sería lo correcto. Meer ya estaba lo suficientemente mojada como para enfermarse y no quería que se mojara más. Con los de ahora bastaba y sobraba… —voy llevarte a casa —le comenté. Ella no dijo nada, por lo que la miré fugazmente para ver su expresión. No se notaba molesta —está lloviendo demasiado y no quiero que te enfermes, hermosa… podemos salir por la noche si es que han mejorado las condiciones o quizás mañana.
—Como quieras, Bill —asintió comprendiendo el punto —¿y dónde iremos?
—Quizás te lleve a cenar, ¿quieres?
—Claro —sonrió enormemente asintiendo con la cabeza. Conversamos el resto del viaje sobre cosas sin importancia, para reírnos y pasar el rato.
Al llevar, nos bajamos del coche, yo la ayudé a ir hasta su casa… me daba la impresión de que su madre no estaba ya que no había ninguna luz encendida y el coche de su esposo no estaba. Mery abrió la puerta y se metió dentro para encender la luz. Enseguida volvió a asomarse en la puerta.
—¿Quieres entrar? —preguntó sonriendo con entusiasmo.
—¿Quieres que entre? —alcé una ceja.
—No hay nadie más aquí… y no quiero estar sola —se encogió de hombros. Enseguida se acercó a mí y comenzó a pestañear seguidas veces mirándome con esa expresión que sólo ella podía hacer. Esto podía conmigo, no iba a negarme. Reí. Era increíble lo rápido que mi novia me convencía.
—OK. Te acompañaré…. Pero me iré antes de que tu madre llegue —antes de que se armara un escándalo parecido al de hacía tres años. Mery asintió con la cabeza para luego tomarme de la mano y tirar de mí para hacerme entrar en su casa. No recordaba la última vez que había estado aquí. Se sentía... extraño. Yo la ayudé a caminar, sosteniéndola como antes, hasta llegar a su habitación. Una vez allí comencé a estudiar el lugar con la mirada. Las paredes eran de color azul claro, las cortinas blancas y su cama, que se situaba al lado derecho de la habitación, tenía un cobertor con diseños en una escala de grises.
Al llevar, nos bajamos del coche, yo la ayudé a ir hasta su casa… me daba la impresión de que su madre no estaba ya que no había ninguna luz encendida y el coche de su esposo no estaba. Mery abrió la puerta y se metió dentro para encender la luz. Enseguida volvió a asomarse en la puerta.
—¿Quieres entrar? —preguntó sonriendo con entusiasmo.
—¿Quieres que entre? —alcé una ceja.
—No hay nadie más aquí… y no quiero estar sola —se encogió de hombros. Enseguida se acercó a mí y comenzó a pestañear seguidas veces mirándome con esa expresión que sólo ella podía hacer. Esto podía conmigo, no iba a negarme. Reí. Era increíble lo rápido que mi novia me convencía.
—OK. Te acompañaré…. Pero me iré antes de que tu madre llegue —antes de que se armara un escándalo parecido al de hacía tres años. Mery asintió con la cabeza para luego tomarme de la mano y tirar de mí para hacerme entrar en su casa. No recordaba la última vez que había estado aquí. Se sentía... extraño. Yo la ayudé a caminar, sosteniéndola como antes, hasta llegar a su habitación. Una vez allí comencé a estudiar el lugar con la mirada. Las paredes eran de color azul claro, las cortinas blancas y su cama, que se situaba al lado derecho de la habitación, tenía un cobertor con diseños en una escala de grises.
Justo al lado de la cama había una pequeña mesita de luz con una lámpara y un montón de papeles encima. Del otro lado de la habitación, cerca de la ventana, se encontraba el escritorio cubierto de libros, lápices y papeles. La silla era de color negro. Me fijé en que había un mueble cerca del armario que tenía dos repisas. En la de arriba estaba la TV y en la parte de abajo un equipo para escuchar música, también tenía una alfombra inmensa de color blanco. Se notaba suave y esponjosa.
—¿Qué miras? —preguntó. Entrecerré los ojos. Su habitación era bastante simple, me gustaba.
—Es idea mía o… ¿nunca antes he estado aquí? —la miré. Ella estaba sentada sobre la cama, se encogió de hombros.
—No lo sé, no lo recuerdo… —sonrió. Me acerqué a ella y me senté a su lado en la cama. Era bastante blandita. La rodeé con uno de mis brazos, abrazándola. Ella se dejó caer hacia atrás y yo la seguí. Ambos quedamos recostados en su cama. Mery se acomodó sobre mí y una vez se quedó quieta me acerqué para besarla en la frente. Nos quedamos en silencio un momento. Observé el techo de su habitación pensando en cómo todo había cambiado tan rápidamente de una día para otro.
—Bill… —Meer me sacó de mis pensamientos.
—…¿Humm?
—No le diremos nada a mi madre, ¿verdad? —La miré. Ella hizo lo mismo. Claro que no había que decirle… la mujer se pondría como loca, como la vez anterior. Tragué saliva.
—¿Qué miras? —preguntó. Entrecerré los ojos. Su habitación era bastante simple, me gustaba.
—Es idea mía o… ¿nunca antes he estado aquí? —la miré. Ella estaba sentada sobre la cama, se encogió de hombros.
—No lo sé, no lo recuerdo… —sonrió. Me acerqué a ella y me senté a su lado en la cama. Era bastante blandita. La rodeé con uno de mis brazos, abrazándola. Ella se dejó caer hacia atrás y yo la seguí. Ambos quedamos recostados en su cama. Mery se acomodó sobre mí y una vez se quedó quieta me acerqué para besarla en la frente. Nos quedamos en silencio un momento. Observé el techo de su habitación pensando en cómo todo había cambiado tan rápidamente de una día para otro.
—Bill… —Meer me sacó de mis pensamientos.
—…¿Humm?
—No le diremos nada a mi madre, ¿verdad? —La miré. Ella hizo lo mismo. Claro que no había que decirle… la mujer se pondría como loca, como la vez anterior. Tragué saliva.
—Supongo que no… —suspiré. De todas maneras tarde o temprano la mujer esa iba a enterarse y luego todo sería peor —pero está mal.
—Lo sé —comencé a acariciar su brazo con cuidado —no se puede hacer nada… Si mi mamá se entera me envía a un internado en Inglaterra —Inglaterra… al menos, si algo así llegaba a pasar yo ya sabría donde se encontraba y no pasaría meses y meses sabiendo absolutamente nada de su paradero. Pero no… yo no dejaría que se la llevaran de nuevo.
—¿Inglaterra? iría allí contigo —dije en broma. Y es que… de verdad, yo jamás dejaría que la alejaran de mí de nuevo, ella no iría a Inglaterra.
—Pero esa no es la idea… —lo sé.
—Entonces… tú quieres andar con secretitos, ¿no? —yo también lo quería… era preferible, lo mejor.
—Como antes —sonrió, apartando la mirada.
—Eso es infantil, nos acabarán pillando… —todas las verdades salían a la luz en algún momento.
—Pero dentro de poco voy a cumplir la mayoría de edad. Seré libre y mi madre no podrá decirme que hacer…
—Tú haces lo que quieres aun no tiendo los dieciocho —reí. Meer no le importaba la opinión de su madre para nada. Ella la detestaba y no le obedecía ni al momento de ir a comprar el pan.
—Pero voy a poder ser libre de verdad —hizo resaltar las dos última palabras.
—Uhmm… —libre de verdad.
—Entonces no le vamos a decir nada —lo dio por hecho. Claro que no le diríamos nada, no queríamos un escándalo como el de la vez anterior. No de nuevo…
—Lo sé —comencé a acariciar su brazo con cuidado —no se puede hacer nada… Si mi mamá se entera me envía a un internado en Inglaterra —Inglaterra… al menos, si algo así llegaba a pasar yo ya sabría donde se encontraba y no pasaría meses y meses sabiendo absolutamente nada de su paradero. Pero no… yo no dejaría que se la llevaran de nuevo.
—¿Inglaterra? iría allí contigo —dije en broma. Y es que… de verdad, yo jamás dejaría que la alejaran de mí de nuevo, ella no iría a Inglaterra.
—Pero esa no es la idea… —lo sé.
—Entonces… tú quieres andar con secretitos, ¿no? —yo también lo quería… era preferible, lo mejor.
—Como antes —sonrió, apartando la mirada.
—Eso es infantil, nos acabarán pillando… —todas las verdades salían a la luz en algún momento.
—Pero dentro de poco voy a cumplir la mayoría de edad. Seré libre y mi madre no podrá decirme que hacer…
—Tú haces lo que quieres aun no tiendo los dieciocho —reí. Meer no le importaba la opinión de su madre para nada. Ella la detestaba y no le obedecía ni al momento de ir a comprar el pan.
—Pero voy a poder ser libre de verdad —hizo resaltar las dos última palabras.
—Uhmm… —libre de verdad.
—Entonces no le vamos a decir nada —lo dio por hecho. Claro que no le diríamos nada, no queríamos un escándalo como el de la vez anterior. No de nuevo…
—Como tú quieras… —si, dejarlo en secreto era lo mejor. Ella se acercó a mí y me besó fugazmente.
—Luego me iré de casa —¿irse?... ¿cómo planeaba hacerlo sin un trabajo? no tenía donde ir, era ilógico.
—¿Qué?
—Sí. Me iré a vivir a otro lugar. A empezar de nuevo… —pestañeó seguidas veces sin apartar la vista de algún punto frente a sus ojos ¿cómo empezar de nuevo? ¿se alejaría de la ciudad, de su madre… de mí?
—¿Y yo? —no tardé en preguntar.
—Tú te irás conmigo a Italia —Meer se estaba volviendo loca, pero era una loca bastante graciosa y linda —¿sabes italiano? bueno, no importa, yo tampoco sé, pero podremos aprender… —reí. Yo si sabía Italiano, había tomado un curso hacía unos cuantos años. Mamá me había obligado a tomarlos… a mí y a Tom cuando éramos adolescentes.
—Si sé italiano.
—¿Ah, sí? Pues tú me enseñas… —me miró entusiasmada. Claro que podía enseñarle, sería divertido. Aunque… no me agradaba mucho la idea de mudarnos a Italia. No comprendía como es que todas esas ideas se le podían venir tan fácilmente a la cabeza.
—Mery, ¿no te gustaría quedarte aquí aunque sea hasta los veinte años? —eran sólo dos años más. Ella negó con la cabeza.
—Serían dos años, más de lo necesario… es mucho.
—Entonces te tendrás que ir sola, porque yo me tengo que quedar… —no podía dejar a Tom, ni a mamá en su estado… tampoco podía dejar mi trabajo, mi casa y mi vida aquí en Alemania. Meer se levantó de golpe y me miró con mala cara.
—Luego me iré de casa —¿irse?... ¿cómo planeaba hacerlo sin un trabajo? no tenía donde ir, era ilógico.
—¿Qué?
—Sí. Me iré a vivir a otro lugar. A empezar de nuevo… —pestañeó seguidas veces sin apartar la vista de algún punto frente a sus ojos ¿cómo empezar de nuevo? ¿se alejaría de la ciudad, de su madre… de mí?
—¿Y yo? —no tardé en preguntar.
—Tú te irás conmigo a Italia —Meer se estaba volviendo loca, pero era una loca bastante graciosa y linda —¿sabes italiano? bueno, no importa, yo tampoco sé, pero podremos aprender… —reí. Yo si sabía Italiano, había tomado un curso hacía unos cuantos años. Mamá me había obligado a tomarlos… a mí y a Tom cuando éramos adolescentes.
—Si sé italiano.
—¿Ah, sí? Pues tú me enseñas… —me miró entusiasmada. Claro que podía enseñarle, sería divertido. Aunque… no me agradaba mucho la idea de mudarnos a Italia. No comprendía como es que todas esas ideas se le podían venir tan fácilmente a la cabeza.
—Mery, ¿no te gustaría quedarte aquí aunque sea hasta los veinte años? —eran sólo dos años más. Ella negó con la cabeza.
—Serían dos años, más de lo necesario… es mucho.
—Entonces te tendrás que ir sola, porque yo me tengo que quedar… —no podía dejar a Tom, ni a mamá en su estado… tampoco podía dejar mi trabajo, mi casa y mi vida aquí en Alemania. Meer se levantó de golpe y me miró con mala cara.
—Pues me voy sola —habló ruda, encogiéndose de hombros.
—Ya deja de soñar… —reí tomándola del brazo. Tiré de ella hasta hacerla quedar como antes… luego la abrace —tú no te vas a separar de mí nunca, no voy a dejar que te vayas…porque te amo mucho, ¿lo sabías? —Mery rió entre mis brazos —ahora estás condenada a pasar el resto de tu vida como prisionera, porque te tengo y no te dejaré ir. Nunca, nunca —ella seguía riendo. La besé en la cabeza, haciendo un fuerte ruido.
—Mejor. Yo tampoco me voy a separar de ti —me alegraba oír eso.
Me acerqué para besarla en los labios de nuevo. Ella me siguió el beso.
Y así seguimos por alrededor de media hora, hasta que tuve que regresar a casa... para no toparme con su madre y eso.
Definitivamente este había sido el mejor día de muchos. Meer era mi novia de nuevo. ¿Podía pasar algo mejor? claro que no.
—Ya deja de soñar… —reí tomándola del brazo. Tiré de ella hasta hacerla quedar como antes… luego la abrace —tú no te vas a separar de mí nunca, no voy a dejar que te vayas…porque te amo mucho, ¿lo sabías? —Mery rió entre mis brazos —ahora estás condenada a pasar el resto de tu vida como prisionera, porque te tengo y no te dejaré ir. Nunca, nunca —ella seguía riendo. La besé en la cabeza, haciendo un fuerte ruido.
—Mejor. Yo tampoco me voy a separar de ti —me alegraba oír eso.
Me acerqué para besarla en los labios de nuevo. Ella me siguió el beso.
Y así seguimos por alrededor de media hora, hasta que tuve que regresar a casa... para no toparme con su madre y eso.
Definitivamente este había sido el mejor día de muchos. Meer era mi novia de nuevo. ¿Podía pasar algo mejor? claro que no.

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