18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 32

















CAPITULO 32


La observé, realmente era hermosa. Intenté reprimir un suspiro. Comenzaba a ponerme nervioso, a temblar ¿Cómo podía decirle todo esto? Quizás no era momento para decirle lo que sentía por ella, pero si era un buen momento para pedir disculpas. Meer también me miraba… se notaba alterada.
El ascensor se comenzó a mover y yo me apresuré a apretar el botoncito para detenerlo.
Me acerqué a ella hasta quedar bastante cerca. Dios, sentía el corazón en la garganta.
—Necesitamos hablar—le dije intentando buscar sus ojos. Pero ella se apartó mirando hacia otro sitio.
—¿Qué... quieres hablar? —carraspeó, sin mirarme.
—Quiero hablar sobre lo que tú no quisiste hablarme hace un tiempo —esperé un momento su respuesta. Pero ella ni siquiera se movió. —ya sabes… —me aclaré la garganta —quedar en algo, no sé.
—Si tú quieres —se encogió de hombros y volvió a mirarme. Bien… bien, esto empezaba bien. Afirmé la mano en la pared, justo al lado de su cuerpo.
—Me gustaría que pudiéramos arreglar las cosas —fue lo único que pude decirle. Podría haber empezado con las disculpas y todo eso… pero estaba tan nervioso que olvidaba. Por suerte podía unir las palabras para que sonara coherente.
—Te escucho —bien. Ahora no sabía que decirle ¿cómo arreglábamos las cosas? No sabía si ella lo había interpretado de arreglarlas como antes o arreglarlas para que fuéramos amigos.
—¿Aún sientes algo por mí? —a lo mejor había sido muy directo.
Ella no dijo nada, simplemente me siguió mirando a los ojos sin apartar la vista. Comencé a respira costosamente.
Me acerqué a ella lentamente… temiendo alguna reacción por su parte.
—Meer, yo… —suspiré. Y luego, pensando que sería la peor idea ocurrida en años, la llamé: —Mery… Creo que me di cuenta… de que… —no sabía cómo decírselo… y no dejaba de acercarme a ella, a sus labios —quizás es un poco tarde… —ella cerró los ojos. La imité… segundos después nuestras narices chocaron. Dejé de pensar, de razonar… simplemente me dejé llevar. Y justo en el momento en que pensé que nuestros labios se juntarían en un beso, ella me apartó de un empujón. La miré entre confundido y avergonzado. Ella me miraba con… con asco. Y le encontraba toda la razón, me lo merecía. Tragué saliva, sintiéndome la peor persona del planeta.
—¿Qué crees que haces? —espetó. Me sentía como un puto rechazado.
—Me… —intenté acercarme nuevamente a ella, pero ella me cortó y se alejó un paso.
—No te acerques —puso ambas manos frente a ella, en mi dirección. Seguramente para detenerme.
—Pero Meer… hablemos —intenté convencerla. Ella negó con la cabeza.
—De lejos —bien, no me parecía mal después de todo. Podíamos hablar de lejos, si… lo principal era hablar. Estaba bien entonces, supongo.
—De lejos —asentí con la cabeza. Ella dejó caer los brazos. La miré… No sabía que decirle, no se me venían las palabras a la cabeza.
—Comienza… —me animó. Sin querer, casi por inercia… me acerqué a ella. Me di cuenta de lo que había ella cuando ella volvió a poner sus manos frente a mí, para alejarme.
—Lo siento —volví a retroceder rápidamente. Suspiré —lo siento, Meer… discúlpame —hasta que algo bueno me salía. Busqué sus ojos, pero ella apartó la mirada. Tomé aire para poder seguir hablando —me equivoqué… desde el principio. Disculpa lo de hoy, olvídalo todo… por favor —me acerqué a ella — por favor. Quieres… ¿Quieres comenzar todo de nuevo? —sentí una enorme y dolorosa presión en el pecho cuando la vi negar con la cabeza.
—No. Lo hecho ya está hecho y no se puede cambiar —soltó con voz firme ¿por qué me lo dejaba todo tan difícil? Agh, me lo merecí, me merecía todo esto. Pero… pero si es que a lo mejor, quizás, yo podía convencerla…
—¿Y si te prometo que todo estará bien? —me acerqué un poco más a ella. Hasta sentir su mano en mi pecho. Agradecí que no me empujara aún.
—No aceptaría —me quedé sin aliento. La vi negar con la cabeza. Y es que su hubiese podido retroceder el tiempo y cambiarlo todo… lo habría hecho sin pensarlo.
—Por favor…
—No quiero, Bill —Su negativa me dañaban. Estaba comenzando a creer que jamás podría convencerla de empezar todo de nuevo. Al menos no ahora. Todo… todo era muy reciente.
—Pero Meer, tú me quieres y yo…
—Yo no te quiero ¿quién te lo dijo? —me cortó, enojada.
Bill, eres un bocón. Agh, a veces puedo llegar a ser tan tonto. Y lo peor es que acababa de decirme que no me quería. Rogaba en mi interior que me estuviese mintiendo.
—Tom me… —intenté explicarle, pero ella me cortó nuevamente.
—¡Argh! ese estúpido no sabe nada —me empujó. No me gustó que hablara así de Tom. Si me lo había dicho lo había hecho por una buena causa.
—No hables así de mi hermano —dije tranquilamente, sin reprocharle ni enojarme. Meer me asesinó con la mirada.
—Yo hablo como quiero y de quien quiero —se señaló a si misma con el dedo.
—No seas así… por favor, ya deja de… —y nuevamente…
—¡Tú no me dices que hacer! —me cortó.
—No te tomes las cosas a mal. Yo sólo quiero hablar —dije rápidamente. Ella ya comenzaba a alterarse.
—¡Pues, habla! Que mi madre me espera —negué. Si madre ya se había dio. La había visto salir…
—No, no te espera. Ella ya se fue —Meer abrió los ojos como platos.
—¿¡Qué?! —chilló medio asustada. Intentó ir a los botones del ascensor, pero yo evité que ella llegara a apretar algúno, tapándolos con mi cuerpo —córrete —me empujó, pero yo ni siquiera me moví —por favor muévete.
—No... —negué con la cabeza —si quieres, luego, te voy a dejar a tu casa —ofrecí.
—No quiero nada de ti —soltó con asco.
—Yo sí de ti.
—Te quedas con las ganas —me di cuenta de que sus mejillas, de a poco, tomaban un color rosa. Intentó empujarme. Agh, ella si quería cosas de mí, ella me quería, estaba seguro… podía verlo en sus ojos. Que fuese hombre no me hacía tonto en ese sentido. Quizás era un poco idiota para mis cosas y me equivocaba demasiado… pero conocía a Meer lo suficiente como para saber que ella me seguía queriendo. Es más, podría haberlo apostado. Era cosa de mirar sus ojos, ella… ella me miraba igual que antes.
—¡Pero tú me quieres!
—¡No te quiero! —soltó en el mismo tono que yo había usado —ya me olvidé de ti, estúpido —espetó.
—¿Y el beso? —no le creía… no quería creerle.
—¿Qué beso? —dejó de empujarme.
—Tú sabes… —sus mejillas se pusieron aún más rojas.
—Ese… fue un beso sin importancia —hizo un gesto con la mano, restándole importancia. Para mí si había sido importante.
—Ambos sabemos que no es así —ella no dijo nada por lo que decidí ser más claro con ella —te estoy dando una oportunidad —ella volvió a mirarme con asco, con expresión de poder creer lo que acababa de decir.
—Estúpido egocéntrico, tu oportunidad no me interesa —bah, si tampoco era para que se pusiera así.
—Si te interesa —fruncí el ceño. En el fondo, más que convencerla, intentaba auto convencerme de que ella si me quería. Se acercó a mí hasta casi chocar nuestros rostros.
—Ya no te quiero —separó cada. Estaba demasiado cerca… ella no tenía que acercarse de esa manera. Yo no podía controlarme en una situación así. La necesitaba demasiado… y tenía muy poca fuerza de voluntad.
—Yo si… —la tomé del rostro y junté nuestros labios.
Ni siquiera alcancé a disfrutar de sus labios. Ella me apartó de un empujón. La miré. Ok, ya lo entendía. Esto era imposible… cada vez más imposible.
Meer se apresuró en apretar el botón para hacer funcionar el ascensor nuevamente.
—Habías dicho que desde lejos —murmuró. Se notaba enojada.
—No, tú lo dijiste… —me pasé la lengua por los labios, ella ni siquiera me miraba… me comenzaba a sentir mal. No había conseguido nada bueno de esta conversación, todo seguía igual. Todo esto era mi culpa.
—Sabes que no es así —resoplé.
—No te puedes enojar por eso… —es que no se podía enojar porque… porque no. La había besado tantas veces antes y… era lindo. Ahora por mi culpa ella ni siquiera quería que yo me acercara. Me miró furiosa, eso me dolió.
Me desesperé cuando me di cuenta de que el ascensor comenzaba a moverse. Ahora ella se iba. No… ¿Y si ahora la perdía para siempre? eso no podía pasar.
Las puertas del ascensor se abrieron. Le tomé la mano a Meer para detenerla, ella se volteó a verme.
—Meer… Mery —no supe que más decirle, su miraba indiferente me dejaba sin palabras, me dejaba muy mal.
—No quiero volver a verte en mi vida —espetó. Abrí los ojos como platos y me quedé sin respiración.
—Per… —intenté hablar, pero ella me cortó.
—Vete con la puta de Stella —soltó su mano y se apresuró en salir del ascensor. Las puertas se cerraron. Bien, Bill. Te felicito, lo echaste todo a perder, como siempre.
Masqué el botón del piso donde se suponía estaban todos. Mientras esperaba que el ascensor llegara, me pasé las manos por los ojos, intenté acompasar los latidos de mi corazón y traté de no pensar en lo que recién había ocurrido. Intenté no pensar en ella. Pero como todo lo que hacía, esto también me salió mal. Iba… iba a decírselo a Tom. A lo mejor sus consejos de hermano mayor me servían de algo.
Me bajé del ascensor deseando internamente que Stella ya se hubiese ido. Y así era. Algo bueno en el día, ¿no? tragué saliva y me senté al lado de Tom. Él ya no estaba con la chica, luego le preguntaría que había pasado.
Resoplé.
—¿Y? —me preguntó. Le dije todo con la mirada —uy… no te fue muy bien ¿qué pasó? —me preguntó. Ahora era cuando yo empezaba a contarle todo.
—Ella… ella lo pone todo difícil, me confunde. Le dije que le daría otra oportunidad, pero no quiso… me llamó estúpido muchas veces. Me dijo… también me dijo que no me quería, que no quería volver a verme nunca…
—No es cierto, todas las chicas dicen eso —se dejó caer en el asiento —sólo deja que se le pase… luego hablas con ella, cuando estés más calmada —me mordí el labio inferior, no parecía mala idea —pero no vayas a hacer estupideces de nuevo. Si vas a estar con Stella es mejor que sea en privado, que Meer no te vea... eso la enojaría — Es que directamente yo no haría nada más con Stella. Nuestra relación de amistad tanto como de ese algo más que amigos que no es algo más terminarían. No quería seguir con esto. Le diría con buenas palabras a Stella, que yo quería a otra chica. Sólo esperaba que ella lo entendiera. No era mala persona en realidad… pero cuando se lo proponía podía llegar a ser muy molesta.
—Amm… ¿Y te gustó la chica que te conseguí? —le pregunté para cambiar de tema.
—Sabía que habías sido tú —rio —si… con Lucy nos veremos cuando me de por llamarla —se encogió de hombros —no recordaba que habíamos salido… —es que no le alcanzaba la cabeza para recordar a todas las chicas. Además ni siquiera había salido con Lucy, solamente habían tenido sexo.





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