12 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 37







CAPITULO 37

El día siguiente fue un caos. Hacerme los últimos exámenes, que dejaran claro que yo ya estaba bien, guardar mi ropa y cosas personales. Revisar cada rincón de la habitación para asegurarnos de que no se quedara nada. Y a la salida… pues como es de suponer, en una de esas sillas, ya que con mi pierna no podía andar. 
Y como mi madre me había venido a busca para llevarme a casa, Bill no había podido venir. Ellos tenían cierta rivalidad, desde que eso había pasado. Bill no la soportaba y ella tampoco a él. Yo comprendía a Bill. Pero a mi madre… ¿cómo es que no encontraba encantador a Bill?
Todas las veces que Bill me había venido a ver había sido cuando mi madre no estaba. Me preguntaba como él podía saber cuándo ella estaba y cuando no… pero era bueno que él me viniera a visitar. Me encantaba tenerlo cerca de mí.
Mientras miraba por la ventana del coche del esposo de mi madre, pensaba en cómo sería estar tres semanas más encerrada en mi casa… aunque en realidad, sólo sería una. Ya que las dos siguientes podría asistir a clases, aunque con el yeso puesto… y luego, después de eso, me lo quitarían. Claro que allí tendría que empezar con esas cosas de ejercicios para mi pierna y eso, según había dicho el médico. 
Tenía ganas de ir mañana a despedir a Emma al aeropuerto. Pero eso se vería, pues no creía que mi madre me fuese a llevar. Empezaría con el rollo ese de que estaba con la pierna rota y que no podía salir de casa… que empeoraría y blabla. Vamos, todo lo que dicen siempre las mamás cuando están “preocupadas”
El coche se detuvo frente a mi casa. Me dio la impresión de que no la había visto desde hacía mucho tiempo. Abrí la puerta casi con desesperación y cogí mucho aire…
Mi madre y su esposo se bajaron del coche riendo. Y yo no pude evitar darme cuenta de que frente a la casa de Simone habían dos coches. 
Avancé como pude en el asiento, deslizando mi cuerpo, hasta quedar con ambas piernas fuera. Mi madre se acercó a mí con las cosas esas que yo iba a usar para caminar por mientras me mejoraba y me las dio. Ella y su esposo me sujetaron de los brazos y me ayudaron a ponerme de pie. Yo me solté rápidamente de ellos.
Estoy bien —les dije apartándome luego y comencé a caminar hacia mi casa. Me sentí tonta. Mi madre cerró la puerta del coche... en realidad no se quien la cerró, pero no me importó. Seguí caminando con la cabeza en alto y pensando en lo ridícula que me vería. Luego ensayaría en caminar sin esa cosa, a lo mejor me salía mejor. 
Me paré frente a la puerta y el esposo de mi madre la abrió. Y ahora que lo pensaba, no sabía cómo se llamaba… tampoco era algo de gran interés. Él no me agradaba. Entré en casa con una sonrisa. Me sentí muy bien estando allí. Para mí era un gran alivio salir del hospital.
Comencé a subir la escalera. Me demoré… un buen rato en lograr llegar hasta arriba. Y es que de verdad me costaba hacerlo. Quizás necesitaba ayuda, pero no quise pedirla y dejé a mi madre mirándome nerviosa a los pies de la escalera. Tampoco es que me fuese a caer o algo así.
Entré a mi habitación, resoplando, y me dejé caer sobre la cama. Tuve que levantarme rápidamente, pues había quedado en mala posición y me comenzaba a doler todo. Acabé por quedarme sentada. 
Observé todo el lugar con una sonrisa. Había echado de menos estar en mi casa… Suspiré contenta y llené mis pulmones de aire.
Pff. Aire encerrado. Mi madre no había abierto la ventana de mi habitación, eso era seguro. El aire era pesado y costaba respirar… no me había dado cuenta antes.
Me levanté y comencé a caminar, dando pequeños saltitos hacia la ventana. Como la cortina estaba cerrada, la abrí. La ventana estaba cubierta de pequeñas gotitas de agua… y hacía mucho frío. La limpié con una mano.  no pude evitar fijar la vista en la habitación de al frente. Había luz. Abrí la ventana rápidamente y entrecerré los ojos. En ese momento vi una silueta acercarse a la ventana. Movió las cortinas y luego se asomó con una sonrisa. Bill…
Abrió la ventana y asomó medio cuerpo hacia afuera.
¡Mery! me saludó. 
¡Bill! dije imitándolo. Él rio un poco y yo igual lo hice. Nos estuvimos mirando por unos segundos… hasta que él decidió hablar.
Qué bien que ya no estés en ese hospital. Ahora se me hará mucho más fácil verte… lo observé alzando una ceja. 
¿Qué haces allí? creí que ya no vivías con Simone… se encogió de hombros.
Es que Tom y yo la estamos cuidando. Por lo del accidente y eso... oh, lo del accidente. Lo había olvidado. Simone igual había tenido uno y yo no tenía idea de cómo había quedado… yo estaba bien y todo eso pero ¿y ella? se me había olvidado preguntar.
¿Cómo está ella? pregunté al instante. 
No es nada… —hizo un gesto con la mano para restarle importancia es sólo que tiene un problema, ya sabes... ella no puede como vi que le costaba demasiado hablar del tema, decidí cortarlo y hablar de otra cosa.
Em… Bill él se calló y me miró, prestándome más atención de la que me hubiese gustado ¿sabes que Emma se va mañana, no? él asintió.
Sí, ella quiere que la vayamos a despedir.
Sí, me lo dijo reí aunque yo no creo que pueda ir… apenas me muevo me seguí riendo de mi misma. 
Yo te llevo… me ofreció con una sonrisa vamos juntos. No creo que Emma se ponga muy feliz si no vas.
Vale… suspiré pero mi madre…
Le decimos algo y ya… me dijo sonriendo. Tenía la solución para todos los problemas y eso me encantaba. Él me encantaba.
Me había pasado casi toda la noche hablando con Bill… Había reído hasta llegar al punto de llorar, al igual que Bill. Nos habíamos divertido mucho, como pocas veces yo lo hacía. Incluso, había tenido la impresión de estar tres años atrás, yo con mis catorce años, cuando todo era maravilloso y no había problemas. Cuando yo podía cruzar esa ventana e ir del otro lado a su habitación. Pero cuando me sentí con el suficiente valor de hacerlo, aterricé en la realidad bruscamente… y cuando digo bruscamente, fue por era bruscamente. De verdad… mi pierna rota, que había estado apoyada en el marco de la ventana, había caído tan fuerte al piso de la habitación que me dolió hasta la cabeza.
Ya por la madrugada nos habíamos ido a dormir cada uno a su habitación.
A demás, Bill me había contado que Simone había quedado con algunos problemas al cerebro. Por lo que los gemelos se turnaban las semanas que pasarían en casa de su madre. Hasta que encontraran a alguien que fuese de su confianza y que la cuidara todos los días. No me atreví a preguntarle cual era el problema. Pero estaba segura que luego me enteraría de eso por mi cuenta. 
Me había sentido genial estando esa noche entera hablando con Bill. Como en los viejos tiempos. 
Durante las dos horas que alcancé a dormir esa noche soñé con él, pero no fue un sueño cualquiera, si no que un recuerdo. Demasiado nítido, demasiado real… 

… en ese lugar sí que había oscuridad. 
¿Qué es esto? dije refiriéndome a todo este lugar, que era casi mágico. 
Un sauce. 
No, no... el árbol no, ya lo sé. Digo, ¿qué es este lugar…? ¿Cómo llegamos aquí…?miré, donde supuse estaría su rostro.
Tom y Yo lo descubrimos hace unos meses dijo tranquilamente.
Ah… ¿pero cómo estaban ustedes dos por aquí? 
Esto es de nuestra propiedad, Meer. 
Wow…solté impresionada. 
Nos quedamos un rato en silencio. Moví mi cuerpo hacia atrás, hasta que mi espalda tocó el árbol. Así estaba más cómoda. Moví mi cabeza hacia un lado y me topé con su brazo. Luego me aferré a él con una mano y cerré los ojos… después de todo, éramos amigos, ¿no? O algo así.
Además, para él, todo lo que yo hacía le debía parecer tierno, puesto a que yo era mucho más pequeña. Aunque, pensándolo bien… no era tanto, tanto… 
Sentí como el posaba su cálida mano sobre mi mejilla y movía un poco su dedo, como acariciándola. Luego levantó un poco mi rostro, separándolo de su brazo y me dejó allí, quieta, y con la cara levantada… él aún tenía su mano en mi mejilla y parte de mi cuello. Yo seguía con los ojos cerrados.
Y de pronto… sentí algo chocar contra mis labios. Era tan suave y cálido... y dios, sentí que iba a morir en ese mismo momento de un ataque al corazón o algo… se me había detenido y ya me comenzaba a doler, pero era un lindo dolor. 
Y tan rápido como eso había pasado, dejó de pasar. Se me separó de mí y sacó su mano de donde la tenía. Miré al suelo.
Desde ese momento, comencé a verlo de manera diferente.
Mi primer beso había sido con él…
… y me había gustado… él me gustaba. 
Desperté aún con la sensación de estar en ese lugar tan mágico, con las cosquillas en el estómago y los nervios de ese momento. Respiré varias veces repitiéndome una y otra vez que era sólo un sueño. Nada más. 
Enseguida se me vino algo a la cabeza. 
Emma. Hoy se volvía a América. Mis ojos se abrieron como platos y cogí rápidamente el móvil de mi mesita de noche. Lo encendí mientras me sentaba en la cama y bajaba mi pie con cuidado de esta… miré la hora. Las doce treinta. Emma saldría en hora y media. A las dos. Tenía que apresurarme para alcanzar a vestirme y arreglarme… e inventar una excusa a mi madre, para que me dejase salir con Bill. Aunque lo más fácil era salir escondida.
Me dirigí al baño dando unos cuantos saltitos para andar más rápido y me comencé a arreglar.
A la una y quince ya estaba lista. Arreglada, maquillada y vestida.  Me había puesto un pantalón deportivo negro, para que cupiese ese yeso dentro y para arriba una camiseta con mangas del mismo color. Y me había calzado una sola zapatilla. De esas anchas. Era color negro, pero con unas bonitas rayas de diseño color blanco. Me gustaban. 
Me dirigí a la ventana para ver si estaba Bill. Las cortinas de su habitación ya estaban abiertas, por lo que decidí abrir completamente las mías. Luego, abrí la ventana, dejando que el aire fresco entrara en la habitación y me diera de golpe en la cara.
Alargué el brazo hacia el escritorio para coger lo primero que encontré. Un trozo de goma para borrar. La miré por un segundo y luego la lancé hacia la ventana de Bill. Hizo un fuerte ruido, pues la había lanzado con fuerza. En menos de tres segundos vi aparecer a Bill por la ventana. Sonrió al verme y me hizo una seña con la mano antes de abrirla.
¿Estas lista? dijo sin siquiera saludarme. Asentí con la cabeza.
Sí ¿Sabes si mi madre está en casa? le pregunté para ver si era necesario escaparme. Bill se encogió de hombros.
Me parece que no… la vi salir. A lo mejor ya llegó y no la he visto. 
Espera un segundo me di la vuelta y me adentré a mi habitación, caminando como podía, hasta llegar a la puerta. La abrí y asomé sólo la cabeza ¡mamá! grité. Pero nadie contestó, por lo que me retiré de allí dejándola abierta y regresé a la ventana —tenías razón, no está. 
Si soltó una risita Mery, creo que ya es hora de que nos vayamos asentí con la cabeza. 
Espérame afuera, ya bajo hizo una seña de despedida con la mano y luego cerré la ventana. Me dirigí hacia la cama y de allí cogí mi bolso con mis cosas personales, que podría necesitar. Con remedios y esas cosas, vamos… 
Lo colgué en mi brazo y luego me encaminé hacia la escalera.
Me costó un poco bajarla, pero ya al llegar al final de ésta, era casi una experta. Me acostumbraría poco a poco a andar con esa cosa en el pie… y estaba segura, que cuando me llegase a acostumbrar definitivamente, me la quitarían. Pero así era mejor.
Abrí la puerta de calle, salí fuera y luego la cerré. 
Justo en ese momento un brazo pasó por debajo de mis brazos, cogiéndome por la cintura. Miré hacia un lado sorprendida.
¡Bill! me quejé yo puedo sola.
Déjame ayudarte me besó en la mejilla como saludo ¿qué tal estás esta mañana? Estás hermosa… se apresuró a añadir lo segundo. Yo reí nerviosa mientras comenzábamos a caminar. 
Bien… dormí de lo mejor.
Qué bien. 
asentí con una sonrisa. Entonces escuché dos pequeños pitidos. Bill había abierto el coche. Lo vi encender las luces. Era otro diferente al anterior wow, es nuevo lo miré divertida.
¿Te gusta? 
¡Claro! reí. Volteamos el coche y el me ayudó a subirme en el asiento del copiloto. Y tras haberme acomodado, él volvió a dar la vuelta y se subió al lado mío, en el asiento del conductor. Encendió el coche y lo puso en marcha hacia nuestro destino: El aeropuerto. 
Bill detuvo el coche en cuanto llegamos.
—Quédate allí —me dijo mientras abría la puerta. Rodeó el coche por la parte delantera rápidamente y se acercó a la puerta del asiento donde yo estaba. La abrió y luego, cogiéndome con cuidado de un brazo me ayudó a bajar. Una vez estuve de pie, me rodeó con un brazo por la cintura, mientras que con la otra mano cerraba la puerta. Comenzamos a caminar hacia la entrada —con cuidado —me dijo al darse cuenta de que yo intentaba caminar más rápido.
—Quiero llegar antes de que se vaya… —me quejé.
—Aún queda tiempo… —lo miré frunciendo el ceño.
—Se no irá todo como sigamos así de lentos.
—Hay tiempo, Mery. Además… —vi como las puertas de cristal se abrían frente a nosotros —… ya llegamos. 
—Pero hay que buscarla entre la gente y todo —dije molesta al darme cuenta de que estaba repleto de gente. Odiaba que mucha gente se juntara en un solo sitio. No me gustaba para nada. No me sentía bien. 
—Deja de quejarte —bromeó. Yo apreté su chaqueta con mi mano…
—Vamos más rápido. Intenta buscarla —ambos comenzamos a mirar hacia todos los sitios posibles, buscando a Emma. Una mujer con un coche, una pareja comiéndose la boca, dos nenitas cogidas de la mano y de ropas iguales, un anciano en una silla durmiendo con la boca abierta, un niño jugando debajo de unos asientos, una señora limpiándose los ojos con un pañuelo, una mujer regañando a una chica, dos personas abrazadas…
—Allí está —dijo Bill, interrumpiéndome. Lo miré rápidamente para luego seguir la dirección de sus ojos. Intenté ponerme de puntillas para mirar mejor, pero me tuve que conformar con quedarme tal como estaba. Pude ver a Emma en una fila de personas que se dirigían hacia el detector de metales. Ella era la última. 
—Vamos, vamos —comencé a andar rápidamente.
—¿Puedes andar rápido? —yo no contesté y comencé a correr dando pequeños y ridículos saltitos. Bill acabó por soltarme la cintura y cogerme de la mano para comenzar a correr. 
—¡Meer! ¡Bill! – Gritó Emma al vernos acercándonos. Dejé que una sonrisa se apoderara de mi rostro al verla riendo —pensaba que no vendrían —resopló. Nos detuvimos frente a ella. 
—Claro que vendríamos —habló Bill sonriendo —y aquí está. Te la he traído —¿se refería a mí? Emma rio y luego cogió mi mano. La que estaba libre claro, ya que la otra me la tenía Bill. 
—Deseaba que vinieras. Tengo que decirte algo importante. 
—Y yo tengo que despedirme de ti —sonreí de medio lado. Bill carraspeó y soltó mi mano. Luego abrió los brazos y apretó a Emma entre ellos. Sentí los celos recorrer mi interior… y quemaron en el momento en que él le decía algo demasiado bajo para que yo pudiera oír. Le plantó un beso en la mejilla y se separaron lentamente. Se miraron por unos segundos y luego Bill me miró a mí con una media sonrisa. 
—Estaré allí —comenzó a caminar, alejándose de nosotras.
Emma me miró por unos segundos, estudiando mi expresión. 
—¿Estás bien? —asentí con la cabeza.
—Estoy bien. Pero… es que no quiero que te vayas —le tomé la otra mano —te voy a extrañar mucho.
—Y yo… —la vi moverse un poco, soltó nuestras manos y se tiró a abrazarme. Yo igual la abrasé a ella apretándola fuertemente —no quiero irme de aquí… —su voz había sonado extraña.
—No te vayas. 
—Debo hacerlo… 
—Te iré a visitar en las vacaciones —le dije. 
—Allá te esperaremos —mis otras amigas…¿se acordarían de mí?
—Dale saludos a las chicas. 
—Si —nos separamos. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas, iba a volver a estar sola… Emma tenía los ojos demasiado brillantes y una fina capa de lágrimas los estaba cubriendo —ow —nos volvimos a abrazar nuevamente, como unas tontas. Y luego nos quedamos en silencio. Mi mejor amiga se iba. A millones de kilómetros de distancia. Me preguntaba si la amistad podía continuar así. A lo mejor, si era verdadera, seguíamos siendo amigas durante toda la vida. Rogué para que fuese el caso… —te quiero, amiga.
—Y yo… 
—Oye… —no contesté esperando a que siguiera hablando —leí lo que Bill escribió en tu pierna… —se me cortó la respiración, debido a la impresión ¡lo había leído! ay, dios. A lo mejor la había hecho sentir mal. Me tensé e intenté respirar con normalidad, para que no se diese cuenta… —¿son novios? —negué con la cabeza.
—No… 
—¿Sabes?, eres una persona maravillosa… —susurró —una gran amiga… —no supe a qué iba eso. Me separó de ella, cogiéndome por los hombros y me miró con una gran sonrisa —sé que tú lo amas y qué te inventaste todo el show de que eran amigos sólo por mí. Ve con él —miró fugazmente hacia el detector de metales. Ya toda la gente había pasado, sólo faltaba ella.
—¿De verdad? digo… ¿no te molesta?  —negó con la cabeza repetidas veces.
—Es tuyo, todo tuyo, siempre fue así —no supe que decirle —ahora… me tengo que ir. Espero que nos veamos muy pronto.
—Te voy a extrañar —la apreté con fuerza.
—Igual yo.
—Llámame en cuanto llegues.
—Lo haré —la besé en la mejilla —ahora ve con tu novio —sentí como la alegría me inundaba por completo y de un salto me separé de ella y me di la vuelta. Pude escuchar su risa, mientras comenzaba a correr, con movimientos raros, producto de mi pierna. Divisé a Bill a unos metros, mi objetivo. Estaba tan feliz que podría haberme puesto a gritar por todo el lugar. Su boca se entreabrió un poco, con expresión preocupada. Yo seguí corriendo como pude, y cuando ya estuve los bastante cerca, abrí los brazos. Él me imitó y recibió mi cuerpo, apretándome contra él, pero antes de que pudiese juntar nuestros cuerpos, yo ya tenía mi boca pegada a la suya. Bill se quedó quieto en el lugar, hasta que me separé de él y me di media vuelta. Emma. Me despedí de ella con una mano y mi amiga me imitó el gesto, al igual que Bill. La seguí con la mirada hasta que entró por una puerta y la perdí de vista. 
Suspiré satisfecha… y me volví a voltear hacia Bill. Solo que esta vez pasé mis brazos por detrás de su cuello y en vez de besarlo me perdí en sus ojos.
Y bueno… fue a decir algo, pero yo lo corté.
¿Quieres ser mi novio? sonreí ampliamente esperando su respuesta.

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