CAPITULO 55
—¿Sabes que te amo demasiado? —preguntó, mirándome con esos ojos azules que tan loco me volvían. Sonreí, sin poder evitarlo. Primero, porque me habían gustado demasiado sus palabras… y segundo, porque ella ni siquiera se había dado cuenta de lo cursi que había sonado.
—¿Sabes que… estás siendo cursi ahora? —eso no se lo esperaba. Frunció el ceño y me miró durante unos segundos, quizás esperando a que me retractara… o que se yo. A mí, la situación me parecía de lo más divertida.
—Se suponía que tenías que responderme un “si, yo igual te amo” —dijo con una voz más grave, intentando imitarme. Seguidamente me lanzó un puñado de arena sobre el cuerpo. Reí ¿Quién era el corta momentos románticos ahora? Já, yo —¡Hey, no te rías…! Es una puesta de sol, esto debe ser romántico —se quejó. Ok, lo aceptó… me equivoqué al pensar que Mery odiaba las cursilerías —además… —siguió hablando —es nuestro último día en la playa y no es justo que… —no la dejé terminar. Me incorporé en la arena, para así poder tomar su rostro entre mis manos y callarla uniendo nuestros labios.
—Te amo más —afirmé al separarnos para tomar un poco de aire. Observé su rostro, sus labios, sus ojos… sus mejillas y su nariz completamente rojas. El sol había hecho de las suyas. Yo estaba algo así también por habernos olvidado del bloqueador solar ayer.
Mery se veía encantadora.
—No —negó, deshaciéndose de mi contacto —es que eso tendrías que haberlo dicho antes… —entrecerré los ojos y analicé su expresión. En el fondo no estaba enojada… simplemente quería molestarme un poco.
—Actúas como si nunca te hubieses burlado de mi por ser cursi ¡es mi turno! —dije para picarla un poco. Me miró sin decir nada… pude notar como sus mejillas comenzaban a tomar un color más encendido.
—Es… mejor si dejamos esto —me parece bien… esto no tenía sentido. Esta vez fue ella quien se acercó mi, no con el propósito de besarme, sino que con la intención de situarse entre mis brazos, protegiéndose del viento y el frío que hacía esta tarde-noche.
Nos quedamos un momento en silencio. Así, abrazados… disfrutando de la compañía del otro, mirando hacia el horizonte. El cabello de Mery olía a mar, a sal, arena… me encantaba. Y todo se volvía mucho más interesante cuando mi mente comenzaba a relacionar las cosas. Cuando, sin querer, comenzaba a relacionar a mi chica con el mar. Mi Meer… mi mar personal. No estaba hecha de arena, pero si tenía unos hermosos ojos azules que se asemejaban bastante al agua que en estos momentos bañaba nuestros pies.
Dios… es que no logro verme al lado de otra persona que no sea Mery. Las otras chicas me parecen todas iguales y poco interesantes. Sólo es mi pequeña quien logra hacerme sentir de esta manera, nadie me vuela la cabeza tanto como Mery.
—Bill… —me llamó, haciéndome salir de mis pensamientos.
—¿Si? —le di a entender que la estaba escuchando, con los ojos clavados en el horizonte.
—Esto… peleé con papá —se quedó en silencio algunos segundos —¿recuerdas ese día en que llamó? —antes de ayer, claro ¿cómo no recordarlo? Él sí que sabía en qué momentos buscar a Mery. Pff.
—Ajam…
—Se enfureció porque dejé a esa mujer… —apoyó de mejor manera su cabeza en mi hombro. No dije nada, no sabía que decirle… y a lo mejor ella quería seguir hablando —dijo que… al menos podría haberle avisado o algo. Y que… si era lo suficientemente madura como para irme de casa, también tenía que ser lo suficientemente madura para… conseguir dinero y… pagar mis gastos yo sola —tragué saliva ¿sus “gastos” llevaban incluidos la universidad? Porque si era así, los gastos se dispararían. Tenía que ocuparme de Mery y de la casa yo sólo… ahora que ya no compartiría gastos con Tom, él viviría con mamá o quizás compraba un departamento cerca.
—¿No va a pagarte la universidad? —pregunté. Y yo que había gastado todos mis ahorros en este viaje. Mery se separó de mí, y se movió un poco, inquieta. Quedamos cara a cara. Podía ver sus ojos confundidos y esa expresión de me metí en problemas que me pareció totalmente tierna.
—No quiere hacerlo… —suspiró —tendré que buscar cómo solucionar esto. Quizás… tenga que conseguirme algún trabajo donde gane más dinero o…
—Lo vamos a solucionar, amor —la corté, verla tan preocupada me hacía sentir mal. Yo cubriría sus gastos, tenía que hacerlo. Es mi responsabilidad, tengo que cuidarla y ver que haga lo correcto. No me permitiría dejarla sola en esto… mucho más sabiendo que Mery odiaba estudiar. Si la dejaba sola, ver por su cuenta, dejaría la universidad el primer mes. La conocía lo bastante bien como para afirmarlo —yo pagaré la universidad.
—Bill, no quiero que hagas todo esto por mi… estar en tu casa ya es suficiente —apartó la mirada en dirección a sus manos. Acaricié su mejilla con uno de mis dedos.
—¿Sabes que… estás siendo cursi ahora? —eso no se lo esperaba. Frunció el ceño y me miró durante unos segundos, quizás esperando a que me retractara… o que se yo. A mí, la situación me parecía de lo más divertida.
—Se suponía que tenías que responderme un “si, yo igual te amo” —dijo con una voz más grave, intentando imitarme. Seguidamente me lanzó un puñado de arena sobre el cuerpo. Reí ¿Quién era el corta momentos románticos ahora? Já, yo —¡Hey, no te rías…! Es una puesta de sol, esto debe ser romántico —se quejó. Ok, lo aceptó… me equivoqué al pensar que Mery odiaba las cursilerías —además… —siguió hablando —es nuestro último día en la playa y no es justo que… —no la dejé terminar. Me incorporé en la arena, para así poder tomar su rostro entre mis manos y callarla uniendo nuestros labios.
—Te amo más —afirmé al separarnos para tomar un poco de aire. Observé su rostro, sus labios, sus ojos… sus mejillas y su nariz completamente rojas. El sol había hecho de las suyas. Yo estaba algo así también por habernos olvidado del bloqueador solar ayer.
Mery se veía encantadora.
—No —negó, deshaciéndose de mi contacto —es que eso tendrías que haberlo dicho antes… —entrecerré los ojos y analicé su expresión. En el fondo no estaba enojada… simplemente quería molestarme un poco.
—Actúas como si nunca te hubieses burlado de mi por ser cursi ¡es mi turno! —dije para picarla un poco. Me miró sin decir nada… pude notar como sus mejillas comenzaban a tomar un color más encendido.
—Es… mejor si dejamos esto —me parece bien… esto no tenía sentido. Esta vez fue ella quien se acercó mi, no con el propósito de besarme, sino que con la intención de situarse entre mis brazos, protegiéndose del viento y el frío que hacía esta tarde-noche.
Nos quedamos un momento en silencio. Así, abrazados… disfrutando de la compañía del otro, mirando hacia el horizonte. El cabello de Mery olía a mar, a sal, arena… me encantaba. Y todo se volvía mucho más interesante cuando mi mente comenzaba a relacionar las cosas. Cuando, sin querer, comenzaba a relacionar a mi chica con el mar. Mi Meer… mi mar personal. No estaba hecha de arena, pero si tenía unos hermosos ojos azules que se asemejaban bastante al agua que en estos momentos bañaba nuestros pies.
Dios… es que no logro verme al lado de otra persona que no sea Mery. Las otras chicas me parecen todas iguales y poco interesantes. Sólo es mi pequeña quien logra hacerme sentir de esta manera, nadie me vuela la cabeza tanto como Mery.
—Bill… —me llamó, haciéndome salir de mis pensamientos.
—¿Si? —le di a entender que la estaba escuchando, con los ojos clavados en el horizonte.
—Esto… peleé con papá —se quedó en silencio algunos segundos —¿recuerdas ese día en que llamó? —antes de ayer, claro ¿cómo no recordarlo? Él sí que sabía en qué momentos buscar a Mery. Pff.
—Ajam…
—Se enfureció porque dejé a esa mujer… —apoyó de mejor manera su cabeza en mi hombro. No dije nada, no sabía que decirle… y a lo mejor ella quería seguir hablando —dijo que… al menos podría haberle avisado o algo. Y que… si era lo suficientemente madura como para irme de casa, también tenía que ser lo suficientemente madura para… conseguir dinero y… pagar mis gastos yo sola —tragué saliva ¿sus “gastos” llevaban incluidos la universidad? Porque si era así, los gastos se dispararían. Tenía que ocuparme de Mery y de la casa yo sólo… ahora que ya no compartiría gastos con Tom, él viviría con mamá o quizás compraba un departamento cerca.
—¿No va a pagarte la universidad? —pregunté. Y yo que había gastado todos mis ahorros en este viaje. Mery se separó de mí, y se movió un poco, inquieta. Quedamos cara a cara. Podía ver sus ojos confundidos y esa expresión de me metí en problemas que me pareció totalmente tierna.
—No quiere hacerlo… —suspiró —tendré que buscar cómo solucionar esto. Quizás… tenga que conseguirme algún trabajo donde gane más dinero o…
—Lo vamos a solucionar, amor —la corté, verla tan preocupada me hacía sentir mal. Yo cubriría sus gastos, tenía que hacerlo. Es mi responsabilidad, tengo que cuidarla y ver que haga lo correcto. No me permitiría dejarla sola en esto… mucho más sabiendo que Mery odiaba estudiar. Si la dejaba sola, ver por su cuenta, dejaría la universidad el primer mes. La conocía lo bastante bien como para afirmarlo —yo pagaré la universidad.
—Bill, no quiero que hagas todo esto por mi… estar en tu casa ya es suficiente —apartó la mirada en dirección a sus manos. Acaricié su mejilla con uno de mis dedos.
—Eres mi novia, Mery… y desde ahora vivirás conmigo ¿verdad? —ella asintió, sin mirarme aún —debo cuidarte.
—No es necesario… —negó con la cabeza —no quiero que lo hagas, sentiría como si… me aprovechara de ti —quise hablar, pero ella no me dio la oportunidad —mira esto… —señaló nuestro alrededor —me trajiste aquí, a Italia… me… me dejarás quedarme en tu casa. Bill, yo no he hecho nada por ti, no puedo aceptar que pagues la universidad, eso sería demasiado.
—Al parecer no estás entendiendo… —alcé su rostro, logrando así que me mirara —cuando digo que voy a pagarte la universidad, no estoy pidiendo tu opinión. Te estoy avisando… porque lo voy a hacer, quieras o no quieras ¿entiendes ahora? —no contestó, simplemente bajó la mirada, mordiéndose el labio inferior —Mery…
—S…si. Igual… igual intentaré solucionar las cosas con papá. Seguro que… dentro de poco se le va el enojo y accede a darme dinero.
—Y si no fuera así… me tienes a mí —afirmé.
—No es necesario que lo hagas.
—Quiero hacerlo… —sonreí —mírame, preciosa… mírame —alzó los ojos, temerosa. Estaba nerviosa, podía notarlo —te mereces lo mejor. Y no pienso dejarte sola en todo esto…
—Gracias.
—No agradezcas, princesa —me acerqué a sus labios, la besé durante unos segundos. Enseguida ella separó nuestras bocas, y rodeó mi cuello con ambos brazos, pegándose a mi cuerpo. Caí de espaldas en la arena, con ella sobre mí. Reí.
—Gracias —volvió a repetir.
—No es necesario… —negó con la cabeza —no quiero que lo hagas, sentiría como si… me aprovechara de ti —quise hablar, pero ella no me dio la oportunidad —mira esto… —señaló nuestro alrededor —me trajiste aquí, a Italia… me… me dejarás quedarme en tu casa. Bill, yo no he hecho nada por ti, no puedo aceptar que pagues la universidad, eso sería demasiado.
—Al parecer no estás entendiendo… —alcé su rostro, logrando así que me mirara —cuando digo que voy a pagarte la universidad, no estoy pidiendo tu opinión. Te estoy avisando… porque lo voy a hacer, quieras o no quieras ¿entiendes ahora? —no contestó, simplemente bajó la mirada, mordiéndose el labio inferior —Mery…
—S…si. Igual… igual intentaré solucionar las cosas con papá. Seguro que… dentro de poco se le va el enojo y accede a darme dinero.
—Y si no fuera así… me tienes a mí —afirmé.
—No es necesario que lo hagas.
—Quiero hacerlo… —sonreí —mírame, preciosa… mírame —alzó los ojos, temerosa. Estaba nerviosa, podía notarlo —te mereces lo mejor. Y no pienso dejarte sola en todo esto…
—Gracias.
—No agradezcas, princesa —me acerqué a sus labios, la besé durante unos segundos. Enseguida ella separó nuestras bocas, y rodeó mi cuello con ambos brazos, pegándose a mi cuerpo. Caí de espaldas en la arena, con ella sobre mí. Reí.
—Gracias —volvió a repetir.
—Ya olvídalo, tonta. No es la gran cosa —se separó de mí, mirándome ofendida.
—Para mi si es la gran cosa.
—Discúlpame —sonrió de medio lado, no muy convencida.
—Dejemos el tema, no me gusta mucho —suspiró con fuerza. Se levantó, sacudió la arena de su pancita y me tendió la mano —¿quieres jugar? —preguntó sonriendo ampliamente. Tomé su mano, y enseguida Mery comenzó a correr, adentrándose en el mar, llevándome con ella.
—Para mi si es la gran cosa.
—Discúlpame —sonrió de medio lado, no muy convencida.
—Dejemos el tema, no me gusta mucho —suspiró con fuerza. Se levantó, sacudió la arena de su pancita y me tendió la mano —¿quieres jugar? —preguntó sonriendo ampliamente. Tomé su mano, y enseguida Mery comenzó a correr, adentrándose en el mar, llevándome con ella.

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