14 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 7




































CAPITULO 7


Me bajé cerrando la puerta despacio, con mucho… mucho cuidado. Era un coche nuevo, me dolería en el alma que algo le pasara. Ya era de noche… después de retirar esta nueva preciosura me había ido a la casa de Fran para pedirle los apuntes de hoy y me había pasado la tarde con ella. Éramos amigos, sólo eso. Y muy buenos amigos, a decir verdad. Y no es que nunca hubiese querido que algo pasara si no que… a ella no le gustaban los hombres.
Abrí la puerta de casa y entré. Supuse que todos estaban en aquí, aunque mamá no había venido a recibirme como siempre lo hacía. Asomé la cabeza en su habitación… estaba durmiendo sobre la cama y con el control de la TV en la mano. Seguramente estaba cansada. Me aseguré de apagar la TV y cubrirla con una manta antes de subir a mi cuarto.
—¿Dónde estabas?  —me gritó Tom cuando me vio pasar por afuera de su habitación. Me detuve en el pasillo y volví sobre mis pasos para entrar en ella.
—Con Fran… —me apoyé en el marco de la puerta.
—Fran… —rió —veo que ya cortaste con Helena —asentí —me llamó  —Tom entrecerró los ojos… de pronto, su mirada se volvió agresiva. No sabía a qué iba esto —Me contó todo con lujo de detalles —se levantó de la cama. Algo no me olía bien aquí —incluso me contó que la habías llamado Meer —oh. Era eso.
—Eh… se me salió —me llevé una mano a la nuca, nervioso. A Tom no le podía ocultar las cosas, aunque me daba mucha vergüenza admitir que no podía dejar de pensar en una niña de catorce años que ni siquiera trasero tenía.
—Se me salió —me imitó, poniendo los ojos en blanco —se te salió porque pensabas en ella.
—¡No!... no… es…
—A mí no me engañas —de pronto, una enorme sonrisa de burla apareció en sus labios  —parece que a alguien aquí le gusta M…
—¡No seas tonto! —lo corté.
—¡Pff!, admítelo —¿admitir qué? ¿qué me gustaba Meer? No podía admitir algo así, no. Porque no era cierto.
—Estás loco —di media vuelta, dejando la conversación. Entré a mi habitación… no lo voy a negar, estaba muy confundido ¡Y quien no lo estaría! Buah, esto no debería estar pasándome porque… porque no. Yo tendría que seguir siendo novio de Helena, compartiéndola con Tom, ignorando a Meer y siendo como siempre. Pero no. Algo me había pasado y yo aún no podía descubrir que era ese algo.
Me lancé sobre la cama. Había olvidado comentarle a Tom sobre el nuevo coche, pero no tenía ganas de seguir hablando con él. Me jodía enormemente que me hablara de Meer. Vale, yo sabía que me había equivocado al cambiarle el nombre a Helena. ¡Pero no era mi culpa! simplemente se me había salido. A demás… en ese momento ni siquiera pensaba en Meer. Aunque ahora no pueda decir lo mismo. Es que… algo tenía esa niña, aún no tengo muy claro que es lo que tiene, pero es especial. O al menos yo la noto especial. Y sus ojos… oh, dios… esos no son unos ojos cualquiera.
Sin quererlo, su rostro se me vino a la cabeza. Todo en ella era pequeño… desde sus manitos hasta su nariz. Y su cabello olía exquisito.
Y es que tan sólo con recordarlo me entraban unas ganas tremendas de darle un abrazo, apretujarla, cuidarla, quererla… olerla, sentir ese cuerpo tan frágil junto al mío.
Algo estaba mal. Me estaba rayando con esa niña… y yo ni siquiera la conocía. Digo, sabía quién era y algunas cosas respecto a su vida ¡pero no era lo suficiente! no tendría que estar pensando en ella.
Un golpecito en la ventana logró sacarme de mis pensamientos. No voy a negarlo, me sentí como un tonto de quince, y emocionado me dirigí hasta la ventana. Abrí la cortina… si no me equivocaba era ella.
Y si, era ella. Sonreí como un bobo observándola. Traía el cabello suelto, negro… que caía sobre sus hombros, contrastando notablemente con la ropa blanca que tenía puesta, admiré sus ojos durante un segundo… hasta que me di cuenta de que me hacía señas. Abrí la ventana.
—Hola —me saludó al abrir la ventana. Me estaba sonriendo.
—Hola. ¿Qué tal? —se encogió de hombros, observándome aún con esa sonrisita.
—Te veo feliz —que observadora… me gustaban las chicas así. Fue inevitable formar una sonrisa más grande en el rostro —¿qué?
—Adivina —seguro no entendía nada sobre mi cara de feliz cumpleaños. Me había alegrado el día sólo con verla. Pero no… no podía decirle eso.
—Emm… ¿Cómo quieres que yo lo sepa?
—No lo sé —me encogí de hombros —pero vamos, haz un intento —la observé mientras esta se mordía el labio inferior, entrecerraba los ojos y hacía un esfuerzo sobre humano para pensar. Era graciosa… y también tierna. Era linda.
—No se me ocurre nada —sentí que me derretía cuando observé su expresión
—Me he comprado un coche —anuncié. Si, en parte estaba feliz por eso también.
—¿Un coche? —abrió mucho los ojos, mirándome impresionada.
—Sí. Está hermoso —más que hermoso.
—¿Me llevas a dar un paseo en tu coche nuevo? —hizo ojitos, juntando las manos, como pidiendo “por favor”. No podía negarme a eso, además… sería genial llevarla a dar una vuelta por la ciudad… los dos. Y como si fuese poco, su madre no estaba. En ningún momento había visto su coche.
—Claro. ¿Quieres ir ahora? —me miró sorprendida. Seguro lo había dicho como broma. Pero yo planeaba llevarla de verdad.
—¿A...hora? —seguía con la cara de sorpresa. Yo no podía quitar la sonrisa de rostro.
—Si, tu madre no está. Damos una vuelta por la ciudad y en media hora estamos de vuelta. ¿Qué dices? —media hora no era poco tiempo… podíamos hablar sobre un montón de cosas. Sólo eso.
—Pues… —achicó los ojitos, pensando… era obvio que su madre la regañaría si se enterara pero ella no se iba a enterar.
—Vamos, que tú me lo pedías —y ahora lo estaba pidiendo yo.
—Estoy en pijama. Me cambiaré —estoy seguro de que reprimió un gritito. Se dio media vuelta.
—¡Te esperaré abajo! —le grité antes de que entrara en la habitación. Su pijama era lindo. Se notaba suave… como ella. Ella es suavecita.
Y no lo voy a negar… además de suavecita, es hermosa. Si… muy hermosa. Salí de la habitación, guardando revisando si tenía las llaves.
—¿A dónde vas? —me detuvo Tom desde su habitación.
—A… dar una vuelta en mi coche —seguí caminando.
—¿Ya lo tienes? —habló fuerte desde su habitación, para que yo pudiera escucharlo.
—¡Sí! —me detuve en la escalera, al ver que él se asomaba.
—¿Me lo pasas? ¿ahora?... vamos los dos —oh, no ¿Y ahora qué le decía? no podía mentirle pero, es que… argh. No quería que él supiera que yo iba a salir con Meer. A demás, no me dejaría de joder en todo el mes por haber preferido salir con la niña en mi coche nuevo.
—Es que… voy solo —Tom entrecerró los ojos. Resoplé. Estaba seguro de que Tom ya lo sabía… o lo suponía —Voy con Meer.
—Lo sabía —resopló molesto —te gusta.
—No me gusta, Tom —dije seguro.
—Oh, vamos… te conozco incluso más que a mí. Sé que te gusta —rió burlándose de mí —bajará tu popularidad entre tus amigos, hermano. Los de diecinueve no salen con las de trece… a no ser que tengan un cuerpazo. Pero, querido hermano, ese no es el caso —guiñó un ojo  —¿y sabes? ella es muy… no lo sé. La vi besándose con un chico.
—¿Besándose? —abrí la boca, sin poder evitar imaginármelo. Me estremecí. ¿Meer besándose con un chico? sentí una presión molesta en el pecho. Y creo que… me enojé un poco.
—En realidad… no fue un beso, beso. El chico fue el que se acercó —¡¿Y ese quien mierda se creía?! —no te enojes… —se burló —no alcanzó a haber contacto labial… ambos eran torpes y sus narices chocaron —soltó una risotada. No sabría decir si ese último comentario me agradó o me molestó. Y es que… ¡Meer había estado a punto de besar a un chico!
—¿Dónde los viste? —pregunté sin pensarlo.
—Afuera… Se viene con él algunos días después de la escuela, señor celoso.
—Cierra la boca, Tom. No estoy celoso… Además, Meer tiene catorce —me apresuré en bajar, para no seguir con la conversación absurda.
—¡Diviértete con tu palillo! —gritó desde arriba. ¿Cómo podía hablar así de Meer? ¡Pff!, claro que me iba a divertir con mi palillo… digo, con Meer. Aunque ella hubiese estado a punto de dar un beso. ¡Un beso!, y es que con tan sólo imaginar a esa niña besándose con alguien y… no. Era mejor no seguir pensando ese tipo de cosas… Mejor me olvidaba de todo eso.
Cerré la puerta de casa y caminé lentamente hacia el coche. Ojala Meer no fuese de las lentas… la chicas que se demoraban mucho en arreglarse, como Helena. Buah, Meer no era ese tipo de chicas.
Y lo confirmó al salir de su casa… cerró la puerta, le puso llave y después se las metió en el bolsillo. Mientras se acercaba, miré su vestuario. Siempre me han gustado las chicas que se visten de negro, logran llamar mi atención. Y Meer… si con su ropa rosa o azul llama mi atención… pues vestida de negro me parece completamente…
Corté mis pensamientos y la observé tocar el coche en esa mano paliducha y pequeñita que tenía.
—¿Te gusta? —asintió con la cabeza, sin mirarme —vamos, sube —le di pequeños empujoncitos. Ella asintió sonriendo… se notaba emocionada. Se subió en el asiento del copiloto y luego subí yo. Encendí el motor.
—Eres la primera persona que se sube en mi coche… sin contar conmigo, claro —le informé. Me miró asombrada, la observé de reojo.
—¿De verdad? —Preguntó. Pero que boba…
—¿A caso me ves cara de mentiroso? —Alcé una ceja, bromeando. Ella simplemente sonrió de medio lado y se acomodó en el asiento. No me podía imaginar a esa cosita besando a un chico. ¡No! Ella… podía hacerlo, claro, yo a esa edad ya había tenido unas cuantas novias. Pero ella… Me molestaba pensar que ella podía tener novio, y no sé por qué aborrecía la idea de que alguien la abrazara y la besara. Yo sabía que los novios a esa edad no duraban, que era sólo por saber “que se sentía” y yo no quería que algún chico estuviera con Meer sólo para ver “qué se sentía”.
Vi cómo observaba la radio… quizás estaba aburrida.
—Enciéndela si quieres —me observó sonriendo. No tardó en desviar los ojos hacia la radio… le dio a uno de los botones, y luego a otro y a otro. Que desastre, si seguía así mi radio iba a morir —Con cuidado, Meer. Es este —aparté su mano y le di al botón de encendido. Gran error… Meer chilló, yo salté y debido al susto, perdí el control del coche por un momento. Sentía el corazón en la garganta. Me apresuré en bajarle el volumen a la maldita radio. Agh, Meer. Pero… al menos no había pasado a mayores. A demás había sido gracioso, tengo que admitirlo.
—Lo siento —la miré sonriendo. Ella se hundía cada vez más en el asiento, avergonzada. Miré la carretera durante un segundo y luego volví a observarla. Ya sabía dónde ir. Ahora… ahora lo único que se me venía a la cabeza era preguntarle sobre el chico ese. Pero no dejaría que ella se diera cuenta de que yo sabía eso del choque de narices, sólo quería información sobre el tema… para estar más tranquilo.
—No te preocupes. Fue un accidente.
—Sí.
—¿Qué tal la escuela? —pregunté… ahora tenía que irme al “tema principal”
—Pues… como siempre.
—¿Y los chicos? —la miré fugazmente.
—¿Mis amigos? —contestó con una pregunta. Yo no soy la persona con mayor paciencia en el mundo… no. Y yo ya quería saber que quera lo que pasaba con el niño ese.
—Él chico que te va a dejar a tu casa… ¿Es tu novio? —intenté sonar divertido, para no espantarla… pero sólo logre que ella enrojeciera y abriera los ojos como platos escapando de mi mirada. Estaba avergonzada —no tiene que darte vergüenza, pequeñita —reí. En realidad no tenía ganas de reír.
—No te lo diré —¿qué?
—¡Vamos! Confía en mí, no se lo diré a tu madre —sonreí. ¿Cómo podía sonreír sintiéndome así? así como me sentía… pff. Odiaba esto.
—¿Por qué lo preguntas? —genial. ¿Y ahora cómo le decía que estaba celoso porque Tom me lo había comentado?... no, no podía.
—Porque los vi —mentí, reí nervioso —¿Aún te duele la nariz? —me miró horrorizada. Puedo asegurar que yo estaba peor… pero al menos no lo demostraba tanto —Oh, vale, disculpa —Bill… eres un genio. ¿Puedo ser más idiota? ni siquiera sé sacarle información a una niña de catorce —Meer, la vida es así… Esas cosas pasan —intenté arreglar la cosas… pero ella me cortó antes de que pudiera seguir con el discurso.
—¿Me has traído sólo para burlarte de mí? Pues que sepas que no me hace nada de gracia. Llévame a casa —se cruzó de brazos, enojada —y sí, él es mi novio —resoplé. No la iba a llevar de vuelta. Tuve la sensación de que le había dado un buen trago un mal medicamento. Novio, novios. Por su tono de voz… no le creía mucho, en realidad, no le creía nada. Pero ella lo había dicho y el hecho de que ese “novio” hubiese salido de su boca, me hacía sentir rabioso.




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