30 abril, 2012

You /Capítulo 4




CAPITULO 4

Caminé hacia el baño rascándome el hombro y bostezando. Entré y cerré la puerta. Me miré al espejo. ¡Vaya pinta! Estaba terrible. Me examiné la cabeza y observé cómo lo morado casi se había ido. Sonreí de medio lado, eso me hacía feliz. Había comenzado a odiar que todo el mundo me preguntara que me había ocurrido y que luego se burlaran de mí cuando les decía que había chocado con un árbol.
Abrí el grifo y me lavé la cara repetidas veces para quitarme, de alguna manera, el maquillaje del día anterior que parecía estar tatuado a mi piel.
Lugo de varios intentos por quitarlo, descubrí que lo que yo pensaba que era maquillaje corrido, eran en realidad unas oscuras ojeras que se extendían por la parte de debajo de mis ojos verdes. Seguro era por haber dormido mal todo estos días. No había dormido una noche de corrido desde que Bill había llegado. Y para agravar la situación las ojeras contrastaban con mi piel blanca y se veía terrible.
En estos tres años había cambiado mucho; mi fleco ya no existía y me dejaba el cabello natural, sin alisármelo. Que caía rizado y negro por mis hombros hasta la mitad de mi espalda. Mi cuerpo seguía igual que antes, aunque creo que estaba algo más delgada y tonificada por las clases de baile y de defensa personal que había tomado para matar el tiempo cuando Bill se fue. Supongo que la ida de los chicos nos favoreció a Lis y a mí en ese aspecto. Mis ojos eran los mismos de siempre, verdes, grandes. No había logrado cambiar el color de mi piel por uno más oscuro, aunque estuviera horas y horas tumbada bajo el sol sólo lograba enrojecerme y un ardor terrible. Pero luego de que lo ojo se iba, mi piel quedaba blanca otra vez. La expresión de mi cara era un poco más adulta, pero yo la encontraba igual que antes.
Resoplé, me quité el pijama y me metí en la ducha.
Ayer había visto a Bill y habíamos hablado. El iba donde su madre y lo encontré en la calle así que estuvimos conversando un ratito y bueno… me invitó a pasar por la casa de su madre hoy para conocer a su novia. Su novia. Conocer a su novia. ¡No me lo puedo creer! Y es que incluso me tiemblan las piernas de pensarlo. Quizás no debí haber aceptado la propuesta. Ahora me sentí insegura, ni siquiera tenía idea de qué ropa me pondría para entrar en esa casa. ¿Y si era una modelo? ¿Una chica preciosa, mil veces mejor que yo? No podría competir contra eso. Seguro era altísima, con piernas largas y cabello precioso, sonrisa perfecta…
Suspiré. No podía imaginármela de otra manera.
Miranda. Ese era su nombre, si mal no lo recuerdo.
Espero, que al menos, sea simpática y no se lance sobre mi hecha un manojo de celos. Aunque a decir verdad era mucho más probable que fuese yo la que se lanzara sobre ella.



Bill picó al timbre de la casa de su madre. Había ido a buscarme hacía unos minutos y ya estábamos frente a la puerta. Estaba nerviosísima, hacía ya meses que no me pasaba por aquí y no sabía como Simone reaccionaría al verme tras haberla “abandonado” durante todo este tiempo. Si, yo antes me pasaba el día entero con Simone, cuando los chicos se fueron, yo la iba a visitar todos los días, ya que, según ella, hacía falta juventud por la casa. Y a mí una madre. Ahora que lo pensaba, había hecho mal en “abandonarla”.
Abrió la puerta.

-¡Aly, cariño! Cuanto tiempo sin verte – dijo alegremente sacándome de mis pensamientos de reflexión.
-Hola, Simone – la saludé con una sonrisa, ella estiró los brazos hacia ambos lados de su cuerpo y yo me lancé entre ellos para abrazarla fuertemente.
-¿Cómo has estado?
-Muy bien.
-Estás hermosa, cariño– dijo mientras me escaneaba con la mirada, luego pareció percatarse de que Bill estaba junto a mi– Oh, veo que han vuelto a ser novios. ¡Qué emoción! Felicitaciones chicos!
-No somos novios mamá, ¿recuerdas a Miranda? Entró aquí hace cinco minutos, la conociste la semana pasada…
-Oh, ¿la chica que está en tu habitación? Es un poquitín torpe– preguntó despreocupada.
-¡¿En mi habitación?! – Simone asintió– voy con ella, Aly tu quédate con mamá. – vi como se alejaba. – ¡Y no es torpe! –gritó antes de comenzar a subir la escalera.
-Vamos, Aly. A la cocina… tenemos mucho de qué hablar.
-Ok– reí entusiasmada.

Caminamos a la cocina en silencio y Simone me ofreció una silla para sentarme junto a ella en la mesa.

-¿Ya han senado?
-Si, hace ya media hora
-Me he retrasado – reí. En realidad no me hacía gracia, pero lo hice igualmente.
-¡No me digas que no has senado!
-No – y acto seguido Simone se levantó como un rayo y me sirvió un plato de pasta.

Comí en silencio pensando en Bill y esa tal Miranda. Tal vez, sólo tal vez, esa chica era la ideal para él, aunque lo dudaba demasiado en ese momento, sobre todo porque yo era la chica ideal para Bill. O al menos eso pensé siempre. Ahora… ya no estaba muy segura de eso.
Me decidí por preguntar.

-Simone… – levantó la mirada y me miró- ¿Qué sabes sobre Miranda?
-Es la novia de Bill hace unos meses. Había escuchado hablar de ella pero no la había visto en persona. La conocí hace poco– dijo encogiéndose de hombros, luego continuó.- es una buena chica. Aunque algo torpe, se podría decir.
-Ya veo – dije asintiendo levemente con la cabeza. – ¿Dónde la conoció?
-Es coreógrafa o algo así. La conoció hace un año y medio, creo.
-¿Y cómo es que…? – no alcancé a terminar mi  pregunta ya que sentí pasos provenientes de la escalera. Simone me miró divertida y sonriendo. Yo le devolví la mirada imitándole. Dios que nervios.

¿Y si me odiaba? ¿Y si me gritaba para que me alejase de su novio? Porque ahora era su novio, no mi novio. Quiero decir… que yo lo quisiera todavía no me daba derechos. Seguía siendo una siempre amiga y la mujer que Bill quería era ella, Miranda.
Me entraron ganas de salir corriendo. Tirar el tenedor, tomar mi bolso y salir a toda velocidad cubriéndome los ojos. No me apetecía estar en una situación así. Nunca debí haber venido. Que tonta soy.

-Hola, Hola– Saludó Bill entrando felizmente en la cocina.
-Hola –Lo imitó tímidamente una chica que venía tras él, supuse que sería Miranda. Tenía el cabello rubio, casi tanto como Andreas. Tez mate, que combinados con unos ojos azules intensos. Todos esos colores hacían de ella una chica preciosa. Vaya, era lo único que podía pensar en este momento.
-Hola, soy Aly. Tú debes ser Miranda. – dije levantando de la silla rápidamente y dirigiéndome hacia ella.
-Mucho gusto, Aly – rió-Así que tú eres la famosa Aly. Bill me ha habado mucho de ti.
-Podríamos pasar a conversar al salón-La cortó Bill. Lo miré sin saber que hacer y luego miré a Simone.
-Pero Aly aún no se ha terminado la cena.
-No te preocupes ya acabé. Gracias, Simone-Le sonreí. Entonces la chica que anteriormente había entrado con total timidez a la cocina, me tomó del brazo y me llevó hacia el salón diciéndome algo sobre la ciudad que no logré escuchar muy bien.
Nos sentamos en el sillón y no vi a Bill venir tras nosotros. Seguramente estaba conversando con su madre.
-¿Sabes? Nunca me imaginé que fueses así. Bueno, en realidad, no lo sé-Rió, llevándose una mano a la cabeza-Es distinto escuchar a Bill o ver una foto a verte a ti en vivo y en directo.
No supe qué contestar. No tenía idea de si eso era algo bueno o no.
-Y es que Bill me ha hablado tanto de ti que siento como si estuviese conociendo a una celebridad. Bueno, Bill es una celebridad, pero… no sé si me estoy explicando bien.
-No te preocupes, te entiendo. También me ha pasado-Sonreí, muriéndome de ganas por saber qué era lo que Bill le había hablado de mi-¿qué te ha dicho Bill?-Solté sin pensar.
-En realidad, no mucho. Encontré una foto tuya hace tiempo en una libreta suya y le pregunté por ti y me dijo que habían sido buenos amigos y novios. Pero no te preocupes-Se apresuró en añadir seguramente al ver mi cara-No soy para anda de esas novias celosas. A demás ya ha pasado mucho tiempo desde que estuviste con Bill, así que…- Se encogió de hombros.
-Eso me alivia un montón-Dije sincera-Pensaba que quizás serías de esas locas y me sacarías de aquí a patadas-Miranda se echó a reír.
-¡Qué imaginación!
Ambas nos giramos cuando Bill entró en la habitación y se sentó al lado de su novia en el sillón. Me mordí el labio inferior y crucé los dedos. Me sentía extraña al verlos juntos.
-Hacen una buena pareja-Comenté. Bill bajó la mirada.
-Gracias-Sonrió la chica.
Me pregunté si algún día cortarían y quité ese pensamiento rápidamente de mi cabeza.
Ella le tomó la mano a Bill.
Me sentía inquieta. Quería levantarme y separarlos. Quitar a Miranda del sillón y sentarme en su lugar, tomarle la mano a Bill y besarlo.
Sólo de algo estaba segura: La siguiente media hora sería demasiado larga.

22 abril, 2012

You /Capítulo 3






CAPITULO 3

-Y después de que moví la cabeza en señal de aprobación él se acercó y me besó en la mejilla.
-¿Bailaron?-Le pregunté. Era obvio que si, pero bueno…
-Lo intentamos, pero las chicas se acercaban alrededor nuestro y no nos dejaban hablar porque todas querían estar con Tom.
-Pff. Es de suponer.
-Si. Después fui mucho más lista y le dije a Tom que podíamos salir un rato para ponernos al día-Se acomodó el cabello detrás de la oreja y se mordió el labio inferior.
-¿Y que ocurrió?
-Nos pusimos al día-Se encogió de hombros, riendo.
-Prefiero que no des más detalles-Lis se mordió el labio inferior y yo puse los ojos en blanco.
-También yo-se lanzó de espaldas sobre mi cama y resopló- ¿Y qué tal tú con Bill? Me di cuenta de que fue a buscarte.
-Me trajo a casa-Le nformé.
-¿Y pasó algo más? ¿Hablaron sobre ustedes? ¿Te extrañó?
-No pasó nada más salvo hablar y acordar ponernos al día con temas importantes y conversando-Remarqué la última palabra-Y am… es obvio que me extrañó, yo también lo extrañé-Me encogí de hombros-Espero que nos veamos pronto porque… quiero aclarar cosas y así…
-Aclarar cosas…-Repitió burlona.
-Si, aclarar cosas.
-Si yo fuera tú iría a buscarlo, me lanzaría sobre él a besarlo apasionadamente y…-La callé lanzándole una almohada a la cara.
-¡Lis!
-Oh, es que como no has besado a alguien desde hace tiempo perdiste la práctica pero puedes…
-¡Lis! No voy a besar a Bill apasionadamente así como así. Me refiero a que si lo besaré apasionadamente pero no ahora.
Se echó a reír.
-Es igual. Podrías perder tiempo valioso. No se necesitan palabras, sólo bésalo.
-No creo que sea lo correcto.
-¡Eran  novios! Tampoco es que le vayas a quitar la ropa y a…
-¡Lis!
-…Sólo vas a darle un besito.
Suspiré.
-Como si fuerese tan fácil.
-Fue fácil para mí.-Se encogió de hombros.
-Eso es porque eres una puta.
-¡Oh, Dios, cállate, Aly!
-¡Lo siento! Era una broma…
-Lo sé, no te preocupes. Am… y deberías hacer lo mismo que yo.
-No.
-Deberías, encerio-Se incorporó y me miró seriamente.
-Ya dije que no.
-Tendrías que considerarlo… piénsalo.
-No.
-Es más fácil así-alzó las cejas repetidas veces.
-De acuerdo, analizaré la situación y si se da…
-Aly…
-Vale, vale, si.
-Debes hacelo.
-Ya dije que si, que insoportable-me quejé.


Y aquí estaba, junto a Bill en su coche, tres días después. Me costaba respirar y entender sus palabras cuando me hablaba. De hecho tardaba más de la cuenta en contestar y seguramente era por lo nervios que sentía. Mi corazón parecía no querer detenerse y ni siquiera la música calmada que había de fondo me lograba tranquilizar. Me di cuenta de que estaba moviendo una pierna inconscientemente y dejé de hacerlo. Respiré profundo para intentar relajarme.
Calculé que anduvimos unos veinte minutos en la carretera, hasta que ya no había ninguna casa, ni rastro de vida humana. Aparcó el coche a un lado de la carretera, abrió la puerta y se bajó. Cerró de un portazo que me resonó fuertemente en los oídos. Rodeó el auto y abrió la puerta de mi lado.
-Bájate– me ordenó suavemente. Luego se dio la vuelta y se situó frente al su coche, afirmado en el capó.
Le obedecí y cerré la puerta con cuidado, cerré los ojos, respiré profundo una vez más y dándome ánimos internamente me acerqué a él. Me detuve y lo imité, sólo que un poco más alejada.
Estuvimos un rato en silencio. Seguramente pensando qué podríamos decir. Si, cada uno tenía cosas que pensar. Y es que había sido tanto tiempo separados, sin saber el uno del otro… que a uno se le hacía imposible saber por donde comenzar. Y como si fuera poco, con lo nerviosa que estaba todo era mucho peor.
Luego de unos minutos Bill volteó la cabeza hacia mí y haciéndome una señal con la mano, me indicó que me  acercara. Al principio dudé en hacerlo, pero luego obedecí y me acerqué teniendo sumo cuidado en no tocarlo, me daban nervios.
Estuvimos en silencio un momento más. Como odio esos silencios incómodos que se hacen cuando nadie sabe que decir. Me carcomía la cabeza intentando pensar en algo coherente para hablar, pero nada, estaba bloqueada. Resoplé rendida, si seguía así, haciendo ese esfuerzo sobrehumano, terminaría por desmayarme o fundiendo mi cerebro.

-Te traje aquí porque hay más privacidad y es más relajante-Me explicó.
-Lo entiendo.-Y más silencio.
-¿Cómo estuvo la escuela?-Me preguntó-Después de que me fui, los chicos, nuestros compañeros...
-Como siempre-Me encogí de hombros-Hace unas pocas semanas nos fuimos campamento todos juntos, para despedirnos.
-Fue el último año.
-Si, estuvo divertido. ¿Recuerdas a Alfonso?-Lo miré, él asintió con la cabeza-Perdió una apuesta y lo vestirle de chica-Sonreí al recordarlo-Se suponía que el chico que duraba más en el lago ganaba y el que se salía primero, obviamente perdía. Estuvieron desde el almuerzo hasta eso de las once o doce de la noche-Bill rió.
-Suena estupendo, me gustaría haber estado allí.
-Si, también a mí. Me refiero a que…-Me aprsuré en añadir-me gustaría que hubieses estado con nosotros.

Nos quedamos en silencio un momento.  Ya no había tema de conversación y los recuerdos habían comenzado a apoderarse de mi mente a una velocidad vertiginosa.

-Te extrañé – me sorprendí a mi misma al decir esas dos palabras. Que habían brotado de mi boca sin ninguna razón. Bill me miró, estaba sereno… contempló mi rostro por unos segundos y luego volvió la cabeza hacia el cielo. Bien, Aly, genial, lo echaste a perder. Quizá no tendría que haber dicho eso, quizá me tendría que haber quedado callada… pero él había dicho que veníamos a hablar, ¿no era eso lo que quería?
-¿Me sigues queriendo? ¿Así como antes, de la misma manera…?– me preguntó en un susurro. Me sorprendí, no me esperaba para nada que me volviese a hablar. Enseguida fijó su vista en mi pecho. Me llevé instintivamente la mano hacia el anillo que colgaba de la cadena plateada, y luego respiré hondo para contestar.
-Si–Respondí despacio. El cogió aire, pareció tomar una decisión.
-Bien... – dijo decidido. Me empezaba a preocupar. Ese no era Bill, el que yo conocía y del cual yo me había enamorado. Esto estaba mal…
-¿Bien, que?
-Que yo también te extrañé y al parecer también sigo queriéndote – me sorprendí, creía que ya me había olvidado por completo. Bill suspiró– pero tengo… novia-Añadió hablando mucho más despacio.
-Si, Bill, yo era tu novia. Soy tu novia. No lo sé, no recuerdo que hubiésemos terminado nuestra… –Me detuve al ver su expresión. Estaba serio, y con la mirada perdida en algún punto del amplio bosque que se encontraba frente a él.
-Aly, yo... – se detuvo, se aclaró la garganta y luego siguió- yo tengo otra novia, y no eres tú… -Sentí un fuerte dolor en el pecho y me entraron ganas de llorar. Decidí intentar con todas mis fuerzas tragarme las lágrimas. ¿Cómo podía decirme algo así? yo había pasado tres años sin besar a un solo chico sólo porque él era mi novio, estando donde estuviese y siendo quien fuese, lo seguía siendo. Bill continuó. – Creía que ya había superado esto y que jamás te volvería a ver. Creí que te había olvidado, pero no fue así. Te vi esa noche y todos los recuerdos volvieron, Aly. – una lágrima traicionera rodó por mi mejilla, no quería llorar, no frente a él. –No te he olvidado aún y no he podido dejar de pensar en ti desde que te vi– afirmó–y terminaré lo antes posible con Miranda. Si tú quieres.
Sólo bastaba con que le diera el si por respuesta. Pero no lo haría.
Me levanté con la vista nublada y me adentré corriendo lo más rápido que podía en el bosque.
Sentía los pasos tras de mi, y los gritos de Bill… me pedía que regresara, pero por alguna razón yo no podía hacerlo, no quería. Seguí corriendo adentrándome aún mas en el espeso bosque, los gritos cesaron y ya no escuché más pasos que me siguiesen.
Mis piernas ya no daban para más, solo quería irme a casa, pero no encontraba la salida. Me sentía perdida y claustrofóbica, quería salir de allí. Corrí con más fuerza. Las lágrimas no me dejaban ver hacia donde iba. Me llevé la mano a los ojos.
¿Por qué me pasaba esto ahora? Yo no podía decirle a Bill que terminara la relación con su otra novia sólo por estar conmigo. No quería dañar a la chica, que seguramente sería una arpía. Tampoco podía arriesgarme a hacerlo cortar con ella si después, resultaba ser que con el paso del tiempo nos habíamos vuelto incompatibles el uno con el otro y nuestro intento de ser novios otra vez quedaba en nada concreto. No podía, no quería arriesgarme a dañar a esa chica, ni a Bill, ni a mí.
Sentí un fuerte golpe en la frente, caí de espaldas y todo se volvió negro.



-Oh, Dios que susto-Fueron las primeras palabras que oí. Enseguida logré enfocar la vista y me fijé en que Bill me estaba observando.
-¿Qué pasó?-Me llevé una mano a la frente, al sentir una zona ardiendo allí. Me dolió en cuando lo toqué.
-Corriste y chocaste con un árbol, al parecer. –Cerré los ojos con fuerza sintiéndome enrojecer. Que vergüenza.
-¿Está muy mal?-Le pregunté, refiriéndome a mi cabeza.
-Un poco hinchado y morado… pero estará bien-Me tomó de los hombros-voy a levantarte despacio-Y así los hizo.-Te llevaré a tu casa y en cuanto llegues te pones hielo ¿de acuerdo?-Asentí.


-¿Por que corriste?-me preguntó cuando ya estábamos en el coche camino a mi casa.
-Por...- Bill me cortó.
-¿No pensaste en todo lo que me preocuparía?, no te imaginas cuanto me tardé en encontrarte y cuando lo parecías muerta. Me temía lo peor – intenté decir algo pero me cortó nuevamente. – Por favor no vuelvas a hacerlo ¿si? Por lo que veo no has madurado nada y sigues teniendo la mentalidad de una niña pequeña, Aly. Tienes dieciocho años. Ya estás grande– bajé la mirada, me estaba regañando. – ¿Qué tienes que decir a tu favor?
-Lo siento – fue lo único que logré decir.
-¿Amigos nuevamente?
-Si, a... amigos-No lo entendía, recién me había dicho que…
Me acarició el brazo con su mano, aún mirando hacia la carretera. Me mordí el labio inferior para reprimir las ganas de gritar por esa sensación que no sentía hacía años. Lo había extrañado.  Ahora solo éramos amigos. Aunque a decir verdad, estaba feliz por tenerlo nuevamente.










18 abril, 2012

You /Capítulo 2


CAPITULO 2





Todo se congeló y ocurrió muy lento. Mi mirada se cruzó con una color miel, que estaba desde arriba del escenario. Me quedé embobada.  Podía sentir mi corazón en mi cabeza, que latía tan fuertemente que me hacía daño. Nuevamente, esa sensación que no había sentido en años, una herida en el pecho, esa herida, que creía que se había cerrado completamente para no abrirse nunca más, me escocía. Mi vista se volvió borrosa, pero aún así, podía distinguir a ese chico que yo muy bien conocía o conocí alguna vez. Tenía los ojos abiertos como dos platos al igual que su boca. Sostenía un micrófono en la mano derecha, el cual estaba inmóvil cerca de su boca. Me estaba mirando.Esos ojos color miel se clavaban en mi.
Retrocedí un paso, tambaleándome. Por mas que lo intentaba, no conseguía que el aire entrase en mis pulmones, me estaba desesperando. Choqué con alguien. Era Bianca. Comenzó a gritarme todo tipo de insultos, pero simplemente no la oí, solo estaba preocupada de verlo a él… no lo había visto hacía tres años. Había cambiado… ahora su cabello era largo, y lo llevaba en punta como un puercoespín, también estaba mas alto y delgado. Seguía conservando su original estilo que me atraía y me hacía perder la cabeza.
Entonces avanzó un paso, mientras yo retrocedía… y desde allí, todo ocurrió muy rápido. Alguien me cogió del brazo fuertemente y me sacó a arrastras del lugar bajo la mirada de todos esos curioso, pero la mas importante, la mirada de Bill.
Al salir pude ver quien me había sacado, era Lis. Ella debía haber tenido el mismo rostro que yo... había visto a Tom. Se acercó a mí y me abrazó, de verdad lo necesitaba, necesitaba un abrazo, segundos después se separó de mí y con la cara llena de preocupación me preguntó:

-¿Cómo te sientes?
-Bien – mentí. Me sentía terrible, lo único que quería en ese momento era echarme a llorar.
-Bien... – pensó un momento. - ¿quieres que te acompañe de vuelta a tu casa? – yo negué con la cabeza.
-No, quiero ir andando… necesito pensar un poco. Regresa a la fiesta ¿ok? – dije intentando sonar lo mas convencida y natural posible. Ella asintió.
-Llámame cuando llegues. – me sonrió
-Lo aré, adios– Lis caminó hacia la entrada, se volvió varias veces para comprobar que realmente estaba bien, pero yo le devolvía la mirada con una sonrisa.

En cuanto entró me sentí fatal. Estaba sola.
Caminé hacia la derecha, esquivando a un niño que comía un helado felizmente tomado de la mano de su madre quien lo jalaba de la mano y caminaba apresurada con algunas bolsas. Por un momento lo envidié… pero luego me consolé sola, había visto a Bill, eso era bueno, creo.
Seguí caminando, intentando de alguna manera, que ninguna lágrima saliera de mis ojos, no podía llorar allí. No era justo. Cuando creía que ya había superado todo lo de Bill, él regresaba. Siempre he sido el tipo de chica que vive por el resto, y si me abandonan yo muero. Bill me dejó sola y morí, resucité, volvió, lo ví... y vuelvo a morir nuevamente.
Me mordí el labio inferior para reprimir un sollozo, las lágrimas ya comenzaban a brotar de mis ojos a montones. Los recuerdos que había enterrado hacía ya dos años habían vuelto a mi mente, no podía evitar recordarlo.
El pecho me dolía. Lo único que quería era llegar a casa, pero no, no podía ir a casa. De una u otra maneta vería a Bill, que después de todo, su madre seguía viviendo en la casa de enfrente. Me decidí en ir al parque en el que había quedado con Lis horas antes y… también Bill años antes.
Caminé hacia la pequeña fuente que había en el centro del parque y me senté en el borde. Miré mi reflejo en el agua. Dios, estaba horrible. Tenía los ojos rojos y contrastaban con el verde. Se veía horrible. También estaban hinchados. Mis mejillas estaban llenas de maquillaje negro corrido, estaba echa un monstruo.
De pronto sentí que alguien se sentaba al lado mío silenciosamente… luego suspiró y finalmente me habló:

-Hola.

Levanté la cabeza. ¡Era él!
Allí estaba, a treinta centímetros de mí, sabía lo que vendría ahora... la vergüenza. Vergüenza por lo que pasó hace años, porque él, un chico famoso, una celebridad era mi novio, y no habíamos hablado en años. Vergüenza también, por el aspecto que tenía, no estaba muy presentable que digamos con los pelos y los ojos que llevaba. Seguramente se asustaba y salía corriendo... o bien decía que se equivocó de chica, qué se yo.
Abrí la boca para decir algo, pero las palabras no me salían, quería decirle que le seguía queriendo igual que antes, y que nunca lo había podido olvidar, que no había besado a ningún chico desde que él se fue, porque nunca cortamos, el seguía siendo mi novio en teoría, y yo le seguía siendo fiel.
Me rendí, no podía hablar. Me mordí el labio inferior y bajé la mirada.

-¿Cómo estás? – esa voz dulce, suave y delicada, sonaba para mi, para mis oídos, esa voz, que alguna vez fue la de un niño, ahora sonaba como la de un chico mayor… era la voz mas hermosa, la que yo había escuchado en mis mejores sueños y en mis pesadillas.
-B...bien – respondí con un hilo de voz.
-No lo parece, ¿quieres que te lleve a casa, Aly? – había dicho mi nombre, no me lo creía… hacía ya mucho tiempo que no escuchaba mi nombre dicho de aquella manera y con aquella voz. Sonreí.
-No, yo iré sola… a demás no quiero irme todavía porque… – dije levantándome, él igual se levantó.
-Vine para llevarte a casa porque acabamos de terminar con lo de la fiesta. – yo asentí. – vamos a mi coche.

Él comenzó a caminar hacia un coche muy bonito aparcado a un lado del parque. Yo le seguí silenciosamente.
Me abrió la puerta del copiloto y me hizo entrar, luego rodeó el auto y se sentó en el asiento del conductor. Resopló y encendió el motor para darle marcha al auto e ir hacia mi casa.

-¿Y cómo te ha ido? – preguntó para romper aquel silencio.
-Bien, creo.
-¿Crees?
-Quiero decir… han pasado muchas cosas en todo este tiempo. Quizás tenga que ponerte al día sobre algunos temas.- lo miré, estaba mirando hacia adelante.
-Si, quizás deveríamos tener alguna conversación.
-Ajam... – fue lo único que logré responder.
-¿Te apetece ir a dar una vuelta? – dijo mirándome con interés.
-No creo que a esta hora sea lo más adecuado– vale, me estaba comportando como una niña. La verdad es que me daban muchos nervios hablar con él.
-Tienes razón-Asintió-tenía ganas de que pudiésemos hablar.
-También yo-Mentí.
-¿Y cómo está tu familia, tu hermana?-Preguntó después de un rato.
-Bien, en América del sur con mi madre.
-¿Otra vez de viaje?-Oh, recordaba los viajes de mis pades, que lindo.
-Divorcio.
-Lo siento.
-No es nada, nadie se muere por eso-Me encogí de hombros.
-Si…
-¿Y tú como has estado, cómo está Tom?-Le pregunté esta vez yo.
-Bien. Si, debemos ponernos al tanto el uno al otro en uno de estos días. Y supongo que podrás ver a Tom dentro de poco.

El  coche se detuve frente a mi casa y a la de Simone, por supuesto.  Suspiré.

-Un gusto verte de nuevo, Bill.-Le sonreí y me acerqué para besarlo en la mejilla.
-También. Insisto en que podríamos hablar alguno de estos días.-Asentí.
-Luego vemos eso.
-De acuerdo.
-Adiós.
-Adiós.

Me bajé del coche, cerré la puera y me apresuré en entrar a mi casa.
Cerré la puerta, guardé la llave en mi bolsillo y subí las escaleras a toda velocidad para encerrarme en mi habitación.

16 abril, 2012

You (Leb die sekunde SEGUNDA PARTE) /Capítulo 1


CAPITULO 1





Ya habían pasado tres años desde que él se había ido, y no lo había vuelto a ver. No es que lo hubiese evitado o él a mí, no habíamos peleado. El tema fue que… simplemente las situaciones no se dieron. El día que Bill volvió yo estaba fuera del país. Habíamos acompañado a mi padre a un viaje de negocios por lo que no lo pude ver. Y para cuando yo regresé los chicos ya estaban fuera nuevamente. No logábamos coincidir y si es que los dos estuvimos en la misma ciudad unos días no nos enteramos, más que nada porque dejamos de llamarnos y cortamos nuestras comunicaciones. No sé muy bien la razón, quizás la relación se enfrió con el tiempo. Aún así yo lo miraba en la TV y buscaba sus fotos en Internet para recordarlo de vez en cuando.
Finalmente lo superé. Porque tuve otras preocupaciones mayores que atender durante el último año. El divorcio de mis padres, por ejemplo. O tener que separarme de Laila. Ellos no habían encontrado ninguna solución mejor que separarnos. Mi hermana se había mudado a Sudamérica con mamá y yo me había quedado aquí con papá. Pero él siempre tenía viajes que hacer, así que la mayor parte del tiempo me encontraba sola en casa. Bueno, con Luisa… que ahora pasaba a ser como una “madre postiza”. Por suerte este arreglo era temporal, hasta que se solucionaran algunos problemas que habían entre ellos para que se pudiesen poner de acuerdo con respecto a temas de dinero… y nosotras, obviamente.
No es que hubiese sido la mejor época de mi vida, pero tampoco era como para cortarme las venas.


Salí de casa dando un fuerte portazo que resonó por toda la calle, había quedado con Lis hace cinco minutos, y llegaría atrasada. Cómo no había ningún taxi cerca, comencé a correr calle abajo en busca de el parque en el que había quedado con mi amiga. Cuando iba a mitad de camino me sonó el teléfono. Me detuve, lo saqué del bolsillo de mi jersey y le di al botoncito.

-Hola, Lis. – La saludé con voz agitada y con la respiración entrecortada, llevándome la mano al pecho.
-Aly ¿por qué no has llegado?
-Voy en camino.
-Apurat... – colgué, no la dejé terminar, y comencé a correr nuevamente.

Al llegar me acerqué al banco de siempre, el que se encontraba bajo ese gran árbol florecido de pequeñas  flores rosas. Me senté junto a Lis, y la saludé con nuestro saludo especial.
-¡Ya era hora! – exclamó una vez finalizado nuestro saludo. Ambas reímos.
-¿Ya nos vamos? – pregunté entusiasmada.
-¡Si, Que con tu retraso tendremos menos tiempo!- Me tomó la mano y tiró de mí para luego empezar a caminar a paso rápido por el parque. ¿A dónde íbamos?, pues, íbamos a su casa a arreglarnos para una fiesta que organizó Bianca, ella era la nueva chica popular de la escuela. Cómo mi hermana se fue alguien tenía que sustituirla. Y ese alguien era Bianca. Podía ser una creída y todo lo que quieras pero tenía un “gran corazón”, por lo que invitó a todo el mundo en la escuela, por no decir a toda la ciudad, a su fiesta de cumpleaños. Ya estaba todo programado con anticipación, y esto se podía leer en la invitación, que ponía algo así como: ¡Hola!, te informo que estás invitada a la mejor fusta de cumpleaños jamás vista aquí en Liepzing, donde habrá bandas famosas, comida exótica, lugares de apuestas, piscina, y una fiesta interior o exterior, a tu gusto!... Eso es todo lo que logro recordar de esa estúpidas invitación, que parecía mucho más un anuncio de televisión, que lo que era, una invitación para un cumpleaños.
Sin darme cuenta ya estábamos bajándonos del taxi que nos había llevado a casa de Lis, entramos en su casa a empujones y subimos a su habitación, donde ya estaban todas mis cosa que necesitaría para la fiesta.

-¿Cuánto tiempo nos queda? – pregunté no muy entusiasmada, mientras me tumbaba en la cama de Lis boca abajo. La verdad, ella era a quien le hacía ilusión la fiesta.
-Nos quedan exactamente… - dijo mirando su teléfono y sacando la cuenta mentalmente. – Cuarenta y siete minutos. – habló con satisfacción por haber sacado bien la cuenta… ella no era muy buena en matemáticas, que digamos. Caminó hacia su armario y buscó ropa, luego caminó en dirección al baño, pero antes de entrar en el asomó la cabeza y me dijo. – luego entras tú, prepárate. – me guiño un ojo y yo me eché a reír.

Yo ya tenía elegido lo que me pondría: no pensaba ir con uno de esos típicos vestiditos, no señor.
Esperé pacientemente sentada en la cama, para que Lis saliera del baño, esta chica tardaba demasiado en arreglarse. No entiendo la importancia de ir tan presentable a una fiesta de cumpleaños…
Media hora después (o sea que me quedaban 17 minutos para arreglarme) Lis salió del baño, estaba divina, llevaba un vestido azul, por encima de la rodilla, con un lazo por debajo del pecho. Iba peinada con un hermoso recogido, y algunos de sus cabellos caían ondulados por lo laterales de su cara.

-¡Te ves hermosa, Lis!
-¡Gracias! Tu turno. – y acto seguido me metió en el baño a empujones.

Llegamos a la fiesta con quince minutos de retraso. En la puerta del local había un hombre gigantesco, al que le entregamos los regalos. Pasamos dentro y nos sorprendimos, había mucha gente, todos vestidos con esos trajes que yo me negaba a usar en esa ocasión. Definitivamente no encajaba allí. Caminé hacia la barra, junto a Lis, nos sentamos y pedimos algo de beber.

-No te ves muy cómoda estando aquí. – yo asentí con la cabeza.
-La verdad no estoy cómoda para nada… pero no nos vendría mal una fiesta.
-Adivina que, amiga. ¡Ya estamos en una! – hablábamos gritando ya que la música era demasiado fuerte. Tomé la copa que me acababan de servir, y me la bebí al seco, sintiendo el escozor que producía el alcohol en mi garganta. Me estremecí, eso de beber no era lo mío.
Salté del asiento y cogí a Lis de la mano, para luego llevarla a la pista de baile, en ese momento sonaba una canción muy movida. Las luces multicolores se encendían y apagaban, había neblina artificial y toda la gente se movía muy bien, vamos, la fiesta ideal.
Comenzamos a bailar la una en frente de la otra, bajo las miradas de algunos chicos, que se nos acercaban, pero que no se atrevían a pedirnos que bailásemos con ellos, perdedores. Yo meneaba mis caderas, lo mejor que podía, llevándome las manos al cabello. Bailaba bien, debo reconocer. En estos tres años, Lis y yo habíamos tomado clases de baile. Digamos que era algo así como para matar el tiempo, estar en forma y pasarlo bien.
Cuando ya llevábamos bailando unas cuatro canciones, la música dejó de sonar. Presentaron a una banda, no escuché el nombre... pero igualmente grité histérica, como el resto de las chicas. Después, sin prestarle atención, me dirigí al baño para arreglarme el cabello.
 Estuve allí frente al espejo hasta quedar presentable.
Luego salí. Busqué a Lis con la mirada pero no la encontré… la canción que sonaba se me hacía familiar, pero no lograba recordar donde la había escuchado.
Seguí caminando por la pista de baile, el resto de los invitados saltaban alrededor de un pequeño escenario, donde seguramente estaría aquel grupo que tocaba esa canción. Una chica me empujó, y choqué con Bianca, esta iba con un vaso lleno de una bebida, el cual, con el empujón, cayó directamente en su vestido.
Cerré los ojos con fuerza, sabía lo que venía…
Un agudo grito de Bianca sonó sobre la música y esta se detuvo… abrí nuevamente los ojos, y miré a mi alrededor, todo el mundo nos miraba. Apreté los puños, dios que vergüenza. Una luz amarilla nos enfocaba a ambas. Giré sobre mí misma, preparada para salir corriendo hacia la salida, me mordí el labio inferior. Quedé cara a cara al escenario, como la gente ya no saltaba, se podía distinguir el grupo que tocaba... miré hacia allí, para luego correr, pero lo que vi, no me permitió moverme un solo centímetro.

15 abril, 2012

Primer delito





Quité el cuchillo, despacio. Arrepintiéndome de lo que había hecho. Me costaba respirar… observé el arma llena de sangre y pude sentir como cada partícula de mi cuerpo se empapaba de miedo, desesperación, arrepentimiento y culpabilidad. Dios santo. ¡¿Qué había hecho?! Esta no era yo… Retrocedí un par de pasos, dejando a ese cuerpo quejumbroso revolcándose de dolor en el suelo, derramando sangre… y no pude hacer nada más que no fuese correr. Metí el cuchillo entre mi abrigo y corrí sin detenerme esa calle y media que me quedaba para llegar a la casa de Tom. Tendría que haberle obedecido, y no haber venido tan de noche hasta aquí… a estos lugares. ¿Y si aquel hombre no estaba solo?
Piqué a la puerta con desesperación, repetidas veces. Las luces ya estaban apagadas, seguramente ya estaban durmiendo y…
La puerta se abrió y yo, en cuanto divisé a Tom del otro lado, me lancé a su encuentro escondiendo mi rostro en su pecho. No tardé en echarme a llorar al sentirme tan culpable. Tom cerró la puerta y me rodeó con sus brazos. Me estaba hablando, pero yo no lograba entender que era lo que decía. Hasta que me sentó en el sillón, a oscuras y me separó de su cuerpo para limpiarme las lágrimas con los dedos y observarme. Yo también podía observar su rostro gracias a la luz de los faroles de la calle que se colaba a través de las cortinas.
- ¿Qué pasa? – Me preguntó. Analizando mi rostro con la mirada. No pude evitar soltar un sollozo y tuve que morderme el labio inferior. – Allyson… ¿Alguien te hizo algo? Dios… te dije que no vinieras por aquí a estas horas, es tan peligroso. Siempre me desobedeces, yo quiero cuidarte, tú sabes que aquí no se pued… - Quedó mudo al ver lo que saqué de entre mi abrigo. Me di cuenta de que tenía la mano manchada de sangre, al igual que la ropa. Los ojos se me nublaron, comenzaría a llorar. Le tendí la navaja con la mano temblorosa. – Es… la navaja que te di. – Murmuró. - ¿Estás herida? – Negué con la cabeza. Tom cogió el arma y la examinó con sumo cuidado. – No me digas que…
- Alguien se está muriendo allá afuera. – Chillé, avergonzada.

EN MI LOCURA





Once noches. Ya han pasado once noches desde que él desapareció. Lo he buscado en todas partes… incluso en los rincones más oscuros de mi mente. Pero no he podido encontrarlo. ¿Has desaparecido? ¿Es que ya no quiere cuidarme? Un ángel guardián no suele dejar a su protegida. Me había prometido estar aquí siempre, conmigo. Y ahora se ha ido. Once noches, once interminables y oscuras noches hundida en el silencio sepulcral de esta fría habitación esperándote. Sigo esperando que aparezcas frente a mí, que me acaricies la mejilla y me beses en la frente antes de dormir, como siempre.
¡Me estoy volviendo loca! Estoy… estoy… buscándote, si, buscándote. ¡Pero no puedo encontrarte!
- ¡Aparece de una vez!- Grito con todas mis fuerzas, desgarrándome la garganta. Me dejo caer en el suelo, de espaldas. Te necesito… te necesito. ¿Por qué no regresas? Me ha dejado… me abandonó. ¡Él ya no me quiere!- Ya no quieres protegerme, ¿verdad? - Susurré.
Todo esto es tan confuso…
Comienzo a recordar la primera vez que te vi. En ese entonces tenía seis años y mi hermana acababa de morir. Recuerdo tu rostro, tus facciones… la calidez de tus palabras y esa forma en que me tratabas… me hacía sentir mejor.
Fuiste mi “amigo imaginario” hasta los diez. Luego dejé de mencionarte… cuando mamá me obligó a asistir al psicólogo. La gente sigue pensando que estoy loca. Pero ellos no saben nada. ¡No saben nada! No saben de lo nuestro, no saben de ti. ¡Porque no pueden verte! El mundo entero piensa que la muerte de mi hermana me ha traumatizado. Pero no… no es así, tú curaste mi dolor, tú me hiciste mejorar. Y ahora ya no estás conmigo.
Quiero llorar, pero no logro hacerlo. Sé que estás allí, en alguna parte, burlándote de mí. Lo sé… lo sé. Aparecerás en cualquier momento, y luego me dirás “estuve todo el tiempo, sólo quería ver que hacías al estar sin mi”. Ugh, voy a demostrarte que puedo estar bien. ¡Estoy mejor sin ti!
Es mentira, es mentira. ¡Te necesito!
- ¿Qué es lo que no entiendes? ¡Te necesito!- sentí como el nudo en mi garganta creía y crecía. Grité, grité con todas mis fuerzas, perdiendo los nervios. Me llevé las manos a la cabeza, estrujando mi cabello entre los dedos.- ¡Vuelve!, ¡por favor vuelve! ¡Agh!.
Esperen. Esperen. Esto… esta no es mi casa, no estoy en mi casa. No logro escuchar nada, los latidos de mi corazón me dejan totalmente sorda.
Me incorporo despacio, mirando a mí alrededor. Si, esta no es mi habitación. ¿Dónde estoy?
- ¡Ayuda!- Grito con todas mis fuerzas. - ¡Mamá, mamá! ¡Ayúdenme!- Me estoy desesperando. Necesito aire, necesito salir de aquí. Tengo que escapar. ¡Esta no es mi casa! Estoy atrapada. No sé que hago aquí. Comienzo a sollozar. Por primer vez, luego de estas once noches logro llorar. Las lágrimas comienzan a caer tan velozmente que de pronto tengo la impresión de que inundarán el lugar. Corro, aun llorando, hacia una silla. Me subo en ella, esperando no ahogarme. - ¡Por favor, que alguien me ayude!- Grito, llorando desesperadamente.- ¡Vuelve, vuelve! ¡Quiero que estés conmigo!- Pido a gritos su regreso. Pero nada cambia. No lo veo por ningún lugar. Me paso la mano por los ojos, intentando quitarme las lágrimas para ver mejor. No logro mi propósito, cayendo de la silla.
Dolió, duele. Agh, mi brazo.
- ¡Estoy herida, auxilio, auxilio!- Me revuelo en el piso, intentando levantarme.
En ese momento la puerta frente a mi se abre. Logro ver tres personas allí. Dejo de llorar de golpe y comienzo a reír, feliz. ¡Han venido a rescatarme!
- Sabía que me escucharían. ¡Llévenme de aquí!- Estiro el brazo no dolorido hacia ellos. Se acercan rápidamente y se agachan a mi altura. Siento un dolor punzante en el brazo bueno. ¡Me han lastimado el brazo bueno! – ¡Hey, suéltame, me haces daño!- Me revuelvo, intentando quitarme esas manos de encima, que me sujetan con fuerza. Comienzo a llorar nuevamente, sintiendo como poco a poco mis fuerzas van desapareciendo. Algo que me pasa. Me cuesta controlar el cuerpo y de pronto me ha dado sueño. Intento mantener los ojos abiertos… no puedo dormir teniendo a todos estos no se quienes aquí. Debo salir de este lugar, debo escapar.
De pronto, y entre pestañeos, logro divisar su rostro. ¡Es él!
- Haz vuelto…- Susurro. Lo miro sonreír. Intento devolverle la sonrisa, pero se me hace imposible. Después de once noches él ya está de vuelta. Conmigo, donde corresponde. Debo… debo pedirle explicaciones. Él es tan hermoso… estoy enamorada de él. Lo admito, es vergonzoso. Un día… un día seré un ángel como él y nos vamos a casar… en Las Vegas. - ¿Vas a casarte conmigo, verdad?- Pregunto, cerrando los ojos, rindiéndome.
- Claro que si.- Escucho tu voz, antes de quedarme profundamente dormida, como en un cuento de hadas.

Estoy despierta. Abro los ojos de golpe, me incorporo tan rápido que me duele la cabeza. Sigo aquí.






One night






Se dice que en la noche de Halloween, la puerta que separa el mundo de los muertos, del Más allá, con el mundo de los vivos… Se abre. Y los espíritus de los difuntos hacen una procesión en los pueblos en los que vivían… Ellos vuelven.

31-10.

Sentí un viento gélido traspasarme la ropa y llegar a mi espalda. Me estremecí… abrí los ojos, aún medio dormida, y palpando con las manos intenté cubrirme nuevamente con las sábanas… Pero estaba cubierta casi hasta la cabeza. Me pareció extraño, y aún con los ojos cerrándose con el sueño, me levanté y enfoqué la mirada en la ventana por la cual entraba una tenue luz blanca que se colaba por entre las cortinas. Seguramente sería una de las pocas noches donde hay luna llena.
Hice todo el esfuerzo del mundo por levantarme y caminar hacia la ventana sin irme de lado y terminar en el piso.
Me refregué los ojos con las manos y luego de lanzar un bostezo, corrí la cortina hacia un lado, despejándome la vista. Podría decir que el resplandor que llegaba desde afuera casi, casi, me deja ciega. Entrecerré los ojos, tapándomelos con una mano y poco a poco me fui acostumbrando a aquella luz. Miré hacia fuera, pero no vi nada… No había luna, ni estrellas, ni siquiera alguna luz encendida que se viera entre la oscuridad. Abrí la ventana, intentando descubrir el foco de donde provenía la luz… Asomé medio cuerpo hacia fuera, pero solo sirvió para que me diera cuenta de que el aire estaba tibio, y no frío… como lo había sentido hacía un momento.
Cerré la ventana, el sueño ya se me había ido. Ahora, seguramente, no iba a poder volverme a dormir…
Entonces, una ola de frío me recorrió el cuerpo. Ese aire helado nuevamente. Volví a estremecerme y me giré rápidamente hacia atrás… Pero no había nada.
Me asusté, pero le di la razón a lo vieja que era la casa. Yo estaba de visita en la casa de mi abuela, durante el fin de semana, para acompañarla en halloween, tradiciones estúpidas, en las que ella aun creía. Se suponía que debía colocar una vela en la ventana… ¿O era una calabaza?. ¿O dulces?, no lo recuerdo. La cosa, es que en mi casa, esto no me habría pasado. Casa antiguas… Y aún había gente a la que le gustaba vivir así. Y entre esa poca gente, estaba mi abuela.
Volví a caminar hacia la cama, y luego de tropezarme con el bolso y pegarme un susto, me senté sobre ella.
Alargué la mano para encender la luz de la mesita de noche y seguidamente miré la hora en el reloj… once y treinta de la noche. Ya no había nada que hacerle.
Tomé el control que había sobre la mesita de noche y encendí la televisión. Le bajé el volumen rápidamente. Luego me eché un poco hacia atrás, hasta apoyar mi espalda en la pared. Pasé por los más de mil canales disponibles a esa hora, pero nada me gustó… Yo no era mucho de ver televisión.
La apagué y abrí el pequeño portátil justo en mis piernas. Como no supe que más hacer, busqué música y me puse a escuchar. Me encantaba.
Estuve así unos minutos, hasta que la música dejó de sonar. Se había apagado. ¿Pero porqué? La había arreglado antes de venir… No tenía por qué estar rota de nuevo.
Me puse de rodillas sobre la cama y la cogí con la mano, pero antes siquiera de darle al botón de encendido, el pequeño control voló hasta caer bruscamente sobre el escritorio.
Me aterré, y mirando hacia todos lados, me acerqué a la pared, intentando no gritar.
Estaba más alerta, definitivamente estaba más alerta. Podía escuchar mi corazón latir desbocado en mi pecho, podía sentir los ronquidos de mi abuelo en el piso de abajo, sentía el tic-tac del gran reloj antiguo que había en la sala, podía ver la habitación con tal claridad, como si fuese de día. Hasta que me vi obligada a cerrar los ojos y cubrirme la cabeza, tras escuchar un ruido agudo, que no cesaba. Apreté los dientes fuertemente, producto de los nervios, los oídos me iban a reventar. La sangre comenzó a recorrer más rápidamente mis venas y respirando fuerte, solté algunas lágrimas… Hasta que el sonido desapareció…
Volví a destaparme la cara con lentitud, aún respirando agitado, con sudor en la frente y temblando. Abrí los ojos y quité la mano de mi rostro.
Seguidamente me enderecé hasta quedar sentada sobre la cama. ¿Serían pesadillas? No. Imposible.
Miré hacia la puerta, pero no había nadie. ¿A caso alguien me estaba jugando una broma? Si era así, no me gustaba para nada.
Volví nuevamente la vista hacia la habitación, pero algo me detuvo justo en la ventana.
Solté todo el aire que había en mis pulmones, producto de la impresión y el susto que me llevé, sin poder gritar, ni siquiera decir una palabra.
El reloj del salón dio las doce, comenzando con las doce campanadas de siempre. Me aterré aún más, y con el corazón casi saliéndose por mi boca, me atreví a abrir más los ojos y a analizar lo que estaba mirando.
Era una persona… Una persona. Extremadamente pálida y vestida de negro. Con ropa, que seguramente a estas alturas ya no se usaba. Llevaba el cabello hacia arriba, con un pequeño flequillo cayéndole sobre un ojo. Miré impactada sus rasgos… Sus ojos no tenían expresión, miraban hacia el vacío… No pude determinar el color, pero estaban delineados de negro. A lo mejor era una chica, las jóvenes del siglo pasado se vestían así. Seguí bajando la vista, su rostro eran fino, sus rasgos eran finos… tenía una rostro perfecto.
Bajé un poco más la mirada… justo donde terminaba su chaqueta de cuero negra, y me di cuenta de que no era un chica. Era un chico.
Me sobresalté aún más, y me agarré de las sábanas. Me pegué todo lo que pude a la pared… Y entonces entendí porqué nadie quería venir a esta casa. Ni mis primas, ni mi madre, ni mis tías. Nadie. Seguramente yo había sido la única que no sabía sobre este tipo de cosas sobrenaturales que pasaban en esta casa, pues lo había notado desde que había entrado. Había una especie de energía poderosa…
De la cual mi abuela, seguramente, se daba cuenta de que existía, pues, e otra manera, no se habría quedado viviendo aquí. Vale añadir también, que mi abuela podía “ver” algunas cosas que el resto del mundo no podía. Y yo siempre la había creído loca…
Entonces, los ojos del chico se fijaron en mí, cosa que me hizo quedar sin respiración. El miedo me recorrió el cuerpo y comencé a temblar aún más.
Él me observó durante un largo rato, posando sus ojos en casa parte de mi cuerpo. Seguramente, analizándome. Yo tampoco dejé de mirarlo, aún no tenía claro si era yo quien no podía dejar de mirarlo, o era solo por prevención, para ver cuando él me fuese a hacer daño e intentar impedirlo.
Las doce campanadas ya habían acabado hace un buen rato…
Él miró toda la habitación y luego dio un paso hacia mi. Se me estaba acercando. No… El pánico me llenó por completo y estuve a punto de lanzar un grito…
- Aléjate. – Le ordené. Pero él no me escuchó, o bien, hizo como si no me hubiese escuchado. Siguió dando el siguiente paso, y el siguiente, hasta que quedó en el borde de la cama.
Recogí las piernas, encogiéndolas contra mi cuerpo, cuando el intentó cogerme de una.
- Aléjate. – Volví a decirle. – Aléjate de mi… - La voz no me salía.
- No te asustes… - Murmuró. Su voz era extremadamente suave, aterciopelada, me habían encantado… Era tan… delicado, por decirlo de alguna manera.
- No me asusto. – Negué con la cabeza. – Solo quiero que te alejes. – Dije orgullosa.
- Soy Bill. – Pude ver como las comisuras de sus labios se curvaban un poco hacia arriba, me estaba sonriendo… Me quedé embobada, observándolo. Jamás, repito, jamás en mi vida había visto a alguien como él. - ¿Cómo te llamas?.
- Vi… Victoria.
- Bonito norme. – Dijo sentándose sobre la cama. Me pareció extraño que ni siquiera la hundiera un poco.
- Es antiguo.
- Lo sé. – Volvió a sonreír.
Y luego hubo silencio. Él no dijo nada, sólo me observaba… Y era bastante incómodo.
- Eres la primera persona que no sale corriendo al verme. – Lo miré impresionada. Y como siempre, decidí bromear con la gente desconocida.
- Es que vamos, que si te apareces en la habitación de alguien así de esa manera… - Me corté. - ¿Qué haces aquí?. – Se encogió de hombros y volvió a sonreír. - ¿Cómo entraste aquí?. – Volvió a encogerse de hombros. - Dímelo.
- No puedo. – Sonrió nuevamente. – Hace un siglo que no hablo con nadie. – Lo miré sin comprender.
- ¿Qué edad tienes?. – Dije separando las palabras, hablando costosamente.
- Veinte. – Lo miré confundida.
- Pero tú dijiste que…
- Lo sé. – Me cortó.
- Vete de aquí. – Volví a repetir.
- No. Por favor… Victoria. Deja que me quede contigo esta noche, sólo esta noche. Por favor… - Suplicó. No le pude aguantar la mirada. Clavé la vista en la ventana y asentí.
- Sólo esta noche. – Murmuré.
- Gracias.
- Pero sólo dime una cosa… - Lo miré y él asintió. - ¿Qué haces aquí? – Bill soltó una risita.
- Digamos que… Hoy es la noche del despertar de los muertos.
- Eso quiere decir que tu… - No terminé la frase, ya que él confirmó asintiendo. – No luces como un…
- Lo sé, lo sé. Mi cuerpo es el que luce como un muerto, yo no. – Rió.
- ¿Por qué?. – Pregunté impresionada.
- Porque así son las cosas. – Suspiré.
- Eres como una persona de verdad. – Él bajó la mirada al instante. – Lo siento, no quise decir eso. – Dije incorporándome. – De verdad lo siento, discúlpame. – Apoyé una de mis manos en su espalda. Estaba frío, como el hielo… Me estremecí, pero no quité mi mano de allí.
- No te preocupes. – Volvió a mirarme. Y luego volvió a sonreír. Nuestros rostros quedaron bastante cerca. Me di cuenta de que sus ojos eran color miel… De que en ellos, estaba escrita toda una vida, de que su alma era de buenos sentimientos. ME di cuenta de que él no me haría daño… - Tienes unos ojos hermosos. – Fue él quien me lo dijo.
- Gracias. Pero tus ojos… Son… Son…
- ¿De un muerto?. – Me cortó con una risita.
- No quería decir eso… Me encantan. Eras una persona muy buena. – Él me miró confundido. – Seguramente tuviste muchas alegrías en tu vida. – Solté sin pensar.
- ¿Y tú eres adivina?. – Me encogí de hombros.
- Puedo… Puedo ver algo en tus ojos que… Yo te he visto antes. – Afirmé.
- ¿Cómo…?. Eres sorprendente. Te parece mucho a Amy. – Susurró.
- ¿Amy? – Amy… Amy… Repetí el nombre en mi cabeza, intentando buscar alguna relación con algo…
- Ella vivía aquí… Cuando yo estaba vivo.
- Amy es el nombre de la difunta madre de mi abuela. – Recordé. Ella siempre nos contaba de lo hermosa que había sido, siempre decía que yo era una copia exacta de ella… Y todo el mundo lo decía. Y, como si fuese poco yo había nacido el mismo día en que ella había muerto, sólo que unos cuantos años más tarde. Siempre me habían dicho, que ella nunca… luego de un incidente que la afectó mucho… volvió a ser la misma, jamás había vuelto a ser feliz.
- ¿Amy Jäger?. – Preguntó impresionado.
- Ella misma. – Quité mi mano de su espalda y volví a sentarme en la cama, a su lado.
- Cuéntame todo lo que sepas sobre ella… - Me dijo. Por suerte, a mi siempre me había gustado escuchar los relatos de la abuela y me sabía de memoria la vida de su madre.
- Bueno… Amy nació el día…
- Eso ya lo sé. – Me cortó. - ¿Qué mas sabes?.
- También sé que ella sufrió mucho durante su vida. Que hubo un incidente en su juventud que no la dejó ser feliz. – Bill se pasó la lengua por su labio inferior, mirándose las manos. – Luego de ese incidente, ella se mudó y se fue a América.
- Eso explica que… - Susurró.
- ¿Qué? – Le pregunté. A lo mejor me había dicho algo y yo no lo había escuchado.
- Nada, nada. ¿Qué pasó después?
- Después, ella se casó con un norteamericano, tuvo a mi abuela… Y cuando Amy murió, mi abuela volvió a Alemania… A esta casa. Y no sé nada más. – Le dije.
- Oh… ¿Estás segura de que no sabes nada más?. – Me preguntó. Yo asentí. - ¿No puedes hacer un esfuerzo? – Lo miré sin comprender.
- Siempre me dijeron que yo era Amy volviendo a vivir… - Suspiré. - ¿Cómo es que tú la conocías?
- Pues… Yo vivía en un casa cerca de aquí, la cual ya no existe… - Carraspeó. – Yo amaba a Amy, nos amábamos. No podía vivir sin ella… Y creo que ella tampoco podía vivir sin mí. Pero por mi trabajo, me tenía que ausentar siempre… Y casi nunca estaba con ella… Aún así éramos novios. Y nos queríamos, siempre, como el primer día. Hasta que, hace cien años, algo horrible sucedió. Yo… ya no pude estar con ella, la dejé sola, la abandoné, sin quererlo. – Cerró lo ojos. – Yo no quería dejarla. Pero la vida es así, tiene que acabarse en algún momento. – Suspiró. – Luego de eso, cada halloween volvía aquí a buscarla… o a verla, a decirle cuanto la quería. Pero jamás la encontré. La busqué en el más allá durante todos estos cien años, la busqué cien días aquí, en el mundo de los vivos… Pero nunca la encontré. – Me estremecí, algo me recorrió el cuerpo, la cabeza me dolió un poco… Lo entendía todo. – Dicen… que las personas deben alcanzar la perfección, alguna vez… Y que por eso, pasan por diferentes vidas, perfeccionando su alma. Amy nunca fue feliz. Ella era perfecta en todo sentido, lo único que le faltaba era la felicidad…
Sentí su voz cada vez mas lejana… Me sumergí en recuerdos… Recuerdos de cosas que jamás me habían pasado, que jamás había vivido. Recuerdos de otra persona. Pude sentirlos míos, pude sentir el amor, la tristeza, la angustia. Pude vivirlo, pude experimentarlo.
Luego, todo se volvió negro.

Sentí algo frío en mi rostro. Abrí los ojos de golpe y mi vista se fijó en él.
Sentí alivio, un alivio inmenso. El corazón se me apuró, pude sentir los sentimientos que ella había sentido por él, saliendo desde mi inconsciencia… Recordé sus recuerdos…
Él me miraba desde muy cerca… suspiré, y como pude, dibujé una sonrisa en mi rostro.
Era él. Bill… Bill de Amy, mi Bill. Porque el alma, que anteriormente había sido de Amy, ahora me pertenecía. Sus recuerdos eran míos, sus sentimientos eran míos. Porque, de algún modo, éramos la misma persona. Éramos una.
- Bill… – Susurré. Él me sonrió y se enderezó hasta quedar sentado.
- Victoria, si mi teoría es cierta… - Me enderecé hasta quedar muy cerca de él... Y al clavar mis ojos en los suyos, el cerró la boca. No supe descifrar su expresión. – Eres… Muy parecida… a…
- Amy. – Terminé la oración. – Y si te digo que… Conozco a Amy más de lo que te imaginas… - Bill abrió los ojos como platos. – Una vez, la llevaste al cine… Era un día en que estaba lloviendo, ¿lo recuerdas?. Ella no llevó una chaqueta, y tú le diste la tuya. Era negra, con muchos broches… Ese fue el día en que se dieron su primer beso. Un 7 de noviembre… - Bill me miró asombrado. – Le pediste que fuera tu novia un día en un campamento de verano. A la orilla de un río. Una noche… Luego de haber estado cantando y comido alrededor de una fogata con los otros chicos…
- Victoria… - Murmuró.
- Y… cuando te fuiste… - Un nudo se me formó en la garganta, impidiéndome hablar. – Fue horrible, fue horrible… - Me mordí el labio inferior para reprimir un sollozo. – Bill… No quiero que te vayas… - Murmuré. Tuve la impresión de que no era yo quien estaba hablando. Seguidamente, me rodeó con sus brazos, y pegó mi cuerpo contra el suyo.
- ¿Lo recuerdas todo?. – Me preguntó con la voz entrecortada. Yo sólo me limité a asentir. – Ella… ¿Realmente me amó?, ¿Siempre?. – Volví a asentir.
- Durante toda su vida. Y aún lo hace… - La voz casi no me salía. Entonces, él me separó de su cuerpo, con delicadeza… Posó su mano en mi mejilla y levantó mi rostro hasta que nuestros ojos se encontraron. Su contacto frío me encantó. Era Bill… A él lo conocía como la palma de mi mano. Lo conocía incluso desde antes de nacer.
Nuestras narices chocaron en ese momento. Cerré los ojos… y me dejé llevar. Nuestros labios encajaron a la perfección, comenzando con un beso… Lo amaba, lo quería con toda mi alma. El amor había estado oculto… Había estado escondido durante casi un siglo. Y ahora, cien años después, volvía a salir a la luz…
- ¿Qué hora es?. – Le pregunté en cuanto nos separamos. El pasó sus dedos por mis ojos, limpiando las lágrimas.
- Cerca de las cinco.
- ¿Cuándo te vas…? – Volví a preguntar.
- Dentro de poco… ahora, - Dijo mientras me empujaba por los hombros, acostándome… - Tienes que dormir. – Me intenté levantar, no quería dormir, quería aprovechar el resto de la noche con él. Ya que después lo perdería… – Tranquila… - Murmuró. Me cubrió con las sábanas y seguidamente me besó en la frente. – Te amo. – Me sonrió. Yo igualmente le sonreír.
- Te amo. – A nadie, jamás, jamás en la vida le había dicho un “te amo”. Él había sido el primero… Y el único.
- Nos vemos dentro de un año. – Me sonrió.
- En una noche como esta.
- Si… Una noche – Me dio un pequeño beso en los labios.
- Prométemelo.
- Te lo prometo.

Desperté gracias a la luz que me llegaba directo a los ojos. Se me había olvidado cerrar la cortina…Los abrí costosamente, casi quedándome ciega y con una mano sobre los ojos me levanté, tambaleándome. Intenté acostumbrarme lo más rápido posible a la luz… Miré toda la habitación, intentando encontrar a Bill. Él ya no estaba. Aunque volvería, estaba segura… Pues me lo había prometido. Y él siempre cumplía sus promesas. Me estiré, mientras bostezaba, y al volver a abrir los ojos, me topé con una rosa roja, roja como la sangre, sobre la mesita de noche.
Sonreí. La cogí entre mis dedos y me la llevé a los labios. La besé delicadamente, luego la volví a dejar en su lugar…
Durante todo ese año, estuve yendo diariamente al cementerio. Había encontrado la tumba de mi querido Bill… y lo iba a visitar siempre que podía, quedándome horas charlando con él. Me gustaba. De algún modo, sentía que él podía escucharme.







31-10.

…Sentí un viento gélido traspasarme la ropa y llegar a mi espalda. Me estremecí… abrí los ojos de golpe.
- Bill. – Murmuré.










Hola :)
Solo venía rápido, ahora que tengo tiempo para avisar que no he andado por aquí por falta de tiempo. He andado ocupada, llegando a casa a eso de las nueve y directo a comer, prepararme para el otro día... y dormir obviamente.
Pero como es muy poco el tiempo del que dispongo y de verdad, verdad, verdad, que no puedo sentarme a escribir... subiré las fics antiguas que no tengo aquí por mientras que me organizo. Las corregiré e intentaré subir todos los días. :)
Espero pasarme por aquí en la noche y subir algún capítulo de algo.
Y am... DLT queda pospuesta indefinidamente, pero la terminaré. Intentaré avanzar un poco y en cuanto tenga algo lo subo y así...
Besos!

06 abril, 2012

Cosas que pasan.







Y otro golpe. La bola de papel había impactado contra mi cabeza, rebotando y acabó cayendo sobre la mesa. La observé, con rabia, sin alzar la vista… sin querer mirar a mi atacante. Siempre lo hacía, siempre me lanzaba papeles, a todas horas, todos los días… cuando yo menos me lo esperaba y el profesor se daba la vuelta o miraba hacia otro lado… plaf, golpe en la cabeza. Lo llevaba haciendo desde que habíamos vuelto de las vacaciones por navidades. Un mes y algo. Y lo peor, era que después, los profesores me regañaban y me obligaban a recoger los papeles para tirarlos a la basura. Incluso, algunas veces me hacían quedar después de clase recogiendo los papeles de los otros chicos. Siempre había intentado explicarles que no era yo quien dejaba la basura, pero como son unos adultos idiotas, jamás me escuchaban y cortaban mis “peros” a la mitad. No entiendo como es que se creen unas personas tan razonables.
Miré por entremedio de mi cabello a ese chico, haciéndole un agujero a la hoja del cuaderno con el lápiz. Era un desastre, él y su amigo eran unos desordenados… no tenían límites. Mucha razón había tenido el consejo de profesores al separarlos a él y su hermano de clase. Ya que, seguramente si el otro estuviese aquí, llegaría el final del día y yo tendría que salir nadando entremedio de tanto papel hecho muño.
No es que yo fuese una nerd o algo parecido, es sólo que yo me llevaba mejor con las chicas y chicos de otras clases… en mi clase no hablaba con nadie. Tampoco me importaba, siempre tuve muy claro que yo venía a la escuela para estudiar, aprender cosas y tener un buen futuro. Precisamente por eso es que yo tenía buenas calificaciones. Y repito, no soy una nerd. Pero al parecer, el chico “popular”, si me ve como una de esas. Quizás, como yo nunca le digo nada cuando me lanza los papeles, se aprovecha de la situación y se burla de mí. Jake, uno de mis amigos, un año mayor, había hablado con mi atacante… amenazándolo para que dejara de molestarme, pero mi atacante no lo hizo… como es el mejor del mundo, nadie puede amenazarle. Y como yo soy de la paz y odio las peleas, no le dije a Jake que Kaulitz seguía rompiendo las hojas de su cuaderno y haciéndolas bola para luego lanzármelas durante todas las clases, produciendo risas y burlas de todos sus amigos… Que por cierto, eran unos idiotas.
El año anterior Kaulitz me gustaba. Pero era secreto y no se lo dije a nadie… era una especie de amor platónico. Una chica como yo no tendría oportunidad con un chico como él. A demás, con las cosas que me había dicho, era como para aborrecerlo. Había dejado de gustarme, yo había dejado de observarlo tanto, él había dejado de decirme cosas feas… pero en vez de eso, había comenzado a lanzarme papeles.
Lo que más odiaba, era cuando se comportaba como un engreído, sólo porque las chicas le prestaban más atención a él que a los otros chicos.
Y otra bola de papel contra mi cabeza. Esta si dolió… la bola rebotó y cayó en el suelo. Me llevé la mano a la zona y miré a esos tontos que ya comenzaban a burlarse. Kaulitz se hizo el idiota y me sonrió de medio lado. Y es que lo odio desde el alma…Odio cuando sus ojos se achican al reír. Miró a sus amigos, que estaban en los asientos de atrás, abarcando unas dos filas y luego volvió a acomodarse en el asiento, sin observarme. Cogió un lápiz y anotó algo en su cuaderno, cubriendo la hoja con su cabeza, brazos y manos, para luego arrancarla rápidamente y comenzar a hacerla muño.
Afirmé el codo sobre la mesa y protegí disimuladamente mi cabeza usando la mano. Pero no sentí el golpe…
… Hasta que de pronto, el impacto del papel sobre la mesa me sobresaltó. Clavé mis ojos en el pequeño “meteorito” que había invadido mi territorio. Estaba entreabierto, y las rayas que Kaulitz había hecho anteriormente allí se notaban a pedazos.
Mire fugazmente al chico, con el ceño fruncido, ya cansada de todo el show. Sus amigos se burlaron de mí, pero yo sólo clavé mis ojos en él, mirándolo con pena. Odiaba mirarlo, pero es que ya no daba más, ya no podía seguir soportando este trato. Tendría que hablar con la directora y solucionar este problema de una buena vez.
Entonces. Me di cuenta de la seña que el chico me hacía disimuladamente con el rostro, congelando su sonrisa, de brazos cruzados. Miró fugazmente a sus amigos, quienes conversaban de cualquier estupidez, sin prestarle atención. Me sentí cohibida… pero aún así, como una idiota a la cual le gustó anteriormente su estúpido agresor, le hice caso y cogí el papel rápidamente, llevándolo debajo de la mesa.
El profesor había salido de la sala de clases, podría haberlo leído sobre la mesa… Pero es que podría haber tenido alguna cosa inapropiada, y en ese caso, era mejor que nadie se diera cuenta de que lo había leído. Lo abrí y estiré sobre mis piernas, mirando al chico. Quién ya había hecho desaparecer la sonrisa de su rostro y me miraba completamente serio, sin apartar la vista.
Sinceramente, daba miedo. Pero no me podía poner nerviosa, ya estaba acostumbrada a sus miraditas sin pestañear.
Corrí la silla hacia atrás despacio, hasta que pude ver el papel. Estaba al revés, que torpe. Lo volteé del otro lado… con letras finas y casi perfectas, estaban escritas las siguientes palabras:
Feliz día de San Valentín. ¿Querría venir mi amor platónico a tomar un helado después de clases conmigo?.
Podrías ver los otros papeles, eres una despistada.
Disculpa.

Que buena broma, ¡que buena broma!. Y es que lo único que quería era burlarse de mí, y ponerme como estoy ahora: nerviosa, colorada, tiritona y ahogada.
Arrugué el papel y volví a dejarlo sobre la mesa. Miré fugazmente al chico, quien me miraba casi suplicante. Que mentiroso. Odioso total.
No volvió a lanzarme otro papel en toda el resto de la clase, a lo mejor porque el profesor había vuelto para retomar la clase. Por suerte era la última del día… luego me podría ir con mis amigos al centro comercial o a algún parque por aquí cerca. Así me olvidaría de ese estúpido papel, que aunque hubiese sido una broma, no había dejado de causar efectos secundarios.
La clase pasó lenta y casi dolorosa. Me sentí observada por cierta persona todo el tiempo… pero lo ignoré.
Para cuando terminamos, el profesor ya me había llamado la atención y me había sentenciado a recoger “mis papeles”. No le dije mis peros, no le dije nada.
Y cuando el resto de los alumnos se fueron, cogí los cuatro que estaban esparcidos en el suelo y los dejé sobre la mesa junto a los otros dos, un poco aturdida arreglé mi bolso, esperando que le profesor se fuera. Y cuando lo hizo, cogí uno de los papeles, lo estiré, y con el corazón en la garganta, leí esas dos palabras que tanto esperaba, pero que odié enormemente en ese momento.
Te amo.
Me sentí temblar, y no pude hacer nada más que arrugar el papel.
- Belle… - Me llamó. Oh, no. ¿Aún no se iba? Alcé la vista y miré hacia la puerta. Ahí estaba él. Pero que rabia… Y una MI ERDA la paz y, y, y las no-peleas, le diría a Jake que le rompiera la cara de una buena vez, se lo diría hoy mismo.
- Con estas cosas no se juega. – Le espeté llena de rabia, con los dientes juntos a más no poder y queriendo matarlo allí mismo. Le lancé el papel. No le dí.
- Lo sé…