28 marzo, 2012

Capítulo 19 /Wenn nichts mehg geht






Capitulo 19

Algo brillaba por entre la hierba.
Estiré la mano y cogí esa cadena, la de calavera... esa que había abandonado allí hace poco.
Bill me miró con curiosidad. Yo simplemente me limité a examinar la cadena que estaba entre mis manos. Estaba mojada... seguramente por la lluvia de ayer por la noche. 
Me salí de encima del chico y me senté a su lado. Él se incorporó haciendo lo mismo.
- La cadena. – murmuró. Yo asentí mientras me la acercaba a la ropa para secarla.
- La dejé aquí hace unos días. O no lo sé... creo que fue ayer… - Bill soltó una risita.
- ¿No lo recuerdas?– me encogí de hombros.
- Estoy perdida en el tiempo.
Volví a mirar la cadena y se la tendí a Bill.
- ¿Qué?
- Quiero que la tengas tú. – susurré. – cuando te vayas…. quédate con un recuerdo mío para que no me olvides, ya sabes. – intenté que esas palabras no demostraran el sufrimiento que sentía al pensar en ello. Pero no pude evitar que mi voz se quebrara al final de la frase.
- Yo no te voy a olvidar. – sonrió. – te vendré a visitar en todas mis vacaciones, ya verás. – dijo alegremente. Estoy segura de que intentaba animarme pero al parecer no daba resultado, porque me sentía igual.
- Sabes que esas sólo serán las primeras vacaciones. – reí un poco, contra mi voluntad, no quería hacerlo. – luego me olvidarás y tú seguirás a lo tuyo y yo a lo mío. – A lo poco que me queda si tú no estás, pensé nuevamente para mí misma.
- No seas tonta. 
- Cógela. – la acerqué aún más a él. Éste pareció dudar un poco, pero la acabó tomando.
- Gracias. – me sonrió. – Yo igual quiero darte algo…
- No es necesario. 
- Claro que si… – dejó de hablar y metió la mano en el bolsillo de su pantalón, que por cierto, ya estaba seco.- lo compre hace unos días... – era un pequeña cajita negra aterciopelada. Me la acercó y yo la cogí con cuidado.
- Realmente no era necesario…
- Yo acepté lo tuyo, tu aceptas lo mío. Así quedamos a mano – asentí dándole la razón y luego examiné la cajita con la mirada una vez más. – Ábrela, que lo que vale es lo que adentro.- le sonreí. Y la intenté abrir. Me costó un poco... vale, no podía. – dame eso, es del otro lado. – me la arrebató con cuidado y luego la giró para abrirla. Sí, soy una torpe e intentaba abrirla al revés. – aquí está. – me tendió la cajita nuevamente.
Y yo, como es obvio, la cogí y miré el contenido. 
- Oh, es es es hermosa. – le sonreí. – wow, yo… gracias, Bill. – saqué de allí dentro la fina y delicada pulsera. Tenía unos cuantos dijes de corazones con piedras que brillaban. Debía de ser bastante cara. Pero eso no importaba. Bill me la había regalado y ya. Se había molestado en comprar eso para mí. 
- Te mereces esto y mucho más. – sonrió de medio lado.
- No lo creo. – bufé. El rió.
- ¿Quieres que te la panga?– yo asentí y se la di.

Bill la tomó con suma delicadeza. Yo me estiré mi brazo, dejándole mi muñeca izquierda a la vista. Entonces él me la puso y luego me cogió la mano y la comenzó a examinar…
- Tiene la inicial de tu nombre. – me enseñó un dije con la letra “A”, tenía algunos brillitos de diamantes - y… el resto... tu lo debes adivinar. – quité mi mano de entre las sillas y acerqué la pulsera a mi rostro. La examiné. Había un corazón bastante grande que colgaba hacia abajo y los otros eran más pequeños aún incluso menos de la mitad del grande. Me llamó bastante la atención. Pero no se lo preguntaría... como él había dicho lo descubriría por mí misma. 
- Gracias. – me abracé a él y él hizo lo mismo.
- Gracias a ti, preciosa. – me acarició el cabello con una de sus manos mientras me susurraba eso al oído. Podía sentir su respiración en mi cuello. Al igual que su olor. Que tanto extrañaría. Cerré los ojos e intenté disfrutar el momento. Ya que, seguramente, no volvería a verlo. Esto sólo iba a quedarse como un bonito recuerdo… un muy bonito recuerdo, y una bonita historia. 
- Te amo. – se me escapó en un susurro. Inmediatamente sentí como mi corazón se aceleraba y como la vergüenza se apoderaba de mí. Se me había escapado... soy una idiota. Bill dejó de acariciarme el cabello y se quedó quieto en el lugar. Ni siquiera pude sentir el movimiento de su pecho al respirar. 
Vale, estaba claro que el no me amaba y que yo me había dejado a mi misma en ridículo al decir eso. 
Fue separando nuestros cuerpos lentamente hasta quedar frente a mí. Nuestros ojos se enfrentaban… y no supe describir que fue lo que vi en los suyos. 
Abrió la boca para hablar…
Pero justo en ese momento sentí vibrar algo... en Bill. 
El igual lo sintió, por lo que rápidamente se metió la mano al bolsillo y sacó de allí su móvil. Se lo llevó al oído igual de rápido… 
Me mordí los labios, mientras escuchaba su conversación. no quería meterme en eso, pero estaba tan avergonzada que quería distraerme aunque fuese escuchando conversaciones ajenas.
- ¿Hola?... si, ¿qué ocurre…? – su cara iba cambiando a medida que escuchaba. Frunció el ceño con fuerza y apretó una de sus manos en la hierba. – ¿tan pronto? No alcanzaré a… - se cayó nuevamente mientras escuchaba se notaba algo molesto. – mira, yo no voy a… - puso los ojos en blanco. – ya sé. Lo tengo claro, pero esto es sumamente importante y… - nuevamente, lo interrumpieron. Este se puso de pié y comenzó a andar en círculos… alrededor del árbol y de mí. Yo no quitaba los ojos de él. Mientras él asentía y ponía una cara cada vez peor. – ¿no se puede aplazar un día más?.... si claro, como si no pudieras hacer nada. – suspiró. – Bien. Pues que sepas que no podré llegar a la hora para hacer las maletas de viaje. – ¿Maletas de viaje? ¿Acaso se iba? no quería pensar eso... no. – ¿cómo? ¿Se han metido a arreglar MIS cosas? – puso énfasis en la palabra “mis” y luego siguió a la escucha. – mira, no tengo tiempo para sermones, ya estoy grandecito y hago lo que se me antoja. – soltó un gruñido. – No me importa el puto contrato. – casi gritó. Yo di un pequeño saltito y Bill me dirigido una mirada fugaz. – No me importa lo que tú me digas. Bien, bien, me calmo. – respiró profundo. – ¿pero no pueden esperar hasta la noche?.... si, ya sé que es tarde y todo pero… - se llevó una mano a la cabeza. – vale, vale. Entiendo. Esto... ya voy… si, si, me encuentro bien. – frunció el ceño nuevamente. – Que no estoy enojado. – resopló cansado… - que no soy un niño, déjame en paz. – se quitó el móvil del oído y cortó. Dándole a botón con fuerza.
Lo miré intentado hacer que me dijera algo. Pero simplemente soltó un gemido angustiado y me cogió del brazo, poniéndome de pié con cuidado. Me acomodó frente a él y luego, con voz automática, me dijo:
- Me voy. Me voy a Paris. Ahora. – ¿a Paris? ¿Ahora? ¡No! Él no se podía ir. No me podía dejar. Yo lo amaba y… y… dios, ¿qué sería de mi vida si él no estaba?. Absolutamente todo giraba en torno a él. Si, es patético.
Sentí como un nudo se me formaba en la garganta. Y como los ojos se me nublaban por las lágrimas. Pero no quería llorar.
No supe que mas decir. Estaba muda.
- Creo que llegó la hora de despedirse. – murmuró. Yo asentí pesadamente. 
- Quiero acompañarte a…allí. – ¿allí? Dios, lo más lejos que podría llegar sería a la carretera que pasaba frente a mi casa. – te dejaré en el autobús. – suspiré. 
- Bien… - pude notar tristeza en sus ojos. Y eso me hacía sentirme aún más triste. 
Caminamos en silencio el trayecto entre el árbol y mi casa y una vez pasamos por su lado Bill la miró y susurró: - extrañaré esta casa. Aquí pasé el mejor momento de mi vida. – realmente me entraron ganas de llorar. Más fuertes que la vez anterior. El mejor momento de su vida… ya luego pensaría cual podría ser... pero algo me decía que había sido el de anoche. 
- Sabes que…  voy a extrañarte mucho. – lo miré. Pero él sólo miraba al suelo. – y… quizás algún día volvamos a vernos. – me mordí los labios. Intentando no soltar un sollozo. No quería. 
- Bill: Si. – fue su única respuesta.
Seguimos en silencio hasta llegar al borde de la carretera. No pasaba ningún autobús porque lo tendríamos tiempo de despedidas. Cuanto me hubiese gustado que esta hubiese sido una broma.
- Abril. – me llamó. Yo lo miré. Para luego volver a bajar la mirada. – voy a extrañarte. 
- Te extrañaré. – repetí. 
- Hey, mírame. – cogió mi cara entre sus manos y me acarició las mejillas con sus dedos. – siempre te voy a recordar, ¿si? te vendré a visitar siempre y te llamaré. Estaremos en contacto. – yo asentí. Mientras una lágrima escapaba de mis ojos. Llegando hasta una de las manos de Bill. – No llores. Ya verás cuando nos encontremos de nuevo. Será lo mejor de lo mejor. – intentó sonreír. Pero no lo consiguió. 
- No quiero que te vayas. No me dejes. – lo miré suplicante. Si se iba no lo volvería a ver. Era como si me quitasen la vida… hundiéndome en un pozo de desesperación. 
- Volveré por ti. Lo prometo. – Acercó su rostro al mío. Estábamos bastante cerca... cuando una luz nos segó a ambos. Miramos en esa dirección. Justo allí. Iba el autobús que Bill debía coger. Para irse con los demás chicos. Me soltó rápidamente la cara e hizo que el autobús se detuviera.
- No te vayas. – la desesperación se había apoderado de mi. El pensar que ya no le vería… era terrible.
- Debo hacerlo. – lo cogí de un brazo para detenerlo, pero él se soltó suavemente.- lo siento. – se me acercó y me abrazó. – cuando no sepas que hacer, me llamas ¿sí? yo siempre estaré para ti. Te quiero. - Me susurró. 
Y luego, en un abrir y cerrar de ojos, se subió en el autobús, y este partió hecho una bala.
Lo había perdido.

Capítulo 18 /Wenn nichts mehg geht








Capitulo 18

Si, era Bill. Estaba frente a mí, mojado y con gotas cayéndole del cabello. Su maquillaje estaba corrido y se veía que respiraba con algo de dificultad. Seguro había estado corriendo bajo la lluvia claro, estaba lloviendo… esto era muy extraño. 
Me decidí por poner mi mayor cara de asco posible. Él me había llamado... como me había llamado. ¡No hacía falta repetirlo! 
- ¿Qué quieres? – Le espeté furiosa.
- Yo… - su cuerpo temblaba, seguro tenía frío. Pero no lo haría pasar aquí dentro… no a mi casa. 
- Vete de aquí, ¿quieres? – le espeté. Me acerqué a él un paso y él se alejó otro. Percibiría el peligro ya que yo luchaba contra mi mano para contenerme. No le quería dar en toda la perfec... en toda la cara. – ¿Qué esperas? ¡Vete de aquí! 
- Ab…
- ¡No me vuelvas a dirigir la palabra! No nos conocemos. Pues bien. Adiós. –dije recordando sus palabras.
- No voy a irme de aquí
- Entonces te obligaré. ¿Te parece bonito invadir la privacidad de una ch… mi privacidad? – dios, hasta las palabras se me trababan.
- Escúchame por... – quiso tocarme, pero yo le quité la mano de un manotazo.
- Tú no quisiste escucharme. Ahora sabes cómo se siente. – dije rabiosa. – ¿Qué tal se siente? ¿Muy bien, no? ¡Perfecto!- dios, es que cada vez estaba más histérica... el malestar que había sentido durante todos esos día ya había pasado a segundo plano. Ahora en lo único que me concentraba era en darle su merecido a Bill. Estúpido.
- Mi...
- No, no, no. Más vale que hayas traído tu coche con ropa seca. Porque te quedarás allí afuera. – di un paso para meterme dentro de la casa y quise cerrar la puerta, cosa que no pude, ya que Bill puso el pié en esta y la empujó con una mano…
- Por favor, hablemos.
- No hay nada que hablar. – dije en el mismo tono frío que él había utilizado conmigo.
- Me equivoqué, ¿vale? – él empujaba fuertemente. Ninguno de los dos iba ganando. Por ahora… 
- No. Deja de empujar mi puerta, ¿sí? déjame dormir. 
- Abril...
- Si, ese es mi nombre. Ahora, por favor déjanos a mí y a mi puerta en paz. – Mis pies ya comenzaban a resbalarse hacia adelante… si no soltaba la puerta caería sentada en el suelo. 
- No te dejaré. Vamos, déjame pasar... o lo aré por las malas. – eso me sonó a haberlo escuchado en una peli… pero no era tiempo de estar pensando esas cosas. 
- No te dejaré entrar a mi casa. – entonces lo escuché resoplar bajo el sonido de las gotas de lluvia. Empujó la puerta con demasiada fuerza, como para que yo la pudiera sujetar. Lanzándome hacia los pies de el sillón más pequeño. Debía comer más si quería vencer al flacucho de Bill. Levanté la vista y lo miré con odio... sólo podía distinguir su silueta mojada mirándome desde arriba. Sus ojos brillaban por la poca luz proveniente de afuera y podía notar algo de arrepentimiento en ellos. Fruncí el ceño y me mordí el labio inferior mirándole igual que antes: con asco.
Él se agachó hasta quedar a mi altura…
- Discúlpame.
- No. 

- Abril…
- Nada de nada, Bill.
- ¿Me podrías escuchar? – negué con la cabeza mientras miraba el suelo. Entonces él me cogió del brazo y me levantó con suavidad… y una vez estuve de pié, le di un empujón para que me soltase. – Pues no me iré hasta que me escuches. 
- Muy bien… ya puedes ir acomodándote, pero detrás de la puerta. – puse énfasis en las últimas palabras y luego me dirigí hacia el sillón. Me senté y busqué el control, para luego encenderla.
Estaban dando una propaganda de agua mineral, pero no quería cambiar de canal, por lo que la dejé donde estaba.
- En todo caso… - se calló.. – mira, te hablaré así quieras escuchar o no. – no dije nada. Se suponía que yo no lo escuchaba. – Discúlpame. Yo… no sabía que… - suspiró. – tu hermana... y esto… del perro que no era Mark... y... de tu hermana y eso… - me dio un poco de risa lo que había dicho, era completamente ridículo. Había balbuceado sin sentido. No cualquiera le hubiese entendido. Pero no lo miré, no lo haría. – Perdón. 
Supuse que estaría de pié aún dentro de mi casa. Estilando, y con su peinado todo desarmado. ¿Y ahora que hacía? ¿Le decía que no había problema? ¿O qué? ¿O lo corría de mi casa a patadas? Dios, qué lío.
Suspiré, mientras analizaba la situación.
- Abril… - dijo apresurándome.
- Te gusta mi nombre, ¿no? – me volteé hacia él. Mi voz no fue nada ruda esta vez. Él me sonrió, dejando que sus ojos se iluminasen.
- Mucho. – susurró. Y es que él se lo pasaba repitiéndolo una y otra vez. – ¿Me disculpas? – dijo algo tímido.
- Pues...- me levanté del sillón y comencé a caminar en su dirección. – No quiero que te vayas y quedemos enojados. – una sonrisa aún más grande se dibujó en su rostro. Que bella, bella, bella sonrisa….
- Ven aquí. – me extendió los brazos, yo di un paso y me acurruqué entre ellos, los cuales me rodearon cálidamente…. O mejor dicho, húmedamente. Bill estaba mojado. – Te mojo.
- No importa. –suspiré. Dios, el corazón me andaba a mil por minuto…
- Debí haber dejado que me explicaras. – rió un poco, yo igual lo hice. – Ahora ya sé como se siente que no te escuchen. Y… jamás me enojaré contigo otra vez. 
- Eres genial – sonreí. Aunque creo que él no me vio. Ya que además de la oscuridad que allí había, tenía mi cara entre su ropa. Podía estar aspirando su olor, su dulce y… ¿pero qué digo? 
- Sabes que te estoy mojando y te enfermarás. – Bill rió. Se separó de mí y me siguió sonriendo con ternura… si. Eso creo.
- Tú eres el que puede enfermarse… ¿Qué hora es?
- Salí hacia acá a las tres. – Que tarde era... o más bien temprano. No nos haría mal dormir un poco más.
- ¿Quieres que te pase algo para… que te pongas? Ya sabes... porque, estás mojado. – él se encogió de hombros.
- No quiero molestar en realidad.
- No molestas. Estoy sola y… tengo unas camisetas de chico muy grades… si quieres te doy una para que duermas.– le ofrecí.
- ¿Quieres que me quede a dormir aquí?
- Quiero que me acompañes... no tengo nada que hacer. – Enrojecí quizás por la mala interpretación. Pero finalmente le sonreí de medio lado y lo cogí de la mano para luego caminar hacia la escalera, encender la luz y comenzar a subir, mientras Bill iba dejando pequeños charquitos en los peldaños.
Llegamos a mi habitación, yo le solté la mano y me dirigí al armario. Busqué mi pijama y una camiseta enorme, después de todo yo no le podía dar ropa interior o pantalones... no le quedarían. – aquí tienes. – se la di. Y luego me encaminé hacia la salida.
- ¿Dónde vas?
- ¿Quieres que me cambie de ropa frente a ti? – enarqué una ceja. 
- No estaría mal. – Sonrió. Yo abrí un poco la boca, haciéndome la indignada… luego él se apresuró en decir: – apresúrate.
Me di media vuelta y salí de la habitación, para irme directo hacia el baño.
Una vez allí me lavé los dientes, cambié de ropa y todas esas cosas que uno generalmente hace antes de dormir y luego volví a la habitación.
Bill estaba en ropa interior y la camiseta, que por cierto, le quedaba perfectamente… tumbado sobre mi cama y con la TV encendida. También había una en mi habitación. Sólo que esta era más pequeña que la del salón.
- ¿Lista?
- ¡Si! – me acerqué a él y lo empujé para acostarme a su lado. 
- No tengo sueño.
- Ni yo. – y es que estaba animadísima con eso de que él estuviese aquí.
Nos quedamos en silencio mientras el cambiaba los canales de la TV. Finalmente se quedó en una peli… que yo nunca había visto, pero tenía pinta de ser de esas cursis de romanticismo.
La película estaba recién comenzando por lo que ambos estuvimos en silencio viendo el inicio. Hasta que yo de un salto, me levanté de la cama y corrí hacia mi bolso que estaba sobre el escritorio.
- ¿Qué haces? – dijo riendo. Yo busqué en mi bolso mi reproductor se lo enseñe. 
- ¿No estás cansado de escuchar Tokio Hotel? – le sonreí maliciosa y luego me acerqué hacia unos parlantes que ocupaba para en notebook algunas veces. Conecté el Ipod a ellos y luego lo encendí. 
Tokio Hotel comenzaba a sonar.
Bill apagó la TV y me sonrió. Yo me acerqué a él y me tumbé nuevamente a su lado. De pronto todo ese enojo y esa tristeza habían desaparecido. 
Estuvimos en silencio escuchando su música… él pasó con suavidad su brazo por debajo de mi cabeza hasta abrazarme mientras yo poco a poco iba corriendo mi cabeza cada vez más, hasta apoyarla en su pecho.
- Cantas genial. Me encanta.
- Gracias. – Soltó una risita. Yo le seguí y luego lo miré… estábamos bastante cerca. – Tú eres genial. Me encantas. – susurró.
Entonces, poco a poco fui cerrando mis ojos, mientras esos escasos centímetros entre su rostro y el mío iban disminuyendo según nos acercábamos. Nuevamente, mi corazón andaba rápido y sentía ese típico cosquilleo en el estómago. Acabamos por juntar nuestros labios con suavidad… logrando así un beso bastando romántico. O al menos para mí. Fui moviendo mi cuerpo con mucho cuidado de no arruinar el momento. Hasta acabar sobre él... llevé mis manos a su cuello y mejillas mientas el posaba las suyas en mi cintura… él entreabrió su boca dejando que su lengua tocara con suavidad mis labios aún cerrados, fue allí cuando reaccioné y el beso comenzó a ser mucho más apasionado que el primero. 
Nos separamos para coger un poco de aire, el aire que nos faltaba. Suspiré y me lancé nuevamente a sus labios. Él comenzó a introducir sus manos en el interior de mi camiseta, acariciando suavemente mi piel. 
El ambiente era perfecto… la música que resonaba en la habitación hacía que todo fuese más… mágico. 
Me acomodé para quedar con una pierna a cada lado de sus caderas… entonces el apoyó sus mano en mi trasero y rodó en la cama hasta quedar sobre mí. Bajó sus besos con suavidad hasta llegar a mi cuello, donde comenzó a darme pequeños mordiscos… solté un suspiro.
- Ahora yo soy… - me besó en la barbilla. – un… - suspiró mientras volvía a mi cuello y presionaba sus labios contra este. – …perro. – finalizó por morderme con delicadeza. Yo solté una risita y llevé mis manos a su cabello. Haciéndole, de algún modo, cariño… 
Entonces el bajó sus besos hasta mi escote. Con sus manos acariciaba el contorno de mi cuerpo…
Volvió a mi boca y juntó nuestros labios nuevamente. Sonreí, el también lo hizo mientras exhalaba aire con fuerza. Pude sentir su aliento en mi garganta… dios, como lo amaba.
Posó sus manos en el borde de la camiseta y la comenzó a tirar hacia arriba. Yo me dejé a hacer e incluso le ayudé un poco, intentando separar lo menos posible nuestras bocas… 
El acarició lo desnudo de mi cuerpo y luego me desabrochó la ropa interior, casi sin dificultad, y me la quitó con sumo cuidado. 
Bajó nuevamente por mi cuello, con suaves mordiscos… sólo que esta vez llegó un poco más abajo…
Suspiré fuertemente e hice ademán de quitarle la camiseta, pero él quitó mis manos de esta y se apresuró en desabrochar el botón de mi pantalón. Introdujo su mano dentro de este y me lo quitó. 
Hice un nuevo intento por quitarle la camiseta, esta vez sí pude hacerlo… lo abracé a mi mientras nos besábamos, pegando nuestros cuerpos desnudos, soltando suspiros.
Me quitó la última prenda mientras seguía con sus caricias y besos, ya estaba completamente desnuda…
Entonces yo le bajé un poco los bóxers, con los que se había quedado para “dormir”. Besó mi cuello nuevamente mientras yo intentaba quitárselos. Y lo conseguí.
Seguidamente levantó la vista y me sonrió. Sus ojos tenían un brillo especial. Cierta excitación y…no lo sé.

Lo miré. Él respiraba agitado, tumbado a mi lado, boca abajo. Con una sonrisa en los labios. Yo igualmente dibujé una en los míos. Pero nadie dijo nada... estábamos demasiado cansados.
Bill se acercó un poco hacia mí y rodeó mi cintura con uno de sus brazos, atrayendo mi cuerpo al suyo… Acomodé como pude una mantilla que estaba a los pies de la cama, y la puse sobre nosotros.


Abrí los ojos muy lentamente. Intentando no dañarme con la luz proveniente de la ventana. La música seguía sonando. Más bajo que antes... pero igualmente podía oírla.
Lo de anoche había sido lo mejor de mi vida, de eso no había duda alguna.
Volteé la cara hacia un lado, Bil estaba allí, lo sabía, ya que tenía su brazo aún en mi cintura.
Le miré. Tenía una sonrisa dibujada en el rostro. Igual que la noche anterior…
- Bueno días. – dijo con un ronroneo.
- ¿Despertaste hace mucho? – bostecé. El se encogió de hombros.
- No lo sé. El tiempo se me pasa rápido cuando estoy contigo… - le sonreí. 
- E... eh.. – no sabía que decir. Pero ambos sonreímos nuevamente. Estoy segura de que estábamos como esas típicas parejillas del corta tu, no corta tu… aunque con la única diferencia de que nosotros no éramos pareja. No éramos novios, ni nada que se le pareciera... pero yo lo amaba y de eso estaba segura al cien por ciento.
- ¿No están tu padres?
- Llegan en algunos días. – suspiré. 
- Genial. – ¿Por qué genial? ¿A caso no se tenía que ir?. Bueno, eso lo conversaríamos luego. – ¿no quieres levantarte e ir a comer algo? 
- ¿Qué hora es…?-Le pregunté.
- Las cinco. – ¿tanto había dormido? Unas doce horas y aún tenía sueño. Esto iba de mal en peor… digo, lo de dormirme horas y horas.
- Yo podría ir a cocinar algo… - sonreí. 
- Pensaba sacarte a comer a algún lado. – suspiré.
- Como quieras. – él me besó la frente y luego se levantó. Cogió sus cosas y creo que se dirigió hacia el baño. 
Que hermoso era… “lo amo, lo amo, lo amo” me dije a mi misma. Él lo era todo.
Tomé una bocanada de aire y luego me levanté rápidamente. 
Busqué mi ropa interior y me la puse, junto con el pijama…
Comencé a buscar que ponerme el día de hoy, o lo que quedaba de este. Me decidí por un vestido negro, veraniego, por encima de las rodillas y con un poco de vuelo junto con unas sandalias planas igualmente negras. Hoy hacía mucho calor. Lo que era muy raro puesto a que ayer había estado lloviendo con fuerza.
Pude escuchar como Bill encendía la ducha. Luego me ducharía yo y saldríamos a comer.
Detuve la música en cuanto me di cuenta de que la batería de mi Ipod estaba por agotarse y lo puse a cargar. Entonces sentí algo vibrar... miré por todos lados.
Hasta enfocar mi vista en la mesita de noche. Ese era el móvil de Bill…. Me pregunté si cogerlo o no… ¿el cogería el mío? Estoy segura que sí, pero…
Vale, que no pude resistir la curiosidad y lo cogí, le di al botón correspondiente, se notaba que era de esos móviles súper modernos y carísimos. Me lo llevé al oído…
- ¿Hola?
- ¿Quién es? – preguntó una voz del otro lado.
- ¿Quién eres tú? 
- ¿Qué haces con el móvil de mi hermano? – puso énfasis en las últimas palabras… entonces ya sabía quién era. Tom. ¿Sería el mismo de siempre? ¿El que me odiaba? ¿O ya no lo hacía y ahora le caía bien?
- Billl está ocupado. No puede atenderte ahora… - pareció pensárselo un poco.
- Dile que en cuanto esté disponible me llame. 
- Bien, Adiós.
- Adiós, Abril. – cortó. Tom sabía que hablaba conmigo.
Decidí no darle más vueltas a eso y dejé en móvil donde estaba.

Al final habíamos decidido no salir. Ya que Bill no había venido en su coche y no quería exponerse en un autobús. Por lo que me “obligó a preparar unos sándwiches para irlos a comer a los pies de cierto árbol que ambos conocíamos.
Los eché en una bolsa de papel y luego salí de la cocina con la bolsa en la mano. Bill estaba espatarrado en el sillón, con el control de la TV en la mano y con la vista pegada en esta.
- Ya están listos. – dije refiriéndome a la comida.
- Perfecto. – apagó la TV y dio una palmada mientras se levantaba y caminaba hacia mí. Me sonrió y me cogió de la mano.
Que perfecto era.
Y que perfecto momento.
Si no hubiese sido porque había tomado una pastilla para los malestares típicos, esto no podría haber sido tan perfecto. 
Le sonreí.
- Vamos. – él asintió y comenzamos a caminar hacia la salida. Recordé la llave, pero que mas daba… podía entrar por la cocina ya se me había hecho costumbre.
Cerramos la puerta tras pasar y rodeamos la casa para dirigirnos hacia ese hermoso lugar.
Caminamos mientras reíamos y nos dábamos leves empujones mientras jugábamos y uno que otro beso.
Sabía que si se iba yo sufriría mucho... pero no podía desperdiciar este momento.. 
Una vez llegamos arriba, nos sentamos igual que la vez anterior... sacamos la comida mientras seguíamos con nuestros jueguitos y comenzamos a comer…
- Eres un estúpido. – dije después de que él hubiese estallado en risas, contagiándome también a mí, haciendo que yo me atorara y comenzara a toser frenéticamente. 
- La culpa no es mía. – dijo riendo aún, mientras me daba leves golpecitos en la espalda. Me limpié las lágrimas y me reí, o quejé... no sé realmente que fue lo que hice. – aww, eres una lindura. – eso me recordó a Mark. Que por cierto... eso dicho por Bill era miles de veces mejor que dicho por ese idiota de Mark. Me sonrojé un poco y bajé la mirada.
- Tom llamó por la mañana. – dije para cambiar de tema, ya que se me había venido a la cabeza de repente.
- Argh, luego lo llamo. – Se quejó.- ¿Qué es lo que quería?
- Que le llamaras luego. – Bill no dijo nada. Se limitó a morder nuevamente su pan. Yo apoyé mi cabeza en su hombro. Pero este se libró con un movimiento. Fruncí el ceño y lo miré enojada. Pero él en cambio, me sonrió con cariño y me dio un fugaz beso que me dejó como loca.
Dejé el sándwich a un lado y me lancé sobre él, para besarlo nuevamente. Billl se sorprendió un poco pero luego me siguió el beso con el mismo o más entusiasmo que el mío.
Acabamos los dos sobre la hierba, yo sobre él, claro está. Entonces me separé, apoyando ambos en el suelo. Uno en cada lado de su cabeza. Le sonreí, él me sonrió.
Desvié la mirada hacia un lado, algo avergonzada…
De pronto, vi algo que me llamó bastante la atención.

Capítulo 17 /Wenn nichts mehg geht






Capitulo 17

¿Y éste que se creía? ¡ME HABIA LLAMADO PUTA! Y es que aunque fuese el dueño del mundo NO podía llamarme así. Yo no era una puta. Yo no había hecho nada. 
En ese momento sentí tanta rabia que pude sentir fuego en la garganta. Quería destrozar la puerta a patadas y matarlo a golpes. ¿A caso no tenía respeto por los demás? Era un estúpido. No me había escuchado. No había querido escuchar la explicación del asunto. ¡Genial! ¡Como todos los hombres! Se enojaba y no me hablaba. Bien. Él no me conocía, yo no lo conocía. 
Quise irme de allí. Pero mis piernas no reaccionaban. Estaba aún parada frente a esa puerta de madera teñida de blanco. Con la punta de la nariz afirmada en ella y con los puños apretados por la rabia… que de no ser porque cuando una está enojada no duele nada, ya estaría dando saltos por el lugar mientras agitaba la mano y me quejaba por el dolor. 
Quise saber qué estaría haciendo Bill allí adentro. Se habría puesto a ver la TV nuevamente. Si, seguro que eso era lo que hacía. 
De pronto sentí como algo húmedo resbalaba por mi mejilla, no se despegaba de mi piel. Hasta llegar a mi cuello. Perfecto, lo único que faltaba era que me echase a llorar. 
Me limpie la lágrima con violencia mientras daba un pequeña saltito producido por un sollozo. 
Apreté los labios intentando no hacer ningún sonido… pero no podía. Otra lágrima… esto estaba mal. Me la sequé con la misma rapidez del anterior y me separé un paso de la puerta. 
Miré a ambos lados del pasillo. No quería que nadie me viese… di otro pequeño saltito y solté un pequeño hipo. Esto iba de mal en peor… me llevé el puño cerrado a la boca y bajé la mirada, intentado esconder mi rostro en esa chaqueta de cuero de mi padre. 
Y para cuando quise limpiarme nuevamente las lágrimas, mis mejillas ya estaba completamente humedecidas y mis manos ya no me servirían. Seguro tenía los ojos rojos.
De pronto caí en la cuenta de que seguía allí parada como una estúpida. 
Le eche una última mirada a la puerta y comencé a caminar hacia el ascensor…
Me había llamado puta. 
La palabra se repetía una y otra vez en mi mente. Bill ya no me quería... y quizás nunca lo había hecho.
Intenté no tragar aire, quizás así disminuían los sollozos... pero sólo conseguí un fuerte dolor en el pecho. 
Y justo en el momento en que pasaba en frente de la habitación de Tom donde también estaba mi mejor amiga… la puerta se abrió y choqué con alguien.
Di un paso hacia atrás e intenté esquivar a ese alguien… pero ese alguien me habló haciendo que yo me detuviera en seco.
- Abril. – alce la mirada ligeramente y miré a Tom por entre mis húmedas pestañas. Intenté contestar pero sólo conseguí dar otro pequeño saltito. – ¿Qué ocurre? – su voz no tenía odio, ni nada que se le pareciera… estaba muy diferente que la de hace un rato. Intenté responder nuevamente, pero no lo conseguí. Por lo que volví a bajar la mirada avergonzada. Por entre la “neblina” de mis ojos pude distinguir mis zapatillas, y como una gota caía sobre ellas. – ¿está bien? – negué con la cabeza. Guardé mis manos en los bolsillos y me balanceé levemente hacia atrás… estaba comenzado a marearme. – vamos, entra. Amy sigue aquí. – posó su mano en mi espalda y me empujó hasta entrar en la habitación. Yo sólo me dejé llevar mientras me preguntaba como Tom podía ser tan amable conmigo… se suponía que él me odiaba sin motivo aparente. 
- ¡Abril, cariño! ¿Qué ocurre? – La voz de Amy traspasó mis oídos. Tom despegó su mano de mi espalda y al instante sentí como unos delgados brazos me rodeaban… yo me abracé a mi mejor amiga y apoyé mi cara en su hombro.- ¿Pero qué…? – al parecer se dirigía a Tom, porque fue él quien respondió.
- No lo sé... estaba en el pasillo. 
- Amiga, no llores. – me susurró. Yo negué con la cabeza... la cual ya me comenzaba a dar vueltas. Estaba harta de que esto me pasara.
Entonces Amy apoyó sus manos en mis hombros y me separó suavemente de ella. Yo continué con la mirada en mis zapatillas. 
Entonces ella me cogió con una mano de la barbilla y me obligó a mirarla. Pero yo hice fuerza para no hacerlo. Yo gané, ella no lo consiguió.
- ¿Abril, qué ocurre…?- No respondí. Cada vez me mareaba mas y mas y mi estómago ya comenzaba a revolverse. 
- Debe de haber sido por Bill. – soltó Tom de repente. 
- O quizás se cayó en el pasillo. – opinó mi amiga. ¡Pero que estúpida era! ¡Yo no estaría llorando de esa manera por una simple caída!.
- No lo creo, Amy. Es por Bill ¿a que si, Abril? – Un sonido casi desgarrador salió de mi garganta... genial. Les había dado la confirmación. Amy me abrazó nuevamente.
- ¿Qué te ha hecho? 
- A que eran novios y Bill la cortó. – nuevamente Tom dando su opinión.
- Ellos no eran novios, Tom. Ella me lo habría dicho. – sentí el resonar de sus palabras…
- Tienes razón, si hubiese sido así. Bill hubiese estado aún mas histérico que como lo est…. – se calló de repente. No había entendido nada. Y creo que él se había dado cuenta de que había metido la pata.
- ¿Cómo? – Tom no respondió. – Vamos, Tom, dímelo. – poco a poco las voces de ambos se ibas volviendo más lejanas y despacio.
- Es que Bill estaba…
- ¡Oh, Tom ayúdame! – fue lo último que escuché antes de que todo se volviera negro.



Abrí los ojos. Lo primero que vi fue el techo blanco de… en realidad no recordaba donde estaba. 
Me incorporé con cuidado y descubrí que estaba en una cama. Miré a mi alrededor... era una habitación bastante lujosa y… vale, ya lo recordaba… estaba en el hotel. Por… dios, y es que… parecía de amanecida… un tenue luz entraba por la ventana abierta y nadie estaba allí conmigo.
Al instante recordé a Bill. Una horrible amargura me inundó. me sentía horrible. ¿Pero... por qué? Yo no tenía la culpa de nada… o eso era lo que yo pensaba. 
Me refregué los ojos algo deprimida y justo en ese momento sentí algunos ruidos provenientes de una puerta a unos metros. 
No pude evitar asustarme un poco. Di un brinco al sentir como le quitaban el cerrojo a la puerta... vi atentamente como el pomo se giraba y la puerta se abría…
Allí pareció Tom, quien me miraba con cara de sorpresa. ¡Tom! 
Salió del baño sin dejar de mirarme y luego cerró la puerta nuevamente. Llevaba unos pantalones bastante sueltos y hacia arriba no traía nada.
Me sonrió de medio lado y se acercó, sentándose frente a mí en la cama. 
Me miró, yo lo meré... y él me siguió mirando.
- ¿Qué pasó? – hablé de repente.
- Te desmayaste.
- Oh… - fue mi única respuesta. – ¿Cuanto llevo aquí?
- Am… o mucho. Todo el día y la noche. Tienes el sueño pesado. – abrí los ojos como platos. – Amy ya se fue. Su madre la llamó anoche. – dios, ¡mi madre! Ella no sabía, yo no le había avisado… y... ¡y mi moto! Seguía allí afuera. Esto era un verdadero caos. 
- ¿Qué? Tengo que irme de aquí. – hice el ademán de levantarme pero Tom me detuvo cogiéndome de un brazo y volviéndome a sentar sobre la cama. 
- Ayer estuviste con Bill. – Que directo... su voz no había sido nada prepotente pero igualmente me hizo sentir mal
- Si. – respondí algo insegura. 
- ¿Te hizo algo malo?
- P… pues… - me quedé callada. No sabía que responder.
- ¿Qué hablaste con él ayer? ¿Te gritó? – ¿y él como sabía eso? quizás como eran gemelos se lo debió de haber contado… pero no supe en qué momento. Bajé la mirada y comencé a jugar con las sábanas de la cama. – Él no sabe que estás aquí. Si quieres puedes contármelo. Ya que él no dejó que le explicaras como fue que... – Me señaló el cuello. Lo miré. ¿Por qué estaba tan... amable y comprensivo? – yo puedo hablar con él luego.
- Me vio esto. – dije tras pensar un poco mientras llevaba la mano a mi cuello y señalaba la mancha que supuse seguí allí. 
- Oh… fue un tal Mark, ¿no? Es el hermano de Amy. – eso me sorprendió bastante. ¿Cómo es que sabía todo eso? ¿Habían hablado Bill, Tom y Amy mientras yo dormía? Negué con la cabeza rápidamente.
- No. – dije firme.
- ¿Entonces quien ha sido?  ¿un chico? – negué nuevamente.
- Mi hermana pequeña. 
- ¿Qué? – dijo abriendo los ojos como platos.
- Ese día ella creía que era un perro… o algo así. – dije mientras sentía como se me subía el color a las mejillas.
- ¿Entonces tu hermana es todo el problema? – ¿y él cómo se había enterado del problema? ¿Es que no podía tener un poco de privacidad en mi vida, en mis problemas?
- ¿Y tú como sabes del problema?
- Bill me…
- Ese chico tiene la boca más grande que la de un hipopótamo. – puse los ojos en blanco y me levanté nuevamente de la cama. Esta vez Tom no me detuvo.
- ¿Por qué no se lo dijiste? 
- No me dio la oportunidad de hacerlo. – busqué con la mirada la chaqueta. La divisé a los pies de la cama. Me acerqué a ella y la cogí.
- ¿Ahora te irás? ¿No hablarás con él? – Me detuve un instante y lo miré hace un momento estaba completamente decidida de que me iría de allí cuanto antes... pero ahora…
- Si. – dije firme. No me haría cambiar de opinión. Me puse la chaqueta mientras soltaba un bufido.
- Deberías hablar con él. Explícale lo ocurrido, quizás hoy...
- No tengo nada que explicar. – suspiré. – ya no nos conocemos. – dije a recordar sus palabras. 
- Pero…
- Le das saludos. Adiós, Tom. – le sonreí de medio lado y me encaminé hacia la puerta. La abrí pesadamente y salí de la habitación arrastrando los pies… quería llorar.


No me molesté en dejar la moto en el garaje. Simplemente me limité a salirme de encima de ella, sacarme el casco y la enorme chaqueta. Dejé todo eso en la entrada de casa y me apresuré en sacar las llaves de mi bolso para abrir la puerta. 
Al no encontrarlas, suspiré cansada y piqué al timbre… 
Pero al pasar los minutos y al intentarlo una y otra vez, me di cuenta de que no había nadie. Genial, seguro habían salido o algo. 
Saqué el móvil de mi bolsillo y en la pantalla salía un sobre de esos de los mensajes. Lo abrí para luego leer el contenido:
Hija, al ver que no llegabas viajamos a Paris, tu tía está muy mal y la veremos en el hospital. Hay dinero en el lugar que tu sabes… volveremos en cinco días. No destroces la casa y no hagas nada malo.
Te quiere, mamá. 

Me volví a echar el móvil al bolsillo. No me habían esperado… y eso era genial. Porque no me llevaría un castigo por no haber avisado que no llegaría, y podría estar en paz los siguientes cinco días. 
Rodeé la casa hasta llegar a la ventana de la cocina, e hice un esfuerzo sobre humano para subirme en el borde... por suerte estaba abierta. 
No pude evitar recordar la última vez que esto me había ocurrido. Bill había estado conmigo… 
Negué con la cabeza intentando no pensar en ello y salté hacia el otro lado.
Me sorprendí al darme cuenta de que por ese poco esfuerzo que había hecho, me había agotado un montón. Ahora respiraba muy agitadamente y el corazón me latía a mil por minuto. 
Me acerqué, cogí un vaso que se estaba lleno de jugo allí y lo lavé. Para luego llenarlo de agua y beber un poco. 
Creo que mi estado de salud había empeorado demasiado este último mes. Pero le tenía terror a los hospitales y yo no iría a uno. 
Llené el vaso nuevamente y respiré profundo. Ya no sentía el molestar en el pecho, pero si unas enormes nauseas. 
Decidí recostarme un rato. Salí de la cocina y me dirigí al salón. Una vez allí cogí el control de la TV y la encendí. La dejé en el mismo canal en que estaba, me recosté en el sillón y cerré los ojos.


Desperté cuando ya era de noche. Sentía como su una mano estuviese dentro de mi cráneo exprimiéndome el cerebro. Abrí los ojos con lentitud y me di cuenta de que la TV seguía encendida… todo estaba oscuro y la única luz de la habitación era la TV. Supuse que ya sería de noche. 
Me levanté de allí y con las manos aún puestas en la cabeza, caminé hacia la cocina.
Busqué en uno de los mueble algo que me sirviera para quitar el malestar. Los ojos me ardían y sentía los labios demasiado calientes... aunque tenía frío.
Me tomé una pastilla. Con eso seguro se me quitaba. 
Luego me preparé un leche de chocolate con unas tostadas con dulce de mora y me los llevé al salón.
Allí me senté en el sillón nuevamente y me acomodé de manera que la leche no se diese vuelta.
Alargué la mano hacia el control y le di más volumen a la TV.
Dirigí mi vista hacia la pantalla y suspiré…

Estaban dando un video musical de hip hop. No estaba mal… 
De pronto el video terminó y algo que llamó mucho mas mi atención apareció allí.
Una foto, o mas bien, una especie de foto roja con sombras, similares a la del disco de Tokio Hotel. Y si, lo era…
Por que luego, en unas letras gigantes, apareció el nombre y comenzó a sonar una de las canciones… “scream” o algo así. 
Puse más atención en el momento que una voz comenzó a anunciar unas cuantas fechas. 
En la pantalla apareció en blanco un cuadro. El primer cuadro ya estaba tachado, y habían otro tres sin tachar. El segundo estaba marcado en rojo…
Mañana. Si, mañana en la noche sería el último concierto de Tokio hotel aquí en Marsella. Luego habrían dos en Paris.
No supe la razón, ni el por qué. Pero me aterró la idea de que Bill se fuera. 
Fijé la vista en la TV nuevamente y vi como mostraban unas cuantas imágenes del concierto al cual yo había asistido. Mostraban a las fans como locas y a los chicos sobre el escenario. 
Sentí como la angustia comenzaba a apoderarse de mí. Busqué rápidamente el control y apagué la TV. Ahora todo estaba completamente oscuro. 
Dejé el tazón de leche y as tostadas a medio comer a un lado y me dejé caer de lado sobre el sillón.
Abracé mis propias rodillas y hundí mi cara en ellas. Haciendo una fuerte presión en mis ojos. No quería llorar. No quería llorar por él. 
Intentaba convencerme a mi misma de que esta angustia no era por Bill, pero en el fondo sabía que si lo era. Que era por él. Por mí. Por todo… porque yo lo amaba y lo sabía. Sentía como mis ojos se humedecían y mi respiración comenzaba a hacerse más costosa… y justo en el momento que creía soltar un sollozo… me vi asustada, dando un leve brinco en el sillón.
Era mi móvil. Metí la mano en mi bolsillo y lo saqué.
Me refregué los ojos con una de mis manos para intentar leer, ya que tenía la vista borrosa... a demás, si le añadimos que mis ojos no estaban acostumbrados a aquella luz porque todo estaba oscuro…
La cosa es que entre la “neblina” pide divisar el nombre de Bill.
Genial. Justo lo que necesitaba. 
Debatí interiormente entre contestar o no… ¿y si sólo llamaba para burlarse de mí? ¿Y si me quería pedir disculpas?
Terminé por darle al botón verde y acercar el móvil a mi oído. 
Del otro lado pude escuchar una respiración y unas cuantas risas un poco más alejadas. 
- ¿Hola? – silencio... o más bien nadie me contestó… Porque las risas no eran para nada silenciosas que digamos. Esperé en silencio a que él contestara. Pero sólo escuchaba una respiración demasiado cerca, y me dañaba el oído. – ¿Hola? – volví a repetir. Mas silencio… resoplé. Estaba lista para colgar cuando de pronto escuché mi nombre del oro lado…
- Abril. – era más bien un murmullo. Quise contestar. Pero es que en ese momento me sentí tan feliz, que no pude hacerlo. Algo me hizo cosquillas en el estómago y me dieron ganar de ponerme a gritar como una histérica.
- ¡Hey, Bill! Deja eso y ven aquí. – escuché eso seguido de mas y mas risas. Por suerte la voz había sido de un chico.
- A... adiós.-Volvió a murmurar. 
- ¿Pero qué? ¡Hey, no me cor…! - esto era genial. Me había cortado.
Alejé el móvil de mi oído y lo lancé al piso.
Se estaba riendo de mí. Eso era seguro. Y lo peor es que yo... me había “ilusionado”. Lo sé, soy una estúpida. 
De pronto ya no tenía hambre y lo único que deseaba en ese momento era morir. Si, morir. Pero no cometería el mismo error de nuevo. Esta vez no sería tan idiota. 
Me levanté y caminé entre la oscuridad hasta llegar a la puerta de salida.
Cogí un abrigo, no me importó cual, de uno de los que estaban colgados sobre el lugar donde se dejaban los paraguas. 
Me lo colgué al brazo y salí de casa. Supuse que sería más de media noche. Comencé a caminar hacia mi “patio trasero”. Me tomé mi tiempo en subir toda la colina que me llevaba hacia ese enorme árbol. Ese árbol donde yo había estado con Bill hacía un tiempo. Cuando le había dado la cadena. O más bien prestado. 
Medité sobre mis cosas mientras caminaba. Decidí que desde ese momento me dejaría llevar por la marea. Esa marea que moldeaba mi vida a su antojo. Ya no lucharía para que todo fuese mejor. Ya no podía ser mejor. 
De pronto mi familia había pasado a segundo plano y todo mi mundo se había concentrado en una sola persona. En esa persona…
Y es que justo tuvo que se él. ¿A caso no podía ser alguien más a mi alcance?
Pero como siempre el destino es cruel. Es una cosa que no merece tener el nombre de destino. Pues, nunca estás conforme con él. Nunca estás conforme con lo que te toca vivir. Pues el destino no es generoso y no te da lo que deseas.
Tenía un lío en la cabeza…
Llegué hasta el árbol.
Me senté en la hierba y apoyé mi espalda en el enorme tronco… Bill me había besado aquí. Lo recordaba como si hubiese sido ayer.
Cubrí mi cuerpo con el abrigo de piel de mi madre. Me cubrí hasta el cuello, para no tener frío… y luego subí la vista hasta toparme con las estrellas…
Como lo había supuesto ese día, se veía un hermoso paisaje nocturno… el cielo negriazul y esas pequeñas “luces” incrustadas en él… con la media luna brillando casi tanto como el sol por él día… tan blanca y… dios, la envidiaba. Que tonta.
Intenté no pestañar. No tenía sueño y no quería perderme de semejante hermosura. La noche estaba hermosa. 
Contemplaba todo los ojos nublados. Por las lágrimas... hoy había llorado un montón de veces. Aunque deben tener en cuenta que mi “hoy” era desde ese día en que fui a ver a Bill al hotel.
Me acurruqué aún más en el abrigo. Necesitaba a alguien para llorar. Para abrasar. 
Lloré en silencio…
Y así me quedé. Pensando en mis cosas, en Bill. Bill era mi único tema y es que… cuando conoces a un chico como él, no puedes pensar en otra cosa… quizás que sería de mi en los próximos años. Cuando él no estuviese conmigo y se olvidara que alguna vez conoció a una chica llamada Abril en la ciudad de Marsella, Francia. Y yo me pasara los todo el resto de mis días pensado en un chico llamado Bill, vocalista de una exitosa banda Alemana. Un final muy cruel, ¿no?
Y es que hoy estaba muy pesimista y ya empezaba a inventarme todo tipo de cuentos.
Cuando el sol ya comenzaba a alumbrar por entre los montes que se extendían frente a mí, fue el momento en que me vi vencida por el sueño. Cerré los ojos y pensado en ese chico… me dormí. 



Desperté cuando el sol ya estaba en lo alto del cielo. No sentía frío. Sólo un fuerte dolor de cabeza y mareos, nuevamente. Ojala no hubiese tomado un resfrío por haberme quedado allí toda la noche. 
Me levanté costosamente, los ojos me ardían y me costaba mirar hacia el cielo. Me estiré y bostecé hasta lograr estar un poco mas despierta como para conseguir llegar hasta mi casa sin dormirme en el camino y me quité el abrigo. 
Me levanté y lo doble cuidadosamente para luego colgarlo en mi brazo.
Dios, me sentía sucia... no me cambiaba de ropa desde hacía días y quizás estaba comenzado a apestar.
Aproveché ese momento para meter mi mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y sacar la cadena que me había guardado el día que Bill me la había venido a entregar.
La dejé caer sobre la hierba, junto al tronco del árbol y comencé a caminar colina abajo…
Una vez llegar a mi casa y darme cuenta de que no había traído llaves, tuve que volver sobre mis pasos hasta la ventana de la cocina y hacer lo mismo que la noche anterior.
Me duché y vestí rápidamente, con lo primero que encontré y no me molesté en tan siquiera secar mi cabello. 
Alrededor de las cuatro y treinta de la tarde ya había tomado un remedio para los malestares que sentía y estaba cómodamente viendo la TV, en el mismo sillón de anoche. Sólo que esta vez, por alguna extraña razón estaba feliz. Y tenía un buen presentimiento. Algo bueno pasaría y de eso estaba segura.
Como no tenía apetito, no me molesté en comprar comida. Creo que estaba un poco más delgada, pero las ganas de comer no me llegaban ni por si acaso.
Mientras cambiaba el canal de la TV, ya que la película de terror que estaba viendo había acabado, me di cuenta de que no recordaba donde había dejado el móvil.
Inspeccioné el lugar con la mirada y suspiré aliviada, bueno no tan aliviada al encontrarlo desarmado a los pies del sillón.
Me agaché y cogí todas las piezas para luego intentar armarlo nuevamente. Fracasé a la primera, puesto a que me había sobrado una pieza... y dios, es que mamá me mataba si se enteraba de esto…
Por lo que lo desarmé nuevamente y logré armarlo bien, según yo. Después de todo, nadie me mandaba a empotrar el móvil contra el piso.
Lo encendí y tuve que esperar un par de minutos para que comenzara a andar bien. Luego de eso… llegó un mensaje de texto. 
Lo abrí y comencé a leer en voz alta.
- Tienes una llama… - fui interrumpida por otro mensaje en la pantalla. Decidí abrir ese nuevamente, pero enseguida llegó otro. Intenté hacer lo mismo, le di al botón para leer. Pero apareció otro mensaje.
Y otro, y otro, y unos veinte más por lo mínimo.
Cuando ya me hube asegurado de que no llegarían más, abrí el último.
Y esta vez leí sólo para mi, en mi mente… claro.
“Usted tiene una llamada perdida de: Bill”…
Abrí los ojos como platos y el corazón se me comenzó a apresurar. Leí la hora y la fecha, había sido hoy por la mañana…
Seguí leyendo los anteriores, todos decían lo mismo, sólo que con horas muy distintas…
El primer mensaje que no había alcanzado a leer tenía la hora de las cinco de la madrugada, de este mismo día ¿Pero quién llamaría a alguien a esa hora?
Definitivamente Bill estaba loco.
Me pregunté si llamarle o no ¿me contestaría? pero es que la duda era tan grande que… dios. Tenía unas enormes ganas de llamarlo y preguntarle qué ocurría… o tendría que estampar nuevamente el móvil contra el suelo o anda a saber yo donde caía esta vez.
Suspiré y dejé el móvil a un lado para seguir cambiando los canales de la TV. Pero justo en ese momento volvió a sonar. 
Lo cogí sin siquiera ver quién era y le di al botón verde a la velocidad de la luz. Me lo llevé al oído en menos de un segundo, para luego decir…:
- ¿Hola?. 
-No hubo contestación. Sólo una respiración. Similar a la de anoche. 
- ¿Hola? – volví a repetir otra vez aún maás confusa… escuché un resoplido del otro lado y luego una voz un tanto lejana.
- ¡Eh! Que el ensayo continúa. El concierto es esta noche.. Era la voz de alguien mayor, de eso estaba segura… 
Si, lo había olvidado. El concierto de los chicos era esta noche. Era el último aquí en Marsella y luego se irían a Paris. Un lugar muy lejos de mi alcance. 
- ¿¡Hola!? – volví a repetir. Escuche otro resoplido y luego un “ya v…” que supuse sería: Ya voy. Me cortaron.
Miré en el móvil quien había sido... Bill, como lo sospechaba y era obvio. 
Esta vez la del resoplido fui yo. Dejé el aparato a un lado y me concentré en ver esa peli que había encontrado. Un asco de verdad… pero lo que más quería era dejar de pensar en Bill y en ese mal entendido que teníamos. El cual no se solucionaría jamás, ya que él se iría a Paris. Y como dije anteriormente, me olvidaría… así como se olvida a una mascota que te duró sólo un día, porque se te escapó y ya no la encontraste… a la cual, cuando raramente la recuerdas, la recuerdas con gracia y chiste.
La tarde se me pasó demasiado lenta para mi gusto.
Para el final del día me entretuve limpiando un poco la casa. No era algo que yo hiciera comúnmente.
Pero aprovechando que nadie me miraba y que quería dejar de pensar por el resto de mi vida, lo hice.
Y así fue como la casa quedó completamente reluciente y yo muy cansada.
Me lancé en el sillón nuevamente mientras sentía como el dolor de cabeza y las nauseas se apoderaban nuevamente de mi. Me levanté con cuidado, me mareé un poco al hacerlo... comencé a caminar hacia la cocina.
Pero antes de entrar me di cuenta de que había una gota roja en el suelo.
Sangre. Pensé al instante... miré hacia atrás y un caminito de pequeñas gotas me seguía.
Me llevé la mano a la nariz como una reacción automática. Y comencé a “correr” hacia el baño. Chocándome con las paredes y manchando el piso encerado hace poco.
Para cuando logré detener la hemorragia e miré al espejo, aún con un poco de papel higiénico en la nariz. Por primera vez creí darle la razón a Bill de cuando él me había dicho: Estás amarilla. Si mal no lo recuerdo... yo me había burlado de su comentario. Ahora veía que estaba en lo cierto y me asusté un poco. Parecía un Simpson.
Acerqué mi cara al espejo e hice lo que tantas veces mi madre me había hecho cuando yo era pequeña. 
La parte de abajo de mi ojo, la tiré con cuidado dejando ver la delicada piel de dentro.
Como lo suponía, estaba blanco y no de rojo. Estaba enferma... pero no sabía de qué.
A lo mejor se me quitaba con el tiempo. Porque yo no iría a un hospital. Aunque me amarrasen con cadenas y candados... no lo haría.
Me eché hacia atrás nuevamente y me observé con detenimiento otra vez. “No es nada” me convencí a mí misma”.
Me quité el papel de sobre la nariz y lo tiré en el inodoro. 
Me preocupé de limpiar muy bien la casa esa noche. O mas buen, la alfombra y el suelo. No quería que mis padres viesen eso… o peor aún. Si Alexa veía sangre se pondría como una loca. 
Cerca de las 9:30 yo ya estaba en pijamas dando vueltas por la casa. Me sentía un poco mejor. Gracias a los milagrosos remedios.
Encendí la TV sin nada que hacer y le puse en uno de esos canales de música. Quería ver si…
…Y así era. Estaban mostrando el concierto de Tokio Hotel.
En vivo.
Me acerqué aún más a la pantalla y le di todo el volumen. Me arrodillé frente a ella e intenté no parpadear para no perderme nada... era genial. Extremadamente espectacular. Y es que tenía unas ganas de estar allí…
No me di cuenta cuando ya estaba con la boca abierta mirando a “mi Bill” cantando sobre el escenario... que aunque ya “no lo conociese”, sabía que lo amaba. Eso era seguro. Bueno, sólo yo y mi padre lo sabíamos… a parte de ese árbol, el viento, la hierba y esas cosas sin vida que están en cierto cerro donde yo alguna vez había gritado a los cuatro vientos que amaba a cierto vocalista de una exitosa banda Alemana.
Los minutos se me pasaron volando y para cuando terminó yo ya tenía una cara de “un poco más por favor”. Pero de nada servía pedirle más a una televisión.
Le cambié el canal enseguida. Al siguiente… y que sorpresa me llevé cuando escuché el nombre de la banda: Tokio Hotel.
Retrocedí unos cuantos pasos y me fui a sentar nuevamente en el sillón. Abracé uno de los cojines y le presté atención.
Por lo que alcancé a oír, estaban esperando a los chicos para una entrevista.

Interesante... fue la única palabra que se me pasó por la mente.
Al llegar los chicos, los flashes se comenzaron a ver por todas partes. Les acercaron micrófonos y mas que algún grito se podía oír.
Las primeras preguntas eran sobre el país. Como ellos veían a Francia, Marsella y ese tipo de cosas.
Pero como siempre, las preguntas personales y privadas no pueden faltar:

Bill Kaulitz, ¿tienes novia o alguna chica especial escondida por allí?

Bill le sonrió como a todos y enseguida apagué la TV.
Cerré los ojos intentando concentrarme en otra cosa. Repetía en mi mente una y otra vez que eso no tenía que importarme y… acabé por dormirme.


Abrí los ojos de golpe al sentir que picaban la puerta. Me levanté muy asustada. ¿Y si era un asesino en serie o algo así? Definitivamente la película de terror me había asustado. Caminé de puntillas hacia la puerta… encima la oscuridad de la noche le daba un toque más terrorífico. Qué rabia.
Posé mi mano en el pomo y la abrí un poco temerosa…
No se imaginan la sorpresa que me llevé al ver quien estaba del otro lado… un poco mas y habría soltado un grito aterrador.
- Hola, Soy Bill. – dijo ese alguien muy amablemente. Q.U.E M.I.E.D.O.
En este momento prefería mil veces al demonio de la película.