CAPITULO 18
Alice cogió
la chaqueta que Bill le había regalado y luego salieron de la habitación
riéndose como locos. Salieron de la casa de los Kaulitz para dirigirse a la de
Aly. Cruzaron la calle y picaron el timbre. Esperaron es tiempo necesario hasta
que la puerta se abrió, ambos miraron para encontrarse con Luisa, pero en vez
de eso, se encontraron con la madre de Aly que los miraba entre acusadora y
divertida…
-¡Hola,
mami!
-Hola
preciosa, Hola Bill. – dijo dándole un beso en la frente a cada uno.
-Hola Sra.
Mc Stewyemer.
-Llámame
Elise, no me hagas sentir más vieja. – Dijo la madre de Alice divertida.
-Está bien
Sra. Mc… digo, Elise..
-¿Van a
pasar? ¿O se quedarán todo el día aquí en la puerta..?
-Sólo me
vengo a cambiar de ropa, má.. – dijo mientras pasaba dentro de la casa tirando
a Bill del antebrazo para que también entrase. – Luego saldré con Bill a
almorzar a algún lugar.
-OK.
Ambos chicos
subieron a la habitación de Alice, ella entró en el baño, se duchó y se vistió.
Luego se cepilló el cabello para desenredarlo y no se quiso maquillar, ya que
tendría que hacer esperar mucho a Bill.
Salió del
baño, ya lista… Bill la contempló por unos instantes, estaba hermosa: Iba con
un vestido blanco de tiritas, que le llegaba un poco más arriba de la rodilla,
y estaba adornado con un lazo color rosa que estaba puesto por debajo del
pecho, atado de una bonita forma en la espalda de la chica. Su cabello caía con
pequeñas ondas, poco formadas, hasta el final de su espalda, el flequillo lo
llevaba cogido con una horquilla en la parte superior de la cabeza. Se podía
ver su perfecto rostro ovalado y sus ojos verdes, no maquillados, sino
naturales. Parece una princesa, pensó Bill.
-¿Estás
lista..? – dijo medio ido.
-Si, si...
vamos.– cogió su móvil y ambos salieron de la habitación.
Pasaron el
día dando vueltas por la cuidad y disfrutando cada segundo de la compañía del
otro, ya que en menos de una semana Aly se iría para no regresar por al menos
dos meses, dos meses que serían muy largos para ambos.
Ya a las
siete, Bill dejó a Alice en su casa y se fue hacia la discográfica, ya que
debería arreglar algunas cosas para el lanzamiento del CD.
Cerró la
puerta y corrió hacia la habitación de Laila, se moría por contarle lo ocurrido
ese fin de semana a su hermana, la había pasado genial con la persona que ella
mas quería en el mundo, definitivamente ese amor que ella tenía por Bill, jamás
cambiaría, y aunque él no le perteneciera, le seguiría queriendo y sería feliz
con solo pensar que el existe y que al menos le dedicaba un pensamiento a ella…
Con solo ver como él la miraba, ella se volvía loca y hacía que el día se le
alegrase por completo, y que con cada sonrisa que le dedicaba podía hacer que
la tristeza y los malos pensamientos se esfumaran dando paso a una paz interna.
Llegó a la
habitación de Laila abriendo la puerta violentamente y gritando:
-¡No te
imaginas lo feliz que estoy!
-¿Eh? - dijo
su hermana girando la silla del escritorio para quedar mirando a Aly.
-Este fin de
semana ah sido genial, debo contártelo todo T-O-D-O
-¿Todo qué?,
Aly, relájate.. – dijo Laila, Alice se sentó en la cama de su hermana y tomó
aire… para luego comenzar.
-Verás, hoy
pasé todo el día con Bill.
-Ayer igual,
¿no?
-Si… uy, no
sabes lo feliz que estoy, él, él es genial…
-Debe de
serlo, para hacerte reaccionar así… - dijo Laila divertida, luego continuó. – y
bueno, ¿me contarás algo o te quedaras repitiendo lo genial que es todo el
tiempo?
-Pero es
que, no sé… - suspiró. – cuando estoy con él me siento única… no sé que tiene
él, pero.. con cada mirada que me dedica, siento que el mundo es solo mío, y
con… cada sonrisa, miles de mariposas salen de su escondite y se sitúan en mi
estómago… Laila, no sabes cómo me siento estando con él, es… genial.. y.. no sé
como aguantaré dos meses y algo estando lejos suyo..
-Tú eres
fuerte, Aly… ya verás como aguantarás esos dos meses, y aparte... nos la
pasaremos genial. Con los chicos A-M-E-R-I-C-A-N-O-S. –dijo mientras giraba con
la silla del escritorio.
-Yo soy fiel
a Bill. – dijo mientras se cruzaba de brazos algo molesta.
-¡Pff! –
bufó. – ni siquiera estás con él.
-¡Igualmente!,
en mis sueños sí que lo estoy. – dijo poniendo cara de una loca aficionada. La
cual le cambió por completo al sentir la almohada pegada en su cara. Se la
quitó y miró a Laila acusadoramente, esta se mordía el labio inferior para disimular
la risa. Alice tomó la almohada entre sus manos y se la lanzó a Laila.
PPIPIPIPIPIPIPIP
Alice apagó
el despertador de un manotazo, haciendo que se cayera al suelo.
-¡Genial! –
dijo irónica mientras parpadeaba varias veces para poder enfocar bien la vista.
–Solo cuatro días más...
Y
seguidamente se levantó de un salto tan fuerte que se mareó un poco. Caminó hacia
el baño medio dormida, abrió el grifo y se metió dentro.
Bajó las
escaleras arreglándose el vestido negro que llevaba puesto y se dirigió a la
cocina, allí estaban, como siempre, sus padres desayunando, junto a Luisa que
les preparaba el desayuno. Saludó a todos en general, cogió una fruta y salió
de casa, no sin antes coger su bolso. Se subió al autobús, como todos los días
solía hacerlo y se sentó junto a Lis. Estuvieron hablando todo el camino de ida
al instituto…
Al llegar a
la clase, el profesor comenzó con su “charla de fin de curso”, esas tan
aburridas que hacen todos los profesores antes de salir de vacaciones, que
mencionan las notas, lo que se debe hacer en el verano, que hay que leer, no
perder el hábito de estudio, y un montón de cosas más… y dejan las “felices
vacaciones” para el final, donde ya todos se han aburrido y lo único que
quieren es que atropellen al profesor y muera trágicamente.
Mientras el
profesor daba la “charla”, Alice, ya cansada de la voz tan grave de aquel
hombre, apoyó sus codos sobre la mesa y su cabeza sobre sus manos, cerró los
ojos y se durmió...
Despertó con
el sonido de las sillas avisando que ya era hora del descanso, salió de la
clase junto a Lis y hablaron hasta que se hartaron.
El día pasó
rápido… Aly ya había llegado a su casa y decidió llamar a Bill para quedar con
él. Tomó el móvil y marcó el número del chico, esperó unos segundos hasta que
contestó.
-¿Hola? ¿...
Aly? – decía una voz dulce del otro lado de la línea.
-Si Bill,
soy yo.. – dijo algo tímida.
-Si, ¿qué
quieres?
-Caso querías
quedar hoy..
-Ahora mismo
iría al estudio para grabar la última canción que no queda por grabar del CD..
-Ah...
entonces... ya no impor.. – no pudo continuar ya que Bill la cortó.
-¿Vienes
conmigo?.. digo.. ¿con nosotros?
-¡Claro! –
dijo llena de alegría.
-En unos
segundos estoy en tu casa, ¡adiós!
-Adiós,
Bill. – dijo y luego cortó.
Bill la
vendría a buscar, y vería a los chicos grabar en la discográfica, estaba muy
entusiasmada, casi ya no podía con su alegría... se miró en el espejo para
estar presentable y al comprobar que si lo estaba, se guiñó un ojo.
Sintió sonar
el timbre, bajó las escaleras casi corriendo, pero cuidando de no caerse y
abrió la puerta… ahí estaba Bill, guapísimo como siempre, con esa sonrisa que
la congelaba… lo saludó con dos besos y caminó junto a él hacia los demás
chicos, los saludó a todos y seguidamente se subieron a un taxi.
El taxi los
llevó directo a la discográfica, allí los chicos ensayaron un par de veces y
luego grabaron, grabaron y grabaron, hasta que les salió todo perfecto y
estuvieron satisfechos. Mientras gravaban Alice se fijaba en las expresiones de
Bill, cambiaban constantemente con la letra de la canción, de vez en cuanto
miraba hacia ella y le sonreía, Aly le devolvía la sonrisa algo sonrojada. La
voz de ese chico era hermosa, Aly jamás lo había escuchado cantar y jamás había
escuchado a alguien cantar como él… él era único… su voz trasmitía tranquilidad
a todo el que la oyese; era calmada y suave, pero a la vez potente.
Al salir de
la discográfica decidieron ir a comer a algún lugar… de camino algunas chicas
los reconocían como “los chicos de esa canción tan bella que suena en la radio
y en la TV” y les pedían autógrafos, algunas hasta se hacían fotos con ellos,
eso a Aly le divertía y la hacía feliz, ya que solo con ver la cara de
felicidad de eso cuatro chicos, ella era feliz por más de mil años.
Estuvieron
hablando mientras comían la pizza familiar que habían pedido en un restaurante
de comida rápida y al terminar Georg y Gustav se fueron, dejando a Bill, Tom y
Alice allí sentados y con la responsabilidad de pagar la cuenta.
-Y nosotros
tendremos que pagarlo todo. – Dijo Tom mosqueado.
-No hay
problema, ya lo pago yo… – Intentó
remediarlo Alice buscando dinero en los bolsillos de su chaqueta. Pero fue
detenida por una mano que tiraba de ella con fuerza y la levantaba del asiento
rápidamente. Miró quien había sido… Bill, él la agarró de la mano y corrió con
ella hasta salir del restaurante, no sin antes gritar “TOM, PAGAS TU”.
Siguieron corriendo hasta llegar a un pequeño parque lleno de flores y árboles.
Se sentaron en un banquito que estaba delante de un árbol, el que les
proporcionaba sombra… ya que aunque fueran las 7:30 de la tarde, como era
verano, el sol alumbraba fuertemente.
-Te
extrañaré cuando te vayas.. – Dijo para romper el silencio.
-Si… -
suspiró. – yo igual te extrañaré.
-¿Me traerás
recuerditos de allá? – Dijo ilusionado, imitando a un niño pequeño.
-¡Claro que
sí!
-Pues
quiero… quiero… - se detuvo al ver como Aly movía la cabeza con desaprobación.
– ¿Qué?
-Yo elegiré
tu regalo.
-Pero… pero…
-¡Será bonito!
– dijo sonriendo.
-eso espero…
-¡Oh, vamos!
Estás hablando con la chica que tiene los mejores gustos.
-¿Quién es
la creída ahora?
-Laila. –
dijo indiferente. Ambos comenzaron a reír.
Estuvieron
conversando alrededor de dos horas, sentados en ese parque. Se reían como dos
locos y toda la gente que pasaba por allí los miraba extrañada, ya que no era
normal ver a unos adolescentes de quince y dieciséis años conversando como
niños pequeños de seis años. El sol ya se había ocultado, el cielo estaba negro
e iluminado por pequeñas estrellas. Comenzaba a haber viento y decidieron
volver a casa. Fueron todo el camino tomados de la mano, sin decir nada... no
quería romper ese silencio que había, Alice quería disfrutar cada segundo de la
compañía de Bill, ya que no lo vería por mucho tiempo.
-Entonces,
te veo... ¿mañana? – dijo mientras se despedían en la mitad de la calle que
separaba ambas casas.
-No puedo,
debo ir a la discográfica..
-Oh…
entonces el miércoles.
-Cena
familiar… pero, ¿el jueves?
-S.. – no
pudo continuar ya que Bill la cortó..
-No, no.. el
jueves no puedo, debo ensayar con la banda.. –Alice lo miró apenada.
-¿Podré
verte antes de que me vaya? – dijo en un susurro casi inaudible, ya que temía
que la voz se le quebrase.
-Si, yo te
iré a despedir al aeropuerto.. –dijo para intentar animarla.
-Está bien.
– dijo sonriendo. – pero no te vayas a olvidar, ¿eh?
-Como me voy
a olvidar...
-No sé..
-Aly, de ti
nunca me voy a olvidar.. – dijo bajito, en un susurro. Luego pasó algo que Aly
no se esperaba para nada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario