10 marzo, 2012

Capítulo 18 /Leb die sekunde




CAPITULO 18

Alice cogió la chaqueta que Bill le había regalado y luego salieron de la habitación riéndose como locos. Salieron de la casa de los Kaulitz para dirigirse a la de Aly. Cruzaron la calle y picaron el timbre. Esperaron es tiempo necesario hasta que la puerta se abrió, ambos miraron para encontrarse con Luisa, pero en vez de eso, se encontraron con la madre de Aly que los miraba entre acusadora y divertida…
-¡Hola, mami!
-Hola preciosa, Hola Bill. – dijo dándole un beso en la frente a cada uno.
-Hola Sra. Mc Stewyemer.
-Llámame Elise, no me hagas sentir más vieja. – Dijo la madre de Alice divertida.
-Está bien Sra. Mc… digo, Elise..
-¿Van a pasar? ¿O se quedarán todo el día aquí en la puerta..?
-Sólo me vengo a cambiar de ropa, má.. – dijo mientras pasaba dentro de la casa tirando a Bill del antebrazo para que también entrase. – Luego saldré con Bill a almorzar a algún lugar.
-OK.
Ambos chicos subieron a la habitación de Alice, ella entró en el baño, se duchó y se vistió. Luego se cepilló el cabello para desenredarlo y no se quiso maquillar, ya que tendría que hacer esperar mucho a Bill.
Salió del baño, ya lista… Bill la contempló por unos instantes, estaba hermosa: Iba con un vestido blanco de tiritas, que le llegaba un poco más arriba de la rodilla, y estaba adornado con un lazo color rosa que estaba puesto por debajo del pecho, atado de una bonita forma en la espalda de la chica. Su cabello caía con pequeñas ondas, poco formadas, hasta el final de su espalda, el flequillo lo llevaba cogido con una horquilla en la parte superior de la cabeza. Se podía ver su perfecto rostro ovalado y sus ojos verdes, no maquillados, sino naturales. Parece una princesa, pensó Bill.
-¿Estás lista..? – dijo medio ido.
-Si, si... vamos.– cogió su móvil y ambos salieron de la habitación.
Pasaron el día dando vueltas por la cuidad y disfrutando cada segundo de la compañía del otro, ya que en menos de una semana Aly se iría para no regresar por al menos dos meses, dos meses que serían muy largos para ambos.
Ya a las siete, Bill dejó a Alice en su casa y se fue hacia la discográfica, ya que debería arreglar algunas cosas para el lanzamiento del CD.
Cerró la puerta y corrió hacia la habitación de Laila, se moría por contarle lo ocurrido ese fin de semana a su hermana, la había pasado genial con la persona que ella mas quería en el mundo, definitivamente ese amor que ella tenía por Bill, jamás cambiaría, y aunque él no le perteneciera, le seguiría queriendo y sería feliz con solo pensar que el existe y que al menos le dedicaba un pensamiento a ella… Con solo ver como él la miraba, ella se volvía loca y hacía que el día se le alegrase por completo, y que con cada sonrisa que le dedicaba podía hacer que la tristeza y los malos pensamientos se esfumaran dando paso a una paz interna.
Llegó a la habitación de Laila abriendo la puerta violentamente y gritando:
-¡No te imaginas lo feliz que estoy!
-¿Eh? - dijo su hermana girando la silla del escritorio para quedar mirando a Aly.
-Este fin de semana ah sido genial, debo contártelo todo T-O-D-O
-¿Todo qué?, Aly, relájate.. – dijo Laila, Alice se sentó en la cama de su hermana y tomó aire… para luego comenzar.
-Verás, hoy pasé todo el día con Bill.
-Ayer igual, ¿no?
-Si… uy, no sabes lo feliz que estoy, él, él es genial…
-Debe de serlo, para hacerte reaccionar así… - dijo Laila divertida, luego continuó. – y bueno, ¿me contarás algo o te quedaras repitiendo lo genial que es todo el tiempo?
-Pero es que, no sé… - suspiró. – cuando estoy con él me siento única… no sé que tiene él, pero.. con cada mirada que me dedica, siento que el mundo es solo mío, y con… cada sonrisa, miles de mariposas salen de su escondite y se sitúan en mi estómago… Laila, no sabes cómo me siento estando con él, es… genial.. y.. no sé como aguantaré dos meses y algo estando lejos suyo..
-Tú eres fuerte, Aly… ya verás como aguantarás esos dos meses, y aparte... nos la pasaremos genial. Con los chicos A-M-E-R-I-C-A-N-O-S. –dijo mientras giraba con la silla del escritorio.
-Yo soy fiel a Bill. – dijo mientras se cruzaba de brazos algo molesta.
-¡Pff! – bufó. – ni siquiera estás con él.
-¡Igualmente!, en mis sueños sí que lo estoy. – dijo poniendo cara de una loca aficionada. La cual le cambió por completo al sentir la almohada pegada en su cara. Se la quitó y miró a Laila acusadoramente, esta se mordía el labio inferior para disimular la risa. Alice tomó la almohada entre sus manos y se la lanzó a Laila.


PPIPIPIPIPIPIPIP

Alice apagó el despertador de un manotazo, haciendo que se cayera al suelo.
-¡Genial! – dijo irónica mientras parpadeaba varias veces para poder enfocar bien la vista. –Solo cuatro días más...
Y seguidamente se levantó de un salto tan fuerte que se mareó un poco. Caminó hacia el baño medio dormida, abrió el grifo y se metió dentro.
Bajó las escaleras arreglándose el vestido negro que llevaba puesto y se dirigió a la cocina, allí estaban, como siempre, sus padres desayunando, junto a Luisa que les preparaba el desayuno. Saludó a todos en general, cogió una fruta y salió de casa, no sin antes coger su bolso. Se subió al autobús, como todos los días solía hacerlo y se sentó junto a Lis. Estuvieron hablando todo el camino de ida al instituto…
Al llegar a la clase, el profesor comenzó con su “charla de fin de curso”, esas tan aburridas que hacen todos los profesores antes de salir de vacaciones, que mencionan las notas, lo que se debe hacer en el verano, que hay que leer, no perder el hábito de estudio, y un montón de cosas más… y dejan las “felices vacaciones” para el final, donde ya todos se han aburrido y lo único que quieren es que atropellen al profesor y muera trágicamente.
Mientras el profesor daba la “charla”, Alice, ya cansada de la voz tan grave de aquel hombre, apoyó sus codos sobre la mesa y su cabeza sobre sus manos, cerró los ojos y se durmió...
Despertó con el sonido de las sillas avisando que ya era hora del descanso, salió de la clase junto a Lis y hablaron hasta que se hartaron.
El día pasó rápido… Aly ya había llegado a su casa y decidió llamar a Bill para quedar con él. Tomó el móvil y marcó el número del chico, esperó unos segundos hasta que contestó.
-¿Hola? ¿... Aly? – decía una voz dulce del otro lado de la línea.
-Si Bill, soy yo.. – dijo algo tímida.
-Si, ¿qué quieres?
-Caso querías quedar hoy..
-Ahora mismo iría al estudio para grabar la última canción que no queda por grabar del CD..
-Ah... entonces... ya no impor.. – no pudo continuar ya que Bill la cortó.
-¿Vienes conmigo?.. digo.. ¿con nosotros?
-¡Claro! – dijo llena de alegría.
-En unos segundos estoy en tu casa, ¡adiós!
-Adiós, Bill. – dijo y luego cortó.
Bill la vendría a buscar, y vería a los chicos grabar en la discográfica, estaba muy entusiasmada, casi ya no podía con su alegría... se miró en el espejo para estar presentable y al comprobar que si lo estaba, se guiñó un ojo.
Sintió sonar el timbre, bajó las escaleras casi corriendo, pero cuidando de no caerse y abrió la puerta… ahí estaba Bill, guapísimo como siempre, con esa sonrisa que la congelaba… lo saludó con dos besos y caminó junto a él hacia los demás chicos, los saludó a todos y seguidamente se subieron a un taxi.
El taxi los llevó directo a la discográfica, allí los chicos ensayaron un par de veces y luego grabaron, grabaron y grabaron, hasta que les salió todo perfecto y estuvieron satisfechos. Mientras gravaban Alice se fijaba en las expresiones de Bill, cambiaban constantemente con la letra de la canción, de vez en cuanto miraba hacia ella y le sonreía, Aly le devolvía la sonrisa algo sonrojada. La voz de ese chico era hermosa, Aly jamás lo había escuchado cantar y jamás había escuchado a alguien cantar como él… él era único… su voz trasmitía tranquilidad a todo el que la oyese; era calmada y suave, pero a la vez potente.
Al salir de la discográfica decidieron ir a comer a algún lugar… de camino algunas chicas los reconocían como “los chicos de esa canción tan bella que suena en la radio y en la TV” y les pedían autógrafos, algunas hasta se hacían fotos con ellos, eso a Aly le divertía y la hacía feliz, ya que solo con ver la cara de felicidad de eso cuatro chicos, ella era feliz por más de mil años.
Estuvieron hablando mientras comían la pizza familiar que habían pedido en un restaurante de comida rápida y al terminar Georg y Gustav se fueron, dejando a Bill, Tom y Alice allí sentados y con la responsabilidad de pagar la cuenta.
-Y nosotros tendremos que pagarlo todo. – Dijo Tom mosqueado.
-No hay problema, ya lo pago yo… –  Intentó remediarlo Alice buscando dinero en los bolsillos de su chaqueta. Pero fue detenida por una mano que tiraba de ella con fuerza y la levantaba del asiento rápidamente. Miró quien había sido… Bill, él la agarró de la mano y corrió con ella hasta salir del restaurante, no sin antes gritar “TOM, PAGAS TU”. Siguieron corriendo hasta llegar a un pequeño parque lleno de flores y árboles. Se sentaron en un banquito que estaba delante de un árbol, el que les proporcionaba sombra… ya que aunque fueran las 7:30 de la tarde, como era verano, el sol alumbraba fuertemente.
-Te extrañaré cuando te vayas.. – Dijo para romper el silencio.
-Si… - suspiró. – yo igual te extrañaré.
-¿Me traerás recuerditos de allá? – Dijo ilusionado, imitando a un niño pequeño.
-¡Claro que sí!
-Pues quiero… quiero… - se detuvo al ver como Aly movía la cabeza con desaprobación. – ¿Qué?
-Yo elegiré tu regalo.
-Pero… pero…
-¡Será bonito! – dijo sonriendo.
-eso espero…
-¡Oh, vamos! Estás hablando con la chica que tiene los mejores gustos.
-¿Quién es la creída ahora?
-Laila. – dijo indiferente. Ambos comenzaron a reír.
Estuvieron conversando alrededor de dos horas, sentados en ese parque. Se reían como dos locos y toda la gente que pasaba por allí los miraba extrañada, ya que no era normal ver a unos adolescentes de quince y dieciséis años conversando como niños pequeños de seis años. El sol ya se había ocultado, el cielo estaba negro e iluminado por pequeñas estrellas. Comenzaba a haber viento y decidieron volver a casa. Fueron todo el camino tomados de la mano, sin decir nada... no quería romper ese silencio que había, Alice quería disfrutar cada segundo de la compañía de Bill, ya que no lo vería por mucho tiempo.

-Entonces, te veo... ¿mañana? – dijo mientras se despedían en la mitad de la calle que separaba ambas casas.
-No puedo, debo ir a la discográfica..
-Oh… entonces el miércoles.
-Cena familiar… pero, ¿el jueves?
-S.. – no pudo continuar ya que Bill la cortó..
-No, no.. el jueves no puedo, debo ensayar con la banda.. –Alice lo miró apenada.
-¿Podré verte antes de que me vaya? – dijo en un susurro casi inaudible, ya que temía que la voz se le quebrase.
-Si, yo te iré a despedir al aeropuerto.. –dijo para intentar animarla.
-Está bien. – dijo sonriendo. – pero no te vayas a olvidar, ¿eh?
-Como me voy a olvidar...
-No sé..
-Aly, de ti nunca me voy a olvidar.. – dijo bajito, en un susurro. Luego pasó algo que Aly no se esperaba para nada.

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