CAPITULO 9
Despertó con
un fuerte golpe en su mesa, dio un bote y abriendo los ojos como platos miró a
el profesor que estaba muy cerca de ella, la miraba con expresión furiosa en el
rostro.
-¿Ya ha
despertado señorita.. Mc..Mc.. – y nuevamente lo mismo.. ¿tan difícil es mi
apellido?, se preguntó Alice, roló los ojos e intentó corregir al profesor.
-Es Mc.. –
pero el profesor la cortó.
-¡no me
interesa como sea! Ahora, a la sala de castigos..
-pero.. –
intentó protestar
-¡ya!
-No me
grite, ¿quiere?
-¿Qué has
dicho?
-Nada... que
creo que me quede sorda con sus gritos, profe.. – dijo con una sonrisa cínica y
salió de la clase cerrando la puerta fuertemente, logrando que el ruido que
había hecho al cerrarse inundara todo el pasillo. Caminó pesadamente hasta la
sala de castigo, se sentó en la primera mesa que vio libre, se apoyó en ella y
se durmió.
Al terminar
las clases Alice se subió al autobús y regresó a casa con su hermana, ninguna
de las dos sabía dónde estaban los gemelos, por lo que decidieron ir a su casa
a ver lo que les sucedía. Cruzaron la calle que separaba las casas y picaron el
timbre, unos minutos después salió Simone, la madre de los chicos a abrir la
puerta.
-Hallo. –
dijeron al mismo tiempo mientras una sonrisa iluminaba su rostro, Simone les
devolvió la sonrisa.
-¡Hola
chicas!, ¿buscan a Bill y Tom? – ambas asintieron con la cabeza. – no están,
han ido al estudio, fueron temprano por la mañana y no han vuelto, seguro ya
deben de estar por llegar. . -les explicó a las gemelas.
-Bueno,
entonces…
- Nos vamos…
¿cuando lleguen les dices que los estamos esperando, por favor?-Cortó a su
hermana.
-Claro,
Laila
-Gracias
Simone, adiós.
-Adiós.. –
Simone cerró la puerta y las gemelas se dirigieron nuevamente a casa,
estuvieron esperando a los gemelos, pero jamás llegaron, era como si la tierra
se los hubiese tragado.
Cuando se
aburrieron de esperar, cada una se dirigió a su habitación. Aly intentaba
dormir, pero no lo conseguía, en su cabeza aún daban vueltas las palabras de
Bill, solo amiga…
Despertó al sentir algo sobre sus labios,
lentamente abrió los ojos para encontrarse con esos ojos color miel que tanto
le gustaban, los volvió a cerrar y poso la mano en la mejilla de Bill para continuar
el beso. No sabía a qué venía ese beso, pero tenía que disfrutar cada segundo a su lado, porque cada segundo era especial,
rozaban sus labios suavemente sobre los del otro, mientras intentaban que su
respiración fuese normal y que no se le acabase el aire. Se separaron…
-Bill...
-Al, yo.. lo siento de verdad.. no quería..
¿te ha molestado? – preguntó preocupado.
-No, Bill, no me ha molestado.. pero, me ha
tomado por sorpresa.. – volvieron a besarse, pero esta vez Aly se separó se él.
– Eliane..- susurró
- ¿Eliane?... no a ella no la quiero, mi
amor, yo te quiero a ti, cariño.. – dijo dulcemente volviéndola a besar…Pero
Alice se apartó nuevamente. - ¿Qué ocurre? –preguntó con la mano aún apoyada en
la mejilla de la chica.
-Bill, tienes novia.. ¿recuerdas? – susurró,
casi inaudiblemente mientras una lagrima caía por su mejilla.
-Pero yo te quiero a ti.. – limpió la lágrima
que caía por la mejilla de la chica con uno de sus dedos. Alice negó con la
cabeza... – ¿yo te quiero a ti, vale?.. y nada ni nadie lo cambiará. – tomo
aire – ¿Aly, quieres… ser mi novia?
A Alice esa pregunta la tomó totalmente por
sorpresa, jamás se lo había imaginado... eso era lo mejor que había pasado en
toda su vida. No dudó en la respuesta que daría… iba a abrir la boca cuando
unos gritos la interrumpieron.
-¡ALY, ALY!
DESPIERTA, ¡QUE LLEGAMOS TARDE! – Alice abrió lentamente los ojos, y vio a su
hermana frente a ella, había sido solo un sueño, nada mas… resopló y tapó su
cara con la almohada.
-No quiero
ir hoy.. – dijo desde debajo de la almohada.
-V.. vale..
– dijo algo confundida, ya que Alice era muy estudiosa, aunque desordenada y
desobediente. – entonces me voy, adiós. – Aly gimió para darle a entender a su
hermana de que la había oído. Laila salió de la habitación y Aly se quedó allí,
pensando… ¿por qué le ocurría eso a ella?, ¿Qué había hecho?.. nada. Ella ya no
tenía amigos en la escuela, sus padres no estaban con ella, estaba enamorada
del chico equivocado y que para colmo estaba en quién sabe dónde.
Se quedó
dormida nuevamente.
Despertó
sobre las dos de la tarde, salió de la cama pesadamente y se dirigió al baño.
Abrió el grifo y se quitó la ropa, seguidamente se metió bajo el chorro de
agua.
Después de
secar su cabello fue directa al armario, cogió lo que tenía más a mano y se
vistió. No se maquilló, ni nada, simplemente se hizo una coleta alta y salió de
casa rápidamente. Cerró la puerta tras de si y allí vio a Bill… pero no estaba
solo, estaba con Eliane… intentó pasar lo mas desapercibida posible y salir de
allí lo más rápido posible, pero ya no lo consiguió, Bill venía directamente
hacia ella, con esa hermosa y relajada sonrisa que siempre llevaba pintada en
su rostro. A Alice le ardían las mejillas de tan solo acordase de lo que había
soñado, bajó la cabeza para que Bill no se diera cuenta, lo saludó con la mano
antes de que el llegara donde ella estaba, se dio media vuelta y comenzó a
correr calle abajo.
El día ya se
acababa y estaba lloviendo, ella volvía a casa empapada y con la capucha
puesta, caminando lo más rápido que sus piernas le permitían en ese momento.
Abrió la puerta de casa y entró tiritando, pero al percibir lo cálido que
estaba allí adentro se sintió mucho mejor. Subió las escaleras con sumo cuidado
de no caerse. Caminó hacia su habitación dejando pequeños charquitos de agua
tras ella y abrió la puerta, se sorprendió con lo que encontró allí. Estaba, su
chico… Bill.
Bill levantó
la mirada y la dirigió hacia Aly, que estaba toda empapada. Ella solo le sonrió
para luego preguntar:
-¿Qué haces
aquí?
-Nada.. vine
a ver que te ocurría, hace rato te fuiste corriendo.
-Si. Es que
no me apetecía hablar con nadie – hizo un gesto de quitarle importancia al
asunto… hubo un silencio, en el que Alice aprovechó para sacarse los zapatos.
Hasta que Bill habló:
-¿Dónde
estabas?
-En.. en..
en la ciudad..- dijo con una sonrisa tonta, la más tonta que podía haber puesto
en ese momento, pensó. Bill enarcó las cejas y le preguntó nuevamente:
-Ya sé que
estuviste en la ciudad.. ¿pero dónde?
-Dando
vueltas, papá – Bill abrió mucho los ojos – es lo que pareces... – hizo un
gesto con los hombros como de no saber a qué venía la reacción de Bill, le
salió cómico. Luego se quitó la capucha y quedó solo en una camiseta, fue al
armario y cogió un pijama.. se acercó a la puerta del baño y antes de entrar
miró a Bill, quien aún la miraba, pero con expresión graciosa y relajada..
-Ya vengo..-
y entró en el baño.
Salió ya
vestida con pijama. Se sorprendió al ver a Bill acostado en su cama, del lado
de la pared, miraba hacia arriba y las sábanas llegaban hasta su pecho… tenía
las manos debajo de la nuca, estaba hermosísimo, pensó ella. Bill se giró y al
ver la cara con la que Alice se había quedado le sonrió.
-¿Te molesta
si me quedo contigo esta noche?.. es que está lloviendo y no me apetece mojarme
allí afuera..
-Claro..
córrete.. –Bill levantó las sábanas con el brazo haciendo que quedara un
espacio para que ella se acostara. Se acomodó boca arriba en la misma posición
que Bill estaba antes, este ahora estaba de lado en la cama observándola.-¿Qué...?-Preguntó
ella.
-Nada..
-¿Por qué me
miras?
-¿No puedo?
-No,
mientras no sepa cuáles son las intenciones que tienes..- lo miró muy seria,
pero fingía, en realidad se estaba muriendo de risa por dentro…
-Mis
intenciones, mi querida dama, son de acompañarla esta noche… - Alice hizo una
mueca. – eso sonó mal, disculpa…
-No te
preocupes..- le sonrió. – ¿a dormir?.. tengo sueño – bostezó cerrando los ojos.
Bill la contempló por unos segundos y luego la imitó.
A la mañana
siguiente, Alice despertó con el sonido de las escaleras, que se hacían cada
vez que alguien subía o bajaba corriendo, se asustó al pensar que Bill se
habría ido. Pero no, él estaba allí, a su lado, durmiendo tan bello como
siempre, rodeándola por la cintura con los brazos, quien al darse cuenta dio un
bote haciendo que Bill se despertara.
-Hola – le
dijo con una encantadora sonrisa..
-Hallo,
princesa. – dijo Bill con un bostezo, Alice abrió mucho los ojos de la
sorpresa, la había llamado princesa.
-¿Princesa?
-¿A caso no
lo eres?
-Definitivamente
no, y mucho menos recién levantada. – ambos rieron.
-Si te ha
molestado no te llamaré así, me apetecía decir esa palabra…
-No, no te
preocupes, no me ha molestado – le sonrió.
Podía sentir
el cuerpo de Bill pegado al suyo, ya que la tenía abrazada por la cintura,
estaba nerviosa, muy nerviosa. Y en un impulso repentino se abrazó a él. Y lo
apretó fuertemente contra ella, Bill también lo hizo. Los dos cuerpos estaban
completamente juntos. Alice tenía la cabeza apoyada en el pecho de Bill.
-Tengo sueño,
Bill.
-¿Te apetece
dormir un poco más? – Ella pudo sentir como dentro de Bill rebotaban sus
palabras, cosa que le gustó mucho.
-No... lo
que me apetece es saber es por qué no fuiste a la escuela…
-Teníamos una
cita con la discográfica, hemos firmado un contrato y la otra semana
comenzaremos a grabar oficialmente. –dijo ilusionado
-Eso es
genial ¿ya lo han celebrado?- dijo incorporándose de un salto sobre la cama.
-Ahora que
lo pienso... no.
-¡Genial!,
ya tenemos planes para hoy… vamos a por los demás.. – dijo Alice, muy
entusiasmada, casi gritando, cogió a Bill del antebrazo y tiró de él para
sacarlo de la cama… lo miró de arriba abajo y luego se miró ella..
-Primero...
debo ponerme ropa… y tú... estás igual que ayer. – su voz sonaba divertida.
-Iré a mi
casa a cambiarme de ropa.
-Voy contigo
¿me esperas? – dijo cogiendo su ropa y toalla para entrar en el baño.
-Claro...
Alice entró
en el baño y se duchó lo más rápido que pudo, Bill la estaba esperando, secó su
cabello y se vistió…
Había
terminado de maquillarse, se veía estupenda, llevaba un vestido negro muy simple,
pero que combinaba muy bien con su estilo y los tacones que llevaba. Salió del
baño apagando la luz, se había recogido el fleco hacia atrás, y se podían ver
sus enormes ojos verdes, mas agrandados aún con el maquillaje.
Vio a Bill
sentado en el silloncito de mimbre, que ella tenía en su habitación, este
levantó la vista y la miró.
-Estás
preciosa… - dijo en un susurro pero más para si mismo que para la chica.
-Gracias ¿ya
nos vamos? – se había puesto muy colorada y las mejillas le ardían.
-Sí, vamos.
– salieron de la habitación para dirigirse a la casa de enfrente…

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