28 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 29





CAPITULO 29

El siguiente día desperté a la cinco de la mañana. No había podido dormir casi nada, puesto a que había despertado a la mitad de un sueño que no quería continuar.
Las emociones sentidas en el sueño aún eran bastante recientes y aún podía sentirlo como su hubiese ocurrido de verdad.
Aunque sólo podía recordaba una parte el sueño, no me gustaba.

Yo corría... y estaba llorando. No me sentía bien, alguien me había dañado. A mi lado había una fila de chicos, podía ver sus rostros borrosos debido a las lágrimas, a medida que pasaba a su lado.
Hasta que llegué al final de la fila.
Pude ver a Bill Caminando como esos chicos, entrando en el mismo lugar del que yo salía. Él me miró.
¿Qué te pasa? me preguntó al pasar por su lado. Entonces yo estiré los brazos y me lancé a él para abrazarlo.
Él me rodeó con sus brazos, y yo escondí mi cabeza en su pecho, apretando los puños en su camiseta Comencé a sollozar mas fuertemente.
No entre allí...

Y ese fue el momento en el que desperté.
El sol aún no aparecía, por lo que estaba oscuro. En cualquier otra ocasión habría dormido al menos una hora mas. Pero no tenía ni una pizca de sueño, es más, quería levantarme de una vez, me sentía atrapada y tenía la enorme necesidad de salir de casa, o por lo menos abrir la ventana.
Y eso hice. Como estaba medio enredada con las sabanas, me bajé con ellas de la cama y me las quité, para luego ir hacia la ventana, correr la cortina y abrirla.
Luego me dirirgí al armario, tomé ropa, no me importó cual, busqué un par de toallas y entré en el baño.
Me quité la ropa rápidamente y seguidamente abrí el grifo de agua caliente... y me metí dentro. Casi me voy de cabeza al hacerlo, pero logré mantener el equilibrio.
Una vez terminé, me enrollen en una toalla, me sequé el cabello, me vestí, peiné, maquillé un poco y luego salí del baño con las toallas húmedas y el pijama hechos una bola.
Los lancé sobre la cama, y seguidamente me dirigí al escritorio. Busqué los cuadernos de las materias que tenía para ese día y los metí en la mochila.
Miré la hora. Recién las cinco y treinta.
No me importó. Me colgué la mochila al hombro y bajé las escaleras con cuidado de no despertar a nadie.
Me fui a la cocina, cogí una manzana y un yoguth, y luego salí de casa.
Si que hacía frío. Y es que el invierno y las épocas navideñas se acercaban. Probablemente la primera nevada del invierno sería pronto.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me abracé a mi misma y tras respirar profundo un par de veces, helándome los pulmones, comencé a caminar.
Tenía tiempo de más para irme caminando a la escuela. Y sería relajante. Me serviría para pensar las cosas. O simplemente para acordarme de Bill y hacerme daño a mi misma.

Entré en la sala de clases, había llegado al final de todos, pero había alcanzado a llegar. Si que me demoraba caminando, dios... Y eso que no me gustaba caminar sola. Me estaba convirtiendo en un manojo de contradicciones, en una bruta con patas, en una de esas chicas que actúan como chico. Justo como no me gustaba que fuera la gente.
Le dirigí una mirada a toda la sala de clases en general, Kattie y Bill hablaban, fueron los únicos a los que les presté verdadera atención.
Bill me miró directamente a los ojos durante unos instantes, pero yo aparté la vista rápidamente No me gustaba esto.
Me dirigí a mi asiento, me senté, dejando la mochila fuertemente sobre la mesa y me crucé de brazos a esperar a que la clase comenzara.
No estaba de buen humor y algo me decía que el resto de día que me quedaba no sería nada bueno.

Ese día, por raro que parezca, no hablé con nadie. No tenía ganas, y si no tenía ganas, no lo hacía.
Tenía algo a dentro que me decía que algo malo pasaba, tuve un raro presentimiento todo el tiempo, pero lo decidí ignorar... era completamente extraño No me había sentido así desde que mi abuela había muerto y... Nada. Iba a ser mejor olvidarme de eso. Seguramente estaba muy cansada por haberme despertado tan temprano y encima haber caminado hora y algo a la escuela. Sólo necesitaba llegar a casa. Y dormir.
Si, eso es lo que haría.
El día fue largo y casi agonizante. Jamás, repito, jamás un día me había parecido tan largo. Y lo peor era que todos parecían divertirse y burlarse de cómo me sentía. Todos reían conversaban con sus compañeros, como si nada hubiese pasado... Y claro, para ellos nada había pasado. Lo que más me molestaba era que me clavaran los ojos todo el tiempo, examinándome. Aunque agradecí a que nadie me hubiese preguntado que me pasaba. Porque estando como estaba, y encima con esa pregunta detonante, me iba a echar a llorar. Y no quería que me vieran llorar. Mucho menos Bill.
Por otra parte, me habría echo muy bien hablar con alguien. La cosa es que no quería, pero aún así, me sentí mal, puesto a que nadie se me acercó.
Soy un fracaso.
Y que decir de Bill... Estuvo pegado a Kattie todo el tiempo, aunque no con muy buena cara, debo decir. Seguramente tenía ganas de que ella lo soltara. Já, el se había metido en ese problema y le pasaba por estúpido. Además, nadie lo había obligado a...
Basta.
La cosa es que él me miró todo el tiempo, buscando mi mirada. Claramente, nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión, pero yo no se la podía sostener por más de dos segundos.
Y justo en el momento en que estaba que no daba mas de las ganas por salir corriendo de la sala de clases, el timbre sonó.
Un alivio inmenso me recorrió el cuerpo. Pero al instante me tensé... Y las manos me comenzaron a temblar. No me gustaba lo que me estaba pasando. Y como no tenía explicación, lo tenía que ignorar, ¿no?. Ya era suficiente lo que Bill me había hecho pasar, no quería más.
Y recuerden, el jueves interrogación oral. Pueden retirarse —escuché decir al profesor entre los ruidos de sillas, mesas y algunos gritos.
¿Por qué mierda todos estaban felices? Ni que fuera año nuevo o algo así. No esperen... Son las competencias de aniversario. ¡Claro! ¿cómo lo había olvidado? Seguramente yo iba a ser la única aburrida que se va a casa y no a las actividades.
Guardé mis cuadernos y lápices en la mochila, rápidamente y luego me la colgué en el hombro.
Ya todos se habían ido, incluso Bill. Dejando todo tirado... que desesperados, Dios.
Salí de la sala de clases y giré a la derecha, para dirigirme a la salida.
¡Anne! me di la vuelta como acto reflejo y miré a Tom, este me miraba con una sonrisa, pero yo no pude devolvérsela.
Hola lo saludé. No lo había visto en todo el día. Él caminó un par d pasos hasta llegar a mi lado.
¿No vas a las actividades?
No. ¿Y tú? pregunté al ver su mochila al hombro.
Voy a casa a buscar mi guitarra. Tocaremos algo con Bill en el concurso de las bandas me informó.
Genial...
Seguro ganamos rió. Yo solo lo miré y torcí la boca hacia un lado.
Si.
Y la conversación acabó. Me sentí cómoda estando así, con él a mi lado. De cierta forma, ya no me sentía tan débil como antes. Tenía a alguien, yo sabía que podía contar con Tom para lo que quisiera.
¿Sabes que hoy no hay autobús de la escuela, verdad? me preguntó. Oh, también lo había olvidado.
Lo había olvidado.
¿Vamos a tomar uno a la parada? quedaba a unas tres calles, no estaba mal. Además, no tenía ganas de caminar más que tres calles... Con lo lenta que estaba yo el día de hoy.
Vale.
Y nuevamente, nos quedamos en silencio...
Hasta que él decidió hablar nuevamente.
Bill me contó lo que pasó
Oh me tensé por completo No quería hablar de eso...
Bill te quiere lo miré. Y me vi obligada a apartar la vista de él rápidamente. Lo había dicho en el mismo tono de voz de Bill, y por un momento me había parecido que era él. Aunque claro, la expresión de sus ojos era diferente a la de su hermano.
Tom, no quiero hablar de eso.
Es que... mírate Más triste no puedes estar, tu lo quieres, vamos fui a decir algo, pero él me cortó no me vengas a decir que lo que él hizo estaba mal y blablá, porque eso ya lo sé. Pero también sé que él se arrepiente, que no lo hizo queriendo. Todo el mundo se equivoca ¿Porqué no le das una oportunidad?
Claro, y Bill te paga para dar discursos cursis, ¿no? me apresuré en caminar, para adelantarlo y no seguir hablando con él. Me había enojado.
Anne, Bill está igual o peor que tu alzó un poco la voz ¿porqué no hablan y aclaran las cosas? Seguro se encuentran una solución y...
No hay nada que hablar, ni solucionar. No tiene solución entonces, Tom me cogió del brazo y me giró hasta quedar frente a él.
Escucha, hay una parte de la historia que tú no sabes.
¿Qué? esperen, esperen ¿Una parte que no sabía? ¿En qué momento había pasado algo... o había hecho algo, o...? ¿Cómo es que había una parte de la historia que yo no sabía? Se suponía que era mi historia, con mis problemas, los cuales yo tenía que solucionar, desde mi criterio y mi punto de vista... Y si era así, bien se suponía que yo tenía que saber esa parte de la historia.
Que hay algo que tu no sabes volvió a repetir él.
Si, ya escuché esa parte, Tom ¿Qué es lo que yo no sé? Tom miró hacia ambos lados, a lo mejor viendo si alguien venía o algo así, pero no había nadie en toda la calle. Sólo se escuchaba el ruido de los coches al pasar... y nada más.
Pues Tom se calló al instante, al escuchar una leve musica proveniente del bolsillo de mi pantalón.
Espera le dije mientras soltaba mi muñeca y me metía la mano en el bolsillo para sacar el teléfono. Era mamá ¿hola? dije en cuanto de di al botón verde.
Anne, ven ahora mismo a casa su voz no era para nada... Es decir, estaba muy... O es que Jamás la había escuchado hablar en ese tono. Definitivamente no me estaba retando.
Si, estoy en camino, ¿qué pasa?
Tu hermano no llegó anoche oh, caro. Ya sabía a que venía esto.
Oye, si piensas enviarme a mi a buscarlo, no creas que voy a...
Hija me cortó nos tenemos que ir al hospital ahora mismo.
¿Al hospital? ¿Qué pasó con Chris, mamá? casi grité alarmada, mientras sentía que el corazón me comenzaba a andar rápido y una fea sensación recorría mi cuerpo.
Un accidente.
Voy rápido. Adiós le dije, para luego despegarme el móvil de la oreja y darle al botón rojo. Miré a Tom, con todo el pánico acumulado vamos fue lo único que pude decir antes de echarme a correr hacia la parada.
¡Hey, espera! lo oí gritar tras de mi. Seguramente le costaba correr con esos gigantescos pantalones. Pero no me detuve. Era mi hermano, y seguramente estaba mal. Yo tenía que llegar al hospital en el menor tiempo posible, tenía que saber que le pasaba. Dios. Estaba más que preocupada, y tantas emociones juntas no eran nada bueno.
Algún día de estos iba a terminar loca.
Y repito. Demasiadas cosas en muy poco tiempo.
¡Ann!  volvió a gritar. Entonces me detuve. Ya había llegado a la parada.
Metí la mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y saqué un par de monedas, mientras veía como Tom se acercaba caminando. No me servía de nada correr si un autobús no llegaba. Que estúpida.
¿Qué pasó? me preguntó en cuanto estuvo a mi lado, con la respiración entrecortada.
Chris. Algo le pasó, está mal. Tengo que irme a casa ahora mismo, para después ir al hospital desvié la vista hacia otro lado, rogando internamente que no fuese tan terrible el accidente
No tenía idea de qué mierda era lo que le había pasado, pero había pasado de todas manera. Y ojala que ese algo no fuese grave.
¿Qué le pasó?
Un accidente, o algo así me dijo mamá intenté dejar de mover el pie, pero estaba demasiado nerviosa
Ya deja eso soltó Tom, cogiéndome una mano. Entonces me di cuenta de que estaba estrujando una de las tiras de mi mochila seguramente está bien. Las mamás exageran todo dijo para intentar calmarme.
¿Pero... y si es algo malo de verdad?
No te pongas negativa negué con la cabeza.
Estoy preocupada.
Lo sé me rodeó con uno de sus brazos y me pegó a su cuerpo tranquila.






Rette mich /Capítulo 28




CAPITULO 28

Apuré aún más el paso y comencé a correr. Tenía ganas de salir de allí cuanto... antes llegar a mi casa y cerrarle a Bill la puerta en la cara. Y luego, ya no volver a salir.
¡Annie! volvió a gritar. Lo sentí bastante cerca. Me aterré. No quería hablar con él. No ahora.
Y justo en el momento en que estaba comenzando a tomar mayor velocidad, a unas tres casas de llegar a mi destino, sus dedos se enrollaron en torno a mi muñeca, haciendo que me detuviera de sopetón. Intenté soltarme, pegando un fuerte tirón, pero se le hizo imposible. Vale, mi patético y cobarde intento de escape se había ido a la mierda.
Bill tiró mi brazo de tal manera que me dio media vuelta y quedé frente a él. Sentí como cada músculo de mi cuerpo se tensaba y tuve que hacer un gran esfuerzo en hacer entrar el aire en mis pulmones sin hacer un fuerte ruido que fuese a delatar mi estado.
¿Dónde te habías metido? habló con tono de preocupación, mientras soltaba mi mano y me rodeaba con sus brazos, pegándome a su cuerpo. Instantáneamente lo empujé por los hombros y lo separé de mi, alejándolo un par de pasos. Tenía la mirada clavada en el piso, no me atrevía a mirarlo… Hice el ademán de darme la vuelta y seguir caminando, pero él me lo impidió, volviendo a cogerme del brazo estaba… preocupado por ti ¿quieres hablar ahora? Por favor... negué con la cabeza sólo una vez mírame.
No la voz me salió temblorosa, eso no me gustó nada.
Annie… musitó mientras llevaba su otra mano a mi rostro y hacía fuerza, intentando levantarlo. Y lo consiguió. Entonces, en su rostro se formó una mueca de dolor. También me di cuenta de que él estaba sin maquillaje y sus ojos estaban algo hinchados. Aunque claro, seguía viéndose hermoso… Hacía mucho que no lo veía así… Bill Kaulitz al natural ¿estuviste… llorando?
Mierda. Moví la cabeza rápidamente y miré hacia otro lado.
¿Sabes?, no debería importarte espeté.
Pero si me importa.
Si me haces el favor de soltarme…
No quiero bufé. Estaba intentando retener las lágrimas… hablemos, Annie… Busquemos una solución…
No —lo corté, intentando acabar esta absurda conversación rápidamente no hay solución y tampoco vale la pena buscar una mentí no te quiero y ya no quiero estar contigo.
Silencio.
Bill no dijo nada hasta que hubieron pasado ya unos cuantos segundos más de los que tendría que haber tardado en contestar.
Sabes que no es verdad…
¿Me dices mentirosa? miré mis zapatillas. Pero Bill volvió a alzar mi rostro rápidamente.
Mírame a los ojos y dime que no me quieres… Entonces te soltaré y te dejaré en paz.
Me perdí en su mirada, en su dolor…
Y entonces, de mis ojos llenos de lágrimas, se escapó una que rodó por mi mejilla con lentitud.
Tragué saliva, preparándome para lo peor…
Yo… yo...
¿Ves? me cortó todo tiene solución. Podemos arreglar las cosas y...
Déjame le ordené corriendo mi cara hacia un lado para no mirarlo. Pero su mano seguía fuertemente agarrada a mi muñeca, sin querer soltarme. Me mordí el labio inferior intentando reprimir un sollozo, no quería llorar, no quería quedar como una estúpida ¿Tu me quieres? le pregunté de sopetón.
Te amo. Yo...
Entonces suéltame. Déjame tranquila de una vez y no vuelvas a hablarme jamás le espeté. Su mano que rodeaba mi muñeca perdió la fuerza.
Pero... quité mi brazo de entre sus dedos y retrocedí un par de pasos, caminando de espaldas para asegurarme de que él no fuese a cogerme de nuevo.
Ya está. Aquí es donde esto llegó, aquí termina. Quizás... cuando ya todo se calme podamos hablarlo, pero por ahora no quiero saber de ti le dije sin tan siquiera mirarlo, para seguidamente darme la vuelta y echarme a correr hacia mi casa.
Una vez llegué a la puerta, piqué al timbre unas cuantas veces seguidas. Miré hacia atrás, pude ver a Bill de pie, en el mismo lugar en que lo había dejado. Yo no iba a cambiar de opinión. Ya estaba dicho, la decisión ya estaba tomada y las cosas se iban a quedar así. Este era el final. Ya ni siquiera podía haber amistad... Nada.
Volví nuevamente la vista borrosa hacia la puerta en el momento en que se abría.
Sentía que las piernas me temblaban y que ya no me podía mantener el pié. Quería llorar, quería gritar, quería sacar todo lo que tenía dentro. El pecho me dolía, sentía como si algo me estuviese estrujando el corazón.
¡Hija! ¿dónde te habías metido? —la voz de alivio de mi madre me hizo sentir más en casa.
No lo pensé de veces, cogí el aire que me faltaba y me tiré a sus brazos echándome a llorar. En ese momento mi cuerpo comenzó a temblar y ya no podía contener los sollozos.
Mamá me abrazó y yo escondí mi cabeza entre su cabello, mientras ella caminaba un par de pasos hacia dentro de la casa y cerraba la puerta.
¿Qué pasó, amor? me preguntó con voz dulce mientras llevaba su mano a mi cabeza. No le contesté. Ni siquiera podía articular palabra puedes contarme, hija.
Mamá... me costaba hablar, no podía controlar los sollozos.
A ver, vamos a sentarnos, ¿si? caminó conmigo hacia el sillón y seguidamente se sentó, yo me senté a su lado, aún pegada a su cuerpo. Me separó de ella con sus brazos e hizo que la mirara. La cara me ardía y sentía que no podía dejar de llorar.
Bill. Todo había sido su culpa.
Dime que ocurrió ¿alguien te dijo algo malo? ¿te peleaste con alguien? negué con la cabeza. Ella no sabía nada. Tampoco de lo iba a contar, me daba una vergüenza enorme. Vamos que era mi madre ¿entonces qué pasó?
Bill murmuré.
Si, él estuvo por aquí buscándote... se veía alterado, ¿qué ocurrió? ella llevó su mano a mi cabello y comenzó a acariciarme despacio.
Pasa que ya no seremos amigos mi madre quedó con cara de no entender nada. Y no tengo idea de si habría sido porque Bill y yo ya no seríamos amigos o porque no había entendido lo que yo había dicho entre tantos hipos y sollozos.
¿Qué pasó con Bill?
Lo odio, mamá lloré más fuerte. Ella volvió a abrazarme y yo volví a esconder mi cara en su cabello.
¡Mamá!, ¡me voy a casa de Chels! escuché un grito y seguidamente un fuerte portazo.
Qué chico, si estuvo con ella durante todo el día murmuró ahora, dime ¿por qué lo odias? Creí que eran amigos.
Lo éramos.
Todo se arreglará negué con la cabeza un par de veces sabes que sí. Estás llorando por nada. Ya verás como luego todo se arregla y vuelven a ser los amigos que siempre fueron me separó de ella cogiéndome por los hombros y me sonrió. Como se notaba que ella no sabía nada acerca de todo lo que había pasado con Bill y yo ahora me limpió las lágrimas con sus manos —...¿Qqé te parece si nos tomamos un café con unos pastelillos de chocolate que acabo de hacer? Para que se te quite la tristeza sonreí forzosamente y asentí con la cabeza vamos me cogió de la mano y me levantó del sillón para dirigirnos hacia la cocina.

Entré en mi habitación, estaba cansada y quería dormir.
Ya no tenía ganas de llorar, sólo tenía unas enormes ganas de desconectarme del mundo y dejar de lado los problemas. El día siguiente sería lunes y habría clases. Una mierda. Tendría que ver a Bill y eso iba a ser de lo más terrible.
Me quité la ropa con rapidez, estaba muerta de frío, para luego ponerme mi pijama y meterme entre las sábanas.
Me cubrí hasta la cabeza y me acurruqué echa un ovillo, para lego cerrar los ojos e intentar no pensar en nada.


Rette mich /Capítulo 27






CAPITULO 27

Me estremecí. Intenté evitar el contacto de nuestras miradas, y me limité a examinar sus movimientos.
Su rostro tenía una expresión que no podría describir. Era de ¿tristeza? ¿arrepentimiento? ¿alivio?... Pero había algo más que no podría descifrar.
Se acercó a mi con movimientos automáticos. Mantuve mis ojos clavados en sus piernas, no me atrevía a buscar sus ojos No.
Hasta que de pronto ocurrió lo peor. Su cuerpo comenzó a deslizarse hacia abajo...
Tragué saliva, tensé la mandíbula, junté los dientes con fuerza e hice dos puños con mis manos.
Entonces, su rostro quedó a la altura del mío. Se había agachado hasta quedar frente a mi.
Desvié la mirada rápidamente, dirigiéndola a mis manos.
Los segundos se me hicieron eternos...
Hasta que pude sentir el contacto de su mano helada sobre la mía, la cual aparté al instante.
Annie me llamó. Yo no respondí. Ni siquiera me moví para darle a entender que lo había escuchado. Simplemente me quedé allí, quieta, con unas enormes ganas de salir corriendo Annie me volvió a llamar. Entonces, me cogió la barbilla con una de sus manos e hizo el ademán de girar mi rostro para que lo mirara. Pero aparté su mano de un manotazo y volví a mi antigua posición.
No iba a hablar con él.
Ya déjame le espeté. Y como había estado llorando hace poco, la voz se me quebró. Me odié por eso.
Annie volvió a insistir.
Vete de aquí, Bill lalargué la mano hasta alcanzar la radio y le di al botón de apagado. Pude notar el silencio que había en el lugar.
¿Podemos hablar? Por favor quiero explicarte lo... lo corté.
Quiero estar sola.
Sólo dame unos segundos...
No respondí cortante.
Sólo unos segundos... Sólo eso volvió a coger mi cara con una de sus manos. Pero yo la volví a apartar bruscamente.
Y hazme el favor de no tocarme Bill suspiró. Pero ese suspiro habia sido más bien un suspiro lastimoso.
Dame la oportuni...
No.
Déjame que te lo ex...
No.
Por
No.
Per
No.
Annie.
No.
Escúchame.
No quiero escucharte —le espeté. Entonces, él me cogió por los hombros y me empujó, de tal manera que mi espalda quedara contra la pared, de la cual yo no estaba afirmada. El movimiento no había sido brusco, pero no me había gustado.
Annie, se lo voy a decir a Kattie ¡¿qué?! ¿después de que la besaba?, ¿después de haberle quitado lo más sagrado que tiene una mujer? ¿acaso pensaba decirle que la había engañado conmigo? Imposible.
¡No! lo grité, apartándolo de un empujón. Me levanté de golpe, poniéndome de pie. Y sin tan siquiera mirarlo, le espeté: ni se te ocurra, Bill.
Es por nosotros habló poniéndose de pie, quedando a mi altura.
¿Qué nosotros, Bill? El nosotros ya no existe. Eres tú y yo, ¿está claro? —dije apuntándolo y apuntándome respectivamente.
Lo siento.
No tienes nada que sentir, Bill. A quien le tienes que pedir disculpas es a Kattie. A ella es a quien le pusiste los cuernos, no a mi. Ella es tu novia dije con el mismo tono de voz, mientras sentía que el pecho se me apretaba y los ojos se me nublaban.
Pero yo te quiero a ti.
¡No! Tú no... por primera vez en toda la conversación él fue quien me cortó.
Se lo diré, Annie. Ya lo pensé.
¡¿Qué?! No, no, no. Eres una mierda, Bill. Le quitas lo más sagrado que tiene, haces que ella te quiera ¿y luego le vas a decir que estuviste conmigo? ¿dónde quedó ese Bill que pensaba con la cabeza? ¿Eh? No pareces tú.
Entonces...
Entonces no le vas a decir nada. Vas a seguir con ella como siempre Dios, quería salir de allí. Sentía que ya iba a llorar. Y no quería hacerlo.
No puedo. No la quiero.
Tendrás que aprender a hacerlo lo miré. Y sus ojos me atraparon al instante. No me gustó su expresión, no me gustó interpretar lo que sus ojos decían. Sentía algo en el estomago y un fuerte dolor en el pecho, me vi obligada a apartar la vista —tienes que hacerla feliz solté antes de echarme a correr hacia la salida
¡Annie! no le hice caso. No iba a caer... No.

Rodeé la casa hacia el lado derecho y tuve que saltar y agacharme un par de veces entre la hierba para poder adentrarme aún más en el bosque.
No quería saber de nadie. No quería más. Quería que esto terminara de una vez...
Los ojos me escocían y odiaba la molesta sensación que tenía en el pecho. Era como si alguien estuviese apretándome algo allí dentro, quitándome la respiración y provocándome dolor. No me gustaba para nada.
Me detuve en cuanto me di cuenta de que no sabía donde estaba, veía todo borroso producto de las lágrimas que se acumulaban en mis ojos. Por suerte había corrido sólo en línea recta, así que sabría como llegar a la cabaña. Hice una línea en el suelo con el zapato y la remarqué más en un extremo. Listo. Así no estaría perdida.
Caminé hacia uno de los árboles y apoyando mi espalda en el tronco de este, me deslicé, dejándome caer hasta que quedé sentada en el suelo.
Estaba cansada.
Respiraba agitadamente y sentía como si el corazón se me fuese a salir del pecho en cualquier momento.
Doblé las piernas y apoyé mi cabeza sobre las rodillas. Estrujé la hierba con mis manos mientras me mordía el labio inferior, intentando no llorar. Pero todo intento fue nulo, ya que segundos después las lágrimas comenzaron a caer y mi cuerpo comenzó a temblar inconscientemente.
Que mierda de vida.
Todo era una puta mierda.
Odiaba el dolor.
Odiaba lo que estaba sintiendo.
Me odiaba.
Me asqueaba a mi misma por no haberme dado cuenta antes de lo que Bill sentía por mi. Y aún más importante, de lo que yo sentía por él ¿cómo es que todos lo sabían excepto yo? Soy estúpida, lo sé. Había sido algo tan obvio cuando me cogía de la mano y entrelazábamos nuestros dedos, por ejemplo... Ningunos amigos normales hacen eso. A no ser que sean algo más que amigos o que uno de los dos sienta algo más que amistad por el otro. Que gran mierda.
Soy una torpe, lo sé.
No me merezco a Bill.
Pero Kattie... ella también lo quiere.
Ojala Bill no hiciera lo que quería hacer. Yo no quería que Kattie sufriera por culpa de Bill. Con una sola persona ya bastaba y esa persona prefería ser yo antes que ella. Prefería su felicidad antes que la mía
Pero ¿Y si estaba siendo demasiado buena?
No, no. claro que no. Si tu haces cosas buenas se te devuelven cosas buenas. Yo no hacía esto para recibir una recompensa, claro que no. Lo hacía para que ella estuviese bien. A lo mejor, un día se cansaba de Bill, lo dejaba de querer y...
Pff ¿Pero que pienso? Cada día me convenzo más de que estoy mal de la cabeza.
Abracé mis piernas con los brazos.
Sentí el móvil vibrar en mi bolsillo, pero lo ignoré por completo.
Intenté detener el llanto pero se me hacía imposible.
¿Tanto quería a Bill en realidad?
Pues si. Incluso, creo que era algo más que querer. Yo lo amaba con mi vida. Pero me había dado cuenta demasiado tarde de eso y ahora no se podía hacer nada.
Porque solo yo lo puedo arruinar todo.
Poco observadora. Nunca creí que eso me afectaría.
No sé ver los sentimientos en los demás. Quizás solo pienso en mi y sólo en mi.
Todo lo que pienso se basa en suposiciones. En realidad, no puedo ver en los ojos de las personas si están tristes o felices. Porque siempre tengo la cabeza en otra parte.
Soy estúpida.
Como me hubiese gustado que Bill hubiese aparecido de la nada a consolarme. Pero por otra parte, no.
Aunque eso no iba a pasar.

Luego de un largo rato, cuando ya estaba por oscurecer, dejé de lamentarme y me concentré en pensar en otra cosa. Cualquier bobada, cualquier, estupidez que se me viniera a la cabeza.
Ya no tenía ganas de llorar. Las ganas se habían esfumado por completo.
Pero me dolía la cabeza, la cara me ardía... Y tenía hambre y mucho sueño. No podía evitar volver a pensar en el tema de Bill. Pero las lágrimas ya no salían.
Me levanté, sacudí mis pantalones y comencé a caminar en dirección a la caseta.
Busqué el teléfono con el fin de saber que hora era. Pero mis ojos se fueron a la parte inferior, donde marcaba que había un montó de llamadas perdidas y mensajes. Muchos, muchos mensajes. Me estremecí.... todo eran de Bill.
Abrí el primer mensaje. Cuidé de que no fuese el último que había llegado y lo leí.
Tampoco me iba a quedar con la duda de saber que decían aunque tenía unas enormes ganas de eliminarlos.
Fijé la vista en la pantalla, mientras seguía caminando en línea recta.

¿Dónde estás?.

Sólo decía eso. Lo cerré y fui al siguiente.

Oye, me tienes preocupado.

Oh, si, claro.
Y el siguiente

Annie, contéstame el móvil

Si, seguro lo haré Bill...

Me enojaré contigo si no contestas

¿Y ahora vienes con eso? Las chicas hacen ese tipo de comentarios, idiota.

Ok. No me puedo enojar contigo... por favor.

Quizás podamos hablar mejor las cosas. ¿Dónde estás?, ¿Porqué no me contestas?

Perdóname

No.

Yo no quería hacerlo pero es que ella fue un impulso. No quería.

Dícelo a alguien que te crea. Te va a crecer la nariz como pinocho, mentiroso.

Anne Grete Schwarz, TE AMO.

Oh, Bill se acordaba de mi -odiado- segundo nombre. Eso me sorprendió bastante. Pero más me sorprendió que me hubiese escrito TE AMO.

TE AMO.

TE AMO.

TE AMO.

Oye, te amo más que todo en el mundo

Me tomó un momento analizar la frase y comprender el significado, mi cerebro andaba mas que lento en ese momento.
Era como él típico: te amo más que a nada en el mundo. Pero dicho de la forma correcta.
Aunque incorrecta si sacábamos las cuentas de que Bill NO me tenía que amar.

Contéstame.

Por favor, Annie. Dime dónde estás.

Me voy de la cabaña, estaré en mi casa, ¿si? Por favor ven.

Oh, claro. Y yo iba a ir a su casa luego de eso. Claro que no.

Perdóname

Si quieres no se lo digo a Kattie. Pero es que quiero estar contigo.

Él no podía hacer eso...

Annie, yo te amo a ti y solo a ti.

Ya estoy en mi casa... Vuelve, me tienes preocupado.

¿Tienes idea de cuanto rato te estuve buscando en el bosque? Iré a tu casa.

Perdóname

Contesta mis llamadas

Hablemos, ¿si?

Me estoy desesperando ¿donde estás?

Estamos todos muy preocupados por ti

¿Todos preocupados por mi? ¿Qué? ¿Acaso Bill se las había dado de chismoso y le había dicho a todos que no sabía donde estaba? Estupendo, fantástico, genial... Ahora mi madre me iba a preguntar donde había estado. Y yo no iba a poder mentirle diciéndole que había estado con Bill. Que gran mierda. Este, definitivamente, era uno de los peores días de mi vida. Al parecer todas las cosas malas venían juntas y de sopetón.
Decidí dejar de pensar y abrí el siguiente mensaje. El último:

Annie, aclaremos las cosas. Déjame explicarte, busquemos una solución. Por favor.

¿Aclarar las cosas? A mi ya me parecían bastante claras. No había que darle más vueltas al asunto. Simplemente había que dejar las cosas como estaban y ya.
Lo dejaría de ver, lo dejaría de buscar, ya no le hablaría, haría como si él no existiera para mi. Dicen que el tiempo lo cura todo, ¿no?

Llegué a la casita minutos después, pensando en mis cosas. En que podía hacer para solucionar todo. Pero no tenía respuesta, no había nada que hacer. Tenía que dejar las cosas como estaban y ya.
Al menos Bill me amaba... aunque no debía hacerlo. Dios. Esto iba de mal en peor. Aunque, Dylan ya estaba fuera de mis problemas y... Esperen. Dylan no estaba fuera de mis problemas. Él se iba a vengar de Chels. O quizás no. Dylan era un cobarde pero... a lo mejor, posiblemente era peligroso. Entonces iba y le hacía algo a la novia de mi hermano. ¿Quien sabe?, él tenía amigos y podían...
Me quité esa idea rápidamente de la cabeza.
Comencé a caminar agachada entre la hierba para poder volver a la carretera y tomar un autobús que me llevara a la ciudad. Tenía que volver a casa. Mi mamá era tan exagerada y paranoica que si no llegaba pronto llamaba a policía, bomberos y ambulancia. Ah, también rescate aéreo y todo. Y con Bill "ayudando" de esta manera, pues... las situación no mejoraba mucho que digamos.
Simplemente llegaría y me acostaría a dormir. Nada más.
Él móvil me vibró otra vez en el bolsillo, me estaba poniendo nerviosa ¿Es que ese chico no se iba a cansar nunca?
Lo saqué del bolsillo, en cuanto estuve en la carretera, y le di al botón rojo para apagarlo. Listo. Problema resuelto, al menos por ahora.
Me subí en el primer autobús que vi pasar y avancé por el estrecho pasillo hasta el último asiento, donde me dejé caer del lado de la ventana.
El viaje se me hizo eterno. Pero me entretuve mirando a la gente y el paisaje que pasaba rápidamente por la ventana. No quería ponerme a pensar nuevamente en los problemas, no era plan de echarme a llorar en pleno autobús, claro que no después la gente se me quedaba mirando y todo. Mi principal centro de atención en ese momento, era un chico que iba de pie unos pasos más adelante. Él chico no dejaba de mirarme y no era nada feo. A decir verdad Era hermoso. Pero no tanto como Bill. ¿Pero que mierda pienso? A lo que iba... el chico tenía el cabello castaño claro, de podría decir que rubio oscuro y sus ojos verdes resaltaban en su piel tostada. Era bastante guapo. Y estaba en una pose chula, o sexy, sujeto de dos asientos y conversando con dos chicas a las cuales no les podía ver las caras. Sus miradas no pasaban desapercibidas Y si me hubiese ocurrido eso en otro momento, hubiese estado de ataque y colorada a más no poder. Pero ahora, justo ahora, estaba de lo más tranquila y con la cabeza en otro lado. Por lo que le aguanté la mirada durante todo el viaje.
Me bajé en la esquina de los Kaulitz. Allí era donde me debía bajar para ir a casa, ya que no tenía otro lugar para llegar. Si o si tenía que pasar frente a esa casa.
Apuré el paso cuando pasé frente a la casa, ni siquiera le dirigí una mirada. Intenté que nadie me viese. El corazón me latía fuertemente.
Me relajé al pasar de zona de peligro a la casa siguiente. Nadie me había visto. Qué suerte...
¡PAF!
Pegé un salto del susto al escuchar ese ruido. Había sido un portazo, demasiado fuerte. Algo me dio mala impresión y apuré aún más el paso. Comencé a trotar... ojala no fuese lo que suponía que era.
¡Annie! gritó él desde atrás. Como lo imaginaba.
Ay, no.







Rette mich /Capítulo 26






CAPITULO 26

¿Qué? ¿y ahora, después de todo esto, se lo quería decir a Kattie?
No. No se lo podía decir... Le iba a romper el corazón, ella lo quería. Y yo había visto su cara de felicidad cuando me había contado lo que había pasado entre ellos dos ese día.
Bill no podía llegar y decirle "eh, oye, te puse los cuernos con Anne, en realidad no te quiero, la quiero a ella y lo de ayer fue sólo una calentura" Pff.
¿Aunque... quien me aseguraba que fuera así? A lo mejor Bill ni me quería y se lo iba a decir porque se sentía culpable... y tenía planeado seguir con ella.
Que poco hombre.
Que estúpido.
Oh, no. Corrección. Aquí la estúpida era yo.
Dios, dios dios. Este se que era un lío. Pero de los grandes.
Me saqué el móvil del bolsillo y comencé a buscar un número en la agenda. Estaba casi de los primeros.
Le di al botón verde y me acerqué el móvil al oído.
Y luego de tres largos segundos contestó.
¿Andreas? pregunté rápidamente.
¿Qué pasa, Anne?
¿Ya estás donde los Kaulitz?
No me contestó voy hacia allí, ¿por...?
Necesito que llegues lo más rápido que puedas y me hagas un favor.
Vale contestó luego de un par de segundos.
Quiero que impidas que Bill hable con Kattie y le cuente todo. Creo que sabes a lo que me refiero sentí un pequeño ruido del otro lado de la línea, como una afirmación o algo así y... habla con él y dile que se pudra, que siga con Kattie y no me vuelva a hablar en su puta vida casi acabé gritando.
Hey, pero no te desesperes.
Estoy tranquila. Por favor haz lo que te pedí, no quiero que Bill dañe a Kattie, ¿si? Por favor.
Vale.
Gracias corté.
Ok. Todo hecho. Con eso me quitaba un peso enorme de encima. Pero ese peso que me quitaba no era ni una milésima parte de lo que tenía que quitar.
Pff.
Respiré hondo un par de veces, mientras me acercaba a la parada de autobuses. Tenía que irme de aquí, ya no aguantaba estar entre casas, edificios, gente... No me gustaba y me estaba agobiando.
Me quité el abrigo y me lo colgué en el brazo.
Incluso me costaba tomar aire. Odiaba cuando eso me pasaba. De cierta manera me sentía claustrofíbica. Y me convertía en un cáos total. No quería que eso me pasara ahora.
Me subí a al primer autobús que había, el que salía por el norte de la ciudad. Ese era el que necesitaba.
Pagué el pasaje de anticipado y me senté en el primer asiento disponible, no sin antes abrir la ventana.
Y luego de estar detenidos alrededor de cinco minutos más, recogiendo pasajeros, el autobús comenzó a andar... Por fin.
Tenía que escaparme del mundo.
Ya no quería saber de nada.
Me dolía la cabeza, y los ojos me ardían, pero no tenía ganas de llorar. Además, sentía que la cara me iba a explotar. Las mejillas me escocían debido a las lágrimas... era terrible.
Una vibración en mi bolsillo me hizo pegar un salto. La señora que iba a mi lado se me quedó mirando y yo, devolviéndole una mirada asesina, saqué el móvil de mi bolsillo para seguidamente mirar la pantalla:
Bill.
Me estaba llamando.
¿Y este no se cansaba? ¿qué mierda hacía llamándome?
Hice lo mismo que la vez anterior. Le di al botón rojo con fuerza hasta que vi como la pantalla del móvil se apagaba. Lo volví a meter en mi bolsillo e intenté concentrarme en otra cosa que no fuese Bill.
Pero lamentablemente, la otra cosa importante andaba dentro de mi cabeza.
Y si no era Bill, era esa otra cosa: Dylan.
¿Cómo supo que había sido Chels quien me había informado sobre el tema?
No recordaba las exactas palabras de Dylan.
Pero tenía que advertirle a Chels lo que él me había dicho. Ella se las iba a pagar. Dylan podía hacer cualquier cosa, eso era más que seguro. No era de fiar. Al menos no para mi.

Me bajé del autobús a las afueras de la ciudad.
El viento traspazó la tela de mi camiseta y me hizo temblar. Hacía frío...
Me puse la chaqueta, aunque no la abroché. Me sentía incómoda.
El gélido viento me relajó mientras comenzaba a caminar hacia el interior del bosque. El rostro ya no me ardía tanto y me sentía fresca. Era un gran alivio, una sensación difícil de describir.
De cierto modo, me sentía libre. Lo mejor del mundo. Definitivamente mil veces mejor que asomarme a la ventana de mi habitación, cosa que hacía cuando me sentía atrapada, como en ese momento.
Esto si que me aliviaba.
Intenté no pensar. Aunque era imposible, claro...
Pero me concentraba en el viento, en el olor de la hierba, de los árboles, en la frescura que había en ese lugar... En lo hermoso que podía percibir a través de mis sentidos. Me encantaba.
Llené mis pulmones de aire, lo retuve dentro. Y luego lo dejé salir por mi boca.
Dios, que alivio.
Aire puro, aire sin humo, sin contaminación.
Sentí mis dedos congelados. Me estaba congelando.
Aparté una rama, para no chocar con ella y, en un acto totalmente torpe, choqué el pie con una raíz y caí al suelo. Me pasaba seguido, en el mismo lugar, con la misma raíz enorme y vieja, así que no me sorprendí. Las manos se me llenaron de tierra, por suerte el suelo no estaba tan húmedo como la vez anterior... Así no le tendría que dar una explicación a mi madre de porqué estaba así de sucia, ni tendría que mentir diciendo que me había caído en un parque. Y justamente manchándome las dos rodillas y las dos manos con lodo. El lodo que casi no existía dentro de la ciudad.
Me puse de pie y caminé a paso rápido, y esta vez fijándome muy bien, hasta que la pequeña selva terminó.
Me sacudí el pantalón con la parte superior de las manos, para no arruinarlo más de lo que estaba, y luego me limpié las manos en un árbol cercano. Igual, más limpias no iban a quedar.
Miré la vieja casa que se extendía ante mis ojos.
Debería tener al menos unos cien años. Era una verdadera antigüedad.
Simplemente era de madera. Y pequeña, se veía como un pequeño paraíso entremedio del bosque. Las ventanas estaban intactas, los vidrios sucios, claro, pero no estaban rotos... bueno, había sólo uno en la que se suponía era la cocina. Las enredaderas, que se llenaban de flores color blanco en primavera, crecían a un costado de la casa, cubriéndola casi hasta la mitad. Eso era lo que más me gustaba del lugar.
La casa no era de un color en específico. Sólo se podía apreciar la madera sin rastro de pintura, ya reseca... Y un techo del mismo material. Y bastante bien echo, ya que casi no tenía goteras.
Me apresuré en llegar a la puerta.
La abrí y entré dentro como si se tratase de mi propia casa
La luz entraba por la ventana e iluminaba toda la habitación, pues la casa era de sola una habitación.
Una vez dentro, cerré la puerta con cuidado y el silencio que había allí dentro se hizo notar al escuchar fuertemente como la puerta se deslizaba hasta quedar completamente cerrada.
Por dentro la caseta era simple.
Al lado derecho de la habitación, bajo una ventana, había una mesa de madera, igual o más vieja que la casa, con un mantel de cuadros rojos y blancos encima. Lo había traído una vez aquí, para comer con Bill hace años. Aunque ya estaba lleno de polvo y el blanco ya no estaba tan blanco. A ambos lados de la mesa habían dos sillas. Eran de madera y mimbre. Habrían sido bastante lindas en su época.
Luego de la mesa, había un pequeña estufa de fierro, o lo que fuera...
Y nada más en el lado derecho.
Del izquierdo había un pequeño mueble con una radio a pilas encima de él. Bill y yo la habíamos traído. Y sobre la radio un disco con una sola canción, una canción de los chicos.
De Tokio Hotel.
Que por cierto, el primer single estaba a punto de salir. Y estaba segura de que sería un gran éxito. Los chicos serían exitosos, muy exitosos.
Suspiré.
En un rincón de la habitación, habían unas cuantas hojas y una par de lápices.
También debo mencionar que las paredes estaban llenas de rayas y escrituras nuestras.
Digo, de Bill y yo.
Porque este era nuestro lugar secreto.
Aunque no tan secreto, porque Tom también lo conocía. Pero él nunca se pasaba por aquí.
Caminé con cuidado hacia donde estaba la radio. La encendí y busqué alguna estación que tuviera buena música. Como no me gustó ninguna y ya me comenzaba a aburrir, la dejé en la que estaba. Por lo menos así ya no sentiría rugir las tablas del piso. Suspiré y me dejé caer con la espalda apoyada en la pared, a un lado de la radio. Entonces, los pensamientos volvieron. Las palabras de Kattie se me vinieron a la cabeza. Bill me quería. Él me había querido, y yo como una estúpida no me había dado cuenta de ello. Y es que en el mundo no existía alguien peor que yo… ¿Cómo me había podido pasar esto? Tenía la impresión que todo se me había escapado de las manos…
Si tan solo él me lo hubiese dicho.
Uff, ahora que recordaba... todo había sido tan claro...
Bill me lo había estado diciendo todo este tiempo con la mirada, con sus acciones. Yo siempre había pensado que él se comportaba así conmigo porque me quería mucho, como mejor amiga, como a una hermana. Nunca había caído en la cuenta de que ningún otro amigo, ni siquiera Tom, se comportaba así. Y Bill  tampoco hacía con sus otras amigas lo que hacía conmigo.
Soy tan tonta... en extremo.
Y había estado semanas hablándole a Bill lo mucho que quería, amaba y deseaba a Dylan antes de empezar a salir con él. Y luego... luego le contaba todo lo que pasaba en nuestras citas y lo hermoso que era en ese momento. Bill se debió haber sentido muy mal.
Pero de seguro no tan mal como yo me sentí cuando me enteré de que se había acostado con Kattie... era su novia, si, pero estaba saliendo conmigo también.
Pegue un salto y subí la mirada al instante. La puerta se abrió de golpe y alguien entró por la puerta…
Oh, no.
¿Y él que hacía aquí?
¿Cómo mierda había llegado tan rápido?
¿O es que el tiempo se me había pasado rápido y yo sin darme cuenta?
Iba a entrar en pánico.
Sus ojos se clavaron en mi en ese momento. No me sentí bien. Tenía la impresión de que él me atravesaba con la mirada y no me gustaba.

27 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 25




CAPITULO 25

¿Anne? abrí los ojos al instante. Pero me vi obligada a cerrarlos nuevamente tras ver el rostro de quien me miraba desde arriba. Me ardían los ojos al abrirlos.
¿Qué haces aquí, Andreas? le pregunté llevándome el brazo a los ojos para cubrirlos. Si, seguía en esa puta banca. Por fin había dejado de llorar y estaba segura de que tenía un aspecto horrible.
Estás frente a mi casa dijo como si fuese lo más obvio del mundo. Oh, ¿cómo no me había dado cuenta antes de que estaba en el parque que quedaba frente a la casa de mi querido Andreas? Que estúpida. Incluso de eso no me daba cuenta. Era un desastre ¿qué te pasó? me preguntó. Yo no contesté, no estaba para hablar de eso. Ya que si lo hacía, me iba a echar a llorar nuevamente a ver,  déjame un espacio —me levantó la cabeza haciendo fuerza, y se sentó en la banca, para luego volver a poner mi cabeza sobre sus piernas. Así se estaba mucho más cómoda. Aunque las piernas de Andreas no eran unas muy buenas almohadas ¿me vas a contar lo que pasó? —me quitó el brazo de los ojos.
No —contesté tajante, llevándome el brazo nuevamente a los ojos.
Eh, no te las agarres conmigo, que yo no hice nada… ¿o me equivoco?
No, tú no fuiste, estúpido —tenía que descargarme con alguien. No quería que Andreas sufriera las consecuencias y aunque fuera injusto, no me podía aguantar.
—Pero no me trates así hizo una pausa ¿estabas llorando?
Eso no te importa él volvió a quitarme la mano de los ojos.
Si me importa, Anne. Somos amigos, yo te quiero.
Pues últimamente no me va nada bien con la gente que se supone que me quiere —solté.
Oye, yo te quiero de verdad. ¿Qué pasó? puedo ayudarte negué con la cabeza, aún con los ojos cerrados.
Tengo un lío en la cabeza… No puedo más suspiré ¿sabes? —solté de repente no se lo digas a nadie...
A nadie, lo prometo —levanté la mano, haciéndola puño, solo con el dedo meñique levantado. Él juntó su dedo con el mío promesa.
No estaba segura de lo que iba a hacer. Pero lo haría.
Me gusta Bill —la voz me tembló al pronunciar su nombre y me entraron ganas de llorar. Andreas no dijo nada, supuse que se había quedado asombrado ante mi declaración me gusta desde hace tiempo ¿Pero sabes que es lo peor? —me detuve por un momento para coger aire. Andreas siguió sin decir nada —lo peor es que él estuvo con Kattie haciendo…  me detuve. Suspire, él entendería sólo. No quería decirlo, me daba repulsión, asco, y ganas de llorar me había dicho que me quería. Estábamos juntos.
¡¿Juntos?! ¿Y Kattie?
Shht —sentí las lágrimas en mis ojos —no era mi intención hacerle eso a Kattie, ni a Dylan. Me siento culpable, Andreas.
¿Y ese es el problema?
Bill me había dicho que me quería.
Pero tú estabas con Dylan.
Iba a cortar con él.
Oh dijo simplemente.
Dylan se droga. Me roba cosas para vender y gastar el dinero en drogas. Quiero dejarlo.
¿Qué? preguntó asombrado.
Si, él perfecto Dylan no era tan perfecto al fin y al cavo suspiré intentando retener las lágrimas nuevamente no puedo creer que Bill me haya hecho esto.
Se acostó con Kattie afirmó.
Ni siquiera lo menciones me apresuré en decir con voz ruda.  Bill es un estúpido.
No, Anne… Tú hiciste mal.
Lo sé, lo sé abrí los ojos de golpe y una lágrima rodó por mi cien hasta llegar a mi cabello. Andreas me miraba acusadoramente, como si fuese la persona más malvada del planeta si, soy una mierda de persona. Lo sé, Andreas.
No eres una mierda su voz sonó dulce es bueno que reconozcas que hiciste mal ¿Sabes por qué?  Se calló un momento, esperando a que yo contestara.
¿Por qué?
Porqué todo tiene solución.
Andreas… es que tú, tú lo sabías, ¿verdad? Sabías que yo le gustaba a Bill antes de estar con Kattie.
Entonces, en ese momento escuché el sonido de una canción. Jamás la había escuchado y era extraña.
Andreas se metió la mano en el bolsillo del pantalón y de allí sacó su móvil. Yo me levanté al instante, dejando los pies en el suelo, y quedando sentada a su lado. Me volví a pasar la mano por los ojos.
¿Hola?... ¿Qué si sé donde está Anne? me miró. Yo abrí los ojos como platos y negué con la cabeza rápidamente no, no lo sé me sentí aliviada. Suspiré, mientras Andreas estaba callado escuchando como alguien le hablaba del otro lado de la línea. Seguramente ese alguien era Bill Ah, no lo sé. Vale… Si. Nos vemos cortó y me volvió a mirar.
¿Qué? le pregunté.
Me voy a casa de Bill.
Bufé. A casa de Bill. ¡argh! ¿Es que tampoco quería que yo tuviese un apoyo? Pero claro, Andreas era su mejor amigo. Y si Bill le decía a Andreas, ven, él, como una puto muñeco le hacía caso.
Perfecto.
Bien, vete con él le espeté, para seguidamente levantarme del banco y comenzar a caminar.
¡Pero, Anne…!, No te puedes enojar por eso dijo desde atrás. Me di media vuelta y levanté el dedo del corazón, mientras lo asesinaba con la mirada.
Me volví a voltear ante la mirada de incredulidad de Andreas y seguí caminando.
Me metí las manos en los bolsillos. ¿Y ahora qué se suponía que haría? ¿conectarme y esperar a que Alex se conectara? No. Seguro me iba a dar uno de sus sermones-consejos. Además, ella estaba muy ocupada con sus problemas familiares y yo no quería que ella se enterara de los míos, con los suyos ya era más que suficiente.
Pero también podría escribir en mi diario No. No tenía ganas, no quería.
¡Anne, amor! gritó alguien detrás de mi. Esa voz creí que hoy no te vería.
Puse los ojos en blanco y me volteé a mirarlo. Dylan corría hacia mi. Me cogió de los hombros y me acercó a su cara para besarle, pero yo me alejé de él, dándole un empujón.
Suéltame la sonrisa que él traía en el rostro se le borró al instante.
¿Qué pasa?
Esto pasa le crucé la cara de un manotazo. Sentía tal rabia, que estaba segura, que fuese quien fuese el que se me cruzara por delante iba a recibir un golpe. Aunque claro, él de Dylan había sido extremadamente fuerte, y se merecía ese y muchos más.
Él se llevó la mano a la mejilla y por un momento me arrepentí de haberlo golpeado. Aunque el arrepentimiento se me fue en cuando mi otra mano voló hacia su otra mejilla.
No quiero que me vuelvas a hablar en tu vida la voz me tembló al final de la frase.
Dylan me miró. Sus ojos destilaban odio y su cara comenzaba a tomar un color rojizo
Sentí un fuerte dolor en la mejilla y me vi obligada a retroceder un par de pasos. Me había golpeado.
Eres una mierda le espeté, tragándome las lágrimas. Me ardía la mejilla.
Quería ser bueno contigo, Anne.
Dylan, terminamos hice caso omiso a sus palabras y me di media vuelta, seguidamente comencé a caminar.
Pero su mano rodeó mi muñeca y me retuvo. No quise darme la vuelta, y comencé a hacer fuerza para soltarme.
Lo siento, lo siento lo escuché decir rápidamente ¿Por qué, Anne?
Porque eres un estúpido… te drogas Dylan aflojó su amarre, dándome la oportunidad de soltarme y me robas. Vete a la mierda.
¿Quién te lo ha dicho? acababa de confirmar todo.
No le contesté y comencé a caminar a paso rápido.
Trabajo hecho.
Dile a Chels que me las va a pagar Oh, sí, claro.
No dije nada. Simplemente, me limité a seguir caminando mientras sentía como los ojos se me humedecían nuevamente y él pecho me dolía horrores.
Me costaba respirar. Necesitaba a Bill. Si, necesitaba a ese estúpido que me había mentido.
Soy un fracaso.
Inconscientemente saqué el móvil de mi bolsillo. Y en el momento en que me di cuenta de lo que estaba haciendo, ya lo tenía encendido y todo,
Pude leer en la pantalla:
24 llamadas perdidas.
Y todas eran de Bill.
Bufé. O es que este chico era tonto o quería seguir haciéndome sentir mal.
Me volví a pasar la mano por los ojos. Entonces, en ese momento el móvil me vibró en la mano. Miré la pequeña pantalla, pero no me estaban llamando. Había sido un mensaje. Lo abrí.

Se lo diré a Kattie. Por favor, ven.