CAPITULO 29
El siguiente día desperté a la cinco de la mañana. No había podido dormir casi nada, puesto a que había despertado a la mitad de un sueño que no quería continuar.
Las emociones sentidas en el sueño aún eran bastante recientes y aún podía sentirlo como su hubiese ocurrido de verdad.
Aunque sólo podía recordaba una parte el sueño, no me gustaba.
Yo corría... y estaba llorando. No me sentía bien, alguien me había dañado. A mi lado había una fila de chicos, podía ver sus rostros borrosos debido a las lágrimas, a medida que pasaba a su lado.
Hasta que llegué al final de la fila.
Pude ver a Bill Caminando como esos chicos, entrando en el mismo lugar del que yo salía. Él me miró.
—¿Qué te pasa? —me preguntó al pasar por su lado. Entonces yo estiré los brazos y me lancé a él para abrazarlo.
Él me rodeó con sus brazos, y yo escondí mi cabeza en su pecho, apretando los puños en su camiseta Comencé a sollozar mas fuertemente.
—No entre allí...
Y ese fue el momento en el que desperté.
El sol aún no aparecía, por lo que estaba oscuro. En cualquier otra ocasión habría dormido al menos una hora mas. Pero no tenía ni una pizca de sueño, es más, quería levantarme de una vez, me sentía atrapada y tenía la enorme necesidad de salir de casa, o por lo menos abrir la ventana.
Y eso hice. Como estaba medio enredada con las sabanas, me bajé con ellas de la cama y me las quité, para luego ir hacia la ventana, correr la cortina y abrirla.
Luego me dirirgí al armario, tomé ropa, no me importó cual, busqué un par de toallas y entré en el baño.
Me quité la ropa rápidamente y seguidamente abrí el grifo de agua caliente... y me metí dentro. Casi me voy de cabeza al hacerlo, pero logré mantener el equilibrio.
Una vez terminé, me enrollen en una toalla, me sequé el cabello, me vestí, peiné, maquillé un poco y luego salí del baño con las toallas húmedas y el pijama hechos una bola.
Los lancé sobre la cama, y seguidamente me dirigí al escritorio. Busqué los cuadernos de las materias que tenía para ese día y los metí en la mochila.
Miré la hora. Recién las cinco y treinta.
No me importó. Me colgué la mochila al hombro y bajé las escaleras con cuidado de no despertar a nadie.
Me fui a la cocina, cogí una manzana y un yoguth, y luego salí de casa.
Si que hacía frío. Y es que el invierno y las épocas navideñas se acercaban. Probablemente la primera nevada del invierno sería pronto.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me abracé a mi misma y tras respirar profundo un par de veces, helándome los pulmones, comencé a caminar.
Tenía tiempo de más para irme caminando a la escuela. Y sería relajante. Me serviría para pensar las cosas. O simplemente para acordarme de Bill y hacerme daño a mi misma.
Entré en la sala de clases, había llegado al final de todos, pero había alcanzado a llegar. Si que me demoraba caminando, dios... Y eso que no me gustaba caminar sola. Me estaba convirtiendo en un manojo de contradicciones, en una bruta con patas, en una de esas chicas que actúan como chico. Justo como no me gustaba que fuera la gente.
Le dirigí una mirada a toda la sala de clases en general, Kattie y Bill hablaban, fueron los únicos a los que les presté verdadera atención.
Bill me miró directamente a los ojos durante unos instantes, pero yo aparté la vista rápidamente No me gustaba esto.
Me dirigí a mi asiento, me senté, dejando la mochila fuertemente sobre la mesa y me crucé de brazos a esperar a que la clase comenzara.
No estaba de buen humor y algo me decía que el resto de día que me quedaba no sería nada bueno.
Aunque sólo podía recordaba una parte el sueño, no me gustaba.
Yo corría... y estaba llorando. No me sentía bien, alguien me había dañado. A mi lado había una fila de chicos, podía ver sus rostros borrosos debido a las lágrimas, a medida que pasaba a su lado.
Hasta que llegué al final de la fila.
Pude ver a Bill Caminando como esos chicos, entrando en el mismo lugar del que yo salía. Él me miró.
—¿Qué te pasa? —me preguntó al pasar por su lado. Entonces yo estiré los brazos y me lancé a él para abrazarlo.
Él me rodeó con sus brazos, y yo escondí mi cabeza en su pecho, apretando los puños en su camiseta Comencé a sollozar mas fuertemente.
—No entre allí...
Y ese fue el momento en el que desperté.
El sol aún no aparecía, por lo que estaba oscuro. En cualquier otra ocasión habría dormido al menos una hora mas. Pero no tenía ni una pizca de sueño, es más, quería levantarme de una vez, me sentía atrapada y tenía la enorme necesidad de salir de casa, o por lo menos abrir la ventana.
Y eso hice. Como estaba medio enredada con las sabanas, me bajé con ellas de la cama y me las quité, para luego ir hacia la ventana, correr la cortina y abrirla.
Luego me dirirgí al armario, tomé ropa, no me importó cual, busqué un par de toallas y entré en el baño.
Me quité la ropa rápidamente y seguidamente abrí el grifo de agua caliente... y me metí dentro. Casi me voy de cabeza al hacerlo, pero logré mantener el equilibrio.
Una vez terminé, me enrollen en una toalla, me sequé el cabello, me vestí, peiné, maquillé un poco y luego salí del baño con las toallas húmedas y el pijama hechos una bola.
Los lancé sobre la cama, y seguidamente me dirigí al escritorio. Busqué los cuadernos de las materias que tenía para ese día y los metí en la mochila.
Miré la hora. Recién las cinco y treinta.
No me importó. Me colgué la mochila al hombro y bajé las escaleras con cuidado de no despertar a nadie.
Me fui a la cocina, cogí una manzana y un yoguth, y luego salí de casa.
Si que hacía frío. Y es que el invierno y las épocas navideñas se acercaban. Probablemente la primera nevada del invierno sería pronto.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo. Me abracé a mi misma y tras respirar profundo un par de veces, helándome los pulmones, comencé a caminar.
Tenía tiempo de más para irme caminando a la escuela. Y sería relajante. Me serviría para pensar las cosas. O simplemente para acordarme de Bill y hacerme daño a mi misma.
Entré en la sala de clases, había llegado al final de todos, pero había alcanzado a llegar. Si que me demoraba caminando, dios... Y eso que no me gustaba caminar sola. Me estaba convirtiendo en un manojo de contradicciones, en una bruta con patas, en una de esas chicas que actúan como chico. Justo como no me gustaba que fuera la gente.
Le dirigí una mirada a toda la sala de clases en general, Kattie y Bill hablaban, fueron los únicos a los que les presté verdadera atención.
Bill me miró directamente a los ojos durante unos instantes, pero yo aparté la vista rápidamente No me gustaba esto.
Me dirigí a mi asiento, me senté, dejando la mochila fuertemente sobre la mesa y me crucé de brazos a esperar a que la clase comenzara.
No estaba de buen humor y algo me decía que el resto de día que me quedaba no sería nada bueno.
Ese día, por raro que parezca, no hablé con nadie. No tenía ganas, y si no tenía ganas, no lo hacía.
Tenía algo a dentro que me decía que algo malo pasaba, tuve un raro presentimiento todo el tiempo, pero lo decidí ignorar... era completamente extraño No me había sentido así desde que mi abuela había muerto y... Nada. Iba a ser mejor olvidarme de eso. Seguramente estaba muy cansada por haberme despertado tan temprano y encima haber caminado hora y algo a la escuela. Sólo necesitaba llegar a casa. Y dormir.
Si, eso es lo que haría.
El día fue largo y casi agonizante. Jamás, repito, jamás un día me había parecido tan largo. Y lo peor era que todos parecían divertirse y burlarse de cómo me sentía. Todos reían conversaban con sus compañeros, como si nada hubiese pasado... Y claro, para ellos nada había pasado. Lo que más me molestaba era que me clavaran los ojos todo el tiempo, examinándome. Aunque agradecí a que nadie me hubiese preguntado que me pasaba. Porque estando como estaba, y encima con esa pregunta detonante, me iba a echar a llorar. Y no quería que me vieran llorar. Mucho menos Bill.
Por otra parte, me habría echo muy bien hablar con alguien. La cosa es que no quería, pero aún así, me sentí mal, puesto a que nadie se me acercó.
Soy un fracaso.
Y que decir de Bill... Estuvo pegado a Kattie todo el tiempo, aunque no con muy buena cara, debo decir. Seguramente tenía ganas de que ella lo soltara. Já, el se había metido en ese problema y le pasaba por estúpido. Además, nadie lo había obligado a...
Basta.
La cosa es que él me miró todo el tiempo, buscando mi mirada. Claramente, nuestras miradas se cruzaron en más de una ocasión, pero yo no se la podía sostener por más de dos segundos.
Y justo en el momento en que estaba que no daba mas de las ganas por salir corriendo de la sala de clases, el timbre sonó.
Un alivio inmenso me recorrió el cuerpo. Pero al instante me tensé... Y las manos me comenzaron a temblar. No me gustaba lo que me estaba pasando. Y como no tenía explicación, lo tenía que ignorar, ¿no?. Ya era suficiente lo que Bill me había hecho pasar, no quería más.
—Y recuerden, el jueves interrogación oral. Pueden retirarse —escuché decir al profesor entre los ruidos de sillas, mesas y algunos gritos.
¿Por qué mierda todos estaban felices? Ni que fuera año nuevo o algo así. No esperen... Son las competencias de aniversario. ¡Claro! ¿cómo lo había olvidado? Seguramente yo iba a ser la única aburrida que se va a casa y no a las actividades.
Guardé mis cuadernos y lápices en la mochila, rápidamente y luego me la colgué en el hombro.
Ya todos se habían ido, incluso Bill. Dejando todo tirado... que desesperados, Dios.
Salí de la sala de clases y giré a la derecha, para dirigirme a la salida.
—¡Anne! —me di la vuelta como acto reflejo y miré a Tom, este me miraba con una sonrisa, pero yo no pude devolvérsela.
—Hola —lo saludé. No lo había visto en todo el día. Él caminó un par d pasos hasta llegar a mi lado.
—¿No vas a las actividades?
—No. ¿Y tú? —pregunté al ver su mochila al hombro.
—Voy a casa a buscar mi guitarra. Tocaremos algo con Bill en el concurso de las bandas —me informó.
—Genial...
—Seguro ganamos —rió. Yo solo lo miré y torcí la boca hacia un lado.
—Si.
Y la conversación acabó. Me sentí cómoda estando así, con él a mi lado. De cierta forma, ya no me sentía tan débil como antes. Tenía a alguien, yo sabía que podía contar con Tom para lo que quisiera.
—¿Sabes que hoy no hay autobús de la escuela, verdad? —me preguntó. Oh, también lo había olvidado.
—Lo había olvidado.
—¿Vamos a tomar uno a la parada? —quedaba a unas tres calles, no estaba mal. Además, no tenía ganas de caminar más que tres calles... Con lo lenta que estaba yo el día de hoy.
—Vale.
Y nuevamente, nos quedamos en silencio...
Hasta que él decidió hablar nuevamente.
—Bill me contó lo que pasó
—Oh —me tensé por completo No quería hablar de eso...
—Bill te quiere —lo miré. Y me vi obligada a apartar la vista de él rápidamente. Lo había dicho en el mismo tono de voz de Bill, y por un momento me había parecido que era él. Aunque claro, la expresión de sus ojos era diferente a la de su hermano.
—Tom, no quiero hablar de eso.
—Es que... mírate Más triste no puedes estar, tu lo quieres, vamos —fui a decir algo, pero él me cortó —no me vengas a decir que lo que él hizo estaba mal y blablá, porque eso ya lo sé. Pero también sé que él se arrepiente, que no lo hizo queriendo. Todo el mundo se equivoca ¿Porqué no le das una oportunidad?
—Claro, y Bill te paga para dar discursos cursis, ¿no? —me apresuré en caminar, para adelantarlo y no seguir hablando con él. Me había enojado.
—Anne, Bill está igual o peor que tu —alzó un poco la voz —¿porqué no hablan y aclaran las cosas? Seguro se encuentran una solución y...
—No hay nada que hablar, ni solucionar. No tiene solución —entonces, Tom me cogió del brazo y me giró hasta quedar frente a él.
—Escucha, hay una parte de la historia que tú no sabes.
—Escucha, hay una parte de la historia que tú no sabes.
—¿Qué? —esperen, esperen ¿Una parte que no sabía? ¿En qué momento había pasado algo... o había hecho algo, o...? ¿Cómo es que había una parte de la historia que yo no sabía? Se suponía que era mi historia, con mis problemas, los cuales yo tenía que solucionar, desde mi criterio y mi punto de vista... Y si era así, bien se suponía que yo tenía que saber esa parte de la historia.
—Que hay algo que tu no sabes —volvió a repetir él.
—Si, ya escuché esa parte, Tom ¿Qué es lo que yo no sé? —Tom miró hacia ambos lados, a lo mejor viendo si alguien venía o algo así, pero no había nadie en toda la calle. Sólo se escuchaba el ruido de los coches al pasar... y nada más.
—Pues —Tom se calló al instante, al escuchar una leve musica proveniente del bolsillo de mi pantalón.
—Espera —le dije mientras soltaba mi muñeca y me metía la mano en el bolsillo para sacar el teléfono. Era mamá —¿hola? —dije en cuanto de di al botón verde.
—Anne, ven ahora mismo a casa —su voz no era para nada... Es decir, estaba muy... O es que Jamás la había escuchado hablar en ese tono. Definitivamente no me estaba retando.
—Si, estoy en camino, ¿qué pasa?
—Tu hermano no llegó anoche —oh, caro. Ya sabía a que venía esto.
—Oye, si piensas enviarme a mi a buscarlo, no creas que voy a...
—Hija —me cortó —nos tenemos que ir al hospital ahora mismo.
—¿Al hospital? ¿Qué pasó con Chris, mamá? —casi grité alarmada, mientras sentía que el corazón me comenzaba a andar rápido y una fea sensación recorría mi cuerpo.
—Un accidente.
—Voy rápido. Adiós —le dije, para luego despegarme el móvil de la oreja y darle al botón rojo. Miré a Tom, con todo el pánico acumulado —vamos —fue lo único que pude decir antes de echarme a correr hacia la parada.
—¡Hey, espera! —lo oí gritar tras de mi. Seguramente le costaba correr con esos gigantescos pantalones. Pero no me detuve. Era mi hermano, y seguramente estaba mal. Yo tenía que llegar al hospital en el menor tiempo posible, tenía que saber que le pasaba. Dios. Estaba más que preocupada, y tantas emociones juntas no eran nada bueno.
Algún día de estos iba a terminar loca.
Y repito. Demasiadas cosas en muy poco tiempo.
—¡Ann! —volvió a gritar. Entonces me detuve. Ya había llegado a la parada.
Metí la mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y saqué un par de monedas, mientras veía como Tom se acercaba caminando. No me servía de nada correr si un autobús no llegaba. Que estúpida.
—¿Qué pasó? —me preguntó en cuanto estuvo a mi lado, con la respiración entrecortada.
—Chris. Algo le pasó, está mal. Tengo que irme a casa ahora mismo, para después ir al hospital —desvié la vista hacia otro lado, rogando internamente que no fuese tan terrible el accidente
No tenía idea de qué mierda era lo que le había pasado, pero había pasado de todas manera. Y ojala que ese algo no fuese grave.
—¿Qué le pasó?
—Un accidente, o algo así me dijo mamá —intenté dejar de mover el pie, pero estaba demasiado nerviosa
—Ya deja eso —soltó Tom, cogiéndome una mano. Entonces me di cuenta de que estaba estrujando una de las tiras de mi mochila —seguramente está bien. Las mamás exageran todo —dijo para intentar calmarme.
—¿Pero... y si es algo malo de verdad?
—No te pongas negativa —negué con la cabeza.
—Estoy preocupada.
—Lo sé —me rodeó con uno de sus brazos y me pegó a su cuerpo —tranquila.
—Que hay algo que tu no sabes —volvió a repetir él.
—Si, ya escuché esa parte, Tom ¿Qué es lo que yo no sé? —Tom miró hacia ambos lados, a lo mejor viendo si alguien venía o algo así, pero no había nadie en toda la calle. Sólo se escuchaba el ruido de los coches al pasar... y nada más.
—Pues —Tom se calló al instante, al escuchar una leve musica proveniente del bolsillo de mi pantalón.
—Espera —le dije mientras soltaba mi muñeca y me metía la mano en el bolsillo para sacar el teléfono. Era mamá —¿hola? —dije en cuanto de di al botón verde.
—Anne, ven ahora mismo a casa —su voz no era para nada... Es decir, estaba muy... O es que Jamás la había escuchado hablar en ese tono. Definitivamente no me estaba retando.
—Si, estoy en camino, ¿qué pasa?
—Tu hermano no llegó anoche —oh, caro. Ya sabía a que venía esto.
—Oye, si piensas enviarme a mi a buscarlo, no creas que voy a...
—Hija —me cortó —nos tenemos que ir al hospital ahora mismo.
—¿Al hospital? ¿Qué pasó con Chris, mamá? —casi grité alarmada, mientras sentía que el corazón me comenzaba a andar rápido y una fea sensación recorría mi cuerpo.
—Un accidente.
—Voy rápido. Adiós —le dije, para luego despegarme el móvil de la oreja y darle al botón rojo. Miré a Tom, con todo el pánico acumulado —vamos —fue lo único que pude decir antes de echarme a correr hacia la parada.
—¡Hey, espera! —lo oí gritar tras de mi. Seguramente le costaba correr con esos gigantescos pantalones. Pero no me detuve. Era mi hermano, y seguramente estaba mal. Yo tenía que llegar al hospital en el menor tiempo posible, tenía que saber que le pasaba. Dios. Estaba más que preocupada, y tantas emociones juntas no eran nada bueno.
Algún día de estos iba a terminar loca.
Y repito. Demasiadas cosas en muy poco tiempo.
—¡Ann! —volvió a gritar. Entonces me detuve. Ya había llegado a la parada.
Metí la mano en el bolsillo trasero de mi pantalón y saqué un par de monedas, mientras veía como Tom se acercaba caminando. No me servía de nada correr si un autobús no llegaba. Que estúpida.
—¿Qué pasó? —me preguntó en cuanto estuvo a mi lado, con la respiración entrecortada.
—Chris. Algo le pasó, está mal. Tengo que irme a casa ahora mismo, para después ir al hospital —desvié la vista hacia otro lado, rogando internamente que no fuese tan terrible el accidente
No tenía idea de qué mierda era lo que le había pasado, pero había pasado de todas manera. Y ojala que ese algo no fuese grave.
—¿Qué le pasó?
—Un accidente, o algo así me dijo mamá —intenté dejar de mover el pie, pero estaba demasiado nerviosa
—Ya deja eso —soltó Tom, cogiéndome una mano. Entonces me di cuenta de que estaba estrujando una de las tiras de mi mochila —seguramente está bien. Las mamás exageran todo —dijo para intentar calmarme.
—¿Pero... y si es algo malo de verdad?
—No te pongas negativa —negué con la cabeza.
—Estoy preocupada.
—Lo sé —me rodeó con uno de sus brazos y me pegó a su cuerpo —tranquila.




