CAPITULO 49
Aparqué lentamente frente a la puerta de la casa, con cuidado de no empujar el carro de Tom con el mío. Bajé con el enorme refresco que había comprado para la cena entre manos, y piqué el timbre. Mi hermano abrió la puerta con una sonrisa.
Nos abrazamos mientras nos pegábamos en broma como niños pequeños entre risas. Me comentó que había estado ayudando a Meer en la cocina y que ella seguía allí. Tomó el refresco de entre mis manos y lo colocó en la mesa, ya lista para cenar. Entré en la cocina sigilosamente. Mamá estaba sentada a la mesa ojeando una de sus tantas revistas, mientras mi chica miraba el horno concentradamente y se limpiaba delicadamente las manos. Llevaba su flequillo tomado con un alfilercillo hacia atrás, posiblemente para que el cabello no le molestara mientras cocinaba; y un delantal a la cintura para no manchar su ropa. Realmente adorable.
Me posicioné a sus espaldas y la rodeé con sus brazos. Se sorprendió ante el contacto de nuestros cuerpos, posiblemente no me había oído entrar.
—Hola, mi amor —murmuré en su oído, rozando su cuello con mis labios levemente. Ella estiró su cabeza hacia atrás con una sonrisa, apoyándola sobre mi hombro.
—Hola —la besé suavemente en los labios para luego dirigirme a abrazar y besuquear a mi madre.
—¿Estás cocinando? —pregunté mientras me limpiaba el gloss carmesí con el que mi madre seguramente había manchado mi mejilla.
—Ya acabé —infló el pecho como orgullosa de su nueva obra.
—¿Es algo rico? —pregunté sonriendo mientras la volvía a envolver entre mis brazos, pegando nuevamente y casi en un acto reflejo, mis labios contra su suave y cálido cuello. Se estremeció.
—Que sí, que sí —interrumpió mi madre en la conversación —ya deja a la chica tranquila, Bill ¿o quieres que se aburra de ti tan pronto?
—Mamá… —me quejé mientras las veía reír como amigas complotadas en mi contra.
—Se ven hermosos los dos juntos, pero no es para pegarse todo el día, ¿no creen? Obviamente mamá lo decía en plan de broma para hacernos avergonzar, y funcionó, al menos con Meer, quien tiernamente agachó la mirada mientras se le ponía cara como un tomate. Una voz varonil interrumpió mis quejas hacia mi madre.
—Déjalos mamá, Bill es así de pegajoso, pobre Meer… —se burló Tom.
—¡Oye! —Meer y yo nos quejamos al mismo tiempo.
Y picaron a la puerta… interrumpiendo el momento de bromas.
—Yo voy —dijo Tom, saliendo de la cocina.
Nos quedamos en silencio, esperando escuchar algo que nos dijese quien era…
aproveché la distracción de mi madre, quien veía con curiosidad hacia la puerta, para besar a mi novia en el cuello mientras ronroneaba pegándome más y más a ella. Sonreí contra su tersa piel al sentirla estremecer entre mis brazos.
—¡Tom! He venido a ver a tu madre, ¿puedo pasar? —¡crack! Momento completamente roto. Aquella voz… todos sabíamos de quién se trataba, pero ninguno podía apostar exactamente a qué venia esa mujer aquí… y eso, era algo malo.
Nos quedamos en silencio, esperando escuchar algo que nos dijese quien era…
aproveché la distracción de mi madre, quien veía con curiosidad hacia la puerta, para besar a mi novia en el cuello mientras ronroneaba pegándome más y más a ella. Sonreí contra su tersa piel al sentirla estremecer entre mis brazos.
—¡Tom! He venido a ver a tu madre, ¿puedo pasar? —¡crack! Momento completamente roto. Aquella voz… todos sabíamos de quién se trataba, pero ninguno podía apostar exactamente a qué venia esa mujer aquí… y eso, era algo malo.
No voy a negar que me sentí entre invadido y asustado. Esa mujer estaba en esta casa por un propósito y estoy seguro que ese propósito no era hablar con mamá sobre el vecino del otro lado de la calle. Mery se separó de mi al instante, alejándose un par de pasos. La miré, queriendo saber que pasaba por su cabeza ese momento. Se notaba asustada. Tragué saliva costosamente… si no me tranquilizaba menos aún podría tranquilizar a mi chica. El miedo en sus ojos me desesperaba, ¿qué podía hacer?
Me acerqué a ella, tomé si mano y entrelacé nuestros dedos. No había porqué fingir si su madre ya se había enterado que estábamos saliendo, sería estúpido. Tom entró a la cocina en ese momento. En seguida miró a Mery y sólo moviendo los labios le dijo lo que ya todos sabíamos. Era su madre. Esa mujer sólo venía a jodernos la cena.
—Mamá… —Tom llevó a mamá al salón, seguramente donde se encontraba esa mujer. Dejándonos solos a Mery y a mi. La miré… ella aún tenía los ojos clavados en la puerta donde Tom y mi madre habían pasado hacía unos segundos. Tenía ganas de salir corriendo.
—Bill… —me miró pidiéndome con la mirada que la sacara de esta situación. Me situé frente a ella y tomé su otra mano. Intenté sonreír para parecer más calmado y quizás darle un poco de confianza.
—No pasará nada, amor… —intenté calmarla acariciando sus manos, aún sin saber si mis palabras eran ciertas. Cualquier cosa podía pasar… quizás algo como lo de hace tres años o algo mucho peor. O tal vez, en la mejor de las situaciones… todo se arreglaba.
—Es mi mamá, Bill… —dijo no muy convencida.
—Ella no puede hacer nada —quise convencerme de eso también. Mery seguía siendo menor de edad, estaba bajo el cuidado de su madre.
—No. Ella si puede hacer algo. Bill, ella me va a enviar lejos de aquí. Estoy segura de que planea algo —su voz sonaba desesperada. Sentía como se me encogía el corazón al verla así.
—Mery…
—Ella me quiere separa de ti. Me prohibió verte… —cortó mis palabras de apoyo. Observé como sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Mi amor, no… —me cortó.
—No quiero que pase lo mismo que la vez anterior… —claro que no iba a pasar lo mismo. Yo no dejaría que la llevaran de vuelta con su padre, no soportaría que la alejaran de mi nuevamente. Con lo perfecto que iba todo.
Me acerqué a ella, tomé si mano y entrelacé nuestros dedos. No había porqué fingir si su madre ya se había enterado que estábamos saliendo, sería estúpido. Tom entró a la cocina en ese momento. En seguida miró a Mery y sólo moviendo los labios le dijo lo que ya todos sabíamos. Era su madre. Esa mujer sólo venía a jodernos la cena.
—Mamá… —Tom llevó a mamá al salón, seguramente donde se encontraba esa mujer. Dejándonos solos a Mery y a mi. La miré… ella aún tenía los ojos clavados en la puerta donde Tom y mi madre habían pasado hacía unos segundos. Tenía ganas de salir corriendo.
—Bill… —me miró pidiéndome con la mirada que la sacara de esta situación. Me situé frente a ella y tomé su otra mano. Intenté sonreír para parecer más calmado y quizás darle un poco de confianza.
—No pasará nada, amor… —intenté calmarla acariciando sus manos, aún sin saber si mis palabras eran ciertas. Cualquier cosa podía pasar… quizás algo como lo de hace tres años o algo mucho peor. O tal vez, en la mejor de las situaciones… todo se arreglaba.
—Es mi mamá, Bill… —dijo no muy convencida.
—Ella no puede hacer nada —quise convencerme de eso también. Mery seguía siendo menor de edad, estaba bajo el cuidado de su madre.
—No. Ella si puede hacer algo. Bill, ella me va a enviar lejos de aquí. Estoy segura de que planea algo —su voz sonaba desesperada. Sentía como se me encogía el corazón al verla así.
—Mery…
—Ella me quiere separa de ti. Me prohibió verte… —cortó mis palabras de apoyo. Observé como sus ojos se llenaban de lágrimas.
—Mi amor, no… —me cortó.
—No quiero que pase lo mismo que la vez anterior… —claro que no iba a pasar lo mismo. Yo no dejaría que la llevaran de vuelta con su padre, no soportaría que la alejaran de mi nuevamente. Con lo perfecto que iba todo.
—N…
—Me da miedo —volvió a cortarme. Miedo. Yo también sentía miedo… pero alguien tenía que ser fuerte, o por lo menos aparentar no sentir miedo.
—No tengas miedo, princesa… —le abracé se me erizó el vello de la nuca a sentir su respiración en mi cuello. Tener su cuerpo entre mis brazos hacía que me diera cuenta de lo frágil que era Mery. Tenía que protegerla, evitar su sufrimiento a toda costa —ella no puede hacer nada… no se lo voy a permitir. ¿Si? —me lo prometí a mí mismo. Mery asintió.
—No dejes que me separe de ti —eso nunca.
—No voy a dejarla.
—Prométemelo…
—Te lo prometo —esa mujer jamás nos separaría. Me separé un poco de ella para poder tomar su rostro entre mis manos. Observé su rostro un momento, sus ojos, su expresión. No tenía idea de cómo hacerla sentir mejor y eso me ponía mal. Junté nuestros labios durante un momento.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó luego de habernos separado. Reí ante la idea que se me vino a la cabeza.
—Somos novios, ¿no? Hay que actuar como tales… —y no me importaba lo que dijera esa señora. Mery es mi chica, mi novia y ella no es quien para separarla de mí. Yo la amo y eso importa más que cualquier otra cosa.
—¿Y mi ma…? —la corté.
—Ella ya sabe que estamos juntos. Tú me lo dijiste —asintió, aún no muy convencida —¿entonces?
—No lo sé —frunció el ceño y se encogió de hombros. Me pareció sumamente tierna. —Pero me da miedo… —miedo, miedo. Odiaba sentir miedo, odiaba que ella sintiera miedo. Agh.
—Que no te de miedo —la besé nuevamente en los labios. Eso, de alguna manera, me hacía sentir mejor —estamos los dos juntos… —ella asintió luego de pensarlo un momento —¿vamos? —le pregunté. Ella asintió, mordiéndose los labios. No era la única nerviosa aquí, eso es seguro. Quien sabe lo que nos esperaba en el salón.
Solté su rostro y la tomé por la cintura para comenzar a caminar. Con cada paso que daba la presión aumentaba al igual que la sensación de no poder respirar.
En cuanto entramos en la habitación su madre clavó los ojos en nosotros. Me dio la impresión de que en cualquier momento se le prendería fuego de lo enojada que estaba. Se limitó a sonreír cínicamente sin quitarnos los ojos de encima. Si lo que pretendía era que soltara a Meer, no lo lograría.
—Hola, hija… Bill —saludó. Le devolví el saludo con una sonrisa “amable”
—Me da miedo —volvió a cortarme. Miedo. Yo también sentía miedo… pero alguien tenía que ser fuerte, o por lo menos aparentar no sentir miedo.
—No tengas miedo, princesa… —le abracé se me erizó el vello de la nuca a sentir su respiración en mi cuello. Tener su cuerpo entre mis brazos hacía que me diera cuenta de lo frágil que era Mery. Tenía que protegerla, evitar su sufrimiento a toda costa —ella no puede hacer nada… no se lo voy a permitir. ¿Si? —me lo prometí a mí mismo. Mery asintió.
—No dejes que me separe de ti —eso nunca.
—No voy a dejarla.
—Prométemelo…
—Te lo prometo —esa mujer jamás nos separaría. Me separé un poco de ella para poder tomar su rostro entre mis manos. Observé su rostro un momento, sus ojos, su expresión. No tenía idea de cómo hacerla sentir mejor y eso me ponía mal. Junté nuestros labios durante un momento.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó luego de habernos separado. Reí ante la idea que se me vino a la cabeza.
—Somos novios, ¿no? Hay que actuar como tales… —y no me importaba lo que dijera esa señora. Mery es mi chica, mi novia y ella no es quien para separarla de mí. Yo la amo y eso importa más que cualquier otra cosa.
—¿Y mi ma…? —la corté.
—Ella ya sabe que estamos juntos. Tú me lo dijiste —asintió, aún no muy convencida —¿entonces?
—No lo sé —frunció el ceño y se encogió de hombros. Me pareció sumamente tierna. —Pero me da miedo… —miedo, miedo. Odiaba sentir miedo, odiaba que ella sintiera miedo. Agh.
—Que no te de miedo —la besé nuevamente en los labios. Eso, de alguna manera, me hacía sentir mejor —estamos los dos juntos… —ella asintió luego de pensarlo un momento —¿vamos? —le pregunté. Ella asintió, mordiéndose los labios. No era la única nerviosa aquí, eso es seguro. Quien sabe lo que nos esperaba en el salón.
Solté su rostro y la tomé por la cintura para comenzar a caminar. Con cada paso que daba la presión aumentaba al igual que la sensación de no poder respirar.
En cuanto entramos en la habitación su madre clavó los ojos en nosotros. Me dio la impresión de que en cualquier momento se le prendería fuego de lo enojada que estaba. Se limitó a sonreír cínicamente sin quitarnos los ojos de encima. Si lo que pretendía era que soltara a Meer, no lo lograría.
—Hola, hija… Bill —saludó. Le devolví el saludo con una sonrisa “amable”
—Hola —hablé como pude. Dios, tenía unas enormes ganas de escupir a esa mujer en la cara.
Avanzamos hacia el sillón y no tardamos en sentarnos, frente a la mujer esa. Junté mucho mi cuerpo al de Mery, abrazándola. Ella me correspondió el abrazo y apoyó su cabeza en mi pecho fingiendo tranquilidad… podía sentir lo rígido que estaba su cuerpo.
—¿Y cómo están chicos? —preguntó. Verla actuar así de “amable” sólo podía significar algo malo.
—Genial, gracias —contesté lo más cortante posible. Queriéndole decir indirectamente que dejara de hablarnos, de molestarnos.
Mamá acabó invitando a esa mujer a cenar. Se suponía que era una cena familiar… eso me molestó. Tampoco era que a mamá le agradara la madre de Meer, sólo lo había hecho por cortesía. Genial, fantástico.
Luego de unos minutos Mery se metió en la cocina para terminar con la comida. En su ausencia la situación era mucho más inquietante y molesta. Presté más atención a la conversación que mi madre y esa mantenían cuando me di cuenta de que se trataba de Mery.
—Estaba bien con su padre… tuvo que regresar porque es enormemente problemática. Me tiene los nervios de punta —se quejó la mujer.
—A mi me parecer una buena chica —habló mamá.
—¡Pff!, es que no la conoces realmente. No deja de desobedecerme… soy su madre pero a ella le gusta tratarme como a una extraña —porque te lo ganaste —se empeña en apartarme de su vida…
—No creo que sea para tanto… —siguió mamá.
Avanzamos hacia el sillón y no tardamos en sentarnos, frente a la mujer esa. Junté mucho mi cuerpo al de Mery, abrazándola. Ella me correspondió el abrazo y apoyó su cabeza en mi pecho fingiendo tranquilidad… podía sentir lo rígido que estaba su cuerpo.
—¿Y cómo están chicos? —preguntó. Verla actuar así de “amable” sólo podía significar algo malo.
—Genial, gracias —contesté lo más cortante posible. Queriéndole decir indirectamente que dejara de hablarnos, de molestarnos.
Mamá acabó invitando a esa mujer a cenar. Se suponía que era una cena familiar… eso me molestó. Tampoco era que a mamá le agradara la madre de Meer, sólo lo había hecho por cortesía. Genial, fantástico.
Luego de unos minutos Mery se metió en la cocina para terminar con la comida. En su ausencia la situación era mucho más inquietante y molesta. Presté más atención a la conversación que mi madre y esa mantenían cuando me di cuenta de que se trataba de Mery.
—Estaba bien con su padre… tuvo que regresar porque es enormemente problemática. Me tiene los nervios de punta —se quejó la mujer.
—A mi me parecer una buena chica —habló mamá.
—¡Pff!, es que no la conoces realmente. No deja de desobedecerme… soy su madre pero a ella le gusta tratarme como a una extraña —porque te lo ganaste —se empeña en apartarme de su vida…
—No creo que sea para tanto… —siguió mamá.
—Es que ella se comporta en esta casa —sonrió de medio lado y luego suspiró —estuve hablando con su padre hace unos días. Yo ya no puedo vivir lidiando día tras día con esté problema. Al parecer ellos se llevan mejor y… —temí a sus palabras. Apartó la vista de mi madre y miró hacia otro lado de la habitación. Seguí la dirección de sus ojos, era Mery, me estaba mirando. En seguida regresó a la cocina.
—¿Cómo decías? —preguntó mamá luego de un momento en el que hicimos esa pequeña pausa para observar a mi chica. Tragué saliva… sabía que la situación no iba por buen camino.
—Que… a causa de los problemas que me da y por desobedecer mis órdenes... —me miró fugazmente —llamé a su padre. Pensamos en enviarla a un internado a Inglaterra… era la segunda opción, si no venía a Alemania —se me detuvo el corazón. ¿Inglaterra? —pero llegamos a la conclusión de que va a ser más de lo mismo, además de que ya terminó la escuela, así que decidimos que era mucho mejor enviarla de vuelta con su padre —me paralicé. Ella… ella planeaba alejarla de mi de nuevo. Deje de respirar ¿cómo podía ser así de zorra? ¿cómo es que no podía entender que Mery y yo nos amábamos? ¡lo único que queríamos era estar juntos!, nada más… ¿acaso era un delito?, ¿algo de vida o muerte? ¡quería quitarme a la persona de la cual yo estaba locamente enamorado! —y eso… como te decía, Simone —esto… no podía estar pasando —…que envío a mi hija de vuelta a América en dos semanas.
—¿Cómo decías? —preguntó mamá luego de un momento en el que hicimos esa pequeña pausa para observar a mi chica. Tragué saliva… sabía que la situación no iba por buen camino.
—Que… a causa de los problemas que me da y por desobedecer mis órdenes... —me miró fugazmente —llamé a su padre. Pensamos en enviarla a un internado a Inglaterra… era la segunda opción, si no venía a Alemania —se me detuvo el corazón. ¿Inglaterra? —pero llegamos a la conclusión de que va a ser más de lo mismo, además de que ya terminó la escuela, así que decidimos que era mucho mejor enviarla de vuelta con su padre —me paralicé. Ella… ella planeaba alejarla de mi de nuevo. Deje de respirar ¿cómo podía ser así de zorra? ¿cómo es que no podía entender que Mery y yo nos amábamos? ¡lo único que queríamos era estar juntos!, nada más… ¿acaso era un delito?, ¿algo de vida o muerte? ¡quería quitarme a la persona de la cual yo estaba locamente enamorado! —y eso… como te decía, Simone —esto… no podía estar pasando —…que envío a mi hija de vuelta a América en dos semanas.
Dos… semanas.
Miré a Tom, pidiendo ayuda, sin saber qué hacer. Él estaba igual o más confundido que yo.
¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? lo único que quería era echarme a llorar como un idiota. La idea de perder a Mery de nuevo me helaba la sangre.
Ella… ella no se podía ir. Si iba a América, yo la seguiría, la buscaría y la traería de vuelta.
Miré a Tom, pidiendo ayuda, sin saber qué hacer. Él estaba igual o más confundido que yo.
¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? lo único que quería era echarme a llorar como un idiota. La idea de perder a Mery de nuevo me helaba la sangre.
Ella… ella no se podía ir. Si iba a América, yo la seguiría, la buscaría y la traería de vuelta.
Aquellas palabras cubiertas de veneno me dejaron en shock. Por una parte, me las esperaba, pero por otro, jamás es fácil aceptar esos hechos aunque los ves venir. Me quedé estático, inmerso en el silencio de aquella incómoda atmósfera que cubría la sala. Donde la única que parecía sonreír con cinismo era la mismísima madre de Meer. A veces me daba miedo saber cómo esa mujer preferiría mandar sobre su hija, y hacerse un lugar en su vida como autoridad a la fuerza, antes de dolerse ante el hecho de tener a su pequeña lejos. Por lo que yo sabía su relación no era tan mala antes de que Mery se fuera América, por lo que algo de cariño tenía que tenerle, ¿verdad? Pero… ¿dónde había quedado?
Las frías palabras de Mery me sacaron de mi laguna de pensamientos.
Las frías palabras de Mery me sacaron de mi laguna de pensamientos.
—¿Cómo dices? —su rostro estaba desencajado. Incluso hubiera apostado, que para Meer, no existía en ese momento nada más que no fuera su madre y el gran odio que le tenía.
—Que te vas con tu padre en dos semanas —se encogió de hombros como si nada. Tom intercalaba su confundida mirada entre mi chica y yo. Vislumbré por el rabillo del ojo cómo mi madre se colocaba cabizbaja, casi haciendo una petición silenciosa por salir de la conversación. Volví mi vista hacia fuera, calculándolo todo, los días que faltaban para mis vacaciones, la fecha de los boletos, mi cabeza maquinaba tan rápido que era incluso capaz de ignorar la fuerte mirada de Meer que se clavaba en mí, haciéndome hervir la piel. Sus palabras volvieron a interrumpir en el silencio de la sala.
—No. Yo no me voy a ninguna parte, mamá —afirmó con total seguridad, pero no sin tener que obligar a su voz a esconder su inmensa furia.
—Irás igual, querida. Quieras o no. Ya está decidido y no vale la pena pelear ahora ¿o no recuerdas la vez anterior? No quiero llevarte a la fuerza de nuevo —una silueta comenzó a moverse por el medio de la sala, giré la cabeza para ver como mi novia se acercaba a su madre con una actitud completamente amenazadora, mucho más de lo que yo había podido ver en ella antes.
—¡He dicho que no! —wow —yo no iré a ninguna parte. No me voy de aquí, claro que no... —pateó el piso y mi madre levantó la cabeza ante sus fuertes palabras. Tom sólo dio un brinco en su lugar.
—Tú no me hablas de esa manera —se levantó del sillón hasta quedar frente a frente con su hija. Mery era más alta pero esto no era una pelea callejera. Eran madre e hija, o al menos eso decía su ADN.
—Yo te hablo como quiero —el hombro de la más adulta se movió hacia atrás por el impulso de la mano de Meer chocando contra él —ve a que te reembolsen los pasajes y a que avísale a papá que no iré.
—Hija...
—¡Ya cierra la boca de una puta vez! ¡no iré, te lo dije, no iré! —Mery estaba fuera de sus cabales.
—Acabarás por ir igual. No logras nada con enojarte... —negó con la cabeza.
—¡Que no, vieja puta! —gritó con rabia. Me moví con agilidad, antes de que cualquier estupidez de la que nos arrepentiríamos luego sucediera. Tomé a Mery de la muñera, impidiendo que su mano se estampara en la mejilla de su madre. Meer estaba como una loca. De pronto se había vuelto agresiva e insolente. La miré, frunciendo el ceño… se estaba comportando como una chica cualquiera. Teníamos que afrontar este problema, solucionarlo… y no precisamente gritándole “puta” a su propia madre. Ok, yo también la odiaba, y si… era una puta con todas sus letras… pero lo único que lograba Meer al comportarse así era que su madre se enfadara cada vez más, perdiera los nervios y más ganas le entraran de alejarla de mi. Mery volteó la cabeza para mirarme… pude ver la sorpresa en sus ojos al darse cuenta de que era yo quien había impedido el golpe.
—Ya basta, Meer —hablé bajito, intentando calmarla. Su rostro cambió de expresión, como si hubiese chupado un limón. Me fulminó con la mirada.
Esto era lo único que me faltaba.
—¡Déjame, estúpido! —chilló, alejándose de mí. La miré impactado, estaba impresionado. Sentí las piernas temblar al ver sus ojos, mi corazón se encogió. No me esperé el empujón que me propinó. Me vi obligado a retroceder unos pasos para no caer. La miré perplejo, pidiendo explicaciones… pero ella ya caminaba de espaldas a nosotros. Se marchaba dejándonos a todos con la boca abierta, dejándome enfrentar a su madre, yo solo.
Tragué saliva e intenté pensar algún argumento, una razón por la que Meer debería quedarse en Alemania, algo para convencer a su madre. Miré a la mujer, mi pequeña ya no estaba aquí, me sentía mucho más vulnerable… dios, esto no solía pasarme.
—N… no puedes llevártela —murmuré, prácticamente rogándole —Meer es… es muy importante para mí, no te lo imaginas… —ella sonrió.
—Ya está todo arreglado, lo siento —se encogió de hombros —además, así como está… no creo que quiera quedarse contigo, ¿para qué?
—Que te vas con tu padre en dos semanas —se encogió de hombros como si nada. Tom intercalaba su confundida mirada entre mi chica y yo. Vislumbré por el rabillo del ojo cómo mi madre se colocaba cabizbaja, casi haciendo una petición silenciosa por salir de la conversación. Volví mi vista hacia fuera, calculándolo todo, los días que faltaban para mis vacaciones, la fecha de los boletos, mi cabeza maquinaba tan rápido que era incluso capaz de ignorar la fuerte mirada de Meer que se clavaba en mí, haciéndome hervir la piel. Sus palabras volvieron a interrumpir en el silencio de la sala.
—No. Yo no me voy a ninguna parte, mamá —afirmó con total seguridad, pero no sin tener que obligar a su voz a esconder su inmensa furia.
—Irás igual, querida. Quieras o no. Ya está decidido y no vale la pena pelear ahora ¿o no recuerdas la vez anterior? No quiero llevarte a la fuerza de nuevo —una silueta comenzó a moverse por el medio de la sala, giré la cabeza para ver como mi novia se acercaba a su madre con una actitud completamente amenazadora, mucho más de lo que yo había podido ver en ella antes.
—¡He dicho que no! —wow —yo no iré a ninguna parte. No me voy de aquí, claro que no... —pateó el piso y mi madre levantó la cabeza ante sus fuertes palabras. Tom sólo dio un brinco en su lugar.
—Tú no me hablas de esa manera —se levantó del sillón hasta quedar frente a frente con su hija. Mery era más alta pero esto no era una pelea callejera. Eran madre e hija, o al menos eso decía su ADN.
—Yo te hablo como quiero —el hombro de la más adulta se movió hacia atrás por el impulso de la mano de Meer chocando contra él —ve a que te reembolsen los pasajes y a que avísale a papá que no iré.
—Hija...
—¡Ya cierra la boca de una puta vez! ¡no iré, te lo dije, no iré! —Mery estaba fuera de sus cabales.
—Acabarás por ir igual. No logras nada con enojarte... —negó con la cabeza.
—¡Que no, vieja puta! —gritó con rabia. Me moví con agilidad, antes de que cualquier estupidez de la que nos arrepentiríamos luego sucediera. Tomé a Mery de la muñera, impidiendo que su mano se estampara en la mejilla de su madre. Meer estaba como una loca. De pronto se había vuelto agresiva e insolente. La miré, frunciendo el ceño… se estaba comportando como una chica cualquiera. Teníamos que afrontar este problema, solucionarlo… y no precisamente gritándole “puta” a su propia madre. Ok, yo también la odiaba, y si… era una puta con todas sus letras… pero lo único que lograba Meer al comportarse así era que su madre se enfadara cada vez más, perdiera los nervios y más ganas le entraran de alejarla de mi. Mery volteó la cabeza para mirarme… pude ver la sorpresa en sus ojos al darse cuenta de que era yo quien había impedido el golpe.
—Ya basta, Meer —hablé bajito, intentando calmarla. Su rostro cambió de expresión, como si hubiese chupado un limón. Me fulminó con la mirada.
Esto era lo único que me faltaba.
—¡Déjame, estúpido! —chilló, alejándose de mí. La miré impactado, estaba impresionado. Sentí las piernas temblar al ver sus ojos, mi corazón se encogió. No me esperé el empujón que me propinó. Me vi obligado a retroceder unos pasos para no caer. La miré perplejo, pidiendo explicaciones… pero ella ya caminaba de espaldas a nosotros. Se marchaba dejándonos a todos con la boca abierta, dejándome enfrentar a su madre, yo solo.
Tragué saliva e intenté pensar algún argumento, una razón por la que Meer debería quedarse en Alemania, algo para convencer a su madre. Miré a la mujer, mi pequeña ya no estaba aquí, me sentía mucho más vulnerable… dios, esto no solía pasarme.
—N… no puedes llevártela —murmuré, prácticamente rogándole —Meer es… es muy importante para mí, no te lo imaginas… —ella sonrió.
—Ya está todo arreglado, lo siento —se encogió de hombros —además, así como está… no creo que quiera quedarse contigo, ¿para qué?
—Por favor… —no le presté atención a sus palabras, no me importaban… nada era totalmente cierto.
—No puedo hacer nada… así son las cosas —suspiró. No entendía cómo podía estar tan relajada en una situación así. Yo estaba de los nervios y a punto de tirarme al suelo a besarle los pies sólo para que no se llevara a Mery.
—¿No podrías pensarlo otra vez? —entró mamá en la conversación.
—No… ya está pensado —se aclaró la garganta —Mmmm… es mejor si me voy. Ustedes sigan con la cena —hizo un gesto con la mano para enseguida voltearse y caminar hacia la puerta.
—¡Por favor! —grité. Pero ella no me escuchó, o más bien simuló no haberme escuchado —debí haber dejado que Meer la golpeara.
Todo se quedó en silencio luego del portazo que dio esa mujer. Me llevé las manos a la cabeza, sintiendo como los ojos se me llenaban de lágrimas.
—Esa… esa puta… ¿qué se supone que haga ahora? ella… ella no puede ¡no puede! —tragué saliva, intentando aliviar esa horrible sensación en el pecho. Me mordí la lengua para evitar gritar insultos. Intente acompasar mi respiración agitada…
—Cálmate —sentí una mano posarse en mi hombro. Era Tom —todo se solucionará… —negué con la cabeza. De tan sólo pensar que volvería a estar lejos de mi princesa sentía un agujero en el pecho ardiéndome con fuerza —te ayudaremos a pensar en algo ¿verdad, mamá?
—No puedo hacer nada… así son las cosas —suspiró. No entendía cómo podía estar tan relajada en una situación así. Yo estaba de los nervios y a punto de tirarme al suelo a besarle los pies sólo para que no se llevara a Mery.
—¿No podrías pensarlo otra vez? —entró mamá en la conversación.
—No… ya está pensado —se aclaró la garganta —Mmmm… es mejor si me voy. Ustedes sigan con la cena —hizo un gesto con la mano para enseguida voltearse y caminar hacia la puerta.
—¡Por favor! —grité. Pero ella no me escuchó, o más bien simuló no haberme escuchado —debí haber dejado que Meer la golpeara.
Todo se quedó en silencio luego del portazo que dio esa mujer. Me llevé las manos a la cabeza, sintiendo como los ojos se me llenaban de lágrimas.
—Esa… esa puta… ¿qué se supone que haga ahora? ella… ella no puede ¡no puede! —tragué saliva, intentando aliviar esa horrible sensación en el pecho. Me mordí la lengua para evitar gritar insultos. Intente acompasar mi respiración agitada…
—Cálmate —sentí una mano posarse en mi hombro. Era Tom —todo se solucionará… —negué con la cabeza. De tan sólo pensar que volvería a estar lejos de mi princesa sentía un agujero en el pecho ardiéndome con fuerza —te ayudaremos a pensar en algo ¿verdad, mamá?
—Claro que sí, cariño —¡es que su apoyo no era suficiente! me pasé la mano por los ojos. Esa puta podía hacer lo que quisiera con Mery, era su madre… y Mery no era mayor de edad.
Es… peren un… segundo ¿él cumpleaños de Mery no es en dos semanas?
Es… peren un… segundo ¿él cumpleaños de Mery no es en dos semanas?
Claro.

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