CAPITULO 3
—Anne, enana… despierta, anda —esas fueron las primeras palabras del día, las que oí al despertar. Aún sin abrir los ojos supe que se trataba de mi hermano. Anoche me había dormido con él luego de la pesadilla.
Dejé salir un ronroneo de mi garganta y escondí mi cara en la almohada.
—Anne… vas a llegar tarde —cerré los ojos con fuerza deseando que se fuera de allí de una vez para dejarme dormir —oye enana, que Bill está abajo esperándote —movió un poco mi hombro. Dejé salir otro ronroneo y no di respuesta alguna… hasta que pude analizar bien lo que él me había dicho. Bill.
—¿Ah? —me levanté rápidamente de la cama, quedando sentada —¿Bill? —miré a mi hermano interrogante. Dios... que me volvía a dormir en cualquier momento. Tenía tanto sueño que hasta veía nublado y los ojos se me cerraban. Chris ya estaba vestido, peinado, arreglado. Estaba guapo. Me cogió por los brazos y me levantó de la cama, poniéndome de pie frente a él… vamos que tenía fuerza.
Me llevé una mano a los ojos y bostecé.
—¿De verdad está Bill? —le pregunté. Él me comenzó a empujar fuera de la habitación.
—No, no está. Te la has creído —rió.
—¡Estúpido! —le grité. Pero la voz no me salió como yo hubiese deseado. Quise volver a gritarle algo… pero justo en ese momento me di cuenta de que ya estaba fuera de su habitación y él había cerrado la puerta.
Bufé. No quedaba más remedio que vestirme y arreglarme.
Aunque lo bueno de esto era que hoy, por fin… era viernes.
Entré en la clase justo antes de que el timbre sonara. Me dirigí a mi asiento al lado de Kattie, como siempre.
—Hola —la saludé con una sonrisa y un beso en la mejilla.
—¡Hola, Anne! —me saludó ella. Corrió su silla hacia adelante para darme espacio y yo pasé detrás de ella hacia mi asiento. Le sonreí a Bill. Él ya estaba sentado en su asiento detrás de mí. Dejé el bolso a un lado de la silla, luego la corrí, separándola de la mesa, y prácticamente me lancé sobre ella mientras soltaba un resoplido.
—Hola, Bill —lo saludé. Él se acercó a mi, estirándose por encima de la mesa y me besó en la mejilla. Sentía una especie de escalofrío recorrer mi cuerpo… pero igual como lo había hecho ayer, lo ignoré.
—¿Cómo estás, Annie? —me preguntó sonriendo.
—Excelente. Mi madre me ha dejado quedarme en tu casa hoy —fui directo al grano. Su sonrisa se ensanchó aún más.
—Será genial —dijo Kattie uniéndose a la conversación —¿qué película veremos? —miré a Bill, este se encogió de hombros.
—No lo sé ¿cuál quieres ver, Annie? —me sentí extraña cuando él me lo preguntó a mi.
—Emm… no lo sé. Una de… ¿terror?
—Me dan miedo —se quejó Kattie. Ella era de esas chicas que se quejaban por todo… que le dolía aquí, que le dolía esto, que no porque tal cosas, que ella quería esto otro… a la mayoría de la gente le hartaba, pero yo la podía soportar…después de todo éramos amigas.
—Buenos días —dijo el profesor entrando en la clase y haciendo que todo el mundo dejara de hablar y se dirigiera a sus respectivos asientos. Me di la vuelta hacia adelante, al igual que Kattie. A mi siempre me regañaban por hablar con Bill y darme la vuelta hacia atrás.
La clase se pasó lenta y me pareció una tortura… Lo viernes se me hacían extremadamente largos.
Hasta que el timbre sonó anunciando que la clase terminaba y que era hora del descanso…
—Anne… —me llamó Kattie la mi lado.
—¿Uhmmm? —le di a entender que la escuchaba, mientras cerraba mi cuaderno y dejaba los lápices sobre este.
—Acompáñame al baño… —murmuró. Me levanté del asiento.
—Claro, vamos —ella igualmente se levantó y las dos salimos rápidamente de la sala de clases. Tuvimos que caminar media escuela hasta llegar a los baños. Entramos… estaba llenísimo.
La esperé mientras me acomodaba el cabello. Tan siquiera me había alcanzado a duchar… había llegado con el cabello mojado y se me había secado aquí. Ahora estaba completamente desordenado.
Me entretuve pasando el cabello entre mis dedos, como si se tratase de un peine para desenredarlo un poco.
Kattie tardaba demasiado…
—¡KATTIE! —grité, mirando los baños a través del espejo. Las chicas que había allí se voltearon a mirarme… no me importó.
Como Kattie no me contestó, decidí salir del baño y esperarla afuera.
—¡Anne! —dijo alguien cogiéndome del brazo. Di vuelta la cabeza hacia un lado. Ámbar. Una de mis compañeras de clase. Nos llevábamos bien… —¿me acompañas a comprar algo para comer? —pensé un segundo si dejar a Kattie. Ella no se iba a enojar… y si se enojaba ya luego me disculparía. Además, yo también quería comprar.
—Ok —comenzamos a caminar hacia el quiosco. Salimos del edificio y nos dirigimos hacia el casino.
Pero antes de llegar, mi vista se fijó en algo que me llamó mucho, mucho la atención.
Era una aglomeración de personas… no se podía ver que pasaba, pero puesto a los gritos que había supuse que sería una pelea… o algo de ese tipo. Odiaba las peleas, no me gustaban para nada.
—Hey, vamos a ver… —habló Ambar para luego comenzar a caminar llevándome con ella. En realidad no tenía ganas de ir, pero la curiosidad pudo conmigo… por lo que seguí caminando.
Una vez estuvimos en el circulo de gente que había, me solté de ella, que me tenía cogida del brazo. Me dio la impresión de que algo malo pasaba. Un presentimiento… o algo así. Me hice paso entre las personas, dando codazos y golpes… hasta que pude llegar a lo que se le podría decir como primera fila.
Mis ojos se abrieron como platos al ver lo que estaba ocurriendo… y me aterré. El corazón me comenzó a andar rápido. Me sentí mal. No entendía como ellos podían hacerme esto. Eran las personas más importantes de mi vida… y…
Los gemelos estaban sobre Dylan. Lo estaban golpeando. No podía verle las caras… pero por la forma en como se movían, parecían estar enfurecidos.
Ni siquiera tuve tiempo de pensar, sólo reaccioné. Me acerqué a la pelea, mientras un chico me decía que me detuviera, pero yo hice caso omiso a sus palabras y avancé hasta poder coger a Bill de la camiseta. Tiré de él con fuerza, intentando separarlo de mi novio. Y como lo estaba cogiendo del cuello, él se vio obligado a levantarse y a caminar un par de pasos hacia atrás.
—¿¡Qué haces?! —me gritó soltándose y dándose la vuelta hasta mirarme. Su boca se entreabrió un poco y si expresión pareció congelarse. Dios, su labio estaba roto… y de éste caía sangre. Sentí una punzada en el corazón y di un paso hacia atrás.
—¿Qué se supone que hacías tú? —le pregunté de mala gana. No le di tiempo a que me respondiera, ya que fijé mi vista en los otros dos que se seguían revolcando en el suelo. Que se mataban, dios. Avancé hacia ellos…
—Annie —dijo Bill. Hice como si no lo hubiese escuchado y cogí a Tom igual a como había cogido a Bill. Éste se vio obligado a levantarse. Dylan me miró con cara de pocos amigos desde el suelo… entonces, en ese momento, Tom se dio media vuelta… y no pude ver venir el golpe que me dio con su puño en toda la cara. Lancé un grito y lo solté al instante, llevándome ambas manos a la nariz. Cerré los ojos con fuerza… dios como dolía, hasta mareada había quedado. Las lágrimas se comenzaron a acumular en mis ojos. Los abrí para poder mirar a Tom. Ahora todos estaban en silencio.
—Tom —hablé asustada. Él me miraba enojado… casi con odio. Jamás me había dedicado una mirada semejante. Me estremecí. Se acercó a mi un poco y me cogió del brazo para luego quitarme una de las manos que tenía en la nariz —¿por qué lo hiciste, Tom?
—Me importa una mierda que ese estúpido sea tu novio, incluso tú me importas una mierda. Nadie se mete con mi hermano —me soltó. Me sentí aún peor…
Me di cuanta de que Tom tenía el ojo algo hinchado y de un color… horrible. No dijo nada más. Se dio media vuelta y desapareció entre la gente.
Sentí como mi mano comenzaba a estar pegajosa… me di cuenta de que estaba sangrando. Aún me dolía, y mucho. Sólo esperaba que no se me hubiera roto la nariz.
Miré a Dylan. Había sido el más afectado, eso era seguro. Su perfecto rostro ahora estaba lleno de… golpes. Sin duda los gemelos habían ganado. Él intentó ponerse de pie, pero al ver que estaba algo mareado y se tambaleaba un poco, me acerqué rápidamente a él.
—Vete de aquí —me lanzó un manotazo, que por suerte no me llegó. Uno de sus amigos lo fue a ayudar a andar… vale, ya estaba claro que él se había enojado conmigo. Yo no tenía la culpa de nada… ¿o si?
Miré a Bill. Este se pasaba el dorso de la mano por el labio. Volteó la cabeza para mirarme. No era la mirada de siempre, no me gustaron sus ojos.
Avancé un par de pasos para acercarme a él. Le fui a decir algo… le quería pedir disculpas, pero él fue más rápido en hablar.
—No me hables.
Su voz había sonado fría y cortante. Me entraron más ganas de llorar. Él desvió la vista y se alejó del lugar.
Ahora todos me miraban a mi.
Quizás había perdido a esas tres personas.

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