CAPITULO
8
—Ya, vale, lo siento… contigo no se puede bromear —¿Bromear? —Podrías ser un poquito más grande… —Se me escapó. Ojala no me hubiese escuchado, y al parecer no escuchó. ¡Y es que si fuera un poquitín más grande! Jo… Al menos dieciséis. Pero no, tenía catorce y novio. Luego le hablaría a Tom sobre esto, no podía ocultarle las cosas. Y si es que no se burlaba demasiado, quizás también podría preguntarle sobre el niño ese, qué era lo que había hecho y si realmente parecían novios. No era por desconfiar de lo que Meer me había dicho, pero su tono de voz dejaba mucho que desear… quizás poco.
—¿Dónde vamos? —Preguntó después de un rato.
—No lo sé. Un simple paseo por la ciudad —no le iba a decir dónde íbamos. Porque yo la llevaba a un lugar bastante especial, al menos para mí, un lugar que me encantaba y hace tiempo no visitaba, por falta de motivación.
—¿Dónde estamos?
—Al norte de la ciudad. ¿Jamás viniste por aquí? —la miré. Ella negó con la cabeza.
—Pues no… —volví a clavar la vista en el camino, faltaba poco para llegar.
—¿Quieres que te muestre algunas cosas? —era mejor asegurarme.
—¡Sí! —dio un pequeño saltito en el asiento. Sonreí. Era encantadora…
Estuvimos en silencio unos cuantos minutos más, hasta llegar a nuestro destino.
Puse el freno del coche y acto seguido giré la cabeza para observarla ella no tardó en mirarme a mí también. Era linda… muy, muy linda. Eso… era algo que no se podía negar. Me sonrió, y yo como un bobo imité el gesto, sin poder dejar de observarla. Cada vez estaba más y más seguro de que la pequeñita tenía algo especial. Intenté quitarme esas ideas de la cabeza, no me venían bien en un momento así, después podía llegar a hacer alguna estupidez.
Aparté los ojos de ella bruscamente, sintiéndome culpable sin motivo aparente y me bajé del coche. Rodeé mi nuevo bebé y me acerqué a la puerta del copiloto para ayudar a Meer, pero ella se me adelantó. La escuché suspirar y no pude evitar acercarme. Ella se acomodaba los pantalones, se veía graciosa. Cuando se enderezó, me di cuenta de que me había acercado demasiado. Me entraron nervios. Es que… me sentí muy observado por ella.
—No veo nada —reí nervioso luego de escuchar su comentario. Y aproveché ese momento para alejarme. Tenía un presentimiento extraño… —¿dónde estás? —tragué saliva —Bill… —ignoré su llamado y me metí la mano en el bolsillo de la chaqueta. Allí tenía las llaves… y mis llaves tenían una linterna. Una linterna no nos vendría mal. —Bill —Volvió a repetir. Yo tampoco podía verla, pero me sentía mucho mejor así —Mierda —murmuró. Abrí los ojos como platos al escucharla decir esa palabra. Ella… a ver, no. Yo también digo ese tipo de palabras, no es nada. Supongo. Agh. Meer se quejó, al no dar conmigo ¿Cómo podía ser tan despistada? y antes de que siguiera asustándose al no dar conmigo, la rodeé con un brazo y la acerqué a mí rápidamente. Ella gritó. Y no sería exageración decir que casi quedo sordo.
—¿Bill? —murmuró luego de un par
de segundos.
—¿Meer? —la imité. Tomé la
linterna y la encendí, dándole en la cara. Ella se arrugó como abuelita y le
dio con la mano al pequeño aparato —me dejarás ciega, anormal —se quejó.
“Anormal”, eso no me había gustado. Buah, era mejor ignorar esas palabras… —Lo
siento, lo siento —reí. Quité la luz de su rostro y ella volvió a abrir los
ojos de a poquito
—¿Me vas a decir dónde estamos? —miró a su alrededor. Seguro no le parecía
bonito el lugar. Pero es que… aún no estábamos en el verdadero lugar.
—¿No estaría mejor verlo por ti
misma? —alzó una ceja, la imité, dándomelas de gracioso. Y luego apunté con la
linterna. Tendríamos que caminar un poco para llegar. Pero el lugar valía la
pena.
—¿Eso? —preguntó, mirando hacia
los árboles.
—Pues, si no te gusta…
—No, no. Si me gusta, pero
—Esperabas algo más bonito
—Asintió
—Ven, camina —Comencé a caminar
sin soltarla. Es que… aún la tenía abrazada o algo así. Meer no tardó en tomar
mi chaqueta con una de sus manos, pegándose más a mi cuerpo. Se sentía extraño
tener ese cuerpo pequeñito tan cerca. Todo el camino fui pensando y observándola.
No podía hacer otra cosa. Me detuve, haciendo que ella se detuviera igualmente
al llegar a los arbustos. Ya quedaba poco para llegar.
—¿Qué?
—Ve del otro lado —Contesté a su
pregunta.
—¿Por allí? —apuntó hacia los
arbustos. Justo donde su dedito apuntaba había un espacio… por allí debíamos pasar.
—Sí.
—¿Tú también irás? —se aseguró. Era obvio que yo también iría. Que niña más complicaba y miedosa.
—Sí. Vamos, pasa —la animé.
—Ah, si —murmuró no muy convencida, para luego comenzar a acercarse a paso lento a los arbustos. Le di luz para que pudiera ver por dónde iba. No le costó pasar hacia el otro lado… era ágil. Después pasé yo. Una vez estuve del otro lado busqué a Meer con la mirada. Apagué la linterna al darme cuenta de que ya no la necesitaba y me acerqué a ella. No me di el tiempo de observar más detalladamente la luna gigante en el cielo, ya que desvié rápidamente la vista hacia Meer. Ella cerró la boca, estaba embobada mirando el paisaje. Dios… Meer. Meer… ¿Cómo podía ser tan… tan… ella? Giró la cabeza y clavó sus ojos en los míos. Me costó tragar saliva, no sabía qué hacer para tranquilizarme. Me ponía muy nervioso. Es estúpido, lo sé, pero no lo podía evitar. Al menos… era bueno disimulando.
—Wow —suspiró, sin apartar la vista. Sonreí sin querer, todo era diferente con esta niña.
—¿Te gustó el lugar?
—Wow —no dijo nada más. Y yo tampoco… me limité a tomarla de la mano y llevarla conmigo hacia el “interior” del árbol. No es que fuera el interior, interior... pero es que era como una cuarto aparte, donde las hojas hacían de cortina. Ese lugar me encantaba, aunque no voy a negar que me aterraba la idea de llevarla ahí. Yo… en algunas ocasiones me volvía inconsciente y hacía estupideces. Decidí no pensar en eso y me concentré en sujetar fuerte a Meer. La pobre se tropezaba cada dos por tres. Entramos en el árbol y yo la llevé a oscuras hasta el lugar más seco de este. Ya que del otro lado pasaba un arrollo. Una vez di con la roca, tomé a Meer de la cintura y la senté sobre ella. La roca siempre había servido como asiento, estaba a los pies del árbol y era bastante grande. Me senté a su lado, así era más cómodo, ya que si me ponía de pie tenía que agacharme para no chocar con las ramas. Siempre que había venido a este lugar, ya fuese solo o con Tom, me había detenido, aunque fuese un par de minutos a contemplar la “magia” que emanaba todo esto. Pero ahora… era diferente. No podía ponerle atención a nada más que no fuese la pequeñita que tenía al lado.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Un sauce.
—No, no. El árbol no… ya lo sé, digo ¿Qué es este lugar…? ¿Cómo llegamos aquí…?
—Tom y Yo lo descubrimos hace unos meses.
—Ah… ¿pero cómo estaban ustedes dos por aquí? —que niña tan preguntona.
—Esto es de nuestra propiedad, Meer —le informé.
—Wow…—soltó impresionada.
Después… no preguntó nada más. Afirmé la espalda contra en tronco del árbol y cerré los ojos. ¿Cómo es que esto estaba pasando? Hacía poco ni siquiera recordaba la existencia de la pequeñita esa y ahora estaba junto a ella, en el árbol súper secreto con unas ganas inmensas de besarla. Soy un tonto, lo sé. Me tensé un poco cuando ella afirmó su cabeza en mi brazo. Dios… es que si ella hubiese sido un poco más grande...
Agh, no lo soportaba, realmente no lo soportaba. Jamás había tenido tantas ganas de tener a alguien. Al menos no en el buen sentido, este era en sentido bueno. Algo tenía esta chica que me ponía como un idiota, sin querer. Quizás lo hacía apropósito. Esto era impresionante… es que, o me estaba volviendo loco o algo extraño pasaba en mi cabeza. Había empezado a pensar cosas completamente estúpidas… pero no lo podía evitar, inclusive no me parecían tan estúpidas. Y es que no podrá explicarlo, me entraban unas ganas de abrazar a Meer, darle besos, apretarla…
No me aguantaba, era irresistible… las ganas podían conmigo y yo nunca tuve fuerza de voluntad. Tenía que hacerlo... aprovechar la oportunidad.
No quise pensarlo más, simplemente lo hice.
Busqué su rostro con mi mano. Ella era tan suavecita, y su mejilla estaba helada… aun así sentí que los dedos me ardían como si su piel quemara. No me aparté, y despacio, muy despacio moví uno de mis dedos sobre su mejilla. Me encantaba, ella me encantaba. Dios… Me sentía como un estúpido de dieciséis… es más, ni siquiera a esa edad me comportaba así, tan inmaduramente como ahora. Era un ridículo, soy un ridículo, lo sé. Pero es que esta niña puedo conmigo.
—Sí.
—¿Tú también irás? —se aseguró. Era obvio que yo también iría. Que niña más complicaba y miedosa.
—Sí. Vamos, pasa —la animé.
—Ah, si —murmuró no muy convencida, para luego comenzar a acercarse a paso lento a los arbustos. Le di luz para que pudiera ver por dónde iba. No le costó pasar hacia el otro lado… era ágil. Después pasé yo. Una vez estuve del otro lado busqué a Meer con la mirada. Apagué la linterna al darme cuenta de que ya no la necesitaba y me acerqué a ella. No me di el tiempo de observar más detalladamente la luna gigante en el cielo, ya que desvié rápidamente la vista hacia Meer. Ella cerró la boca, estaba embobada mirando el paisaje. Dios… Meer. Meer… ¿Cómo podía ser tan… tan… ella? Giró la cabeza y clavó sus ojos en los míos. Me costó tragar saliva, no sabía qué hacer para tranquilizarme. Me ponía muy nervioso. Es estúpido, lo sé, pero no lo podía evitar. Al menos… era bueno disimulando.
—Wow —suspiró, sin apartar la vista. Sonreí sin querer, todo era diferente con esta niña.
—¿Te gustó el lugar?
—Wow —no dijo nada más. Y yo tampoco… me limité a tomarla de la mano y llevarla conmigo hacia el “interior” del árbol. No es que fuera el interior, interior... pero es que era como una cuarto aparte, donde las hojas hacían de cortina. Ese lugar me encantaba, aunque no voy a negar que me aterraba la idea de llevarla ahí. Yo… en algunas ocasiones me volvía inconsciente y hacía estupideces. Decidí no pensar en eso y me concentré en sujetar fuerte a Meer. La pobre se tropezaba cada dos por tres. Entramos en el árbol y yo la llevé a oscuras hasta el lugar más seco de este. Ya que del otro lado pasaba un arrollo. Una vez di con la roca, tomé a Meer de la cintura y la senté sobre ella. La roca siempre había servido como asiento, estaba a los pies del árbol y era bastante grande. Me senté a su lado, así era más cómodo, ya que si me ponía de pie tenía que agacharme para no chocar con las ramas. Siempre que había venido a este lugar, ya fuese solo o con Tom, me había detenido, aunque fuese un par de minutos a contemplar la “magia” que emanaba todo esto. Pero ahora… era diferente. No podía ponerle atención a nada más que no fuese la pequeñita que tenía al lado.
—¿Qué es esto? —preguntó.
—Un sauce.
—No, no. El árbol no… ya lo sé, digo ¿Qué es este lugar…? ¿Cómo llegamos aquí…?
—Tom y Yo lo descubrimos hace unos meses.
—Ah… ¿pero cómo estaban ustedes dos por aquí? —que niña tan preguntona.
—Esto es de nuestra propiedad, Meer —le informé.
—Wow…—soltó impresionada.
Después… no preguntó nada más. Afirmé la espalda contra en tronco del árbol y cerré los ojos. ¿Cómo es que esto estaba pasando? Hacía poco ni siquiera recordaba la existencia de la pequeñita esa y ahora estaba junto a ella, en el árbol súper secreto con unas ganas inmensas de besarla. Soy un tonto, lo sé. Me tensé un poco cuando ella afirmó su cabeza en mi brazo. Dios… es que si ella hubiese sido un poco más grande...
Agh, no lo soportaba, realmente no lo soportaba. Jamás había tenido tantas ganas de tener a alguien. Al menos no en el buen sentido, este era en sentido bueno. Algo tenía esta chica que me ponía como un idiota, sin querer. Quizás lo hacía apropósito. Esto era impresionante… es que, o me estaba volviendo loco o algo extraño pasaba en mi cabeza. Había empezado a pensar cosas completamente estúpidas… pero no lo podía evitar, inclusive no me parecían tan estúpidas. Y es que no podrá explicarlo, me entraban unas ganas de abrazar a Meer, darle besos, apretarla…
No me aguantaba, era irresistible… las ganas podían conmigo y yo nunca tuve fuerza de voluntad. Tenía que hacerlo... aprovechar la oportunidad.
No quise pensarlo más, simplemente lo hice.
Busqué su rostro con mi mano. Ella era tan suavecita, y su mejilla estaba helada… aun así sentí que los dedos me ardían como si su piel quemara. No me aparté, y despacio, muy despacio moví uno de mis dedos sobre su mejilla. Me encantaba, ella me encantaba. Dios… Me sentía como un estúpido de dieciséis… es más, ni siquiera a esa edad me comportaba así, tan inmaduramente como ahora. Era un ridículo, soy un ridículo, lo sé. Pero es que esta niña puedo conmigo.
Acerqué su rostro al mío… esta era
mi oportunidad para arrepentirme de lo que estaba a punto de hacer. Era ahora o
nunca… o a lo mejor, ahora o en un tiempo más… digo, yo… agh. No, no podía
esperar un tiempo más, el momento era ahora, no podía arrepentirme de lo que
estaba a punto de hacer, quizás más que poder, era no querer.
Cerré los ojos y lentamente acerqué mi rostro, buscando el suyo. De pronto sentí el corazón en la garganta, hacía mucho tiempo que no me ponía así de nervioso.
Cerré los ojos y lentamente acerqué mi rostro, buscando el suyo. De pronto sentí el corazón en la garganta, hacía mucho tiempo que no me ponía así de nervioso.
Me tense al sentir eso tan
suavecito y frío pegado a mis labios. No sé qué me pasó, quizás fueron los
nervios o la culpabilidad, pero me separe al instante. Intenté no soltarla de
golpe, pero acabé separándome de ella. Sólo… sólo habíamos chocado nuestros
labios, nada más. ¡Pero que arrepentido estaba! ¿Cómo pude haber hecho algo
así? ahora me sentía la persona más asquerosa del planeta, ¡del universo
entero! Ella… ella era una niña. Y yo… yo solía chocar los labios con mis
amigas o algunas chicas y no le tomaba mayor importancia, chocar los labios ni
siquiera era un beso. ¡Pero ahora me parecía el peor delito que pude haber
cometido! ¿Y si Meer se enojaba conmigo?... o peor aún ¿si le había gustado ese
contacto? ¡tal vez después quería volver a repetirlo... con otro chico! O conmigo.
No sería tan terrible la última opción porque…. ¡Agh!, ¡Sí que sería terrible!
Era descabellado pensar que una pequeñita como ella se besara con un grandote
como yo. Dios, que lío. Como me habría gustado saber que pensaba Meer en este
momento.
Salí de mi cabeza al sentir como ella soltaba la manga de mi chaqueta. Genial. Excelente. No quería que ella se alejara de mí. Estando un poco torpe y con todos los nervios me acomodé, para luego pasar el brazo por detrás de su espalda y acercarla a mi cuerpo. Ella dejó caer su cabeza sobre mí. Era tan delicada… y olía tan rico. Me sentía un bobo. Y para cuando me di cuenta estaba acariciando su brazo no quise dejar de hacerlo y me quede allí, sin moverme, con ella bastante cerca. Me sentí tranquilo y no supe el porqué. Pensé y pensé sin llegar a conclusiones lógicas… hasta que su respiración profunda me sacó de las meditaciones. Meer se había dormido. Tenía que llevarla de vuelta a su casa, se podía enfermar estando aquí. Buah, pero no quería despertarla. No podía verla dormir, pero si podía sentirla y no, no, no podía interrumpir su sueño. Meer se acomodó, girándose hacia mí. Uno de sus brazos me rodeo el cuerpo y escondió su cabeza en mi chaqueta. Hizo ruido con los dientes y luego se quedó quietecita. Que linda era.
Ahora tenía que encontrar la forma de llevarla a su casa, para que no se enfermara y en lo posible no despertarla.
La tomé con cuidado y me levante de la roca, llevándola conmigo. Encendí la linterna como pude y agachado salí del árbol. Observé su rostro cuando estuve afuera… parecía una princesa de cuentos, o algo más hermoso aún, un ángel ¿Cómo podía ser tan bonita?
Caminé a paso lento por entre las ramas que debíamos atravesar para llegar a la orilla de la carretera. Meer suspiró. La miré preocupado de que se despertara, pero me tranquilicé al ver que su delicado rostro seguía en paz. Preciosa.
Di un pequeño brinco con ella en mis brazos aún, para poder pasar por arriba de un tronco que quedaba justo al frente de mi auto. Me acerqué a la puerta. Demonios Bill, que tonto eres, ¿Cómo abriría la puerta ahora?
Afirmé con mucho cuidado a Meer en el capo de mi automóvil tomándole su cabeza con una mano. No sé cómo lo hice pero logré sacar la llave de mi bolsillo y poder abrir la puerta. La recosté con mucho cuidado en los asientos traseros del coche y enrosqué un poco sus piernas para poder volver a cerrar la puerta.
Fui directo al asiento del piloto para poder irnos de ahí. Ese lugar sería memorable. Simplemente por más minúsculo que haya sido ese acto me dejó con muchas dudas en la cabeza. ¿Lo que siento, es amor? Já boberías. Pero ¡Argh! No lo sé, aun así me dejaba una sensación de cariño en el pecho.
Mientras el auto ya estaba en la carretera de vuelta a casa, me puse el cinturón de seguridad. Acto seguido miré el espejo retrovisor. Ahí seguía durmiendo como un verdadero bebé. Su pecho se inflaba pausadamente en signo de su sueño. ¡Qué fácil se dormía esta niñita!
Al llegar a la cuadra de nuestras casas miré nuevamente a Meer. Se estaba revolviendo demasiado, en cualquier momento se despertaría.
Cuando me di cuenta de eso me apresuré en llegar a la puerta de entrada donde guardaría mi coche.
Levanté la manga de mi chaqueta para observar mi reloj. Mierda eran las dos de la mañana ¿Cómo se suponía que dejaría a Meer en su habitación como su madre la dejó? ¿Y si ya se había dado cuenta que no estaba y hasta había llamado a la policía?
Bill, estás viendo muchas películas. Pero enserio, ¿cómo la dejaría? esta pequeña me ponía muchos obstáculos y me causaba un delicioso dolor de cabeza.
Me bajé del auto y cerré la puerta demasiado fuerte. Miré por el vidrio a ver si Meer se despertó. Pero no.
Antes de sacarla del automóvil corrí a la puerta de mi casa. Tendría que pedirle ayuda a Tom. Abrí la puerta con cuidado, todo estaba oscuro… Pero no fue impedimento para quitarme de la mente en lo que estaba, ‘’Meer’’. Corrí a la habitación de mi hermano cruzando los dedos para que no hubiese salido a sus andanzas.
Abrí la puerta y miré a su interior. Perfecto, ahí estaba mi salvación. Fui a su lado y con un tanto de brusquedad lo sacudí.
—Hey… Tom despierta —toqué su hombro para que se volteara —hermanito, despierta.
—Qué… ¿Qué pasa? —susurró luego de pasarse una mano por la cara.
—¿Te ha pasado algo? —bromeé —¿te sientes bien?
—¿Por qué lo dices?
—Hoy te has acostado temprano, Tom —reí.
—Déjame dormir, Bill —se volteó nuevamente —ve a jugar con tu nueva novia Meer.
—Vamos, no seas ridículo, y sobre Meer… —me mordí el labio —está en mi auto.
Tom se volteó de golpe chocando su frente con mi nariz. Eso dolió.
—No seas… Bill eres un jodido profanador de cunas.
—¡Que por favor no pasen escenas asquerosas por tu mente, Tom!
—¿Qué le hiciste a esa pobre e indefensa niña, hermano?
—Aun nada —musité.
—¿Aun nada? —se puso de pie. Estaba en tan solo ropa interior.
—Perdón, no me supe expresar bien.
—Claro ¿Qué quieres que haga? —por fin se dignó a preguntar eso.
Le expliqué lo que pasaba, con tal que quedamos en que el abriría todas las puertas mientras yo pasaba con Meer en mis brazos hasta mi habitación.
Salí afuera y miré a todos lados fijamente para ver que nadie nos viera en eso. En este momento no me sorprendería que alguien inventara que la secuestré o la maté y planeo enterrarla en el patio de mi jardín.
Yo mismo abrí la puerta trasera de mi coche.
Llevé una mano a mi mentón planeando como la tomaría cómodamente para no despertarla. Luego miré a mis espaldas. Ahí estaba Tom con los brazos cruzados mirándome con cara de –Hazlo ya – Hombre de poca paciencia.
Entré mi cabeza al interior del auto y afirmé mi mano derecha en el respaldo del asiento delantero y la otra en el respaldo del asiento donde estaba la pequeña durmiente. Oh, tan linda y pequeñita… pero las cosas que me hacían sentir eran tan grandes que no puedo explicarlas. Pero ¡No! No puedo y punto.
Salí de mi cabeza al sentir como ella soltaba la manga de mi chaqueta. Genial. Excelente. No quería que ella se alejara de mí. Estando un poco torpe y con todos los nervios me acomodé, para luego pasar el brazo por detrás de su espalda y acercarla a mi cuerpo. Ella dejó caer su cabeza sobre mí. Era tan delicada… y olía tan rico. Me sentía un bobo. Y para cuando me di cuenta estaba acariciando su brazo no quise dejar de hacerlo y me quede allí, sin moverme, con ella bastante cerca. Me sentí tranquilo y no supe el porqué. Pensé y pensé sin llegar a conclusiones lógicas… hasta que su respiración profunda me sacó de las meditaciones. Meer se había dormido. Tenía que llevarla de vuelta a su casa, se podía enfermar estando aquí. Buah, pero no quería despertarla. No podía verla dormir, pero si podía sentirla y no, no, no podía interrumpir su sueño. Meer se acomodó, girándose hacia mí. Uno de sus brazos me rodeo el cuerpo y escondió su cabeza en mi chaqueta. Hizo ruido con los dientes y luego se quedó quietecita. Que linda era.
Ahora tenía que encontrar la forma de llevarla a su casa, para que no se enfermara y en lo posible no despertarla.
La tomé con cuidado y me levante de la roca, llevándola conmigo. Encendí la linterna como pude y agachado salí del árbol. Observé su rostro cuando estuve afuera… parecía una princesa de cuentos, o algo más hermoso aún, un ángel ¿Cómo podía ser tan bonita?
Caminé a paso lento por entre las ramas que debíamos atravesar para llegar a la orilla de la carretera. Meer suspiró. La miré preocupado de que se despertara, pero me tranquilicé al ver que su delicado rostro seguía en paz. Preciosa.
Di un pequeño brinco con ella en mis brazos aún, para poder pasar por arriba de un tronco que quedaba justo al frente de mi auto. Me acerqué a la puerta. Demonios Bill, que tonto eres, ¿Cómo abriría la puerta ahora?
Afirmé con mucho cuidado a Meer en el capo de mi automóvil tomándole su cabeza con una mano. No sé cómo lo hice pero logré sacar la llave de mi bolsillo y poder abrir la puerta. La recosté con mucho cuidado en los asientos traseros del coche y enrosqué un poco sus piernas para poder volver a cerrar la puerta.
Fui directo al asiento del piloto para poder irnos de ahí. Ese lugar sería memorable. Simplemente por más minúsculo que haya sido ese acto me dejó con muchas dudas en la cabeza. ¿Lo que siento, es amor? Já boberías. Pero ¡Argh! No lo sé, aun así me dejaba una sensación de cariño en el pecho.
Mientras el auto ya estaba en la carretera de vuelta a casa, me puse el cinturón de seguridad. Acto seguido miré el espejo retrovisor. Ahí seguía durmiendo como un verdadero bebé. Su pecho se inflaba pausadamente en signo de su sueño. ¡Qué fácil se dormía esta niñita!
Al llegar a la cuadra de nuestras casas miré nuevamente a Meer. Se estaba revolviendo demasiado, en cualquier momento se despertaría.
Cuando me di cuenta de eso me apresuré en llegar a la puerta de entrada donde guardaría mi coche.
Levanté la manga de mi chaqueta para observar mi reloj. Mierda eran las dos de la mañana ¿Cómo se suponía que dejaría a Meer en su habitación como su madre la dejó? ¿Y si ya se había dado cuenta que no estaba y hasta había llamado a la policía?
Bill, estás viendo muchas películas. Pero enserio, ¿cómo la dejaría? esta pequeña me ponía muchos obstáculos y me causaba un delicioso dolor de cabeza.
Me bajé del auto y cerré la puerta demasiado fuerte. Miré por el vidrio a ver si Meer se despertó. Pero no.
Antes de sacarla del automóvil corrí a la puerta de mi casa. Tendría que pedirle ayuda a Tom. Abrí la puerta con cuidado, todo estaba oscuro… Pero no fue impedimento para quitarme de la mente en lo que estaba, ‘’Meer’’. Corrí a la habitación de mi hermano cruzando los dedos para que no hubiese salido a sus andanzas.
Abrí la puerta y miré a su interior. Perfecto, ahí estaba mi salvación. Fui a su lado y con un tanto de brusquedad lo sacudí.
—Hey… Tom despierta —toqué su hombro para que se volteara —hermanito, despierta.
—Qué… ¿Qué pasa? —susurró luego de pasarse una mano por la cara.
—¿Te ha pasado algo? —bromeé —¿te sientes bien?
—¿Por qué lo dices?
—Hoy te has acostado temprano, Tom —reí.
—Déjame dormir, Bill —se volteó nuevamente —ve a jugar con tu nueva novia Meer.
—Vamos, no seas ridículo, y sobre Meer… —me mordí el labio —está en mi auto.
Tom se volteó de golpe chocando su frente con mi nariz. Eso dolió.
—No seas… Bill eres un jodido profanador de cunas.
—¡Que por favor no pasen escenas asquerosas por tu mente, Tom!
—¿Qué le hiciste a esa pobre e indefensa niña, hermano?
—Aun nada —musité.
—¿Aun nada? —se puso de pie. Estaba en tan solo ropa interior.
—Perdón, no me supe expresar bien.
—Claro ¿Qué quieres que haga? —por fin se dignó a preguntar eso.
Le expliqué lo que pasaba, con tal que quedamos en que el abriría todas las puertas mientras yo pasaba con Meer en mis brazos hasta mi habitación.
Salí afuera y miré a todos lados fijamente para ver que nadie nos viera en eso. En este momento no me sorprendería que alguien inventara que la secuestré o la maté y planeo enterrarla en el patio de mi jardín.
Yo mismo abrí la puerta trasera de mi coche.
Llevé una mano a mi mentón planeando como la tomaría cómodamente para no despertarla. Luego miré a mis espaldas. Ahí estaba Tom con los brazos cruzados mirándome con cara de –Hazlo ya – Hombre de poca paciencia.
Entré mi cabeza al interior del auto y afirmé mi mano derecha en el respaldo del asiento delantero y la otra en el respaldo del asiento donde estaba la pequeña durmiente. Oh, tan linda y pequeñita… pero las cosas que me hacían sentir eran tan grandes que no puedo explicarlas. Pero ¡No! No puedo y punto.
Me vi en la obligación de ponerme
casi encima de ella para poder tomar su cabeza. Y hecho esto la senté hasta
poder tomarla entre mis brazos completamente.
Tom cerró todo incluyendo la puerta de entrada.
—¿Eso era todo, pedófilo preferido? —se burló —buenas noches, ha sido un placer cooperar con su secuestro infantil.
—Tom… —recriminé.
—Está bien, buenas noches —subió tras de mí, pero se fue a su habitación.
Yo fui a la mía y con cuidado recosté a Meer en mi cama. Ella movió su mano hasta tomar la mía. Oh oh, era fuerte ¿Estaría soñando?
—Meer… —susurré cerca de su rostro —¿estás despierta?
No hubo respuesta. Quité su mano de la mía y me alejé en seguida… estar tan cerca era… era peligroso.
Vi mi ventana, justo la que daba con la ventana de la habitación de ella. Su vidrio estaba abierto tal como lo había dejado ella, estaba todo escuro y silencioso por allá. Genial.
Miré otra vez a Meer. Me encogí de hombros, no haría nada malo… solo me recostaría a dormir.
Caminé a paso lento a la cama otra vez.
Empujé a la pequeña niña un poco y luego me acosté a su lado. Ella se volteó y me dio la espalda. Vaya, me la hizo fácil. Me giré yo también quedando espalda con espalda.
Que olvidadizo soy.
Tom cerró todo incluyendo la puerta de entrada.
—¿Eso era todo, pedófilo preferido? —se burló —buenas noches, ha sido un placer cooperar con su secuestro infantil.
—Tom… —recriminé.
—Está bien, buenas noches —subió tras de mí, pero se fue a su habitación.
Yo fui a la mía y con cuidado recosté a Meer en mi cama. Ella movió su mano hasta tomar la mía. Oh oh, era fuerte ¿Estaría soñando?
—Meer… —susurré cerca de su rostro —¿estás despierta?
No hubo respuesta. Quité su mano de la mía y me alejé en seguida… estar tan cerca era… era peligroso.
Vi mi ventana, justo la que daba con la ventana de la habitación de ella. Su vidrio estaba abierto tal como lo había dejado ella, estaba todo escuro y silencioso por allá. Genial.
Miré otra vez a Meer. Me encogí de hombros, no haría nada malo… solo me recostaría a dormir.
Caminé a paso lento a la cama otra vez.
Empujé a la pequeña niña un poco y luego me acosté a su lado. Ella se volteó y me dio la espalda. Vaya, me la hizo fácil. Me giré yo también quedando espalda con espalda.
Que olvidadizo soy.
Me puse de pié. Le quité los zapatos con cuidado. Estaban
llenos de fango y sus calcetas estaban un poco húmedas pero no se las quité.
Luego corrí con cuidado los cubre camas que estaban bajo ella para ponérselos
encima. De nosotros claro.
Me acosté igual que antes pero
ahora tapados y cerré los ojos. Mañana sería un nuevo día.

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