CAPITULO 38
Su boca se abrió un poco al igual que sus ojos. Me estudió con la mirada, seguramente creyéndome loca… yo no borré la sonrisa de mi rostro y poco a poco una mucho más linda fue apareciendo en la suya. Sus brazos de pronto se volvieron más rígidos en torno a mi cintura… Su mirada se volvió cariñosa. Me volví a dejar atrapar por sus ojos mientras sentí esa sensación de cosquillas en el estómago. Mi corazón tomó un ritmo acelerado, esperando su respuesta… el tiempo me pareció eterno. El momento era perfecto. Se acercó a mi muy despacio, mientras su sonrisa desaparecía vagamente de su cara. Sus ojos seguían destilando cariño.
—¿Tú qué crees? —susurró muy cerca de mi rostro. Mi sonrisa desapareció mientras sentía su dulce aliento rozar mi rostro. Mis ojos se cerraron instintivamente en el momento en que nuestros labios se rozaron despacio. Entonces, en un impulso, me separé un poco de él, abriendo los ojos y dejé caer mi cabeza en su cuello. Lo abracé más fuertemente y él hizo lo mismo. Suspiré satisfecha, estaba feliz. Era la persona más feliz del mundo, eso era seguro… me sentía afortunada.
—Te amo… —murmuré con alegría contenida —te amo, te amo, te amo, te amo —seguí, mientras mi voz se volvía cada vez más aguda. Bill soltó una risita.
—Te amo, tontita —entonces eché mi cabeza hacia atrás, para mirarlo a la cara. Ambos con una sonrisa en el rostro. Me dio un pequeño beso en la frente y luego otro en los labios —te invito a algo. Lo que sea, lo que quieras…
—Emm… —hice un gesto de estar pensando mucho. Y como no cabía de la alegría que sentía, no pude pensar demasiado —no lo sé, no lo sé —volvía a repetir —donde tú me lleves —me mordí el labio inferior. Bill soltó un ronroneo y se acercó a mí hasta casi juntar nuestros labios, pero luego volvió a apartarse riendo. Yo lo imité.
—Ya veré... —asentí y luego nos separamos. Aunque no por mucho tiempo, ya que Bill me volvió a coger de la cintura con una mano, para ayudarme a caminar —¿estás segura de que no tienes nada en mente?
—Dame opciones —dije mientras comenzaba a caminar.
—Emm… a comer a algún lugar especial, al cine, no lo sé… a algún lugar donde puedas ir con una pierna rota —rio burlón. Yo fruncí el ceño divertida.
—El cine está bien.
—El cine será —afirmó. Yo sonreí complacida y él se agachó un poco hasta quedar a mi altura para besarme.
Bill me ayudó a subirme en el coche y luego cerró la puerta. Dio la vuelta por delante y luego se subió en el asiento del conductor. Me besó antes de cerrar la puerta. Eso me pareció divertido… hizo partir el coche. Yo lo miré todo el tiempo con una sonrisa en el rostro. Él era mío. Bill Kaulitz mío, mío, mío. Él era mi vida era él. Estaba completamente segura de que ahora, al igual que antes, mi vida giraría en torno a él.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —me preguntó. Al principio no comprendí a que se refería con eso… pero luego de analizar la frase me di cuenta de lo que me había querido decir.
—No lo sé —mentí —es sólo que… te quiero mucho —me encogí de hombros. No sabía si decir lo de Emma.
—Mentirosa —dijo riendo. Aunque, entre parejas no puede haber secretos… Y ahora, éramos una pareja, ¿no? suspiré.
—Es que… Emma me hizo abrir los ojos. Estaba siendo demasiado buena —yo sabía que no me había expresado perfectamente, y que una persona que no supiera lo que yo sabía no me entendería. Pero Bill simplemente asintió. Me había entendido…
—Emma me dijo algunas cosas… —dijo aclarando mi duda. Pero enseguida otra llegó a mi cabeza.
—¿Qué cosas?
—Cosas… no tiene importancia —hizo
un gesto con la mano —además, creo que tú
ya lo sabes —asentí con la cabeza
mientras me ponía a pensar… ¿y si Emma le había dicho que le gustaba? ¿Él la
había rechazado? quise dejar eso para después… ya me pondría a pensar mejor. No
agregué nada más a la conversación, ya que si abría la boca para decir algo
acabaríamos peleando. Quería que él me dijera exactamente lo que Emma le había
dicho… parte de mí no quería forzarlo, pero en el fondo, quería que me dijese
todo. A lo mejor hasta se habían besado —¿te
enojaste? —preguntó Bill sacándome de mis
pensamientos. Yo negué con la cabeza repetidas veces.
—No. Es que… estoy pensando —Bill estiró el brazo para acariciar suavemente mi mejilla. Yo le sonreí.
—Eres linda… —dijo sonriendo él también. Miré mis piernas, avergonzada, mientras me mordía los labios. Bill despegó su mano de mi mejilla y la volvió a poner en el volante. Mi vista se fijó de pronto en la radio del coche.
—¿Puedo encender esto, Bill? —lo miré.
—Claro…
Me entretuve el resto del camino cambiando y cambiando las estaciones de radio una y otra vez. Bill se rio de mi un par de veces, pero yo no le di importancia.
Bill detuvo el coche en cuanto llegamos e hizo lo mismo que en el aeropuerto para ayudarme a bajar. Era atento, me encantaba…
Mientras yo miraba los carteles con los próximos estrenos… Bill hablaba con una de las chicas que atendían en esa parte de comprar los boletos. Al parecer la conocía desde antes…. Sentí celos. Incluso se reía con ella. Y no era nada fea, debo decir. Estaba tardando más de lo que debía. Me crucé de brazos y me di media vuelta para mirarlo, ahora le daba la espalda a los carteles. Él estaba casi recostado sobre el mostrador, ambos conversando muy animadamente, demasiado para mi gusto. Seguro que ni siquiera había pedido las entradas…
La chica era de tez mate, con cabello claro, aunque no rubio y ojos oscuros… era más o menos bajita y no dejaba de sonreírle a mi novio.
Quise ir a buscarlo, pero no me apetecía hacer una escenita de celos en ese lugar. Bill ni si quiera se había volteado a mirarme ¿se había olvidado de mí? ¿o es que tenía una mejor entretención? resoplé enojada… En ese momento alguien picó mi hombro. Me di la vuelta torpemente y me topé con alguien. Era un chico. Moreno, con un genial corte de cabello y unos ojos verdes de infarto. Me sorprendí al verlo tan cerca de mí. Pero no me moví.
—Hola —me saludó —veo que estás sola… —su voz era de lo más natural.
—Em… hola. En realidad…
—Soy Derek —me cortó —un gusto —estiró su mano frente a mí.
—Meer… —se la cogí y se la estreché.
—Bonito nombre… —dijo mientras me acercaba a él y me plantaba un beso en la mejilla. Solté su mano rápidamente y metí la mía en el bolsillo de la chaqueta. Derek me sonrió amistoso y yo dudé un poco si devolverle la sonrisa, pero finalmente lo hice. En ese momento alguien rodeó mi cintura con sus brazos, giré la cara y me encontré con Bill a escasos centímetros. Oh, claro, ahora que me veía hablar con alguien más me venía a buscar….
—¿Quién es él, amor? —me preguntó. Su voz sonó algo más áspera… y en sus ojos se notaba algo celoso. Ya estábamos a mano.
—Es Derek —me encogí de hombros. Él chico nos miró intermitentemente a Bill y a mí, llevándose una mano a la nuca.
—Oh… lo siento. Ya me voy. Un gusto Meer —me sonrió. Y tan rápido como había llegado, se dio la vuelta y se fue. Bill resopló y me volteó para quedar frente a frente. Le sonreí, pero él no lo hizo.
—¿Por qué hablabas con él? ¿lo conocías? —preguntó rápidamente.
—No —me encogí de hombros —él me habló al verme sola, supongo —dije poniendo énfasis en las últimas palabras. Dirigí una fugaz mirada a la chica con la que él había estado hablando.
—Ella es sólo una amiga —se apresuró en decir sin siquiera yo preguntarle.
—Te demoraste un montón en hablar con ella —puse los ojos en blanco y luego suspiré —creí que ya te habías olvidado de mi.
—Eso nunca —me sonrió —es que a ella no la veía desde hacía tiempo. Creí que se había ido de la ciudad —me explicó. Yo asentí con la cabeza.
—Comprendo ¿ya compraste las cosas? —le pregunté.
—Sí, sólo falta la comida.
—Quiero muchas cabritas —le hice ojitos y él rio —y una bebida gigante…
—lo que tú quieras, princesa —me besó en los labios y luego se separó de mí —¿me acompañas o me esperas?
—Te acompaño —quise asegurarme, para que no se pusiese a hablar con cualquier persona. Me cogió la mano y caminamos el par de pasos que había para llegar a la tienda de comida. Había una persona comprando, por lo que tuvimos que esperar.
Giré mi cabeza hacia él y me acerqué a su mejilla para estamparle un sonoro beso. Bill se rio.
—No. Es que… estoy pensando —Bill estiró el brazo para acariciar suavemente mi mejilla. Yo le sonreí.
—Eres linda… —dijo sonriendo él también. Miré mis piernas, avergonzada, mientras me mordía los labios. Bill despegó su mano de mi mejilla y la volvió a poner en el volante. Mi vista se fijó de pronto en la radio del coche.
—¿Puedo encender esto, Bill? —lo miré.
—Claro…
Me entretuve el resto del camino cambiando y cambiando las estaciones de radio una y otra vez. Bill se rio de mi un par de veces, pero yo no le di importancia.
Bill detuvo el coche en cuanto llegamos e hizo lo mismo que en el aeropuerto para ayudarme a bajar. Era atento, me encantaba…
Mientras yo miraba los carteles con los próximos estrenos… Bill hablaba con una de las chicas que atendían en esa parte de comprar los boletos. Al parecer la conocía desde antes…. Sentí celos. Incluso se reía con ella. Y no era nada fea, debo decir. Estaba tardando más de lo que debía. Me crucé de brazos y me di media vuelta para mirarlo, ahora le daba la espalda a los carteles. Él estaba casi recostado sobre el mostrador, ambos conversando muy animadamente, demasiado para mi gusto. Seguro que ni siquiera había pedido las entradas…
La chica era de tez mate, con cabello claro, aunque no rubio y ojos oscuros… era más o menos bajita y no dejaba de sonreírle a mi novio.
Quise ir a buscarlo, pero no me apetecía hacer una escenita de celos en ese lugar. Bill ni si quiera se había volteado a mirarme ¿se había olvidado de mí? ¿o es que tenía una mejor entretención? resoplé enojada… En ese momento alguien picó mi hombro. Me di la vuelta torpemente y me topé con alguien. Era un chico. Moreno, con un genial corte de cabello y unos ojos verdes de infarto. Me sorprendí al verlo tan cerca de mí. Pero no me moví.
—Hola —me saludó —veo que estás sola… —su voz era de lo más natural.
—Em… hola. En realidad…
—Soy Derek —me cortó —un gusto —estiró su mano frente a mí.
—Meer… —se la cogí y se la estreché.
—Bonito nombre… —dijo mientras me acercaba a él y me plantaba un beso en la mejilla. Solté su mano rápidamente y metí la mía en el bolsillo de la chaqueta. Derek me sonrió amistoso y yo dudé un poco si devolverle la sonrisa, pero finalmente lo hice. En ese momento alguien rodeó mi cintura con sus brazos, giré la cara y me encontré con Bill a escasos centímetros. Oh, claro, ahora que me veía hablar con alguien más me venía a buscar….
—¿Quién es él, amor? —me preguntó. Su voz sonó algo más áspera… y en sus ojos se notaba algo celoso. Ya estábamos a mano.
—Es Derek —me encogí de hombros. Él chico nos miró intermitentemente a Bill y a mí, llevándose una mano a la nuca.
—Oh… lo siento. Ya me voy. Un gusto Meer —me sonrió. Y tan rápido como había llegado, se dio la vuelta y se fue. Bill resopló y me volteó para quedar frente a frente. Le sonreí, pero él no lo hizo.
—¿Por qué hablabas con él? ¿lo conocías? —preguntó rápidamente.
—No —me encogí de hombros —él me habló al verme sola, supongo —dije poniendo énfasis en las últimas palabras. Dirigí una fugaz mirada a la chica con la que él había estado hablando.
—Ella es sólo una amiga —se apresuró en decir sin siquiera yo preguntarle.
—Te demoraste un montón en hablar con ella —puse los ojos en blanco y luego suspiré —creí que ya te habías olvidado de mi.
—Eso nunca —me sonrió —es que a ella no la veía desde hacía tiempo. Creí que se había ido de la ciudad —me explicó. Yo asentí con la cabeza.
—Comprendo ¿ya compraste las cosas? —le pregunté.
—Sí, sólo falta la comida.
—Quiero muchas cabritas —le hice ojitos y él rio —y una bebida gigante…
—lo que tú quieras, princesa —me besó en los labios y luego se separó de mí —¿me acompañas o me esperas?
—Te acompaño —quise asegurarme, para que no se pusiese a hablar con cualquier persona. Me cogió la mano y caminamos el par de pasos que había para llegar a la tienda de comida. Había una persona comprando, por lo que tuvimos que esperar.
Giré mi cabeza hacia él y me acerqué a su mejilla para estamparle un sonoro beso. Bill se rio.
—Emm…
Bill —una voz lo llamó. No era la mía, ni
la suya… pero era una voz de chica. Volteé hacia atrás a la vez que él lo
hacía. Era la chica con la que él había estado hablando. Tensé la mandíbula… ¿y
ahora que era lo que ella quería?
Bill la miró
sonriendo y la chica le tendió la mano echa un puño.
—Se te olvidó esto —rio la chica. Luego, Bill puso una de sus manos bajo la mano de la chica y la chica dejó caer un poco de dinero —cabeza de pez.
—Gracias —dijo Bill mientras se guardaba el dinero en el bolsillo trasero del pantalón. Me dediqué a estudiar a la chica. No tenía pinta de ser de esas zorras. Y por lo de cabeza de pez, me pareció que tenía bastante confianza con Bill. La chica me miró con una sonrisa, a la cual yo no pude contestar —Fran, ella es Meer, mi novia —me pagó más a él. La chica asintió con la cabeza —y Meer —me miró —ella es Fran. Mi mejor amiga… — Mejor amiga. Esas palabras no sonaron nada de bien para mí. Es más, no me gustó para nada que él tuviese una mejor amiga. Me dieron ganas de coger a la chica del cabello y estamparla contra la pared hasta quebrarle la nariz.
—Con que esta es la famosa Meer —dijo en tono divertido —llevo oyendo mucho de ti, desde hace un buen tiempo… ¡hasta te he visto en fotos! pero ahí parecías más pequeña… claro, comprendo que ya creciste y todo —se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla —es un gusto conocerte. Por fin sé cuál es la chica por la cual Bill pierde la cabeza —rio. Yo igualmente reí. Al parecer la Fran era muy habladora. Me pareció simpática… aunque no podía dejar de sentir celos, claro estaba.
—Fran —se quejó Bill. Aunque sonó más como amenaza.
—Ops —soltó ella. Luego se encogió de hombros y volvió a dirigirse hacia mí —de verdad, un gusto conocerte Meer, si necesitas algo me avisas, no sé. Si algún día quieres que te ayude en el algo, si necesitas a alguien o simplemente si quieres que te haga una rebaja en el cine, me avisas. Ya sabes.
—Gracias —dije riendo algo cortada.
—No es nada. Creo que con todo lo que Bill me ha contado… ¡uf! te conozco más de lo que tú crees —miré a Bill fugazmente. Este parecía avergonzado —siempre creí que Bill exageraba cuando te describía. Pero ahora veo que no, eres bastante linda —me guiñó un ojo —iba a decir gracias, pero Bill se me adelantó. La chica me tenía muy, muy incómoda.
—Ya basta Fran…
—OK, ok —dijo ella —hasta luego —se puso de puntillas para darnos un beso en la mejilla a ambos como señal de despedida y luego se alejó. Quedé algo impactada por no decir que muy impactada ¿y de ella yo tenía celos? la chica no paraba de hablar, era como si le dieran cuerda… como si el aire o se le agotase nunca. Seguro podía decir fácilmente unas mil palabras por minuto.
Fue nuestro turno de comprar la comida. Bill me preguntó qué era lo que yo quería y cuando ya estuvimos listos, cogimos las cosas y entramos a la sala cuatro. La de la película que veríamos. No tenía idea de cuál era, pero estando con Bill, el momento sería genial.
Allí dentro todo estaba oscuro y había unas cuantas personas… no muchas. Bill me cogió de la mano y comenzamos a subir. Queríamos coger los últimos asientos, eran los mejores… una vez llegamos arriba, nos sentamos uno al lado del otro. Apoyé mi bebida extra grande en el lugar que había al lado del asiento y me apoyé en Bill. La película aun no comenzaba. Bill me abrazó mientras acomodaba el bote en medio de nosotros. Me pregunté si podría comerme todo eso… bueno, con Bill.
Bill suspiró.
—Me gusta estar aquí contigo —susurré.
—Y a mí contigo —contestó en el mismo tono. Me levanté un poco del asiento para besarlo y luego volví a mi antigua posición —te amo.
—Te amo —dijimos al mismo tiempo. Yo solté una risita silenciosa. Luego, Bill cogió una cabrita y la acercó a mi rostro. Abrí la boca y la comí —deliciosa —dije mientras tragaba. Bill rio un poco y acarició mi brazo con su mano.
—Se te olvidó esto —rio la chica. Luego, Bill puso una de sus manos bajo la mano de la chica y la chica dejó caer un poco de dinero —cabeza de pez.
—Gracias —dijo Bill mientras se guardaba el dinero en el bolsillo trasero del pantalón. Me dediqué a estudiar a la chica. No tenía pinta de ser de esas zorras. Y por lo de cabeza de pez, me pareció que tenía bastante confianza con Bill. La chica me miró con una sonrisa, a la cual yo no pude contestar —Fran, ella es Meer, mi novia —me pagó más a él. La chica asintió con la cabeza —y Meer —me miró —ella es Fran. Mi mejor amiga… — Mejor amiga. Esas palabras no sonaron nada de bien para mí. Es más, no me gustó para nada que él tuviese una mejor amiga. Me dieron ganas de coger a la chica del cabello y estamparla contra la pared hasta quebrarle la nariz.
—Con que esta es la famosa Meer —dijo en tono divertido —llevo oyendo mucho de ti, desde hace un buen tiempo… ¡hasta te he visto en fotos! pero ahí parecías más pequeña… claro, comprendo que ya creciste y todo —se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla —es un gusto conocerte. Por fin sé cuál es la chica por la cual Bill pierde la cabeza —rio. Yo igualmente reí. Al parecer la Fran era muy habladora. Me pareció simpática… aunque no podía dejar de sentir celos, claro estaba.
—Fran —se quejó Bill. Aunque sonó más como amenaza.
—Ops —soltó ella. Luego se encogió de hombros y volvió a dirigirse hacia mí —de verdad, un gusto conocerte Meer, si necesitas algo me avisas, no sé. Si algún día quieres que te ayude en el algo, si necesitas a alguien o simplemente si quieres que te haga una rebaja en el cine, me avisas. Ya sabes.
—Gracias —dije riendo algo cortada.
—No es nada. Creo que con todo lo que Bill me ha contado… ¡uf! te conozco más de lo que tú crees —miré a Bill fugazmente. Este parecía avergonzado —siempre creí que Bill exageraba cuando te describía. Pero ahora veo que no, eres bastante linda —me guiñó un ojo —iba a decir gracias, pero Bill se me adelantó. La chica me tenía muy, muy incómoda.
—Ya basta Fran…
—OK, ok —dijo ella —hasta luego —se puso de puntillas para darnos un beso en la mejilla a ambos como señal de despedida y luego se alejó. Quedé algo impactada por no decir que muy impactada ¿y de ella yo tenía celos? la chica no paraba de hablar, era como si le dieran cuerda… como si el aire o se le agotase nunca. Seguro podía decir fácilmente unas mil palabras por minuto.
Fue nuestro turno de comprar la comida. Bill me preguntó qué era lo que yo quería y cuando ya estuvimos listos, cogimos las cosas y entramos a la sala cuatro. La de la película que veríamos. No tenía idea de cuál era, pero estando con Bill, el momento sería genial.
Allí dentro todo estaba oscuro y había unas cuantas personas… no muchas. Bill me cogió de la mano y comenzamos a subir. Queríamos coger los últimos asientos, eran los mejores… una vez llegamos arriba, nos sentamos uno al lado del otro. Apoyé mi bebida extra grande en el lugar que había al lado del asiento y me apoyé en Bill. La película aun no comenzaba. Bill me abrazó mientras acomodaba el bote en medio de nosotros. Me pregunté si podría comerme todo eso… bueno, con Bill.
Bill suspiró.
—Me gusta estar aquí contigo —susurré.
—Y a mí contigo —contestó en el mismo tono. Me levanté un poco del asiento para besarlo y luego volví a mi antigua posición —te amo.
—Te amo —dijimos al mismo tiempo. Yo solté una risita silenciosa. Luego, Bill cogió una cabrita y la acercó a mi rostro. Abrí la boca y la comí —deliciosa —dije mientras tragaba. Bill rio un poco y acarició mi brazo con su mano.
La película fue genial. Aunque no la
película en sí, si no que el hecho de estar con Bill viendo esa película fue
genial. Al final nunca supe de que había tratado la película y creo que mi
acompañante tampoco. Porque habíamos estado besuqueándonos todo el tiempo…
habíamos salido al final de todos en la sala, ya que ni siquiera nos habíamos dado
cuenta de que había acabado. Intentamos a la salida no toparnos con Fran, o
mejor dicho, yo lo intenté. Pues Bill se despidió de ella con la mano mientras
yo intentaba andar más rápido. No es que la chica me cayera mal… es que, si
consideramos que ella tenía la misma edad de mi Bill, era algo… muy inmadura. Además,
no para de hablar en ningún momento y no me apetecía escuchar alguno de sus
discursillos. Que con los que llevaba ya estaba bien. Y creo que a veces se le
salían palabras de más…. por como la miraba Bill, digo…
Pero eso tampoco es algo que me importe mucho… a ella solo la veré si voy al cine de nuevo, ¿no? y no planeo acercarme allí en un buen tiempo.
Al salir del cine, como aún era temprano, pero llovía torrencialmente. Bill decidió llevarme a casa… diciéndome que luego me llevaría a cenar a alguna parte… y que si no era ese día, era el siguiente. Yo acepté feliz. Bill podría estar del otro lado de la ventana.
Llegamos a mi casa cerca de la hora de la cena. Con un poco de suerte mi madre no habría llegado… y así era. Ella no estaba en casa.
Entré, y lo primero que hice fue encender la luz… Pude comprobar que no había nadie en casa.
—¿Quieres entrar? —le ofrecí a Bill.
—¿Quieres que entre? —enarcó una ceja. Yo me encogí de hombros.
—No hay nadie más aquí… y no quiero estar sola —me acerqué a él y le hice ojitos, Bill se echó a reír.
—OK. Te acompañaré…. Pero me iré antes de que tu madre llegue —asentí con la cabeza y luego lo cogí de la mano para hacerlo pasar dentro de casa. Subimos juntos la escalera, él ayudándome claro y una vez estuvimos en mi habitación, cerré la puerta y me senté en el borde de la cama. Bill comenzó a mirar todo con curiosidad.
—¿Qué miras? —le pregunté.
—Es idea mía o… ¿nunca antes eh estado aquí? —frunció el ceño y yo me encogí de hombros.
—No lo sé, no lo recuerdo… —solté un risita. Bill se acercó a mí para sentarse a mi lado. Pasó su brazo por encima de mis hombros y yo me dejé caer hacia atrás. Él calló conmigo y quedamos los dos recostados en la cama… acomodé mi cabeza en su hombros y él me dio un pequeño beso en la frente.
Tenía la impresión de que Emma se había ido desde hacía años, aunque sólo habían sido unas cuantas horas.
Rogué para que mi madre no volviera, que se quedara donde fuera que estuviese toda la noche y que regresara mañana… para poder estar más tiempo con mi novio. Y a eso… tenía que hablar con Bill del tema. Mi madre no se podía enterar… ya que si no, me enviaban a un internado en Inglaterra, fijo. Y yo no podía volver a separarme de Bill.
—Bill… —lo llamé. Él dejó salir un sonido de su garganta en señal de que me había escuchado —no le diremos nada a mi madre, ¿verdad? —alcé la cabeza y lo miré. Él tragó saliva y luego entreabrió la boca, mirándome algo preocupado.
—Supongo que no… —suspiró —pero está mal.
—Lo sé —acarició mi brazo con suavidad —no se puede hacer nada… si mi mamá se entera me envía a un internado en Inglaterra.
—¿Inglaterra? iría allí contigo —bufé.
—Pero esa no es la idea…
—Entonces… tú quieres andar con secretitos, ¿no? —dijo refiriéndose a lo nuestro. Yo asentí.
—Como antes —sonreí.
—Eso es infantil, nos acabarán pillando… —me mordí el labio inferior y algo se me vino rápidamente a la cabeza.
—Pero dentro de poco voy a cumplir la mayoría de edad. Seré libre y mi madre no podrá decirme que hacer…
—Tú haces lo que quieres aun no tiendo los dieciocho.
—Pero ahí voy a poder ser libre de verdad —dije poniendo énfasis en esas dos palabras.
—Uhmm…
—Entonces no le vamos a decir nada —afirmé.
—Como tú quieras —alargué mi cuello y lo besé.
—Luego me iré de casa —murmuré, mientras un plan se formaba en mi cabeza con rapidez.
—¿Qué?
—Sí. Me iré a vivir a otro lugar. A empezar de nuevo… —dije aun pensando las cosas.
—¿Y yo?
—Tú te irás conmigo a Italia ¿sabes italiano? bueno, no importa, yo tampoco sé, pero podremos aprender… —Bill soltó una risita.
—Si sé italiano —lo miré impresionado.
—¿Ah, sí? pues tú me enseñas…
—Mery, ¿no te gustaría quedarte aquí aunque sea hasta los veinte años? —negué con la cabeza.
—Serían dos años, más de lo necesario… es mucho —resoplé. Cuando se me metía una idea en la cabeza, no había persona que me la quitara.
Pero eso tampoco es algo que me importe mucho… a ella solo la veré si voy al cine de nuevo, ¿no? y no planeo acercarme allí en un buen tiempo.
Al salir del cine, como aún era temprano, pero llovía torrencialmente. Bill decidió llevarme a casa… diciéndome que luego me llevaría a cenar a alguna parte… y que si no era ese día, era el siguiente. Yo acepté feliz. Bill podría estar del otro lado de la ventana.
Llegamos a mi casa cerca de la hora de la cena. Con un poco de suerte mi madre no habría llegado… y así era. Ella no estaba en casa.
Entré, y lo primero que hice fue encender la luz… Pude comprobar que no había nadie en casa.
—¿Quieres entrar? —le ofrecí a Bill.
—¿Quieres que entre? —enarcó una ceja. Yo me encogí de hombros.
—No hay nadie más aquí… y no quiero estar sola —me acerqué a él y le hice ojitos, Bill se echó a reír.
—OK. Te acompañaré…. Pero me iré antes de que tu madre llegue —asentí con la cabeza y luego lo cogí de la mano para hacerlo pasar dentro de casa. Subimos juntos la escalera, él ayudándome claro y una vez estuvimos en mi habitación, cerré la puerta y me senté en el borde de la cama. Bill comenzó a mirar todo con curiosidad.
—¿Qué miras? —le pregunté.
—Es idea mía o… ¿nunca antes eh estado aquí? —frunció el ceño y yo me encogí de hombros.
—No lo sé, no lo recuerdo… —solté un risita. Bill se acercó a mí para sentarse a mi lado. Pasó su brazo por encima de mis hombros y yo me dejé caer hacia atrás. Él calló conmigo y quedamos los dos recostados en la cama… acomodé mi cabeza en su hombros y él me dio un pequeño beso en la frente.
Tenía la impresión de que Emma se había ido desde hacía años, aunque sólo habían sido unas cuantas horas.
Rogué para que mi madre no volviera, que se quedara donde fuera que estuviese toda la noche y que regresara mañana… para poder estar más tiempo con mi novio. Y a eso… tenía que hablar con Bill del tema. Mi madre no se podía enterar… ya que si no, me enviaban a un internado en Inglaterra, fijo. Y yo no podía volver a separarme de Bill.
—Bill… —lo llamé. Él dejó salir un sonido de su garganta en señal de que me había escuchado —no le diremos nada a mi madre, ¿verdad? —alcé la cabeza y lo miré. Él tragó saliva y luego entreabrió la boca, mirándome algo preocupado.
—Supongo que no… —suspiró —pero está mal.
—Lo sé —acarició mi brazo con suavidad —no se puede hacer nada… si mi mamá se entera me envía a un internado en Inglaterra.
—¿Inglaterra? iría allí contigo —bufé.
—Pero esa no es la idea…
—Entonces… tú quieres andar con secretitos, ¿no? —dijo refiriéndose a lo nuestro. Yo asentí.
—Como antes —sonreí.
—Eso es infantil, nos acabarán pillando… —me mordí el labio inferior y algo se me vino rápidamente a la cabeza.
—Pero dentro de poco voy a cumplir la mayoría de edad. Seré libre y mi madre no podrá decirme que hacer…
—Tú haces lo que quieres aun no tiendo los dieciocho.
—Pero ahí voy a poder ser libre de verdad —dije poniendo énfasis en esas dos palabras.
—Uhmm…
—Entonces no le vamos a decir nada —afirmé.
—Como tú quieras —alargué mi cuello y lo besé.
—Luego me iré de casa —murmuré, mientras un plan se formaba en mi cabeza con rapidez.
—¿Qué?
—Sí. Me iré a vivir a otro lugar. A empezar de nuevo… —dije aun pensando las cosas.
—¿Y yo?
—Tú te irás conmigo a Italia ¿sabes italiano? bueno, no importa, yo tampoco sé, pero podremos aprender… —Bill soltó una risita.
—Si sé italiano —lo miré impresionado.
—¿Ah, sí? pues tú me enseñas…
—Mery, ¿no te gustaría quedarte aquí aunque sea hasta los veinte años? —negué con la cabeza.
—Serían dos años, más de lo necesario… es mucho —resoplé. Cuando se me metía una idea en la cabeza, no había persona que me la quitara.
—Entonces
te tendrás que ir sola, porque yo me tengo que quedar… —eso me sentó como un balde de agua helada. Me enojé y me levanté
rápidamente asesinándolo con la mirada. Aunque también, un poco de razón él
tenía… yo ya comenzaba a hacer planes. ¡Y llevábamos unas horas juntos! de
pronto me sentí estúpida.
—Me voy sola —le dije encogiéndome de hombros…
—Ya deja de soñar… —rió. Luego me cogió del brazo y me volvió a acomodar como estaba anteriormente —tú no te vas a separar de mí nunca, no voy a dejar que te vayas…—me apretujó entre sus brazos —porque te amo mucho, ¿lo sabías? —reí —ahora estás condenada a pasar el resto de tu vida como prisionera, porque te tengo y no te dejaré ir. Nunca, nunca —me dio un dulce beso en la cien mientras yo seguía riendo.
—Mejor. Yo tampoco me voy a separar de ti.
—Me voy sola —le dije encogiéndome de hombros…
—Ya deja de soñar… —rió. Luego me cogió del brazo y me volvió a acomodar como estaba anteriormente —tú no te vas a separar de mí nunca, no voy a dejar que te vayas…—me apretujó entre sus brazos —porque te amo mucho, ¿lo sabías? —reí —ahora estás condenada a pasar el resto de tu vida como prisionera, porque te tengo y no te dejaré ir. Nunca, nunca —me dio un dulce beso en la cien mientras yo seguía riendo.
—Mejor. Yo tampoco me voy a separar de ti.

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