CAPITULO 53
—¡Pero que blandita es! —la miré sonriendo. Acababa de lanzarse sobre la cama y en este momento me miraba quitándose el cabello del rostro. Ya me había dejado más que claro que el hotel le había encantado. Me lo había dicho un montón de veces al entrar, luego en el ascensor y al entrar en la habitación —esto es genial… —dio unos saltitos en la cama, me reí… era graciosa. Y enseguida se levantó, poniéndose de pie rápidamente. Se acercó a mi, tomó mi mano y comenzó a tirar, llevándome hacia la cama.
—¿Qué haces? —pregunté entre risas.
—Llevarte a la cama, ¿no es obvio? —eso… había sonado un poco…
Mery se detuvo en seco y se volteó a mirarme con los ojos abiertos como platos y las mejillas enrojecidas a más no poder. Se notaba avergonzada. Alcé una ceja… vamos, sabía que ella no quería decirlo en ese sentido, o al menos eso era lo que yo suponía al ver su expresión y sus mejillas sonrojadas.
—Yo… no… B, Bill… es… me-me equivoqué —sonreí burlón, sin poder evitarlo. Actuaba como si hubiese cometido el peor error del mundo. Era obvio que yo sabía que se refería. Ella quería que notara lo blandita que era la cama. En cualquier caso, si se hubiese referido a lo otro, tampoco era de vida o muerte. Éramos novios… y ya lo habíamos hecho antes. Realmente no entendía de que se avergonzaba —¡N-no te burles! —se quejó, soltando mi mano. Sin poder evitarlo ensanché aún más mi sonrisa —¡Bill! —volvió a quejarse.
—No te pongas así por estupideces… —me miró indignada. Yo seguía igual que antes, su expresión me causaba gracia —vamos, llévame a la cama —dije en broma. Le tendí a mano para que la tomara. Pero ella se quedó de piedra, mirándome sin reaccionar. Ok, este tipo de juegos no iban con ella. Suspiré, dejando caer la mano. Ella aún me miraba confundida y un poco avergonzada… se notaba incómoda. Esto no iba del todo bien —lo siento.
—Lo siento —soltamos a la vez. Fruncí el ceño, analizando su expresión —es que… es que… no lo sé. No sé qué me pasó, lo siento —sus ojos azules buscaron los míos. Me sentí como un estúpido atrapado en ella y sus encantos.
—No te preocupes —me mordí el labio inferior. Y ya no pude resistirme. La tomé por la cintura, alzándola en el aire, y mientras ella chillaba y pataleaba como si su vida dependiera de ello, avancé a grandes zancadas hacia la cama y me dejé caer, con ella abrazaba a mi cuello. Comenzamos a reír a carcajadas. Esto había encajado a la perfección en el momento, quitando toda la tensión que anteriormente se sentía en el ambiente. Me acerqué a su rostro para juntar nuestros labios fugazmente. Ella se apartó, sonriendo. Llevó ambas manos a mis mejillas.
—¿Ves que blandida es? —asentí y enseguida volví a acercarme a sus labios. Pero ella se alejó, manteniendo unidas nuestras frentes y sujetando mis mejillas para evitar que me acercara a sus labios —¿qué haremos mañana? —preguntó. Supe que al decir mañana se estaba refiriendo a hoy, después de dormir un poco. La verdad, es que había llegado bastante cansado a Italia. Era bastante tarde –o temprano- y lo único que me interesaba por ahora era dormir y descansar, para estar mejor a la hora de visitar la ciudad y dárnosla de turistas.
—Conocer Roma… —murmuré—podríamos alquilar un coche y buscar algún mapa con puntos turísticos o que se yo… pasar a comer a algún lugar, volver aquí a dormir…
—¿Cuándo iremos a la playa? —preguntó impaciente. Llevó su mano a mi nuca y comenzó a acariciarme suavemente con los dedos.
—No lo sé… aún nos queda tiempo, acabamos de llegar —bostecé sin querer —antes de irnos a Florencia ¿te parece? —Mery asintió, bostezando ella también. Se acercó para juntar nuestros labios. Llevé mis manos a su cintura y presioné suavemente, acercándola a mi cuerpo. Aún tenía la duda de si todo esto era real. O quizás era que estaba un poco aturdido debido al cansancio y al sueño, lo que hacía que el cerebro no procesara todo tan rápidamente.
Mery se apartó un poco. Tenía los ojos pequeñitos, más que de costumbre.
—Deberíamos irnos a dormir —le dije, incorporándome en la cama. Ella me miró, bostezando.
—No tengo ánimos de ponerme el pijama… —se quejó. Reí, al darme cuenta de que no era el único al que le pasaba eso. Ella se levantó, quedando de pie a mi lado.
—Voy —bostezó —… voy al baño —asentí. Ya después entraba yo.
La observé embobado mientras ella se dirigía hacia su equipaje. Abrió un bolso y buscó allí algo que ponerse.
—¿Qué haces? —pregunté entre risas.
—Llevarte a la cama, ¿no es obvio? —eso… había sonado un poco…
Mery se detuvo en seco y se volteó a mirarme con los ojos abiertos como platos y las mejillas enrojecidas a más no poder. Se notaba avergonzada. Alcé una ceja… vamos, sabía que ella no quería decirlo en ese sentido, o al menos eso era lo que yo suponía al ver su expresión y sus mejillas sonrojadas.
—Yo… no… B, Bill… es… me-me equivoqué —sonreí burlón, sin poder evitarlo. Actuaba como si hubiese cometido el peor error del mundo. Era obvio que yo sabía que se refería. Ella quería que notara lo blandita que era la cama. En cualquier caso, si se hubiese referido a lo otro, tampoco era de vida o muerte. Éramos novios… y ya lo habíamos hecho antes. Realmente no entendía de que se avergonzaba —¡N-no te burles! —se quejó, soltando mi mano. Sin poder evitarlo ensanché aún más mi sonrisa —¡Bill! —volvió a quejarse.
—No te pongas así por estupideces… —me miró indignada. Yo seguía igual que antes, su expresión me causaba gracia —vamos, llévame a la cama —dije en broma. Le tendí a mano para que la tomara. Pero ella se quedó de piedra, mirándome sin reaccionar. Ok, este tipo de juegos no iban con ella. Suspiré, dejando caer la mano. Ella aún me miraba confundida y un poco avergonzada… se notaba incómoda. Esto no iba del todo bien —lo siento.
—Lo siento —soltamos a la vez. Fruncí el ceño, analizando su expresión —es que… es que… no lo sé. No sé qué me pasó, lo siento —sus ojos azules buscaron los míos. Me sentí como un estúpido atrapado en ella y sus encantos.
—No te preocupes —me mordí el labio inferior. Y ya no pude resistirme. La tomé por la cintura, alzándola en el aire, y mientras ella chillaba y pataleaba como si su vida dependiera de ello, avancé a grandes zancadas hacia la cama y me dejé caer, con ella abrazaba a mi cuello. Comenzamos a reír a carcajadas. Esto había encajado a la perfección en el momento, quitando toda la tensión que anteriormente se sentía en el ambiente. Me acerqué a su rostro para juntar nuestros labios fugazmente. Ella se apartó, sonriendo. Llevó ambas manos a mis mejillas.
—¿Ves que blandida es? —asentí y enseguida volví a acercarme a sus labios. Pero ella se alejó, manteniendo unidas nuestras frentes y sujetando mis mejillas para evitar que me acercara a sus labios —¿qué haremos mañana? —preguntó. Supe que al decir mañana se estaba refiriendo a hoy, después de dormir un poco. La verdad, es que había llegado bastante cansado a Italia. Era bastante tarde –o temprano- y lo único que me interesaba por ahora era dormir y descansar, para estar mejor a la hora de visitar la ciudad y dárnosla de turistas.
—Conocer Roma… —murmuré—podríamos alquilar un coche y buscar algún mapa con puntos turísticos o que se yo… pasar a comer a algún lugar, volver aquí a dormir…
—¿Cuándo iremos a la playa? —preguntó impaciente. Llevó su mano a mi nuca y comenzó a acariciarme suavemente con los dedos.
—No lo sé… aún nos queda tiempo, acabamos de llegar —bostecé sin querer —antes de irnos a Florencia ¿te parece? —Mery asintió, bostezando ella también. Se acercó para juntar nuestros labios. Llevé mis manos a su cintura y presioné suavemente, acercándola a mi cuerpo. Aún tenía la duda de si todo esto era real. O quizás era que estaba un poco aturdido debido al cansancio y al sueño, lo que hacía que el cerebro no procesara todo tan rápidamente.
Mery se apartó un poco. Tenía los ojos pequeñitos, más que de costumbre.
—Deberíamos irnos a dormir —le dije, incorporándome en la cama. Ella me miró, bostezando.
—No tengo ánimos de ponerme el pijama… —se quejó. Reí, al darme cuenta de que no era el único al que le pasaba eso. Ella se levantó, quedando de pie a mi lado.
—Voy —bostezó —… voy al baño —asentí. Ya después entraba yo.
La observé embobado mientras ella se dirigía hacia su equipaje. Abrió un bolso y buscó allí algo que ponerse.
Tomó un cepillo de dientes y un pijama color rosa. Eso me sorprendió un poco, desde que ella había vuelto no la había visto con otro color que no fuese el negro. A excepción, claro, de algunos casos totalmente apartados… como cuando usaba el traje de mesera, por ejemplo.
No pude evitar pensar en lo buena que estaba cuando me dio la espalda para dirigirse al baño. La imagen mental que había tenido de Mery hacía años ya se había borrado. Antes, ni siquiera podía pensar en pasar a ese algo más con Mery. Me sentía totalmente culpable si algo así se me pasaba por la cabeza. En ese entonces me gustaba su cuerpo sin forma, delgado, como un fideo. Pero ahora… uff, es que ahora estaba tan diferente, además de grande, claro…
No tardó en salir del baño con su pijama ya puesto. Se metió en la cama, exhausta y se movió hacia un lado, dejando un espacio para mí, antes de arroparse con las mantas hasta la cabeza.
Busqué mi pijama, y todo lo que necesitaba y me metí en el baño.
Hice todo lo que tenía que hacer y salí de allí, apagando la luz. Me di cuenta de que Mery ya había apagado la luz de la habitación y que sólo la lámpara de mi lado de la cama estaba encendida. Me apresuré en acostarme intentando hacer el menor ruido. Las sábanas estaban tibiecitas gracias a Mery. La miré. Ella entreabrió los ojos en ese momento y me miró con una media sonrisa. Le devolví la sonrisa y apagué la luz
No pude evitar pensar en lo buena que estaba cuando me dio la espalda para dirigirse al baño. La imagen mental que había tenido de Mery hacía años ya se había borrado. Antes, ni siquiera podía pensar en pasar a ese algo más con Mery. Me sentía totalmente culpable si algo así se me pasaba por la cabeza. En ese entonces me gustaba su cuerpo sin forma, delgado, como un fideo. Pero ahora… uff, es que ahora estaba tan diferente, además de grande, claro…
No tardó en salir del baño con su pijama ya puesto. Se metió en la cama, exhausta y se movió hacia un lado, dejando un espacio para mí, antes de arroparse con las mantas hasta la cabeza.
Busqué mi pijama, y todo lo que necesitaba y me metí en el baño.
Hice todo lo que tenía que hacer y salí de allí, apagando la luz. Me di cuenta de que Mery ya había apagado la luz de la habitación y que sólo la lámpara de mi lado de la cama estaba encendida. Me apresuré en acostarme intentando hacer el menor ruido. Las sábanas estaban tibiecitas gracias a Mery. La miré. Ella entreabrió los ojos en ese momento y me miró con una media sonrisa. Le devolví la sonrisa y apagué la luz
La habitación quedó en una oscuridad absoluta. Me acomodé, cubriéndome con las sábanas y me acerqué un poco a mi chica. Ella también puso de su parte, y se refugió entre mis brazos hundiendo su rostro en mi cuello.
Mañana, o mejor dicho hoy… sería un día agotador para nosotros. Ya estaba más que claro que no nos íbamos a despertar tan temprano, pero recorreríamos un montón de lugares. Según el plan que teníamos…
Bostecé. Mery se movió un poco, suspirando. Llevé una de mis manos a su cabeza y comencé a acariciarla con suavidad. Cerré los ojos. Italia, estaba en Italia con mi chica.
Mañana, o mejor dicho hoy… sería un día agotador para nosotros. Ya estaba más que claro que no nos íbamos a despertar tan temprano, pero recorreríamos un montón de lugares. Según el plan que teníamos…
Bostecé. Mery se movió un poco, suspirando. Llevé una de mis manos a su cabeza y comencé a acariciarla con suavidad. Cerré los ojos. Italia, estaba en Italia con mi chica.
Pasamos los siguientes tres días en Roma. Visitamos el Coliseo, la Plaza del Popolo, El Foro Romano, Las Catacumbas, El Panteón, El Castillo SanTÀngelo… a demás del Vaticano y las innumerables plazas como Piazza di Trevi, donde se encuentra la famosa fuente di Trevi ofontana di Trevi. Allí lanzamos la típica moneda para volver a Roma. Y es que nos había encantado.
Alquilar un coche en estas situaciones servía de mucho. Nos divertimos, tomamos un montón de fotografías, ingerimos comida Italiana hasta hartarnos, fuimos de compras e incluso de fiesta por la noche. Volvíamos tan cansados al hotel que no podíamos hacer nada más que no fuese lanzarnos sobre la cama y dormir.
Ya el cuarto día en Italia, decidimos que era hora de irnos a la playa. Dejaríamos el hotel y me encargaría de buscar algún lugar cerca de la costa para quedarnos a lo menos una noche.
Alquilar un coche en estas situaciones servía de mucho. Nos divertimos, tomamos un montón de fotografías, ingerimos comida Italiana hasta hartarnos, fuimos de compras e incluso de fiesta por la noche. Volvíamos tan cansados al hotel que no podíamos hacer nada más que no fuese lanzarnos sobre la cama y dormir.
Ya el cuarto día en Italia, decidimos que era hora de irnos a la playa. Dejaríamos el hotel y me encargaría de buscar algún lugar cerca de la costa para quedarnos a lo menos una noche.
Decidí que ir a Rímini sería lo mejor… y aunque el viaje fue bastante largo y nos aburrimos un poco, valió la pena. A eso de las cuatro de la tarde llegábamos al hotel. No me pareció tan genial como el anterior pero a Mery le encantó. Entramos en la habitación con todas nuestras cosas y enseguida ella cerró la puerta.
Suspiré y avancé hacia la cama para dejar las maletas.
—Odio los viajes largos —comentó —pero muero por ir a la playa ¿Tú no? —avanzó hacia mí ágilmente y me rodeó con sus brazos. Para enseguida alzar el rostro y mirarme con esos ojos y esa sonrisa que tan loco me volvían.
—Si… Pero creo que primero deberíamos comer algo —me mordí el labio inferior. Observándola. Se me hacía imposible poder quitar la vista de semejantes facciones.
—Mm… sí, supongo. No hemos almorzado —rodeó su cintura con mi brazos y la atraje hacia mi cuerpo. Ella dejó subir sus manos hasta mi cuello —¿estás cansado? —negué con la cabeza.
—Tengo un poco de sueño, pero debe de ser por el via… —no me dejó terminar, ya que rápidamente se puso de puntillas para poder alcanzar mis labios y callar mis palabras con un beso. Pensé que se apartaría al instante, como la mayoría de las veces… pero en vez de eso se empeñó en convertir el beso en algo más profundo. Me limité a seguirla, saboreando sus labios, presionando su cintura suavemente con los dedos. Mery relamió mi labio inferior antes de aprisionarlo entre sus dientes, acto que me volvió loco. Entreabrí la boca para dar paso a mi lengua, incitándola a ella a imitarme. Y así lo hizo. Comenzamos inconscientemente un nuevo juego, intentando dominar en la boca del otro. Sus dedos se entrelazaron firmemente en mi cabello.
Nos separamos unos segundos para tomarnos un respiro. Me di cuenta en ese momento de que mi corazón latía a cien por minuto y estaba agitado. Las mejillas de Mery estaban rojas, se notaba acalorada. No lo pensé dos veces y me lancé a sus labios nuevamente. Volviendo a sentir eso que tanto me gustaba en el cuerpo. Mery dio un paso hacia delante, obligándome a ir hacia atrás para no caer. Caminamos un par de paso más, sin separarnos y a ciegas, hasta dar con la cama. Sonreí, sin despegarme de su boca. Esto comenzaba a gustarme. Se dejó caer sobre la cama, llevándome con ella. Afirmé ambas rodillas en el colchón para evitar aplastarla.
—Bill…—dijo con un tono de voz casi inaudible, apartándose de mí. La miré sin entender. Por un momento se me vino la idea de que todo quedaría hasta aquí. Mery se acomodó mejor sobre la cama, apoyando su espalda sobre las almohadas. Miré sus ojos, sus mejillas encendidas y sus labios extremadamente rojos. Intentaba regular su respiración.
Suspiré y avancé hacia la cama para dejar las maletas.
—Odio los viajes largos —comentó —pero muero por ir a la playa ¿Tú no? —avanzó hacia mí ágilmente y me rodeó con sus brazos. Para enseguida alzar el rostro y mirarme con esos ojos y esa sonrisa que tan loco me volvían.
—Si… Pero creo que primero deberíamos comer algo —me mordí el labio inferior. Observándola. Se me hacía imposible poder quitar la vista de semejantes facciones.
—Mm… sí, supongo. No hemos almorzado —rodeó su cintura con mi brazos y la atraje hacia mi cuerpo. Ella dejó subir sus manos hasta mi cuello —¿estás cansado? —negué con la cabeza.
—Tengo un poco de sueño, pero debe de ser por el via… —no me dejó terminar, ya que rápidamente se puso de puntillas para poder alcanzar mis labios y callar mis palabras con un beso. Pensé que se apartaría al instante, como la mayoría de las veces… pero en vez de eso se empeñó en convertir el beso en algo más profundo. Me limité a seguirla, saboreando sus labios, presionando su cintura suavemente con los dedos. Mery relamió mi labio inferior antes de aprisionarlo entre sus dientes, acto que me volvió loco. Entreabrí la boca para dar paso a mi lengua, incitándola a ella a imitarme. Y así lo hizo. Comenzamos inconscientemente un nuevo juego, intentando dominar en la boca del otro. Sus dedos se entrelazaron firmemente en mi cabello.
Nos separamos unos segundos para tomarnos un respiro. Me di cuenta en ese momento de que mi corazón latía a cien por minuto y estaba agitado. Las mejillas de Mery estaban rojas, se notaba acalorada. No lo pensé dos veces y me lancé a sus labios nuevamente. Volviendo a sentir eso que tanto me gustaba en el cuerpo. Mery dio un paso hacia delante, obligándome a ir hacia atrás para no caer. Caminamos un par de paso más, sin separarnos y a ciegas, hasta dar con la cama. Sonreí, sin despegarme de su boca. Esto comenzaba a gustarme. Se dejó caer sobre la cama, llevándome con ella. Afirmé ambas rodillas en el colchón para evitar aplastarla.
—Bill…—dijo con un tono de voz casi inaudible, apartándose de mí. La miré sin entender. Por un momento se me vino la idea de que todo quedaría hasta aquí. Mery se acomodó mejor sobre la cama, apoyando su espalda sobre las almohadas. Miré sus ojos, sus mejillas encendidas y sus labios extremadamente rojos. Intentaba regular su respiración.
—¿Pasa algo? —le pregunté. Ella negó con la cabeza, mordiéndose el labio inferior. Y enseguida metió la mano debajo de sus piernas, acercándose a mi rostro. Su mejilla rozó con la mía, y creo que dejé de respirar.
—Es… es esta estupidez que… que me molestaba… —suspiró con fuerza. Me enseñó algo que parecía ser el control de la TV. Reí, simplemente no lo pude evitar. Lo tomé y lo dejé caer hacia atrás, lejos de nosotros. El fuerte ruido que hizo al llegar al piso me hizo pensar que tal vez lo había roto. Decidí no darle importancia, y simplemente volví a los labios de Mery. Ella tomó mis mejillas con delicadeza y yo no dudé en llevar nuevamente mis manos a su cintura. El contacto de mis dedos con su suave y tibia piel me encantó. Su blusa se había subido… aproveché así para mover mis manos en su pancita y acariciarla con cuidado. Me separé de su boca un momento y enterré mi rostro en su cuello. La besé, saboreé y aspiré su aroma hasta hartarme, escuchado su fuerte respiración y sus jadeos.
—Es… es esta estupidez que… que me molestaba… —suspiró con fuerza. Me enseñó algo que parecía ser el control de la TV. Reí, simplemente no lo pude evitar. Lo tomé y lo dejé caer hacia atrás, lejos de nosotros. El fuerte ruido que hizo al llegar al piso me hizo pensar que tal vez lo había roto. Decidí no darle importancia, y simplemente volví a los labios de Mery. Ella tomó mis mejillas con delicadeza y yo no dudé en llevar nuevamente mis manos a su cintura. El contacto de mis dedos con su suave y tibia piel me encantó. Su blusa se había subido… aproveché así para mover mis manos en su pancita y acariciarla con cuidado. Me separé de su boca un momento y enterré mi rostro en su cuello. La besé, saboreé y aspiré su aroma hasta hartarme, escuchado su fuerte respiración y sus jadeos.
Sus manos dieron con el borde de mi camiseta en ese momento, introdujo las manos en ellas, acariciando mi pecho, sus manos bajaban y subían lentamente logrado hacer que eso allí abajo comenzara a arder.
Como un desesperado, busqué los botones de su blusa e intenté desabrocharlos torpemente. No se me daba hacer cosas de ese tipo en situaciones como estas. Mery rio al darse cuenta de la lucha que había comenzado con los botones… y me ayudó. Lentamente, casi torturándome, fue desabrochando botón por botón, dejándome como el baboso más grande del mundo. No podía evitar mirarla, observar su cuerpo… que era mío. Mía… mía… amaba esa palabra. Amaba sentir que Mery era mi chica, mi mujer. Me deshice de su blusa dejándola a los pies de la cama. Volví a buscar sus labios, pero ella me apartó antes de que lograra mi propósito. Sonrió traviesa y en seguida me di cuenta que era lo que se proponía. Con un poco de mi ayuda me quitó la camiseta. Y antes de que pudiera abalanzarme nuevamente sobre ella, su boca y su cuerpo, me empujó con ambas manos, haciéndome caer de espaldas en la cama. Gemí al sentir la presión de su trasero al ella sentarse sobre mis caderas. Mis manos fueron directo hacia esa zona desnuda de su cuerpo. Ella se limitó a observarme con los ojos brillantes, mientras sus manos recorrían con toda suavidad mi pecho y abdomen. Tragué saliva, sentía calor… mucho calor.
Un sonido totalmente ajeno llenó la habitación, interrumpiéndonos. Mery cambió la expresión de su rostro al instante, a una totalmente molesta.
Un sonido totalmente ajeno llenó la habitación, interrumpiéndonos. Mery cambió la expresión de su rostro al instante, a una totalmente molesta.
—Que oportuno —murmuró con la voz entrecortada. Se dejó caer a mi lado en la cama, y se metió la mano en el bolsillo del pantalón. Me miró, casi pidiendo disculpas y enseguida clavó los otros en la pantalla de su móvil—¿si, papá? —contestó casi sin voz. Se aclaró la garganta y se sentó sobre la cama, clavando sus ojos en los míos. En estos momentos realmente odiaba a mi suegro —estoy bien… y no, no estoy secuestrada —puso los ojos en blanco y enseguida se levantó de la cama. Tomó su blusa y comenzó a ponérsela dándome la espalda.
No dejé de mirarla, sintiendo como cada partícula de mi cuerpo se encendía, pero esta vez de la rabia que me había provocado la situación ¡No la había llamado en las pasadas tres noches y se le ocurría hacerlo hoy! ¡Genial, perfecto! ¡Bien! Que Mery hablara con su padre todo lo que quisiera, después de todo quien quedaba con la molestia entre las piernas era yo. Estupendo.
—Estoy en Italia… no me hables de esa mujer —habló con tono cansado. Estaba casi seguro de que su padre le daba un sermón. Terminó de abrochar los botones y comenzó a dar vueltas en la habitación. Me senté sobre la cama, sintiéndome totalmente incómodo. Resoplé con fuerza.
Di la situación por perdida al verla abrir la puertecilla de la terraza y abandonar la habitación. Del todo molesto me puse de pie, tomé mi camiseta y me metí en el baño.
No dejé de mirarla, sintiendo como cada partícula de mi cuerpo se encendía, pero esta vez de la rabia que me había provocado la situación ¡No la había llamado en las pasadas tres noches y se le ocurría hacerlo hoy! ¡Genial, perfecto! ¡Bien! Que Mery hablara con su padre todo lo que quisiera, después de todo quien quedaba con la molestia entre las piernas era yo. Estupendo.
—Estoy en Italia… no me hables de esa mujer —habló con tono cansado. Estaba casi seguro de que su padre le daba un sermón. Terminó de abrochar los botones y comenzó a dar vueltas en la habitación. Me senté sobre la cama, sintiéndome totalmente incómodo. Resoplé con fuerza.
Di la situación por perdida al verla abrir la puertecilla de la terraza y abandonar la habitación. Del todo molesto me puse de pie, tomé mi camiseta y me metí en el baño.

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