CAPITULO 61
Comencé a andar rápido, con el cuerpo tembloroso y un sollozo atorado en la garganta. Me urgía ir a casa de mi madre, buscar a Tom, refugiarme en mi gemelo.
Me pasé la mano por los ojos, quitando cualquier rastro de lágrimas que hubiese dejado salir mientras iba a casa, a la casa de mi madre. Cerré la puerta del coche, quedándome totalmente inmóvil. Esperaba alguna llamada… de cierta persona. Pero ni siquiera había contestado el mensaje… hubiese preferido un vete a la mierda.
Caminé a paso lento hacia la puerta. Pulsé el timbre durante medio segundo y esperé. El tiempo se hizo eterno.
—Hasta que te dignas a aparecer —habló nada más abrir la puerta. Lo miré, él supo al instante que debía dejar los reproches para otro momento —no me digas que… —lo aparté y pasé dentro de la casa. Tom cerró la puerta. Escaneé el lugar con la mirada, esperando ver alguna señal de que mamá estuviese aquí —no está, salió a cenar —informó, leyéndome el pensamiento —¿estás bien? —negué. A Tom no podía mentirle, tampoco podía mentirme a mí mismo. Había venido aquí para hablar sobre todo esto, desahogarme y pedirle algún consejo. Además, no estaba en condiciones de hacerme el valiente.
—No quiere hablarme —murmuré. Miré a Tom, este alzaba una ceja, sin entender las cosas. Recordé que él aún no sabía nada de lo que había pasado —olvidé nuestro aniversario.
—¿Qué? ¿Tú, un aniversario? Pensé que jamás podrías olvidarte de algo así —me miró sorprendido. Y es que claro… aquí yo era el más preocupado respecto a eso y unas cuantas cosas más, o al menos lo había sido hace un tiempo. Antes de comenzar a trabajar como un maniático sin vida. Antes de convertirme en esto.
—Agh, se me fue. Aún no puedo entender cómo es que olvidé algo tan importante —me fui directo al salón, seguido por Tom. Me dejé caer en uno de los sillones.
—¿La encontraste? —preguntó, sentándose a mi lado.
—Si… sé dónde está, pero no quiere hablar. No contesta el teléfono… no sé. No sé qué hacer, Tom —me llevé las manos a la cara, sintiéndome la peor persona del planeta. Mi hermano suspiró.
—Primero debes calmarte, ¿sí? —asentí sólo una vez —pienso que debes esperar a que ella se calme también. Ambos sabemos cómo son las chicas cuando se enojan…
—¡Es que no es cualquier chica! —exclamé, desesperado, mirándolo con reproche. ¿Cómo podía pedirme que me calmara en una situación así?
—Uhg, y ambos también sabemos cómo es Bill cuando se enoja —soltó molesto. Suspiró nuevamente. Él no era la mejor persona para dar este tipo de consejos, principalmente porque nunca se había sentido enamorado de alguna chica y le costaba ponerse en mi lugar, lo sabía. Aunque tal vez me sirviera de ayuda el hecho de que el mirara todo desde fuera, desde un punto neutro —cómo te decía… debería esperara hasta que las cosas se calmen un poco. Tal vez mañana ella esté dispuesta a hablar contigo y ya no se sienta tan indignada por eso del aniversario —se detuvo un segundo a pensar. Quizás Tom tenía razón. No servía de nada volver esta noche a ese departamento. No abrirían la puerta —¿crees que parte de su enojo sea porque nunca le prestas atención? —lo miré con los ojos como platos ¡Yo si le prestaba atención a Mery!
—Si le presto atención —lo corregí.
—Y es por eso que olvidaste su aniversario… —no supe que contestar. Él tenía la razón. Tampoco le prestaba mucha atención a él o a mamá.
¿Cómo pude dejar que esto sucediera? ¿En qué momento me convertí en… esto?
—¿La pelea fue muy fuerte? —preguntó, luego de haberme dado el tiempo suficiente como para reflexionar respecto a lo anterior. Me encogí de hombros. Era como las otras… aunque las demás peleas no eran por el mismo motivo y con la diferencia de que siempre acababan bien y estábamos arreglados al finalizar el día. Esta vez era diferente.
—Es mi culpa —me apoyé en el respaldo del sillón.
—Al menos te das cuenta —rolé los ojos. Tom, en parte, también estaba enojado por haberme olvidado de él. Lo sabía. ¡Pero es que yo no lo había olvidado! Nos tenemos un amor enorme, somos gemelos, nos conocemos desde el vientre. No era mi intención ignorarlo por algún tiempo… lo hice sin pensar, creyendo que lo hacía de maravilla con el trabajo y todo eso. Pero me equivoqué, dándome cuenta demasiado tarde de que estaba cometiendo un error.
No quería que todo esto pasara… Ahora no sabía cómo solucionarlo.
Caminé a paso lento hacia la puerta. Pulsé el timbre durante medio segundo y esperé. El tiempo se hizo eterno.
—Hasta que te dignas a aparecer —habló nada más abrir la puerta. Lo miré, él supo al instante que debía dejar los reproches para otro momento —no me digas que… —lo aparté y pasé dentro de la casa. Tom cerró la puerta. Escaneé el lugar con la mirada, esperando ver alguna señal de que mamá estuviese aquí —no está, salió a cenar —informó, leyéndome el pensamiento —¿estás bien? —negué. A Tom no podía mentirle, tampoco podía mentirme a mí mismo. Había venido aquí para hablar sobre todo esto, desahogarme y pedirle algún consejo. Además, no estaba en condiciones de hacerme el valiente.
—No quiere hablarme —murmuré. Miré a Tom, este alzaba una ceja, sin entender las cosas. Recordé que él aún no sabía nada de lo que había pasado —olvidé nuestro aniversario.
—¿Qué? ¿Tú, un aniversario? Pensé que jamás podrías olvidarte de algo así —me miró sorprendido. Y es que claro… aquí yo era el más preocupado respecto a eso y unas cuantas cosas más, o al menos lo había sido hace un tiempo. Antes de comenzar a trabajar como un maniático sin vida. Antes de convertirme en esto.
—Agh, se me fue. Aún no puedo entender cómo es que olvidé algo tan importante —me fui directo al salón, seguido por Tom. Me dejé caer en uno de los sillones.
—¿La encontraste? —preguntó, sentándose a mi lado.
—Si… sé dónde está, pero no quiere hablar. No contesta el teléfono… no sé. No sé qué hacer, Tom —me llevé las manos a la cara, sintiéndome la peor persona del planeta. Mi hermano suspiró.
—Primero debes calmarte, ¿sí? —asentí sólo una vez —pienso que debes esperar a que ella se calme también. Ambos sabemos cómo son las chicas cuando se enojan…
—¡Es que no es cualquier chica! —exclamé, desesperado, mirándolo con reproche. ¿Cómo podía pedirme que me calmara en una situación así?
—Uhg, y ambos también sabemos cómo es Bill cuando se enoja —soltó molesto. Suspiró nuevamente. Él no era la mejor persona para dar este tipo de consejos, principalmente porque nunca se había sentido enamorado de alguna chica y le costaba ponerse en mi lugar, lo sabía. Aunque tal vez me sirviera de ayuda el hecho de que el mirara todo desde fuera, desde un punto neutro —cómo te decía… debería esperara hasta que las cosas se calmen un poco. Tal vez mañana ella esté dispuesta a hablar contigo y ya no se sienta tan indignada por eso del aniversario —se detuvo un segundo a pensar. Quizás Tom tenía razón. No servía de nada volver esta noche a ese departamento. No abrirían la puerta —¿crees que parte de su enojo sea porque nunca le prestas atención? —lo miré con los ojos como platos ¡Yo si le prestaba atención a Mery!
—Si le presto atención —lo corregí.
—Y es por eso que olvidaste su aniversario… —no supe que contestar. Él tenía la razón. Tampoco le prestaba mucha atención a él o a mamá.
¿Cómo pude dejar que esto sucediera? ¿En qué momento me convertí en… esto?
—¿La pelea fue muy fuerte? —preguntó, luego de haberme dado el tiempo suficiente como para reflexionar respecto a lo anterior. Me encogí de hombros. Era como las otras… aunque las demás peleas no eran por el mismo motivo y con la diferencia de que siempre acababan bien y estábamos arreglados al finalizar el día. Esta vez era diferente.
—Es mi culpa —me apoyé en el respaldo del sillón.
—Al menos te das cuenta —rolé los ojos. Tom, en parte, también estaba enojado por haberme olvidado de él. Lo sabía. ¡Pero es que yo no lo había olvidado! Nos tenemos un amor enorme, somos gemelos, nos conocemos desde el vientre. No era mi intención ignorarlo por algún tiempo… lo hice sin pensar, creyendo que lo hacía de maravilla con el trabajo y todo eso. Pero me equivoqué, dándome cuenta demasiado tarde de que estaba cometiendo un error.
No quería que todo esto pasara… Ahora no sabía cómo solucionarlo.
Seguimos conversando un rato más, esperando a mamá y a Gordon. Y al ver que ya daban las doce y no llegaban decidimos irnos a la cama. Seguro ellos se estaban divirtiendo. Intenté llamar a Mery incontables veces antes de dormir, incluso le escribí un mensaje para desearle las buenas noches. Me costó un poco conciliar el sueño, pero estaba tan cansado que acabé durmiéndome.
Abrí levemente los ojos, examinando el lugar. Sentí un nudo en la garganta al darme cuenta de que Mery no estaba a mi lado, al recordar todo. Estaba en la casa de mamá. Me pasé la mano por los ojos y bostecé. Ya era domingo. Tenía que hablar con ella y arreglar todo este problema. Seguramente Mery seguía estando en el departamento de Isabella. Me incorporé y busqué el móvil en la mesita de noche, esperaba encontrarme con algún mensaje de su parte, alguna llamada perdida o algo que me diera alguna señal de que quisiera hablar conmigo. Pero no. Absolutamente nada.
Me levanté y vestí con la ropa del día anterior. Antes de buscar a Mery iría a mi casa, para ducharme y cambiarme de ropa.
Como supuse, nadie se había levantado aún. Ni siquiera mamá… es que con la salida de anoche… uf, dudo que quiera despertar temprano. Comí un poco de cereales en la cocina y me guardé un poco en los bolsillos. Tomé un vaso de agua y salí de allí. Me entraron unas enormes ganas de ir en busca de Tom. Me sentía inseguro… débil, necesitaba de su ayuda. Pero me contuve… después de todo el problema era mío, yo lo había causado y yo mismo tenía que ser quien lo solucionara.
Intenté pensar en algo para decirle a Mery, aunque en el fondo sabía que acabaría suplicándole perdón como la mayoría de las veces en las que me equivocaba. Suspiré. Sólo tenía que lograr que abriera esa maldita puerta.
No sé en qué momento mi vida se volvió tan complicada. Antes todo era más fácil, más divertido. Antes podía salir todo lo que quisiera y hacer todo lo que se me antojara sin tener que preocuparme de una casa, de una universidad y de una chica. Pensar en todos esto cambios que mi vida había sufrido durante este tiempo me asustaba. Ya no podía ir por la vida dándomelas de hombre libre sin preocupaciones. Ahora ya tenía mis propias responsabilidades… y entendía perfectamente a mamá. Ugh, si, odio admitirlo, pero ya me estoy volviendo viejo.
Me distraje escuchando música mientras iba a casa. Tenía la leve esperanza de que pudiera dejar los problemas a un lado durante ese lapso de tiempo… pero se me hizo imposible. No podía sacarme a Mery de la cabeza, así como tampoco podía dejar de reprocharme lo poco atento que había sido con ella, la forma en que la había tratado este tiempo y el hecho de haber olvidado nuestro aniversario. ¡Es que Dios!, un aniversario es importante, mucho más si es nuestro aniversario. Ni siquiera lo habíamos pasado juntos… todo esto era mi culpa. Pero si ella… si tan sólo hubiese aceptado hablar conmigo…
Entré en la casa. Una sensación de angustia me llenó el cuerpo rápidamente. El lugar se notaba mucho más oscuro, solitario… sin vida. Intenté ignorarlo y me apresuré en subir a mi habitación. Nuestra habitación. Busqué ropa, toallas y todo lo necesario para luego meterme en el baño.
Me di una ducha rápida, como no es de costumbre. Enseguida me vestí, me arreglé un poco y volví a salir. Algo me empujaba a apretar el acelerador a fondo, tenía que llegar lo antes posible, lo necesitaba. La necesitaba. Seguro había pasado el tiempo suficiente como para que Mery ya se hubiese calmado un poco. Yo estaba más calmado, dentro de lo que se podía, claro.
Pasé frente al edificio, andando lento. Pude divisar, al acercarme, dos siluetas en la parada de autobuses. Esperé a acercarme un poco más y pude divisar a dos chicas allí. Me faltó el aire al darme cuenta de que una de esas dos chicas era mi Mery. Quien ya miraba en mi dirección… se había percatado de mi presencia. Estacioné el coche en el primer sitio que encontré, sin importarme fuese autorizado o no. Me bajé, las piernas me temblaban y me sudaban las manos. Me apresuré en cruzar la calle, sintiendo los fuertes latidos de mi corazón chocando contra mi pecho. Mery seguía mirándome, y yo no podía quitarle los ojos de encima. Tragué saliva, y de detuve… muy cerca de ella. Su expresión no me agradó, no me miraba con odio, tampoco con indiferencia… si no que era una mezcla de un montón de emociones que no sabía descifrar. Lo que si podía asegurar, era que sus ojos comenzaban a humedecerse, al igual que los míos.
—Mery… —me acerqué otro paso más a ella. Miré fugazmente a Isabella, quien se alejó un poco para darnos privacidad. Dios, estaba nervioso… no sabía que decirle, que hacer. No tenía idea de cómo pedirle disculpas.
Me levanté y vestí con la ropa del día anterior. Antes de buscar a Mery iría a mi casa, para ducharme y cambiarme de ropa.
Como supuse, nadie se había levantado aún. Ni siquiera mamá… es que con la salida de anoche… uf, dudo que quiera despertar temprano. Comí un poco de cereales en la cocina y me guardé un poco en los bolsillos. Tomé un vaso de agua y salí de allí. Me entraron unas enormes ganas de ir en busca de Tom. Me sentía inseguro… débil, necesitaba de su ayuda. Pero me contuve… después de todo el problema era mío, yo lo había causado y yo mismo tenía que ser quien lo solucionara.
Intenté pensar en algo para decirle a Mery, aunque en el fondo sabía que acabaría suplicándole perdón como la mayoría de las veces en las que me equivocaba. Suspiré. Sólo tenía que lograr que abriera esa maldita puerta.
No sé en qué momento mi vida se volvió tan complicada. Antes todo era más fácil, más divertido. Antes podía salir todo lo que quisiera y hacer todo lo que se me antojara sin tener que preocuparme de una casa, de una universidad y de una chica. Pensar en todos esto cambios que mi vida había sufrido durante este tiempo me asustaba. Ya no podía ir por la vida dándomelas de hombre libre sin preocupaciones. Ahora ya tenía mis propias responsabilidades… y entendía perfectamente a mamá. Ugh, si, odio admitirlo, pero ya me estoy volviendo viejo.
Me distraje escuchando música mientras iba a casa. Tenía la leve esperanza de que pudiera dejar los problemas a un lado durante ese lapso de tiempo… pero se me hizo imposible. No podía sacarme a Mery de la cabeza, así como tampoco podía dejar de reprocharme lo poco atento que había sido con ella, la forma en que la había tratado este tiempo y el hecho de haber olvidado nuestro aniversario. ¡Es que Dios!, un aniversario es importante, mucho más si es nuestro aniversario. Ni siquiera lo habíamos pasado juntos… todo esto era mi culpa. Pero si ella… si tan sólo hubiese aceptado hablar conmigo…
Entré en la casa. Una sensación de angustia me llenó el cuerpo rápidamente. El lugar se notaba mucho más oscuro, solitario… sin vida. Intenté ignorarlo y me apresuré en subir a mi habitación. Nuestra habitación. Busqué ropa, toallas y todo lo necesario para luego meterme en el baño.
Me di una ducha rápida, como no es de costumbre. Enseguida me vestí, me arreglé un poco y volví a salir. Algo me empujaba a apretar el acelerador a fondo, tenía que llegar lo antes posible, lo necesitaba. La necesitaba. Seguro había pasado el tiempo suficiente como para que Mery ya se hubiese calmado un poco. Yo estaba más calmado, dentro de lo que se podía, claro.
Pasé frente al edificio, andando lento. Pude divisar, al acercarme, dos siluetas en la parada de autobuses. Esperé a acercarme un poco más y pude divisar a dos chicas allí. Me faltó el aire al darme cuenta de que una de esas dos chicas era mi Mery. Quien ya miraba en mi dirección… se había percatado de mi presencia. Estacioné el coche en el primer sitio que encontré, sin importarme fuese autorizado o no. Me bajé, las piernas me temblaban y me sudaban las manos. Me apresuré en cruzar la calle, sintiendo los fuertes latidos de mi corazón chocando contra mi pecho. Mery seguía mirándome, y yo no podía quitarle los ojos de encima. Tragué saliva, y de detuve… muy cerca de ella. Su expresión no me agradó, no me miraba con odio, tampoco con indiferencia… si no que era una mezcla de un montón de emociones que no sabía descifrar. Lo que si podía asegurar, era que sus ojos comenzaban a humedecerse, al igual que los míos.
—Mery… —me acerqué otro paso más a ella. Miré fugazmente a Isabella, quien se alejó un poco para darnos privacidad. Dios, estaba nervioso… no sabía que decirle, que hacer. No tenía idea de cómo pedirle disculpas.
—Bill, yo…—miró fugazmente hacia la calle, escapado de mi mirada. Su voz había sonado temblorosa, se mordió el labio inferior… sin continuar.
—Perdóname —murmuré. Ella asintió levemente con la cabeza.
—Perdóname —murmuré. Ella asintió levemente con la cabeza.
—Creo… creo que me he convertido en… una carga para ti —habló bajito, su voz seguía siendo temblorosa. Intenté decirle que era totalmente lo contrario, pero no me salían las palabras. Y aunque lo dijera no tendría mucho sentido, pues había demostrado lo contrario en este último tiempo —he estado pensando… en lo que es mejor para ambos… para ti —me congelé. Esto comenzaba a sonarme a…
—Es mejor para ambos que-que arreglemos todo, empecemos de nuevo ¿Qui-quieres? —prácticamente me atraganté con las palabras.
—No, Bill. Me... me refiero a… —dejé de respirar. El tono de su voz, su actitud... todo apuntaba a que…—a separarnos —no.
—No —negué. Ella asintió, cerrando los ojos con fuerza. Cuando volvió a abrirlos me di cuenta de que se estaban enrojeciendo —Mery, no… —me costaba hablar, tenía un inmenso nudo en la garganta —no hables tonterías…
—No son tonterías —se llevó la mano a los ojos —es sólo que… no quiero seguir con esto —su voz se volvía cada vez más lastimera. Comenzaría a llorar en cualquier momento. Y yo también, sus palabras me desgarraban el pecho —es mejor que terminemos de una vez —entreabrió los labios, respirando rápidamente.
—No puedes tirar todo a la basura —soné desesperado, estaba desesperado. La única persona de la cual yo realmente me había enamorado acaba de dejarme —¿ya no me amas, Mery? ¿Es eso?
—Si te amo… pero, pero no puedo seguir, Bill —sollozó —es por ti, por mi… —hubiese preferido mil veces haberme encontrado con una Meer agresiva, aún enojada por lo de ayer.
—Dame una oportunidad, sólo una —pedí. Ella volvió a negar con la cabeza. Y enseguida clavó los ojos en el autobús que se detenía frente a nosotros.
—Se acabó —volvió a mirarme, sus ojos estaban enrojecidos, húmedos… y sus mejillas empapadas en lágrimas. Deseé morir.
—No, no se acabó, Mery… —estaba comenzando a desesperarme. Ella se acercó rápidamente a mí, se puso de puntillas, y me besó en la mejilla. El contacto fue rápido, casi un roce, aun así pude sentir como un millón de emociones me llenaban el cuerpo. Y no pude hacer nada, no entiendo cómo es que no pude tomarla e impedir que se alejara de mí. Estaba hecho una estatua.
—Adiós —murmuró, para luego rápidamente subirse al autobús. Inevitablemente dejé ir una lágrima, seguida de unas cuantas más. Dolía, dolía demasiado. Mery me dejaba, por su voluntad… El autobús se fue. Y yo quedé ahí, solo. ...Jurándome a mí mismo que no la dejaría ir.

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