28 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 28




CAPITULO 28

Apuré aún más el paso y comencé a correr. Tenía ganas de salir de allí cuanto... antes llegar a mi casa y cerrarle a Bill la puerta en la cara. Y luego, ya no volver a salir.
¡Annie! volvió a gritar. Lo sentí bastante cerca. Me aterré. No quería hablar con él. No ahora.
Y justo en el momento en que estaba comenzando a tomar mayor velocidad, a unas tres casas de llegar a mi destino, sus dedos se enrollaron en torno a mi muñeca, haciendo que me detuviera de sopetón. Intenté soltarme, pegando un fuerte tirón, pero se le hizo imposible. Vale, mi patético y cobarde intento de escape se había ido a la mierda.
Bill tiró mi brazo de tal manera que me dio media vuelta y quedé frente a él. Sentí como cada músculo de mi cuerpo se tensaba y tuve que hacer un gran esfuerzo en hacer entrar el aire en mis pulmones sin hacer un fuerte ruido que fuese a delatar mi estado.
¿Dónde te habías metido? habló con tono de preocupación, mientras soltaba mi mano y me rodeaba con sus brazos, pegándome a su cuerpo. Instantáneamente lo empujé por los hombros y lo separé de mi, alejándolo un par de pasos. Tenía la mirada clavada en el piso, no me atrevía a mirarlo… Hice el ademán de darme la vuelta y seguir caminando, pero él me lo impidió, volviendo a cogerme del brazo estaba… preocupado por ti ¿quieres hablar ahora? Por favor... negué con la cabeza sólo una vez mírame.
No la voz me salió temblorosa, eso no me gustó nada.
Annie… musitó mientras llevaba su otra mano a mi rostro y hacía fuerza, intentando levantarlo. Y lo consiguió. Entonces, en su rostro se formó una mueca de dolor. También me di cuenta de que él estaba sin maquillaje y sus ojos estaban algo hinchados. Aunque claro, seguía viéndose hermoso… Hacía mucho que no lo veía así… Bill Kaulitz al natural ¿estuviste… llorando?
Mierda. Moví la cabeza rápidamente y miré hacia otro lado.
¿Sabes?, no debería importarte espeté.
Pero si me importa.
Si me haces el favor de soltarme…
No quiero bufé. Estaba intentando retener las lágrimas… hablemos, Annie… Busquemos una solución…
No —lo corté, intentando acabar esta absurda conversación rápidamente no hay solución y tampoco vale la pena buscar una mentí no te quiero y ya no quiero estar contigo.
Silencio.
Bill no dijo nada hasta que hubieron pasado ya unos cuantos segundos más de los que tendría que haber tardado en contestar.
Sabes que no es verdad…
¿Me dices mentirosa? miré mis zapatillas. Pero Bill volvió a alzar mi rostro rápidamente.
Mírame a los ojos y dime que no me quieres… Entonces te soltaré y te dejaré en paz.
Me perdí en su mirada, en su dolor…
Y entonces, de mis ojos llenos de lágrimas, se escapó una que rodó por mi mejilla con lentitud.
Tragué saliva, preparándome para lo peor…
Yo… yo...
¿Ves? me cortó todo tiene solución. Podemos arreglar las cosas y...
Déjame le ordené corriendo mi cara hacia un lado para no mirarlo. Pero su mano seguía fuertemente agarrada a mi muñeca, sin querer soltarme. Me mordí el labio inferior intentando reprimir un sollozo, no quería llorar, no quería quedar como una estúpida ¿Tu me quieres? le pregunté de sopetón.
Te amo. Yo...
Entonces suéltame. Déjame tranquila de una vez y no vuelvas a hablarme jamás le espeté. Su mano que rodeaba mi muñeca perdió la fuerza.
Pero... quité mi brazo de entre sus dedos y retrocedí un par de pasos, caminando de espaldas para asegurarme de que él no fuese a cogerme de nuevo.
Ya está. Aquí es donde esto llegó, aquí termina. Quizás... cuando ya todo se calme podamos hablarlo, pero por ahora no quiero saber de ti le dije sin tan siquiera mirarlo, para seguidamente darme la vuelta y echarme a correr hacia mi casa.
Una vez llegué a la puerta, piqué al timbre unas cuantas veces seguidas. Miré hacia atrás, pude ver a Bill de pie, en el mismo lugar en que lo había dejado. Yo no iba a cambiar de opinión. Ya estaba dicho, la decisión ya estaba tomada y las cosas se iban a quedar así. Este era el final. Ya ni siquiera podía haber amistad... Nada.
Volví nuevamente la vista borrosa hacia la puerta en el momento en que se abría.
Sentía que las piernas me temblaban y que ya no me podía mantener el pié. Quería llorar, quería gritar, quería sacar todo lo que tenía dentro. El pecho me dolía, sentía como si algo me estuviese estrujando el corazón.
¡Hija! ¿dónde te habías metido? —la voz de alivio de mi madre me hizo sentir más en casa.
No lo pensé de veces, cogí el aire que me faltaba y me tiré a sus brazos echándome a llorar. En ese momento mi cuerpo comenzó a temblar y ya no podía contener los sollozos.
Mamá me abrazó y yo escondí mi cabeza entre su cabello, mientras ella caminaba un par de pasos hacia dentro de la casa y cerraba la puerta.
¿Qué pasó, amor? me preguntó con voz dulce mientras llevaba su mano a mi cabeza. No le contesté. Ni siquiera podía articular palabra puedes contarme, hija.
Mamá... me costaba hablar, no podía controlar los sollozos.
A ver, vamos a sentarnos, ¿si? caminó conmigo hacia el sillón y seguidamente se sentó, yo me senté a su lado, aún pegada a su cuerpo. Me separó de ella con sus brazos e hizo que la mirara. La cara me ardía y sentía que no podía dejar de llorar.
Bill. Todo había sido su culpa.
Dime que ocurrió ¿alguien te dijo algo malo? ¿te peleaste con alguien? negué con la cabeza. Ella no sabía nada. Tampoco de lo iba a contar, me daba una vergüenza enorme. Vamos que era mi madre ¿entonces qué pasó?
Bill murmuré.
Si, él estuvo por aquí buscándote... se veía alterado, ¿qué ocurrió? ella llevó su mano a mi cabello y comenzó a acariciarme despacio.
Pasa que ya no seremos amigos mi madre quedó con cara de no entender nada. Y no tengo idea de si habría sido porque Bill y yo ya no seríamos amigos o porque no había entendido lo que yo había dicho entre tantos hipos y sollozos.
¿Qué pasó con Bill?
Lo odio, mamá lloré más fuerte. Ella volvió a abrazarme y yo volví a esconder mi cara en su cabello.
¡Mamá!, ¡me voy a casa de Chels! escuché un grito y seguidamente un fuerte portazo.
Qué chico, si estuvo con ella durante todo el día murmuró ahora, dime ¿por qué lo odias? Creí que eran amigos.
Lo éramos.
Todo se arreglará negué con la cabeza un par de veces sabes que sí. Estás llorando por nada. Ya verás como luego todo se arregla y vuelven a ser los amigos que siempre fueron me separó de ella cogiéndome por los hombros y me sonrió. Como se notaba que ella no sabía nada acerca de todo lo que había pasado con Bill y yo ahora me limpió las lágrimas con sus manos —...¿Qqé te parece si nos tomamos un café con unos pastelillos de chocolate que acabo de hacer? Para que se te quite la tristeza sonreí forzosamente y asentí con la cabeza vamos me cogió de la mano y me levantó del sillón para dirigirnos hacia la cocina.

Entré en mi habitación, estaba cansada y quería dormir.
Ya no tenía ganas de llorar, sólo tenía unas enormes ganas de desconectarme del mundo y dejar de lado los problemas. El día siguiente sería lunes y habría clases. Una mierda. Tendría que ver a Bill y eso iba a ser de lo más terrible.
Me quité la ropa con rapidez, estaba muerta de frío, para luego ponerme mi pijama y meterme entre las sábanas.
Me cubrí hasta la cabeza y me acurruqué echa un ovillo, para lego cerrar los ojos e intentar no pensar en nada.


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