07 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 32







CAPITULO 32


—¡Tom! —al escuchar esa voz me separé rápidamente de sus labios y giré la cabeza hacia atrás, para confirmar lo que pensaba. Era Bill. Su grito no había sonado para nada extraño. Posó sus ojos en mi luego de haber mirado por unos segundos a su hermano. Si mirada no me gustó para nada. De alguna manera me había hecho sentir mal. 
Me había besado con Tom. El hermano gemelo de mi… de Bill. Y con Bill, me había besado hacía unos minutos. Luego él se había besado con Stella. 
Tuve la impresión de que me estaba comportando como Stella y me estaba volviendo una puta. Cogí mucho aire por la boca, ya que había dejado de respirar, y en ese momento me di cuenta de que el corazón estaba que se me salía del cuerpo. El color se me fue a las mejillas y me sentí tiritar.
Vi como Bill le hacía señas a Tom con la mano para que fuese donde él se encontraba. Me sentí un poco alterada y miré a Tom. Este se levantó rápidamente del banco con una sonrisa en la cara y se dirigió a cruzar la calle, no sin antes decirme un “vuelvo en un segundo”. 
Luego volví a mirar a Bill. Él tenía los ojos clavados en mí, el ceño fruncido y expresión de rabia. Me quedé completamente embobada observándolo.
Hasta que me dejó de observar y comenzó a hablar con Tom. Algo me decía que no querían hablar fuerte, pues estaban bastante cerca y parecían susurrarse. Tom se limitaba a asentir relajado, mientras Bill le seguía diciendo algo que yo no lograba escuchar, este último estaba un poco alterado. Bill movía mucho las manos, gesticulando. Y Tom asentía cada vez más rápido, dejando aparecer una expresión de cansancio en su rostro. 
Me pregunté qué era lo que le decía, aunque ya fuese de suponer.
Me concentré en no pensar en los dos besos de hoy, si no que hasta la noche cuando pudiese meditar en paz. Porque si no, iba a ponerme a darle vueltas a las cosas una y otra vez y terminaría mal. 
Tom comenzó a caminar hacia mí con una expresión parecida a la que se queda uno luego de haber chupado un limón. Mientras que Bill volvía a entrar en el hospital a paso lento y sin volver a mirarme. 
Tom no tardó en llegar hasta donde yo me encontraba. Se detuvo frente a mí y me miró con la misma expresión cansada con la que miraba a su hermano.
—Tu madre te llama, quiere que vayas. 
—No quiero… —me apresuré en decir. 
—Tienes que ir, Bill me dijo que era urgente —suspiré.
—No quiero. 
—Argh, no te comportes así, ven, vamos. Si quieres luego volvemos a salir —eso para mí no sonó muy bien que digamos. Resoplé y me levanté de la banca con la torpe brusquedad característica de mí.
—Mujer estúpida —susurré mientras comenzaba a caminar hacia la calle con Tom detrás de mí.
Justo en ese momento me entraron unas terribles ganas de coger un cigarro y fumar. No lo hacía desde que había vuelto a Alemania.
Tom se acercó a mi hasta ponerse a mi lado y caminamos en silencio hasta entrar en el hospital. Divisé a la chica de la tienda de dulces, estaba con ropa normal, sin el uniforme que había estado usando antes de que yo le hubiese lanzado el café encima… y estaba cerrando la tiendita. Pasé como si nada al lado de ella. 
—¡Hola! —me sorprendí bastante cuando saludó a Tom. Tom la miró con los ojos muy abiertos, algo extrañado. 
—Hola —le contestó cuando se detenía. Yo puse los ojos en blanco y seguí hacia el ascensor.
—¿Me recuerdas? Soy Lucy —le dijo la chica, y eso fue lo último que escuché, pues luego yo estuve lo bastante lejos como para no oír. Apreté el botón del ascensor. Estuve esperando un poco hasta que la puerta se abrió. No tardé en entrar y en arrimarme hacia una de las esquinas, pues no iba nadie más. 
La puerta estaba por cerrarse cuando volvió a abrirse. Miré hacia allí con una sonrisa, pensando en que se trataba de Tom. Pero en vez de él, apareció su gemelo. Bill. 
¿Otra vez en el ascensor con él?
Él se metió dentro y las puertas se cerraron. 
Me tensé y apreté la mandíbula mientras veía, casi en cámara lenta, como él se daba la vuelta hasta quedar frente a mí. A gran distancia, claro. Me observó detenidamente durante un largo segundo, mientras yo aguantaba la respiración. El tiempo se me hizo eterno. Y sentí como si hubiesen pasado horas hasta que alzó la mano y presionó uno de los botones. Yo seguía totalmente perdida, mientras observaba cada uno de sus movimientos, incluso los más leves. Él me seguía mirando directamente a los ojos, sin cambiar de posición. Y yo, me sorprendí demasiado al darme cuenta de que no había bajado la mirada. Bill no tenía expresión en el rostro. Sus ojos estaban fríos, aunque muy, muy en el fondo podía distinguir algún sentimiento que no podía identificar. Pero la forma en como tenía los labios me dijo que lo que él pensaba no era nada bueno. Quizás. Pero quizás, me estaba equivocando. 
Analicé la situación rápidamente en mi cabeza. Si miraba todo lo ocurrido desde el punto más frío posible, me daba cuenta de que todo era una estúpida y patética locura. Yo, enamorada de alguien con quien había salido hacía ya tres años y algún tiempo ¿acaso tres años no eran el suficiente tiempo como para olvidar? Yo había creído haber superado todo… pero no. Desde que lo había visto no había dejado de pensar en él. Él me había besado, habíamos peleado, él me había insultado… y yo igual a él. Era como una especie de guerra. Las cosas ya no se arreglarían, él me había visto besándome con su hermano gemelo. Pero eso no era todo. Y para agregarle aún más problemas a esto, se sumaba la puta de Stella. Que al parecer andaba en algo con él. 
No voy a negar que me hubiera gustado mucho que él hubiese sido mío. Hubiese sido mi Bill… pero no. 
El ascensor se comenzó a mover. Pasaron un par de largos segundos… 
Entonces Bill volvió a estirar el brazo hacia los botones, y hundió el dedo en uno de ellos. El ascensor se detuvo al instante. El corazón se me aceleró y el aire salió de mi boca con fuerza.
Entonces Bill volvió la cabeza y me miró. Quise decirle algo, pero las palabras no me salían.
Comenzó a acercarse, mientras yo me desesperaba cada vez más. Sentí que algo apretaba mi garganta. 
Se detuvo cuando ya estaba demasiado cerca de mí. Nos separaban sólo unos escasos centímetros. La expresión de su rostro no había variado en lo más mínimo y eso me asustó un poco. Abrió la boca para decir algo. Sus labios…
—Necesitamos hablar —pestañeé un par de veces al oírlo decir eso y esquivé su mirada, dirigiendo la mía hacia otro punto en el ascensor. 
—¿Qué... quieres hablar? —me aclaré la garganta.
—Quiero hablar sobre lo que tú no quisiste hablarme hace un tiempo —tras repetir el trabalenguas que él había dicho unas cuantas veces más en mi cabeza, lo comprendí. Recordaba que el día en que lo había visto por primera vez desde mi llegada de América, él me había dicho que quería hablar conmigo. Y yo, enojada, me había negado. No respondí. Pues no sabía si negarme, como la vez anterior o aceptar la conversación —ya sabes… —se aclaró la garganta —quedar en algo, no sé. 
—Si tú quieres —me encogí de hombros y lo volví a mirar. Casi pude notar como reprimía una media sonrisa. Pasó un brazo por el lado de mi cabeza, apoyándolo en la pared. 
—Me gustaría que pudiéramos arreglar las cosas —mantuve mi mirada fría mientras pensaba en que decir.
—Te escucho —fue lo único que se me ocurrió. En realidad, intentaba estar tranquila pues sentía que estaba por perder los nervios. No tenía idea de que hacer, ni que decir. Estaba en una mala situación.
—¿Aún sientes algo por mí? —me tensé aún más al escuchar eso y no supe que responder. No moví ni un solo milímetro de mi cuerpo. Mis ojos estaban fijos a los suyos. Intentaba no delatar nada a través de ellos. 
Mi cabeza voló hacia otro mundo mientras él se comenzaba a acercar poco a poco a mi rostro.
—Meer, yo… —suspiró. Y luego su voz sonó algo lastimera —Mery… —casi pego un salto de la impresión al escuchar eso. Luché para que mi mandíbula se mantuviera en su lugar y no cayera al suelo —creo que me di cuenta… de que… —y seguía acercándose a mí cada vez más. Mis nervios aumentaron. Estaba perdida en él y sin poder pensar con claridad, estaba completamente aturdida. Tragué saliva —quizás es un poco tarde… —cerré los ojos al sentir su respiración muy cerca de mi… y en ese momento me di cuenta de lo que estaba haciendo. Él me había hecho mucho daño en muy poco tiempo ¿y si me quería hacer más daño aún? ¿y si él me quería ver mal de nuevo? ¿y si me estaba engañando? Sentí rabia. Entonces, pude reaccionar.
Lo empujé hacia atrás, haciendo fuerza con los brazos y separándolo de mí. Su expresión era entre cortado y confundido. Mi mirada se enfrió al instante y le dediqué el peor gesto de asco posible.
—¿Qué crees que haces? —le espeté. Él intentó acercarse a mí de nuevo.
—Me… 
—No te acerques —dije dando un paso hacia el lado y poniendo ambas manos frente a mí para alejarlo de nuevo si era necesario.
—Pero Meer… hablemos —negué con la cabeza.
—De lejos —dije poniendo una condición para que él no se me acercara y no fuese a intentar nada que me hiciera no estar debidamente consciente.
—De lejos —afirmó asintiendo con la cabeza. Tragué saliva y me animé a volver a mirarlo. 
—Comienza… - Dije al ver que él se quedaba callado, observándome. Fue a dar un paso pero yo volví a situar mi mano frente a mí para apartarlo. 
—Lo siento —se disculpó mientras volvía a retroceder. Yo no dije nada y el suspiró fuertemente —lo siento. Meer… discúlpame —sus ojos tenían una extraña expresión que no podría explicar con palabras. Miré hacia otro lugar rápidamente, sabía que si no, acabaría rendida… —me… equivoqué. Desde el principio… Disculpa lo de hoy, olvídalo todo… por favor —volvió a dar otro paso. Yo repetí el gesto anterior, pero él no volvió a retroceder  —… por favor —volvió a repetir —quieres… ¿Quieres comenzar todo de nuevo? —negué con la cabeza tras analizar lo que él me había dicho.
—No. Lo hecho ya está hecho y no se puede cambiar. 
—¿Y si te prometo que todo estará bien? —siguió acercándose, hasta que acabé con mi mano en su pecho. 
—No aceptaría —volví a negar con la cabeza. 
—Por favor…
—No quiero, Bill —comencé a debatir internamente si empujarlo hacia atrás o no. 
—Pero Meer, tú me quieres y yo… —lo corté rápidamente volviéndolo a mirar.
—Yo no te quiero ¿quién te lo dijo? —fruncí el ceño enojada.
—Tom me… —lo corté de nuevo.
—¡Argh! ese estúpido no sabe nada —lo empujé hacia atrás. Comencé a sentir vergüenza… él sabía que yo lo quería. Dios. Tom había dicho todo, estúpido traicionero. 
—No hables así de mi hermano —no me gustaron sus palabras, aunque su voz no tenía ni siquiera una pizca de reproche. 
—Yo hablo como quiero y de quien quiero —me señalé a mí misma, mirándolo con odio. 
—No seas así… por favor, ya deja de… 
—¡Tú no me dices que hacer! —lo corté
—No te tomes las cosas a mal. Yo sólo quiero hablar.
—¡Pues habla! que mi madre me espera —él negó con la cabeza.
—No, no te espera. Ella ya se fue —dijo rápidamente, yo abrí los ojos como platos.
—¿¡Qué?! —intenté dirigirme hacia los botones del ascensor, pero Bill no me dejó, cubriéndolos con su cuerpo —córrete —intenté empujarlo pero no pude… yo no quería golpearlo, pero… —por favor muévete  —negó con la cabeza. 
—No... si quieres, luego, te voy a dejar a tu casa. 
—No quiero nada de ti. 
—Yo sí de ti. 
—Te quedas con las ganas —intenté quitarlo de allí nuevamente. 
—¡Pero tú me quieres! —se quejó.
—¡No te quiero! —grité diciendo la mentira más grande que había dicho en mi vida —ya me olvidé de ti, estúpido. 
—¿Y el beso?
—¿Qué beso? 
—Tú sabes… —me miró. Mis mejillas enrojecieron en el momento. 
—Ese… fue un beso sin importancia —dije haciendo un gesto de desprecio con la mano.
—Ambos sabemos que no es así —me quedé callada sin saber que decir. El beso si había sido importante, él había sido importante. Y yo aún no lo olvidaba… yo, simplemente intentaba defenderme, alejándolo de mí. Aunque en realidad quisiera con todo mi ser tirarme sobre él y decirle cuanto lo quería —te estoy dando una oportunidad —¿oportunidad? ¡Já!, ¿y él se creía el hombre más solicitado del planeta? Sus palabras me sonaron horribles.
—Estúpido egocéntrico, tu oportunidad no me interesa. 
—Si te interesa —me contradijo. Yo me acerqué a él hasta casi chocar nuestros rostros.
—Ya no te quiero —dije separando cada sílaba.
—Yo si… —acto seguido me cogió la cabeza por sorpresa y me pegó a él, juntando nuestros labios. 
Lo separé de mi al instante, de un fuerte empujón. Él me miró cansado y yo me apresuré en apretar el botón, que supuse, haría funcionar la cosa esa.
Habías dicho que desde lejos murmuré enojada. 
No, tú lo dijiste…
—Sabes que no es así Bill resopló.
No te puedes enojar por eso… lo miré con odio ¿Que no me enojara? ¡Si me había besado por sorpresa! El ascensor se comenzó a mover en ese momento. Bill me miró con reproche… mezclado con un poco de desesperación. 
Las puertas no tardaron en abrirse. Y aunque yo tenía todas las ganas de besarlo y abrazarlo de nuevo, me logré contener. Fui a dar un paso para salir, pero Bill me cogió la mano, por lo que me di la vuelta rápidamente para mirarlo.
Meer… Mery frunció el ceño de una manera que me pareció encantadora. Aun así, sostuve mi mirada fría e indiferente.
No quiero volver a verte en mi vida le espeté. 
Per…
Vete con la puta de Stella y luego me solté de él y salí del ascensor antes de que las puertas se volvieran a cerrar. No miré hacia atrás, ni hacia ningún lugar que no fuese la puerta de vidrio transparente para salir de ese apestoso hospital… Genial, iba a tener que irme sola hasta el otro lado de la ciudad. Una mierda.
Tenía ganas de matar a alguien. Crucé la calle rápidamente, para dirigirme a la parada de buses más cercana. No volví a mirar el hospital. 
Este, definitivamente, era uno de los peores días de mi vida. Quería tirar todo a la mierda y ya no preocuparme por nada, pero no podía. Los problemas ya estaban ahí y yo tenía que solucionarlos. Mi vida no era perfecta. 
Las imágenes de los encuentros con Bill aún daban vueltas en mi cabeza y eso no me gustaba para nada. Hacía que se me formara un nudo en el pecho de tan sólo pensar que no había aprovechado su oportunidad… pero yo no iba a caer tan bajo como para aprovecharla. Él estaba jugando conmigo. Vamos, que tengo diecisiete… y él tiene más que yo, lo mismo que la puta de Stella. Aunque quizás… no, no podía ser. Hacía unos minutos atrás él se había estado besando con Stella, se habían manoseado, metido la lengua y me había parecido asqueroso ¿de verdad él había pensado que yo no podría negarme a él? Já, que yo estuviera enamorada no quería decir que fuese tonta. Yo sabía que era lo bueno y lo malo para mí. Y si hubiese aceptado esa oportunidad, hubiese acabado dañada… Por él. Pero como no la acepté, acabé dañada por mi… y prefería eso. 
Alcé el brazo para hacer parar el primer autobús que vi. Me subí en él, pagué el pasaje y luego me fui a sentar en uno de los últimos asientos.

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