18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 41

























CAPITULO 41


¿N-novios? ¿Ella… ella me lo estaba pidiendo o es que había escuchado mal? Quedé tan sorprendido que incluso me costó respirar. Examiné su rostro, buscando la señal que me dijera que no era real, que se trataba de una broma de mal gusto. Pero no… su rostro seguía igual que antes… me sonreía ampliamente, sus ojos brillaban y yo… yo estaba como un bobo intentando repetir las palabras en mi mente. Es que no lo podía creer. Novios… ella quería ser mi novia. Sonreí como un idiota sin poder evitarlo. La chica más linda del universo entero estaba pidiéndome que fuera su novio. La tomé más firmemente de la cintura. Ahora… pasaba de ser Meer, la chica que me volvía loco a ser Mery: Mi chica que siempre me volverá loco y loco y más loco. Busqué sus ojos… brillaban, ella estaba feliz. Pero yo lo estaba aún más. Y es que ni ella ni nadie podría imaginarse cuento había deseado esto, cuanto había anhelado tenerla de nuevo, como mi chica… Mi Mery, mi pequeña. Ya no tan pequeña pero… a decir verdad, estos tres años que habían pasado estaban a su favor.
Me acerqué, despacio, hacia su rostro ¿cómo podía ser tan hermosa? No podía evitar quedarme como un estúpido observándola. Es que ella era hermosa, la más hermosa de todas… o a lo mejor es que yo estaba demasiado enamorado y el amor me cegaba. Aun así, no me importaba… Mery era la más linda de todas maneras. La más inteligente, la más enojona, la más mandona, insolente y la chica que más me había llegado al corazón. Amo sus defectos, cada uno de ellos… defectos que en otras chicas se ven horribles, en Mery me parecen maravillosos. Ella es maravillosa, es estupenda.
—¿Tú que crees? —susurré muy cerca de sus labios, para luego comenzar a besarla con delicadeza. Ella cortó el beso antes de que comenzara y hundió su rostro en mi cuello, abrazándome más fuerte. La imité, pegándola totalmente a mi cuerpo. De tan sólo pensar que volvía a ser mi chica sentía la emoción contenida en mi pecho. Tenía ganas de contarle a todo el mundo que Meer y yo estábamos juntos.
—Te amo—casi me da algo al escucharla hablar. Es que esto era demasiado para un solo día —Te amo, te amo, te amo, te amo —su voz sonó totalmente rara, no pude evitar reír. Era graciosa… si, también la amo por eso.
—Te amo, tontita —sonreí. Ella se separó de mi cuello y me miró sonriendo. Al fin. La besé en la frente con cariño y luego bajé hasta su boca. Saboreé sus labios un par de segundos y luego me separé. Esto no podía pasar por alto, era demasiado importante, había que hacer algo para celebrarlo —te invito a algo. Lo que sea, lo que quieras… —mi chica entrecerró un poco los ojos y frunció el ceño poniendo cara de pensativa.
—Emm… —podía ver en su rostro la emoción contenida. Seguro yo estaba igual —no lo sé, no lo sé. Donde tú me lleves —se mordió el labio inferior. Me derretí ante ese acto… me ponía como loco. Me acerqué a ella, a sus labios… y rápidamente me separé, sin llegar a juntarlos. Reí y ella rio conmigo. Estaba tan feliz que el mundo se podría haber acabado y no me importaba.
—Ya veré… —no tenía en mente ningún lugar pero ya se me ocurriría algo. Tenía que ser algo que no obligara a Mery a caminar. La pobre a penas se podía mover. Deshicimos nuestro abrazo y seguidamente la tomé de la cintura para caminar hacia la salida —¿estás segura de que no tienes nada en mente? —pregunté para asegurarme.
—Dame opciones… —opciones… opciones…
—Emm… a comer a algún lugar especial, al cine, no lo sé… a algún lugar donde puedas ir con una pierna rota… —reí, de cierta manera, burlándome de ella. Mery me miró enojada, en broma, claro.
—El cine está bien —no me gustaba tanto ir al cine… pero bueno. La idea era estar juntos, no me importaba el lugar.
—El cine será —la observé sonreír. Me agaché un poder darle un besito en los labios.
Nos subimos en el coche, yo la ayudé obviamente. Puse el coche en marcha.
Inevitablemente cierta duda se me vino a la cabeza ¿cómo es que antes Meer no había querido ser mi novia y ahora ella misma me lo pedía? algo había pasado que la había hecho cambiar de opinión. Y tal vez ese algo era Emma… pero era mejor asegurarme antes de sacar conclusiones.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —pregunté, para aclarar mi duda. Mery se quedó en silencio un par de segundos más de los necesarios.
—No lo sé. Es sólo que… te quiero mucho —¿y pensaba que me lo iba a tragar? Já. Primero, a Mery se le notaba demasiado cuando mentía, yo la conocía, conocía esa mirada y ese tono de voz. A demás… en el hospital, el día que me había rechazado me dijo que me quería mucho.
—Mentirosa —reí ante su ingenuidad de pensar que yo creería lo que ella acababa de decirme. Ella suspiró.
—Es que… Emma me hizo abrir los ojos. Estaba siendo demasiado buena —asentí. Yo había tenido razón. Seguro era por lo que ella me había dicho antes… que si Meer y yo nos amábamos por qué no estábamos juntos y todo eso. Estaba seguro de que había hablado con ella, o que se yo, y la había hecho entrar en razón. Aunque… no me entraba en la cabeza eso de que Mery era buena amiga. En realidad… ella era la mejor de todas pero no entendía a qué se refería con eso, quizás era porque… Oh. No lo había pensado. Entonces Mery sabía que Emma quería algo conmigo. Tal vez por eso había sido que mi novia -que bien suena decirlo de esa manera- no había aceptado cuando se lo propuse en el hospital.
—Emma me dijo algunas cosas… —mencioné. Quizás podíamos aclararlo todo y reírnos de todo esto.
—¿Qué cosas? —o quizás Mery se enojaba y todo terminaba mal.
—Cosas… no tiene importancia —le resté importancia haciendo un gesto de despreocupación —además, creo que tú ya lo sabes —la miré fugazmente, ella asintió. Bien, lo sabía. No estaba mal. Pero el tema era incómodo. Volví a mirarla, estaba seria… parecía pensar algo realmente importante o tal vez me ignoraba. Me entró pánico de tan sólo pensar que se había enojado conmigo por no querer hablar sobre esto —¿te enojaste? —pregunté, para captar su atención. Ella negó con la cabeza. Uff.
—No. Es que... estoy pensando —tranquilízate, Bill… sólo piensa. Deja que tu novia piense, idiota.
Solté el volante con una mano y acaricié su mejilla con delicadeza. Meer me sonrió. Que linda.
—Eres linda… —sonreí también, mirando el camino. Volví a poner la mano en el volante.
—¿Puedo encender esto, Bill? —miré, para ver a que se refería. Era la radio. Yo solía tenerla encendida pero no sé por qué hoy no.
—Claro —dijo para luego comenzar a darle botó por botón hasta encenderla. Yo la miraba fugazmente en silencio mientras ella, con una cara de concentración total, comenzaba a buscar alguna buena estación de radio. Al cabo de varios minutos me eché a reír. Sólo jugaba, como una niña pequeña. Era bastante tierna. Como me gustaba esa carita de concentración que ponía… también se mordía el labio inferior, como si estuviera haciendo algo realmente difícil.
Al llegar, la ayudé a bajar del coche y nos metimos en el cine.
—¿Qué película quieres ver? —le pregunté. Ella se encogió de hombros.
—No lo sé… elije una. Sorpréndeme —cambió el tono de voz para la última palabra. Reí.
—Veré que puedo hacer ¿me esperas? —la solté con cuidado para ir a comprar los boletos. Ella asintió, mirándome ilusionada por lo de la película y todo eso, supongo. Choqué nuestros labios —no te muevas de aquí, vuelvo enseguida —la besé en la mejilla y di media vuelta para ir a comprar los boletos… no tenía idea de que películas había.
—¿Puedo ayudarte en algo, sexy amigo? —entrecerré los ojos y miré a la vendedora como si estuviese loca. Y es que estaba loca.
—¡Fran! —sonreí ampliamente —no puede ser… pensé que te habías mudado —solté impresionado.
—Hace tiempo que no nos vemos —me sonrió igualmente —¡aw, no sabes el gusto que me da verte!, eres tú, mi amigo, el tonto Bill, el pequeño Bill, el cabeza de pez Bill ¡Billy! —casi salta la mesa para abrazarme. Reí.
—Había olvidado lo salvaje que eras —nos soltamos de a poco y nos miramos sonriendo. Fran, en aquellos tiempos, había sido como una especie de diario de vida.
—Bah, no soy salvaje. Es que tú no sabes de abrazos —se burló —y no me mires como si estuviese loca, porque bien sabes que no lo estoy —pestañeó un par de veces, llevándose la mano al pecho, “ofendida”
—Ya me acostumbré a mirarte así ¿qué quieres que haga? —reí.
—¡Que grosero! llamaré a seguridad —la miré sin entender —es broma, es broma —dijo riendo —y dime… ¿qué haces aquí? ¿están los chicos también? ¿cuál película vas a ver? —la miré con cara de una pregunta a la vez. Fran cerró la boca.
—Vengo… con mi novia —no pude haberme sentido más emocionado al pronunciar esas palabras. Fran soltó un gritito.
—¿Novia? ¡tienes novia! pensaba que ibas a ser un soltero sin compromiso por el resto de tu vida —bromeó —es que… ya sabes, pensé que como ella e había ido… —se quedó en silencio al ver mi rostro que casi explotaba de risa —¿estás bromeando conmigo? ¿no tienes novia?
—Si tengo novia y no bromeo contigo… es sólo que te pones muy graciosa cuando gritas de esa manera —aproveché para burlarme.
—¡Bill! —se quejó.
—Aish, ya basta —me volteé para buscar a mi chica con la mirada. Di con ella, estaba mirando los carteles de estreno —¿ves… ves a esa guapa de cabello negro allí cerca de los estrenos? —aparté los ojos de Mery para volver a mirar a mi amiga. Fran estaba de puntillas mirando con la boca abierta sin entender nada.
—No puedo ver su rostro, ¿quién es? —volvió a mirarme. Me quedé en silencio, aguantando la risa. Estaba tan emocionado que… agh, no podía contenerme. Con todo lo que me había pasado más encontrarme con Fran...
—Adivina —entonces ella pareció entender y abrió la boca casi hasta el suelo.
—No me digas que… —dejó la frase incompleta.
—Sí, Meer está de vuelta —me miró sin poder creérselo. Es que yo tampoco me lo creía.
—¡OMG! Esto es… es... ¡Aw!, ¡no sabes lo feliz que estoy por ustedes! —seguía sonriendo, como siempre. Nos miramos unos segundos hasta que todo volvió a la normalidad. Fran se aclaró la garganta —y… dime, que película vas a ver con tu pequeñita —ella aún recordaba como la llamaba hacía tres años. Me mordí el labio inferior.
—No lo sé… Dame cualquiera que esté por comenzar, de preferencia alguna sala vacía —se burló de mi alzando las cejas y comenzó a hacer el trámite ese de las entradas.
—Ok, ok… voy a ver qué puedo hacer por ti. La que sea ¿verdad?—asentí —uy, no quiero imaginar cómo van a salir de hinchados los labios de esa pobre chica.
—Fran —me quejé. La señora del lado me había quedado mirando con cara de escandalizada.
—Lo siento… —rio bajito. Le di el dinero mientras ella seguía con eso de las entradas y aproveché para mirar un poco a Mery —te están quitando a tu chica —escuché a Fran detrás de mí. Sentí celos, muchos celos… junto con unas enormes ganas de romperle la cara a ese... ese… —tus entradas, Bill —me llamó.
Ni siquiera me había dado cuenta, ya avanzaba hacia donde mi novia y ese, quien quiera que sea, se encontraban. Volví rápidamente para tomar los boletos y volví a caminar hacia Meer. Fran me gritó algo más pero no la escuché.
Apreté los dientes con fuerza al ver como ese extraño besaba a mi chica en la mejilla. Y ahora, ahora le sonreía… lo miré con la peor cara que tenía pero él estaba demasiado ocupado mirando novias ajenas como para darse cuenta. Una vez llegué al lado de Meer, la abracé por la cintura pegándola a mi cuerpo.
—¿Quién es él, amor? —solté, sin dejar de mirar al insecto ese con cara de vete de aquí. Y es que él no tenía por qué hablar con Mery ¡Claro que no!
—Es Derek —se encogió de hombros, pude sentirlo. Ese tal Derek nos miró algo avergonzado, llevándose una mano a la nuca.
—Oh… lo siento —sí, claro y ahora lo sientes —Ya me voy. Un gusto Meer —un gusto Meer. Claro, claro. Y ahora le sonreía ¡le sonreía! Lo observé hasta que desapareció entre la gente. Resoplé, enojado. Solté a Meer y la volteé tomadola de los hombros hasta quedar frente a frente. Ella me sonrió, pero yo no pude hacerlo.
—¿Por qué hablabas con él? ¿lo conocías? —interrogué. Odiaba ser tan celoso pero… es que esto podía conmigo. Nadie se metía con mi chica.




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