CAPITULO 2
Aparté la mirada rápidamente y tragué saliva. Luego sonreí y me alejé un paso de él. Bill me devolvió la sonrisa y luego levantó mi mochila, para dármela.
—Gracias —le dije. Bill asintió con la cabeza y seguimos caminando como si no hubiese pasado nada. Esta vez me colgué de su brazo, acercándome a él. Como siempre cuando íbamos por la calle. Yo lo llevaba cogido del brazo, de la mano y simplemente lo abrazaba —¿y qué hay con Kattie? —le pregunté burlona para sacar un tema de conversación.
—¿Con Kattie?
—Si, los he visto. He visto como te mira y tu a ella —alcé las cejas un par de veces.
—Estás alucinando —negó con la cabeza. Parecía nervioso.
—¡Vamos, Bill! Soy tu mejor amiga… dime ¿si? —le hice ojitos. Negó con la cabeza nuevamente.
—Con Kattie no pasa nada.
—Si pasa, Bill. ¿Te gusta?
—No.
—Pff. No me lo quieres decir.
—Te estoy diciendo, Annie —Él bufó.
—Pero no me dices la verdad —insistí.
—Es la verdad —él ni siquiera me había mirado, pero su voz había sonado molesta. No habría podido asegurar si mentía o estaba diciendo la verdad. Pero lo que sí podía asegurar era que él no quería que yo me metiera en sus asuntos.
En ese momento llegamos a mi casa.
—¿Quieres entrar? —le pregunté como siempre. Bill se encogió de hombros.
—Tengo que salir a hacer unas co… —lo interrumpí.
—Dejamos las cosas en mi casa y yo te acompaño —le sonreí —¿quieres?
—Bueno…
—Y luego vemos que más podemos hacer. Porque quiero pasar la tarde contigo —di un par de saltitos en el lugar. Moví a Bill un poco ya que lo tenía cogido por el brazo.
—Siempre es lo mismo —no lo decía con reproche, más bien me sonreía. Yo siempre usaba esa frase con él. Siempre quería pasar tiempo con él. Me sentía cómoda a su lado… me gustaba… Estar con él, claro.
—Vamos —comencé a caminar llevándolo conmigo hasta que llegamos a la puerta de casa. Piqué un par de veces. Seguro estaba mi hermano, él siempre se demoraba en abrir. Mi hermano se llamaba Christian. Aunque yo de cariño le llamaba sólo Chris. Él me ganaba por dos años, tenía 17. Era alto y de piel blanca. Su cabello era castaño y sus ojos negros. No era nada feo. Más de una vez había pensado que si no hubiese sido mi hermano me gustaría. Pero vamos, que sólo eran pensamientos tontos que se pasan por mi cabeza cuando me aburro.
La puerta se abrió. Y si, tenía razón. Era mi hermano.
—Hola Chris —lo saludé.
—Hola, enana —odiaba que me llamara así —hola —saludó a Bill.
—Hola —respondió. Ambos se odiaban. No sabía la razón… pero en cuanto se veían comenzaban a asesinarse con la mirada. En cuanto tenían oportunidad se lanzaban bromas de mal gusto y todo. Eran como el agua y el aceite. No eran para nada compatibles, no se soportaban. Había una especie de repulsión entre ellos.
—Voy a salir —le avisé. Luego me quité la mochila y también cogí la de Bill, quitándosela —con Bill ¿nos cuidas esto? —se lo dí. Este recibió las cosas de mala gana —le dices a mamá que volveré antes de la cena. Te quiero —me acerqué a él y lo besé en la mejilla. Chris me sonrió. Yo y mi hermano teníamos una buena relación…
—Pórtate bien —dijo burlón y luego cerró la puerta.
—Listo —di media vuelta y quedé frente a Bill. Poco a poco una sonrisa se fue dibujando en su rostro. Ignoré la extraña sensación que sentí en el estómago y decidí preguntar —¿Hacia dónde vamos?
—A la discográfica. Sólo quiero avisar que mañana no podremos ir y a posponer el asunto —asentí.
—Ya veo… —Bill y su banda. Los chicos eran geniales. Había escuchado todas las canciones que llevaban inventadas y sinceramente estaban geniales. Yo era su fan número uno y ellos muy bien lo sabían. Bill era el vocalista… y tenía una voz hermosa. Tom tocaba la guitarra, y algún día tendría que enseñarme como hacerlo. También habían dos chicos más en la banda: Georg y Gustav. Bajo y batería respectivamente. Ambos eran amigos de mi hermano por lo que los conocía desde hacía un buen tiempo. Juntos ellos cuatro habían sido “devilish”. Pero luego, tras haber firmado el contrato con la discográfica, hace un mes, habían cambiado su nombre a “Tokio hotel”.
—¿Quieres caminar? —me preguntó Bill. La discográfica quedaba lejos, del otro lado de la ciudad…. y la ciudad no era muy pequeña, que digamos. Negué con la cabeza.
—Podríamos coger un taxi. De vuelta caminamos —le agarré la mano, como siempre lo hacíamos desde pequeños y seguimos caminando. El contacto de su piel me parecía… extraño. Pero era mejor no pensar en eso.
Tomaba Coca-cola mientras esperaba a que Bill saliera del edificio. No había querido entrar, me daba un poco de miedo, en realidad. Pensamientos tontos que tenía de vez en cuando. Bill ya había entrado hace un buen rato a la discográfica… y aún no salía. Ya comenzaba a pensar que se lo habían dejado dentro y no querían que volviera a salir. Me estaba aburriendo. Y él no aparecía.
Me acabé la lata y la dejé caer al piso. Luego la pisé unas cuantas veces hasta dejarla “plana” o casi plana. Miré hacia la puerta de cristal, pero él no se veía. Cogí nuevamente la lata y caminé hacia un basurero que se encontraba a un lado de la entrada. La boté… y seguí esperando.
Lo iba a regañar.
Me crucé de brazos y caminé hacia la calle. Por estas horas casi no andaban coches. Me paré en el borde y me dediqué a mirar un especie de parque que había… no habían más de tres personas en ese lugar.
Y encima tenía ganas de…
—¡Ya está! —escuché hablar a Bill… demasiado fuerte para haber estado tan cerca de mí. Le di con la mano en el brazo.
—No grites —suspiré —te demoraste.
—Lo siento, es que tuve que…
—Me tomé dos latas de Coca-cola —me apunté con el dedo, cortándolo. Lo miré alarmada. Él no entendió y quiso sonreír… —y quiero ir al baño —entonces estalló en risas, burlándose de mi —¡no te rías, Bill! es… es... es urgente —exageré.
—Vamos a la discog… —lo volví a cortar.
—No quiero entrar allí.
—Pero si quieres ir al baño vas a tener que…
—No —lo volví a cortar.
—Annie, no seas infantil. Ven, vamos —me cogió de la mano y tiró de mi. Me tensé. Comenzamos a caminar hacia la entrada. Él prácticamente me arrastraba, yo no quería entrar… —muévete, Annie —abrió la puerta y me dejó pasar primero, sin soltar mi mano. Cuando el pasó comenzó a caminar a lo que yo creí que eran los baños.
El ambiente dentro del edificio era relajado. Había un aire tibio y olía bien. Estaba todo limpio y bien arreglado. Se veía que todas las cosas eran de valor…
Era un lugar genial, lo sé. Pero no me gustaba.
—Aquí es… —soltó mi mano, abrió una puerta y me empujó para que pasara dentro.
Salimos de la discográfica una vez terminé de hacer lo que tenía que hacer…
—¿Y dónde vamos ahora? —le pregunté a Bill.
—No lo sé. Tú querías pasar tiempo conmigo —se encogió de hombros.
—¿Tú no quieres pasar tiempo conmigo?
—Si quiero, tonta. Nunca he dicho que no —me abrazó, estrujándome contra su cuerpo. El aire que Bill había soltado al hablar me dio en toda la cara… Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo al encontrarme tan cerca de él.
Hasta que algo se me vino a la cabeza.
—¿Y Kattie? ¿me lo contarás? —Bill alzó una ceja.
—A ti no te contaré nada.
—¿Entonces te gusta?
—Sólo yo sé eso… —miró hacia al frente y me soltó. Seguimos caminando más rápido.
—¿Eso es un sí?
—Eso es un yo lo sé y tú no —pasó la lengua por sus labios.
—¿Por qué no quiere decírmelo? —le volví a insistir, cogiéndolo del brazo y acercándome más a él.
—Porque si te lo digo… tú no me creerías —esta vez la que alzó una ceja fui yo.
—¿Porqué?
—Porque ya te lo dije hace un rato y no me creíste —me miró. Nuestros rostros quedaron muy cera y nuevamente, sentí algo extraño en sus ojos. O algo extraño en mí… que los veía de una manera diferente. Bill apartó la vista y metió las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.
Yo igual desvié la vista hacia al frente.
Entonces, me arrepentí completamente de haberlo echo.
Me di en toda la cara con un poste de luz. Por suerte no había sido en la nariz… pero incluso llegué a quedar un poco mareada. Solté a Bill y di un paso hacia atrás, como pude.
—Mierda —lo oí decir. Sentía como si estuviese en trance… Dios, que torpe podía ser yo algunas veces. Me dio algo de vergüenza.
—Ay… —me quejé llevándome una mano a la frente —siempre pasa.
—Dios, Annie… —cogió mi mano y la quitó de allí con suavidad —se te va a hinchar…
—Ay —volví a repetir. Sus dedos tocaron la zona golpeada… —me duele, quita —pero él no me hizo caso y siguió allí con sus dedos. Por suerte estaban fríos…
—No me di cuenta de que ibas a chocar… —se disculpó.
—No es tu culpa, es que soy una torpe. Ay, ahora me va a quedar muy feo… —me quejé.
—Pero mira… es en el lado del flequillo —cogió un poco de mi cabello y lo acomodó en mi frente —así no se nota —sonrió finalmente, y yo igual lo hice.
—Gracias.
Desvié la mirada rápidamente al sentir algo en el estómago. Tendí a retener la respiración y comencé a respirar entrecortado… No entendía que era lo que me estaba pasando. Pero lo que sí sabía, era que como no siguiera respirando bien… iba a terminar ahogándome. Bill me dio la mano y seguimos nuestro camino.
—¿A donde es que íbamos? —me preguntó.
—No lo sé —me encogí de hombros —quiero un helado.
—Pues a eso vamos —sonrió nuevamente… Y me vi obligada a apartar la vista. Aunque igualmente sonreí. Sentí que él me estaba mirando, eso me puso un poco nerviosa. Nunca antes me había pasado… digo, el ponerme nerviosa cuando una persona me miraba. Quizás, si me miraba mucho sí… pero con Bill…
—¿Sabes donde hay una heladería? —le pregunté.
—A unas dos calles luego de doblar en esa esquina —me indicó. Yo asentí y seguimos caminando.
—Oye Bill —lo llamé, volviéndolo a mirar —¿qué te dijo tu madre sobre lo de la escuela?
—Que como no subía mis notas iba a tener que terminar con todo lo de la banda y eso… al menos hasta el verano —sus labios se estiraron levemente hacia adelante. A él no le gustaba estudiar… y menos aún si en vez de estudiar podía estar ensayando con su banda.
—Si quieres yo te ayudo —le ofrecí encogiéndome de hombros. Sentí cierto nerviosismo al esperar su respuesta… aunque él no me dio a esperar mucho tiempo.
—¡Si! —dijo mientras que una sonrisa aparecía en sus labios —¿cuándo puedes?
—Podríamos estudiar juntos…
—¿Cuándo estudias? —me preguntó.
—Todos los días antes de dormir —me quedé pensando. Bill no podía ir tan tarde a mi casa sólo a estudiar. Aunque era bueno que él pasara allí todos los días… creo —pero podrías venir conmigo a mi casa todos los días después de la escuela… ¿quieres?
—Si. Gracias —miró sus pies sonriendo.
Llegamos a la esquina que Bill había señalado. Ahora sólo faltaban dos calles y tendría mi helado.
Por alguna razón, me sentí muy, extremadamente, alegre cuando Bill aceptó ir todos los días a mi casa. A lo mejor era de lo feliz que estaba porque no tendría que caminar sola una calle… aunque lo creí exagerado, no podía ser por eso. Quizás era porque Bill era mi mejor amigo desde que andábamos en pañales y pasar más tiempo con él iba a ser… bueno.
Sentí unas risas, pero no tomé en cuenta eso. Unas palabras groseras, vulgares… que cada vez se hacían más fuertes…
Dimos vuelta a la esquina, aún cogidos de la mano y fue en ese momento cuando choqué con alguien. “Eso te pasa por ir mirando el suelo”, me dije a mi misma. Ya es la segunda vez hoy.
Me di cuanta que la persona con la cual había chocado, estaba de lado y tenía en su mano un pequeño papel blanco muy bien doblado. Se dio la vuelta, yo solté a Bill y di un paso hacia atrás instintivamente, luego de sentir el olor a cigarro… Y no era un cigarro común y corriente.
Tuve miedo de alzar la mirada. La persona guardó el pequeño papel en el bolsillo trasero de su pantalón.
Alcé la vista...
Dylan.
¿Qué hacía Dylan aquí? Él corazón me comenzó a andar rápido debido a la sorpresa que me había llevado. Dejé de respirar, reteniendo el aire dentro de mis pulmones… mi boca se abrió un poco y sólo pude mirarlo…
Él terminó de expulsar el humo de su boca y yo fruncí el ceño al recibirlo en toda la cara. Medio sonrió… y en ese momento escuché los ruidos que comenzaban a hacer las demás personas allí presentes. Eran burlas.
Miré hacia el lado. Allí habían dos chicas: Una de ellas era rubia… tenía una mirada del todo angelical, aunque su expresión se asemejaba a la de una persona… mala. La otra chica era de piel pálida y tenía el cabello con algunos tonos rojizos. Ésta última tenía un cigarro en una de sus manos, bastante cerca de su rostro. Tenía la mirada perdida y los ojos algo desorbitados… una fea expresión. Junto con esas dos chicas, estaban los amigos de Dylan… ellos eran ese tipo de gente que entraba en la descripción de “gente mierda”. Una categoría inventada por mi en los momento aburridos.
—¡Anne! —exclamó mi novio y me besó en los labios. Quedé algo atontada y pestañeé un par de veces —¿qué haces por aquí, corazón? —me preguntó. Se llevó el cigarro nuevamente a la boca y yo corrí mi cara hacia un lado mientras retrocedía un paso para que el humo no me volviese a llegar a la cara.
—Ando… voy a… salí con Bill —acabé por decir, tras dudar un poco.
—¿Ese de allí? —me preguntó señalándolo con la mano. Yo asentí.
—Veníamos a… hacer unos trámites. Digo, yo lo estaba acompañando —Dylan alzó una ceja y le dedicó una mirada fulminante a Bill.
—Ten cuidado con ella, niño. Que es mi novia —sonrió de medio lado. Él siempre tenía muchos celos… me parecía un amor, o al menos siempre me lo había parecido. Pero esa vez fue diferente. Me sentí enojada.
—Se llama Bill, Dylan. Y es mi mejor amigo.
—Si, si, lo sé, corazón —asintió un par de veces —¿ya te vas, no?
—Si.
—Luego te llamo —me besó fugazmente, volviendo al cigarro. Sus amigos comenzaron nuevamente con sus ruiditos y una de las chicas gritó algo que no alcancé a escuchar, más que nada por no prestar atención.
Miré a Bill, éste se miraba los zapatos, con las manos metidas dentro de los bolsillos. Se notaba incómodo.
Di un paso y me acerqué a él, ante la mirada de todos. Luego lo cogí del brazo, muy cerca de su mano… la cual seguía dentro de su bolsillo y comencé a caminar llevándolo conmigo.
Los amigos de Dylan comenzaron a silbar y a decirle a Dylan ese tipo de bromas de “te están engañando”. Pero yo no le di importancia y seguí caminando cogida a Bill… quien a penas movía los pies.
Luego de haber caminado una calle y al darme cuenta de que Bill no decía nada, decidí hablar:
—¿Pasa algo? —al parecer no me escuchó y siguió a lo suyo… por lo que me vi obligada a repetir mi pregunta —¿pasa algo, Bill? —entonces él pareció salir de un trance y alzó la visa para mirarme.
—Lo siento… pero, ¿qué me decías? —hizo una mueca.
—Si pasa algo...
—¿Ahmm? No, no pasa nada —lo miré poco convencida —sólo pensaba.
—¿En qué?
—Cosas mías —se apresuró en decir —sin importancia… no es nada interesante. Ya te contaré.
Y nuevamente, esa sensación de que me ocultaba algo. Estaba completamente segura de que Bill se traía algo entre manos. Al igual que Kattie.
Quitó la mano de su bolsillo y cogió mi mano.
—¿Por qué no me lo dices ahora?
—P… porque ahora no, Annie.
—Vale.
Apreté más mi mano en torno a la suya y él me miró sonriendo. Ignoré toda extraña sensación en mí y le devolví la sonrisa como si nada estuviese pasando.
—Sabes que puedes confiar en mi, Bill.
—Lo sé.
—¿Entonces?
—Es que… simplemente no puedo decírtelo —suspiré.
—Vale, no importa.
—Pero no te vas a enojar... —me examinó con la mirada. Intenté disimular un poco la mueca.
—No, no, Bill. Son cosas tuyas, no tengo porqué meterme en eso —miré hacia otro lado para ocultar mi rostro.
Bill no dijo nada más.
Dimos un par de pasos más hasta llegar a una pequeña heladería.
Llegué a casa justo antes de la cena. Había sido una tarde genial junto a Bill. Lo habíamos pasado de maravilla y nos habíamos puesto de acuerdo para que él viniese a mi casa mañana por la tarde a estudiar un poco.
En la cena no tuve hambre… me llevé muy poca comida a la boca. Últimamente me pasaba eso, estaba sin apetito la mayoría del tiempo y sólo comía cosas dulces o que me gustaban demasiado… pero no era porque tuviese hambre.
Me fui a la cama temprano, aunque no a dormir exactamente.
Llegué a mi habitación y busqué mi pijama en el armario. Me lo puse rápidamente y luego encendí la TV mientras esperaba la llamada de Dylan. Él me había dicho que me llamaría, entonces me tenía que llamar. Dejé el móvil sobre la mesita de noche y cogí de allí el pequeño cuadernillo que usaba todos los días para escribir las cosas más interesante que me ocurrían… para recordarlas luego. También lo usaba para escribir lo que sentía y desahogarme un poco. Como no encontré el lápiz donde yo siempre lo dejaba, cogí uno que había bajo mi cama, le quité la tapa y comencé a anotar:
Hoy fue un día extraño. Desde la mañana noté que los chicos me ocultaban algo… le he preguntado a Bill pero él no quiere decírmelo. Sé que los tres andan en algo raro… aunque ya no han insistido en eso de que termine con mi novio, eso no quiere decir que se comiencen a llevar bien.
Con Bill pasa algo… diferente. Me siento extraña cuando estoy con él, no es como antes. Tengo miedo a que nos distanciemos o algo así. Me da un poco de vergüenza estar con él… así demasiado cerca. Siento cosas extrañas en el estómago cuando él me sonríe. Y ya no puedo mirar sus ojos… no puedo. A lo mejor… estoy comenzando a sentir por él algo más fuerte que una simple amistad. Y yo no quiero eso. El amor arruina la amistad… además, estoy segura de que a Bill le gusta Kattie y a Kattie le gusta Bill. Incluyendo también que yo amo a mi novio, Dylan y que no puedo estar fijándome en otras personas… mucho menos mi mejor amigo. Eso no puede ser. No tengo que alejarme de Bill, pero tampoco me tiene que gustar. No me tengo que enamorar de él, se supone que ya estoy enamorada de otra persona.
No creo que la mejor opción sea alejarme de él. Mas bien, creo que lo correcto es dejar que las cosas pasen… tengo que seguir comportándome como siempre. Y no prestarle tanta importancia al tema. Luego me termino rayando y Bill me termina gustando de verdad. Ni siquiera debería estar escribiendo sobre él. Incluso me desvié del tema…
La cosa es que hoy lo he pasado genial.
También debo mencionar que vi a mi novio en una esquina con unos amigos fumando. Y creo que el papel blanco que él se guardó en el bolsillo, no era precisamente un papel blanco.
Cerré el cuadernillo y lo dejé nuevamente en la mesita de noche. Cogí el control de la TV y comencé a cambiar de canal una y otra vez… no había nada que me gustara.
Hasta que mi móvil comenzó a sonar…
“Dylan”. Me dije a mi misma en el momento en que una sonrisa aparecía en mi rostro y yo prácticamente me lanzaba sobre la mesita de noche a coger el móvil. Miré la pantalla antes de contestar.
No era Dylan… era Bill.
Él.
Le di al botón verde y me llevé rápidamente el aparato al oído.
—¿Hola?
—¡Annie! —saludó Bill —¿cómo estás? —¿cómo estás? si no habíamos visto hacía tan poco tiempo…
—Bien —reí un poco —¿qué querías? —le pregunté. No se si habré sonado algo grosera, pero no importaba… Bill no se iba a enojar ni nada por el estilo.
—Em… nada, es que me aburría.
—Ah…
—¿Qué ocurre? —me preguntó.
—Es que Dylan aún no me llama —Bill se quedó en silencio medio segundo más del adecuado…
—Uhmmm —dijo simplemente. Yo resoplé.
—Llevo esperando su llamada un buen rato.
—Ah, em… Oye, Annie… espera un poco —escuché alguien hablarle a Bill. Seguro era Tom, pues podía reconocer su voz… pero no podía distinguir lo que estaba diciendo —¿quieres venir mañana a dormir a casa? —me preguntó. Claro que quería.
—¡Claro! Le preguntaré a mi madre…
—También vendrán Kattie y Sam —Sam era otra amiga nuestra. Vivía bastante cerca, aunque no iba en la misma escuela que nosotros.
—Ok —en ese momento escuché un pequeño pitido —Bill, me entra otra llamada.
—Ok, habla tranquila, mañana nos vemos… Adiós —me colgó antes de que yo pudiese decir algo más.
Cogí la otra llamada.
—¿Hola?
—¡Anneeee! —me saludó Dylan. Si… mi Dylan, mi novio. Una gran sonrisa se dibujó en mi rostro.
—¿Cómo estás? —le pregunté rápidamente.
—Me duele un poco la cabeza. Solo llamaba para darte las buenas noches —casi lo pude ver sonriendo del otro lado.
—Oh... pues, buenas noches —sonreí para mi misma.
—Buenas noches, corazón... que duermas bien —corazón. Era extraño... pero no me gustaba que me llamara así —mañana nos vemos. Te amo.
Me congelé. Te amo. Él siempre me lo decía… al igual que yo a él. Pero esta vez fue diferente. Sentí un nudo en la garganta y me dio una punzada en el pecho. No podía decírselo.
Colgué el móvil y lo apagué antes de que él me volviera a llamar.
Lo volví a dejar sobre la mesita de noche.
Había quedado impresionada. A mi nunca me había costado decir te amo. Pero esta vez había sido diferente. Incluso me había sentido mal cuando él me lo había dicho…
Intenté regular mi respiración, llevándome una mano al pecho. Apagué la TV, pues el ruido de esta me había parecido demasiado fuerte. Me recosté hacia atrás en la cama y cerré los ojos mientras intentaba no pensar en nada. Tenía que mantener mi mente en blanco.
Era una chica delgada, de piel extremadamente blanca y cabello marrón claro. Sus ojos eran verdes y almendrados, con cierto aire felino… tenía la mirada perdida en algún punto frente a ella y caminaba lentamente, a paso calmado a través de la nada. En su expresión predominaba la tristeza, el odio, el dolor… parecía estar muerta.
De pronto, el vestido blanco que traía puesto comenzó a teñirse de rojo. Un grito desgarrador salió de su garganta y la chica se comenzó a desvanecer. Poco a poco iba desapareciendo.
Abrí los ojos de golpe. Había soñado conmigo misma como la protagonista de mi sueño, pero visto desde fuera. El corazón me andaba rápido. Había sido sólo un estúpido sueño… pero me había asustado.
Me levanté rápidamente de mi cama y salí de mi habitación, directo a la de mi hermano.

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