18 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 38
























CAPITULO 38


—B… Bill… —me miro, se notaba confundida y algo asustada —mira yo… creo que… es que…. —se estaba excusando… y yo me sentía cada vez peor —t.tengo miedo… y... y... pienso que, sería mejor si… emm… somos sólo… amigos —amigos. Sólo amigos. Meer me había hecho sentir como un insecto. Después de todo… era mi culpa su respuesta negativa porque… ella tenía miedo. Seguro era por lo que había pasado antes. Pero tampoco era tan… terrible. Se cierta manera había vuelto hace poco. Yo no iba a perder la esperanza de volver a estar con ella como algo más… sólo era cuestión de tiempo, que las cosas se fueran dando lentamente.
—¿Sólo amigos? —pregunté. Aún me quedaba la pequeña ilusión de que se tratara de una broma.
—Si —asintió con la cabeza —por favor discúlpame… —bien, no era una broma. Esto era horrible.
—No hay problema, yo… debí haber esperado un poco más… quizás —pensé en voz alta. Meer dejó de mirarme y volvió a su posición anterior. Seguía abrazándome, con su cabeza apoyada en mi pecho.
—Lo siento, de verdad… —susurró. Ella no se notaba contenta con lo que me había dicho. Tampoco me gustaba que se sintiera así. Quizás ser amigos no era malo… al menos por un tiempo.
—No te preocupes… como amigos está bien, como tú quieras —hablé como pude. Aún sentía ese nudo en la garganta que me había dejado la angustia. Tenía que tranquilizarme… si Meer lo quería así yo no podía obligarla a ser mi novia, tampoco podía obligarla a besarme.
Llevé una de mis manos a su cabello y acaricié su cabeza con delicadeza. Moría porque esta pequeña fuera mía.
—Lo siento… —se disculpó nuevamente. No era necesario que lo hiciera… me hacía sentir incómodo. Lo hecho ya estaba hecho, la decisión estaba tomada. Ahora era sólo cuestión de tiempo.
Pero… aún no lo podía entender. Yo intentaba conformarme haciendo mis propias teorías… pero no sabía la verdadera causa de que Meer se hubiese negado. Bueno ella me lo había dicho… tenía miedo. Agh, es que yo no entendía de qué.
—Mery… —la llamé. Iba a preguntárselo.
—¿Qué?
—¿Por qué? —la pregunta casi no se escuchó. Me sentí un tonto al preguntar algo así.
—Porque no puedo… discúlpame —ella no quería decírmelo. No importaba… supongo.
—¿Ya no me quieres? —pregunté. Al menos así me aseguraba su cariño. Y es que tenerla abrazada a mí no era prueba suficiente.
—Si te quiero. Incluso más que eso —¿entonces por qué..?. —pero es que… —se quedó en silencio… esperé a que siguiera hablando pero no lo hizo, por lo que decidí hablar yo.
—Y si me quieres ¿qué es lo que te preocupa? —Meer se encogió de hombros.
—No lo sé —suspiró fuertemente —creo que ahora soy buena… —reí confundido. Sin saber a qué se refería con su comentario.
Tampoco estaba tan mal… Meer me quería y eso era importante.
—No importa, como amigos está bien —hablé para dar como finalizada nuestra conversación. La besé en la cabeza… era como el besito de las buenas noches.
Meer no tardó en dormirse. Deseé tener esa misma facilidad para dormir. Pero es que no podía dejar de pensar en lo que acababa de pasar. Había llegado a la conclusión de que me había apresurado. Era un idiota, un verdadero idiota. Pero… es que como iba a saber yo que Meer me iba a dar un no como respuesta. Bueno… no había sido precisamente un no, pero básicamente había querido decirme eso. Y dolía.

Desperté desorientado. Había olvidado que me encontraba en un hospital. Me relajé al ver a Meer durmiendo sobre mí aún. Parecía un verdadero ángel… Intenté olvidar lo que había pasado ayer antes de dormir. Me sentía como un tono al recordarlo.
Me levanté intentando mover a Meer lo menos posible. Necesitaba el baño. Me calcé los zapatos y luego me levanté de la cama. La miré… dormía de una manera tan tranquila. Y era tan hermosa. No había palabras para describirla.
Bostecé. Aún tenía sueño pero ya no quería volver a dormir. Me metí en el baño, hice lo que tenía que hacer, me lavé el rostro, me acomodé un poco el cabello y salí. Justo en ese momento sentí dos leves toquecitos en la puerta y luego esta se abrió. O la abrieron. Era el doctor que atendía a Meer. Estuvimos conversando un poco y luego él se fue a revisar a otros pacientes. Me dijo que despertara a Meer por mientras.
Bien… no sabía cómo despertarla. Ni siquiera tenía idea de si era de las personas que se despertaban de mal humor. Me acerqué a ella y tomé su hombro para comenzar a moverla despacito.
—Mery… —hablé para despertarla —Mery… —volví a repetir. Pero ella ni siquiera se movía —despierta… —la vi entreabrir los ojos. Hizo un ruidito parecido al ronroneo de un gato y volvió a cerrar los ojos para seguir durmiendo. Se movió un poco en la cama, pero acabó por quedarse igual que antes, soltando un suspiro. Que tierna era —Mery… —volví a llamarla. Ya estaba casi despierta. Ella, aún con los ojos cerrados, comenzó a tocar y golpear la cama con la mano. Seguro me buscaba. Sonreí. Era graciosa. Me asusté al verla levantarse. No esperaba que se irguiera así, de manera tan repentina. Me miró… su expresión se relajó enseguida.
—¿Qué ocurre? —preguntó con voz ronca…y bostezó.
—El doctor vino hace un rato, dijo que ya te debían venir a preparar para unos exámenes…-—le expliqué.
—No quiero exámenes… —tenía los ojitos pequeñitos producto de sueño. Era tan linda...
—Así no se sabrá si sigues bien.
—Pero no quiero… además, me siento bien. Estoy sana —se apuntó ¿Sana?... por favor…
—Oh, sí, claro —no pude resistirme a picarle con el dedo las costillas rotas. Lo hice muy despacio obviamente. Ella chilló y apartó mi mano de un manotazo —eso, Mery, es una costilla rota. Hay que ver cómo va mejorando… Los remedios no te sirven de mucho y no hay manera de vendarla, como tu pierna… Así que hay que esperar a que se cure sola. Y por eso, necesitas exámenes —acabé de darle mi discurso informativo. Ella me miró sin creerlo, alzando una ceja.
—¿Y tú como sabes eso? —entrecerró los ojos, analizándome.
—Se lo he preguntado más de mil veces al doctor y ya se me el discurso de memoria —sonreí. Y es que todos los días había hablado con él para preguntarle cómo se encontraba esta preciosura. Meer me devolvió la sonrisa… y luego me miró directo a los ojos. Me sentí totalmente aturdido al encontrar cariño en ellos. Me costaba pensar y reaccionar. No sabía que hacer o que decirle. Simplemente me dediqué a mirarla, cada vez más entusiasmado… sin prestarle atención a nada más que no fuese ella. Pero… pero esto estaba mal, no tenía que mirla así. Luego se incomodaba… después de todo nosotros sólo éramos amigos —Y…ya… llegará el médico —tartamudeé un poco. Y es que… rayos… Meer era tan irresistible. Sus mejillas comenzaron a tomar ese color rojo que tanto me gustaba… y creo que yo estaba algo parecido. Sentía el pulso detrás de las orejas.
Entreabrí los labios, y como si de un imán se tratara, me acerqué a los suyos. Me dejé caer sentado sobre la cama, frente a ella… y casi sin darme cuenta la atraje hacia mí tomándola de la cintura con una mano. Con la otra, sujeté su cadera. Cerré los ojos. Podía sentir su respiración en mi rostro… nuestras narices chocaban. Y luego, casi como en un sueño, nuestras bocas se encontraron. Comencé a besarla despacio, olvidándome de todo… sintiendo el beso, disfrutándolo hasta el más mínimo detalle. Mi mano bajó desde su cadera hasta una de sus piernas, la acaricié despacio. Esto… esto podía conmigo, Meer podía conmigo. Mery presionó mi labio inferior entre los suyos… la sentí sonreír. Hice lo mismo. Ambos disfrutábamos de todo esto. Quité la mano de su pierna y la llevé hasta su rostro. La separé de despacio… aun manteniendo nuestras frentes unidas. Abrí los ojos… Meer me miró y suspiró. Sus ojos se achicaron al ella sonreír. Y es que mi acompañante no se imaginaba cuanto había necesitado de esto… cuando había necesitado de este beso.
Dos golpes en la puerta rompieron el ambiente, provocando que me separara de Meer casi de golpe, poniéndome de pie a un lado en la cama. Era el doctor de Meer… había olvidado el tema ese de los exámenes. Que tonto. Cogí mucho aire, aún no me lo podía creer… y volví a mirar a Mery. Ella hizo un puchero que sinceramente me pareció de lo más tierno. Sonreí y me acerqué a ella para luego despedirme con un beso en la mejilla.
Después de todo sólo éramos amigos.
Me aparté, y comencé a caminar hacia la puerta. La abrí.
—Señori… —el doctor había comenzado a hablar, pero Meer lo cortó de golpe.
—¡Bill! —me llamó, antes de que lograra salir de la habitación. La miré.
—¿Si?
—¿Vas a volver? —asentí. Eso era obvio.
—En unos minutos, cuando acaben con tus exámenes… —Meer sonrió, convencida. Me di la vuelta y abandoné la habitación.
Una vez afuera no pude hacer nada más que no fuese tocarme los labios, y sonreír como un idiota. Al fin… Un beso de esos.





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