02 febrero, 2013

1000 Meere /Capítulo 22





CAPITULO 22


¿A caso mi padre pensaba enviarme ahora, en este momento, a Inglaterra o Alemania? No. No podía ser. Aunque no habían maletas ni nada por el estilo… no.
Giré y miré a todos sitios buscando algunas, ya que con todas mis cosas deberían ser muchas. Pero nada.
¡PAPÁ! grité a todo pulmón mientras sentía como la rabia se apoderaba de mí. ¿Ese hombre estaba mal de la cabeza?, ¿me estaba echando de su casa?
No hubo respuesta y eso me hizo enojar aún más. A tal punto que me costó respirar y los ojos se me nublaron. 
Le di con el pie a la puerta, haciendo un gran ruido. 
Señorita Meer la voz de una de las empleadas desde afuera me hizo abrir la puerta.
¡¿Qué?! contesté enojada. 
Su… su padre dice que e… él ya decidió todo por usted y que se prepare, po... porque viajará esta noche para estar mañana en…
¡Ahg! ya deja de tartamudear la corté. Seguidamente la aparté con un empujón y me dirigí hacia las escaleras echando maldiciones a todo lo que se pudiese maldecir en el mundo ¡PAPA! grité una vez abajo. Otra de las empleadas no tardó en asomarse de una de las salas. Yo prácticamente la asesiné con la mirada, sin razón alguna.
Está en su estudio, seño… 
Lo sé, lo sé la corté y luego comencé a caminar hacia el estudio de mi padre. 
No me molesté en tocar a la puerta, ni nada. Simplemente la abrí y dejé ver mi rostro con la cara más enojada que pude hacer. Mi padre subió la vista y me miró al instante, dejando unos papeles de lado.
Oh, Meer, que susto susto te dará cuando veas como te parto la cara.
Tú eres un inconsciente le dije fría ¿cómo te atreves a…?
No me hables en ese tono, soy tu padre y quiero lo mejor para ti ¿lo mejor para mí?, ¿dejarme de lado? Claro, para ya no tener que preocuparse de mí.
No es cierto, tú me estas echando. No me quieres… me vas a abandonar como cuando era pequeña ¡Tú te quieres deshacer de mí! lo apunté con el dedo. No iba a llorar, eso estaba claro. Sólo buscaba hacerlo sentir mal y entrar en razón para que me dejara quedarme. Quería que sintiera culpabilidad.
Hija…
Nada de hija. Dime donde están mis cosas. 
En el coche, el chofer te llevará al aeropuerto, te vas en unas horas, ya te compré el pasaje mis ojos se abrieron como platos.
¿¡Qué?! ¿estás loco? ni siquiera me podré despedir de mis amigas…
Las llamarás.
¡Papá! ni siquiera te irás a despedir de mi al aeropuerto eso podría haberlo apostado.
No puedo, tengo mucho trabajo.
Igual, no quería que fueras le espeté tu trabajo es más importante que todo. Por eso es que no tienes familia y eres un amargado ¿y sabes qué? ahora tampoco tienes una hija. Porque no te quiero. me di media vuelta y comencé a caminar hacia la salida. Ni siquiera había visto la cara con la que se había quedado. Pero incluso a mí me había dolido, aunque sólo un poco, lo que le había dicho. Pues no me gustaría que me lo dijesen a mí.
Hija…
¡Argh! lo corté con un gruñido de rabia y luego cerré la puerta muy fuerte.
Quise ir a mi habitación, pero era como si ya no fuese mi habitación. Por lo que me decidí por ir al jardín trasero. Era hermoso y lleno de árboles, parecía un verdadero bosque.
Me senté en la hierba y sentí como mi ánimo se iba a la mierda. Mierda de vida la que me había tocado. Ni siquiera sabía hacia donde iba a ir. 
Estúpidos padres, con sus estúpidas decisiones.
Enredé mis dedos en la hierba mientras miraba hacia el cielo. Me había acostado de espaldas y miraba las nubes para encontrarles forma. Nunca, jamás en mi vida había encontrado forma en una nube. No sabía por qué les buscaba la forma, si al fin y al cabo no veía nada. Sólo sentía que expresaban emociones. Las de hoy me hacían sentir mal. Triste. 
Arranqué un poco de la hierba.
Ya no sabía que hacer… ahora todo era un mierda. Todo se había echado a perder y cada vez estaba más cerca de mi fin. De comenzar todo de nuevo. Con lo difícil que se me había hecho comenzar aquí… y ahora me enviaban a otro lugar, así como así. 
Si tan sólo yo hubiese sido un poco más ordenada, mejor persona, más respetuosa, un poco menos grosera y menos agresiva.
Pero no. Me había transformado en esto: Una chica problema.


¿Meer? me llamó una de las empleadas que se asomaba desde la puerta de vidrio transparente, la cual separaba la casa del exterior. Me incorporé con mala cara. Había ya mucho tiempo allí, en la misma posición y me comenzaba a dar sueño.
¿Qué? solté. 
Su padre, digo, tu padre…
Que sí, que sí la corté. Recogí mi rostro en una expresión de odio y seguidamente me levanté con pereza. Caminé hacia la ventana-puerta con paso cansado ¿dónde está? pregunté a la empleada, refiriéndome a mi padre.
En el salón. 
Nada más estar dentro de la casa me entraron ganas de llorar. Toda mi vida se iba a la mierda, todo lo que había construido durante años. Tenía que abandonarlo todo. A la fuerza. 
Mi padre estaba de pie al lado de la puerta. Lo miré con repugnancia. Nadie dijo nada, yo no iba a dirigirle la palabra y al parecer él tampoco. 
Se limitó a abrir la puerta y salir. Supuse que yo tendría que seguirlo y así lo hice. 
Estúpido. Como su vida era perfecta…
No quería más problemas, no me quería poner a pelear. Yo sabía que iba a perder de todos modos... y terminaría del otro lado del mundo, en un internado o con mi madre. Sinceramente no sabía cuál opción era la mejor, pues las dos me parecían horribles.
Ni siquiera había almorzado.
El chofer abrió la puerta del coche. Era negro, uno de los tantos que mi padre tenía. Mi padre se detuvo a un lado de la puerta y yo me subí. Seguidamente cerró la puerta. El corazón me comenzó a bombear sangre con fuerza. La pude sentir en mi cabeza. También pude sentir la desesperación del momento. Me iba. Tenía que correr, me tenía que ir. Yo no podía viajar… no. 
Intenté abrir la puerta, pero esta estaba cerrada. Golpeé el vidrio con mis manos repetidas veces hasta llamar la atención de mi padre, quien estaba hablando con el chofer. 
¡Sácame de aquí, no me quiero ir!le grité a mi padre. Este no me hizo caso y siguió dándole indicaciones al chofer ¡no quiero ir! comencé a empujar la puerta y hacer todo intento de abrirla, apretando botones y más botones ¡No seas idiota, déjame vivir mi vida! la puerta de delante se cerró. El chofer ya estaba arriba —Que ni se te ocurra moverte lo amenacé. Luego me volví hacia la ventana y la golpeé nuevamente ¡te vas a arrepentir de eso! ¡te odio, te odio! mi padre no dijo nada, no cambió la expresión de su rostro en lo más mínimo —¡Oh, Dios, por favor! —golpeé la ventana con fuerza, la mano me dolió ¡te odio! ¡eres igual a mamá! El coche comenzó a moverse. 
Sentí tanta rabia, que los ojos me escocieron. Se me escapó una lágrima, la cual sequé con rudeza. Yo no iba a llorar. No. Pero es que la respiración entre cortada y el sollozo en mi garganta no me dejaban tranquila. Intenté no abrir la boca para no estallar. 
Y me contuve así durante todo el viaje camino al aeropuerto. Aguantando la respiración por lapsos de tiempo y secando mis lágrimas de vez en cuando.
Me lo había arrebatado todo. 
Como anteriormente había dicho:
La persona que me había traído al mundo me estaba matando, las dos personas que habían causado mi existencia.
Aunque, reconozco, me lo tenía merecido. Pero yo no iba aceptarlo. No con esa actitud. Porque en mi mundo, yo era la buena de la historia. Y la gente que quería mi bien era la mala. Pues el bien que ellos me hacían, me dañaba. Y dejaba secuelas… y si no, miren mi gran cambio. 
Al llegar al aeropuerto, el chofer cargó de todas las maletas y las fue a dejar. Esperó conmigo, en silencio, a que todo estuviera listo y luego me llevó a empujones hacia el detector de metales, me dio unos papeles y se me quedó mirando hasta que una señora me los pidió. Yo se los di y luego traspasé una puerta hacia el avión. Ya no había vuelta atrás. Todos los recuerdos de cuando me madre me había sacado de Alemania se me venían a la cabeza tan rápida y vertiginosamente que sentí nauseas.
Al subirme en el avión y comenzar a caminar por el pasillo hacia mi asiento, choqué con una señora esta me soltó una palabra en otro idioma. Lo cual supuse sería un insulto por el tono que había usado. 
En el viaje me dormí, pues no quería pensar en nada. Ni siquiera recuerdo haber soñado. Y al despertarme, me dormía nuevamente intentando imaginar cual sería mi destino. Saqué el móvil de mi bolsillo, en el momento en que ya no pude seguir durmiendo y me puse los audífonos para escuchar algo de música.
Me levanté del asiento al ver que todos salían. 
Me bajé del avión, con el corazón latiéndome fuertemente… sentía que se me iba a salir por la boca en cualquier momento. 
Y una vez en el edificio, intenté escuchar a la gente para saber dónde estaba. Agudicé el oído.
¿Inglaterra?
Inglaterra.

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