15 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 14


























CAPITULO 14


Me resigné a esperar un momento para llamar a Meer desde mi habitación. Suspiré, y aún con la rabia en el cuerpo, entré en mi casa, cerrando la puerta tras de mí. Mi madre me esperaba de pie a un lado de las escaleras. Esto tampoco sería fácil.
No quería contarle a mamá lo que le había ocurrido a Meer en la fiesta, pero si no lo hacía, quizás que cosas iba a pensar. A demás, eso de la apuesta con Andreas que torpemente le había comentado empeoraba las cosas.
—Mamá no es lo que estás pensando —comencé. Observé en sus ojos el reproche, me sentí culpable. Pero, ¿culpable de qué? No había hecho nada malo, yo… solo había cuidado a Meer. Tampoco es que el choque de labios sea tan terrible. Simplemente había pasado y…
—Entonces, dime que es, Bill —mamá se cruzó de brazos y entrecerró los ojos.
—Es que… no pasó nada, en realidad…
—En realidad estabas ganando la apuesta ¿no es cierto?
—¡No, no! No, mamá —entré en pánico ¿cómo podía pensar que yo haría algo así? Yo no era de ese tipo de personas yjamás podría jugar con los sentimientos de Meer, simplemente no podría porque... porque Meer era linda y pequeña. Además si la besaba o la abrazaba era porque yo quería hacerlo, porque no podía controlar las ganas de estar cerca de ella —lo que pasó es que —resoplé. Sentía la presión de mamá, sobre mí. Me estaba desesperando. No estaba segura de decirle sobre lo que había pasado realmente —es que… es que no puedo creer que no confíes en mí ¡Si, eso!, no puedo creer, que conociéndome toda mi vida pienses que yo sería capaz de… de… jugar con Meer. Ella es nuestra vecina, mamá.
—Ok, está bien… entonces, confío en ti. —asintió con la cabeza. Suspiré aliviado —pero… —¡pff! —quiero que me expliques por qué no trajiste a Meer anoche, como lo habías acordado con su madre.
—¿Quieres que… que te explique? —entrecerré los ojos. No quería decirle, después quizás qué imagen tendría de Meer.
—Si, eso es lo que te pedí —mamá alzó una ceja.
—Quieres la verdad. La ¿verdad? —¡agh!. Es que… Ok. Ok. Me rindo. Se lo diría. Al menos podía tener la certeza de que mamá no le contaría a nadie sobre esto.
—Bill… —estaba comenzando a enojarse. Esto estaba mal.
—Bien —suspiré. Y mirando a los ojos a mamá, para que me creyera… solté todo —lo que pasó es que Meer bebió un poco en la fiesta y terminó muy mal. Le costaba mantenerse de pie, estaba algo mareada y hablaba incoherencias… —mamá abrió los ojos como platos, observándome atónita —pensé que era peor si la llevaba a su casa, no podía llegar en ese estado —me quedé en silencio un momento. Momento que mi madre aprovechó para reclamar.
—Podrías haberla llevado donde su madre en el estado en que se encontrara. Son los problemas de Meer, no tus problemas. No deberías meterte en líos por ella —eso no era justo. Algo que razón tenía pero… no. Yo no podía hacerle algo así a Meer, sabía cómo era su madre.
—Pero no lo hice. Además, tú sabes cómo es la madre de Meer.
—Sé cómo es. Y Meer también lo sabe —me examinó con la mirada —ahora gracias a esa niña tenemos problemas con su madre —resopló —no sé qué te ha dado últimamente, Bill. Nunca antes le había prestado atención a Meer… y ahora, la llevas en el coche, conversas con ella, la invitas a casa… ¿qué pasa? —repentinamente su tono de voz había cambiado, al igual que su mueca de disgusto, convirtiéndose en una totalmente cómica. Me congelé —no te pongas así, hijo, no he dicho nada —rio.
—Ma… má. Mi-, digo, mi Meer… digo, digo, Meer es una amiga —enrojecí. Aún no podía entender por qué ella había cambiado de postura tan rápidamente y porqué me estaba haciendo esto.
—Soy tu madre, Bill ¿crees que no me he dado cuenta de que Mery te trae de cabeza estos últimos días? —abrí los ojos como platos, me sentí arder. Esto no podía ser posible ¿cómo es que ella…?
—¿Mery?, ¿de cabeza? ¿de qué hablas? —bajé la mirada rápidamente y me apresuré en avanzar hacia la escalera, dando la conversación por terminada.
—¿Crees que no me doy cuenta?
—Al menos podrías disimular —comencé a subir los escalones de a dos en dos. Estaba sofocado. Mamá jamás se había metido en mis cosas relacionadas con “eso”, y que buen momento había elegido para comenzar a hacerlo. Ella rio. No la volví a mirar y muerto de vergüenza me metí en mi habitación.
Y Como si fuera poco lo que me acaba de pasar, allí estaba Tom, recostado en mi cama. Mirando hacia el techo.
—¿Tienes fiebre? —alzó la cabeza para observarme. Puse los ojos en blanco… esto era el colmo.
—No —me senté en la silla del escritorio y encendí el notebook.
—No te voy a pedir que me cuentes… —se quedó en silencio. Tom me conocía lo bastante bien como para saber que no soportaba ocultarle cosas y que no resistiría mucho guardando esto para mí. Pasó un segundo, dos segundos… me costaría decir esto.
—Bien, te lo diré —hablé enojado. Tom se incorporó y se sentó sobre la cama, observándome con interés. Sonrió burlón —me quedé con Meer porque ella bebió en la fiesta y terminó ebria.
—¿EBRIA? —saltó de la cama con los ojos como platos —¿Meer ebria? —se llevó las manos a la cabeza y me observó impresionado.
—No lo sé, bebió más de la cuenta —me encogí de hombros —ella… me besó.
—Y lo dices como si hubieran cometido un delito —se burló —sólo fue un beso. A no ser que Meer te… —entrecerró los ojos y estoy seguro de que yo tenía cara de idiota en ese momento —guste. Si Meer te —sonrió de medio lado —gustara sería diferente ¿o me equivoco? —claro que era diferente.
—Quería hablarte sobre eso —fui interrumpido por el móvil de Tom. Este me hizo una seña, alzando las cejas repetidas veces, para luego contestar. No escuche su conversación, no me interesaba en realidad. Tenía la cabeza en otras cosas… quizás en Meer. Tom colgó.
—Helena quiere verme —guardó el móvil en su bolsillo —hablamos cuando regrese, o mañana —se acercó a la puerta —dale saludos a Meer —y desapareció por la puerta.
Cerré los ojos. Mamá lo sabía, Tom lo sabía. No tenía nada que ocultar y además de sentirme un bocón me sentía avergonzado y bobo. Me sentía un idiota. Les había dado la razón, ellos lo habían sospechado, pero ahora yo lo había confirmado. Mamá se había dado cuenta y Tom… Tom lo sabía desde mucho antes, él tenía el poder de leerme la mente. Lo único que faltaba era que Meer se enterara. Y aunque había intentado decírselo, no había sido posible.
Siempre existía algún tipo de interrupción, o algo que echara a perder el momento. Quizás… esta noche podía hablar con ella. Para aclarar esto de una vez, para decirle lo que comenzaba a sentir por ella. No podía ocultárselo. Esto era importante.
De pronto me sentí nervioso ¿cómo podía decirle algo así? No era tan fácil como llamar y decirle: hey, Meer, sabes que me gustas. Claro que no. Para empezar, Meer era cinco años menor que yo, y no se ella, pero para mí era una diferencia enorme… aunque no muy importante a decir verdad. A demás no tenía claro si ella sentía lo mismo por mí, nunca me había asustado dejar en caro mis sentimientos, pero ahora era diferente. Esto me ponía ansioso. No sabía que decirle, o como comenzar a hablar, pero ya estaba decidido: se lo diría en cuanto la viera.
Lo único que quería era tener una respuesta positiva de su parte. Realmente no la podía imaginar diciéndome que ella no sentía lo mismo, tampoco quería intentar imaginarla. Esto era terrible, jamás había estado tan nervioso por algo así, y era completamente ilógico porque… no tendría que ponerme así, era una niña. Meer ni siquiera tendría que importarme. ¡Pero no! Aquí estaba yo quemándome el cerebro para ver cómo decirle que la quería de la mejor manera posible.
Puse música, no quise conectarme a Internet y salí del escritorio para lanzarme sobre la cama.
Meer, hermosa… era tan linda. Me encantaba, tenía algo que me volvía loco. Esos ojos azules pequeños que me encantaban, con esas pestañas largas y hermosas. Estaba seguro de que la niña tenía algún especie de poder, si nada más verla me convertía en un completo idiota y comenzaba a balbucear y hablar incoherencias.
Sus labios… eran tan suavecitos, me encantaban, moría de ganas por besarla… pero besarla de verdad. Y abrazarla y tenerla junto a mí.
Cerré los ojos con fuerza. Jamás pensé que me encontraría en esta situación. Hacía unos meses no recordaba la existencia de Meer y ahora ella era algo totalmente importante para mí.
Mamá me llamó a cenar después de un rato. Bajé algo avergonzado, pero por suerte ella no mencionó nada en la cena y simplemente me preguntó cosas sin importancia.
Volví a la habitación en cuanto terminé. Me había entrado sueño… Bostecé y apagué la luz. Me acerqué a la ventana para cerrarla, hoy quería dormir temprano.
Me llevé una gran sorpresa al ver a Meer con la mitad del cuerpo fuera de la ventana. Miraba hacia el cielo, con a boca entreabierta. La observé un par de segundos… y cuando pude salir del aturdimiento, la llame haciendo un pequeño ruido. Ella ni siquiera inmutó, por lo que volví a repetirlo. Esta vez, Meer bajó la mirada… y poco a poco fue alzando la cabeza, hasta mirarme. No pude evitar sonreír y ella me devolvió la sonrisa. Comenzábamos bien, esto era una buena señal ¿no? Ahora se lo diría.



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