CAPITULO 40
Moví las cortinas hacia un lado… no era necesario llamarla, ella ya estaba allí. Sonreí. Abrí la ventana.
—¡Mery! —solté en modo de saludo. No podía reprimir la sonrisa que tenía en el rostro. Simplemente era imposible. Es que… Meer ya había salido del hospital. Esto era genial.
—¡Bill! —me imitó. Reí… que poco creativa. Mery me devolvió la sonrisa.
Nos quedamos en silencio un momento. Dios… como deseaba que esa chica que tenía ante mis ojos volviera a ser mi chica, mi Mery. Quería besarla, abrazarla, quererla… sabiendo que era mía y sólo mía. Pero el problema no era yo, si no que era ella con su “tengo miedo”. Pero tampoco podía culparla… yo había hecho esto y me lo merecía. Aunque, de cierta manera, lo aceptaba… no quería que esto pasara. Y es que si pudiera volver el tiempo atrás y no haber actuado con ella así como lo hice… todo sería completamente diferente. Quizás ahora seríamos felices, juntos… y Meer no habría tenido ese accidente. Y es que de haberlo sabido ese día que llegó le habría dicho todo a Stella y encima le habría dicho que se alejara de mí… para volver a estar con Meer. Pero bah, supongo que los reencuentros de películas no existen.
Decidí hablar, para romper el silencio… parecía que ella no tenía nada para decir.
—Qué bien que ya no estés en ese hospital. Ahora se me hará mucho más fácil verte —Meer me miró alzando una ceja.
—¿Qué haces allí? creí que ya no vivías con Simone —me interrogó. Me encogí de hombros. Tampoco era una gran razón. Sólo era por lo de mamá y todo eso.
—Es que Tom y yo la estamos cuidando. Por lo del accidente y eso... —le expliqué.
—¿Cómo está ella? —no tardó en preguntar. No sabía que decir… para mí, mamá no tenía nada, seguía siendo mi madre… ella estaba bien. Pero los hechos decían todo lo contrario. Es que aún no podía aceptarlo… no podía creerlo, no lo asimilaba.
—No es nada… Es sólo que tiene un problema, ya sabes... ella no puede —caminar. Eran palabras demasiado fuertes para mi gusto. Me quedé en silencio. Si las decía sonaban mucho peor… no quería hacerlo. De seguro Meer adivinaba de qué se trataba, era lista.
—Em… Bill —intenté dejar de pensar en lo de mi madre, mirándola muy directamente —¿sabes que Emma se va mañana, no? —habló Meer cambiado el tema, lo agradecí enormemente para luego asentir.
—Sí, ella quiere que la vayamos a despedir —me lo había dicho ayer.
—¡Mery! —solté en modo de saludo. No podía reprimir la sonrisa que tenía en el rostro. Simplemente era imposible. Es que… Meer ya había salido del hospital. Esto era genial.
—¡Bill! —me imitó. Reí… que poco creativa. Mery me devolvió la sonrisa.
Nos quedamos en silencio un momento. Dios… como deseaba que esa chica que tenía ante mis ojos volviera a ser mi chica, mi Mery. Quería besarla, abrazarla, quererla… sabiendo que era mía y sólo mía. Pero el problema no era yo, si no que era ella con su “tengo miedo”. Pero tampoco podía culparla… yo había hecho esto y me lo merecía. Aunque, de cierta manera, lo aceptaba… no quería que esto pasara. Y es que si pudiera volver el tiempo atrás y no haber actuado con ella así como lo hice… todo sería completamente diferente. Quizás ahora seríamos felices, juntos… y Meer no habría tenido ese accidente. Y es que de haberlo sabido ese día que llegó le habría dicho todo a Stella y encima le habría dicho que se alejara de mí… para volver a estar con Meer. Pero bah, supongo que los reencuentros de películas no existen.
Decidí hablar, para romper el silencio… parecía que ella no tenía nada para decir.
—Qué bien que ya no estés en ese hospital. Ahora se me hará mucho más fácil verte —Meer me miró alzando una ceja.
—¿Qué haces allí? creí que ya no vivías con Simone —me interrogó. Me encogí de hombros. Tampoco era una gran razón. Sólo era por lo de mamá y todo eso.
—Es que Tom y yo la estamos cuidando. Por lo del accidente y eso... —le expliqué.
—¿Cómo está ella? —no tardó en preguntar. No sabía que decir… para mí, mamá no tenía nada, seguía siendo mi madre… ella estaba bien. Pero los hechos decían todo lo contrario. Es que aún no podía aceptarlo… no podía creerlo, no lo asimilaba.
—No es nada… Es sólo que tiene un problema, ya sabes... ella no puede —caminar. Eran palabras demasiado fuertes para mi gusto. Me quedé en silencio. Si las decía sonaban mucho peor… no quería hacerlo. De seguro Meer adivinaba de qué se trataba, era lista.
—Em… Bill —intenté dejar de pensar en lo de mi madre, mirándola muy directamente —¿sabes que Emma se va mañana, no? —habló Meer cambiado el tema, lo agradecí enormemente para luego asentir.
—Sí, ella quiere que la vayamos a despedir —me lo había dicho ayer.
—Sí, me lo dijo —a ella también… y es que era obvio. Meer rio —aunque yo no creo que pueda ir… apenas me muevo —dijo, aun riendo. Claro que podía ir… Tener una pierna rota no era excusa para no despedir a una amiga. Yo la llevaría, si era necesario la cargaba todo el tiempo pero Mery no se iba a quedar sin despedirse de Emma. Ella era la única chica que yo conocía que se llevara bien con Meer. Esto era importante, Emma era su mejor amiga.
—Yo te llevo… vamos juntos. No creo que Emma se ponga muy feliz si no vas… —le sonreí. Meer bajó la mirada. Podía notar sus ganas de ir, pero algo no la tenía del todo convencida.
—Vale… —suspiró —pero mi madre… —se quedó en silencio sin decir nada más. Agh, su madre, esa mujer… como la odiaba.
—Le decimos algo y ya… —quise encontrar una solución rápida a todo esto. Meer volvió a mirarme, sonriendo.
—¿Sabes? eres muy listo —comentó luego de un momento —¿a qué hora sale el vuelo de Emma? —tardé un poco en recordar.
—A las dos —asintió, liberándome del poder de sus ojos. Seguimos hablando horas y horas. Nos divertíamos, el tiempo se nos pasaba rápido y era imposible dejar de reír. Era igual que antes, hace tres años. Me sentía aún como en esos tiempos. Era como volver a vivirlo… claro que ahora éramos diferente, éramos más maduros y no dejaríamos que lo que anteriormente había pasado, se repitiera. …
Me fui a dormir a eso de las cinco. Dentro de poco amanecería y no quería dormirme en vez de levar a Meer a despedirse de Emma. Puse la alarme en el móvil y me metí a la cama con ropa y todo. No tenía ganas ni de sacarme la ropa. Cerré los ojos. Situaciones anteriormente vividas con Meer se me venían a la cabeza. Como cuando ella se había emborrachado en esa fiesta. Nunca me había enojado tanto con ella hasta ese día que regresó… y tampoco me había preocupado tanto hasta que ocurrió el accidente. Que noche… recuerdo que su olor se me había impregnado en la ropa y que ella había intentado besarme. Sonreí al recordar esa pequeña pelea que habíamos tenido al ella no querer dormir y que luego ella había pedido que me quedara. Había sido tan estúpida en esa ocasión. No tan estúpida como cuando hace casi dos meses se le había ocurrido la genial idea de detenerse en medio de la calle. En el momento del accidente, imaginé mi vida sin Meer. Pensé que la había perdido… y para siempre. Yo no soportaría vivir sin ella. Sin sus labios, su sonrisa, sus ojos, su piel… su aroma. La necesitaba. Era ella en quien pensaba todos los días al despertar y antes de irme a dormir. Ella era todos mis sueños, mis metas, mi mundo. Todo se reducía a Mery en mi vida. Obviamente amaba también a mi madre y a Tom, pero eran otra clase de amores… mamá, pues era mi madre, la mujer que me dio la vida y de quien yo dependí al nacer, al ser un niño.
Y Tom… Tom simplemente era mi mitad, era yo mismo reflejado en él. Tom y yo siempre hemos sido uno.
Terminé de arreglarme y me metí en la habitación a esperar a que Meer me avisara que ya estaba lista para salir. Por suerte su madre había salido hacía un rato… la había visto Tom mientras desayunábamos, yo también la vi. Es que mi hermano era ahora todo un espía… se pasaba casi todo el día viendo a los vecinos. Como hace tiempo no estábamos tanto tiempo por acá, él quería saber que pasaba en las vidas de estas personas con las que habíamos dejado de hablar hace tiempo.
Y como si ella leyera mis pensamientos, justo en ese momento sentí un golpecito en la ventana. Me apresuré en acercarme… Sonreí. Meer estaba hermosa, estaba lista. La saludé con la mano y luego abrí la ventana.
—¿Estas lista? —le pregunté.
—Sí —contestó rápidamente. Meer igual sonreía —¿sabes si mi madre está en casa? —me encogí de hombros.
—Me parece que no… la vi salir. A lo mejor ya llegó y no la he visto.
—Espera un segundo —y acto seguido desapareció al interior de su habitación —¡mamá! —pero que grito… seguro la había escuchado hasta la vecina de la esquina. Segundos después, Meer volvió a asomarse a la ventana. La miré con una sonrisa divertida… que chica, no tenía remedio —tenías razón, no está.
—Si —no pude evitar reír —Mery, creo que ya es hora de que nos vayamos —me dio la razón asintiendo con la cabeza.
—Espérame afuera, ya bajo —habló rápidamente para luego hacerme una seña con la mano. Ella cerró la ventana y se metió dentro de su habitación. La imité. Me pregunté cómo bajaría las escaleras… ojala no se cayera o algo así, la despedida de Emma se arruinaría. Bajé las escaleras y me metí en la habitación de mamá, para despedirme. Ella y sus programas de cocina, casi no me había prestado atención.
—¿A dónde vas? —me preguntó Tom al pasar frente al salón.
—Al aeropuerto —seguí caminando.
—¿Te vas de vacaciones y no me invitaste? —preguntó en broma.
—Que gracioso, nos vemos —me despedí cerrando la puerta. Me acerqué a la casa vecina… a lo mejor era necesario que ayudara a Meer a andar o que se yo, de todas maneras no haría mal tomarla de la mano o llevarla abrazada hasta el coche. En ese momento ella abrió la puerta, salió de su casa y la cerró. Me apresuré en sujetarla. Ella dio un pequeño salto y giró la cabeza rápidamente para mirarme.
—¡Bill! —reclamó, frunciendo el ceño —yo puedo sola.
—Déjame ayudarte —la besé sonoramente en la mejilla —¿qué tal estás esta mañana? Estás hermosa… —comenté. Bah, hermosa se quedaba corto. Comencé a caminar, llevándola conmigo.
—Bien… dormí de lo mejor —al igual que yo.
—Qué bien.
—Sí —asintió sonriendo. Nos subimos en el coche y nos fuimos directo al aeropuerto. Tomé el camino más rápido, para no llegar tarde y quedarnos sin despedir a Emma.
Meer me conversó durante el pequeño viaje sobre cómo había conocido a Emma y sus otras amigas allá en Estados Unidos, incluso me enseñó fotos que tenía en su teléfono… también me habló de una que otra pelea que había tenido. Aunque, claro está, que sus “historias” no me agradaron mucho y le hice saber que no me agradaba eso de que ella golpeara o insultara a las personas. Me detuve en el estacionamiento del aeropuerto. Faltaba muy poco para que el vuelo de Emma partiera… aunque siempre hay retrasos, pero mejor era asegurarse.
—Quédate allí —le dije abriendo la puerta. Salí del coche y lo rodeé para luego ir donde ella estaba para ayudarla a bajar. Una vez ella estuvo de pie a mi lado, la sujeté con firmeza de la cintura y cerré la puerta. Comenzamos a caminar… Meer parecía querer correr —con cuidado —la sujeté con más fuerza, para evitar que ella apurara el paso.
—Quiero llegar antes de que se vaya —aún queda tiempo —reí. Mery me miró enojada. Que impaciente —se no irá todo como sigamos así de lentos —se quejó.
—Hay tiempo, Mery… —miré hacia el frente, tampoco es que hubiera que caminar tanto —además, ya llegamos —entramos.
—Pero hay que buscarla entre la gente y todo —Hum, si… a decir verdad, había mucha gente. Encontrarla sería lo difícil, pero tampoco era algo imposible.
—Deja de quejarte —solté, gracioso. Ella se aferró más a mí.
—Vamos más rápido. Intenta buscarla… —comenzamos a caminar y a mirar hacia todos lados en buscar de la rubia amiga de Meer. No tardé en dar con ella.
—Allí está —estaba al final de la fila para abordar el avión.
—Vamos, vamos —me apresuró, comenzando a caminar casi corriendo.
—¿Puedes andar rápido? —tenía que asegurarme. Ella no contestó, en vez de eso, comenzó a correr dando pequeños saltos. Tuve que soltarla y deslicé la mano hasta dar con la suya.
—¡Meer! ¡Bill! —rio Emma observándonos —pensaba que no vendrían —frenamos en seco al llegar frente a ella. Emma resopló.
—Claro que vendríamos —hablé, sonriendo —y aquí está. Te la he traído —dije recordando lo que me había pedido hacía unos días, cuando me había dicho que se iba y que nos teníamos que despedir y todo eso… yo tenía que traer a Meer costara lo que costara.
—Deseaba que vinieras. Tengo que decirte algo importante —le dijo a Meer, tomando su mano.
—Y yo tengo que despedirme de ti —Meer sonrió. Me di cuenta en ese momento que sobraba, por lo que solté su mano y fui directo a despedir a Emma. La abracé.
—Ojala volvamos a vernos, los tres —murmuré, como despedida. Me separé de ella y la besé en la mejilla. La mire un segundo, sonriéndole… ella también sonreía.
—Estaré allí —miré a Meer para avisarle. Ella sintió… y luego me di la vuelta para alejarme de allí. Tenían cosas de que hablar y yo no quería entrometerme. Cuando consideré que ya estaba lo suficientemente lejos, me volteé y miré la escena. Ambas estaban abrazadas, parecían apretujarse mucho.
Dejé de mirarlas para darles un poco de privacidad y me dediqué a mirar mis pies… segundos después alcé la mirada. Me di cuenta de que Meer corría en mi dirección. No pude evitar preocuparme ¿por qué lo hacía?... estaba sonriendo, se notaba feliz. Aun así, me daba la impresión de que en cualquier momento se caería. Ella abrió los brazos, seguía dando saltitos e intentando correr. La recibí sosteniéndola fuertemente, para no dejarla caer. Y entonces, de la nada… ella atrapó mis labios. Me dio un beso corto, y luego se separó. Quedé impactado… no pensé que lo haría. Era… era… wow. Me di cuenta, entre mi aturdimiento, que Emma se despedía con la mano, imité el gesto hasta que ella desapareció. Luego de eso, Meer se volteó para mirarme, me abrazó por el cuello, con sus brazos y me miró. Estábamos bastante cerca… podía apreciar esos ojazos hermosos. Me pregunté a que se debía todo esto. Porqué de repente, de la nada, ella saltaba a mis brazos y me besaba… cuando anteriormente había sido ella misma quien me había rechazado.
—Y bueno… —quise preguntarle, para aclararlo, pero ella me cortó, y sonriendo ampliamente…
—¿Quieres ser mi novio?

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