17 febrero, 2013

My obsession /Capítulo 21

































CAPITULO 21 


Ya me había aburrido en mi habitación, me había aburrido con Tom y ahora me aburría con mamá en la cocina mientras esperaba que fuera la hora para salir con Meer. No había una hora fija y precisamente por eso decidí que ya era la hora. Subí las escaleras de dos en dos… impaciente por llegar a golpear su ventana. Entré en mi habitación… me sorprendí mucho al ver a Meer allí. Me sonrió. 
Hola. 
—¡Mery! —dije emocionado, recordando el apodo que le daba mamá. Prácticamente corrí hacia ella para besarla en los labios —¿qué haces aquí? ¿cómo entraste? —señaló hacia la ventana. Uff, por suerte no se había matado, pasando de ventana a ventana. En ese momento me di cuenta de que tenía mi cámara —¿qué haces con eso? —la tomé… se me vino una idea a la cabeza. ¿Qué mejor que tomarnos fotos juntos? puse la cámara frente a nosotros y la abracé —dame un beso —Meer me obedeció al instante, juntado nuestros labios. Le di al botón, ya estaba. Acerqué la cámara, para ver cómo había quedado la fotografía.
—Hermoso —murmuró.
—Si —sonreí para luego besarla en la cabeza —sonríe, preciosa —sonreí yo también y luego le di al botón. Volví acercar a cámara para ver la foto —que linda te ves —dije nada más que la verdad y sólo la verdad. Se veía hermosa.
—La foto quedó genial… pero no me veo bien —dijo riendo —sales hermoso.
—Sales excelente —la miré totalmente embobado. Dejé la cámara sobre la mesita de noche… antes, había estado mirando largamente las dos fotos que tenía de mi pequeña allí —te tengo una sorpresa.
—¿Una sorpresa?
—Creo haber dicho eso —me encogí de hombros, riendo.
Jaja, tonto —tomó mi mano y entrelazó nuestros dado… le di un apretoncito y tiré de ella para salir de la habitación.
—Vamos, Mery —la llamé al ver que ella se quedaba un poco atrás.
—No me llames Mery —me alcanzó. Yo sabía todo o que ella odiaba que la llamara así.
—¿Por qué? es lindo… —volteé para mirarla.
—No me gusta —se encogió de hombros arrugando la nariz. Seguí caminado, ella llegó a mi lado.
—Mi madre te llama así —la piqué.
Eso es diferente. A ella no le puedo decir que no me llame así… pero a ti sí —comenzamos a bajar las escaleras.
—Pero a mí me gusta llamarte Mery —insistí. Mery sonaba bastante tierno. Me gustaba.
—A mi no —se quejó.
¡Pero si suena hermoso! A demás… —me detuve. Meer también se detuvo un escalón más arriba. Ese escalón más arriba le quedaba bien. Se veía mucho más alta. Estábamos con la cara casi a la misma altura —… Mery te queda bien —miré su rostro, pendiente de cada hermoso detalle —tienes pinta de ser Mery.
—Oh, si, claro.
—Es verdad —me acerqué. Ella siempre me convencía de todo, era mi turno —déjame llamarte Mery —tomé su cintura y la acerqué a mí. Nuestros labios quedaron bastante juntos —sólo yo —hablé muy bajito. Meer me miró durante un segundo y luego resopló, rendida.
—Vale —¿aceptaba?, ¿así de fácil?
—¿De verdad? —pregunté sonriendo abiertamente.
—Si —se mordió el labio inferior. Dios… no podía resistirme a algo así. Me abalancé sobre su boca… y estaba a punto de comenzar a besarla como se debe, cuando escuché un carraspeo detrás de mí. Nos separamos de golpe y me di la vuelta… como no, era Tom.
—Que gracioso.
—¿A que si? —Tom sonrió burlón.
—Si, si —dijo Meer, Mery, detrás de mí.
—Tu novia me odia —se quejó Tom. Y es que… cómo no lo iba a odiar si había interrumpido uno de nuestros mejores besos.
No te odia… lo que pasa es que interrumpiste mi beso —le expliqué como si fuese un tonto. Suspiré.
Y cómo Bill es taaaaan bueno besando —abrí los ojos como patos. Tom comenzó a reír como un desquiciado. Me volteé para mirar a Meer. Por su cara me daba cuenta de que se le había salido, no había querido decir eso.
—¿De verdad? —le pregunté. No lo iba a negar, me sentía como un ganador.
—S… vamos —habló rápidamente. Sus mejillas comenzaron a tomar un tono rojizo. Me entraron ganas de reí. Mi pequeña me dio un empujón para que comenzara a caminar, luego me tomó la mano.
—Con que besa bien —la picó Tom. Pude darme cuenta de que se había puesto un poco nerviosa pues comenzaba a apretar mi mano. Salimos de casa y nos fuimos directo al coche. Meer se subió rápidamente y cerró la puerta. Yo me tardé un poco más ¿De verdad Meer pensaba que yo besaba bien? Borré la sonrisa de bobo que tenía en la cara al subirme a coche.
—Entonces… beso bien —me burlé, encendiendo el motor.
Sí, qué más da… se me salió. Sólo eso —se encogió de hombros frunciendo los labios. Que graciosa se veía haciéndolo. Sus mejillas tomaron un tono rosa nuevamente.
—¿Tienes vergüenza? —pregunté aguantándome la risa.
—N…si —afirmé con el ceño fruncido.
No tienes por qué tenerla —me eché a reír al verla con esa actitud.
Ya no hablemos de esto y has como que yo no he dicho nada.
Tom me lo recordará durante toda la semana —reí. Si… y me sentiría bien toda la semana.
—Ninguna palabra más—dijo cortante. Ya empezaba a enojarse… era mejor dejarlo hasta aquí.
—Vale, vale —sonreí inevitablemente y me quedé en silencio. Genial, ahora yo besaba bien. 
Llegamos al restaurante. Meer había dicho que yo nunca la llevaba donde había más gente… ahora tenía un lugar repleto de gente comiendo. Cenaríamos allí y luego, no lo sé, quizás la llevaba a dar un paseo por la ciudad o a visitar algún lugar bonito, con bonita vista o lo que se me ocurriera al terminar de comer. Hablé con el mozo de la entrada, diciéndole que tenía una reservación. La había hecho después de que llegara mamá, ella me había dado la idea. Por suerte quedaban mesas para esta noche. A demás era un lugar nuevo, yo nunca antes había estado aquí tenía decoraciones bastante modernas y no lo sé, me gustó. Nos sentamos en la mesa. Mery se acomodó, miró todo a su alrededor para finalizar mirándome.
—¿Te gustó este lugar? —le pregunté. Era claro que si le gustaba. Asintió con la cabeza.
Es genial. Es perfecto, es… wow. No hay palabras, de verdad —dijo hablando bajito. Decidí seguirle el juego.
Es genial que te haya gustado, tenía mis dudas —hablé bajito también. Reí —planeaba llevarte a una fiesta… pero eres muy pequeña. Además, con los problemas que tuviste en tu fiesta anterior —negué con la cabeza. Meer me miraba con el ceño fruncido —no quería tener problemas con una chica alcoholizada.
—No es gracioso —me miró enojada.
—¿No, Mery?
No.
¿Sabes que eres hermosa cuando te enojas? —me mordí el labio inferior… Pude notar un leve rubor en sus mejillas.
—¿Quién? ¿Meer o Mery?
—Las dos. Las dos son hermosas y son la misma persona, ¿sabías? —bajó la mirada avergonzada y sonrió. No pude evitar sonreír yo también.
Pues yo tenía entendido que Mery era sólo tuya… y Meer, pues Meer era la chica de todo el mundo —Mmm… algo de lógica tenía. Me gustaba.
—¿Ah, sí? —alcé una ceja.
Si.
—Entonces Mery es sólo mía —dije para asegurarme.
Si tú quieres, claro.
—Claro que quiero —iba a decir algo más pero justo en ese momento llegó el mozo con un plato lleno de pasta… y es que había pedido la especialidad de la casa. Y al parecer, la especialidad de la casa era esto. No estaba mal de todas maneras. Luego sirvió jugo. 
Comenzamos jugando con la comida. Meer dándome con su tenedor… y yo del mío.
Estuvimos comiendo largo rato mientras hablábamos y nos reíamos de cosas que generalmente no tenían sentido. Yo cada vez estaba más convencido de que Mery era la chica más linda del mundo entero. Su forma de reír, de hablar… incluso de enojarse o comer me encantaba. Nunca antes me había pasado esto con una chica, por lo que era posible pensar que era la relación más especial que había tenido. Incluso, era algo más fuerte que ese “primer amor”.
Nos subimos en el coche, luego de haber terminado con la cena. Meer bostezó.
Tengo sueño…
—Lo noté —quizás era mejor si la llevaba a su casa, para que pudiera dormir cómoda.
—No quiero ir a casa —pestañeó seguidas veces mirando hacia el frente.
—¿Y qué quieres que hagamos? —se encogió de hombros como toda respuesta. Puse el coche en marcha.
—No lo sé. Tú sabrás donde ir —reí. Claro, es que yo siempre lo sabía. Recordé que calle arriba había un mirador de donde se podía ver la otra mitad de la ciudad. No tardamos en llegar, quedaba bastante cerca.

—Ya llegamos, Mery —Meer miró a través de la ventana, sin decir nada —espero no te moleste dormir en el coche —bromeé. Aunque quizás lo mejor era quedarnos aquí durante la noche… no lo sé. Sería divertido y podría pasar más tiempo con ella.
—¿Dónde estamos? —preguntó sin quitar los ojos de la ventana.
Un mirador.
—¿Es bonito el paisaje? —se mordió el labio inferior, disimulando una sonrisa.
Jamás lo he visto de noche —sonreí. Entonces Mery se volteó para mirarme.
Quiero ver —dijo entusiasmada.
—¿Ya no tienes sueño? —por un momento había pensado que se iba a dormir en el coche, pero al parecer la emoción de algo nuevo podía con ella.
No.
—Espera aquí —abrí a puerta, salí del coche y la cerré. Me apresuré en ir a buscar a Meer. Abrí la puerta del copiloto y la tomé de la mano para ayudar a levantarse. 
Caminamos tomados de la mano hasta llegar a la baranda que nos detenía para no caer al vacío. Ok, tan vacío, vacío no… pero si un pequeño “vacío” lleno de rocas. Mire la ciudad, las luces, todo… —es precioso.
—Sí —dijo hablando despacio. Rodeé su cuerpo con uno de mis brazos mientras que con el otro me afirmaba en la baranda. Meer también me abrazó —es genial estar aquí contigo —me miró. La besé en la cabeza. Siempre lo hacía… me gustaba.
Te amo…
—Te amo —hablamos a la vez —¿sabes? siempre recordaré esto —comentó en voz baja.
—Ten por seguro que yo igual —quité la mano de la baranda y la llevé directo a su cabello —eres lo mejor que existe en este mundo —me mordí el labio inferior. No podía ser más cursi… pero me gustaba así.
Y tú eres lo más importante que existe en mi mundo —volví a besarla en la cabeza.
—Te amo —fue lo único que pude decirle. Mi corazón latía como si acabara de correr en una maratón.
Yo te amo más.
Tú eres muy competitiva, Mery. Sabes que siempre te querré más —sonreí.
No. Yo te querré más. Siempre, por siempre y para siempre —por siempre y para siempre. Yo también la querría siempre, por siempre y para siempre. Nunca la olvidaría, ni siquiera si nos separábamos y dejábamos de vernos. Nunca.
—¿Para siempre?
Es mucho tiempo… pero estoy segura de que será así —terminó la frase con un bostezo.
—¿Ahora tienes sueño? —asintió —ven, vamos al coche —caminamos sin soltarnos hacia el coche, abrí una de las puertas traseras, y como pudimos nos acomodamos los dos en el asiento.
Aspiré el aroma de su cabello. Olía a frutas, delicioso… era un olor dulce, agradable. Siempre me habían gustado los aromas dulces y Meer olía como para comérsela.
—Que duermas bien preciosa —Mery no contestó. Simplemente se limitó a dejar salir un leve sonido entre sus labios, más parecido al ronroneo de un gatito que a cualquier otra cosa. Me pareció extremadamente tierna y no me resistí a pegarla más a mi cuerpo, para sentirla más cerca.
No tardó en quedarse dormida, estaba agotada. Yo aún no tenía sueño.
Estuve alrededor de una hora pensando mientras acariciaba sus manos con cuidado de no despertarla. Me sentía la persona más feliz del mundo estando con ella.  



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