27 febrero, 2013

Rette mich /Capítulo 22





CAPITULO 22


¡¿Por qué?! también había sido una chica, pero no la misma de la vez anterior. Su tono de voz era completamente diferente. Esta hablaba con voz de pito. En cambio, la otra tenía una voz más grave.
Cálmate, Sami esta vez había hablado un chico... más personas. No supe porqué, pero el nombre se me hizo bastante familiar.
¡¿Cómo quieres que me calme si necesitamos ese di...?! se calló en seco.
Te dije que te callaras la voz del chico había sonado amenazante ahora, dime, porqué no has conseguido el dinero que prometiste ¿qué?
Disculpa, hermano. Pero es que me han pillado en pleno acto ¿estaba mal de los oídos o eso había salido de la boca de mi Dylan? Dios.
¡Y una mierda!, ¡eres una puta mierda! habló la chica de la voz grave.
 ¿Quién te ha pillado? habló otro chico. Su tono de voz era bastante calmado.
Adivina, es obvio abrí los ojos como platos.
Esa zorra es un problema, te lo dije la de la voz de pito dio su opinión.
¿Y qué te dijo? volvió a preguntar el chico de antes.
La muy estúpida se creyó que yo no sabía cómo mierda había entrado su anillo en mi bolsillo.
Vale. Ahora dime de dónde sacamos el dinero, lo necesitamos volvió a insistir la chica.
De puta te va bien dijo la voz que yo había etiquetad como la de Dylan... Dios, que hasta las manos me temblaban y aun no podía asimilar bien lo que me había dicho. A lo mejor Bill si tenía razón.
No es el caso, no lo haré de nuevo le contestó la chica además, ¿de qué mierda me sirve hacerlo contigo si después lo que me pagas se va a la misma causa?
¡¿Qué?!
Pff. Como quieras... luego ves tú bufó.
Ya basta, Dylan, que es mi novia... habló un chico.
¡Que puta! Y encima tenía novio y todo.
Pff.
Luego de ese bufido todo fue silencio. Aproveché el momento de distracción para echarle una mirada general al lugar. Me sonaba demasiado... ¡Pero claro! Ya lo recordaba. ¡Cómo no me había dado cuenta antes? Este era el mismo lugar donde meses atrás Bill y yo nos habíamos pillado con Dylan y sus amigos al salir de la discográfica.
Intenté no pensar en las palabras de Dylan. Aunque no me sentía mal del todo, tenía que meditar sobre el tema... pero en casa.
Alguien suspiró.
¿Has pensado alguna vez en inyectarte, Sami?
Me dan miedo las agujas.
Alguien tosió.
Entonces, me di cuenta de todo.
Mi cerebro procesaba la información a una velocidad increíblemente vertiginosa, haciéndome llegar a una clara conclusión.
Retrocedí un par de pasos en silencio.... Y entonces, cuando ya creí estar demasiado lejos como para que me escuchasen, me di media vuelta y me eché a correr calle abajo, hacia mi casa.
Esto no me daba buena espina.
Los ojos me comenzaron a arder y sentí un fuerte dolor en el pecho... Dios. Lo acababa de asimilar todo... y de sopetón.
Dylan estaba metido en algo malo.
Los chicos habían tenido razón.
Y Chels... Ella lo sabía todo, estaba segura.
Piqué al timbre repetidas veces. Me había llegado el apuro por entrar. Tenía que habar con Chels, ella me tenía que decir lo que sabía sobre el asunto, esto no se iba a quedar así. Yo iba a llegar al final de todo.
Y luego… Pues, luego vería que hacer respecto a eso. A lo mejor, si era algo extremadamente importante, o terrible, hablaría con Bill. Si. Eso es lo que haría.
Y otra cosa muy importante que también haría sería dejar a Dylan. Hace media hora no me habría gustado esa idea. Pero luego de haber escuchado como él hablaba de mí y al haberme enterado de que él había intentado robarme… ya no. Era imposible que yo siguiera con él. Porque, aunque a veces no lo pareciera, yo tenía principios.
No me iba a echar a llorar, tampoco me iba a poner a hacer drama. Simplemente hablaría con Chels y luego aclararía las cosas en mi cabeza.
La puerta se abrió de golpe y pude ver a mi enojado hermano frente a mí. De seguro los había interrumpido en pleno besuqueo o algo así.
¿Y tú cuando saliste, enana? me preguntó con voz ruda. Odiaba que se comportara así.
Eso a ti no te importa le espeté para seguidamente darle un empujón, para quitarlo del camino y pasar dentro de la casa. Nos queríamos mucho, pero el amor solía demostrarse de esta manera ¿está Chels? —le pregunté.
Si. Pero está conmigo hice caso omiso a sus palabras y me dirigí al salón, dejándolo allí.
¡Chels! exclamé llegando a su lado tengo que hablar contigo, es importante ella me miró frunciendo el ceño. Asintió con la cabeza.
En ese momento entró mi hermano en la sala.
¡Hey, que está conmigo!
Mi amor, solo me tomará un segundo Chels se levantó rápidamente del sillón donde estaba sentada y se sacudió la falda que traía puesta. Que por cierto, no le quedaba nada mal. Aunque sus dos hilos que tenía como piernas se veían algo extraños. Uy, ese no era el tema.
Chris bufó.
Sólo serán un par de segundos le dije rápidamente o eso creo. No te enojes Chris, que ya te la traigo tomé a Chles de la muñeca y tiré de ellas para ir hacia las escaleras. Luego, ya no le presté atención a mi hermano.
Si hubiese sido otra ocasión… Chels estaría parloteando, como siempre. Pero al parecer ella sospechaba por donde iba la cosa. En todo caso, era mejor así. Ya que si se ponía a hablar como siempre, iba a perder la calma y me iba a desesperar. Vamos, que algo así no se sabe todos los días y estaba intentando actuar lo mejor posible.
Había que tragarse las lágrimas, tenía que ser fuerte.
Y bien ¿de qué quieres hablar? preguntó una vez estuvimos dentro de mi habitación. Cerré la puerta tras de mí y afirmé la espalda en ella.
De Dylan
¿Dylan? ¿Qué tiene Dylan? —se llevó las manos a la espalda. Suspiré.
Quiero que me digas lo que pasa con él. Digo, lo que él se trae entre manos, es algo que tú sabes y que no me has dicho —solté de sopetón. Ella desvió la vista hacia la ventana.
Yo creo que tú estás pensando cosas que no son…
Lo acabo de escuchar decir algo horrible la corté por favor, Chels necesito que me digas lo que sabes. Por favor —volvió a mirarme... Sus ojos se clavaron en mi durante un segundo.
Prometí que no diría nada sobre esto, Anne.
Chels… Por favor ella estiró su esquelético brazo y me cogió la mano para guiarme hacia mi cama. Se sentó y yo me senté a su lado.
No digas que yo te lo dije —suspiró negué con la cabeza.
No lo diré.
Bien dijo ella mientras revolvía las manos, jugando con sus dedos, algo inquieta —Dylan tiene unos amigos que…  Bueno, son sus amigos.
Lo sé. No son las mejores personas del mundo —sonreí de medio lado, recordando la conversación que había escuchado hacía unos minutos.
Dylan con esos amigos son como una especie de pandilla o algo así —ella movió la boca hacia un lado —yo antes estaba con ellos. Pero me salí de allí... Porque conocí a tu hermano.
Oh.
La cosa es que ellos, o más bien nosotros, estábamos metidos en el tema de las drogas. Ya sabes…  me miró y yo asentí dándole a entender que si comprendía yo no consumía… era algo más como comprar y vender. Pero me fui de allí y al parecer su negocio se fue a la mierda. Yo era la que ponía el dinero en caso de emergencia, se quedaron sin fondos y ahora son unos putos adictos que hacen de todo para conseguir drogas resopló —son unos estúpidos que no saben nada la miré impresionada, sin decir palabra ¿recuerdas ese día del encuentro de bandas? —le había dado justo en el blanco. Asentí con la cabeza y ella volvió a mirar sus manos Dylan quería llevarte con ellos para hacer eso.
¿Hacer qué?
A drogarte. Ellos saben que tienes dinero.
Por eso es que Dylan me robaba ¿Me habría robado alguna otra cosa? ¿O este habría sido el primer y único intento que había hecho?

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