Tragué saliva costosamente, logrando reaccionar. Acababa de decirlo, prácticamente gritarlo… mamá y Tom ya lo sabían, además de esa chica quien quiera que fuese. Me entraron ganas de llorar… la expresión de mi madre me hacía sentir culpable. Tragué saliva costosamente, sintiendo como el nudo en mi garganta se agrandaba cada vez más. No lograba distinguir lo que estaba sintiendo, era un torbellino de emociones inexplicables lo que llenaba mi cuerpo en este momento, provocándome ganas de llorar. No recordaba haberme sentido así nunca. El peor día, definitivo. Me costaba mantener la mente fría para poder pensar con claridad. Todo era demasiado nuevo, repentino… no estaba bien, no era bueno. Esta era una crisis… de las grandes.
—Oh, por Dios… Bill —dijo mi madre casi en un susurro. La miré, queriendo darle algún tipo de explicación.
No tenía nada para decirle. Se llevó la mano a pecho, aun mirándome con la boca entreabierta. Reprimí las ganas de correr a sus brazos como cuando era un niño para que ella solucionara mis problemas.
—No puede ser… ¿Cómo…? —Tom se cortó a sí mismo, quitando ese tono de gracia, al yo mirarlo.
Avergonzado corrí escaleras arriba y me metí en mi antigua habitación, mi habitación. Abrí el armario y tomé las pocas prendas de ropa que tenía allí. Me pasé la mano por los ojos y di media vuelta, en dirección a la puerta… tenía que tomar un baño, quitarme esta ropa moja y desahogarme… luego podría aclarar mi mente.
La puerta se abrió antes de que pudiera abrirla yo. Era Tom. Lo miré fijamente, intentando descifrar su expresión al tener la vista completamente nublada.
—Debes estar bromeando, hermanito —hacía tiempo que no me llamaba de esa manera, sabía cuánto lo odiaba. Me limité negando con la cabeza sólo una vez, tragué saliva. Quería quitarme esa fea sensación de no poder respirar —¿cómo… cómo es que…? Tenemos que hablar —afirmó —tenemos que hablar, ¿sabes? —repitió —porque, porque no es posible que… que… Bill…
—Tengo que ducharme —lo corté. No estaba en condiciones de hablar ahora.
—Ve, te espero aquí.
—Tom… —Vete… no, no, ayúdame.
—Ya vete —me dio un leve empujoncito, sacándome fuera de la habitación.
—Oh, por Dios… Bill —dijo mi madre casi en un susurro. La miré, queriendo darle algún tipo de explicación.
No tenía nada para decirle. Se llevó la mano a pecho, aun mirándome con la boca entreabierta. Reprimí las ganas de correr a sus brazos como cuando era un niño para que ella solucionara mis problemas.
—No puede ser… ¿Cómo…? —Tom se cortó a sí mismo, quitando ese tono de gracia, al yo mirarlo.
Avergonzado corrí escaleras arriba y me metí en mi antigua habitación, mi habitación. Abrí el armario y tomé las pocas prendas de ropa que tenía allí. Me pasé la mano por los ojos y di media vuelta, en dirección a la puerta… tenía que tomar un baño, quitarme esta ropa moja y desahogarme… luego podría aclarar mi mente.
La puerta se abrió antes de que pudiera abrirla yo. Era Tom. Lo miré fijamente, intentando descifrar su expresión al tener la vista completamente nublada.
—Debes estar bromeando, hermanito —hacía tiempo que no me llamaba de esa manera, sabía cuánto lo odiaba. Me limité negando con la cabeza sólo una vez, tragué saliva. Quería quitarme esa fea sensación de no poder respirar —¿cómo… cómo es que…? Tenemos que hablar —afirmó —tenemos que hablar, ¿sabes? —repitió —porque, porque no es posible que… que… Bill…
—Tengo que ducharme —lo corté. No estaba en condiciones de hablar ahora.
—Ve, te espero aquí.
—Tom… —Vete… no, no, ayúdame.
—Ya vete —me dio un leve empujoncito, sacándome fuera de la habitación.
Caminé arrastrando los pies hasta llegar al baño. Cerré la puerta y me pasé la mano por los ojos repetidas veces. Me miré en el espejo, tenía un aspecto tan acabado que… era como si no me reconociera a mí mismo. Parecía ser otra persona.
Me alejé del espejo y me quité la ropa, sin lograr calmarme aún. Me llevó un poco de tiempo quitarme la ropa mojada, pero acabé increíblemente sano y salvo bajo el cálido chorro de agua. Fue en ese momento cuando me quebré definitivamente. No podía creer que Mery se había ido, me había dejado… por su cuenta. La mujer que amo me había abandonado, sin darme una explicación, sin darme razones… había escapado sin avisarme, sin decirme que llevaba un hijo nuestro en su vientre ¿cómo podía haberme hecho esto? Realmente dolía. Nunca la había creído capaz de dejarme así, de esta manera. No lograba imaginar que era lo que pasaba por la cabeza de Meer en el momento de tomar ese avión. Su decisión no tenía lógica, carecía de sentido al menos para mí… y era injusto. Era… era… mi culpa. Si no me hubiese comportado así todos estos meses, si me hubiese ocupado un poco más de ella, si hubiese recordado nuestro aniversario… estoy seguro de que seguiría aquí. No se habría ido… o a lo mejor yo también iría en ese maldito avión camino a unas vacaciones en Los Ángeles acariciando la panza de mi chica, feliz por… por esa nueva vida que venía en camino. Mamá y Tom habría recibido la noticia de un buen modo, y todo podría haber sido más agradable para mí. El padre de Mery le hubiese pagado la universidad, lo que dejaría más dinero para otras cosas, para el bebé.
Todo habría sido perfecto.
Lo jodí todo. Pero… pero yo no sabía que esto pasaría. Me habían advertido, si… Tom me había advertido sobre esto. Pero en ese momento, que me hablara de una posible ruptura entre Meer y yo me parecía un tema totalmente molesto y fuera de lugar. Más que nada porque no le tomaba importancia al asunto y porque estaba seguro de que ella nunca se alejaría de mi. Me equivoqué. Mis actitudes la alejaron… yo lo provoqué, y de cierta forma me lo merezco… merezco sentirme así de miserable.
Me alejé del espejo y me quité la ropa, sin lograr calmarme aún. Me llevó un poco de tiempo quitarme la ropa mojada, pero acabé increíblemente sano y salvo bajo el cálido chorro de agua. Fue en ese momento cuando me quebré definitivamente. No podía creer que Mery se había ido, me había dejado… por su cuenta. La mujer que amo me había abandonado, sin darme una explicación, sin darme razones… había escapado sin avisarme, sin decirme que llevaba un hijo nuestro en su vientre ¿cómo podía haberme hecho esto? Realmente dolía. Nunca la había creído capaz de dejarme así, de esta manera. No lograba imaginar que era lo que pasaba por la cabeza de Meer en el momento de tomar ese avión. Su decisión no tenía lógica, carecía de sentido al menos para mí… y era injusto. Era… era… mi culpa. Si no me hubiese comportado así todos estos meses, si me hubiese ocupado un poco más de ella, si hubiese recordado nuestro aniversario… estoy seguro de que seguiría aquí. No se habría ido… o a lo mejor yo también iría en ese maldito avión camino a unas vacaciones en Los Ángeles acariciando la panza de mi chica, feliz por… por esa nueva vida que venía en camino. Mamá y Tom habría recibido la noticia de un buen modo, y todo podría haber sido más agradable para mí. El padre de Mery le hubiese pagado la universidad, lo que dejaría más dinero para otras cosas, para el bebé.
Todo habría sido perfecto.
Lo jodí todo. Pero… pero yo no sabía que esto pasaría. Me habían advertido, si… Tom me había advertido sobre esto. Pero en ese momento, que me hablara de una posible ruptura entre Meer y yo me parecía un tema totalmente molesto y fuera de lugar. Más que nada porque no le tomaba importancia al asunto y porque estaba seguro de que ella nunca se alejaría de mi. Me equivoqué. Mis actitudes la alejaron… yo lo provoqué, y de cierta forma me lo merezco… merezco sentirme así de miserable.
Ni siquiera sabía dónde encontrarla, no hay forma de saber dónde está, saber si se encuentra bien… si está sintiéndose tan vacía como yo en este momento.
¿Estaría llorando por mí? ¿Estaría pensando sobre eso tan importante que no me había dicho? ¿Estaría arrepentida?
Yo… sólo quiero tenerla a mi lado de nuevo. Y poder pedir perdón por todo.
¿Estaría llorando por mí? ¿Estaría pensando sobre eso tan importante que no me había dicho? ¿Estaría arrepentida?
Yo… sólo quiero tenerla a mi lado de nuevo. Y poder pedir perdón por todo.
Salí del baño, cerrando la puerta con cuidado. Los ojos me dolían de una manera horrible, al igual que mi cabeza... la cual, estaba seguro, explotaría en cualquier momento. Odiaba esta sensación… todos estos malestares físicos provocados por el llanto, además de todos estos sentimientos acumulados en mi cabeza, podían conmigo. En momentos así lo único que deseo es dejar de respirar. Pero la vida es cruel y jamás nos da en el gusto.
Me llevé la mano a la cabeza, deseando con todas mis fuerzas quitar este malestar. Me metí en la habitación y casi doy un grito al darme cuenta de que Tom estaba allí. Me había asustado… había olvidado que teníamos esa conversación pendiente o algo por el estilo. Cerré la puerta, intentando no hacer ruido. A estas alturas todo me parecía molesto.
—¿Qué fue lo que te dije sobre los preservativos? —soltó en un tono burlón, en cuanto cerré la puerta de la habitación. No estaba en condiciones de responder a eso, tampoco estaba para ese tipo de sermones que Tom una para burlarse de mí. La situación no daba para esto. Es serio, importante. No todos los días te enteras de que serás padre de una criatura que vuela a otro continente del otro lado del mundo junto con la persona que más amas en la vida, la cual te los ocultó cruelmente y se marchó sin despedirse.
Los ojos se me llenaron de lágrimas nuevamente, ya estaban lo suficientemente hinchados y rojos como para parecer un alien, pero no podía evitar tener ganas de echarme a llorar. Pensar que todo esto que pasaba era nada más que mi culpa… esta horrible sensación en el pecho y…
—Lo siento —mi hermano volvió a abrir la boca. Me invitó a sentarme a su lado, en mi cama, haciéndome una seña con la mano. Me senté torpemente, intentando imaginar que sería lo que vendría ahora, cuáles serían sus palabras y su tono al regañarme sobre todo esto —¿te encuentras mejor? —no contesté, la respuesta era obvia —Bill, dime algo… aún no logro creerme todo esto… —soltó una risa nerviosa —necesito que me cuentes lo que sucedió… ¿Cómo es que lo supiste?
Tragué saliva, sintiéndome desfallecer. No lograba ver nada con claridad.
—Isabella —solté, con la voz cortada. No era necesario decirle nada más, él lo entendería.
Los ojos se me llenaron de lágrimas nuevamente, ya estaban lo suficientemente hinchados y rojos como para parecer un alien, pero no podía evitar tener ganas de echarme a llorar. Pensar que todo esto que pasaba era nada más que mi culpa… esta horrible sensación en el pecho y…
—Lo siento —mi hermano volvió a abrir la boca. Me invitó a sentarme a su lado, en mi cama, haciéndome una seña con la mano. Me senté torpemente, intentando imaginar que sería lo que vendría ahora, cuáles serían sus palabras y su tono al regañarme sobre todo esto —¿te encuentras mejor? —no contesté, la respuesta era obvia —Bill, dime algo… aún no logro creerme todo esto… —soltó una risa nerviosa —necesito que me cuentes lo que sucedió… ¿Cómo es que lo supiste?
Tragué saliva, sintiéndome desfallecer. No lograba ver nada con claridad.
—Isabella —solté, con la voz cortada. No era necesario decirle nada más, él lo entendería.
—¿Esa es la amiga de Meer? ¿La chica con la que estaba cuando…? —nos peleamos y me dejó. Si, esa misma. Asentí —entonces… uhm, a ver, no estoy de humor para hablar con un llorón —me limpió los ojos de manera brusca, quitándome las lágrimas —llorando no vas a conseguir nada, mamá siempre te lo ha dicho ¿O lo olvidaste? —bajé la mirada, recordando lo llorón que había sido cuando pequeño. Antes me ponía bobo por cosas insignificantes. Pero esto… esto no era insignificante —Bill, enfría tu mente y relájate. Ya veo que no puedo hablar contigo, estando tú en estas condiciones —se levantó de la cama y se situó de pie frente a mi —bien, haremos algo… yo veré el tema de tu coche, haré algún plan rápido para traer a Meer de vuelta o que se yo… mientras tú te vas a dormir.
—Pe… pero… —¿cómo es que él…?
—Nada de peros. Soy el mejor y más inteligente hermano de la vida, puedo solucionar tu problema, o al menos lo intentaré. Si tienes una mejor idea me avisas… hum, y… a todo esto… ¿Dónde es que está tu coche?
—Pe… pero… —¿cómo es que él…?
—Nada de peros. Soy el mejor y más inteligente hermano de la vida, puedo solucionar tu problema, o al menos lo intentaré. Si tienes una mejor idea me avisas… hum, y… a todo esto… ¿Dónde es que está tu coche?

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