26 febrero, 2014
Automatic /Capítulo 36
Cerré los ojos, intentando dormir, por enésima vez… pero se me hacía imposible. Volví a abrirlos al instante y examiné la habitación, nuevamente. No quería dormir, no tenía ganas. La voces y las risas de los que estaban en el piso de abajo tampoco ayudaban.
Ni siquiera podía pensar con claridad. Bill estaba en mi cabeza y no lo podía quitar de allí. Y con todo lo que había pasado durante el día... tenía mucho en que pensar.
Observé la ventana, o mejor dicho, las cortinas que la cubrían, por las cuales lograba colarse un poquito de la luz de los faroles de la calle en la habitación.
El tiempo se me hacía eterno y tenía la sensación de que había pasado horas desde que me había acostado. Bostecé y me cayeron algunas lágrimas, no se porqué.
Cerré los ojos nuevamente, pero no pude mantenerlos así por mucho tiempo. Ya me había entrado el sueño, pero ya no tenía ganas de dormir… no quería. Ojala tuviese el reproductor de música cerca para poder escuchar y así poder quedarme dormida de una buena vez. Pero no… No tengo idea de donde está el aparato ese y tampoco estoy en condiciones de levantarme a buscarlo.
Todo es tan mierda. Para empezar, Bill no me quiere… eso yo ya lo sabía, pero ahora ya es algo seguro. Todo era por Tom… Bill me había besado sólo porque Tom le insistía e insistía. Y como si fuera poco, ya todo el mundo sabía que nos habíamos besado. Excelente. Ni siquiera había podido disfrutar de la cena. Lo peor es que yo me lo busqué. Nadie me obligó a enamorarme de Bill.
Pegué un salto al escuchar el chirrido que hizo la puerta al abrirse… cerré los ojos al instante. Era papá, estaba segura. Y era mejor que me viese “durmiendo”. Me di cuenta de que no estaba respirando, y enseguida solté todo el aire que tenía en mis pulmones y comencé a respirar de manera profunda, como si realmente estuviese durmiendo. No podía dejar de sentirme, de cierto modo, nerviosa ¿y si me pillaba? Seguro que se ponía a darme una charla sobre lo de Bill y todo eso.
Intente evitar el escalofrío que me recorrió el cuerpo completo cuando sentí una mano fría y suave sobre mi mejilla. No era papá… él no… Entreabrí los labios sin darme cuenta, y queriendo disimular mejor las cosas, me moví el poco, soltando un suspiro débil… vamos, cómo los que hacen las personas entre sueños a veces. Entonces la mano de esa persona, fuese quien fuese no lo sabía, se despegó de mi rostro, dejando solo la punta de sus dedos afirmadas en mis mejillas. Sus dedos se deslizaron con suavidad hasta mi cuello. Quise gritar, aterrada, pero me aguanté… por más miedo que tuviera, se suponía que yo estaba durmiendo.
—Karla… eres hermosa —vale… ya… ya sabía quien era. Me entraron los nervios y me vi obligada a reprimir una mueca ¿y a que venía eso? ¿por qué me decía esas cosas si yo a él no…? Me quedé rígida cuando él se sentó a mi lado en la cama, y son sus dedos comenzó a acariciar mi rostro, con cuidado, casi sin tocarme. Seguramente tenía miedo a que yo fuera a despertar y lo encontrara en mi habitación. Pero lo que él no sabía, era que yo ya estaba despierta y ya lo había encontrado en mi habitación —en realidad no sé que hacer. Tu piensas que todo es por Tom y que yo en realidad soy un pesado—estuvo en silencio durante unos segundos que se me hicieron eternos. Entonces… no todo era por Tom. Quizás, quizás él… —sé que a veces me comporto como idiota pero es que tu me traes tantos recuerdos… y no sé que pensar —suspiró. Y yo estuve a punto de delatarme soltando un suspiro igual que él —intento creer que contigo no me pasa nada pero no puedo evitar preocuparme por ti. Y es que tú eres tan buena y jamás me reclamas nada aunque me comporte como una bestia contigo… lo siento, de verdad. Sé que no obtengo nada al decirte todas estas cosas. Pero este es el único momento en que puedo hablarte. No sé si te has dado cuenta, pero siempre nos interrumpen —soltó una risita. Sentí algo en el estómago, nervios… muchos nervios. Él dejó de mover sus dedos sobre mis mejillas y entonces acarició mis labios con cuidado —me gustas, me gustas mucho. Sé que tú crees lo contrario pero… es que no te puedo explicar lo que siento porque… porque no puedo. No entiendo como tú puedes ser tan directa para decir las cosas, a mí se me hace realmente imposible —volvió a suspirar —…y es que eres tan tierna y hermosa… me encantan tus ojos, tu voz… y amo tu forma de pensar, eres justo como… —se quedó en silencio nuevamente —también me gusta tu risa... y la forma en que me miras. Al principio no te quería cerca de mi, y ahora se me hace imposible dejar de pensar en ti. Las cosas cambian, y yo tuve que cambiar mi forma de pensar respecto a ti… quizás es mejor ahora, si —su mano se quedó quieta en mi barbilla, y giró mi rostro hacia un lado, despacio. Muero —te pareces tanto a ella… eres prácticamente igual. Aunque… tu personalidad es diferente. Eres dulce —su aliento rozó mi rostro. Entonces me di cuenta de que había estado tomando cerveza, pero eso era lo que menos me importaba en este momento, él estaba demasiado cerca de mi. Mi corazón latía fuertemente, golpeándome el pecho con violencia, haciendo que la sangre corriera por mis venas a gran velocidad. Podía sentir los latidos en mi garganta y el pulso en mi cabeza — …pero lo que ni siquiera Tom sabe… y es que me di cuenta hace unos minutos —soltó una risita que me puse la piel de gallina —es que... que… por primera vez, luego de tres años… yo… argh.
Se quedó en silencio un momento momento... en el que casi muero al sentir sus labios suaves, posarse sobre los míos y luego separarse despacio. Sentí su nariz en mi mejilla y su aliento me hizo estremecer al chocar contra mi cuello.
—Me estoy enamorando de ti. Esto no debería estar pasándome —y mi corazón, que había estado latiendo desbocado, se detuvo al instante. Me quedé de piedra, sin poder creerme aún sus palabras.
Entre el aturdimiento que me invadía, abrí los ojos de golpe, dando de lleno con el cabello negro de Bill. Sus rastas, como él les decía. Olía tan bien. Me estremecí al sentir sus labios cerca de mi oído, y un nuevo miedo se apoderó de mi cuerpo, haciéndome dar un salto. Entonces Bill dejó de respirar… y lentamente se fue separando de mi. No tengo idea de si es porque soy una tonta, porque tenía sueño, porque Bill me había dicho que se estaba enamorando de mi, o las tres cosas juntas… pero no cerré los ojos, para seguir con mi papel de “dormida”. Y él, al quedar a una distancia considerable de mi rostro, abrió los ojos como platos.
Observé su expresión, pero no tardé en dar de lleno con sus ojos, que me miraban con miedo. Me enrojecí, aunque dudo que él lo notara, debido a la oscuridad.
—¿Es…tabas despierta? —murmuró, atragantándose con las palabras.
Y yo, como toda respuesta, y sin poder abrir la boca, porque estaba segura de que diría sólo incoherencia, moví el brazo izquierdo, para coger su mano sobre mi mejilla con cuidado.
Jamás me había sentido así en mi vida…
—Discúlpame, lo siento, soy idiota… —dejé salir un “Shht”, entre mis labios. Y él, nervioso como sólo él sabía que estaba, cerró la boca al instante y no dijo nada más.
Automatic /Capítulo 35
Todos conversaban animadamente. Excepto Bill y yo. Nuestros ánimos estaban por el suelo.
Cuando ya estábamos casi por terminar y pasar al postre… que por cierto, es muy raro tener postre en una cena, pero en fin… cuando ya estábamos por llegar al postre, se me ocurrió alzar la vista y mirar a Bill que estaba al lado de Emilie… Emilie estaba al frente mío, por lo que Bill también estaba cerca.
Nuestras miradas se encontraron y yo en seguida me di cuenta de que tenía los ojos rojos. Me sorprendí y aparté la vista rápidamente, al igual que él. No supe si él me había pillado mirándolo o si yo lo había pillado mirándome. En cualquier caso, era exactamente lo mismo.
No tardaron nada en dejar todos los regalos sobre la mesa, que eran un montón debo decir… ya que cada uno había comprado regalos a parte para cada persona.
Y así seguimos durante un tiempo que se me hizo eterno. Recibí los regalos de todos. De Emilie, Sam, Tom, Juliette, Simone… y Bill. Los abrí a medida que me los daban. Emilie me regalaba un especie de cuaderno, rosa y lleno de plumas en la tapa… me pareció lindo, muy lindo. Además tenía decoraciones con perlitas brillantes y olía bien… como a Barbie o algo así. Sam me dio un CD de música de un grupo que me gustaba, una vez le comenté a Emilie que me gustaba el grupo… seguro ella se lo había dicho a su hermana. Lo increíble era que Emilie lo recordara. Tom me dio la discografía entera de Tokio Hotel. Los novios se habían puesto de acuerdo para darme CD’s. Le agradecí enormente el regalo, ahora no tenía excusa para no escuchar Tokio hotel. Juliette me dio unas botas, de esas de andar por casa… eran de todos colores, listadas y peludas. Me gustaron mucho. Simone me dio un bolso hipergenial color negro y con algunas aplicaciones en el mismo color… también me gustó mucho. Finalmente Bill me dio una chaqueta de cuero color negro, bastante linda, de mi talla y… linda, si, muy linda.
Pero… que…yo… ¿eso?... hace tiempo que yo no…
—¡Qué cruel, Marc! —le reclamó Tom, estallando en risas ¡¿cruel?!, no, no era cruel… era, era…
Dios… papá… papá podría hacer añicos a Bill en un dos por tres.
—Tiene razón. Karlie tiene mala suerte —añadió Emilie. Papá los miró sin saber que decir y el resto estalló en risas.
—Karlie tiene ojos para ver por donde va —contestó papá.
No supe que contestarle. Aunque mi expresión era del todo obvia.
—Ya veo... —suspiré —estás preocupada, Karlie. No hablaste en toda la cena ¿hay algo mal con Bill? ¿temes lo que dirá tu Marc...? —acabó por sentarse a mi lado, la conversación iba para largo.
—En realidad un poco de ambos —no entendía como lograba abrirme tan fácilmente ante Juliette. Contarle mis cosas de esta manera, como nunca antes lo había hecho.
—Humm... No te preocupes por lo de tu padre. Puedo notar que es un poco celoso contigo, pero todos los padres lo son. Aún cree que eres pequeña, supongo que ese es nuestro problema. A mi me costó mucho aceptar que Sam ya creció y ahora será madre —se encogió de hombros —ya verás como todo se va a solucionar pronto. Dale tiempo a Bill, él no lo ha pasado muy bien este último tiempo.
La miré, buscando en su expresión algún indicio, lo que sea, que me dijera que era lo que había sucedido con Bill.
—¿Bill tuvo algún problema? —Juliette negó con la cabeza y peinó uno de mis mechones de cabello, apartándolo de mi cara.
—Supongo que te hablará de eso algún día —sonrió de medio lado —en el fondo es un buen chico.
—Si... pero tampoco creo que estemos juntos alguna vez —bostecé. Entonces Juliette se acercó para besarme en la frente.
—Eso no podrás saberlo en este minuto pero... el tiempo lo dirá —sonrió de medio lado —fuera esas preocupaciones y duérmete, para que sanes más rápido y puedas usar el regalo de tu padre.
—Buenas noches —reí.
—Buenas noches, cariño —me miró con una sonrisa sincera antes de apagar la luz y abandonar la habitación.
Cuando ya estábamos casi por terminar y pasar al postre… que por cierto, es muy raro tener postre en una cena, pero en fin… cuando ya estábamos por llegar al postre, se me ocurrió alzar la vista y mirar a Bill que estaba al lado de Emilie… Emilie estaba al frente mío, por lo que Bill también estaba cerca.
Nuestras miradas se encontraron y yo en seguida me di cuenta de que tenía los ojos rojos. Me sorprendí y aparté la vista rápidamente, al igual que él. No supe si él me había pillado mirándolo o si yo lo había pillado mirándome. En cualquier caso, era exactamente lo mismo.
Terminamos de cenar, y todos se quedaron sentados en la mesa conversando. Me aburrí descomunalmente y casi me quedo dormida luego de dos horas allí sentada. Nadie me prestó atención y lo agradecí enormemente, no me interesaban sus conversaciones sin sentido, por más que gritaran y hablaran como si fuese lo más gracioso del mundo.
Hasta que a Simone se le ocurrió que era ora de abrir los regalos. Entonces retiraron todo lo que había sobre la mesa, y cada uno fue a por sus regalos. Papá fue por lo míos… y Juliette fue en busca del reloj que yo le regalaría a papá.
No tardaron nada en dejar todos los regalos sobre la mesa, que eran un montón debo decir… ya que cada uno había comprado regalos a parte para cada persona.
No se si a más personas además de a mi les pasa, pero cuando regalo algo, me da vergüenza porque a veces pienso que los regalos no pueden ser del agrado de quien recibe… aunque debería no importarme pero, no lo sé.
Como todos querían abrir los regalos y prácticamente lanzarse obre la mesa nos pusimos de acuerdo, o más bien ellos se pusieron de acuerdo, en que papá iría cogiendo los regalos y leyendo el “Para:… De:…”, para luego entregarlos a la persona.
… Y así fue como comenzó la cosa.
—Este es de parte de… Emilie —todas las miradas se clavaron en la chica, quien sonrió ampliamente, como si nada —y es para Tom.
—Dame el regalo, Santa —le dijo Tom a papá, en modo de broma. Todos se echaron a reír y papá le dio el regalo a Tom, para luego coger otro regalo más sobre la mesa.
—Este es para… para… ¿quien escribió esto?, no entiendo nada —hizo una mueca. Por mientras miré como Tom abría su regalo. No era nada del otro mundo. Una camiseta gigante y una revista pornográfica. Sam asesinó a su hermana pequeña con la mirada, al ver el regalo que le había dado… ¿cómo había podido comprar una revista así?, ¿a Emilie no le daba vergüenza? Yiuu… —es para Simone. De tu hijo, Tom… —así que Tom era el de la letra monstruosa. Papá le dio el regalo a Simone, quien lo recibió y lo dejó en sus piernas, sin abrirlo aún —y este otro de aquí… es de Juliette para… ¡oh!, es para mí.
—¡Oh! —exclamó Sam irónicamente, burlándose de papá. Emilie la imitó e incluso Tom y Juliette se unieron al “¡Oh!”.
—Este de aquí… Amm… me equivoqué con este. Lo traje accidental, es para Andreas, —dijo rápidamente como si nada, dejándolo a un lado —luego se lo entregas, hija —asentí y miré a Emilie rápidamente. No se notaba enojada… y lo agradecí enormemente. Vamos, que se podía poner celosa y todo. No pude evitar echarle una mirada a Bill… quien con el rostro lleno de rabia me miraba. Volví la vista hacia papá e intenté no prestarle atención a Bill —y este… esteeeeeee es para Simone, de parte de Karlie —le dio el regalo a Simone. Ella hizo lo mismo que había hecho anteriormente con el de Tom, lo dejó en sus piernas. Según papá, era algo así como un adorno para la casa —eh… voy a hacer una aclaración. Si no les gustan los regalos de Karlie, es todo culpa mía, pues yo los compré, ella no los pudo elegir… pero se los da con todo el cariño, ¿no es así, Karlie?
—Si —asentí un par de veces.
—Aw, no importa. Confío en el gusto de Marc —comentó Emilie. Todos rieron, no se de qué.
—Y hablando de los regalos de Karlie, este es para… es para Bill —su voz sonó totalmente ruda y casi le lanza el regalo a Bill en la cabeza. Pero por serte, Bill se levantó y lo recogió. No lo miré… sabía que no me daría las gracias. Además, me daba un poco de vergüenza regalar lentes de sol… pero es… es lo que hay. Yo no podía andar por las tiendas buscando el regalo perfecto —bien… sigamos —se acaró la garganta, lanzándola una mirada amenazante a Bill. Me sentí culpable de ello —este es de Sam para Emilie…
Y así seguimos durante un tiempo que se me hizo eterno. Recibí los regalos de todos. De Emilie, Sam, Tom, Juliette, Simone… y Bill. Los abrí a medida que me los daban. Emilie me regalaba un especie de cuaderno, rosa y lleno de plumas en la tapa… me pareció lindo, muy lindo. Además tenía decoraciones con perlitas brillantes y olía bien… como a Barbie o algo así. Sam me dio un CD de música de un grupo que me gustaba, una vez le comenté a Emilie que me gustaba el grupo… seguro ella se lo había dicho a su hermana. Lo increíble era que Emilie lo recordara. Tom me dio la discografía entera de Tokio Hotel. Los novios se habían puesto de acuerdo para darme CD’s. Le agradecí enormente el regalo, ahora no tenía excusa para no escuchar Tokio hotel. Juliette me dio unas botas, de esas de andar por casa… eran de todos colores, listadas y peludas. Me gustaron mucho. Simone me dio un bolso hipergenial color negro y con algunas aplicaciones en el mismo color… también me gustó mucho. Finalmente Bill me dio una chaqueta de cuero color negro, bastante linda, de mi talla y… linda, si, muy linda.
—Marc, ¿no le compraste un regalo a tu hija? —le preguntó Juliette, haciendo teatro. Yo ni siquiera me había dado cuenta de que no había recibido un regalo de parte de papá.
—Si… pero creo que no podrá usar su regalo hasta que pueda caminar solita. Por eso es que no me apresuro en dárselo —se levantó de la silla en que estaba sentado y se acercó hacia el armario que había debajo de la escalera.
—OOOOOOOH, se me hace a que es algo grande —gritó Emilie. Seguro ya sabía que era. Entonces papá abrió la puerta del armario y se metió dentro.
Pero… que…yo… ¿eso?... hace tiempo que yo no…
—¡Qué cruel, Marc! —le reclamó Tom, estallando en risas ¡¿cruel?!, no, no era cruel… era, era…
Hacía mucho tiempo que no me subía a una bicicleta.
—¿De qué le sirve una bici, Marc? —lo picó Sam.
—¿De qué le sirve una bici, Marc? —lo picó Sam.
—Eh… que es para cuando se recupere ¿qué dices, Karlie?, ¿te gusta? —lo único que pude hacer, fue asentir. Era una bici muy femenina… color verde agua y tenía un canasto en la parte delantera. Hermosa… No me subía a una bicicleta desde que tenía nueve. ¡Qué emoción!
—¿Cómo le puedes regalar algo así? casi se mata andando a pie, se va a matar en esa cosa —por primera vez en toda la cena, él habló. Todo clavamos los ojos como platos en él. Quien enseguida se dio cuenta de que la había cagado enormemente. Al menos… si hubiese puesto voz de broma. Pero no.
Dios… papá… papá podría hacer añicos a Bill en un dos por tres.
—Tiene razón. Karlie tiene mala suerte —añadió Emilie. Papá los miró sin saber que decir y el resto estalló en risas.
—Karlie tiene ojos para ver por donde va —contestó papá.
—Van dos veces que salvo a Karla de ser aplastada y…
—Ya basta, Bill —le habló Simone por lo bajo a su hijo.
—¿Has estado con ella antes? —preguntó papá. Abrí los ojos como platos y quise morirme en ese instante. ¿por qué papá me hacía esto? Me daba mucha vergüenza que se pusiera sobre protector cuando habían personas delante.
—Somos un...
—Grupo de amigos.
—Si —hablaron alternadamente las rubias, saliendo a la defensa de Bill. Papá me miró con expresión de estar pidiendo unas explicaciones.
Le sonreí de medio lado, un poco asustada.
—Oh, claro —fue lo único que respondio —espero que te guste la bicicleta.
—Me gusta. Gracias, papá —me estaba sintiendo extremadamente incómoda. Todo el mundo me miraba.
—Siento haber dicho lo de la bicicleta —habló Bill. Al instante me di cuenta de que se disculpaba a pedido su madre, pues estaban hciendo un... intenso contacto visual —lo siento Marc y Karlie.
—Muy bien, entonces está todo perfecto ¿alguien dijo cerveza? —Juliette se levantó de la mesa al instante, sonriendo e intentando volver la situación a la normalidad.
—Yo.
—Yo quiero muchas —ese fue Tom.
—¡Yo! ¡yo! ¿puedo mamá? —Esa fue Emilie. Juliette suspiró y asintió con la cabeza.
Enseguida Simone también se levantó y se adentraron en la cocina.
Los chicos comenzaron a conversar. Miré el reloj de la pared. vaya, se había hecho muy tarde y ni siquiera tenía sueño. Aún así me sentía un poco cansada de la situación y quería meterme en la cama. Quería, más que nada, pensar un poco sobre todo lo que había pasado esta tarde-noche, respecto a Bill... si, Bill tenía mi cabeza echa un lío. Estas eran, definitivamente,las navidades más inquietantes.
—¿Has estado con ella antes? —preguntó papá. Abrí los ojos como platos y quise morirme en ese instante. ¿por qué papá me hacía esto? Me daba mucha vergüenza que se pusiera sobre protector cuando habían personas delante.
—Somos un...
—Grupo de amigos.
—Si —hablaron alternadamente las rubias, saliendo a la defensa de Bill. Papá me miró con expresión de estar pidiendo unas explicaciones.
Le sonreí de medio lado, un poco asustada.
—Oh, claro —fue lo único que respondio —espero que te guste la bicicleta.
—Me gusta. Gracias, papá —me estaba sintiendo extremadamente incómoda. Todo el mundo me miraba.
—Siento haber dicho lo de la bicicleta —habló Bill. Al instante me di cuenta de que se disculpaba a pedido su madre, pues estaban hciendo un... intenso contacto visual —lo siento Marc y Karlie.
—Muy bien, entonces está todo perfecto ¿alguien dijo cerveza? —Juliette se levantó de la mesa al instante, sonriendo e intentando volver la situación a la normalidad.
—Yo.
—Yo quiero muchas —ese fue Tom.
—¡Yo! ¡yo! ¿puedo mamá? —Esa fue Emilie. Juliette suspiró y asintió con la cabeza.
Enseguida Simone también se levantó y se adentraron en la cocina.
Los chicos comenzaron a conversar. Miré el reloj de la pared. vaya, se había hecho muy tarde y ni siquiera tenía sueño. Aún así me sentía un poco cansada de la situación y quería meterme en la cama. Quería, más que nada, pensar un poco sobre todo lo que había pasado esta tarde-noche, respecto a Bill... si, Bill tenía mi cabeza echa un lío. Estas eran, definitivamente,las navidades más inquietantes.
—¿Quieres que te deje en el sillón, hija?
—Quiero irme a dormir —No me arriesgaría a vivir otra de estas situaciones.
—Oh, de acuerdo.
—¡Pero, Karlie! Jo... lo estábamos pasando bien. Y yo que traje las cartas y todo. A Simone y mamá les encanta jugar, ¡quédate! es divertidísimo... -comenzó Emilie.
—Estoy cansada, lo siento —bostecé. Ni siquiera tuve que fingirlo, salió naturalmente.
—¡Pero, Karlie! Jo... lo estábamos pasando bien. Y yo que traje las cartas y todo. A Simone y mamá les encanta jugar, ¡quédate! es divertidísimo... -comenzó Emilie.
—Estoy cansada, lo siento —bostecé. Ni siquiera tuve que fingirlo, salió naturalmente.
—Yo creo que también tengo que descansar, para que mi bebe esté sanito… —Sam se levantó del asiento —¿dónde puedo dormir un poco, Marc?
—Puede ser en la habitación al lado de la de Karlie.
—Gracias. Nos vemos en un rato entonces —sonrió. Enseguida se acercó a Tom y lo besó en la boca de manera corta y rápida, para luego comenzar a subir las escaleras.
Papá ya se había acercado a mi e intentaba mover los asientos y todo, para poder tomarme y llevarme a mi habitación.
—Puede ser en la habitación al lado de la de Karlie.
—Gracias. Nos vemos en un rato entonces —sonrió. Enseguida se acercó a Tom y lo besó en la boca de manera corta y rápida, para luego comenzar a subir las escaleras.
Papá ya se había acercado a mi e intentaba mover los asientos y todo, para poder tomarme y llevarme a mi habitación.
—Bill, ¿quieres esta revista? —Tomhabía comenzado a molestar a su hermano. Emilie le seguía el juego y todo. En eso llegaron Juliette y Simone.
Juliette se desocupó las manos, y en vez de sentarse y unirse al grupo para jugar cartas, me dijo que iría a arreglar mi habitación para que y pudiese acostarme de una vez, que tenía cara de estar muy cansada. Ella me ayudaría con el pijama y todo eso.
Juliette se desocupó las manos, y en vez de sentarse y unirse al grupo para jugar cartas, me dijo que iría a arreglar mi habitación para que y pudiese acostarme de una vez, que tenía cara de estar muy cansada. Ella me ayudaría con el pijama y todo eso.
Papá comenzó a subir conmigo las escaleras, lentamente. Luego entró a mi habitación y me dejó sobre la cama. Me dio las buenas noches, para después dejarme a sola con Juliette
.
.
—Así que... Bill y tu se besaron —comenzó, mientras acomodaba cojines a mi alrededor —Simone me lo comentó.
—¿Crees que papá lo sepa? —ella torció la cara en una mueca un tanto rara.
—Yo creo que sospecha algo. Nadie le ha comentado nada pero... es un poco obvio que algo pasa entre ustedes dos —me cubrió con la manta —¿de verdad te gusta ese chico?
—¿Crees que papá lo sepa? —ella torció la cara en una mueca un tanto rara.
—Yo creo que sospecha algo. Nadie le ha comentado nada pero... es un poco obvio que algo pasa entre ustedes dos —me cubrió con la manta —¿de verdad te gusta ese chico?
No supe que contestarle. Aunque mi expresión era del todo obvia.
—Ya veo... —suspiré —estás preocupada, Karlie. No hablaste en toda la cena ¿hay algo mal con Bill? ¿temes lo que dirá tu Marc...? —acabó por sentarse a mi lado, la conversación iba para largo.
—En realidad un poco de ambos —no entendía como lograba abrirme tan fácilmente ante Juliette. Contarle mis cosas de esta manera, como nunca antes lo había hecho.
—Humm... No te preocupes por lo de tu padre. Puedo notar que es un poco celoso contigo, pero todos los padres lo son. Aún cree que eres pequeña, supongo que ese es nuestro problema. A mi me costó mucho aceptar que Sam ya creció y ahora será madre —se encogió de hombros —ya verás como todo se va a solucionar pronto. Dale tiempo a Bill, él no lo ha pasado muy bien este último tiempo.
La miré, buscando en su expresión algún indicio, lo que sea, que me dijera que era lo que había sucedido con Bill.
—¿Bill tuvo algún problema? —Juliette negó con la cabeza y peinó uno de mis mechones de cabello, apartándolo de mi cara.
—Supongo que te hablará de eso algún día —sonrió de medio lado —en el fondo es un buen chico.
—Si... pero tampoco creo que estemos juntos alguna vez —bostecé. Entonces Juliette se acercó para besarme en la frente.
—Eso no podrás saberlo en este minuto pero... el tiempo lo dirá —sonrió de medio lado —fuera esas preocupaciones y duérmete, para que sanes más rápido y puedas usar el regalo de tu padre.
—Buenas noches —reí.
—Buenas noches, cariño —me miró con una sonrisa sincera antes de apagar la luz y abandonar la habitación.
Automatic /Capítulo 34
Me arrepentí al instante de haber dicho eso lo último.
Le había confesado que me gustaba, y ahora él me miraba como si yo fuese una loca, poniéndome nerviosa… y roja, y aún más nerviosa. El corazón me andaba a mil por minuto y me golpeaba el pecho con fuerza, la sangre me recorría el cuerpo a una velocidad vertiginosa, podía sentir el pulso en mi cabeza.
Bill se ruborizó al instante y tras un gran momento de silencio que se me hizo eterno, sus carcajadas resonaron en la habitación. Me quedé de piedra y dejé caer mi mano que cubría la boca de Emilie ¿porqué se reía? esto es algo serio, es importante. No es para reírse, ni burlarse. Son sentimientos, es el corazón.
Su risa no sonó bien. Los ojos se me llenaron de lágrimas y ahora estaba mucho más avergonzada que antes, estaba que me ponía de pie y salía disparada a mi habitación… una mierda con los yesos.
—Eres tonto, Bill, muy tonto —rió Emilie. Bill dejó de reír y yo aparté la vista rápidamente. Qué vergüenza —ahora sabes la verdad de tu vida, Bill: eres el más tonto que conozco. Suerte para ti que tengas a alguien que te lo diga… en ese caso yo. Y te lo digo porque te quiero: Tonto, idiota, descerebrado, SUBNORMAL, FRIO, ¡AUTOMÁTICO! —acabó gritando. Su sonrisa había desaparecido. Emilie comenzaba a asustarme —desde que me acuerdo eres igualito… eres un tonto —acabó por levantarse del sillón. La miré aterrorizada, ella fue a abrir la boca para seguir con sus gritos pero fue interrumpida:
—Emilie, ¿está todo bien aquí? —Juliette. Era ella. La miré rápidamente… venía saliendo de la cocina con mi padre y Simone detrás, seguramente habían escuchado los gritos de Emilie… quien no contestó, o al menos yo no la escuché —quiero que te comportes.
—Lo siento —se disculpó la rubia.
—¿Pasa algo, hija? —este había sido papá. Negué con la cabeza rápidamente, pero de nada servía si tenía las lágrimas a punto de caer. Bill me gustaba, se lo decía… y él se burlaba. Eso duele —¿qué pasó, Emilie? —le preguntó esta vez a mi hermana. Aparté la vista de papá y la miré.
—Es culpa de Bill, —apuntó al chico —toda la culpa es de él, yo estaba defendiendo a Karlie. Porque Bill es tonto y…
—Emilie —la cortó su madre con voz de reproche.
—Bill… —se quejó Simone, casi a la vez con Juliette —compórtate como el adulto que eres —me habían entrado ganas de mirar a Bill, pero no lo hice… y para no hacerlo aparté la vista para clavar los ojos en papá. Este prácticamente asesinaba a Bill con la mirada.
Y ahora, además de avergonzada, me sentía culpable ¿De qué?, no lo sé. Pero es que sentía como si algo me estuviese apretando el pecho, impidiéndome respirar con normalidad… y me dolía.
Nadie añadió otro comentario durante unos segundos incómodos en los que Simone regresó a la cocina con el ceño fruncido.
—Emilie, aprovechando que estás de pie y para que no armes peleas, ven y ayúdame con la cena antes de que Tom y Sam lleguen —¿por qué me haces eso, Juliette? no… si Emilie se iba, yo quedaría sola con Bill, y ese sería definitivamente, el fin de mi existencia… o de mi cordura.
—Que te ayude Bill —se quejó.
—Emilie, no te estoy dando una sugerencia, tampoco pido tu opinión. Vamos —su madre ya comenzaba a enojarse, había hablado en alemán, pero yo pude entenderla perfectamente. Emilie dijo algo entre dientes… eso no lo entendí y luego con los puños apretados se dirigió hacia la cocina con su madre vigilándola un paso más atrás.
Entonces papá me miró fugazmente, y luego volvió a dirigirse hacia Bill.
Le habló en alemán, con un tono bastante rudo. Quería salir corriendo de aquí.
Papá no le hizo caso a mis ojos suplicantes, y se metió en la cocina… dejándonos así, a Bill y a mí solos. Estos adultos carecen de corazón… o quizás de un cerebro ¿tan difícil era adivinar la situación?, no lo creo.
Dejé de mirar hacia la puerta y en vez de eso, miré mis manos. No me había dado cuenta de que estaba apretujando mi polerón, mientras jugaba con mis dedos, en un gesto de nerviosismo. Las lágrimas que luchaban por salir ya se habían ido… y ahora sólo quedaban mis mejillas rojas, mi cuerpo tembloroso y los rápidos latidos de mi corazón.
—Karla —genial. Ahora me llamaba. Yo no quería mirarlo. Porque… porque no. Quizás que cosas me decía y yo… me moriría de la vergüenza. Entonces lo escuche moverse, y el corazón casi se me sale al ver sus pies frente a los míos. Pasó de largo y se sentó a mi lado. Ni siquiera me moví, me había quedado de piedra —no era broma, ¿verdad? —¡¿broma?!, ¿él pensaba que había sido una broma? con este tipo de cosas no se juega… yo jamás haría un broma así. No. Lo que Emilie había dicho si había sido un chiste, pero lo mío no —Karla —volvió a insistir. Ya me había acostumbrado a que él fuese la única persona que me llamara por mi nombre.
Saqué el valor de donde no lo tenía guardado y alcé la vista… con cuidado de no toparme con sus ojos.
—No, no era broma —por suerte no me trabé. Me encogí de hombros y luego volví a bajar la mirada.
—Discúlpame, entonces. Yo pensaba que… en realidad yo —se calló. No alcanzaron a pasar dos segundos, cuando el contacto de su mano en mi mejilla me hizo estremecer. No opuse resistencia cuando él alzó mi rostro. Me sorprendí, pues el suyo estaba bastante cerca. Miré sus labios, su aliento me rozó y una extraña sensación se apoderó de mi cuerpo. El color se me subió a las mejillas. Cerré los ojos casi inconscientemente y me sentí morir cuando él juntó sus tibios labios con los míos.
Comenzó a mover sus labios sobre los míos, y yo no dudé en acompañar sus movimientos, saboreando su boca. Me encantaba, Bill me gusta… y mucho.
Cada vez me gusta más y es algo irresistible, inevitable. Ni siquiera mis miedos podían contra la atracción que yo sentía hacia él.
—¡Hijo! —pegué un salto, del susto que me había dado, al igual que Bill. Separamos nuestros labios se sopetón y ambos giramos el rostro. Era Siomone. Ay, no… que… vergüenza. No… Ella nos había visto y —apártense, apártense —susurró rápidamente, con los ojos como platos. Bill le obedeció, y rápidamente soltó mi rostro, para sentarse lo más lejos que pudo de mi. El timbre sonó en ese momento.
—¿Vas a abrir la puerta, Simone? que ya van dos veces que tocan el timbre —salió mi padre desde la cocina. Simone asintió y se dirigió hacia la puerta. Entonces papá clavó sus ojos en mí. Me observó, yo estaba roja de la vergüenza. Frunció el ceño y luego miró a Bill… quien seguramente estaría igual que yo.
—¿Qué pasó? —preguntó con un tono de voz que no me gustaba para nada.
—Nada —Bill se aclaró la garganta.
—Estaban peleando de nuevo, eso pasó —habló Simone desde la puerta, dando paso a Sam y Tom —pero Bill ya le pidió disculpas, al parecer, y Karlie aceptó sus disculpas —me entró el miedo. Simone había dicho todo eso con un tono de voz bastante sugerente. Ay, no —y ahora, son amigos ¿no es verdad, chicos? —se acercó, dejando a Sam y Tom en la puerta quitándose los abrigos —¿chicos? —insistió al ver que nos habíamos quedado mudos.
—Si.
—Si —contestamos a la vez. Y yo no sabía que hacer, pues papá no cambiaba la cara y argh ¿Acaso él nos había visto también?
—Ahora, mira esto Marc, tu hija y mi hijo…—tomó aire, yo abrí los ojos como platos ¡¿y si le decía?! Jo… no quería ni imaginar como se pondría Bill —se darán ahora mismo un abrazo, para demostrarte que ya están de amigos —solté el aire, aliviada.
Miré a Bill… él también me estaba mirando. Entonces e chico estiró los brazos y yo también estiré los míos, logrando un abrazo un tanto aparte. Mis mejillas estuvieron a punto de estallar, muy parecidas a las de Bill.
—Oh, ¿pero que les pasa?, no me van a decir que les dios vergüenza ahora que está Marc. Si estaban conversando de lo mejor cuando llegué… —dijo rápidamente. Y es que todo lo que Simone decía, me daba la impresión de que nos estaba delatando. Aunque un sordo se daría cuenta de que nos habíamos besado.
Sentí el corazón en la cabeza cuando Bill me abrazó más fuerte, pegándome a su cuerpo. Quería escapar de allí. Pero al parecer, en estos momentos, lo mejor era obedecer a Simone… Además, yo no podía salir de allí.
—Todo está bien ahora Marc —le dijo Simone a papá. Él me miró con expresión sugerente para luego entrar en la cocina —que no se repita Bill, al menos aguántense esta noche chicos. Si tu padre —me miró —se entera se enojará. Así que mantengan sus labios apartes.
—¿Se besaron? —salió Emilie de la cocina. Me separé de Bill y busqué a papá rápidamente. Pero él no estaba,
—¿Quién se besó con quién? —esta vez fue Tom ¡estaba pasando la vergüenza de mi vida!, ¿cómo se les podía ocurrir hacerme algo así? pero claro, yo no podía hablar porque me había quedado muda y… y… soy tan tonta.
Simone puso los ojos en blanco y volvió a meterse en la cocina, llevándose a Emilie.
Bajé la mirada, intentando ignorar la risa burlona de Tom. Sam no decía nada.
—Debiste haberte fijado más, hermanito —siguió burlándose Tom —lo sabía —murmuró más para si mismo que para nosotros. Aunque nos había avergonzado aún más —esto está mal… muy mal.
—Marc se enojará si se entera —siguió Sam… sentándose en el sillón con Tom —… y mucho. Karlie es su única hija. Nunca más te dejará entrar en esta casa —siguió Sam burlándose. Acabó por reír.
—¿Qué hay de malo en que la bese? —Bill ya había confirmado que nos habíamos estado besuqueando. O al menos, que él me había besado.
—Para mí, nada. Pero para Marc… —siguió Tom, haciéndose el gracioso.
—No le veo lo malo —añadió Sam —pero Tom tiene razón. Marc te cortará en pedacitos, Bill —ella y su novio se echaron a reír. Ya basta. Yo explotaría en cualquier momento, por la vergüenza que estaba sintiendo. Esto ya se había pasado de la línea, ahora estaban siendo crueles.
—Pero no te preocupes… mamá te va a defender —nuevamente estallaron en risas.
—Tom, ¿porqué mejor no te preocupas de tus cosas? como por ejemplo, tu hijo. El padre de Sam te matará cuando se entere —¿el padre de Sam no lo sabía? —además, a ustedes no les tiene que importar si beso a Karla…
—Karlie —lo interrumpió Tom.
—Es igual.
—Es Karlie, Bill. No seas cabeza dura, todo el mundo la llama así.
—Pero no es su nombre. Es Karla.
—A ella no le gusta que la llamen así —entonces la habitación quedó en silencio. Me sentí tan observada que tuve que alzar la vista. Me di cuenta de que los tres tenían los ojos clavados en mí.
—Am… eh, es igual —me encogí de hombros, volviendo a bajar la mirada.
—¿Ves?
—¿Ves? —dijeron a la vez.
—Es Karlie.
—Es Karla —siguieron muy bien sincronizados. Los gemelos ya se estaban peleando… y por la razón más estúpida.
—Tom, no empieces a contradecirme.
—Bill, no empieces a contradecirme —y es que eran tan iguales que incluso pensaban y decían las mismas cosas. Esto era realmente impresionante.
—¡Deja de copiarme!
—¡Deja de copiarme!
—Ya basta, chicos —interrumpió Sam —creo… creo que ya es hora de comer.
—Si… —Bill le dio la razón. Yo alcé la vista y miré hacia la mesa del comedor. Ya estaba todo casi listo y Emilie ya estaba sentada. Y por fin… la cena. Bien, ya faltaba menos para irnos a dormir. Miré a Bill… Este también me estaba mirando. Me sonrojé… al igual que él.
Que incómodo era todo esto.
—¡Mamá, ¿ya nos sentamos en la mesa? —gritó Tom hacia la cocina. Bill resopló y casi pude verlo poniendo los ojos en blanco.
—Si quieres sentarte en el baño, todo bien, cenas allí —le contestó Simone desde la cocina. Sam se echó a reír, al igual que Emilie… quien había escuchado todo desde su lugar en la mesa. Y yo, por más gracioso que me hubiese parecido, ni siquiera pude mover el rostro. Y es que la vergüenza podía conmigo. Ojala la cena terminara pronto y nos fuésemos a dormir.
¡Soy tan tonta! Podría haberme dado cuenta que el timbre de la casa había sonado, y así me habría separado de Bill antes de que Simone nos viera… y nos habríamos ahorrado todas las vergüenza y es que… argh. Pero como soy tan tonta, lo repito, me pongo como una boba cuando Bill se acerca demasiado y allí es cuando pasan las cosas que no tendrían que pasar. Igual, parte de la culpa la tiene él, ¿para qué se acerca? Pff, a quien engaño, me gusta que se acerque a mí, que me bese y que, de alguna manera, logre encantarme cada vez más.
Cada vez me gusta más… y más… y más. Es genial, pero a la vez es algo caótico y… desesperante. Más que nada porque no sé que hacer, porque nunca en mi vida había experimentado estas sensaciones… y jamás pensé que me sentiría así. Todo es nuevo para mí. Además, de la persona que me fui a enamorar. Bill es raro, muy raro… pero también es único. Aunque lo más complicado, es que yo no sé como él va a reaccionar si digo o hago tal cosa. Por eso prefiero no hacer nada y dejar que haga conmigo lo que se le antoje. Si me quiere besar, que me bese. Y es que realmente él me vuelve loca.
—Lo que me faltaba: que mamá se empiece a hacer la graciosa luego de casi delatarlos—bufó Tom.
—¿Intentas hacerte el gracioso? —le preguntó Bill, con un tono de voz que no me gustó para nada. Yo seguía con la vista baja, mirando mis manos y mi pie sobre la mesa de centro.
—Lo soy.
—Ya basta…
—Vale, vale. Dejaré de picarlos, pero sólo con una condición —aguardó en silencio unos momentos —¿quieres que deje de burlarme de ti, Karlie? —no dudé en asentir con la cabeza sólo una vez —entonces mírame, que quiero ver sus caras cuando diga esto —se aclaró la garganta. Dudé un momento si mirarlo o no. Quizás que cosa me decía y yo moriría de vergüenza. A pesar de todo, alcé la cabeza y miré a Tom, queriendo morirme allí mismo cuando vi su rostro con una mueca de risa contenida —se besan una vez más, para que Sam y yo estemos de testigo y podamos celebrar —se echó a reír. Sam lo miró como si estuviese loco.
—¡Ya me hartaste, Tom! —chilló Bill —¿por qué no te metes en TUS cosas? —su voz me asustó. Incluso la vergüenza desapareció. La sonrisa de Tom se borró de su rostro al instante y Sam arrugó la nariz —¿podrías dejarme en paz? No sé que mierda te pasa. Estás todo el puto día hablándome de “Karlie”, que “Karlie” esto que “Karlie” esto otro… ¡A la mierda con eso! La metes en mi cabeza a la fuerza, ¡me estás obligando a quererla!, y ahora qu…
—Ya, ya, ya, lo siento, lo siento —lo cortó Tom. Estoy segura de que mi corazón dejó de funcionar. ¿Entonces Bill me besaba sólo porque Tom…? —no hables de más, Bill. Tampoco es para tanto. A demás, Karlie está al lado tuyo y… —me señaló. De seguro yo tenía una mueca espantosa, horrible. Con lo que Bill había dicho, ya me había quedado más que claro que él no me quería en realidad. Que el hecho de que me besara había sido un acto resultado de las estupideces de Tom. Y es que no se le podían llamar de otra manera. Claro, él quería “hacer feliz” a su hermano, ¿y yo qué? Por eso me había pedido que “lo enamorara”. Algo IMPOSIBLE… que nunca podría pasar. Yo había terminado enamorada de él.
No sabía si enojarme con Tom, porque él había causado esto. Enojarme con Bill, por haberme besado… O conmigo, por se tan tonta y haberme enamorado de él.
Aunque Bill tenía toda la razón. Tom no podía obligarlo a quererme.
No pude evitar que los ojos se me llenaran de lágrimas. Quería irme a mi habitación de una buena vez.
De pronto me sentí tan observada, que incluso se me revolvió el estómago. Tom me miraba, Bill me miraba y Sam me miraba.
—Yo… voy a ayudar con la comida. Si —murmuró Sam, levantándose del asiento, huyendo de la tensión que había en el salón. Como me habría gustado poder ir con ella.
La observé hasta que desapareció en la cocina, y luego escuché una palmada de Tom.
—Yo también voy —lo observé, rogándole que se quedara. Pero no… el muy idiota, para joderlo todo aún más, se levantó del sillón y caminó hacia la cocina rápidamente. Dejándonos a Bill y a mi solos. El nerviosismo se apoderó de mi… y me puse torpe nuevamente. Bill, que se había puesto de pie durante la pelea, no dijo nada. Yo tampoco quise mirarlo. Hasta que sentí sus pasos. Lo miré rápidamente. Él me daba la espalda y se dirigía al pasillo, seguramente para meterse en el baño. Me entraron ganas de llorar. Y es que había comenzado a actuar tan fríamente…
Pero no lloré. Me aguanté, tragándome las lágrimas… Y papá no tardó en llegar para ayudar a acomodarme en la mesa. Al menos él me quería. Y sentí un alivio inmenso cuando me dio un beso en la frente y me acomodó los mechones de cabello detrás de la oreja, al terminar de sentarme bien en la silla. Sam y Tom no tardaron en llegar a hacernos compañía a Emilie y a mí. Con Emilie no había cruzado palabra.
Luego se sentó papá también en la mesa y Simone con Juliette trajeron la comida. Nadie sirvió nada en su plato, hasta que Bill llegó, enojado como siempre, a sentarse en la mesa. Ni siquiera lo miré.
Papá me ayudó a cortar la comida en trocitos, como cuando era pequeña… para que no me costara tanto comer con la mano izquierda. Se lo agradecí. Y luego de eso, nadie más me prestó atención.
Automatic /Capítulo 33
Ni si quiera lo miré cuando regresó de la cocina a sentarse en el mismo sitio. Estaba molesta ¿cómo se le podía ocurrir hacer semejante estupidez? estaba hablando con Andreas y el muy idiota me arrebataba el teléfono. Andreas también es mi amigo y si me llama a mi será por algo, ¿no? Bill no tenía porque entrometerse en mis cosas, mucho menos si estaba en mi casa ¿quién se creía?, ¿el rey del mundo? Pff. Claro, como yo ni siquiera puedo moverme se aprovecha de las circunstancias. Aunque por otra parte, había estado bien. Pero por la parte de Emilie, para que ella hablara con su enamorado. De todas formas, podría haberme pedido el teléfono antes de quitármelo y el gesto habría sido menos grosero.
Y aquí estaba yo, nerviosa, enojada… y sin saber que hacer. Podría haber estado ayudando en la cocina o en mi habitación. Esto de no poder andar sola ya comienza a hartarme. Ni siquiera podía ir al baño tranquila. Jamás debí haber molestado a Andreas y Emilie, Andreas no debí haberme invitado al cine jamás, Bill tampoco se tendría que haber metido en nuestra conversación y yo… yo no tendría que haberme ido, mucho menos sin mirar hacia los lados antes de cruzar. O al menos, si me hubiese muerto en el accidente no estaría pasando por esto y no me sentiría así de inútil como me siento ahora. Ni siquiera me entra la ropa ajustada, por los yesos y toda esa mierda. Suspiré.
Cogí el control de la TV y le cambié de canal, lo hice solo para picar a Bill, ya que él estaba viendo el programa. Seguro se molestó, pero no me dijo nada. Como si fuese a hablarme… claro, me había besado, me había dejado como una loca y ahora se enojaba. Me había hecho cambiar todos los pensamientos que anteriormente yo había tenido, los había hecho desaparecer en un segundo ¿y para qué?, para nada. Quizás que cosas le había hecho mi prima, también había que pensar eso. Entonces la culpa no era del todo suya… pero tampoco era culpa mía parecerme tanto a ella. Ni siquiera la conocía y a saber donde estaba ahora. Quizás con su padre en… ¿Francia?, ¿era Francia? Ya no lo recuerdo, pero no importa. Y a todo esto, se me seguía olvidando preguntarle a papá sobre ella. Y es que soy tan torpe algunas veces.
De pronto sentí celos, muchos celos, a tal punto que me ruboricé… por vergüenza de tener celos. Y es que esa chica había estado con él ¿Y si regresaba y yo tenía que irme? No. Eso no podía pasar porque… porque no. Miré disimuladamente a Bill por el rabillo del ojo. Él me estaba mirando. Se dio cuenta de que yo lo espiaba y desvió la vista rápidamente. Entonces yo giré el rostro y lo miré. Pero él se hizo el tonto, clavando los ojos en la TV. Genial, fantástico, excelente. ¿Y yo que hacía ahora?
Cambié la TV nuevamente, Disney Channel… y es que ese es el único canal de toda la TV alemana que yo conozco. Le subí un poco el volumen y en cuanto Bill volvió a mirarme, yo aparté la vista. Haciendo lo mismo que él anteriormente. Intenté entender la caricatura de la TV. Decían algo de… ¿un árbol mágico?, ¿o era un arcoiris?, quizás un oso… la cosa es que tenían que buscarlo. Lo bueno de estos monitos era que hablaban lento, para los niños pequeños, entonces se me hacía mucho más fácil entender, o al menos intentarlo.
—¿Quieres ver eso? —preguntó extrañado. Por fin me hablaba. Lo miré, alzando una ceja. Sus mejillas se tiñeron de rosa, e incontrolablemente las mías también al verlo. Asentí como una boba y aparté la vista rápidamente. Y como soy tan estúpida y no pienso bien las cosas, le lancé el control. Por suerte el lo atrapó.
—Mejor busca algo para ver —que vergüenza, y es que incluso había hablado como una idiota. Por suerte no le di con el control en la cabeza, aunque estuve a punto. Es que lo había lanzado con la mano izquierda. Bill asintió con la cabeza, un poco cortado, y volvió a mirar la TV haciendo una extraña mueca con sus labios. Me ruboricé aún más cuando me di cuenta de que estaba mirando sus labios y aparté la vista rápidamente. Me pasé la mano por el cabello un par de veces, nerviosa. Él acabó por poner una película de comedia. Estaba en inglés y tenía subtítulos en alemán… perfecto para los dos. Aunque no dudaba que Bill entendiera la película sin los subtítulos, al igual que todos los de esta casa. Y ahora que lo pensaba, eran todos unos bilingües.
—¿Te gusta eso? —me estaba pidiendo la opinión. No me lo esperaba… con lo extraño que había estado después del beso. Lo miré y asentí, volviendo a ruborizarme. Él apartó la mirada rápidamente, y se recostó en el sillón, en una posición mas relajada. Mirá la TV cuando me di cuenta de que me había quedado como una boba mirándolo. Y es que se había vuelto tan… irresistible. Mirarlo era algo inevitable.
—Chicos, ¿saben donde están Sam y Tom? —salió de pronto Simone de la cocina. La miré y negué con la cabeza, entonces sentí un suspiro de Bill.
—Tom está buscando sus regalos. Sam lo acompañó —su voz había sonado completamente diferente al dirigirse hacia su madre, prácticamente destilaba cariño. Claro, es su madre.
—Bien… cuando lleguen vamos a cenar. Ya está todo casi, casi. En una media hora más ya estaríamos sirviendo todo ¿nos ayudas a arreglar a mesa, Bill? —que inútil soy, Dios. Y es que hasta Bill ayuda y yo ni siquiera me puedo levantar.
—¿Ahora? —no le vi el rostro a Bill, pues tenía los ojos clavados en Simone, pero su tono de voz sonó molesto esta vez.
—Si, mejor que lo hagas ahora… luego vuelves a ver la película.
—Habría sido mucho mejor haber contratado a alguien para que nos cocinara… —se quejó. Lo miré. Se suponía que era navidad, había que estar en familia. Nadie trabaja en estas fechas… además, la comida de Juliette es riquísima, y con la ayuda de Simone, papá y Emilie, seguro quedaba espectacular.
Bill se levantó del sillón, y su madre no dijo nada más. Los dos se metieron en la cocina… y momentos después Bill volvió a salir, pero por la otra puerta.
… Suerte para mi que nuestro salón no fuese separado del living. Digo, por una pared. Porque la mesa del comedor estaba lejos. Aún así, podía ver a Bill, unos metros más allá acomodando todas las cosas.
Lo miré llevando las copas, los platos, los tenedores y todas esas cosas. No iba de muy buen humor, que digamos… pero al menos lo hacía. Seguro Bill estaba acostumbrado a que lo atendieran siempre. Ya me lo imagino gritando como loco si su mamá le pide que limpie el baño. Igualmente acabaría limpiándolo, es un hijo de mami… y le obedece en todo.
Cuando acabó, se acercó a paso lento al salón, yo lo observé todo el tiempo sin poder apartar la vista. Él parecía enojado, pues tenía el ceño fruncido.
—¿Quieres dejar de mirarme? —espetó al pasar frente a la TV, para volver al pequeño sillón.
Dejé de respirar por un momento, sin saber que hacer o que decir. Bill me podía decir que lo quisiera y a mi no me salía la voz para contestarle. Ni siquiera podía pensar bien. Lo único que pude hacer, fue bajar la mirada y sentirme muy avergonzada. Soy una mirona… y soy tan tonta. Ni siquiera sé disimular bien. Con esto ya le confirmaba que era verdad lo que a Emilie se le había escapado. Y es que argh, seguro Bill se enoja conmigo por eso. Podría apostar que a él no le gusta que a mi me guste. Sus razones debe tener. Pero la culpa no es mía. Yo nunca quise que él me gustara. Pero aún hay algo que no entiendo. Él me había dicho que quería estar lejos de mí, hace tiempo, y ahora me besaba. Como si yo fuera cualquier cosa… claro, como no me gusta quejarme por todo, ni ser de esas chicas que arman escándalos. Y es que lo habría hecho, de nos ser porque me había quedado de piedra, como una idiota… al final me había gustado, pero no es el punto.
Bill se acomodó en el sillón, sólo lo escuché, pues ya no lo miraba. No quería que me dijera eso otra vez, ya bastante avergonzada me encontraba… además, después todo podía convertirse en una pelea y no era un buen plan pelearse para noche buena, arruinaríamos la cena.
Comencé a jugar con mis dedos ¿porqué todo tiene que ser tan complicado? me sentía metida en un lío que ni siquiera existía… o quizás si. Y es que era una lucha interior. Y las luchas interiores son de lo peor, porque uno no sabe que pensar, o como actuar. Yo deseo hacer las cosas bien pero… pero a la vez quiero hacer lo que se me antoja, y en este momento realmente se me antojaba mirar a Bill.
Y no lo pensé más. Lo miré ¿y con qué me encontré?, con sus ojos… él me había estado mirando todo este tiempo. Me sentí cohibida pero aún así, no dudé en espetarle:
—¿Quieres dejar de mirarme? —repetí sus mismas palabras, pero no me importó… al parecer a él si, pues me miró sorprendido y apartó la vista rápidamente hacia la TV, sin decir nada. ¿Con qué derecho me decía que no lo mirara cuando él me miraba después?, es ridículo.
—Bill, ¿puedes llamar a Tom y Sam? —Simone nuevamente había salido de la cocina, la miré y ella me sonrió fugazmente, para luego volver a mirar a su hijo —diles que se vengan rápido porque ya se está haciendo tarde y vamos a cenar —y acto seguido volvió a entrar en la cocina. Giré nuevamente el rostro y miré a Bill, este ya estaba con el móvil en la mano, seguramente buscando el número de su hermano.
—Puedes mirarme todo lo que quieras —murmuró, sin dirigirme la mirada. Supuse que lo decía sarcásticamente. Pero como una idiota, le tomé la palabra y no le quité los ojos de encima. Se llevó el aparato al oído y luego se levantó del sillón —¿Tom, donde estás? —hablaba en alemán. Que genial soy, pude entenderle —ya está todo listo y mamá quiere… —blablabla. Afundgaufun. No entendí nada más. Lo miré mientras él se paseaba dos pasos hacia un lado y tres hacia el otro, frente al silloncito. Me miraba cuando venía de vuelta y yo me ruborizaba, luego se daba la vuelta y caminaba en la otra dirección, dándome la espalda. No supe que era lo que hablaba tanto con Tom, pero sonaban a bromas… además, Bill había reído un par de veces. Este chico si que era extraño.
Acabó la llamaba y guardó el aparato en su chaqueta, aún de pie.
—Tú también puedes mirarme todo lo que quieras —le dije sin pensar, igual que antes: imitando sus palabras. En seguida me di cuenta de que no tendría que haber dicho eso, pues por tercera vez, Bill se ruborizó… y me contagió el rosa a mí también. Él miró hacia otro lado, sin decir nada y volvió a sentarse en el sillón. Que bien le quedaba su nuevo peinado. Aunque aún no olvidaba lo del teléfono y Andreas.
Nos pasamos el siguiente minuto en silencio, sin saber que hacer. Yo nerviosa y con el corazón andándome rápido, debido al ambiente tenso.
—Jo… hasta que termino. Me hicieron picar cebollas, ¿sabes lo que es eso?, jamás lo hagan —entró parloteado Emilie en el salón. Bill y yo la miramos… a ella parecía habérsele quitado el enojo con Bill. Debí suponerlo, Bill y Sam eran amigo desde hacía tiempo, por ende, Emilie y Bill deberían tener alguna especie de relación como “casi-amigos”… o quizás solo era cariño que se habían agarrado con el tiempo. La chica se sentó a mi lado, lanzándose sobre el sillón y cruzó sus dedos detrás de la cabeza, en una pose bastante relajada. Quité mis ojos de ella y miré a Bill fugazmente. Él me miró a la vez. Que sincronizados. Me estremecí y aparté la vista hacia cualquier sitio —¿se aburren…?
—Si.
—Un poco —dijimos al mismo tiempo. La del “si”, fui yo. Emilie nos miró a ambos intermitentemente y luego torció una sonrisa. Seguro le llegaba a picar la lengua de las ganas que tenía de molestarnos. Pero no dijo nada, por suerte. Y es que ya había hecho mucho el día de hoy... Había hecho enojar a Bill y luego se le había salido que a mi me gustaba.
Me ruboricé nuevamente… y no quise mirar a Bill.
—Amm… ¿Y ya le contaste a Bill sobre Bill? —tuve que detenerme dos segundos a analizar sus palabras.
¡¿Qué?! Que no fuera a salir ahora con la mentira para “arreglar todo”, con eso terminaba de joderme.
—¿Qué Bill de Bill, de… ah? —me ruboricé aún más. Se me trababan las palabras, soy un fracaso. Emilie miró a Bill, yo no tuve el valor de hacerlo.
—Ya sabes, el Bill que te gusta. No este, el otro, el de Noruega, ese que me contaste… el de la foto, ¿te acuerdas? —cállate. Le hice una mueca, molesta. Pero Emilie estaba muy concentrada en mirar la expresión de Bill. ¡Y es que esta mentira no se la creía ni un niño pequeño!, mucho menos Bill. Y es que inventar cosas así era de niñitas de diez años. ¿Qué iba a pensar ahora Bill de mi? —es que… —hizo sonar la lengua —yo te voy a contar sobre esto, Bill —y ahora se hacía la interesante. Dios, ¿el sufrimiento no acaba nunca? Pero claro, ella no me miraba, ni siquiera me prestaba atención… y eso que la estaba jalando de la manga de su chaleco —… pasa que Karlie, antes de venir aquí, a Alemania… fue a Noruega. Osea, después de Japón, para estar con sus abuelos… y pasa, que un chico nuevo se mudó a la casa del lado de su abuela.
Tiene músculos y es rubio y tiene unos ojos azules pero que te mueres… juega en el equipo de fútbol de su escuela y es de lo mas cool. Karlie me lo contó todo. Tuvo un romance de dos semanas con él… era algo pasajero, pero ahora se dio cuenta de que en realidad le gusta, y quiere volver a Noruega para ser su novia… porque… porque Bill, así se llama el chico, está bueno… y él la quiere. Y a Karlie le gust… —no lo soporté más y le cubrí la boca con la mano, como pude. En ese momento, Emilie se dio cuenta de que estaba echando a perder las cosas cada vez más ¿Cómo se le podían ocurrir todas esas bobadas? Yo ni siquiera salía con chicos… pero que estupidez, “un romance de dos semanas”. Miré a Bill, este tenía una muy marcada mueca en el rostro, de disgusto. Seguro ahora pensaba que yo era una cualquiera que andaba con “romances de dos semanas” y esas cochinada ¡Ay, no! Y es que eso, realmente, no podía ser. Prefería ser sincera y madura, antes que ser una niñita mentirosa.
—Bill, no hay un Bill en Noruega, Emilie lo acaba de inventar todo. Y me gustas —solté de golpe.
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