Lo bueno de todo esto era que no tendría que darle 50 a Emilie… y tampoco estaría toda la cena nerviosa. Aunque Bill… ¿Por qué no venía? ¿es que ese accidente lo había vuelto automático e irritante nuevamente?. o a lo mejor, había vuelto a cerrarse en si mismo. Recuerdo, que él y los chicos habían dicho que me parecía a mi prima, supongo que se referían a ella, ¿no? también supongo que entre ella y Bill había pasado algo, a no ser que solo fuesen mejor, pero de los mejores amigos… cosa que creo menos probable. El punto es, que si era cierta mi teoría, Bill no debería sentirse bien. Habíamos chocado nuestros labios… y yo era muy parecida a la chica esa. Mi prima, quizás. Si… quizás que cosas le había hecho ella a Bill. Y ahora la recordaba y se sentía mal al verme. Por eso e había dicho hacía un tiempo que me alejara de él. Y justamente, cuando ya estaba acostumbrándose a tenerme cerca, pasaba ese accidente, que seguramente le revivió recuerdos.
Que lista estoy hoy día.
Me mordí el labio inferior, mirando a la pareja que se acercaba, y les sonreí.
—Hola, Karlie.
—Hola —los saludé a ambos. Tom no dijo nada, simplemente me sonrió y luego se sentó en uno de los sillones pequeños, con Sam en sus piernas. Quien como ellos… que envidia ¿pero que mierda pienso? No… yo no quiero estar con nadie así… no así de cerca, no.
Emilie pasó frente a la TV, para sentarse en el otro sillón pequeño, ya que yo y mis huesos a medio sanar estábamos en el grande.
—¿Dónde está mamá? —le preguntó Sam a su hermana pequeña.
—Fue de compras con su “novio” —hizo comillas con las manos, formando una sonrisa en los labios. Sam me dedicó una mirada fugaz, pero no dijo nada. No me sentí tan bien ante ese gesto… pero seguí a lo mío como si nada hubiese pasado.
Cambié el canal de la TV, ya ni siquiera recordaba que era lo que estaban pasando… pero habían comerciales.
Aburrimiento. Silencio…
A Sam, a lo mejor, no le gustaba que mi padre estuviese con su madre… Si, seguramente era eso. Tampoco es fácil ver a tu padre/madre con otra persona. Pero hay que aceptarlo. Ya está. Yo lo había aceptado, Emilie también. Incluso estábamos contentas… Sam también tenía que aceptarlo. A demás, ya estaba grandecita.
—¿Dónde vas? —miré por el rabillo del ojo, como Sam se levantaba de las piernas de Tom y se acomodaba los pantalones un poco.
—Al baño —se encogió de hombros. Y como si de su casa se tratase, subió las escaleras, hacia el baño… definitivamente, había estado antes en esta casa.
—Amm… ¿Karlie? —me llamó Emilie. La miré al instante.
—¿Humm?
—Tengo sed —sonrió ampliamente, mostrando hasta la última muela —¿tienes algo para beber? —si hubiese podido, me habría encogido de hombros. No había estado en mi casa por un buen tiempo, no sabía que cosas habían y que cosas no habían…
—No lo sé. Revisa, a ver si encuentras algo y nos traes a todos —alcé las cejas. Emilie asintió con la cabeza y se levantó del sillón, para luego meterse en la cocina a paso rápido, dejándonos a mi y a Tom solos.
—Karlie —me llamó Tom, casi en un murmuro. Lo miré, con una media sonrisa —¿podemos hablar?
—Claro —acepté. Hablar… ¿sobre qué? ¿de Bill? ¡¿le había pasado algo?! —¿sobre qué? —él se levantó del pequeño sillón y se acercó hasta pensarse sobre la mesita de centro, tapándome la TV.
—Es… un tema delicado —hizo un movimiento extraño con las manos, muy lentamente, y luego suspiró. Entrecerré los ojos y lo mire interrogante ¿era algo malo? —es sobre Bill —bajé la mirada rápidamente. El corazón, me había comenzado andar más rápido… y tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para que Tom no pudiese oír mi respiración.
—¿Qué… qué tiene Bill? —dije intentando no tartamudear. Trague saliva costosamente. De pronto me había puesto demasiado nerviosa.
—Es que… —se aclaró la garganta y seguidamente suspiró fuertemente. Llevaba suspirando todo el tiempo —yo sé que se besaron por accidente en el hospital —soltó. Abrí los ojos como platos ¡pero que vergüenza! se lo había contado. Ay, no —pero nadie más lo sabe, no te preocupes —añadió rápidamente. ¿y creía que con eso me iba a tranquilizar? bajé la mirada y fruncí los labios.
—¿Qué hay con eso? fue un accidente, nada más.
—Es que… yo pensé que podrías ayudar a Bill —alcé la mirada y clavé mis ojos en los suyos. Prácticamente me lo estaba suplicando ¿ayudar a Bill?, ¿y como se suponía que yo iba a hacer eso? —sé que piensas que lo que te digo es una estupidez, y que soy un mal educado al pedirte esto, porque no es algo que se deba hacer… pero es que tú no te imaginas lo que es verlo así. Como está, o como estaba antes de que tu llegaras —me tensé, y volví a abrir los ojos como platos ¿así como?, ¿automático? ¿y que iba a hacer yo con eso? ni siquiera sabía porqué estaba así, no lo podía solucionas, Tom no tenía porqué pedirme ayuda. Emilie era mucho mejor alegrando a as personas. Yo… yo no.
—¿Cómo está, estaba, digo… Bill? —la pregunta más incoherente que había hecho en mi vida.
—No se si te diste cuenta… —frunció el ceño —pero el día en que ustedes tuvieron ese “accidente”, como tu lo llamas, estaba más feliz. Hasta el accidente, claro —resopló.
—Baah, siempre se ríe conmigo —hice un gesto con la mano, restándole importancia —… si es que no se pone a pelear —entrecerré los ojos.
—Conmigo también —sonrió de medio lado ¿por qué no lo ayudaba el? yo que ya había comenzado a sentirme importante —pero no con Sam… —resopló —¿sientes algo por él? —abrí los ojos como platos, nuevamente ¡no podía preguntarme eso! —te prometo y te juro que no se lo diré a nadie. Pero por favor…
—Tom, estás mal de la cabeza ¿por qué no vas al punto y me dices que es lo que tengo que hacer para ayudarlo?
—Créeme, que esto no sonará bien, pero estoy desesperado —juntó sus manos y comenzó a jugar con sus dedos —mi madre, Sam y yo hemos intentado juntarlos, a ti y a Bill, a toda costa, desde que tu llegaste y nos dimos cuenta de que hacías un “efecto extraño” en Bill. Pero él se niega siempre a acercarse a ti. Es algo obvio, porque le traes recuerdos —Tom tomó aire apresuradamente, ya que había soltado todo de sopetón. Si… yo tenía razón. Le traía recuerdos a Bill. Esperen, esperen… ¡¿juntarnos?! ¿cómo juntarnos?, ¿porqué juntarnos? ¿así de parejas? ¡¿emparejarnos?! ¡argh! ¡pero que rabia! —pero a demás de traerle malos recuerdos, haces que cambie de actitud. Ha estado muy diferente y…
—Tom, me estás enredando. Lo que me dices no me gusta —lo corté. Entonces, él cogió mis manos entre las suyas y me miró casi suplicante.
—¿Sientes algo por Bill? —bajé la mirada, al no tener contestación. Si, sentía cosas por Bill, pero no se lo iba a decir… no —Karlie… ¿sientes algo por Bill? —repitió. Y luego, separó una de sus manos de las mías y me cogió el rostro, alzándolo un poco, y obligándome a mirarlo —confía en mí… por favor —cogí aire, llenando mis pulmones.
—Yo… —solté todo el aire de sopetón. Vaya apuro en el que estaba metida. Tom miró hacia las escaleras fugazmente, luego hacia la cocina… y después, volvió a clavar sus ojos en mi.
—Mira, Karlie, se que sientes cosas por Bill. Sólo quiero que me lo confirmes, por favor… —asentí con la cabeza, apretando los dientes… sentí como el color se me subía al rostro al instante —¿entonces… sientes cosas por Bill?
—S-si —confesé. Sentí como los ojos se me llenaban de lágrimas. Yo no quería sentirme así de atraída hacia Bill. No quería. Pero él me gustaba y era tan irresistible y lindo y…
—Karlie… —Tom volvió a suspirar —¿sabes? no sé que es lo que estoy haciendo —soltó mi rostro y se levantó de la mesita de centro —que estúpido soy. Tu no… —se llevó las manos al rostro.
—Oh, vamos, Tom. Me hiciste confesarte que me gusta tu hermano y ahora no me dices que es lo que tengo que hacer para ayudarlo —Tom se quitó las manos del rostro y me miró perplejo.
—Me tomarás por loco —alzó ambas cejas. Yo negué con la cabeza. Quería ayudar a Bill… a lo mejor, así lo sacaba de su estado “automático”. A demás, me gustaba verlo bien, verlo sonriendo, feliz… Aunque me hubiese gritado y me hubiese hecho llorar. Eso ya lo había olvidado, era tiempo pasado.
—No, Tom.
—¿De verdad quieres…?. —asentí —mira, si después no quieres, no importa.
—Vale —Tom se aclaró la garganta.
—¿Puedes… puedes hacer que Bill se enamore de ti?
¿Pero… qué? ¿enamorar a Bill? ¿a Tom le falla la cabeza? ¿o es que la noticia de su bebé lo tiene así? ¡No! yo… nunca y jamás, podría enamorar a Bill. Aunque quisiera. Es imposible. Cosas así no pasan, no conmigo. Mucho menos si me lo propongo, o si él me lo pide. Claro que no ¡no! yo… yo… imposible, más que imposible. No se puede, no es probable, definitivamente no.
—No —solté —¿lo dices enserio? —pregunté rápidamente, para luego alzar una ceja, interrogante. Me di cuenta entonces, que tenía las mejillas demasiado calientes, y no era agradable la sensación. Que vergüenza. ¿Por qué a Tom se le había ocurrido pedirme eso…? justamente algo que yo no podía hacer. Además, era improbable que Bill se enamorara de mí, aunque intentara seducirlo por iniciativa propia. Repito, eso era algo que nunca iba a pasar. Y Tom quería que yo lo enamorara… a lo mejor, para hacer que se olvidara de la otra chica, mi prima. Pero… ¿y si no funcionaba? ¿y si él no se enamoraba de mí y terminaba odiándome? ¿qué pasaba si él se enteraba de que había intentado enamorarlo porque Tom me lo había dicho y no por iniciativa propia? volvería a apartarse de mi. No quería que eso pasara… no. A demás, me daba miedo. Nunca en mi vida he intentado enamorar a alguien, no se como se hace. Jamás lo he hecho y no planeo hacerlo. Y si me pongo en otro caso, digo, en el caso que yo aceptara y lograra milagrosamente enamorar a Bill… tampoco iba a ser todo lindo. Probablemente Bill saldría de su estado automático… ¿pero después de eso? todas las cosas tienen un final, y en cualquier momento él podía desenamorarse de mi. Entonces volvería a estar triste.
Al menos para mi, mis razonamientos tienen sentido.
Era correr un riesgo demasiado grande. Siempre me ha gustado ayudar en lo que se pueda, pero esto era algo que yo, realmente no podía hacer. Ni siquiera tendría que pensarlo tanto… sólo no y ya. Porque, si enamoraba a Bill, lo más obvio era que me pidiese que fuese su novia ¿es que alguien me imagina con Bill? No. Además, yo jamás voy a estar como las parejitas y esas cosas. Y aun menos con Bill. Precisamente porque ES BILL. No quiero, me da miedo. No se si me explico bien, quise decir, con Bill no me daba miedo, ya lo había comprobado… ¿pero si después entraba en pánico? tenía miedo a que me diese miedo.
—Si. Pero si no quieres, no importa —Tom suspiró. Me sentí realmente culpable. Si hubiese podido, me habría puesto a hacer pataletas. Bill iba a seguir igual de mal, y triste… y automático. A lo mejor, otra chica podía ayudarlo. Si, eso. Tom tenía que buscar otra chica para su hermano. Nunca podría ser la indicada, no soy la gran cosa. Seguro se encuentra una chica realmente bonita, simpática y que lo ame.
Sentí una extraña sensación en el pecho. Tragué saliva, restándole importancia. Tom volvió a su posición en el sillón, y yo no quise mirar su rostro. Me limité a bajar la mirada…
No puedo enamorar a Bill, no si él no quiere. Quiero decir, si yo no quiero. Porque no quiero. Acepto que él me… me gusta y todo eso. Pero no es como para… para algo más. Como ya dije antes, porque es imposible y porque me da miedo. Nadie nunca podría entenderme.
No me sentía bien… a lo mejor, si yo hubiese sido otra persona, si hubiese vivido en diferentes lugares, si mi vida hubiese sido distinta, hubiese aceptado ayudar a Tom. Pero siendo yo, no podía. Que mala persona soy ¡pero es que no puedo!
—Lo siento —me disculpé.
—Pero si a ti te gusta… además, nosotros podríamos ayudarte… ¿por qué…? —dejó la pregunta al aire. Sabía a que se refería.
—Porque no puedo. No puedo enamorar a Bill —como me había costado decir esas palabras —imagínate que se enamora de mi, así de milagro ¿qué hago? —alcé la vista, mirándolo. Él me miró, con expresión de no entender nada.
—Estar con él ¿o es que no quieres estar con él? —abrí los ojos como platos, y tuve la necesidad de toser, ya que me había atorado con mi propia saliva.
—Había coca-cola. No te imaginas el desorden que armé en tu cocina, lo siento. Luego lo limpio todo —genial… Emilie.
Tom volvió a sentarse en el sillón donde anteriormente estaba antes de hablar conmigo. Emilie nos dio un vaso con coca-cola a cada uno, luego volvió a meterse en la cocina para sacar dos más. Uno para Sam, el cual lo dejó sobre la mesita de centro, y uno para ella. Tom no me había dicho nada más, desde la interrupción de Emilie. Y al parecer, mi amiga se había dado cuenta de que había llegado en mal momento… Así que tampoco dijo nada más. La situación era un poco incómoda. Al menos para mí. Y es que aún no me lo creía. Tom me había pedido, nada más y nada menos que ENAMORARA a Bill, a su hermano. Ok, lo comprendo… él quería que Bill estuviese bien. Pero es que eso es algo que… que no se puede pedir, que no se puede planear y que yo nunca aceptaría hacer.
Emilie corrió la mesita de centro, acercándola al sofá, y luego puso sobre esta un cojín. Me di cuenta de lo que estaba haciendo, cuando me cogió con cuidado la pierna y la puso sobre lo que anteriormente había acomodado. Seguramente para tener más espacio en el sillón, ya que estaba muy apretujada.
—¿Cuánto tardará en sanar tu pierna? —me preguntó, frunciendo el ceño. Me encogí de hombros… no tenía idea. Él doctor me lo diría. Sólo esperaba poder caminar pronto… y para eso, la clavícula tiene que sanar, pues para poder caminar con una pierna en estas condiciones, tendría que llevar una de esas cosas extrañas que usan las personas discapacitadas para andar —humm…
En ese momento, Sam llegó al salón. Emilie le dio su bebida, y luego ella se acomodó con Tom nuevamente. Él simplemente la abrazó, rodeándola con sus brazos por la cintura, de forma protectora, y enterrando su rostro en el cabello de la chica. Que perfecta pareja eran… se veían hermosos los dos juntos. Y a mi, no me gustaba lo que estaba sintiendo… en… en…vidia ¿pero de qué?
Las dos hermanas se pusieron a conversar. Tom y yo nos quedamos en silencio, cada uno en su mundo. Él seguramente pensando en su hermano… y yo… pensando en su hermano también.
Papá no tardó en llegar de compras con Juliette. Ambos prepararon la cena, con la ayuda de Emilie. Y es que la pobre estaba tan aburrida, que no tuvo nada mejor que hacer, que ir a cocinar fuese lo que fuese que estuvieran preparando. Me quedé sola en el salón con Sam y Tom. Aunque más bien, yo parecía un objeto invisible. Pues se besaban… y seguían besándose. Y yo no sabía donde mirar. Me ponía nerviosa.
Pero luego, volvía a pensar en Bill… y me olvidaba de todo. Entraba en un extraño trance y me cerraba en mi misma. Miraba, pero no veía… escuchaba, pero no entendía nada. Y es que no podía dejar de pensar en él. De tan sólo recordar lo que Tom me había propuesto, me había entrado todo el nerviosismo y el estómago lo sentía extraño. Después, Sam y Tom se me venían a la cabeza. Se veían tan felices juntos… ellos realmente se querían, por eso es que eran pareja… y tendrían un bebe dentro de poco.
¿Querría yo tanto a Bill como para llegar a eso? No. Esa pregunta prácticamente se respondía sola. Bill era una persona… hermosa, única, simpática en ocasiones… pero no era para mi. Yo tampoco era para él. No encajábamos.
Para empezar, yo soy una idiota que le ve el lado positivo a todo, que intenta olvidar cosas malas, que quiere ser medianamente feliz. Y Bill… Bill es muy lindo, pero es una persona muy negativa, triste, y al parecer se lo pasa recordando a la famosa chica esa de la cual no sabía nada y seguramente era mi prima. A lo que quiero llegar, es que… yo, aunque Bill me gustara, no querría acercarme a él, por mis fobias idiotas. Y él, tampoco querría acercarse a mí, porque tengo un parecido a la chica que le hizo daño. Lo que se traduce, en que nos alejamos el uno del otro.
Con lo que Tom me había dicho, me había quedado muy claro que Bill no me había visitado esas pocas veces por iniciativa propia. Tom quería que fuésemos pareja, seguramente por eso lo había obligado a visitarme, para que me viera y estuviera conmigo. Y me ayudara con la comida ¿acaso Tom también le había pedido que se comportara así de bien e hiciera todas esas cosas?
… Entonces, Bill ya no me pareció una persona tan linda.
Pero no podía dejarme de gustar por eso. Por más que lo intentara. Quien sabe… a lo mejor, me gustaba el Bill Automático, aunque no me caía bien.
Que tonta soy, incluso comienzo a pensar que Bill es dos personas. El “Bill automático” y “Bill”.
Me di cuenta de que si seguía con mis pensamientos, iba a acabar enredándome más de lo que ya estaba, por lo que decidí terminar todo allí.
Justo en ese momento, llegó papá, a avisarnos que la comida ya estaba lista. Incluso la mesa del comedor ya estaba arreglada. Él me cogió en sus brazos de nuevo, y me acomodó en la mesa, de tal forma, que quedara con el pie levantado, debajo de la mesa, sobre un pisito. Le advertí a todos que no fuesen a patearme, y luego nos pusimos a comer.
Papá contaba algunas de nuestras historias, en los viajes. Como la vez en que nos habíamos equivocado de maletas, o las innumerables veces que habíamos perdido el avión, por cualquier estúpida causa. También, contó algunas cosas vergonzosas que me habían pasado, como cuando fui a la escuela con zapatillas distintas. Una blanca y la otra rosa. Todos se habían burlado de mi… yo incluida. Después, Juliette también comenzó a contar cosas sobre sus hijas. Sam pareció molestarse cuando su madre contó algunas un poco “privadas”, seguramente porque estaba su novio presente.
Creo que escuché sólo la mitad de lo que conversaban… pues volví a mi único pensamiento: Bill. Me parecía Tan molesto pensar en él todo el tiempo. Pero no podía dejar de hacerlo. Y es que Bill era tan… tan… Bill. Y tan lindo y…
… A todo esto. Jamás he escuchado una canción de Tokio Hotel. Las había bajado de Internet y las tenía en el portátil. Pero había olvidado por completo que los chicos eran de una banda ¡pero que idiota! antes de dormir las escucharía, si... esta vez no se me olvidaría. Para escuchar la voz de Bill… ¿cómo sería?
¿qué tipo de música tocarían?seguramente eran buenos… aunque nunca antes había escuchado de ellos. Pero por lo que había leído en Internet esa vez que había investigado sobre Tokio Hotel, se me hacía que eran muy famosos.
¿En qué mundo vivía yo para no saber sobre ellos?
Al terminar la cena, bastante tarde, Juliette se disculpó con papá, y le dijo que ya se tenían que ir. Y como mi padre es un caballero y seguramente quería a Juliette, se ofreció a llevarlos a casa. A todos, Tom incluido… aunque este viviera en la esquina. Pero no si antes volver a tomarme en sus brazos, y subirme a mi habitación.
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