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04 abril, 2012

Capítulo 22 /Wenn nichts mehg geht






Capitulo 22

Podía sentir gente moviéndose a mi alrededor. Podía escuchar voces histéricas, pero no lograba entender lo que decían. Todo estaba negro y no podía sentir mi cuerpo. No sabía dónde estaba ni que estaba haciendo. Era como una pesadilla… real, creo.
De pronto, como si apagasen la televisión, el ruido disminuyó y ya no pude pensar…

Abrí los ojos de golpe. Intentando incorporarme, pero no pude… no podía con mi cuerpo. Un ruido agudo perforó mis tímpanos y sentía un fuerte dolor en el pecho. Cerré los ojos, puesto a que la luz me segaba por completo. Sentí una lágrima quemándome la piel de mis parpados. 
Comencé a respirar agitadamente. Me estaba agobiando. Sentía pasos acercarse apresuradamente y voces, muchas voces. Pero no tenía fuerzas para incorporarme y ver que ocurría. Me sentía... ida. 
Entreabrí los ojos nuevamente y pude ver como una puerta blanca se abría rápidamente… me sentía tan confundida…

Allí estaba mi madre gritando cosas. Lo único que entendí fue mi nombre, por lo que supe que se refería a mí. Gente que venía tras ella se acercó, mientras ella lloraba y se llevaba las manos a la boca. 
Intenté decir algo… no lo sé, quería consolarla. Sentí los párpados tan pesados que no pude mantener los ojos abiertos… mi cuerpo se iba relajando y las voces se iban alejando cada vez mas. 

Nuevamente, el dolor en el pecho y una extraña sensación de no poder respirar… el pitido ya no lo podía oír. Pero los ojos ya no me pesaban tanto como hacía un segundo. Los apreté con la poca fuerza que podía hacer… y luego los abrí muy lentamente y los volví a cerrar. Sentía una presión en mi costado derecho, por lo que llevé mi mano allí, haciendo un esfuerzo inhumano… nunca creí que algo tan natural como eso me fuese a costar tanto. Pero en estos momentos… en realidad, no tenía idea de que era lo que ocurría. Pero algo me decía que me quedaba muy poco tiempo. Que esta historia ya acababa y que ya no podría volver a atrás…
Me choqué con algo con cabellos. Hundí mi mano entre ellos y la moví un poco, teniendo la esperanza de que quien fuese que estuviese allí me dijera algo o me explicara lo que ocurría. 
De pronto, la cosa se movió, dejando caer mi mano sobre una superficie blanda. Me dolió la parte superior de esta. Como un pinchazo. 
- ¿Abril, estás despierta? – logré escuchar. Era una voz extremadamente suave… que se oía como asustada, temerosa. Abrí los ojos con la misma lentitud que antes. Pude ver un rostro no nítido frente a mí. Intenté enfocar bien la vista, pero se me era imposible. Aunque a juzgar por la voz...
Yo ya sabía quién era. 
- B… ill. – dije en un intento por hablar. 
- Shhht. No hables. Recupera fuerzas.. – Murmuró. ¿Pero a qué se refería?
- No. ¿D..ond..e…?
- En un hospital, te pondrás bien. – dijo en el mismo tono. No pude ver la expresión de su rostro, pero supuse que sería de tristeza… - cierra los ojos, princesa. – Princesa, repetí para mis adentro mientras sentía como el posaba sus cálidas manos sobre mis parpados. Aún así, volví a abrirlos.
- Quiero verte. – No sé cómo le hice para que me saliese todo de un tirón, pero me dolió todo el cuerpo. – queda poco, lo sé. – solté un gemido al final de la frase. 
- No, Abril. Queda mucho, ya lo verás… te pondrás bien y… ahora tienes que descansar, tener fuerzas y poder salir adelante. – Vale, ahora todo tenía sentido.
Iba a morir. 
- Voy a…
- No. – me cortó con voz dulce. – ni siquiera lo pienses. Tienes que estar bien… tú estarás bien. Eres fuerte… - cogió mi mano, la besó suavemente. Si hubiese podido negar con la cabeza, lo habría hecho.
- Llega el final, lo siento. – otro gemido salió de mi garganta.
- ¿Te duele algo, que tienes, como te sientes? – Su voz tenía un poco de inseguridad y lo sentía algo alarmado. 
- Est…oy bien. – intenté sonar convincente, pero solo fue un susurro lo que salió de mi garganta. – moriré. – dije de repente. Lo sabía, eso iba a pasar... sabía que moriría algún día. Todos morían tarde o temprano, yo temprano. ¿Pero saben qué? No sentía miedo. Achiqué un poco los ojos y pude ver como Bill se mordía los labios. No. – no llores por mí. – más dolor, el cual no era nada comparado con lo que había frente a mí. El chico más hermoso del mundo, con lágrimas en las mejillas.
- No. – murmuró nuevamente. Aunque la voz le sonó algo extraña. 
- Prométeme que.. – esperé un segundo para recuperar el aliento. – no llorarás por mí. – apreté ligeramente su mano, que estaba sosteniendo la mía.
- Lo prometo. – cerré los ojos un momento…. Cuando algo se me vino a la cabeza.
- No somos inmortales. – repetí sus palabras en el sueño. Ahora sabía el por qué de esa pesadilla.
- Lo sé. Pero tú no puedes… 
- Nadie está libre, Bill. – un gemido ahogado salió de mi garganta. 
- Pero tú no puedes irte. ¿Qué crees que haré yo cuando no estés conmigo? – su hubiese podido hubiese suspirado. Lo miré a los ojos. – Te necesito. – noté algo de… ¿dolor? En su voz. Me entraron ganas de llorar. Pero ni siquiera eso podía hacer… una lágrima brotó de uno de mis ojos, humedeciéndome la piel de la sien y un poco el cabello. Me sentía impotente. Yo quería estar con él. Billl me necesitaba y yo no podía hacer nada. 
- E... escúchame. – la voz me salió más débil. – Yo siempre estaré contigo. Sólo tienes… que ser feliz y... seguir con todo… como si yo no hubiese existido jamás. – dije costosamente.
- Pero...
- Shht. – esta vez fui yo quien lo hizo callar. – Cuando no sepas donde ir… - esperé un par de segundos para poder decir la siguiente frase completa… - seré un ángel. – sonreí. – sólo para ti… - sentí como hacía presión en mi mano. – y cada noche oscura me apareceré… y entonces volaremos… muy lejos de aquí. – sonreí nuevamente. – Y nunca más nos volveremos a perder… - finalicé. Lo vi llorar nuevamente. Sus ojos estaban rojos. – me prometiste que no llorarías. 
- Se supone que no lloro por ti. – repitió. Me dieron unas incontrolables ganas de toser. Pero no podía hacerlo, el pecho me dolía. – Abril, te amo –Me amaba… jamás me lo había dicho. Y ahora, con el sólo hecho de haberlo escuchado, me había dado cuenta de que ya podía morir en paz. Mi cuerpo se relajó. Ya no estaba tensa. – Fui un estúpido y no me di cuenta – la voz se le quebró al final de la frase. Cerré los ojos, y sentí como sus labios hacían una suave presión sobre los míos. Quizás el último beso. Se separo con lentitud. Pero aún podía sentir su respiración sobre mi rostro. Sus manos se posaron en mis mejillas y me besó nuevamente. 
En realidad él me había amado…
Pero ahora ya no había vuelta atrás. 
- Abril… - un sollozo tras esa palabra. No quería que el llorase… 
- Cuando no sepas que hacer... – susurré. Antes de hundirme en un sueño profundo, del que jamás despertaría. 
El último pensamiento se me cruzó por la cabeza mientras sentía un pitido agudo traspasar mis oídos… un llanto aún más fuerte y un dolor infinito.

Bill Kaulitz, te amo




FIN 







No es la mejor fic que he escrito, pero no quise cambiarle cosas :) Intentaré volver lo antes posible con otra fic, quizás DLT o la segunda parte que quedó pendiente de LDS.
Siento mucho la demora, pero es que no tengo tiempo libre y está todo fuera de mi control.
Buenas noches :3

Capítulo 21 /Wenn nichts mehg geht





Capitulo 21

Me quité el cojín de la cabeza y me apresuré en coger el aparato.
- ¿Hola? – contesté rápidamente esperando escuchar la voz de Bill del otro lado.
- Hola. – Si, era él. Su voz dulce y hermosa... inconfundible. Reí. Aunque se notó un poco que mi voz estaba algo… extraña por el llanto. –¿Por qué me llamaste? ¿Estás bien? 
- Si, estoy… perfectamente. – suspiré. – y… te llamaba para.. – reí un poco.- para ver si me contestabas mientras firmabas autógrafos.. 
- ¿Eh? – preguntó extrañado.
- Estabas entrando en el hotel. Te vi en la TV. 
- Wow. – rió. – y... pues ¿Qué haces despierta a esta hora?
- Acaban de llegar mis padres de Paris. – resoplé. 
- ¿París? ¿El París donde estoy ahora, este París?
- ¿Conoces otra ciudad que se llame París?
- Quien sabe… 
- Tonto. – dije en broma. – ¿Y... que tal estuvo el viaje?.
- Genial. Te extrañé bastante.
- Yo… yo igual te extraño… mucho. 
- Planeo ir a verte luego del último concierto que demos aquí en Paris. ¡Ops! ¡Era un sorpresa! – se echó a reír. 
- ¿Qué? – pregunté entusiasmada con la voz más chillona que me podía haber salido en ese momento. Bill rió aún más. – ¡yo ya estaba pensando en irme a Paris!. – de pronto mi estado de ánimo había cambiado completamente.
- ¿De verdad?
- ¡Sí! – reí. 
- Ven… yo te espero en el hotel. – dijo con cierto tono pícaro en la voz… claro, por juego. Yo reí.
- Ojala pudiera.
- Díselo a tus padres, yo te cuidaré muy bien. Diles que estarás a salvo, no te faltará nada… te daré lo que sea. – dijo divertido. Yo bufé.

- ¡Yo no soy una interesada!. – dije en broma. 
- Lo sé, lo sé. – rió. – eras una… emm… motociclista. 
- Si.-Reí.- Y dentro de poco competiré de nuevo. Mi padre me acaba de anotar.
- ¿Ah, sí? 
- Si. – dije orgullosa.
- Estoy seguro de que ganarás. Eres muy buena.
- Lo sé
- Eres una creída. – se burló.
- No eres quién para criticar sobre eso. - bufé.
- ¡Oye!
- ¿Qué? – dije haciéndome la de no saber nada.
- Eres una tonta. 
- ¿Qué?–Le seguí el juego.
- Que a demás de tonta y sorda eres muy bonita. – No supe que responder. Me había llamado “bonita”. Dios, es que… el corazón me comenzó a saltar. Dios, dios, dios... como lo amaba. Como yo no respondí porque realmente no sabía que decir. Bill habló: - ¿sigues allí? – recuperé la respiración para luego responder.
- S... si. 
- ¿Te encuentras bien? – asentí. Que tonta. El no me veía.
- Si. – de pronto escuché unos paso en la escalera. “la respuesta” fue lo único que se me pasó por la cabeza. – Bill, debo cortarte. Te llamo dentro de… una hora. Adiós. – corté rápidamente. Luego de eso me puse de pié y miré a mi padre que se acercaba a mí con expresión divertida.
- ¿Enamorada? – se burló. Yo le enseñé mi lengua… como siempre, con actitudes de niño pequeño.
- ¡Papá!
- Con que a París...- asentí. Mientras sentía como la duda iba creciendo cada vez más en mi interior.
- ¿Y...?
- Pues…
- ¡¿Pues qué?! – Lo apresuré a hablar, alzando aún más la voz. Mi padre no habló y me miró divertido. Yo ya estaba que perdía los nervios. ¿Cómo me hacía esperar tanto? Me acerqué a él y lo cogí de los brazos. – dímelo, dímelo. – lo zarandeé. Pero no logré moverlo tan siquiera un milímetro. 
- Está bien. – me siguió. – pero no me golpees, ¿eh? – se separó de mi y alzó los brazos, como si yo le estuviese apuntando con una pistola.
- Me dices que no y yo te aplasto con mi moto, ¿ok? 
- No será necesario manchar a tu moto con la sangre de tu bello, consentidor y generoso padre. – abrí los ojos como platos. Me limpié las lágrimas y me lancé sobre él a abrazarlo.
- ¡Papá! ¡Eres el mejor, mejor, mejor de todos! – lo apretujé entre mis brazos mientras el fingía un toz. Estaba tan feliz que podría haberme lanzado en paracaídas. Dios, dios, dios, ¡vería a Bill! ¡Estaría unas semanas más con él! Esto era lo mejor.
- OK, ok. Pero no te pongas tan feliz porque tu madre te acompañará. – ¿Qué? ¿Mamá? ¡Pero si ella es una sobre protectora madre anticuada! Seguro no me dejaba salir por la noche con Bill...
- No hay problema… - después de todo, estaría con “mi chico” y eso era lo que importaba. – ¿Cuando me voy?- me limpié el resto de las lágrimas que tenía pegadas a los ojos y lo miré.
- Mañana por la noche. Fue el primer pasaje que encontramos con tu madre. – le sonreí y lo abracé nuevamente.
- ¡Gracias!
- Y dime… ¿es el chico del otro día?. – hice una mueca de no entender. ¿A qué se refería?. – digo, el del “¡lo amo, lo amo!” – hizo un intento de imitar mi voz, que por cierto le salió bastante gracioso. 
- S...si- dije mientras sentía como el color acudía a mis mejillas rápidamente. Mi padre rió.
- Lávate la cara antes de que llegue Amy. – se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.
- ¿Amy?
- Tu madre la llamó para que te acompañara hoy en la noche. – se encogió de hombros. – ya debe de estar por llegar.
- Genial. – susurré mientras me volvía a sentar en el sillón. Mi padre desapareció por la puerta de la cocina y yo volví a coger el móvil.
Busqué el número de Bill y le di al botón verde. 
Pero nada, no contestó. Seguro estaba ocupado… o durmiendo. Quizás por la noche no había dormido… y…. no sé, al estar amaneciendo le había dado sueño o algo así.
Me decidí por enviarle un mensaje:


Bill! Me iré mañana por la noche!. Dime en que hotel estás. Cuando puedas me llamas :)


Acabé de escribirlo y se lo envié. Luego de eso metí el móvil en mi bolsillo y subí a mi habitación para arreglarme antes de que llegara Amy, no quería que me viera así de horrible.
Me lavé la cara y me limpié todo el rastro de lágrimas.
Después me puse unos jeans blancos ajustados, combinados con una camisa escocesa fucsia y negra… me encantaba. A demás de que era sin mangas y eso estaba genial. Me daba un aspecto algo ruda… pero a de más de eso, era muy femenina, ya que traía unos cuantos vuelos de la misma tela. 
Me calcé unas zapatillas anchas blancas y me até el cabello en una coleta alta. Dejando que mi cabello cayera por mis espalda. 
Me hice una línea negra en cada ojo y ya estaba lista.
Ahora que lo pensaba Amy se estaba demorando demasiado. A lo mejor mi madre la había despertado con la llamada… eso era lo más probable ya que era temprano. Y a todo esto, no sé como a mamá se le ocurrió llamarla si nunca, nunca, se metía en nuestra relación de amigas. Pero bueno… seguramente se dio cuenta de que necesitaba desahogarme con alguien de mi edad.
Lo único que deseaba era que llegase mi amiga. Tenía que preguntarle sobre ella y Tom. Ya que no me lo había contado y no habíamos tenido tiempo ni oportunidad para hablar. 
Ordené un poco mi habitación y a la hora y algo, picaron el timbre.
- ¡Abro yo! – grité mientras bajaba las escaleras. Nadie me respondió. Por lo que pensé que estaban ocupados. Abrí la puerta y en cuanto lo hice, alguien saltó sobre mí.
- ¡Abril, querida! ¿Cómo estás, como te encuentras? – Preguntó Amy. 
- ¡Perfectamente! – reí. 
Luego de gritar y dar saltitos como unas locas paradas en la puerta, subimos a mi habitación. Ella seguía con la preguntilla esa de “como te sientes”. Pero yo estaba genial.
A media mañana tuve que tomarme un par de pastillas para el malestar de siempre… de algún modo sabía que acabaría visitando al médico. Ya que tantos días con esos síntomas no podían ser normales.
Bill aún no me había devuelto la llamada, debería de estar muy ocupado. 
Luego de almorzar, dimos unas cuantas vueltas montadas en los caballos. Yo le había enseñado a montar a Amy, un par de años atrás. Claro que no era tan buena como yo, pero lo hacía mucho mejor que Bill… me reí de mi misma al pensar eso.

- ¿Qué haremos hoy por la noche? – me preguntó Amy mientras se bajaba del caballo. Yo me encogí de hombros.
- No lo sé. – di un salto y me puse de pié en el suelo. Me sentí mareada.
Los efectos de esas pastillas ya se iban. Y dios... sentía que me desplomaría en cualquier momento. 
Achiqué los ojos y le quité la montura a Meer. Amy me imitó.
- ¿Me acompañas a casa?-Le pregunté. 
- Claro. – me acerqué a ella y caminamos lentamente hasta llegar… creo que hasta podía ver puntos negros. Me sentía horrible. – creo que te tendrás que cambiar pantalones. 
- ¿Qué? – Amy señaló mis pantalones mientras cerraba la puerta y yo los miré... genial. Ya no eran blancos… ahora eran cafés. – genial. – ironicé. – espera, que ya regreso. – me apresuré en ir a la cocina mientras que Amy reía. Allí cogí unas cuantas pastillas y me las tomé de sopetón. Ojala se me pasara pronto. 
Me apoyé en el mueble más cercano y me llevé una mano a la cabeza. Esto iba de mal en peor. 
Resoplé. Y me encaminé a salir de la cocina intentando parecer estar bien. 
- ¿Y que hay con Tom?. – dije en cuanto me asomé. Ella dio un pequeño bote y me miró sonriendo algo… ¿tímida? Este último pensamiento me causó gracia. Amy tímida... como si eso fuera posible.
- Prefiero no hablar de eso. – alcé una ceja. – ¡No te entrometas! – dijo divertida. Pero yo sabía que iba enserio ¿Para qué complicarla más con el asunto? La haría sentir incómoda.
- Bien, como quieras. Pero dime… ¿te gusta?
- Si. – se mordió los labios. 
- ¡Uy! – me acerqué a ella y le di un empujoncito. Me sentía como en trance, pero al parecer las pastillas esas me hacían un poco de efecto.
- Yo te podría preguntar lo mismo con respecto a Bill.
- No, no, querida. Bill no me gusta. Yo estoy enamorada de él. – puse énfasis en esas palabras. Amy abrió la boca en forma de “O”, fingiendo sorpresa.
- ¡No me digas! ¡No lo sabía!... ¡Sabes que uno no se da cuenta al mirarte! – dijo irónica.-Es coo si lo tuvieses escrito en la frente- Yo puse los ojos en blanco y luego busqué el control de la TV. Lo cogí y lo encendí mientras le decía a Amy:
- A ver si nuestros chicos están por aquí. – sonreí de medio lado y me lancé en el sillón. Amy se lanzó a mi lado.
Nada, no estaban en el canal de música ese.
- Que mala suerte – Amy bufó. Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que se me vino algo a la cabeza. – Mi madre te despertó, ¿verdad? – la miré.
- Si… ¡Pero todo sea por mi mejor amiga! – se acercó a mí y me abrazó. Seguidamente me dio un sonoro beso en la mejilla y pegó nuestros rostros mirando hacia la TV. – cuando salgas con Bill me llevarás contigo a las giras, ¿no? Así yo podría ver a Tom. 
- ¿Con que con esas estamos? ¡Eres una interesada! – la aparté de mí y me crucé de brazos con enfado fingido. 
- ¡Oh, vamos! ¿O no harás eso por tu mejor amiga?
- Aún no salgo con Bill, querida. - Amy se echo a reír y me abrazó nuevamente.
- Eres estúpida. Tengo hambre. – añadió luego.
- Ve a por algo de comer. – me recosté en el sillón y ella frunció el ceño.
- ¡Es tu casa!. 
- Y tú eres mi mejor amiga. – le sonreí. Ella negó con la cabeza en signo de desaprobación y desapareció por la puerta de la cocina. 
Y allí estaba yo, sola nuevamente y con un dolor de cabeza que me moría y unas horribles ganas de vomitar. Respiré hondo… ya se me pasaría… si.
Me había tomado esas pastillas, y las veces anteriores me habían hecho efecto y ahora también lo harían. Seguramente. Sólo tardaba.
Apoyé mis codos en mis rodillas y mi cabeza en mis manos. Suspiré. Cerré los ojos y le bajé un poco el volumen a la TV. Intenté no pensar en nada mientras me masajeaba las sienes con los dedos. 
- Te saqué un poco de leche. – dijo sentándose a mi lado, provocando que el sillón se moviera un poco... dios, iba a vomitar. Levanté la vista y me encontré con una vaso frente a mi. – también traje uno para ti, mejor amiga. – dijo en broma. Yo le sonreí, aunque más que una sonrisa fue una mueca un tanto extraña y cogí el vaso. Me di cuenta de que mi mano temblaba. 
- Gracias. – me lo acerqué a la boca y bebí un sorbo. Tragué. Enseguida sentí como el estómago me daba vueltas. Me llevé la mano a la boca y dejé caer el vaso. Amy gritó algo mientras yo me levantaba del sillón rápidamente y me echaba a correr hacia el baño. Llegué allí. Cerré la puerta con llave y me apoyé en ella. No quería vomitar.
Sentí como me iba cayendo poco a poco y todo se volvía negro.

Capítulo 20 /Wenn nichts mehg geht







Capitulo 20

Apreté los puños con fuerza. Si tan sólo hubiese una posibilidad de estar allí…

Suspiré. Intentando calmar los sollozos. Pero se me hacía imposible. 
Me llevé el brazo a la cara y di media vuelta para entrar en mi casa… pero como soy una estúpida de primera, había dejado la llave dentro. Caminé unos cuantos metros más hasta llegar a la ventana de la cocina e hice un esfuerzo inhumano por entrar. En este momento todo me fallaba, ya no tenía fuerzas… y a demás, con la vista borrosa se me hacía casi imposible ver algo. Por lo que caí de espaldas en el suelo. 
Me di la vuelta y me levanté lo más rápido que pude para luego correr hasta mi habitación. Cerré con un portazo que resonó por toda la casa. Enseguida el silencio se apoderaba de ella, el único ruido que se podía oír eran mis sollozos. 
Me limpié las lágrimas y me acerqué a la ventana. Ver hacia afuera, por alguna razón, hizo que me sintiera peor. Cerré la persiana. Pero aún algunas luces se filtraban por los agujeros. 
Deseé morir.
Con la espalda apoyada en la pared y las piernas abrazadas. Hundí mi cara en las rodillas, haciendo una fuerte presión en los ojos. Me dolía. Pero ese era el único recurso que me quedaba para detener las lágrimas que me escocían los ojos.
Bill se había ido. Y no volvería a verlo. Yo sabía que Bill no cumpliría su promesa de venir en las vacaciones. Vamos, que él era un famoso preocupado de sus asuntos… con mucho trabajo y cosas por hacer. 
Me pasaría toda una vida pensando en él. De eso estaba segura… no lo olvidaría. Y no podría ser feliz. Claro, ustedes dirán: está enamorada, luego se le pasará. Pero no. No era así. Yo lo quería incluso más que a mi vida. Yo lo amaba. Y él pues… seguro que me quería como una amiga y nada más… si no me lo habría dicho allí en el árbol. 
Un gemido de dolor salió de mi garganta. Comenzaba a sentirme mal nuevamente. Deseé morir. Quería morir. Esa sería la cosa más buena que me pudiese haber ocurrido en ese momento. 
Acabaría por volverme loca…
Todo me daba vueltas, y me sentía cada vez peor.
Bill seguía en mi mente provocándome más ganas de llorar. Pero la cosa es que ya no podía derramar más lágrimas y eso me frustraba. 
De pronto, todo se volvió negro y ya no sentí nada más.



Abrí los ojos lentamente. 
Me pregunté qué horas serían. Aunque ya se veía que era de noche... o tal vez de madrugada. 
Me acomodé un poco, me dolía todo el cuerpo por la posición en que había dormido. Sentía frío. Mucho frío. Pero no quería levantarme para ir por una manta. Por lo que me quedé allí. Esperando… esperando algo que jamás llegaría. O más bien, volvería. 
Ya no lloraba. No podía hacerlo. Aunque el escozor de los ojos y el nudo en el pecho sí que los podía sentir. Y era de lo peor. Me llegaban a doler los dientes, ya que apretaba la mandíbula con fuerza. 
Sentía como si me hubiese muerto… aunque la muerte habría sido mucho más bonita seguramente. 
Eché la cabeza hacia atrás, golpeándola con la pared. Lo repetí varias veces. Mientras me maldecía a mi misma… por enamorarme de la persona equivocada. ¿A caso podría haber algo peor? Vale, ahora ya entendía que el amor de verdad, ese mutuo, perfecto… no existía.
O tal vez si… pero o era nada bueno. Sólo servía para terminar dañando. Ya que, o no te correspondía, como era mi caso... o era un amor imposible, como igualmente era mi caso. Maldita distancia y maldita vida.
¿Por qué no moría de una vez? Que me llevase el demonio y me quemara en el infierno… incluso eso me haría feliz. Pero yo ya no quería existir. No podía existir si Bill no estaba conmigo, no había razón para quedarme luchando por una vida sin sentido.
Una lágrima calló de mis ojos. Esta estaba caliente. Me había “quemado” la mejilla. La quité con la mano. Y luego de esa, ya no vinieron más. 
De pronto vi algo en mi muñeca. La pulsera que Bill me había regalado. Un bonito recuero de uno de los mejores momentos de mi vida... lástima que no se repetirían. 
Y ahora que lo pensaba…
¿Cuántos días había pasado desde que mis padres se habían ido a Paris? Y es que no tenía noción del tiempo porque…
Esperen un momento.
¡Mis padres están en Paris! 
Di un brinquito y me levanté del suelo. Quizás, sólo quizás, aún seguían allí y podrían quedarse un par de días más para yo estar con Bill.
Corrí por toda la casa en busca de mi móvil. Y cuando lo tuve en mis manos, busqué el número de mamá y le di al botón verde. 
Me limpié la nariz mientras esperaba a que contestara.
- ¡Cariño!, ¿qué ocurre?
- ¿Mamá, donde estás? – me apresuré en decir.
- Vamos de camino, en unos quince minutos estamos allá. – casi pude verla sonreír del otro lado.
- ¿Qué? ¿Ya se mejoró la enferma? ¿Por qué? – pregunté alarmada. Ya ni siquiera me acordaba que quien era la enferma. En este momento sólo me interesaba Bill. 
- Si, hija. Está mucho mejor. – solté un gemido.
- ¡Hola!. –escuché un gritito agudo un poco alejado. Seguro había sido Alexa.
- Mamá, necesito ir a…
- Dame eso un momento, debo contarle esto a mi pequeña... – esta era la voz de mi padre... supuse que le había quitado el móvil a mamá. – Abril, te tengo una excelente noticia. – dijo con tono orgulloso.
- Ya...
- Te acabo de anotar en una carrera de motos. Se cuanto te gustan. Es en un pueblo a unos treinta minutos de casa. ¿Cariño, que dices? 
- Por mi está bien. – no pensaba decepcionarlo. – pero necesito ir a Paris. – me apresuré a decir.
- ¿A Paris? ¿Por qué Paris?
- Porque… 
- Me lo explicas en casa, debo cortarte.
- ¡Hey! Déjame hablar con mi hija. – pude escuchar la voz de mi madres, seguida por unas cuantas risas. Que felices estaban.
- Adiós. – corté y lacé el móvil lejos de mi vista. Ya nada me importaba. 
Ellos ya estaban de vuelta. Y ya no había posibilidades de ver a Bill.
Me eché a llorar nuevamente. Esto cada vez iba peor, incluso había llegado a ilusionarme con la idea de ir a ver a Bill a Paris.
Miré la hora en el reloj que había en la pared del salón. Las 6:50 de la madrugada. Con razón ellos venían de vuelta. 
Me limpié las lágrimas y cogí el control de la TV, a ver si me distraía un rato hasta que llegasen ellos. La encendí. 
Coincidió que estaba en el mismo canal de música del otro día. Pero estaban en comerciales. Los miré. 
Lloré nuevamente al ver lo que mostraban allí. Cientos de chicas en la entrada de un hotel. Gritaban y gritaban por si banda favorita... hasta madrugaban para verles llegar a su ciudad. 
Muchas chicas gritaban el nombre del chico al cual yo amaba con la vida. Él tenía un montón de chicas para elegir. Al menos yo era su amiga ahora…
Una idea algo estúpida se me cruzó por la cabeza. En el lado derecho de la TV, decía: EN VIVO. Por lo que me levanté de un salto del sillón y fui a recoger mi móvil, que estaba en el suelo, por suerte no se había desarmado por el golpe.
Busqué en la agenda en número de Bill y le di al botón verde. A lo mejor todo esto había sido un sueño… y era otro Bill con quien yo había estado. Ahora me parecía imposible que ese chico que salía en la TV hubiese…
Dios, ¡si funcionaba! sacó su móvil del bolsillo de la chaqueta y miró el número mientras las fans enloquecían aún más. Se lo llevó a oído y seguidamente escuché.
- Luego te llamo, adiós. – Si, había sido él. Al menos había escuchado su voz y con eso ya podía ser feliz. Por lo menos hasta que dejasen de aparecer en la TV. 
Pero no fue así, a quien engaño. Mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas mientras recordaba los momentos con él. Definitivamente, lo mejor de mi vida entera había sido Bill.
Me eché a llorar nuevamente y la imagen de la TV se volvió borrosa. 
En ese momento sentí el sonido de unas llaves en mi puerta… no me giré a ver. 
Se abrió lentamente. Sentí unos pequeños pasitos apresurados que se acercaba y unas risas provenientes de los mayores.
- ¡Abril! –Oí la vocecita de Alexa tras de mí. Me volteé a mirarla lentamente. Traía un buzo deportivo color rosa pálido y unas zapatillas fucsias, llevaba dos colas en el cabello. La pequeña se quedó helada al verme. Era obvio, yo debería estar hecha un zombi. – ¡Mamá! – gritó asustada, abriendo los ojos como platos.
- Ya voy querida. – escuché como mi madre se acercaba. Sus tacones resonaban por toda la casa… se apareció por la puerta. y su impresión fue igual o peor a la de Alexa. – ¡Cariño! ¡¿Qué sucede?! – se acercó a mi apresuradamente y me abrazó con fuerza… yo lloré más. Alexa se echó a llorar igualmente y pude ver como mi padre la tomaba en brazos y le decía algo en el oído. Para luego mirarme y dirigirse hacia las escaleras. 
- Mamá. – gemí.
- Cielo, no llores. – me acariciaba la espalda. Mientras yo humedecía su hombro… - Dime que ocurre – levanté la vista y la miré.
- B.. Bill. Mamá s.. se f.. fue. –al menos ella me entendió…
- ¿Ya no te quiere?. – yo negué con la cabeza. – ¿te hizo algo? - negué igualmente. Apunté a la TV. Y pude ver como mi madre se quedaba helada. 
- Mamá… - sollocé. – y.. yo.. lo a.. amo. – lloré más fuerte. En ese momento mi madre reaccionó y me apretó aún m¿as contra su cuerpo.
- Lo sé, cariño… va..vamos a hacer algo. Esto tiene solución, no estés triste… - me besó en la cabeza.. – lo único que no tiene solución es la muerte. No te preocupes…
Asentí con la cabeza mientras me separaba un poco de ella. Mi madre me limpió las lágrimas con sus manos y luego me sonrió.
- Veremos que se puede hacer. – Repitió. Yo sonreí de medio lado y bajé la mirada algo avergonzada.
- Gracias. – logre pronunciarlo en una sola palabra, son cortar las silabas. Una gran hazaña si tenemos en cuenta el hecho de que estaba llorando. O dejando de hacerlo. 
- ¿Y dónde está ahora…?
- Bill. 
- Bill. – repitió. Yo me encogí de hombros y señalé nuevamente la TV.
- En ese hotel en Paris. – Mi madre abrió mucho los ojos y luego frunció el ceño.

- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- No lo sabía. – negué con la cabeza– se acaba de ir ayer por la noche. – me eché a llorar nuevamente. Era una tonta, lo sabía. Me estaba comportando como esas personas que al recordar algo triste rompen en llanto… yo no era y nunca había sido de ese tipo de personas. Mi madre suspiró.
- ¿Y te has contactado con él?
- Lo llamé hace un rato. Me dijo que me devolvía la llamada luego. – me limité las lágrimas. Mi madre alzó una ceja. Ese gesto me recordó a Bill. Dios.
- Ahora dime una cosa… ¿Qué hace tu “amigo” en la TV? – puso hincapié en la palabra “amigo”. Había sonado algo extrañada y confundida… Y quien no lo estaría.
-Es… difícil de explicar. – mi madre fue a hablar pero yo la corté. – bueno, no tan difícil en realidad. – me apresuré en decir. – se podría decir queéleselvocalistadeTokioHotel. 
- ¡¿Cómo?!. 
- Qué él es…
- Ya lo sé, ya lo sé. – me cortó. – ¡¿Pero tú estás loca?! ¿Quieres salir con ese tipo de gente? – no contesté. Me limité a bajar la mirada. – no, seguro que es mentira y tú sólo quieres ver a tu ídolo. – me cogió de los hombros. Yo le quité las manos rápidamente de allí. Que no me tocara.
- Mamá, Bill es de “ese tipo de gente” y yo lo amo. – ella resopló. Puso los ojos en blanco y luego chasqueó la lengua.
- Iré a hablar con tu padre. Estoy segura de que es uno de esos caprichos de los tuyos. -¿Qué caprichos? ¡Yo no era una chica caprichosa!
Se levantó del sillón y me dedico una sonrisa forzada, para luego desaparecer por las escaleras gritando el nombre de mi padre.
¿Y que si no me dejaban ir a Paris? ¿si el problema no se solucionaba?
Y es que yo me moría. Si. Definitivamente eso ocurriría.
Me dejé caer de lado en el sillón y comencé a llorar de nuevo. 
Tenía el presentimiento de que no volvería a ver a Bill y eso me enfermaba. 
Apagué la TV, ya que había acabado y estaban en comerciales… me cubrí la cabeza con un cojín y presioné fuertemente.
… y así estuve alrededor de quince minutos. Esperando a que mi madre bajara con la respuesta. Pero no lo hacía. 
Sólo escuchaba pasos en el segundo piso. Y unos pasitos apresurados... a saber que estaban haciendo allí arriba.
De pronto, sentí cómo mi móvil comenzaba a vibrar.

28 marzo, 2012

Capítulo 19 /Wenn nichts mehg geht






Capitulo 19

Algo brillaba por entre la hierba.
Estiré la mano y cogí esa cadena, la de calavera... esa que había abandonado allí hace poco.
Bill me miró con curiosidad. Yo simplemente me limité a examinar la cadena que estaba entre mis manos. Estaba mojada... seguramente por la lluvia de ayer por la noche. 
Me salí de encima del chico y me senté a su lado. Él se incorporó haciendo lo mismo.
- La cadena. – murmuró. Yo asentí mientras me la acercaba a la ropa para secarla.
- La dejé aquí hace unos días. O no lo sé... creo que fue ayer… - Bill soltó una risita.
- ¿No lo recuerdas?– me encogí de hombros.
- Estoy perdida en el tiempo.
Volví a mirar la cadena y se la tendí a Bill.
- ¿Qué?
- Quiero que la tengas tú. – susurré. – cuando te vayas…. quédate con un recuerdo mío para que no me olvides, ya sabes. – intenté que esas palabras no demostraran el sufrimiento que sentía al pensar en ello. Pero no pude evitar que mi voz se quebrara al final de la frase.
- Yo no te voy a olvidar. – sonrió. – te vendré a visitar en todas mis vacaciones, ya verás. – dijo alegremente. Estoy segura de que intentaba animarme pero al parecer no daba resultado, porque me sentía igual.
- Sabes que esas sólo serán las primeras vacaciones. – reí un poco, contra mi voluntad, no quería hacerlo. – luego me olvidarás y tú seguirás a lo tuyo y yo a lo mío. – A lo poco que me queda si tú no estás, pensé nuevamente para mí misma.
- No seas tonta. 
- Cógela. – la acerqué aún más a él. Éste pareció dudar un poco, pero la acabó tomando.
- Gracias. – me sonrió. – Yo igual quiero darte algo…
- No es necesario. 
- Claro que si… – dejó de hablar y metió la mano en el bolsillo de su pantalón, que por cierto, ya estaba seco.- lo compre hace unos días... – era un pequeña cajita negra aterciopelada. Me la acercó y yo la cogí con cuidado.
- Realmente no era necesario…
- Yo acepté lo tuyo, tu aceptas lo mío. Así quedamos a mano – asentí dándole la razón y luego examiné la cajita con la mirada una vez más. – Ábrela, que lo que vale es lo que adentro.- le sonreí. Y la intenté abrir. Me costó un poco... vale, no podía. – dame eso, es del otro lado. – me la arrebató con cuidado y luego la giró para abrirla. Sí, soy una torpe e intentaba abrirla al revés. – aquí está. – me tendió la cajita nuevamente.
Y yo, como es obvio, la cogí y miré el contenido. 
- Oh, es es es hermosa. – le sonreí. – wow, yo… gracias, Bill. – saqué de allí dentro la fina y delicada pulsera. Tenía unos cuantos dijes de corazones con piedras que brillaban. Debía de ser bastante cara. Pero eso no importaba. Bill me la había regalado y ya. Se había molestado en comprar eso para mí. 
- Te mereces esto y mucho más. – sonrió de medio lado.
- No lo creo. – bufé. El rió.
- ¿Quieres que te la panga?– yo asentí y se la di.

Bill la tomó con suma delicadeza. Yo me estiré mi brazo, dejándole mi muñeca izquierda a la vista. Entonces él me la puso y luego me cogió la mano y la comenzó a examinar…
- Tiene la inicial de tu nombre. – me enseñó un dije con la letra “A”, tenía algunos brillitos de diamantes - y… el resto... tu lo debes adivinar. – quité mi mano de entre las sillas y acerqué la pulsera a mi rostro. La examiné. Había un corazón bastante grande que colgaba hacia abajo y los otros eran más pequeños aún incluso menos de la mitad del grande. Me llamó bastante la atención. Pero no se lo preguntaría... como él había dicho lo descubriría por mí misma. 
- Gracias. – me abracé a él y él hizo lo mismo.
- Gracias a ti, preciosa. – me acarició el cabello con una de sus manos mientras me susurraba eso al oído. Podía sentir su respiración en mi cuello. Al igual que su olor. Que tanto extrañaría. Cerré los ojos e intenté disfrutar el momento. Ya que, seguramente, no volvería a verlo. Esto sólo iba a quedarse como un bonito recuerdo… un muy bonito recuerdo, y una bonita historia. 
- Te amo. – se me escapó en un susurro. Inmediatamente sentí como mi corazón se aceleraba y como la vergüenza se apoderaba de mí. Se me había escapado... soy una idiota. Bill dejó de acariciarme el cabello y se quedó quieto en el lugar. Ni siquiera pude sentir el movimiento de su pecho al respirar. 
Vale, estaba claro que el no me amaba y que yo me había dejado a mi misma en ridículo al decir eso. 
Fue separando nuestros cuerpos lentamente hasta quedar frente a mí. Nuestros ojos se enfrentaban… y no supe describir que fue lo que vi en los suyos. 
Abrió la boca para hablar…
Pero justo en ese momento sentí vibrar algo... en Bill. 
El igual lo sintió, por lo que rápidamente se metió la mano al bolsillo y sacó de allí su móvil. Se lo llevó al oído igual de rápido… 
Me mordí los labios, mientras escuchaba su conversación. no quería meterme en eso, pero estaba tan avergonzada que quería distraerme aunque fuese escuchando conversaciones ajenas.
- ¿Hola?... si, ¿qué ocurre…? – su cara iba cambiando a medida que escuchaba. Frunció el ceño con fuerza y apretó una de sus manos en la hierba. – ¿tan pronto? No alcanzaré a… - se cayó nuevamente mientras escuchaba se notaba algo molesto. – mira, yo no voy a… - puso los ojos en blanco. – ya sé. Lo tengo claro, pero esto es sumamente importante y… - nuevamente, lo interrumpieron. Este se puso de pié y comenzó a andar en círculos… alrededor del árbol y de mí. Yo no quitaba los ojos de él. Mientras él asentía y ponía una cara cada vez peor. – ¿no se puede aplazar un día más?.... si claro, como si no pudieras hacer nada. – suspiró. – Bien. Pues que sepas que no podré llegar a la hora para hacer las maletas de viaje. – ¿Maletas de viaje? ¿Acaso se iba? no quería pensar eso... no. – ¿cómo? ¿Se han metido a arreglar MIS cosas? – puso énfasis en la palabra “mis” y luego siguió a la escucha. – mira, no tengo tiempo para sermones, ya estoy grandecito y hago lo que se me antoja. – soltó un gruñido. – No me importa el puto contrato. – casi gritó. Yo di un pequeño saltito y Bill me dirigido una mirada fugaz. – No me importa lo que tú me digas. Bien, bien, me calmo. – respiró profundo. – ¿pero no pueden esperar hasta la noche?.... si, ya sé que es tarde y todo pero… - se llevó una mano a la cabeza. – vale, vale. Entiendo. Esto... ya voy… si, si, me encuentro bien. – frunció el ceño nuevamente. – Que no estoy enojado. – resopló cansado… - que no soy un niño, déjame en paz. – se quitó el móvil del oído y cortó. Dándole a botón con fuerza.
Lo miré intentado hacer que me dijera algo. Pero simplemente soltó un gemido angustiado y me cogió del brazo, poniéndome de pié con cuidado. Me acomodó frente a él y luego, con voz automática, me dijo:
- Me voy. Me voy a Paris. Ahora. – ¿a Paris? ¿Ahora? ¡No! Él no se podía ir. No me podía dejar. Yo lo amaba y… y… dios, ¿qué sería de mi vida si él no estaba?. Absolutamente todo giraba en torno a él. Si, es patético.
Sentí como un nudo se me formaba en la garganta. Y como los ojos se me nublaban por las lágrimas. Pero no quería llorar.
No supe que mas decir. Estaba muda.
- Creo que llegó la hora de despedirse. – murmuró. Yo asentí pesadamente. 
- Quiero acompañarte a…allí. – ¿allí? Dios, lo más lejos que podría llegar sería a la carretera que pasaba frente a mi casa. – te dejaré en el autobús. – suspiré. 
- Bien… - pude notar tristeza en sus ojos. Y eso me hacía sentirme aún más triste. 
Caminamos en silencio el trayecto entre el árbol y mi casa y una vez pasamos por su lado Bill la miró y susurró: - extrañaré esta casa. Aquí pasé el mejor momento de mi vida. – realmente me entraron ganas de llorar. Más fuertes que la vez anterior. El mejor momento de su vida… ya luego pensaría cual podría ser... pero algo me decía que había sido el de anoche. 
- Sabes que…  voy a extrañarte mucho. – lo miré. Pero él sólo miraba al suelo. – y… quizás algún día volvamos a vernos. – me mordí los labios. Intentando no soltar un sollozo. No quería. 
- Bill: Si. – fue su única respuesta.
Seguimos en silencio hasta llegar al borde de la carretera. No pasaba ningún autobús porque lo tendríamos tiempo de despedidas. Cuanto me hubiese gustado que esta hubiese sido una broma.
- Abril. – me llamó. Yo lo miré. Para luego volver a bajar la mirada. – voy a extrañarte. 
- Te extrañaré. – repetí. 
- Hey, mírame. – cogió mi cara entre sus manos y me acarició las mejillas con sus dedos. – siempre te voy a recordar, ¿si? te vendré a visitar siempre y te llamaré. Estaremos en contacto. – yo asentí. Mientras una lágrima escapaba de mis ojos. Llegando hasta una de las manos de Bill. – No llores. Ya verás cuando nos encontremos de nuevo. Será lo mejor de lo mejor. – intentó sonreír. Pero no lo consiguió. 
- No quiero que te vayas. No me dejes. – lo miré suplicante. Si se iba no lo volvería a ver. Era como si me quitasen la vida… hundiéndome en un pozo de desesperación. 
- Volveré por ti. Lo prometo. – Acercó su rostro al mío. Estábamos bastante cerca... cuando una luz nos segó a ambos. Miramos en esa dirección. Justo allí. Iba el autobús que Bill debía coger. Para irse con los demás chicos. Me soltó rápidamente la cara e hizo que el autobús se detuviera.
- No te vayas. – la desesperación se había apoderado de mi. El pensar que ya no le vería… era terrible.
- Debo hacerlo. – lo cogí de un brazo para detenerlo, pero él se soltó suavemente.- lo siento. – se me acercó y me abrazó. – cuando no sepas que hacer, me llamas ¿sí? yo siempre estaré para ti. Te quiero. - Me susurró. 
Y luego, en un abrir y cerrar de ojos, se subió en el autobús, y este partió hecho una bala.
Lo había perdido.

Capítulo 18 /Wenn nichts mehg geht








Capitulo 18

Si, era Bill. Estaba frente a mí, mojado y con gotas cayéndole del cabello. Su maquillaje estaba corrido y se veía que respiraba con algo de dificultad. Seguro había estado corriendo bajo la lluvia claro, estaba lloviendo… esto era muy extraño. 
Me decidí por poner mi mayor cara de asco posible. Él me había llamado... como me había llamado. ¡No hacía falta repetirlo! 
- ¿Qué quieres? – Le espeté furiosa.
- Yo… - su cuerpo temblaba, seguro tenía frío. Pero no lo haría pasar aquí dentro… no a mi casa. 
- Vete de aquí, ¿quieres? – le espeté. Me acerqué a él un paso y él se alejó otro. Percibiría el peligro ya que yo luchaba contra mi mano para contenerme. No le quería dar en toda la perfec... en toda la cara. – ¿Qué esperas? ¡Vete de aquí! 
- Ab…
- ¡No me vuelvas a dirigir la palabra! No nos conocemos. Pues bien. Adiós. –dije recordando sus palabras.
- No voy a irme de aquí
- Entonces te obligaré. ¿Te parece bonito invadir la privacidad de una ch… mi privacidad? – dios, hasta las palabras se me trababan.
- Escúchame por... – quiso tocarme, pero yo le quité la mano de un manotazo.
- Tú no quisiste escucharme. Ahora sabes cómo se siente. – dije rabiosa. – ¿Qué tal se siente? ¿Muy bien, no? ¡Perfecto!- dios, es que cada vez estaba más histérica... el malestar que había sentido durante todos esos día ya había pasado a segundo plano. Ahora en lo único que me concentraba era en darle su merecido a Bill. Estúpido.
- Mi...
- No, no, no. Más vale que hayas traído tu coche con ropa seca. Porque te quedarás allí afuera. – di un paso para meterme dentro de la casa y quise cerrar la puerta, cosa que no pude, ya que Bill puso el pié en esta y la empujó con una mano…
- Por favor, hablemos.
- No hay nada que hablar. – dije en el mismo tono frío que él había utilizado conmigo.
- Me equivoqué, ¿vale? – él empujaba fuertemente. Ninguno de los dos iba ganando. Por ahora… 
- No. Deja de empujar mi puerta, ¿sí? déjame dormir. 
- Abril...
- Si, ese es mi nombre. Ahora, por favor déjanos a mí y a mi puerta en paz. – Mis pies ya comenzaban a resbalarse hacia adelante… si no soltaba la puerta caería sentada en el suelo. 
- No te dejaré. Vamos, déjame pasar... o lo aré por las malas. – eso me sonó a haberlo escuchado en una peli… pero no era tiempo de estar pensando esas cosas. 
- No te dejaré entrar a mi casa. – entonces lo escuché resoplar bajo el sonido de las gotas de lluvia. Empujó la puerta con demasiada fuerza, como para que yo la pudiera sujetar. Lanzándome hacia los pies de el sillón más pequeño. Debía comer más si quería vencer al flacucho de Bill. Levanté la vista y lo miré con odio... sólo podía distinguir su silueta mojada mirándome desde arriba. Sus ojos brillaban por la poca luz proveniente de afuera y podía notar algo de arrepentimiento en ellos. Fruncí el ceño y me mordí el labio inferior mirándole igual que antes: con asco.
Él se agachó hasta quedar a mi altura…
- Discúlpame.
- No. 

- Abril…
- Nada de nada, Bill.
- ¿Me podrías escuchar? – negué con la cabeza mientras miraba el suelo. Entonces él me cogió del brazo y me levantó con suavidad… y una vez estuve de pié, le di un empujón para que me soltase. – Pues no me iré hasta que me escuches. 
- Muy bien… ya puedes ir acomodándote, pero detrás de la puerta. – puse énfasis en las últimas palabras y luego me dirigí hacia el sillón. Me senté y busqué el control, para luego encenderla.
Estaban dando una propaganda de agua mineral, pero no quería cambiar de canal, por lo que la dejé donde estaba.
- En todo caso… - se calló.. – mira, te hablaré así quieras escuchar o no. – no dije nada. Se suponía que yo no lo escuchaba. – Discúlpame. Yo… no sabía que… - suspiró. – tu hermana... y esto… del perro que no era Mark... y... de tu hermana y eso… - me dio un poco de risa lo que había dicho, era completamente ridículo. Había balbuceado sin sentido. No cualquiera le hubiese entendido. Pero no lo miré, no lo haría. – Perdón. 
Supuse que estaría de pié aún dentro de mi casa. Estilando, y con su peinado todo desarmado. ¿Y ahora que hacía? ¿Le decía que no había problema? ¿O qué? ¿O lo corría de mi casa a patadas? Dios, qué lío.
Suspiré, mientras analizaba la situación.
- Abril… - dijo apresurándome.
- Te gusta mi nombre, ¿no? – me volteé hacia él. Mi voz no fue nada ruda esta vez. Él me sonrió, dejando que sus ojos se iluminasen.
- Mucho. – susurró. Y es que él se lo pasaba repitiéndolo una y otra vez. – ¿Me disculpas? – dijo algo tímido.
- Pues...- me levanté del sillón y comencé a caminar en su dirección. – No quiero que te vayas y quedemos enojados. – una sonrisa aún más grande se dibujó en su rostro. Que bella, bella, bella sonrisa….
- Ven aquí. – me extendió los brazos, yo di un paso y me acurruqué entre ellos, los cuales me rodearon cálidamente…. O mejor dicho, húmedamente. Bill estaba mojado. – Te mojo.
- No importa. –suspiré. Dios, el corazón me andaba a mil por minuto…
- Debí haber dejado que me explicaras. – rió un poco, yo igual lo hice. – Ahora ya sé como se siente que no te escuchen. Y… jamás me enojaré contigo otra vez. 
- Eres genial – sonreí. Aunque creo que él no me vio. Ya que además de la oscuridad que allí había, tenía mi cara entre su ropa. Podía estar aspirando su olor, su dulce y… ¿pero qué digo? 
- Sabes que te estoy mojando y te enfermarás. – Bill rió. Se separó de mí y me siguió sonriendo con ternura… si. Eso creo.
- Tú eres el que puede enfermarse… ¿Qué hora es?
- Salí hacia acá a las tres. – Que tarde era... o más bien temprano. No nos haría mal dormir un poco más.
- ¿Quieres que te pase algo para… que te pongas? Ya sabes... porque, estás mojado. – él se encogió de hombros.
- No quiero molestar en realidad.
- No molestas. Estoy sola y… tengo unas camisetas de chico muy grades… si quieres te doy una para que duermas.– le ofrecí.
- ¿Quieres que me quede a dormir aquí?
- Quiero que me acompañes... no tengo nada que hacer. – Enrojecí quizás por la mala interpretación. Pero finalmente le sonreí de medio lado y lo cogí de la mano para luego caminar hacia la escalera, encender la luz y comenzar a subir, mientras Bill iba dejando pequeños charquitos en los peldaños.
Llegamos a mi habitación, yo le solté la mano y me dirigí al armario. Busqué mi pijama y una camiseta enorme, después de todo yo no le podía dar ropa interior o pantalones... no le quedarían. – aquí tienes. – se la di. Y luego me encaminé hacia la salida.
- ¿Dónde vas?
- ¿Quieres que me cambie de ropa frente a ti? – enarqué una ceja. 
- No estaría mal. – Sonrió. Yo abrí un poco la boca, haciéndome la indignada… luego él se apresuró en decir: – apresúrate.
Me di media vuelta y salí de la habitación, para irme directo hacia el baño.
Una vez allí me lavé los dientes, cambié de ropa y todas esas cosas que uno generalmente hace antes de dormir y luego volví a la habitación.
Bill estaba en ropa interior y la camiseta, que por cierto, le quedaba perfectamente… tumbado sobre mi cama y con la TV encendida. También había una en mi habitación. Sólo que esta era más pequeña que la del salón.
- ¿Lista?
- ¡Si! – me acerqué a él y lo empujé para acostarme a su lado. 
- No tengo sueño.
- Ni yo. – y es que estaba animadísima con eso de que él estuviese aquí.
Nos quedamos en silencio mientras el cambiaba los canales de la TV. Finalmente se quedó en una peli… que yo nunca había visto, pero tenía pinta de ser de esas cursis de romanticismo.
La película estaba recién comenzando por lo que ambos estuvimos en silencio viendo el inicio. Hasta que yo de un salto, me levanté de la cama y corrí hacia mi bolso que estaba sobre el escritorio.
- ¿Qué haces? – dijo riendo. Yo busqué en mi bolso mi reproductor se lo enseñe. 
- ¿No estás cansado de escuchar Tokio Hotel? – le sonreí maliciosa y luego me acerqué hacia unos parlantes que ocupaba para en notebook algunas veces. Conecté el Ipod a ellos y luego lo encendí. 
Tokio Hotel comenzaba a sonar.
Bill apagó la TV y me sonrió. Yo me acerqué a él y me tumbé nuevamente a su lado. De pronto todo ese enojo y esa tristeza habían desaparecido. 
Estuvimos en silencio escuchando su música… él pasó con suavidad su brazo por debajo de mi cabeza hasta abrazarme mientras yo poco a poco iba corriendo mi cabeza cada vez más, hasta apoyarla en su pecho.
- Cantas genial. Me encanta.
- Gracias. – Soltó una risita. Yo le seguí y luego lo miré… estábamos bastante cerca. – Tú eres genial. Me encantas. – susurró.
Entonces, poco a poco fui cerrando mis ojos, mientras esos escasos centímetros entre su rostro y el mío iban disminuyendo según nos acercábamos. Nuevamente, mi corazón andaba rápido y sentía ese típico cosquilleo en el estómago. Acabamos por juntar nuestros labios con suavidad… logrando así un beso bastando romántico. O al menos para mí. Fui moviendo mi cuerpo con mucho cuidado de no arruinar el momento. Hasta acabar sobre él... llevé mis manos a su cuello y mejillas mientas el posaba las suyas en mi cintura… él entreabrió su boca dejando que su lengua tocara con suavidad mis labios aún cerrados, fue allí cuando reaccioné y el beso comenzó a ser mucho más apasionado que el primero. 
Nos separamos para coger un poco de aire, el aire que nos faltaba. Suspiré y me lancé nuevamente a sus labios. Él comenzó a introducir sus manos en el interior de mi camiseta, acariciando suavemente mi piel. 
El ambiente era perfecto… la música que resonaba en la habitación hacía que todo fuese más… mágico. 
Me acomodé para quedar con una pierna a cada lado de sus caderas… entonces el apoyó sus mano en mi trasero y rodó en la cama hasta quedar sobre mí. Bajó sus besos con suavidad hasta llegar a mi cuello, donde comenzó a darme pequeños mordiscos… solté un suspiro.
- Ahora yo soy… - me besó en la barbilla. – un… - suspiró mientras volvía a mi cuello y presionaba sus labios contra este. – …perro. – finalizó por morderme con delicadeza. Yo solté una risita y llevé mis manos a su cabello. Haciéndole, de algún modo, cariño… 
Entonces el bajó sus besos hasta mi escote. Con sus manos acariciaba el contorno de mi cuerpo…
Volvió a mi boca y juntó nuestros labios nuevamente. Sonreí, el también lo hizo mientras exhalaba aire con fuerza. Pude sentir su aliento en mi garganta… dios, como lo amaba.
Posó sus manos en el borde de la camiseta y la comenzó a tirar hacia arriba. Yo me dejé a hacer e incluso le ayudé un poco, intentando separar lo menos posible nuestras bocas… 
El acarició lo desnudo de mi cuerpo y luego me desabrochó la ropa interior, casi sin dificultad, y me la quitó con sumo cuidado. 
Bajó nuevamente por mi cuello, con suaves mordiscos… sólo que esta vez llegó un poco más abajo…
Suspiré fuertemente e hice ademán de quitarle la camiseta, pero él quitó mis manos de esta y se apresuró en desabrochar el botón de mi pantalón. Introdujo su mano dentro de este y me lo quitó. 
Hice un nuevo intento por quitarle la camiseta, esta vez sí pude hacerlo… lo abracé a mi mientras nos besábamos, pegando nuestros cuerpos desnudos, soltando suspiros.
Me quitó la última prenda mientras seguía con sus caricias y besos, ya estaba completamente desnuda…
Entonces yo le bajé un poco los bóxers, con los que se había quedado para “dormir”. Besó mi cuello nuevamente mientras yo intentaba quitárselos. Y lo conseguí.
Seguidamente levantó la vista y me sonrió. Sus ojos tenían un brillo especial. Cierta excitación y…no lo sé.

Lo miré. Él respiraba agitado, tumbado a mi lado, boca abajo. Con una sonrisa en los labios. Yo igualmente dibujé una en los míos. Pero nadie dijo nada... estábamos demasiado cansados.
Bill se acercó un poco hacia mí y rodeó mi cintura con uno de sus brazos, atrayendo mi cuerpo al suyo… Acomodé como pude una mantilla que estaba a los pies de la cama, y la puse sobre nosotros.


Abrí los ojos muy lentamente. Intentando no dañarme con la luz proveniente de la ventana. La música seguía sonando. Más bajo que antes... pero igualmente podía oírla.
Lo de anoche había sido lo mejor de mi vida, de eso no había duda alguna.
Volteé la cara hacia un lado, Bil estaba allí, lo sabía, ya que tenía su brazo aún en mi cintura.
Le miré. Tenía una sonrisa dibujada en el rostro. Igual que la noche anterior…
- Bueno días. – dijo con un ronroneo.
- ¿Despertaste hace mucho? – bostecé. El se encogió de hombros.
- No lo sé. El tiempo se me pasa rápido cuando estoy contigo… - le sonreí. 
- E... eh.. – no sabía que decir. Pero ambos sonreímos nuevamente. Estoy segura de que estábamos como esas típicas parejillas del corta tu, no corta tu… aunque con la única diferencia de que nosotros no éramos pareja. No éramos novios, ni nada que se le pareciera... pero yo lo amaba y de eso estaba segura al cien por ciento.
- ¿No están tu padres?
- Llegan en algunos días. – suspiré. 
- Genial. – ¿Por qué genial? ¿A caso no se tenía que ir?. Bueno, eso lo conversaríamos luego. – ¿no quieres levantarte e ir a comer algo? 
- ¿Qué hora es…?-Le pregunté.
- Las cinco. – ¿tanto había dormido? Unas doce horas y aún tenía sueño. Esto iba de mal en peor… digo, lo de dormirme horas y horas.
- Yo podría ir a cocinar algo… - sonreí. 
- Pensaba sacarte a comer a algún lado. – suspiré.
- Como quieras. – él me besó la frente y luego se levantó. Cogió sus cosas y creo que se dirigió hacia el baño. 
Que hermoso era… “lo amo, lo amo, lo amo” me dije a mi misma. Él lo era todo.
Tomé una bocanada de aire y luego me levanté rápidamente. 
Busqué mi ropa interior y me la puse, junto con el pijama…
Comencé a buscar que ponerme el día de hoy, o lo que quedaba de este. Me decidí por un vestido negro, veraniego, por encima de las rodillas y con un poco de vuelo junto con unas sandalias planas igualmente negras. Hoy hacía mucho calor. Lo que era muy raro puesto a que ayer había estado lloviendo con fuerza.
Pude escuchar como Bill encendía la ducha. Luego me ducharía yo y saldríamos a comer.
Detuve la música en cuanto me di cuenta de que la batería de mi Ipod estaba por agotarse y lo puse a cargar. Entonces sentí algo vibrar... miré por todos lados.
Hasta enfocar mi vista en la mesita de noche. Ese era el móvil de Bill…. Me pregunté si cogerlo o no… ¿el cogería el mío? Estoy segura que sí, pero…
Vale, que no pude resistir la curiosidad y lo cogí, le di al botón correspondiente, se notaba que era de esos móviles súper modernos y carísimos. Me lo llevé al oído…
- ¿Hola?
- ¿Quién es? – preguntó una voz del otro lado.
- ¿Quién eres tú? 
- ¿Qué haces con el móvil de mi hermano? – puso énfasis en las últimas palabras… entonces ya sabía quién era. Tom. ¿Sería el mismo de siempre? ¿El que me odiaba? ¿O ya no lo hacía y ahora le caía bien?
- Billl está ocupado. No puede atenderte ahora… - pareció pensárselo un poco.
- Dile que en cuanto esté disponible me llame. 
- Bien, Adiós.
- Adiós, Abril. – cortó. Tom sabía que hablaba conmigo.
Decidí no darle más vueltas a eso y dejé en móvil donde estaba.

Al final habíamos decidido no salir. Ya que Bill no había venido en su coche y no quería exponerse en un autobús. Por lo que me “obligó a preparar unos sándwiches para irlos a comer a los pies de cierto árbol que ambos conocíamos.
Los eché en una bolsa de papel y luego salí de la cocina con la bolsa en la mano. Bill estaba espatarrado en el sillón, con el control de la TV en la mano y con la vista pegada en esta.
- Ya están listos. – dije refiriéndome a la comida.
- Perfecto. – apagó la TV y dio una palmada mientras se levantaba y caminaba hacia mí. Me sonrió y me cogió de la mano.
Que perfecto era.
Y que perfecto momento.
Si no hubiese sido porque había tomado una pastilla para los malestares típicos, esto no podría haber sido tan perfecto. 
Le sonreí.
- Vamos. – él asintió y comenzamos a caminar hacia la salida. Recordé la llave, pero que mas daba… podía entrar por la cocina ya se me había hecho costumbre.
Cerramos la puerta tras pasar y rodeamos la casa para dirigirnos hacia ese hermoso lugar.
Caminamos mientras reíamos y nos dábamos leves empujones mientras jugábamos y uno que otro beso.
Sabía que si se iba yo sufriría mucho... pero no podía desperdiciar este momento.. 
Una vez llegamos arriba, nos sentamos igual que la vez anterior... sacamos la comida mientras seguíamos con nuestros jueguitos y comenzamos a comer…
- Eres un estúpido. – dije después de que él hubiese estallado en risas, contagiándome también a mí, haciendo que yo me atorara y comenzara a toser frenéticamente. 
- La culpa no es mía. – dijo riendo aún, mientras me daba leves golpecitos en la espalda. Me limpié las lágrimas y me reí, o quejé... no sé realmente que fue lo que hice. – aww, eres una lindura. – eso me recordó a Mark. Que por cierto... eso dicho por Bill era miles de veces mejor que dicho por ese idiota de Mark. Me sonrojé un poco y bajé la mirada.
- Tom llamó por la mañana. – dije para cambiar de tema, ya que se me había venido a la cabeza de repente.
- Argh, luego lo llamo. – Se quejó.- ¿Qué es lo que quería?
- Que le llamaras luego. – Bill no dijo nada. Se limitó a morder nuevamente su pan. Yo apoyé mi cabeza en su hombro. Pero este se libró con un movimiento. Fruncí el ceño y lo miré enojada. Pero él en cambio, me sonrió con cariño y me dio un fugaz beso que me dejó como loca.
Dejé el sándwich a un lado y me lancé sobre él, para besarlo nuevamente. Billl se sorprendió un poco pero luego me siguió el beso con el mismo o más entusiasmo que el mío.
Acabamos los dos sobre la hierba, yo sobre él, claro está. Entonces me separé, apoyando ambos en el suelo. Uno en cada lado de su cabeza. Le sonreí, él me sonrió.
Desvié la mirada hacia un lado, algo avergonzada…
De pronto, vi algo que me llamó bastante la atención.