Capitulo
19
Algo brillaba por entre la hierba.
Estiré la mano y cogí esa cadena, la de calavera... esa que había abandonado allí hace poco.
Bill me miró con curiosidad. Yo simplemente me limité a examinar la cadena que estaba entre mis manos. Estaba mojada... seguramente por la lluvia de ayer por la noche.
Me salí de encima del chico y me senté a su lado. Él se incorporó haciendo lo mismo.
- La cadena. – murmuró. Yo asentí mientras me la acercaba a la ropa para secarla.
- La dejé aquí hace unos días. O no lo sé... creo que fue ayer… - Bill soltó una risita.
- ¿No lo recuerdas?– me encogí de hombros.
- Estoy perdida en el tiempo.
Volví a mirar la cadena y se la tendí a Bill.
- ¿Qué?
- Quiero que la tengas tú. – susurré. – cuando te vayas…. quédate con un recuerdo mío para que no me olvides, ya sabes. – intenté que esas palabras no demostraran el sufrimiento que sentía al pensar en ello. Pero no pude evitar que mi voz se quebrara al final de la frase.
- Yo no te voy a olvidar. – sonrió. – te vendré a visitar en todas mis vacaciones, ya verás. – dijo alegremente. Estoy segura de que intentaba animarme pero al parecer no daba resultado, porque me sentía igual.
- Sabes que esas sólo serán las primeras vacaciones. – reí un poco, contra mi voluntad, no quería hacerlo. – luego me olvidarás y tú seguirás a lo tuyo y yo a lo mío. – A lo poco que me queda si tú no estás, pensé nuevamente para mí misma.
- No seas tonta.
- Cógela. – la acerqué aún más a él. Éste pareció dudar un poco, pero la acabó tomando.
- Gracias. – me sonrió. – Yo igual quiero darte algo…
- No es necesario.
- Claro que si… – dejó de hablar y metió la mano en el bolsillo de su pantalón, que por cierto, ya estaba seco.- lo compre hace unos días... – era un pequeña cajita negra aterciopelada. Me la acercó y yo la cogí con cuidado.
- Realmente no era necesario…
- Yo acepté lo tuyo, tu aceptas lo mío. Así quedamos a mano – asentí dándole la razón y luego examiné la cajita con la mirada una vez más. – Ábrela, que lo que vale es lo que adentro.- le sonreí. Y la intenté abrir. Me costó un poco... vale, no podía. – dame eso, es del otro lado. – me la arrebató con cuidado y luego la giró para abrirla. Sí, soy una torpe e intentaba abrirla al revés. – aquí está. – me tendió la cajita nuevamente.
Y yo, como es obvio, la cogí y miré el contenido.
- Oh, es es es hermosa. – le sonreí. – wow, yo… gracias, Bill. – saqué de allí dentro la fina y delicada pulsera. Tenía unos cuantos dijes de corazones con piedras que brillaban. Debía de ser bastante cara. Pero eso no importaba. Bill me la había regalado y ya. Se había molestado en comprar eso para mí.
- Te mereces esto y mucho más. – sonrió de medio lado.
- No lo creo. – bufé. El rió.
- ¿Quieres que te la panga?– yo asentí y se la di.
Bill la tomó con suma
delicadeza. Yo me estiré mi brazo, dejándole mi muñeca izquierda a la vista.
Entonces él me la puso y luego me cogió la mano y la comenzó a examinar…
- Tiene la inicial de tu nombre. – me enseñó un dije con la letra “A”, tenía algunos brillitos de diamantes - y… el resto... tu lo debes adivinar. – quité mi mano de entre las sillas y acerqué la pulsera a mi rostro. La examiné. Había un corazón bastante grande que colgaba hacia abajo y los otros eran más pequeños aún incluso menos de la mitad del grande. Me llamó bastante la atención. Pero no se lo preguntaría... como él había dicho lo descubriría por mí misma.
- Gracias. – me abracé a él y él hizo lo mismo.
- Gracias a ti, preciosa. – me acarició el cabello con una de sus manos mientras me susurraba eso al oído. Podía sentir su respiración en mi cuello. Al igual que su olor. Que tanto extrañaría. Cerré los ojos e intenté disfrutar el momento. Ya que, seguramente, no volvería a verlo. Esto sólo iba a quedarse como un bonito recuerdo… un muy bonito recuerdo, y una bonita historia.
- Te amo. – se me escapó en un susurro. Inmediatamente sentí como mi corazón se aceleraba y como la vergüenza se apoderaba de mí. Se me había escapado... soy una idiota. Bill dejó de acariciarme el cabello y se quedó quieto en el lugar. Ni siquiera pude sentir el movimiento de su pecho al respirar.
- Tiene la inicial de tu nombre. – me enseñó un dije con la letra “A”, tenía algunos brillitos de diamantes - y… el resto... tu lo debes adivinar. – quité mi mano de entre las sillas y acerqué la pulsera a mi rostro. La examiné. Había un corazón bastante grande que colgaba hacia abajo y los otros eran más pequeños aún incluso menos de la mitad del grande. Me llamó bastante la atención. Pero no se lo preguntaría... como él había dicho lo descubriría por mí misma.
- Gracias. – me abracé a él y él hizo lo mismo.
- Gracias a ti, preciosa. – me acarició el cabello con una de sus manos mientras me susurraba eso al oído. Podía sentir su respiración en mi cuello. Al igual que su olor. Que tanto extrañaría. Cerré los ojos e intenté disfrutar el momento. Ya que, seguramente, no volvería a verlo. Esto sólo iba a quedarse como un bonito recuerdo… un muy bonito recuerdo, y una bonita historia.
- Te amo. – se me escapó en un susurro. Inmediatamente sentí como mi corazón se aceleraba y como la vergüenza se apoderaba de mí. Se me había escapado... soy una idiota. Bill dejó de acariciarme el cabello y se quedó quieto en el lugar. Ni siquiera pude sentir el movimiento de su pecho al respirar.
Vale, estaba claro que
el no me amaba y que yo me había dejado a mi misma en ridículo al decir eso.
Fue separando nuestros cuerpos lentamente hasta quedar frente a mí. Nuestros ojos se enfrentaban… y no supe describir que fue lo que vi en los suyos.
Abrió la boca para hablar…
Pero justo en ese momento sentí vibrar algo... en Bill.
El igual lo sintió, por lo que rápidamente se metió la mano al bolsillo y sacó de allí su móvil. Se lo llevó al oído igual de rápido…
Me mordí los labios, mientras escuchaba su conversación. no quería meterme en eso, pero estaba tan avergonzada que quería distraerme aunque fuese escuchando conversaciones ajenas.
- ¿Hola?... si, ¿qué ocurre…? – su cara iba cambiando a medida que escuchaba. Frunció el ceño con fuerza y apretó una de sus manos en la hierba. – ¿tan pronto? No alcanzaré a… - se cayó nuevamente mientras escuchaba se notaba algo molesto. – mira, yo no voy a… - puso los ojos en blanco. – ya sé. Lo tengo claro, pero esto es sumamente importante y… - nuevamente, lo interrumpieron. Este se puso de pié y comenzó a andar en círculos… alrededor del árbol y de mí. Yo no quitaba los ojos de él. Mientras él asentía y ponía una cara cada vez peor. – ¿no se puede aplazar un día más?.... si claro, como si no pudieras hacer nada. – suspiró. – Bien. Pues que sepas que no podré llegar a la hora para hacer las maletas de viaje. – ¿Maletas de viaje? ¿Acaso se iba? no quería pensar eso... no. – ¿cómo? ¿Se han metido a arreglar MIS cosas? – puso énfasis en la palabra “mis” y luego siguió a la escucha. – mira, no tengo tiempo para sermones, ya estoy grandecito y hago lo que se me antoja. – soltó un gruñido. – No me importa el puto contrato. – casi gritó. Yo di un pequeño saltito y Bill me dirigido una mirada fugaz. – No me importa lo que tú me digas. Bien, bien, me calmo. – respiró profundo. – ¿pero no pueden esperar hasta la noche?.... si, ya sé que es tarde y todo pero… - se llevó una mano a la cabeza. – vale, vale. Entiendo. Esto... ya voy… si, si, me encuentro bien. – frunció el ceño nuevamente. – Que no estoy enojado. – resopló cansado… - que no soy un niño, déjame en paz. – se quitó el móvil del oído y cortó. Dándole a botón con fuerza.
Lo miré intentado hacer que me dijera algo. Pero simplemente soltó un gemido angustiado y me cogió del brazo, poniéndome de pié con cuidado. Me acomodó frente a él y luego, con voz automática, me dijo:
- Me voy. Me voy a Paris. Ahora. – ¿a Paris? ¿Ahora? ¡No! Él no se podía ir. No me podía dejar. Yo lo amaba y… y… dios, ¿qué sería de mi vida si él no estaba?. Absolutamente todo giraba en torno a él. Si, es patético.
Fue separando nuestros cuerpos lentamente hasta quedar frente a mí. Nuestros ojos se enfrentaban… y no supe describir que fue lo que vi en los suyos.
Abrió la boca para hablar…
Pero justo en ese momento sentí vibrar algo... en Bill.
El igual lo sintió, por lo que rápidamente se metió la mano al bolsillo y sacó de allí su móvil. Se lo llevó al oído igual de rápido…
Me mordí los labios, mientras escuchaba su conversación. no quería meterme en eso, pero estaba tan avergonzada que quería distraerme aunque fuese escuchando conversaciones ajenas.
- ¿Hola?... si, ¿qué ocurre…? – su cara iba cambiando a medida que escuchaba. Frunció el ceño con fuerza y apretó una de sus manos en la hierba. – ¿tan pronto? No alcanzaré a… - se cayó nuevamente mientras escuchaba se notaba algo molesto. – mira, yo no voy a… - puso los ojos en blanco. – ya sé. Lo tengo claro, pero esto es sumamente importante y… - nuevamente, lo interrumpieron. Este se puso de pié y comenzó a andar en círculos… alrededor del árbol y de mí. Yo no quitaba los ojos de él. Mientras él asentía y ponía una cara cada vez peor. – ¿no se puede aplazar un día más?.... si claro, como si no pudieras hacer nada. – suspiró. – Bien. Pues que sepas que no podré llegar a la hora para hacer las maletas de viaje. – ¿Maletas de viaje? ¿Acaso se iba? no quería pensar eso... no. – ¿cómo? ¿Se han metido a arreglar MIS cosas? – puso énfasis en la palabra “mis” y luego siguió a la escucha. – mira, no tengo tiempo para sermones, ya estoy grandecito y hago lo que se me antoja. – soltó un gruñido. – No me importa el puto contrato. – casi gritó. Yo di un pequeño saltito y Bill me dirigido una mirada fugaz. – No me importa lo que tú me digas. Bien, bien, me calmo. – respiró profundo. – ¿pero no pueden esperar hasta la noche?.... si, ya sé que es tarde y todo pero… - se llevó una mano a la cabeza. – vale, vale. Entiendo. Esto... ya voy… si, si, me encuentro bien. – frunció el ceño nuevamente. – Que no estoy enojado. – resopló cansado… - que no soy un niño, déjame en paz. – se quitó el móvil del oído y cortó. Dándole a botón con fuerza.
Lo miré intentado hacer que me dijera algo. Pero simplemente soltó un gemido angustiado y me cogió del brazo, poniéndome de pié con cuidado. Me acomodó frente a él y luego, con voz automática, me dijo:
- Me voy. Me voy a Paris. Ahora. – ¿a Paris? ¿Ahora? ¡No! Él no se podía ir. No me podía dejar. Yo lo amaba y… y… dios, ¿qué sería de mi vida si él no estaba?. Absolutamente todo giraba en torno a él. Si, es patético.
Sentí como un nudo se me
formaba en la garganta. Y como los ojos se me nublaban por las lágrimas. Pero
no quería llorar.
No supe que mas decir. Estaba muda.
- Creo que llegó la hora de despedirse. – murmuró. Yo asentí pesadamente.
- Quiero acompañarte a…allí. – ¿allí? Dios, lo más lejos que podría llegar sería a la carretera que pasaba frente a mi casa. – te dejaré en el autobús. – suspiré.
- Bien… - pude notar tristeza en sus ojos. Y eso me hacía sentirme aún más triste.
Caminamos en silencio el trayecto entre el árbol y mi casa y una vez pasamos por su lado Bill la miró y susurró: - extrañaré esta casa. Aquí pasé el mejor momento de mi vida. – realmente me entraron ganas de llorar. Más fuertes que la vez anterior. El mejor momento de su vida… ya luego pensaría cual podría ser... pero algo me decía que había sido el de anoche.
- Sabes que… voy a extrañarte mucho. – lo miré. Pero él sólo miraba al suelo. – y… quizás algún día volvamos a vernos. – me mordí los labios. Intentando no soltar un sollozo. No quería.
- Bill: Si. – fue su única respuesta.
Seguimos en silencio hasta llegar al borde de la carretera. No pasaba ningún autobús porque lo tendríamos tiempo de despedidas. Cuanto me hubiese gustado que esta hubiese sido una broma.
No supe que mas decir. Estaba muda.
- Creo que llegó la hora de despedirse. – murmuró. Yo asentí pesadamente.
- Quiero acompañarte a…allí. – ¿allí? Dios, lo más lejos que podría llegar sería a la carretera que pasaba frente a mi casa. – te dejaré en el autobús. – suspiré.
- Bien… - pude notar tristeza en sus ojos. Y eso me hacía sentirme aún más triste.
Caminamos en silencio el trayecto entre el árbol y mi casa y una vez pasamos por su lado Bill la miró y susurró: - extrañaré esta casa. Aquí pasé el mejor momento de mi vida. – realmente me entraron ganas de llorar. Más fuertes que la vez anterior. El mejor momento de su vida… ya luego pensaría cual podría ser... pero algo me decía que había sido el de anoche.
- Sabes que… voy a extrañarte mucho. – lo miré. Pero él sólo miraba al suelo. – y… quizás algún día volvamos a vernos. – me mordí los labios. Intentando no soltar un sollozo. No quería.
- Bill: Si. – fue su única respuesta.
Seguimos en silencio hasta llegar al borde de la carretera. No pasaba ningún autobús porque lo tendríamos tiempo de despedidas. Cuanto me hubiese gustado que esta hubiese sido una broma.
- Abril. – me llamó. Yo
lo miré. Para luego volver a bajar la mirada. – voy a extrañarte.
- Te extrañaré. – repetí.
- Hey, mírame. – cogió mi cara entre sus manos y me acarició las mejillas con sus dedos. – siempre te voy a recordar, ¿si? te vendré a visitar siempre y te llamaré. Estaremos en contacto. – yo asentí. Mientras una lágrima escapaba de mis ojos. Llegando hasta una de las manos de Bill. – No llores. Ya verás cuando nos encontremos de nuevo. Será lo mejor de lo mejor. – intentó sonreír. Pero no lo consiguió.
- No quiero que te vayas. No me dejes. – lo miré suplicante. Si se iba no lo volvería a ver. Era como si me quitasen la vida… hundiéndome en un pozo de desesperación.
- Volveré por ti. Lo prometo. – Acercó su rostro al mío. Estábamos bastante cerca... cuando una luz nos segó a ambos. Miramos en esa dirección. Justo allí. Iba el autobús que Bill debía coger. Para irse con los demás chicos. Me soltó rápidamente la cara e hizo que el autobús se detuviera.
- No te vayas. – la desesperación se había apoderado de mi. El pensar que ya no le vería… era terrible.
- Debo hacerlo. – lo cogí de un brazo para detenerlo, pero él se soltó suavemente.- lo siento. – se me acercó y me abrazó. – cuando no sepas que hacer, me llamas ¿sí? yo siempre estaré para ti. Te quiero. - Me susurró.
- Te extrañaré. – repetí.
- Hey, mírame. – cogió mi cara entre sus manos y me acarició las mejillas con sus dedos. – siempre te voy a recordar, ¿si? te vendré a visitar siempre y te llamaré. Estaremos en contacto. – yo asentí. Mientras una lágrima escapaba de mis ojos. Llegando hasta una de las manos de Bill. – No llores. Ya verás cuando nos encontremos de nuevo. Será lo mejor de lo mejor. – intentó sonreír. Pero no lo consiguió.
- No quiero que te vayas. No me dejes. – lo miré suplicante. Si se iba no lo volvería a ver. Era como si me quitasen la vida… hundiéndome en un pozo de desesperación.
- Volveré por ti. Lo prometo. – Acercó su rostro al mío. Estábamos bastante cerca... cuando una luz nos segó a ambos. Miramos en esa dirección. Justo allí. Iba el autobús que Bill debía coger. Para irse con los demás chicos. Me soltó rápidamente la cara e hizo que el autobús se detuviera.
- No te vayas. – la desesperación se había apoderado de mi. El pensar que ya no le vería… era terrible.
- Debo hacerlo. – lo cogí de un brazo para detenerlo, pero él se soltó suavemente.- lo siento. – se me acercó y me abrazó. – cuando no sepas que hacer, me llamas ¿sí? yo siempre estaré para ti. Te quiero. - Me susurró.
Y luego, en un abrir y
cerrar de ojos, se subió en el autobús, y este partió hecho una bala.
Lo había perdido.
Lo había perdido.

Necesito un nuevo capi de Der Letzte Tagggg, actualizo la pagina cada una hora para ver si subiste jajaja. Espero que vuelvas pronto. Besos :3
ResponderEliminarSii yo tambien... aunque la verdad quiero terminar de leer esta hahahah! :)
ResponderEliminarOMG no puedo creerlo ya lei esta fic una vez y ahora k la vuelvo a leer otra vez me hace llorar :( no no esa despedida argh k tristeee... termina d subir esta pronto siii
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