Capitulo
20
Apreté los puños con fuerza. Si tan sólo hubiese una posibilidad de estar allí…
Suspiré. Intentando
calmar los sollozos. Pero se me hacía imposible.
Me llevé el brazo a la cara y di media vuelta para entrar en mi casa… pero como soy una estúpida de primera, había dejado la llave dentro. Caminé unos cuantos metros más hasta llegar a la ventana de la cocina e hice un esfuerzo inhumano por entrar. En este momento todo me fallaba, ya no tenía fuerzas… y a demás, con la vista borrosa se me hacía casi imposible ver algo. Por lo que caí de espaldas en el suelo.
Me di la vuelta y me levanté lo más rápido que pude para luego correr hasta mi habitación. Cerré con un portazo que resonó por toda la casa. Enseguida el silencio se apoderaba de ella, el único ruido que se podía oír eran mis sollozos.
Me limpié las lágrimas y me acerqué a la ventana. Ver hacia afuera, por alguna razón, hizo que me sintiera peor. Cerré la persiana. Pero aún algunas luces se filtraban por los agujeros.
Deseé morir.
Me llevé el brazo a la cara y di media vuelta para entrar en mi casa… pero como soy una estúpida de primera, había dejado la llave dentro. Caminé unos cuantos metros más hasta llegar a la ventana de la cocina e hice un esfuerzo inhumano por entrar. En este momento todo me fallaba, ya no tenía fuerzas… y a demás, con la vista borrosa se me hacía casi imposible ver algo. Por lo que caí de espaldas en el suelo.
Me di la vuelta y me levanté lo más rápido que pude para luego correr hasta mi habitación. Cerré con un portazo que resonó por toda la casa. Enseguida el silencio se apoderaba de ella, el único ruido que se podía oír eran mis sollozos.
Me limpié las lágrimas y me acerqué a la ventana. Ver hacia afuera, por alguna razón, hizo que me sintiera peor. Cerré la persiana. Pero aún algunas luces se filtraban por los agujeros.
Deseé morir.
Con la espalda apoyada
en la pared y las piernas abrazadas. Hundí mi cara en las rodillas, haciendo una fuerte presión en
los ojos. Me dolía. Pero ese era el único recurso que me quedaba para detener
las lágrimas que me escocían los ojos.
Bill se había ido. Y no volvería a verlo. Yo sabía que Bill no cumpliría su promesa de venir en las vacaciones. Vamos, que él era un famoso preocupado de sus asuntos… con mucho trabajo y cosas por hacer.
Me pasaría toda una vida pensando en él. De eso estaba segura… no lo olvidaría. Y no podría ser feliz. Claro, ustedes dirán: está enamorada, luego se le pasará. Pero no. No era así. Yo lo quería incluso más que a mi vida. Yo lo amaba. Y él pues… seguro que me quería como una amiga y nada más… si no me lo habría dicho allí en el árbol.
Un gemido de dolor salió de mi garganta. Comenzaba a sentirme mal nuevamente. Deseé morir. Quería morir. Esa sería la cosa más buena que me pudiese haber ocurrido en ese momento.
Acabaría por volverme loca…
Todo me daba vueltas, y me sentía cada vez peor.
Bill seguía en mi mente provocándome más ganas de llorar. Pero la cosa es que ya no podía derramar más lágrimas y eso me frustraba.
De pronto, todo se volvió negro y ya no sentí nada más.
Bill se había ido. Y no volvería a verlo. Yo sabía que Bill no cumpliría su promesa de venir en las vacaciones. Vamos, que él era un famoso preocupado de sus asuntos… con mucho trabajo y cosas por hacer.
Me pasaría toda una vida pensando en él. De eso estaba segura… no lo olvidaría. Y no podría ser feliz. Claro, ustedes dirán: está enamorada, luego se le pasará. Pero no. No era así. Yo lo quería incluso más que a mi vida. Yo lo amaba. Y él pues… seguro que me quería como una amiga y nada más… si no me lo habría dicho allí en el árbol.
Un gemido de dolor salió de mi garganta. Comenzaba a sentirme mal nuevamente. Deseé morir. Quería morir. Esa sería la cosa más buena que me pudiese haber ocurrido en ese momento.
Acabaría por volverme loca…
Todo me daba vueltas, y me sentía cada vez peor.
Bill seguía en mi mente provocándome más ganas de llorar. Pero la cosa es que ya no podía derramar más lágrimas y eso me frustraba.
De pronto, todo se volvió negro y ya no sentí nada más.
Abrí los ojos lentamente.
Me pregunté qué horas serían. Aunque ya se veía que era de noche... o tal vez de madrugada.
Me acomodé un poco, me dolía todo el cuerpo por la posición en que había dormido. Sentía frío. Mucho frío. Pero no quería levantarme para ir por una manta. Por lo que me quedé allí. Esperando… esperando algo que jamás llegaría. O más bien, volvería.
Ya no lloraba. No podía hacerlo. Aunque el escozor de los ojos y el nudo en el pecho sí que los podía sentir. Y era de lo peor. Me llegaban a doler los dientes, ya que apretaba la mandíbula con fuerza.
Sentía como si me hubiese muerto… aunque la muerte habría sido mucho más bonita seguramente.
Eché la cabeza hacia atrás, golpeándola con la pared. Lo repetí varias veces. Mientras me maldecía a mi misma… por enamorarme de la persona equivocada. ¿A caso podría haber algo peor? Vale, ahora ya entendía que el amor de verdad, ese mutuo, perfecto… no existía.
O tal vez si… pero o era nada bueno. Sólo servía para terminar dañando. Ya que, o no te correspondía, como era mi caso... o era un amor imposible, como igualmente era mi caso. Maldita distancia y maldita vida.
¿Por qué no moría de una vez? Que me llevase el demonio y me quemara en el infierno… incluso eso me haría feliz. Pero yo ya no quería existir. No podía existir si Bill no estaba conmigo, no había razón para quedarme luchando por una vida sin sentido.
Una lágrima calló de mis ojos. Esta estaba caliente. Me había “quemado” la mejilla. La quité con la mano. Y luego de esa, ya no vinieron más.
De pronto vi algo en mi muñeca. La pulsera que Bill me había regalado. Un bonito recuero de uno de los mejores momentos de mi vida... lástima que no se repetirían.
Y ahora que lo pensaba…
¿Cuántos días había pasado desde que mis padres se habían ido a Paris? Y es que no tenía noción del tiempo porque…
Esperen un momento.
¡Mis padres están en Paris!
Di un brinquito y me levanté del suelo. Quizás, sólo quizás, aún seguían allí y podrían quedarse un par de días más para yo estar con Bill.
Corrí por toda la casa en busca de mi móvil. Y cuando lo tuve en mis manos, busqué el número de mamá y le di al botón verde.
Me pregunté qué horas serían. Aunque ya se veía que era de noche... o tal vez de madrugada.
Me acomodé un poco, me dolía todo el cuerpo por la posición en que había dormido. Sentía frío. Mucho frío. Pero no quería levantarme para ir por una manta. Por lo que me quedé allí. Esperando… esperando algo que jamás llegaría. O más bien, volvería.
Ya no lloraba. No podía hacerlo. Aunque el escozor de los ojos y el nudo en el pecho sí que los podía sentir. Y era de lo peor. Me llegaban a doler los dientes, ya que apretaba la mandíbula con fuerza.
Sentía como si me hubiese muerto… aunque la muerte habría sido mucho más bonita seguramente.
Eché la cabeza hacia atrás, golpeándola con la pared. Lo repetí varias veces. Mientras me maldecía a mi misma… por enamorarme de la persona equivocada. ¿A caso podría haber algo peor? Vale, ahora ya entendía que el amor de verdad, ese mutuo, perfecto… no existía.
O tal vez si… pero o era nada bueno. Sólo servía para terminar dañando. Ya que, o no te correspondía, como era mi caso... o era un amor imposible, como igualmente era mi caso. Maldita distancia y maldita vida.
¿Por qué no moría de una vez? Que me llevase el demonio y me quemara en el infierno… incluso eso me haría feliz. Pero yo ya no quería existir. No podía existir si Bill no estaba conmigo, no había razón para quedarme luchando por una vida sin sentido.
Una lágrima calló de mis ojos. Esta estaba caliente. Me había “quemado” la mejilla. La quité con la mano. Y luego de esa, ya no vinieron más.
De pronto vi algo en mi muñeca. La pulsera que Bill me había regalado. Un bonito recuero de uno de los mejores momentos de mi vida... lástima que no se repetirían.
Y ahora que lo pensaba…
¿Cuántos días había pasado desde que mis padres se habían ido a Paris? Y es que no tenía noción del tiempo porque…
Esperen un momento.
¡Mis padres están en Paris!
Di un brinquito y me levanté del suelo. Quizás, sólo quizás, aún seguían allí y podrían quedarse un par de días más para yo estar con Bill.
Corrí por toda la casa en busca de mi móvil. Y cuando lo tuve en mis manos, busqué el número de mamá y le di al botón verde.
Me limpié la nariz
mientras esperaba a que contestara.
- ¡Cariño!, ¿qué ocurre?
- ¿Mamá, donde estás? – me apresuré en decir.
- Vamos de camino, en unos quince minutos estamos allá. – casi pude verla sonreír del otro lado.
- ¿Qué? ¿Ya se mejoró la enferma? ¿Por qué? – pregunté alarmada. Ya ni siquiera me acordaba que quien era la enferma. En este momento sólo me interesaba Bill.
- Si, hija. Está mucho mejor. – solté un gemido.
- ¡Hola!. –escuché un gritito agudo un poco alejado. Seguro había sido Alexa.
- Mamá, necesito ir a…
- Dame eso un momento, debo contarle esto a mi pequeña... – esta era la voz de mi padre... supuse que le había quitado el móvil a mamá. – Abril, te tengo una excelente noticia. – dijo con tono orgulloso.
- Ya...
- Te acabo de anotar en una carrera de motos. Se cuanto te gustan. Es en un pueblo a unos treinta minutos de casa. ¿Cariño, que dices?
- Por mi está bien. – no pensaba decepcionarlo. – pero necesito ir a Paris. – me apresuré a decir.
- ¿A Paris? ¿Por qué Paris?
- Porque…
- Me lo explicas en casa, debo cortarte.
- ¡Hey! Déjame hablar con mi hija. – pude escuchar la voz de mi madres, seguida por unas cuantas risas. Que felices estaban.
- Adiós. – corté y lacé el móvil lejos de mi vista. Ya nada me importaba.
Ellos ya estaban de vuelta. Y ya no había posibilidades de ver a Bill.
Me eché a llorar nuevamente. Esto cada vez iba peor, incluso había llegado a ilusionarme con la idea de ir a ver a Bill a Paris.
- ¡Cariño!, ¿qué ocurre?
- ¿Mamá, donde estás? – me apresuré en decir.
- Vamos de camino, en unos quince minutos estamos allá. – casi pude verla sonreír del otro lado.
- ¿Qué? ¿Ya se mejoró la enferma? ¿Por qué? – pregunté alarmada. Ya ni siquiera me acordaba que quien era la enferma. En este momento sólo me interesaba Bill.
- Si, hija. Está mucho mejor. – solté un gemido.
- ¡Hola!. –escuché un gritito agudo un poco alejado. Seguro había sido Alexa.
- Mamá, necesito ir a…
- Dame eso un momento, debo contarle esto a mi pequeña... – esta era la voz de mi padre... supuse que le había quitado el móvil a mamá. – Abril, te tengo una excelente noticia. – dijo con tono orgulloso.
- Ya...
- Te acabo de anotar en una carrera de motos. Se cuanto te gustan. Es en un pueblo a unos treinta minutos de casa. ¿Cariño, que dices?
- Por mi está bien. – no pensaba decepcionarlo. – pero necesito ir a Paris. – me apresuré a decir.
- ¿A Paris? ¿Por qué Paris?
- Porque…
- Me lo explicas en casa, debo cortarte.
- ¡Hey! Déjame hablar con mi hija. – pude escuchar la voz de mi madres, seguida por unas cuantas risas. Que felices estaban.
- Adiós. – corté y lacé el móvil lejos de mi vista. Ya nada me importaba.
Ellos ya estaban de vuelta. Y ya no había posibilidades de ver a Bill.
Me eché a llorar nuevamente. Esto cada vez iba peor, incluso había llegado a ilusionarme con la idea de ir a ver a Bill a Paris.
Miré la hora en el reloj
que había en la pared del salón. Las 6:50 de la madrugada. Con razón ellos
venían de vuelta.
Me limpié las lágrimas y cogí el control dela TV , a ver si me distraía un
rato hasta que llegasen ellos. La encendí.
Coincidió que estaba en el mismo canal de música del otro día. Pero estaban en comerciales. Los miré.
Lloré nuevamente al ver lo que mostraban allí. Cientos de chicas en la entrada de un hotel. Gritaban y gritaban por si banda favorita... hasta madrugaban para verles llegar a su ciudad.
Muchas chicas gritaban el nombre del chico al cual yo amaba con la vida. Él tenía un montón de chicas para elegir. Al menos yo era su amiga ahora…
Una idea algo estúpida se me cruzó por la cabeza. En el lado derecho de la TV, decía: EN VIVO. Por lo que me levanté de un salto del sillón y fui a recoger mi móvil, que estaba en el suelo, por suerte no se había desarmado por el golpe.
Busqué en la agenda en número de Bill y le di al botón verde. A lo mejor todo esto había sido un sueño… y era otro Bill con quien yo había estado. Ahora me parecía imposible que ese chico que salía en la TV hubiese…
Dios, ¡si funcionaba! sacó su móvil del bolsillo de la chaqueta y miró el número mientras las fans enloquecían aún más. Se lo llevó a oído y seguidamente escuché.
Me limpié las lágrimas y cogí el control de
Coincidió que estaba en el mismo canal de música del otro día. Pero estaban en comerciales. Los miré.
Lloré nuevamente al ver lo que mostraban allí. Cientos de chicas en la entrada de un hotel. Gritaban y gritaban por si banda favorita... hasta madrugaban para verles llegar a su ciudad.
Muchas chicas gritaban el nombre del chico al cual yo amaba con la vida. Él tenía un montón de chicas para elegir. Al menos yo era su amiga ahora…
Una idea algo estúpida se me cruzó por la cabeza. En el lado derecho de la TV, decía: EN VIVO. Por lo que me levanté de un salto del sillón y fui a recoger mi móvil, que estaba en el suelo, por suerte no se había desarmado por el golpe.
Busqué en la agenda en número de Bill y le di al botón verde. A lo mejor todo esto había sido un sueño… y era otro Bill con quien yo había estado. Ahora me parecía imposible que ese chico que salía en la TV hubiese…
Dios, ¡si funcionaba! sacó su móvil del bolsillo de la chaqueta y miró el número mientras las fans enloquecían aún más. Se lo llevó a oído y seguidamente escuché.
- Luego te llamo, adiós.
– Si, había sido él. Al menos había escuchado su voz y con eso ya podía ser
feliz. Por lo menos hasta que dejasen de aparecer en la TV.
Pero no fue así, a quien engaño. Mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas mientras recordaba los momentos con él. Definitivamente, lo mejor de mi vida entera había sido Bill.
Me eché a llorar nuevamente y la imagen de la TV se volvió borrosa.
En ese momento sentí el sonido de unas llaves en mi puerta… no me giré a ver.
Se abrió lentamente. Sentí unos pequeños pasitos apresurados que se acercaba y unas risas provenientes de los mayores.
- ¡Abril! –Oí la vocecita de Alexa tras de mí. Me volteé a mirarla lentamente. Traía un buzo deportivo color rosa pálido y unas zapatillas fucsias, llevaba dos colas en el cabello. La pequeña se quedó helada al verme. Era obvio, yo debería estar hecha un zombi. – ¡Mamá! – gritó asustada, abriendo los ojos como platos.
- Ya voy querida. – escuché como mi madre se acercaba. Sus tacones resonaban por toda la casa… se apareció por la puerta. y su impresión fue igual o peor a la de Alexa. – ¡Cariño! ¡¿Qué sucede?! – se acercó a mi apresuradamente y me abrazó con fuerza… yo lloré más. Alexa se echó a llorar igualmente y pude ver como mi padre la tomaba en brazos y le decía algo en el oído. Para luego mirarme y dirigirse hacia las escaleras.
- Mamá. – gemí.
Pero no fue así, a quien engaño. Mis ojos se volvieron a llenar de lágrimas mientras recordaba los momentos con él. Definitivamente, lo mejor de mi vida entera había sido Bill.
Me eché a llorar nuevamente y la imagen de la TV se volvió borrosa.
En ese momento sentí el sonido de unas llaves en mi puerta… no me giré a ver.
Se abrió lentamente. Sentí unos pequeños pasitos apresurados que se acercaba y unas risas provenientes de los mayores.
- ¡Abril! –Oí la vocecita de Alexa tras de mí. Me volteé a mirarla lentamente. Traía un buzo deportivo color rosa pálido y unas zapatillas fucsias, llevaba dos colas en el cabello. La pequeña se quedó helada al verme. Era obvio, yo debería estar hecha un zombi. – ¡Mamá! – gritó asustada, abriendo los ojos como platos.
- Ya voy querida. – escuché como mi madre se acercaba. Sus tacones resonaban por toda la casa… se apareció por la puerta. y su impresión fue igual o peor a la de Alexa. – ¡Cariño! ¡¿Qué sucede?! – se acercó a mi apresuradamente y me abrazó con fuerza… yo lloré más. Alexa se echó a llorar igualmente y pude ver como mi padre la tomaba en brazos y le decía algo en el oído. Para luego mirarme y dirigirse hacia las escaleras.
- Mamá. – gemí.
- Cielo, no llores. – me
acariciaba la espalda. Mientras yo humedecía su hombro… - Dime que ocurre –
levanté la vista y la miré.
- B.. Bill. Mamá s.. se f.. fue. –al menos ella me entendió…
- ¿Ya no te quiere?. – yo negué con la cabeza. – ¿te hizo algo? - negué igualmente. Apunté ala TV. Y pude ver como mi madre se quedaba helada.
- Mamá… - sollocé. – y.. yo.. lo a.. amo. – lloré más fuerte. En ese momento mi madre reaccionó y me apretó aún m¿as contra su cuerpo.
- Lo sé, cariño… va..vamos a hacer algo. Esto tiene solución, no estés triste… - me besó en la cabeza.. – lo único que no tiene solución es la muerte. No te preocupes…
Asentí
con la cabeza mientras me separaba un poco de ella. Mi madre me limpió las
lágrimas con sus manos y luego me sonrió.- B.. Bill. Mamá s.. se f.. fue. –al menos ella me entendió…
- ¿Ya no te quiere?. – yo negué con la cabeza. – ¿te hizo algo? - negué igualmente. Apunté a
- Mamá… - sollocé. – y.. yo.. lo a.. amo. – lloré más fuerte. En ese momento mi madre reaccionó y me apretó aún m¿as contra su cuerpo.
- Lo sé, cariño… va..vamos a hacer algo. Esto tiene solución, no estés triste… - me besó en la cabeza.. – lo único que no tiene solución es la muerte. No te preocupes…
- Veremos que se puede hacer. – Repitió. Yo sonreí de medio lado y bajé la mirada algo avergonzada.
- Gracias. – logre pronunciarlo en una sola palabra, son cortar las silabas. Una gran hazaña si tenemos en cuenta el hecho de que estaba llorando. O dejando de hacerlo.
- ¿Y dónde está ahora…?
- Bill.
- Bill. – repitió. Yo me encogí de hombros y señalé nuevamente la TV.
- En ese hotel en Paris. – Mi madre abrió mucho los ojos y luego frunció el ceño.
- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
- No lo sabía. – negué con la cabeza– se acaba de ir ayer por la noche. – me eché a llorar nuevamente. Era una tonta, lo sabía. Me estaba comportando como esas personas que al recordar algo triste rompen en llanto… yo no era y nunca había sido de ese tipo de personas. Mi madre suspiró.
- ¿Y te has contactado con él?
- Lo llamé hace un rato. Me dijo que me devolvía la llamada luego. – me limité las lágrimas. Mi madre alzó una ceja. Ese gesto me recordó a Bill. Dios.
- Ahora dime una cosa… ¿Qué hace tu “amigo” en
-Es… difícil de explicar. – mi madre fue a hablar pero yo la corté. – bueno, no tan difícil en realidad. – me apresuré en decir. – se podría decir queéleselvocalistadeTokioHotel.
- ¡¿Cómo?!.
- Qué él es…
- Ya lo sé, ya lo sé. – me cortó. – ¡¿Pero tú estás loca?! ¿Quieres salir con ese tipo de gente? – no contesté. Me limité a bajar la mirada. – no, seguro que es mentira y tú sólo quieres ver a tu ídolo. – me cogió de los hombros. Yo le quité las manos rápidamente de allí. Que no me tocara.
- Mamá, Bill es de “ese tipo de gente” y yo lo amo. – ella resopló. Puso los ojos en blanco y luego chasqueó la lengua.
- Iré a hablar con tu padre. Estoy segura de que es uno de esos caprichos de los tuyos. -¿Qué caprichos? ¡Yo no era una chica caprichosa!
Se levantó del sillón y me dedico una sonrisa forzada, para luego desaparecer por las escaleras gritando el nombre de mi padre.
¿Y que si no me dejaban ir a Paris? ¿si el problema no se solucionaba?
Y es que yo me moría. Si. Definitivamente eso ocurriría.
Me dejé caer de lado en el sillón y comencé a llorar de nuevo.
Tenía el presentimiento de que no volvería a ver a Bill y eso me enfermaba.
Apagué
… y así estuve alrededor de quince minutos. Esperando a que mi madre bajara con la respuesta. Pero no lo hacía.
Sólo escuchaba pasos en el segundo piso. Y unos pasitos apresurados... a saber que estaban haciendo allí arriba.
De pronto, sentí cómo mi móvil comenzaba a vibrar.

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