Capitulo
21
Me quité el cojín de la cabeza y me apresuré en coger el aparato.
- ¿Hola? – contesté rápidamente esperando escuchar la voz de Bill del otro lado.
- Hola. – Si, era él. Su voz dulce y hermosa... inconfundible. Reí. Aunque se notó un poco que mi voz estaba algo… extraña por el llanto. –¿Por qué me llamaste? ¿Estás bien?
- Si, estoy… perfectamente. – suspiré. – y… te llamaba para.. – reí un poco.- para ver si me contestabas mientras firmabas autógrafos..
- ¿Eh? – preguntó extrañado.
- Estabas entrando en el hotel. Te vi en
- Wow. – rió. – y... pues ¿Qué haces despierta a esta hora?
- Acaban de llegar mis padres de Paris. – resoplé.
- ¿París? ¿El París donde estoy ahora, este París?
- ¿Conoces otra ciudad que se llame París?
- Quien sabe…
- Tonto. – dije en broma. – ¿Y... que tal estuvo el viaje?.
- Genial. Te extrañé bastante.
- Yo… yo igual te extraño… mucho.
- Planeo ir a verte luego del último concierto que demos aquí en Paris. ¡Ops! ¡Era un sorpresa! – se echó a reír.
- ¿Qué? – pregunté entusiasmada con la voz más chillona que me podía haber salido en ese momento. Bill rió aún más. – ¡yo ya estaba pensando en irme a Paris!. – de pronto mi estado de ánimo había cambiado completamente.
- ¿De verdad?
- ¡Sí! – reí.
- Ven… yo te espero en el hotel. – dijo con cierto tono pícaro en la voz… claro, por juego. Yo reí.
- Ojala pudiera.
- Díselo a tus padres, yo te cuidaré muy bien. Diles que estarás a salvo, no te faltará nada… te daré lo que sea. – dijo divertido. Yo bufé.
- ¡Yo no soy una
interesada!. – dije en broma.
- Lo sé, lo sé. – rió. – eras una… emm… motociclista.
- Si.-Reí.- Y dentro de poco competiré de nuevo. Mi padre me acaba de anotar.
- ¿Ah, sí?
- Si. – dije orgullosa.
- Estoy seguro de que ganarás. Eres muy buena.
- Lo sé
- Eres una creída. – se burló.
- No eres quién para criticar sobre eso. - bufé.
- ¡Oye!
- ¿Qué? – dije haciéndome la de no saber nada.
- Eres una tonta.
- ¿Qué?–Le seguí el juego.
- Que a demás de tonta y sorda eres muy bonita. – No supe que responder. Me había llamado “bonita”. Dios, es que… el corazón me comenzó a saltar. Dios, dios, dios... como lo amaba. Como yo no respondí porque realmente no sabía que decir. Bill habló: - ¿sigues allí? – recuperé la respiración para luego responder.
- S... si.
- ¿Te encuentras bien? – asentí. Que tonta. El no me veía.
- Si. – de pronto escuché unos paso en la escalera. “la respuesta” fue lo único que se me pasó por la cabeza. – Bill, debo cortarte. Te llamo dentro de… una hora. Adiós. – corté rápidamente. Luego de eso me puse de pié y miré a mi padre que se acercaba a mí con expresión divertida.
- ¿Enamorada? – se burló. Yo le enseñé mi lengua… como siempre, con actitudes de niño pequeño.
- ¡Papá!
- Lo sé, lo sé. – rió. – eras una… emm… motociclista.
- Si.-Reí.- Y dentro de poco competiré de nuevo. Mi padre me acaba de anotar.
- ¿Ah, sí?
- Si. – dije orgullosa.
- Estoy seguro de que ganarás. Eres muy buena.
- Lo sé
- Eres una creída. – se burló.
- No eres quién para criticar sobre eso. - bufé.
- ¡Oye!
- ¿Qué? – dije haciéndome la de no saber nada.
- Eres una tonta.
- ¿Qué?–Le seguí el juego.
- Que a demás de tonta y sorda eres muy bonita. – No supe que responder. Me había llamado “bonita”. Dios, es que… el corazón me comenzó a saltar. Dios, dios, dios... como lo amaba. Como yo no respondí porque realmente no sabía que decir. Bill habló: - ¿sigues allí? – recuperé la respiración para luego responder.
- S... si.
- ¿Te encuentras bien? – asentí. Que tonta. El no me veía.
- Si. – de pronto escuché unos paso en la escalera. “la respuesta” fue lo único que se me pasó por la cabeza. – Bill, debo cortarte. Te llamo dentro de… una hora. Adiós. – corté rápidamente. Luego de eso me puse de pié y miré a mi padre que se acercaba a mí con expresión divertida.
- ¿Enamorada? – se burló. Yo le enseñé mi lengua… como siempre, con actitudes de niño pequeño.
- ¡Papá!
- Con que a París...-
asentí. Mientras sentía como la duda iba creciendo cada vez más en mi interior.
- ¿Y...?
- Pues…
- ¿Y...?
- Pues…
- ¡¿Pues qué?! – Lo
apresuré a hablar, alzando aún más la voz. Mi padre no habló y me miró
divertido. Yo ya estaba que perdía los nervios. ¿Cómo me hacía esperar tanto?
Me acerqué a él y lo cogí de los brazos. – dímelo, dímelo. – lo zarandeé. Pero
no logré moverlo tan siquiera un milímetro.
- Está bien. – me siguió. – pero no me golpees, ¿eh? – se separó de mi y alzó los brazos, como si yo le estuviese apuntando con una pistola.
- Me dices que no y yo te aplasto con mi moto, ¿ok?
- No será necesario manchar a tu moto con la sangre de tu bello, consentidor y generoso padre. – abrí los ojos como platos. Me limpié las lágrimas y me lancé sobre él a abrazarlo.
- ¡Papá! ¡Eres el mejor, mejor, mejor de todos! – lo apretujé entre mis brazos mientras el fingía un toz. Estaba tan feliz que podría haberme lanzado en paracaídas. Dios, dios, dios, ¡vería a Bill! ¡Estaría unas semanas más con él! Esto era lo mejor.
- OK, ok. Pero no te pongas tan feliz porque tu madre te acompañará. – ¿Qué? ¿Mamá? ¡Pero si ella es una sobre protectora madre anticuada! Seguro no me dejaba salir por la noche con Bill...
- No hay problema… - después de todo, estaría con “mi chico” y eso era lo que importaba. – ¿Cuando me voy?- me limpié el resto de las lágrimas que tenía pegadas a los ojos y lo miré.
- Mañana por la noche. Fue el primer pasaje que encontramos con tu madre. – le sonreí y lo abracé nuevamente.
- ¡Gracias!
- Y dime… ¿es el chico del otro día?. – hice una mueca de no entender. ¿A qué se refería?. – digo, el del “¡lo amo, lo amo!” – hizo un intento de imitar mi voz, que por cierto le salió bastante gracioso.
- S...si- dije mientras sentía como el color acudía a mis mejillas rápidamente. Mi padre rió.
- Lávate la cara antes de que llegue Amy. – se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.
- ¿Amy?
- Tu madre la llamó para que te acompañara hoy en la noche. – se encogió de hombros. – ya debe de estar por llegar.
- Genial. – susurré mientras me volvía a sentar en el sillón. Mi padre desapareció por la puerta de la cocina y yo volví a coger el móvil.
Busqué el número de Bill y le di al botón verde.
Pero nada, no contestó. Seguro estaba ocupado… o durmiendo. Quizás por la noche no había dormido… y…. no sé, al estar amaneciendo le había dado sueño o algo así.
Me decidí por enviarle un mensaje:
Bill! Me iré mañana por la noche!. Dime en que hotel estás. Cuando puedas me llamas :)
- Está bien. – me siguió. – pero no me golpees, ¿eh? – se separó de mi y alzó los brazos, como si yo le estuviese apuntando con una pistola.
- Me dices que no y yo te aplasto con mi moto, ¿ok?
- No será necesario manchar a tu moto con la sangre de tu bello, consentidor y generoso padre. – abrí los ojos como platos. Me limpié las lágrimas y me lancé sobre él a abrazarlo.
- ¡Papá! ¡Eres el mejor, mejor, mejor de todos! – lo apretujé entre mis brazos mientras el fingía un toz. Estaba tan feliz que podría haberme lanzado en paracaídas. Dios, dios, dios, ¡vería a Bill! ¡Estaría unas semanas más con él! Esto era lo mejor.
- OK, ok. Pero no te pongas tan feliz porque tu madre te acompañará. – ¿Qué? ¿Mamá? ¡Pero si ella es una sobre protectora madre anticuada! Seguro no me dejaba salir por la noche con Bill...
- No hay problema… - después de todo, estaría con “mi chico” y eso era lo que importaba. – ¿Cuando me voy?- me limpié el resto de las lágrimas que tenía pegadas a los ojos y lo miré.
- Mañana por la noche. Fue el primer pasaje que encontramos con tu madre. – le sonreí y lo abracé nuevamente.
- ¡Gracias!
- Y dime… ¿es el chico del otro día?. – hice una mueca de no entender. ¿A qué se refería?. – digo, el del “¡lo amo, lo amo!” – hizo un intento de imitar mi voz, que por cierto le salió bastante gracioso.
- S...si- dije mientras sentía como el color acudía a mis mejillas rápidamente. Mi padre rió.
- Lávate la cara antes de que llegue Amy. – se dio la vuelta y se dirigió a la cocina.
- ¿Amy?
- Tu madre la llamó para que te acompañara hoy en la noche. – se encogió de hombros. – ya debe de estar por llegar.
- Genial. – susurré mientras me volvía a sentar en el sillón. Mi padre desapareció por la puerta de la cocina y yo volví a coger el móvil.
Busqué el número de Bill y le di al botón verde.
Pero nada, no contestó. Seguro estaba ocupado… o durmiendo. Quizás por la noche no había dormido… y…. no sé, al estar amaneciendo le había dado sueño o algo así.
Me decidí por enviarle un mensaje:
Bill! Me iré mañana por la noche!. Dime en que hotel estás. Cuando puedas me llamas :)
Acabé de escribirlo y se
lo envié. Luego de eso metí el móvil en mi bolsillo y subí a mi habitación para
arreglarme antes de que llegara Amy, no quería que me viera así de horrible.
Me lavé la cara y me
limpié todo el rastro de lágrimas.
Después me puse unos jeans blancos ajustados, combinados con una camisa escocesa fucsia y negra… me encantaba. A demás de que era sin mangas y eso estaba genial. Me daba un aspecto algo ruda… pero a de más de eso, era muy femenina, ya que traía unos cuantos vuelos de la misma tela.
Me calcé unas zapatillas anchas blancas y me até el cabello en una coleta alta. Dejando que mi cabello cayera por mis espalda.
Me hice una línea negra en cada ojo y ya estaba lista.
Ahora que lo pensaba Amy se estaba demorando demasiado. A lo mejor mi madre la había despertado con la llamada… eso era lo más probable ya que era temprano. Y a todo esto, no sé como a mamá se le ocurrió llamarla si nunca, nunca, se metía en nuestra relación de amigas. Pero bueno… seguramente se dio cuenta de que necesitaba desahogarme con alguien de mi edad.
Después me puse unos jeans blancos ajustados, combinados con una camisa escocesa fucsia y negra… me encantaba. A demás de que era sin mangas y eso estaba genial. Me daba un aspecto algo ruda… pero a de más de eso, era muy femenina, ya que traía unos cuantos vuelos de la misma tela.
Me calcé unas zapatillas anchas blancas y me até el cabello en una coleta alta. Dejando que mi cabello cayera por mis espalda.
Me hice una línea negra en cada ojo y ya estaba lista.
Ahora que lo pensaba Amy se estaba demorando demasiado. A lo mejor mi madre la había despertado con la llamada… eso era lo más probable ya que era temprano. Y a todo esto, no sé como a mamá se le ocurrió llamarla si nunca, nunca, se metía en nuestra relación de amigas. Pero bueno… seguramente se dio cuenta de que necesitaba desahogarme con alguien de mi edad.
Lo
único que deseaba era que llegase mi amiga. Tenía que preguntarle sobre ella y Tom. Ya que no me lo
había contado y no habíamos tenido tiempo ni oportunidad para hablar.
Ordené un poco mi habitación y a la hora y algo, picaron el timbre.
- ¡Abro yo! – grité mientras bajaba las escaleras. Nadie me respondió. Por lo que pensé que estaban ocupados. Abrí la puerta y en cuanto lo hice, alguien saltó sobre mí.
- ¡Abril, querida! ¿Cómo estás, como te encuentras? – Preguntó Amy.
- ¡Perfectamente! – reí.
Luego de gritar y dar saltitos como unas locas paradas en la puerta, subimos a mi habitación. Ella seguía con la preguntilla esa de “como te sientes”. Pero yo estaba genial.
Ordené un poco mi habitación y a la hora y algo, picaron el timbre.
- ¡Abro yo! – grité mientras bajaba las escaleras. Nadie me respondió. Por lo que pensé que estaban ocupados. Abrí la puerta y en cuanto lo hice, alguien saltó sobre mí.
- ¡Abril, querida! ¿Cómo estás, como te encuentras? – Preguntó Amy.
- ¡Perfectamente! – reí.
Luego de gritar y dar saltitos como unas locas paradas en la puerta, subimos a mi habitación. Ella seguía con la preguntilla esa de “como te sientes”. Pero yo estaba genial.
A media mañana tuve que
tomarme un par de pastillas para el malestar de siempre… de algún modo sabía
que acabaría visitando al médico. Ya que tantos días con esos síntomas no
podían ser normales.
Bill aún no me había devuelto la llamada, debería de estar muy ocupado.
Luego de almorzar, dimos unas cuantas vueltas montadas en los caballos. Yo le había enseñado a montar a Amy, un par de años atrás. Claro que no era tan buena como yo, pero lo hacía mucho mejor que Bill… me reí de mi misma al pensar eso.
Bill aún no me había devuelto la llamada, debería de estar muy ocupado.
Luego de almorzar, dimos unas cuantas vueltas montadas en los caballos. Yo le había enseñado a montar a Amy, un par de años atrás. Claro que no era tan buena como yo, pero lo hacía mucho mejor que Bill… me reí de mi misma al pensar eso.
- ¿Qué haremos hoy por
la noche? – me preguntó Amy mientras se bajaba del caballo. Yo me encogí de
hombros.
- No lo sé. – di un salto y me puse de pié en el suelo. Me sentí mareada.
- No lo sé. – di un salto y me puse de pié en el suelo. Me sentí mareada.
Los efectos de esas
pastillas ya se iban. Y dios... sentía que me desplomaría en cualquier momento.
Achiqué los ojos y le quité la montura a Meer. Amy me imitó.
- ¿Me acompañas a casa?-Le pregunté.
- Claro. – me acerqué a ella y caminamos lentamente hasta llegar… creo que hasta podía ver puntos negros. Me sentía horrible. – creo que te tendrás que cambiar pantalones.
- ¿Qué? – Amy señaló mis pantalones mientras cerraba la puerta y yo los miré... genial. Ya no eran blancos… ahora eran cafés. – genial. – ironicé. – espera, que ya regreso. – me apresuré en ir a la cocina mientras que Amy reía. Allí cogí unas cuantas pastillas y me las tomé de sopetón. Ojala se me pasara pronto.
Me apoyé en el mueble más cercano y me llevé una mano a la cabeza. Esto iba de mal en peor.
Resoplé. Y me encaminé a salir de la cocina intentando parecer estar bien.
- ¿Y que hay con Tom?. – dije en cuanto me asomé. Ella dio un pequeño bote y me miró sonriendo algo… ¿tímida? Este último pensamiento me causó gracia. Amy tímida... como si eso fuera posible.
- Prefiero no hablar de eso. – alcé una ceja. – ¡No te entrometas! – dijo divertida. Pero yo sabía que iba enserio ¿Para qué complicarla más con el asunto? La haría sentir incómoda.
- Bien, como quieras. Pero dime… ¿te gusta?
- Si. – se mordió los labios.
- ¡Uy! – me acerqué a ella y le di un empujoncito. Me sentía como en trance, pero al parecer las pastillas esas me hacían un poco de efecto.
Achiqué los ojos y le quité la montura a Meer. Amy me imitó.
- ¿Me acompañas a casa?-Le pregunté.
- Claro. – me acerqué a ella y caminamos lentamente hasta llegar… creo que hasta podía ver puntos negros. Me sentía horrible. – creo que te tendrás que cambiar pantalones.
- ¿Qué? – Amy señaló mis pantalones mientras cerraba la puerta y yo los miré... genial. Ya no eran blancos… ahora eran cafés. – genial. – ironicé. – espera, que ya regreso. – me apresuré en ir a la cocina mientras que Amy reía. Allí cogí unas cuantas pastillas y me las tomé de sopetón. Ojala se me pasara pronto.
Me apoyé en el mueble más cercano y me llevé una mano a la cabeza. Esto iba de mal en peor.
Resoplé. Y me encaminé a salir de la cocina intentando parecer estar bien.
- ¿Y que hay con Tom?. – dije en cuanto me asomé. Ella dio un pequeño bote y me miró sonriendo algo… ¿tímida? Este último pensamiento me causó gracia. Amy tímida... como si eso fuera posible.
- Prefiero no hablar de eso. – alcé una ceja. – ¡No te entrometas! – dijo divertida. Pero yo sabía que iba enserio ¿Para qué complicarla más con el asunto? La haría sentir incómoda.
- Bien, como quieras. Pero dime… ¿te gusta?
- Si. – se mordió los labios.
- ¡Uy! – me acerqué a ella y le di un empujoncito. Me sentía como en trance, pero al parecer las pastillas esas me hacían un poco de efecto.
- Yo te podría preguntar
lo mismo con respecto a Bill.
- No, no, querida. Bill no me gusta. Yo estoy enamorada de él. – puse énfasis en esas palabras. Amy abrió la boca en forma de “O”, fingiendo sorpresa.
- ¡No me digas! ¡No lo sabía!... ¡Sabes que uno no se da cuenta al mirarte! – dijo irónica.-Es coo si lo tuvieses escrito en la frente- Yo puse los ojos en blanco y luego busqué el control de la TV. Lo cogí y lo encendí mientras le decía a Amy:
- A ver si nuestros chicos están por aquí. – sonreí de medio lado y me lancé en el sillón. Amy se lanzó a mi lado.
Nada, no estaban en el canal de música ese.
- Que mala suerte – Amy bufó. Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que se me vino algo a la cabeza. – Mi madre te despertó, ¿verdad? – la miré.
- Si… ¡Pero todo sea por mi mejor amiga! – se acercó a mí y me abrazó. Seguidamente me dio un sonoro beso en la mejilla y pegó nuestros rostros mirando haciala
TV. – cuando salgas con Bill me llevarás contigo a las giras,
¿no? Así yo podría ver a Tom.
- ¿Con que con esas estamos? ¡Eres una interesada! – la aparté de mí y me crucé de brazos con enfado fingido.
- ¡Oh, vamos! ¿O no harás eso por tu mejor amiga?
- Aún no salgo con Bill, querida. - Amy se echo a reír y me abrazó nuevamente.
- Eres estúpida. Tengo hambre. – añadió luego.
- Ve a por algo de comer. – me recosté en el sillón y ella frunció el ceño.
- ¡Es tu casa!.
- Y tú eres mi mejor amiga. – le sonreí. Ella negó con la cabeza en signo de desaprobación y desapareció por la puerta de la cocina.
Y allí estaba yo, sola nuevamente y con un dolor de cabeza que me moría y unas horribles ganas de vomitar. Respiré hondo… ya se me pasaría… si.
Me había tomado esas pastillas, y las veces anteriores me habían hecho efecto y ahora también lo harían. Seguramente. Sólo tardaba.
Apoyé mis codos en mis rodillas y mi cabeza en mis manos. Suspiré. Cerré los ojos y le bajé un poco el volumen a la TV. Intenté no pensar en nada mientras me masajeaba las sienes con los dedos.
- Te saqué un poco de leche. – dijo sentándose a mi lado, provocando que el sillón se moviera un poco... dios, iba a vomitar. Levanté la vista y me encontré con una vaso frente a mi. – también traje uno para ti, mejor amiga. – dijo en broma. Yo le sonreí, aunque más que una sonrisa fue una mueca un tanto extraña y cogí el vaso. Me di cuenta de que mi mano temblaba.
- Gracias. – me lo acerqué a la boca y bebí un sorbo. Tragué. Enseguida sentí como el estómago me daba vueltas. Me llevé la mano a la boca y dejé caer el vaso. Amy gritó algo mientras yo me levantaba del sillón rápidamente y me echaba a correr hacia el baño. Llegué allí. Cerré la puerta con llave y me apoyé en ella. No quería vomitar.
- No, no, querida. Bill no me gusta. Yo estoy enamorada de él. – puse énfasis en esas palabras. Amy abrió la boca en forma de “O”, fingiendo sorpresa.
- ¡No me digas! ¡No lo sabía!... ¡Sabes que uno no se da cuenta al mirarte! – dijo irónica.-Es coo si lo tuvieses escrito en la frente- Yo puse los ojos en blanco y luego busqué el control de la TV. Lo cogí y lo encendí mientras le decía a Amy:
- A ver si nuestros chicos están por aquí. – sonreí de medio lado y me lancé en el sillón. Amy se lanzó a mi lado.
Nada, no estaban en el canal de música ese.
- Que mala suerte – Amy bufó. Nos quedamos en silencio unos minutos hasta que se me vino algo a la cabeza. – Mi madre te despertó, ¿verdad? – la miré.
- Si… ¡Pero todo sea por mi mejor amiga! – se acercó a mí y me abrazó. Seguidamente me dio un sonoro beso en la mejilla y pegó nuestros rostros mirando hacia
- ¿Con que con esas estamos? ¡Eres una interesada! – la aparté de mí y me crucé de brazos con enfado fingido.
- ¡Oh, vamos! ¿O no harás eso por tu mejor amiga?
- Aún no salgo con Bill, querida. - Amy se echo a reír y me abrazó nuevamente.
- Eres estúpida. Tengo hambre. – añadió luego.
- Ve a por algo de comer. – me recosté en el sillón y ella frunció el ceño.
- ¡Es tu casa!.
- Y tú eres mi mejor amiga. – le sonreí. Ella negó con la cabeza en signo de desaprobación y desapareció por la puerta de la cocina.
Y allí estaba yo, sola nuevamente y con un dolor de cabeza que me moría y unas horribles ganas de vomitar. Respiré hondo… ya se me pasaría… si.
Me había tomado esas pastillas, y las veces anteriores me habían hecho efecto y ahora también lo harían. Seguramente. Sólo tardaba.
Apoyé mis codos en mis rodillas y mi cabeza en mis manos. Suspiré. Cerré los ojos y le bajé un poco el volumen a la TV. Intenté no pensar en nada mientras me masajeaba las sienes con los dedos.
- Te saqué un poco de leche. – dijo sentándose a mi lado, provocando que el sillón se moviera un poco... dios, iba a vomitar. Levanté la vista y me encontré con una vaso frente a mi. – también traje uno para ti, mejor amiga. – dijo en broma. Yo le sonreí, aunque más que una sonrisa fue una mueca un tanto extraña y cogí el vaso. Me di cuenta de que mi mano temblaba.
- Gracias. – me lo acerqué a la boca y bebí un sorbo. Tragué. Enseguida sentí como el estómago me daba vueltas. Me llevé la mano a la boca y dejé caer el vaso. Amy gritó algo mientras yo me levantaba del sillón rápidamente y me echaba a correr hacia el baño. Llegué allí. Cerré la puerta con llave y me apoyé en ella. No quería vomitar.
Sentí como me iba
cayendo poco a poco y todo se volvía negro.

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