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19 febrero, 2013

My obsession /EPILOGO



























EPILOGO


Me gusta el mar.
Sentir la arena entre mis dedos, el sol quemándome la piel, oler la sal en el aire y observar el horizonte me llena de paz, me hace sentir tranquila. Y estoy mucho más tranquila teniendo a Bill conmigo. Puedo sentir su respiración en mi cuello, su pecho chocando con mi espalda, sus brazos rodeándome el cuerpo y sus manos sobre mi enorme barriga.
Hoy es un día especial. Hace exactamente dieciocho meses que Bill y yo estamos juntos, como novios oficiales. Y la mejor idea que se nos pudo haber ocurrido ha sido venir a la playa.
Tomo sus manos con cuidado y entrelazo nuestros dedos, sus manos están heladas.
—Estás helado.
—No tengo frío ¿Tú cómo te encuentras, amor? —he escuchado esa misma pregunta cerca de quinientas veces desde que Bill se enteró del bebé que viene en camino. Se preocupaba en exceso, hacía todo por mí, poco faltaba para que me duchara y vistiera él mismo. Obviamente yo no iba a permitirlo. Estaba embarazada… no era una enfermedad mortal o algo así.
—Bien… —sentí el contacto de sus labios sobre mi hombro.
—Ya sabes que sientes mal o quieres algo puedes decírmelo y yo…
—Bill, ya basta… —reí, cortándolo. Giré la cabeza hacia el lado y lo besé en la mejilla. Me acomodé mejor sobre su pecho y comencé a jugar con mis pies en la arena.
—Me preocupa que le pase algo a nuestro pequeño Louis —¡¿nuestro pequeño Louis?!
—Yo no llamaré Louis a mi hijo.
—Pues dime un nombre que sea mejor… —y comenzábamos con la discusión de siempre.
—Oscar, Sean, Eduardo, Connor o… Mike —la verdad es que otros nombres no se me venían a la cabeza. Me costaba pensar en un nombre para el bebé, a ambos nos costaba, ningún nombre era lo suficientemente bueno.
—No me gustan… —se quejó.
—Tampoco a mí —suspiré —podríamos llamarlo Michael. Ya sabes, como Michael Jackson o Michael Jordan.
—O Mickey como Mickey Mouse, o Winnie como Winnie the pooh… —se estaba burlando de mí.
—¡Oye! Te estoy hablando enserio —me quejé.
—También yo.
—Haz estado toda la tarde diciendo estupideces —volví a quejarme.
—Porque quieres llamar a nuestro hijo “Michael” —hizo comillas con los dedos, soltando mis manos.
—Estaba dando una sugerencia, tampoco es obligación ponerle ese nombre. Si no te gusta no se lo ponemos y ya —fruncí el ceño, separándome un poco de él. Me acomodé sentándome de tal manera que quedáramos frente a frente. Bill miró fugazmente mi panza y luego mi rostro.
—¿Y cómo se llamará entonces? Será el único chico de su clase que no tenga nombre… ¿Y cuando quieras regañarlo y le grites que baje a comer? ¿Acaso vas a decirle: eh, niño, es hora de comer? O tú, mocoso o…
—…Hijo —lo corté —y vamos a encontrarle un buen nombre que no será Louis.
—Pero me gusta Louis —insistió —nunca consideras mis opiniones —abrí los ojos como platos ¿Estaba peleando conmigo?
—¡Claro que las considero, pero tú…!
—Tuve que quedarme aquí ¡por ti!, dejé mi trabajo, a mi hermano y mi madre en Alemania. Todo por ti —me cortó. Sentí que el calor se me subía al rostro… me lo estaba echando en cara, era eso ¡Pero si cuando yo le había propuesto que se quedara había aceptado encantado! Además Tom venía seguido y Simone una vez al mes. Todo cortesía de papá, claro.
—¡Vienen la otra semana! —solté indignada —pensé que te habías quedado porque querías, si hubiese sabido que ibas a aceptar sintiéndote obligado no te lo pedía —me levanté de golpe. Bill se levantó también, se sacudió los pantalones.
—¿E irme sin ti? ¡Querías quedarte, es obvio que yo tenía que quedarme contigo! —rolé los ojos ¿Cómo no lo pensé antes? Era obvio que esto iba a pasar, estaba obligando a Bill a estar lejos de su hogar.
—Volveremos a Alemania en cuanto nazca el bebé, tampoco es para tanto… —me crucé de brazos, apartando la mirada.
—Son dos meses más aquí —bien, si a él tanto le molestaba quedarse conmigo en LA, pues… que se vaya.
—Ok, entonces tal vez yo deba volver a casa y tú debas irte a Alemania —solté brusca, lo primero que se me vino a la cabeza.
—Tal vez debamos volver a Alemania. Los dos —tomó mi mano, la solté y me aparté de él.
—Tal vez tendrás que irte solo.
—Tal vez tienes que cerrar la boca —¡¿Qué cerrara la boca?! Oh, no, de esta sí que no te salvas Bill Kaulitz.
—Tal vez no quiero —respondí seca. Lo aparté de un empujón y di media vuelta, comenzando a caminar.
—Tal vez tengamos que llamar Louis a nuestro hijo —lo oí decir a mis espaldas. Me volteé sólo un momento para contraatacar.
—Tal vez Michael —continué mi camino hacia la dirección en la cual, según recordaba, estaba el coche.
—Tal vez estoy haciendo que te enojes a propósito porque te vez linda —gritó —tal vez me gustó quedarme aquí. Tal vez si tengo un trabajo asegurado al volver a Alemania en dos meses, tal vez te amo mucho como para marcharme.
—Estás loco —grité, sin girarme. Bill se estaba burlando de mí, era un juego para probar mi paciencia. Ahora estaba mucho más enojada que antes.
—Tal vez… debas casarte conmigo —lo oí tan cerca de mi oído que un escalofrío me recorrió el cuerpo por completo obligándome a detenerme. Enseguida sentí su mano en mi muñeca. Me giró, hasta quedar frente a frente. Aún no podía asimilar las palabras que acababa de pronunciar. Yo… seguramente estaba quedando… sorda. Con su otra mano levantó mi rostro, con suavidad. Observé sus ojos miel temiendo encontrarme con una expresión burlona de te la creíste. Pero no, estaba serio. Deslizó su mano desde mi muñeca hasta entrelazar nuestros dedos —¿quieres casarte conmigo? —soltó mi rostro, metió su mano por el bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña cajita negra. Abrí los ojos como platos, con el corazón latiéndome a mil kilómetros por hora, esto no podía ser verdad. Soltó mi mano y abrió la cajita. Me quedé sin respiración. Un anillo. Volví a mirar a Bill, con la boca abierta. Me estaba pidiendo que me casara con él, era real, estaba la prueba… era el anillo —¿Mery…? —llamó mi atención. Tragué saliva costosamente y me llevé la mano a la panza de forma involuntaria. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Volví a mirar a mi novio, sin poder creérmelo aún —vas a matarme si no me contestas, Mery… —habló inquieto. Miré el anillo nuevamente. Me di cuenta de que su mano temblaba, al igual que mis piernas y todo mi cuerpo en general.
—Sí. Si quiero casarme contigo, Bill —me mordí el labio inferior, reprimiendo las ganas de gritar. Bill sacó el anillo de la cajita y enseguida tomó mi mano, separándola de mi panza. Puso el anillo con cuidado en su lugar. Lo sentí frío y cálido a la vez, era como si quemase esa zona de mi piel. Lo miré, fijándome esta vez en la piedra azul que lo adornaba.
—Es el color de tus ojos —Bill soltó mi mano con suavidad y tomó mi rostro entre sus manos, limpiando mis lágrimas con sus dedos.
—¿Ah, si?
—Claro —me besó en la mejilla. Se separó de mí y me miró con una enorme sonrisa en los labios.
—Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, ¡Gracias! —me lancé a sus brazos. Bill me abrazó con cuidado de no aplastar al pequeñito.
—¿Gracias?
—Sí, gracias por quererme Bill —me separé un poco de él, para mirarlo.
—Te amo —enfatizó.
—Yo también te amo —sonreí.
—Gracias, entonces.
—Ven aquí, tonto —tiré de su camiseta, me puse de puntillas y me lancé a sus labios.





My obsession /Capítulo 69























CAPITULO 69


Contuve la respiración si saber qué hacer y sin poder evitar buscar sus ojos. Ella apartó la mirada de golpe. Verla allí, saber que estábamos en la misma habitación, que era ella… parecía irreal. Pero… era real. Era Meer, mi pequeña. El alivio me recorrió el cuerpo por completo e incluso me sentí con más fuerzas, aunque eso no me quitó el nerviosismo y la desesperación. Tragué saliva costosamente.
—Sí, em… yo iba al baño, si —murmuró Liam antes de salir del lugar casi corriendo. Y es que podía sentirse lo tenso que estaba el ambiente, yo también habría corrido al estar en su lugar.
Nos quedamos solos. Ella no quería mirarme, evitaba mis ojos a toda costa. Observé que estaba sin zapatos y me di cuenta entonces de que tenía el cabello mojado, traía unos shorts y la parte de arriba de un bañador, me di cuenta que algo no estaba bien en esa zona, digo, estaba diferente, quizás eran ilusiones mías. Entonces lo recordé. Mis ojos se clavaron, sin yo poder evitarlo, en su panza. Era imposible que hubiese algo allí. Vamos, no era el mismo vientre plano que recordaba pero era tan pequeña que…
¿Y si Isabella me había mentido?
—¿Qué haces aquí? —un escalofrío me recorrió el cuerpo al escuchar su voz. Me miró durante unos segundos, para después volver a bajar la mirada y entrelazar sus brazos. Me di cuenta de que tenía un aspecto demacrado… me fijé sobre todo en las enormes ojeras alrededor de sus ojos. No pude evitar sentirme culpable por todo esto. Y es que todo era mi culpa, a decir verdad.
—Yo… —no lograba pensar en una frase coherente para decirle. Sentí el fuerte deseo de acercarme a ella y abrazarla. Estábamos bastante alejados y la necesidad de tenerla entre mis brazos era más fuerte que cualquier otro sentimiento de nerviosismo o temor a su reacción —perdóname, Mery —respiré con fuerza, ella volvió a mirarme, con la boca entreabierta y los ojos humedecidos —me comporté como un estúpido, perdóname. Lo hice sin pensar, yo… me equivoqué —dejé de hablar incoherencia y esperé alguna respuesta de su parte, pero ella ni siquiera se movió —lamento haber olvidado nuestro aniversario, y lamento haberte gritado y haberme enojado… y haber dejado que te fueras. Soy un tonto, por favor perdóname —ya comenzaba a desesperarme, ella no me respondía, se limitaba a observarme sin quitarme los ojos de encima —por favor… —el tono de mi voz había delatado lo desesperado que me encontraba en este momento.
La habitación quedó en completo silencio. Y comencé a plantearme la idea de arrodillare en el suelo y suplicar su perdón a gritos.
—B…Bill —su voz se quebró y comenzó a sollozar. Me quedé de piedra, observando cómo se llevaba las manos a los ojos con fuerza para limpiarse las lágrimas. Sentí ganas de llorar yo también. Me mordí el labio interior —Bill… —volvió a repetir sin dejar de llorar —Es…estás aquí —y eso fue todo, no necesitaba una palabra más. Simplemente me apresuré a llegar donde ella se encontraba y tomé sus manos, que aún seguían sobre sus ojos.
—Tranquilízate, no llores… por favor —le pedí casi suplicando. Si ella seguía así yo también comenzaría a llorar. No me gustaba verla así, estaba sufriendo.
—Bill… —repitió mi nombre por tercera vez. Se mordió los labios, sin dejar de soltar lágrimas e intentando ya no sollozar, cosa que no lograba… pues su cuerpo se convulsionaba más y más.
—Perdóname —tomé su rostro entre mis manos —amor, perdóname… —limpié sus lágrimas con mis dedos, sintiendo la suavidad de sus mejillas y escuchando su fuerte respiración.
—Pensé que no vendrías —y todos mis intentos de calmarla fueron en vano, pues ella comenzó a llorar más fuerte. La abracé, y ella me apretó entre sus brazos con fuerza. Estaba seguro de que mi corazón se escuchaba en toda California. No sabía aún como me sentía, era un huracán de sentimientos inexplicables. Me aferré a su cuerpo como si mi vida dependiera de ello y hundí mi rostro en su cabello húmedo. Al fin la tenía entre mis brazos, después de todos estos días interminables y angustiosos, ella estaba conmigo. Había cruzado el océano sólo para buscarla y pedirle disculpas… y ahora la tenía pegada a mí cuerpo, ahora podía protegerla. Cerré los ojos con fuerza, deseando que ella dejara de llorar. Odiaba verla así —pensé que nunca volvería a verte —su voz temblaba, ella temblaba. La sostuve con fuerza en el momento en que sus rodillas fallaron, tragándome las lágrimas. Tenía bastantes ganas de llorar pero no podía hacerlo ahora que Meer estaba mal.
—Mery…—intenté separarla de mi para poder ver su rostro, pero ella se aferró con más fuerza a mi cuerpo preciosa, lo siento mucho, de verdad. No sabes lo mal que me siento, perdóname —acaricié su espalda con cuidado, temiendo alguna reacción por parte de ella.
—Y…yo, yo exageré —habló sin depararse de mi —no tendría que haberme ido, es mi culpa también, perdóname. Soy una tonta —esto sí que no me lo esperaba. Mery no podía echarse la culpa de algo que yo había hecho. También se sentía culpable con lo que estaba pasando aunque ella no hubiese hecho nada malo. Simplemente había huido y de algún modo la comprendo, yo me comporté muy mal.
—No, no, tú debes perdonarme —se quedó en silencio, ya un poco más calmada —sabes que te amo, Mery… nunca volverá a pasar algo así, lo prometo. Pero debes perdonarme, por favor… —intenté tomar su rostro y separarla de mí, nuevamente. Quería ver sus ojos. Esta vez ella se dejó hacer, apartándose un poco pero sin soltarme —¿puedes perdonarme? —pregunté. Observé sus ojos, estaban rojos, al igual que sus mejillas. Aun así seguían siendo hermosos y completamente hipnotizantes. Podría quedarme horas y horas observándola sin hartarme. Mis ojos bajaron entonces hacia sus labios. Tenerlos así de cerca me hacía estremecerme tan sólo de las ganas que tenía de besarla —¿Pu…puedes hacerlo? —ella asintió levemente, mordiéndose los labios. Sentí que sus manos apretaban mi camiseta en mi espalda, con fuerza.
—Pero debes… debes prometerme a… algo —hipó. Ella tomó mucho aire y se quedó en silencio.
—Lo que sea, amor, cualquier cosa… —cerré los ojos y me acerqué más a ella, a su rostro. Al punto en que nuestras narices se rozaron.
—Debes prometerme q…que nunca más pasaremos por esto —suspiró con fuerza. Besé su mejilla húmeda, sintiendo el sabor de sus lágrimas en mis labios.
—Lo prometo —y esta promesa sí que iba en serio, la cumpliría así tuviera que morir en el intento. A mí tampoco me había causado gracia estar en una situación así.
—Y que nunca vas a dejar de quererme —Eso nunca. Si no había podido dejar de quererla en esos tres años que ella estuvo lejos, era mucho menos probable deja de quererla ahora. Después de que habíamos vivido todo esto. Ella mi chica, mi pequeña y eso nunca cambiaría. El amor nunca acabaría, no lo permitiría.
—Prometo nunca dejar de amarte —remarqué la última palabra. Lo nuestro no era simple cariño, no. Esto era algo más grande, algo mucho más grande. Amor. Yo estoy enamorado de Mery, bobamente enamorado desde hace años. Y eso nunca va a cambiar, no puede cambiar. Estoy loco por ella desde ese día en que nos vimos en la tienda y loco estaré hasta la muerte.
—Yo tampoco dejaré de amarte, Bill —susurró, con la voz temblorosa. Rocé sus labios despacio, con suma delicadeza. Estaban tibios y salados… claro, había estado llorando. Acaricié sus mejillas con mis dedos, mientras me dejaba llevar por los sentimientos. Los labios de Mery me habían devuelto a la vida, eran lo que había estado necesitando todo este tiempo… necesitaba una razón para estar vivo, para luchar, para tener fuerzas… y esa razón estaba aquí, conmigo.
Esa razón era Mery, mi obsesión.
—Bill… —murmuró separándose un poco, sin llegar a soltarme. La miré, ella también me miró. La noté un poco nerviosa —fui… fui yo quien terminó contigo ¿recuerdas? —asentí. ¿Cómo no recordarlo? Fue el doloroso motivo de este viaje —quiero pedirte que seas mi novio de nuevo —me quedé sin respiración. Me había perdonado, era definitivo ¡Me había perdonado! Me sentí tan feliz que me dieron ganas de salir a la calle y gritarle a todo el mundo que amo a Mery, que es mi chica. Hice un esfuerzo para regular mi respiración y los latidos de mis corazón, pero no funcionó.
—Hum, bueno… tenía la intención de pedírtelo yo —bromeé —ya sabes, porque a vez anterior también lo hiciste tú —Mery sonrió ampliamente, soltando una risita. Lo recordaba, sí. Ese día en el aeropuerto, cuando fuimos a despedir a Emma. Aún recuerdo como corría graciosamente hacia mí con la pierna rota.
—Bien… puedes pedírmelo tú entonces.
—Mery, ¿quieres ser mi novia? —pregunté. Sentí una presión agradable en el pecho.
—Si —sonreí.
Suspiré aliviado. Volví a abrazarla, con el corazón latiéndome de una forma bestial. Este es uno de esos momentos es que me siento la persona más feliz del planeta. Y es que lo soy… soy la persona más feliz de planeta porque tengo a Mery conmigo, siendo mi novia de nuevo.
—Gracias, amor —murmuré, cerrando los ojos con fuerza. Me pregunté si todo esto era un sueño… parecía tan irreal. Nunca podría haberme imaginado que mi pequeña reaccionaría de esta manera, ni en el mejor de los casos. Es por eso que todo esto era muy extraño, pero a la vez me gustaba. Era un momento de felicidad absoluta. Un momento que se vio interrumpido cuando ella se separó de mí de golpe, escapándose de mis brazos sin que yo me diera cuenta. Retrocedió un paso hacia atrás cuando intenté acercarme de nuevo.
Se notaba asustada. Eso me asustó a mí también.
De pronto todo se había vuelto confuso e inexplicable ¿A qué venía todo esto? me miraba como si se arrepintiera de haber cometido el peor de los delitos.
—¿Qué pasa? —ella negó con la cabeza repetidas veces, sus ojos comenzaron a humedecerse nuevamente —me preocupas, Mery—hablé serio. Lo que estaba pasando era bastante serio. Se había puesto así de la nada y sin explicación aparente ¿Acaso yo había hecho algo mal?
—Perdóname, Bill —se llevó una mano a los ojos y comenzó a sollozar ¿Era idea mía o Mery estaba sensible al extremo? Nunca antes la había visto así, comenzaba a temer por su salud mental. Se estaba volviendo loca.
—No tengo que perdonarte nada, no has hecho nada malo, amor… ¿verdad? —a no ser que… que ese tal Liam no fuera su hermano y Mery hubiese estado con él estos días. Me estremecí, si era así iba en este mismo momento a romperle la cara a ese…
—Tengo miedo —Cortó mis pensamientos. Sonaba como una niña pequeña e indefensa. Temí que algo malo estuviera pasando, sobre todo por Liam que ya se me había metido en la cabeza. Lo mataría.
—¿Por qué? —pregunté. Con lo que me había dicho no me dejaba nada claro todavía. Sus palabras no podían interpretarse de ninguna manera, a no ser que se tratara de…
—Porque… ogh, Bill… yo… voy a echar a perder tu vida, lo siento mucho, de verdad. Mira, no estás obligado a nada, puedes dejarme, olvidarte de mí y… y seguir con tu vida como si nada de esto hubiese pasado —hablaba tan rápidamente que me costaba entenderlo —de verdad no quiero que seamos —¿seamos?  —un estorbo para ti porque ese día me sentí muy mal y entiendo que tienes que hacer otras cosas y ocuparte de tu trabajo en vez de ocuparte de nosot… de mi —me quedé en shock. Había dicho nosotros, había hablado en plural. Era… era cierto. Mi Mery estaba… ella estaba…
—Nosotros —repetí sus palabras, luego de unos segundos de más, ignorando todo lo demás que había dicho. Mi atención sólo se había fijado en esa parte de su cuerpo que me interesaba y asustaba a la vez.
—Estoy... —se quedó muda y sin dejar de temblar ni mirarme.
—¿Estás embarazada? —pregunté de golpe. Ella salió del trace y miró sus pies, jugando con sus dedos, aun llorando. Asintió —¿estás… segura? —pregunté, sintiendo un nudo en la garganta. Estas no eran palabras livianas —¿Tienes síntomas? ¿Te hiciste pruebas? ¿Has ido al médico?
—En la ma…mañana fui al médico y… —rompió a llorar con más fuerza, llevándose ambas manos al rostro. Me acerqué al instante y le quité el cabello de la cara con suavidad —puedes irte si quieres —espetó.
—No quiero —me apresuré en hablar —¿qué te hace pensar que quiero irme? ¿estás loca? —quité sus manos de su rostro —¿Piensas que voy a dejarte sólo porque estás embarazada? ¿De verdad piensas que soy así, Meer? —la miré seriamente, analizando su expresión. Ella negó con la cabeza, para luego encogerse de hombros.
—Soy una tonta —comenzó a llorar nuevamente. Vale, si, había escuchado en alguna parte que algunas mujeres estaban más sensibles durante sus primeros meses de embarazo. Mery era una prueba viviente.
—Claro que no, amor… —hablé, lo más comprensivo posible, para hacerla sentir mejor.
—Y lo peor es que aún no se lo he dicho a papá —me tensé. Y aunque estuviese totalmente asustado intenté mantener la calma.
—Se lo diremos… después. No pasa nada, debes tranquilizarte —la abracé, acariciando su espalda con cuidado. Ella dejó de llorar en un instante y comenzó a acariciar mi pecho, sobre la camiseta, con los dedos —a final de cuentas es una noticia maravillosa —sonreí —tendremos un bebé… ¡vamos a ser padres, amor! —la separé lo suficiente como para plantarle un beso en los labios. Un beso de esos. Mery rio.
—No sé por qué pensé que no te agradaría la noticia —se ruborizó al instante. Amaba verla ruborizada, era tan… tierna.
—¿Cómo no va a agradarme? ¡Es la mejor noticia del mundo! —sonreí ampliamente —ahora deja de llorar. Estamos en LA, hay que divertirnos —alcé una ceja —además, estamos juntos…
—Tienes razón —se puso de puntillas para alcanzar mi labios. La tomé por la cintura, levantándola del piso. Mery tomó mi rostro entre sus manos, sin dejar de sonreír.
—Te extrañé mucho, amor.
—Y yo a ti —me besó.
—Tienes una pinta horrible —dijo al separarnos —¿haz dormido bien?
—Yo tendría que hacerte la misma pregunta —ella asintió. Besándome en la mejilla.
—Es que he estado llorando, ya sabes —habló con un tono de broma.
Recordé entonces el regalo para mi novia que había quedado en casa de Emma. Este habría sido un momento ideal para dárselo. Pero lo había olvidado. Quizás… quizás lo dejaría para otra vez.
—¿No tienes así como ganas de comer chocolate? —comencé a reír —es enserio —se puso seria, como si estuviese hablando de algo sumamente importante.
—Hum… ¿ya tienes antojos? —volví a besarla en los labios. La dejé en el suelo con cuidado, apartándola un poco de mí. Ella me miró confundida por un momento, hasta que se dio cuenta de lo que yo pretendía hacer. Puse con cuidado mi mano en su pancita. Estaba tibia, casi plana… casi igual que antes.
—Es pequeñito aún, Bill —suspiré.
—¿Crees que tenga tus ojos? —pregunté, sin dejar de acariciar su panza.
—No lo sé, pero espero que tenga los tuyos —la miré, como si estuviera loca ¿Los míos? Los míos no tenían absolutamente nada de especial.
—Claro que no, tú tendrás los ojos de mamá —le hablé a la panza.
—Que tonto eres —se burló. Tomó mi mano que seguía en su vientre y entrelazó nuestros dedos —llegaste justo a tiempo —me miró emocionada ¿Justo a tiempo?
—¿Para qué?
—Mañana se casa papá. Iremos juntos ¿verdad? —asentí. Si me lo pedía con esa carita no podía decirle que no —vamos a tener que ir de compras entonces…
—¿Ah?
—Por tu traje —se puso de puntillas para besarme en los labios —vamos, vamos a la cocina que hay chocolates —me tironeó comenzando a caminar —mm… últimamente el chocolate es mi obsesión.
Me detuve y tiré de su brazo, ella se volteó asustada.
—Últimamente tú eres mi obsesión —afirmé serio. Y antes de que ella pudiera decir algo, la tomé por la cintura y la pegué a mi cuerpo para así unir nuestros labios en un beso.
—Te amo.
—Te amo —hablamos a la vez. Nos echamos a reír.
Mery tomó mi rostro entre sus manos, dándome otro beso. Esta vez era un beso de esos.

Lo había logrado. Había cruzado el océano sólo para buscarla… y ahora la tenía a mi lado.
Definitivamente era la persona más feliz del planeta. Tenía a la chica más hermosa, que me amaba. Y también tenía un muy pequeño… hijo.
No podía pedirle más a la vida, ya lo tenía todo.
Eres mi vida y mi muerte, el centro de mi mundo, la razón de mi existencia, el propósito de mis sueños, todo… tú eres mi obsesión.



My obsession /Capítulo 68


























CAPITULO 68


Abrí los ojos de golpe al darme cuenta de donde me encontraba. Estaba aquí, en LA. No era un sueño.
Me levanté tan rápido que me dolió la cabeza, salí de la cama y me asomé a la ventana. Era de día, y seguía haciendo un calor tremente, eso me gustó. Busqué ropa y me metí en el baño, me di otra ducha y me preparé para buscar a Mery. Lo hice todo tan rápido que en menos de media hora ya me encontraba bajando las escaleras y buscando a Emma.
Miré la hora en el reloj que había en la pequeña sala, las cuatro. No pude creer que hubiese dormido tanto… eso explicaba mis ánimos repentinos.
En ese momento la puerta de la casa se abrió, pegué un salto del susto y me giré.
—Veo que ya despertaste —Emma sonrió ampliamente, entrando en la casa —podrías ir pasando a la cocina para “desayunar”, Romeo —se burló. No supe que decir, los nervios ya se habían apoderado de mí. Con cada minuto que pasaba yo estaba más y más cerca de mi Mery.
—No creo que pueda desayunar —hablé con la voz temblorosa ¿cómo podría hacerlo? En estas circunstancias lo que menos me preocupaba era comer.
—Tienes que alimentarte, el desayuno es la comida más importante del día ¿sabías? —me examinó durante un par de segundos para luego suspirar —está bien. Estás tan nervioso que si comes algo lo vomitarás, entiendo.
—No es tan así… —intenté negar lo obvio. Esto era vergonzoso. Pero es que con semejante nudo en la boca del estómago... quería verla, en este momento. Quiero a Mery conmigo.
—Como sea… ¿vamos ahora o…?
—Ahora —la corté de golpe, sintiendo como el corazón se me aceleraba. La vería, al fin… luego de días agonizando. Iba a tener la oportunidad de pedirle disculpas. Respiré hondo, intentando calmar el pulso.
—Ok, vamos —me hizo una seña con la mano y abrió la puerta. La seguí.
Nos subimos en su coche, ella lo hizo partir y encendió la radio.
—La casa de Meer queda un poco lejos… así que es mejor que te vayas acomodando —asentí, sin poder contestar.
Miré hacia la ventana, sin poder evitar escuchar a Emma cantando las canciones de la radio. Sin darme cuenta comencé a jugar con mis dedos y a morderme los labios.
¿Qué le diría al verla? Dios, me lo había preguntado tantas veces sin llegar a algo apropiado ¿Tendría que comportarme distante? ¿Dejar ver lo desesperado que estaba? ¿Tendría que preguntarle por el embarazo o me lo diría pensando en que yo aún no lo sé? Se supone que no lo sé. No creo que Isabella le contara que me lo había dicho. Si Mery se enterara de que yo ya lo sé podría enojarse aún más, estoy seguro.
Yo… necesito un plan. Un buen plan, saber qué hacer en el momento en que entre en su casa ¿Estaría su padre? Cerré los ojos con fuerza. La idea de encontrarme con un suegro furioso me pone de los nervios. Aunque, según lo tengo entendido en la consentía mucho, me refiero a ese tiempo que Mery pasó aquí cuando esa mujer que se hace llamar su madre la alejó de mí. Aunque todo cambió cuando ella se fue de la casa de su madre a vivir conmigo. Sí, es definitivo, su padre me va a odiar. Por llevarme a su hija, entre otras cosas mucho peores. Ahg, en todo caso el tema de su padre no importa mucho… lo que me preocupa sobre todas las cosas es que Mery me perdone. En estos momentos me doy cuenta de que fui más idiota de lo que anteriormente había pensado, mucho más idiota, al tratar a Mery de esa manera y al no recordar nuestro aniversario. Nunca pensé que sería un novio tan malo, soy de lo peor. Vamos, es que es un año. Es importante.
Oh, lo olvidé. Olvidé su regalo atrasado en casa de Emma. Genial, Bill. Cada vez vas mejor. Irónicamente hablando.
—Voy a llamar a Meer, para que esté en casa —cortó mis pensamientos. Ella marcó el número rápidamente y se llevó el móvil al oído —hola, cariño… ¿Cómo estás, te sientes mejor? —me tensé. Sabía que mi princesa estaba del otro lado de la línea y eso era suficiente como para ponerme como un loco —que bien… ¿estás en tu casa? ok, no te vayas porque yo ya voy llegando, ¿vale?... nah, ni tan cerca, en unos cuantos minutos… vale… no, si, ok —rio —nos vemos, bye —cortó, para luego mirarme fugazmente. Yo la había estado observando durante toda la conversación telefónica, más que nervioso —está en casa, tienes suerte —sonrió. Imité el gesto y volví a lo mío sin decir una palabra. Estaba seguro de que si hablaba diría una idiotez, y es que incluso comenzaba a darme calor, me estaba desesperando. Quería a Mery más que nada en el mundo… y a medida que los segundos avanzaban esto se hacía más y más insoportable, ansiaba verla, escuchar su voz, sentirla contra mi cuerpo, tenerla entre mis brazos, besarla… deseaba con todas mis fuerzas llegar a su lado. Y el viaje parecía interminable.
—¿Cuánto falta? —pregunté, sin pensarlo.
—Cinco minutos, no seas impaciente —miré el reloj del coche. Cinco minutos… faltaban cinco minutos para que dieran las cinco y quince.
Intenté mantener quietas las piernas, todo esto se estaba convirtiendo en una agonía. Y es que si no veía a Mery en cinco minutos corría a buscar el primer edificio alto y me lanzaba.
Luego de siete angustiantes y largos minutos, Emma detuvo el coche frente a… se me hizo imposible encontrara una palabra adecuada ¿casa o… qué? Era enorme.
Tragué saliva costosamente. Emma se bajó del coche, invitándome a hacerlo yo también. Nos acercamos a la reja de la entrada… miré hacia el interior, habían dos coche estacionados allí, cerca de una casa enorme, más o menos alejada… había un jardín amplio en la entrada y estaba muy bien arreglado.
Emma le dio a un timbre y enseguida saludó a una cámara y comenzó a explicarle a alguien que había traído a un amigo de Meer y cosas que yo no quise escuchar, mientras examinaba el lugar embobado.
—Bill… —me llamó la chica.
—¿Si?
—Ahora sigues solo, ve —señaló la reja. Estaba abierta. Entré en pánico… ¡Emma me iba a dejar aquí!
—¿Te vas? ¿No me acompañas? —pregunté alarmado.
—Claro que no… vuelvo en un rato a ver qué pasó o a buscarte. Recuerda que tus cosas están en mi casa, no lo olvides y emm… suerte, adiós —se acercó, me besó en la mejilla rápidamente y se subió a su coche. Esto… esto no me lo esperaba. Volví a mirar hacia esa enorme casa, una mujer venía caminando hacia acá. La esperé, en unos segundos ya estaba frente a mí.
—Puedes pasar, le avisaré a Meer que tiene visitas —avisó la mujer. Pasé allí adentro y la mujer cerró —soy Jenny, trabajo aquí desde hace poco —sonrió ampliamente. Le devolví la sonrisa lo mejor que pude, aunque seguramente no fue más que un gesto mal hecho. La mujer me invitó a seguirla y me hizo pasar dentro de la casa. Cerró la puerta tras mi paso y me condijo hacia un salón enorme.
Todo allí parecía lujoso y caro. Me invitó a sentarme, pero yo preferí quedarme de pie. Me dijo que Mery se encontraba en la piscina y le avisaría que yo estaba aquí… y luego Salió por una puerta de vidrio corrediza.
Tomé mucho aire, me sentía ahogado. Ni siquiera podía admirar el lugar y fijarme en los detalles, no lograba concentrarme en algo, no podía. El momento cada vez se acercaba más y más. Incluso las manos me sudaba y las piernas me temblaban. Estaba impaciente, cada segundo parecía ser una hora y me daba la impresión de que el latido alocado de mi corazón se escuchaba por todo el lugar. Me mordí los labios, cerré los ojos, conté hasta diez. Si no lograba relajarme cuando llegara Meer soltaría cualquier tontería, ella me gritaría, me sacaría de su casa y sería mi fin. No, ella tenía que perdonarme. Yo la amo. Es mi chica, mi pequeña…
Se me vino a la cabeza el recuerdo de nuestro primer beso, hace años… cuando ella aún era una pequeñita. No podía evitar recordar todos esos momentos… y ahora era cuando más nítidamente veía todo, casi como una fotografía. Su rostro, sus manos pequeñas, su voz, su sonrisa, lo bien que se sentía tener a esa pequeñita entre mis brazos, sintiendo que podía protegerla de cualquier cosa.
Me sobresalté al ver a la mujer entrar nuevamente al salón.
—Ya vienen —me informó, para luego salir de la habitación.
Había dicho… ¿ya vienen?
Decidí no darle vueltas al asunto, ya estaba lo suficientemente nervioso sabiendo que en pocos segundos vería a mi pequeña como para ponerme a pensar en su acompañante. Intenté calmar mi respiración y dejar de temblar, cosa que no hacía precisamente por el frío, sobre todo porque hacía calor. Intenté pensar algo rápido, llegar a la frase correcta para decir al verla. Pero si no había podido pensarlo en todo el tiempo de viaje, mucho menos podría pensarlo pocos segundos antes a que ella estuviese aquí.
Me tensé en cuanto escuché unas risas lejanas, miré hacia la puerta instantáneamente. Un hombre entró en la habitación, más bien un chico… lo observé sintiendo un nudo en la garganta. No alcanzaría mi edad, era más joven. Cabello rubio, largo y mojado, ojos verdes, músculos, bronceado, traje de baño. El acompañante de Mery. Apreté los dientes con fuerza.
—¡Hola! —me saludó entrando en la casa. Lo saludé con un movimiento de cabeza, preguntándome quién diablos era él. Era el acompañante de Meer, ya lo sabía... pero lo que no sabía era qué hacía aquí con mi chica. No pude evitar sentirme enojado, odiarlo… de tan sólo pensar que Mery estaba pasando el tiempo con él me hervía la sangre y me daban unas incontrolables ganas de tomarlo del cuello, gritarle unas cuantas cosas y ahorcarlo—soy Liam, el hermano de Meer. Y tú eres… —tardé un poco más de la cuenta en analizar sus palabras. Era el hermano, sólo su hermano. Esperen, esperen… ¿desde cuándo Meer tiene un hermano? No lo sabía, nunca me lo había dicho y según yo tenía entendido ella era hija única ¿de verdad estaba en la casa de mi Mery? Esto era confuso… estoy el noventa y nueve como a nueve por ciento seguro de que ella no tiene hermanos.
Me aclaré la garganta para contestar, sin saber muy bien que decir.
—Soy Bill —no quise dar más explicaciones Decir “en novio de Meer” no era apropiado, porque ella me había dejado, así que ya no seguíamos siendo novios. Además no me veía capaz de decir que éramos amigos o conocidos, simplemente no podía… yo quería a Mery más que como una amiga o conocida, mucho más.
Liam fue a decir algo más, pero dejé de prestarle atención al darme cuenta de que había alguien más en la habitación, detrás de él, observándome. Era Mery.





My obsession /Capítulo 67



























CAPITULO 67


—Tienes todo ¿verdad? —preguntó mamá por milésima vez. Asentí con la cabeza, guardando el regalo que le había comprado a Mery el día anterior en la maleta. Pensé que sería bueno sorprenderla con algo, quizás, un regalo atrasado… por nuestro aniversario. Pero para sorprenderla con el regalo, primero tenía que verla, pedirle disculpas y hacer que aceptara.
Tragué el último pedazo de pan que me quedaba en la mano y hablando con la boca llena de comida, le dije a mamá:
—Me lo has preguntado más de cinco veces, tengo todo… —acto seguido tomé la maleta y comencé a caminar detrás de mi madre. Si no nos apresurábamos perdería el vuelo y Dios sabe cuándo tendría otro boleto.
—¡Ya era hora! —exclamó Tom. Se levantó del sillón con más energía de la habitual y se fue directo a la puerta.
Nos subimos en su coche mientras mamá y Tom parloteaban sobre LA, que les gustaría viajar y conocer el lugar. Incluso insistieron más de la cuenta para que les trajera algún regalo. Claro, me lo decían a mí, quien tenía más dinero en este momento. Iba con lo justo y lo único que tenía, pero de todos modos iba a esforzarme por traerles algo, aunque fuera chiquito…. Si es que tenía tiempo, también. Porque… vamos, no es que fueran vacaciones o algo así. Iba a LA a cumplir una misión casi imposible.
La despedida fue bastante embarazosa, toda la gente se nos quedaba viendo a mí y a mamá, abrazándome, o más bien estrangulándome, mientras me daba consejos para “reconquistar a Mery” y me decía lo mucho que me extrañaría estos días. Luego me despedí de Tom y abordé.
Eran horas y horas de vuelo… horas y horas de aburrimiento y ansiedad.
Primero, intenté dormir. Pero al no lo conseguí… así que me pasé un buen rato pensando en todo respecto a mi vida ¿Qué sería de nosotros? Ojalá fuera un nosotros, Mery tenía que perdonarme. Ella era mi vida… y no es que sólo mi felicidad dependiera de esto, también había un criatura en su panza, creciendo a poquito. Ese niño se merecía una familia, todos merecen una familia. No iba a permitir que ese bebé estuviera lejos de mí. Soy su padre.
Uff… esto era difícil. Pensar con claridad cuando hay tantos problemas, o quizás son pocos pero grandes. Cuesta concentrarse en el objetivo, más que nada porque aún no tengo muy claro el objetivo. Lo que sí tenía bastante claro era que debía llegar donde estaba Meer. El resto de las cosas pasarían por solas. Y es que ni siquiera sabía que iba a decirle al verla, como podía reaccionar… de qué forma iba a pedirle disculpas.
Le di vuelta al mismo tema durante un largo tiempo ¿qué era lo indicado? ¿Correr y abrazarla como en las películas? ¿Gritarle que la amo? ¿Qué muero por ella? ¿Pedirle hablar a solas? ¿Y si no aceptaba?... ¿Y si… si no quería verme y me gritaba que me fuera de vuelta a Alemania?
Aún no sabía lo que iba a ocurrir, no podía sacar mis propias conclusiones. Yo conocía a Mery, claro que si… y ella no era predecible, nunca podía adivinar sus reacciones, era como una caja de sorpresas. Eso era algo que me volvía totalmente loco, me encantaba. Ansiaba tenerla conmigo de nuevo, poder abrazarla, sentirla cerca, poder protegerla, hacer que sonriera, mirarla a los ojos, quedar como un bobo, perder la cabeza, besarla... la necesito.
Nunca en la vida dejaré de reprocharme y de odiarme por haber causado esto. Una de las estupideces más grandes que he hecho en mi vida. No logro entender cómo es que pude olvidar todo ese amor, cómo pude pensar que ella era una molestia, no entiendo como pude molestarme al ella entrar en mi estudio… ella estaba feliz, incluso me invitó a salir, claro, era nuestro aniversario. Y yo… yo ni siquiera lo recordaba y encima le decía que me dejara en paz ¡Nunca me podría haber imaginado que llegaría a esas circunstancias!
Sólo espero que me perdone.

—¿Si?
—Emma, estoy en NY —solté rápidamente. Había olvidado llamarla y mi vuelo a LA estaba por salir. Lo había olvidado porque estaba muerto de sueño…
—Vale, ¿a qué hora sale tu vuelo?
—Ahora.
—¿Qué hora es en NY?
—No lo sé —ya estaba entrando a desesperarme, tenía que subirme a ese maldito avión.
—Ok, llamaré para averiguar a qué hora llegas. Estaré esperando.
—Gracias Emma, adi… Oh, espera… ¿Cómo está Mery? —es que no podía dejar de preguntar algo tan importante.
—Está bien, Bill.
—OK, Te veo allá.
—Bye —corté. Nada más hacerlo corrí disparado a abordar el avión. En este viaje sí que dormiría, era bastante largo, por lo que podía relajarme. Aunque dudo que lo lograra sabiendo que cada vez estaba más y más cerca de Mery.

Odio viajar, definitivamente esto no es lo mío. No puedo sentirme cómodo en este avión y no logro dormir teniendo tanta gente alrededor. Hace horas y horas que no duermo ¡no logro hacerlo! Y estoy más que cansado. Agh, espero llegar pronto a LA, y pisar tierra firme. A mi lado va un niño que no deja de moverse, me ha golpeado varias veces el brazo y su madre no le dice nada. Ahora resulta que quiere mirar por la ventana ¡pero yo estoy aquí!, Dios, va comenzar a llorar de nuevo. Esto podría haberme pasado antes de olvidar comprar preservativos hace un par de meses. La idea de ser padre, desde ahora, me aterraba aún más.

Me bajé del avión muerto de sueño, busqué a Emma con la mirada y al no dar con ella fui a buscar mi equipaje. Ya la encontraría después. Bostecé. Ya estaba en LA, aunque eso no me permitía estar aliviado. Sabía que Mery estaba aquí… pero aún necesitaba encontrarla.
—¿Bill? —me giré de golpe, dando con una chica de cabello negro y bastante corto. Me costó reconocerla sobre todo porque hace un año, cuando la había conocido, era rubia —soy Emma —se apuntó a si misma —¿me recuerdas?
—Sí. Es sólo que antes… —intenté explicarle el porqué de mi cara de “no te conozco”, pero ella me interrumpió.
—Estaba rubia, sí. Me aburrí del rubio —sonrió ampliamente, para luego tomarme del brazo —¿nos vamos?, pasaremos primero por mi casa, te ves muy cansado —comenzó a caminar y yo la seguí sin decir nada. Al llegar al aparcamiento ella abrió su bolso y sacó unas llaves y una Coca-Cola —ten, la compré para ti. Espero que aún siga helada, y es que hace tanto calor… —rio y enseguida me dio la lata. Sí, hacía mucho calor. Emma traía puesto sólo unos shorts una camiseta y unas sandalias.
—Gracias.
Nos subimos a su coche, abrí la Coca-Cola y le di un sorbo. Ella abrió ambas ventanas y mientras me hablaba del lugar y de su casa que quedaba a casi una hora de aquí, yo miraba las calles, las personas, los coches… y me daba cuenta de lo distinto que era todo esto a Alemania.
—Es aquí —anunció a la vez que giraba el volante para estacionar —no te vayas a asustar, pero hay más chicas en casa —frenó. Enseguida me miró sonriendo para añadir: —mi prima vive conmigo… y como no me pude guardar el secreto de que tú venías a LA hay amigas que quieren conocerte ¡todo el mundo quiere saber quién es el novio de Meer! O ex novio… —se calló al instante, seguramente al ver mi expresión.
—¿Ella lo sabe? —pregunté, y es que si Emma ya le había contado a sus amigas, seguramente ella ya había ido a contárselo a Meer, las chicas son así, lo sé. Agh, en estos momentos tenía unas enormes ganas de estrangular a Emma. Si ya por el viaje y el hecho de no poder dormir como se debe me tenía mosqueado… esto me enfurecía.
—No… la visitamos ayer, estuvimos con ella y después se lo dije a las chicas. Tampoco quiero arruinar la sorpresa. Lo siento —sí, era mi expresión nuevamente —¿vas a pasar la noche aquí, verdad? Porque ya es tarde y no creo que estés en condiciones de salir ahora. Creo que primero deberías descansar y después buscar a Meer.
—Sí, me pregunto cómo podré descansar con tus amigas conociéndome  —me llevé una mano a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. Esta chica se había pasado…
—Lo siento, discúlpame. La verdad no lo pensé al momento de contarlo. Voy a solucionarlo, no te preocupes —abrió la puerta —en cinco segundos ya no estarán, lo prometo.
—Eso espero —resoplé. Nos bajamos y yo busqué mi equipaje, para después alcanzar a Emma, quien ya estaba abriendo la puerta. Entré tras ella y nada más poner el pie dentro de la casa divisé cuatro rostros con los ojos fijos en mí.
—¡Hola, chicas! —saludó Emma —este es Bill… Bill, estas son las chicas —hizo una rápida presentación. Las cuatro saludaron a la vez y yo imité el gesto, intentando sonreír —Amm… Bill está muy cansado. Necesita dormir con urgencia, lo disculpan, ¿verdad? Yo vuelvo enseguida —las cuatro asintieron, aún sin quitarme los ojos de encima, desde su lugar en unos sillones. Me despedí con la mano, me imitaron el gesto, y nada más girarme hacia las escaleras comenzaron a murmurar —discúlpalas… discúlpame —se disculpó al llegar al segundo piso.
—No te preocupes  —bostecé —pero si Meer se entera de que estoy aquí por alguna de ellas, voy a matarte.
—No pasará —abrió los ojos como platos, para luego seguir caminando hasta la última puerta —aquí dormirás. El baño es este… —señaló la puerta del lado —hay toallas y todo lo que necesites… y emm, si necesitas algo, otra cosa, puedes llamarme —asentí. Ella abrió la puerta de la habitación, se despidió y comenzó a caminar hacia las escaleras.
—Hey, Emma… —la llamé.
—¿Si?
—¿Cómo… cómo se veía Mery ayer? ¿Está bien? —Emma sonrió.
—Sí, está perfecta —le devolví la sonrisa y luego entré en la habitación.
Suspiré. Esto era tan… extraño y estresante. Miré por la ventana, seguro era tarde, pues el sol ya comenzaba a esconderse. Aunque aún hacía un calor de mil demonios. Decidí ducharme, ponerme ropa de dormir y meterme a la cama a descansar.
Busqué mis cosas y me metí en el baño.
Estaba tan cerca de Mery. Me sentía nervioso, asustado. Asustado por… por lo que fuera a pasar ¿cómo me recibiría? ¿Se sentiría feliz de verme de nuevo? De tan solo ponerme a pensar en todas las posibilidades el nerviosismo crecía y crecía, al igual que la sofocante presión en el pecho. Todo era un caos, o al menos yo lo veía de esa manera. No estaría en esta situación si hubiese hecho bien las cosas desde antes. Seguramente estaríamos en casa, abrazados, pensando en posibles nombres para nuestro pequeño bebé o estaríamos aquí de vacaciones… habría conocido al padre de Mery y él me habría recibido con una golpiza al saber las “noticias”. Ahora seguramente me recibía con un balazo en la cabeza y ese sería mi final trágico. De cualquier manera, yo lograría que Meer me perdonara o moriría en el intento. La necesito conmigo, la extraño.
Mañana tengo que verla o voy a volverme loco.
No estoy bromeando.




My obsession /Capítulo 66



























CAPITULO 66


Escuché sonar el timbre repetidas veces. Salí de la habitación y bajé las escaleras corriendo, sentía el sonido de las llaves... Tom. Una figura alta, larguirucha y enorme debido a la ropa fea y ancha que usa desde que somos unos niños, entró por el umbral de la puerta con lentitud. Siempre ha ido a su ritmo en la vida. A veces desearía ser un poco cómo él. Aprender a tener paciencia, dejarme llevar y tratar de dejar de controlar todo lo que pasa a mi alrededor. Sí hubiese tomado esa determinación antes, tendría a Mery conmigo.
—Hey —me saludo mi hermano, con una media sonrisa, cerrando la puerta tras él —¿cómo va todo? Creo que nada bien. —aseguró con rapidez, es capaz de leerme como a un libro. Negué, dándole la razón. Ladeo la cabeza bufando, camino hasta mí y tomo mi ante brazo, obligándome a moverme hasta la sala. Pensé en quejarme, pero ni ánimos para eso quedaban. Termino lanzándome sobre el sofá, con poca delicadeza. ¿Qué puedo decir? Somos hombres.
Abrió la boca, con intenciones de hablar, pero la cerró al instante. Resopló con fuerza...
—Vaya lío —murmuró —A ver... tengo que lograr que sobrevivas estos dos días —lo miré, alzando la ceja ¿Qué sobreviviera? —es un decir...  —aclaró —tenemos que hablar seriamente —acabó por sentarse a mi lado. Me moví inquieto. Hablar seriamente... ¿sobre lo que había pasado con Mery? si, era eso, su mirada lo decía todo. Él quería saber incluso los detalles que yo no había percibido y no me dejaría tranquilo hasta lograrlo.
Suspiré, esto se estaba volviendo difícil. Podía sentir ese molesto dolor en el pecho y esa sensación terrible de pérdida que me perseguía desde que Mery se había marchado. Si comenzábamos a hablar de esto me iba a llorar, si, lo admito.
—S...si —fue lo único que logré contestar, mientras en mi cabeza intentaba ordenar los hechos en forma cronológica, pronto tendría que comenzar a hablar.
—¿Recuerdas que anoche estabas tan llorón que no podías ni hablar? Dejamos una conversación pendiente —asentí —pues bien, te escucho —me moví inquieto, repasar esos fatales sucesos en mi mente era además de desolador, incomodo, llegaba a la misma conclusión una y otra vez, el único culpable fui yo.
—Mery y yo, nuestra relación… —aclaré mi garganta, ese nudo molesto estaba ahí nuevamente. Pero no podía llorar. Era el momento menos indicado. Necesitaba hablar con alguien ¿Quién más que mi hermano, gemelo? —se volvió fría, monótona. Peleábamos mucho. Comencé a obsesionarme con el trabajo, había que pagar las cuentas... deje que eso nos separara —alcé la vista al techo, sentía mis ojos humedeciéndose, mi corazón apretándose dolorosamente —la perdí, Tom. Me observó durante unos segundos, podría percibirlo. Respiré profundo, y sin alzar la cabeza volví a hablar —ella pensaba que era una carga para mí, se lo di a entender con mis actitudes. Lo hacía sin pensar, jamás imaginé que traería estas consecuencias —me estremecí, recordándolo todo. Todos estos meses casi sin hablar, peleando, en esos momentos o me parecía tan terrible...pero ahora, ahora era todo muy diferente —yo… trabajaba mucho y la veía poco, pero lo hacía para pagarle la universidad, comprarle cosas, para hacerla sentir cómoda... feliz. Pero se salió de control y exageré todo, las cuentas andaban mal...
—¿Y se fue? —preguntó cuándo se dio cuenta de que yo ya no seguía hablando.
—Si... yo estaba trabajando y Mery llegó, estaba feliz. Estábamos de aniversario, no lo recordaba. Ella quería salir y yo no quise escucharla, peleamos... y se fue. Eso lo sabes. Intenté pedirle disculpas, pero ella terminó nuestra relación... eso también lo sabes. Lo que aún no te he dicho es que... que Mery y su padre ya se había arreglado y que ella tenía dos pasajes a USA. Usó sólo uno —termine de decir, sintiéndome miserable, solo, egoísta y materialista.
—Mierda, Bill —oí que murmuraba.
—Y para rematarla, está embaraza y no me lo dijo… se fue, ¿Qué pasa si no quiere ni verme o escucharme…? ¿No me dejará acercarme a mí…a mí…? —ugh. Esa pequeña palabra, tan difícil de pronunciar —h-hijo.
—¿¡Entonces era enserio!? —chilló mi hermano, alterado, quizás demasiado. Le miré pasmado, ¿acaso no se lo dije antes? Oh, claro que sí. Lo hice.
—Por supuesto, estúpido —espeté molesto, mi corazón se aceleró, me puse muy nervioso. El tema es delicado, un bebé. Mío y de Mery. Lo criaríamos juntos, me esforzaría por eso. Lo prometo.
—Voy a tener a un…un pequeño sobrino, wow  —murmuró llevándose ambas manos hasta las mejillas, abriendo la boca y los ojos como platos  —será igual de guapo que su tío —sonrió ampliamente, alzando las cejas. Reí, ese idiota. Siempre lograba hacerme reír, incluso en los peores momentos. El nerviosismo volvió al acabarse la risa.
—No sé qué hacer —confesé. Tom me miró, incrédulo.
—¿Eres el hermano del gran Tom Kaulitz y no sabes qué hacer? Es una chica ¡tú chica!, tienes que ir por ella —alzó la mano hecha un puño, entusiasmado —debes... debes atraparla con tu gran potencial de seductor, heredado de mí. Puedes hacerlo. Además, no creo que sea tan difícil, ya se sabe que la pobre tiene un gusto pésimo.
—Tom...
—Vale, vale, lo siento —sonrió —hablando en serio... primero debes encontrarla, el resto vendrá solo.
—¿En verdad lo crees? —pregunté bajando el tono de voz, me sentí repentinamente pequeño, las ganas de llorar vinieron a mí, sí, otra vez. No pude demostrar nada más que...tristeza, sin ella, todo a mi alrededor se veía tan oscuro, frío y sin vida.
—Te ama, la amas ¿cuál es el problema?, de los errores se aprende, además, al verte así de desesperado, arrepentido y destruido, no podrá decir que no —su mano llego a mi espalda y me atrajo hacia él, pronto estaba con mi mentón apoyado en su pecho, abrazándole con fuerza. Y entonces sí que no aguante, las lágrimas cayeron libremente por mis mejillas. Tenía miedo. Me odié en aquel momento, pero lo necesitaba, necesitaba a mi hermano —tranquilo, todo va a salir bien —me dijo pausadamente, con voz suave, mientras que yo no respondí. Estaba demasiado agobiado como para pensar en que decir. Pero por dentro rogué que fuera así. Porque sin ella, sin mi Mery, yo no podría vivir.

Abrí los ojos de golpe. Mierda, mierda, salté de la cama, la cabeza me dolió de una manera horrible, comencé a buscar a ciegas sobre la mesita de noche ¡El puto aparato ese había sonado y no podía encontrarlo!, dios, la llamada que había estado esperando desde hace más de un día y no podía atender. Escuché caer algo de la mesita de noche, estaba hecho un manojo de nervios. Corrí a ciegas hasta la puerta de la habitación, me golpeé el dedo chiquito del pie con algo antes de llegar, reprimí el grito. Busqué el interruptor con la mano y por poco quedé ciego. Avancé con los ojos entrecerrados hasta la mesita de noche, tomé el móvil y le di al botón verde sin pensarlo:
—¿Hola? —pronuncié, respirando agitado. El corazón me latía tan fuerte que podría darme un infarto en cualquier momento.
—¿Bill? —era… era ella, era Emma. Me senté en la cama, intentando tranquilizarme, aún me temblaban las manos… y es que de Emma dependía todo.
—¿E-Emma?
—Aham, ¿te encuentras bien? —preguntó. Claro… si, a parte de los nervios y el dolor que aún sentía en el dedo, todo bien.
—S-si… es que, tuve problemas con coger el teléfono —ella rio, soltando un “ah”.
—Me estabas llamando… —habló sugerente.
—Sí, es… es por Meer.
—Lo sé, llegó hace poco —tragué saliva, al menos había llegado, ya era seguro que se encontraba en LA.
—¿La viste? ¿Cómo está? ¿Se encuentra bien? —mi voz hizo pública toda mi preocupación.
—No muy bien anímicamente, pero está feliz de ver a su padre de nuevo, y obvio, de ver a su mejor amiga… —suspiró —no quiso decirme nada pero sé que no está aquí por vacaciones ¿Qué le hiciste? —su tono de voz en sus últimas palabras me puso la piel de gallina.
—Algo que quiero arreglar —dije sin más detalles —pero necesito de tu ayuda… —suspiró, esta vez más fuerte.
—¿Es que nadie me va a decir lo que pasó? —se quejó.
—¡Por favor!
—Ugh, está bien… pero si me entero de que le hiciste algo terrible, será tu fin.
—Gracias.
—Sólo lo hago por Meer, no agradezcas tanto… en fin, ¿qué debo hacer?
Como no tenía ningún plan maestro para esto, le dije lo de mi viaje de mañana, con hora y todos los detalles. Quedamos en que la contactaría al llegar a NY y le avisaría sobre el vuelo a los ángeles. Ella me esperaría en el aeropuerto y me llevaría a su casa para “arreglarme un poco”, y luego… me llevaría a la casa del padre de Mery.
Hablamos hasta que dieron las cuatro y media de la madrugada, al menos acá… porque, según Emma me dijo, allí aún era el día anterior, entrando la noche.
Me volví a meter a la cama y me cubrí hasta la nariz. Por más que intenté relajarme y dormir, no lo logré. Decidí que sería mejor no perder el tiempo y me levanté, busqué ropa, me metí a la duchas y me relajé allí alrededor de una hora.
Al salir me preocupé de arreglar un poco la casa, que estaba hecha un desastre, comí los restos de la especie de cena que había cocinado Tom ayer y después arreglé mi maleta. Tenía que estar todo listo para mañana. Como Tom seguía en su habitación durmiendo y no podía hablar con él para desahogarme, me quedé en la habitación viendo algunas cosas… cuando digo cosas me refiero a cosas de Mery, como fotografías, regalos y chiches que ella había dejado por accidente.
Revisé todo mil veces, reteniendo las ganas de salir a buscar la torre más alta de la ciudad y lanzarme… hasta que recordé.
Recordé que tenía algo importante en el bolsillo, algo que había echado allí hacía un rato mientras ordenaba mi estudio.
Lo saqué y observé cuidadosamente. Era el regalo de Mery, por nuestro aniversario. Abrí la pequeña tarjeta para leer, nuevamente, el contenido.
Acaricié las palabras con cuidado, era su letra… no es que su letra fuera la más legible, la que más se entendiera o la más bonita… pero siempre me había gustado.
Tragué saliva y con sumo cuidado rompí el papel. Abrí la caja, conteniendo el aliento…
Era un llavero, con un pequeño corazón en el extremo. Lo quité de la cajita, y al darse vuelta el corazón me encontré con una foto pequeña, donde estábamos Mery y yo… era esa foto de hace años, yo besando la sien de una pequeña hermosa de ojos azules.
Espero que nuestro bebé tenga sus ojos.
De pronto me vi sonriendo como un bobo, imaginando a Mery con nuestro…
Me ardieron las mejillas al darme cuenta de ese pensamiento. Esto… esto me hacía sentir extraño. La idea anterior voló lejos de mi mente, la sonrisa se borró al instante y toda la preocupación, el pánico y la angustia me inundaron el cuerpo.
No es fácil asumir que vas a ser padre… no es fácil si tu chica está del otro lado del océano, y no te lo ha confirmado aún.
Es difícil de aceptar.