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30 abril, 2012

You /Capítulo 4




CAPITULO 4

Caminé hacia el baño rascándome el hombro y bostezando. Entré y cerré la puerta. Me miré al espejo. ¡Vaya pinta! Estaba terrible. Me examiné la cabeza y observé cómo lo morado casi se había ido. Sonreí de medio lado, eso me hacía feliz. Había comenzado a odiar que todo el mundo me preguntara que me había ocurrido y que luego se burlaran de mí cuando les decía que había chocado con un árbol.
Abrí el grifo y me lavé la cara repetidas veces para quitarme, de alguna manera, el maquillaje del día anterior que parecía estar tatuado a mi piel.
Lugo de varios intentos por quitarlo, descubrí que lo que yo pensaba que era maquillaje corrido, eran en realidad unas oscuras ojeras que se extendían por la parte de debajo de mis ojos verdes. Seguro era por haber dormido mal todo estos días. No había dormido una noche de corrido desde que Bill había llegado. Y para agravar la situación las ojeras contrastaban con mi piel blanca y se veía terrible.
En estos tres años había cambiado mucho; mi fleco ya no existía y me dejaba el cabello natural, sin alisármelo. Que caía rizado y negro por mis hombros hasta la mitad de mi espalda. Mi cuerpo seguía igual que antes, aunque creo que estaba algo más delgada y tonificada por las clases de baile y de defensa personal que había tomado para matar el tiempo cuando Bill se fue. Supongo que la ida de los chicos nos favoreció a Lis y a mí en ese aspecto. Mis ojos eran los mismos de siempre, verdes, grandes. No había logrado cambiar el color de mi piel por uno más oscuro, aunque estuviera horas y horas tumbada bajo el sol sólo lograba enrojecerme y un ardor terrible. Pero luego de que lo ojo se iba, mi piel quedaba blanca otra vez. La expresión de mi cara era un poco más adulta, pero yo la encontraba igual que antes.
Resoplé, me quité el pijama y me metí en la ducha.
Ayer había visto a Bill y habíamos hablado. El iba donde su madre y lo encontré en la calle así que estuvimos conversando un ratito y bueno… me invitó a pasar por la casa de su madre hoy para conocer a su novia. Su novia. Conocer a su novia. ¡No me lo puedo creer! Y es que incluso me tiemblan las piernas de pensarlo. Quizás no debí haber aceptado la propuesta. Ahora me sentí insegura, ni siquiera tenía idea de qué ropa me pondría para entrar en esa casa. ¿Y si era una modelo? ¿Una chica preciosa, mil veces mejor que yo? No podría competir contra eso. Seguro era altísima, con piernas largas y cabello precioso, sonrisa perfecta…
Suspiré. No podía imaginármela de otra manera.
Miranda. Ese era su nombre, si mal no lo recuerdo.
Espero, que al menos, sea simpática y no se lance sobre mi hecha un manojo de celos. Aunque a decir verdad era mucho más probable que fuese yo la que se lanzara sobre ella.



Bill picó al timbre de la casa de su madre. Había ido a buscarme hacía unos minutos y ya estábamos frente a la puerta. Estaba nerviosísima, hacía ya meses que no me pasaba por aquí y no sabía como Simone reaccionaría al verme tras haberla “abandonado” durante todo este tiempo. Si, yo antes me pasaba el día entero con Simone, cuando los chicos se fueron, yo la iba a visitar todos los días, ya que, según ella, hacía falta juventud por la casa. Y a mí una madre. Ahora que lo pensaba, había hecho mal en “abandonarla”.
Abrió la puerta.

-¡Aly, cariño! Cuanto tiempo sin verte – dijo alegremente sacándome de mis pensamientos de reflexión.
-Hola, Simone – la saludé con una sonrisa, ella estiró los brazos hacia ambos lados de su cuerpo y yo me lancé entre ellos para abrazarla fuertemente.
-¿Cómo has estado?
-Muy bien.
-Estás hermosa, cariño– dijo mientras me escaneaba con la mirada, luego pareció percatarse de que Bill estaba junto a mi– Oh, veo que han vuelto a ser novios. ¡Qué emoción! Felicitaciones chicos!
-No somos novios mamá, ¿recuerdas a Miranda? Entró aquí hace cinco minutos, la conociste la semana pasada…
-Oh, ¿la chica que está en tu habitación? Es un poquitín torpe– preguntó despreocupada.
-¡¿En mi habitación?! – Simone asintió– voy con ella, Aly tu quédate con mamá. – vi como se alejaba. – ¡Y no es torpe! –gritó antes de comenzar a subir la escalera.
-Vamos, Aly. A la cocina… tenemos mucho de qué hablar.
-Ok– reí entusiasmada.

Caminamos a la cocina en silencio y Simone me ofreció una silla para sentarme junto a ella en la mesa.

-¿Ya han senado?
-Si, hace ya media hora
-Me he retrasado – reí. En realidad no me hacía gracia, pero lo hice igualmente.
-¡No me digas que no has senado!
-No – y acto seguido Simone se levantó como un rayo y me sirvió un plato de pasta.

Comí en silencio pensando en Bill y esa tal Miranda. Tal vez, sólo tal vez, esa chica era la ideal para él, aunque lo dudaba demasiado en ese momento, sobre todo porque yo era la chica ideal para Bill. O al menos eso pensé siempre. Ahora… ya no estaba muy segura de eso.
Me decidí por preguntar.

-Simone… – levantó la mirada y me miró- ¿Qué sabes sobre Miranda?
-Es la novia de Bill hace unos meses. Había escuchado hablar de ella pero no la había visto en persona. La conocí hace poco– dijo encogiéndose de hombros, luego continuó.- es una buena chica. Aunque algo torpe, se podría decir.
-Ya veo – dije asintiendo levemente con la cabeza. – ¿Dónde la conoció?
-Es coreógrafa o algo así. La conoció hace un año y medio, creo.
-¿Y cómo es que…? – no alcancé a terminar mi  pregunta ya que sentí pasos provenientes de la escalera. Simone me miró divertida y sonriendo. Yo le devolví la mirada imitándole. Dios que nervios.

¿Y si me odiaba? ¿Y si me gritaba para que me alejase de su novio? Porque ahora era su novio, no mi novio. Quiero decir… que yo lo quisiera todavía no me daba derechos. Seguía siendo una siempre amiga y la mujer que Bill quería era ella, Miranda.
Me entraron ganas de salir corriendo. Tirar el tenedor, tomar mi bolso y salir a toda velocidad cubriéndome los ojos. No me apetecía estar en una situación así. Nunca debí haber venido. Que tonta soy.

-Hola, Hola– Saludó Bill entrando felizmente en la cocina.
-Hola –Lo imitó tímidamente una chica que venía tras él, supuse que sería Miranda. Tenía el cabello rubio, casi tanto como Andreas. Tez mate, que combinados con unos ojos azules intensos. Todos esos colores hacían de ella una chica preciosa. Vaya, era lo único que podía pensar en este momento.
-Hola, soy Aly. Tú debes ser Miranda. – dije levantando de la silla rápidamente y dirigiéndome hacia ella.
-Mucho gusto, Aly – rió-Así que tú eres la famosa Aly. Bill me ha habado mucho de ti.
-Podríamos pasar a conversar al salón-La cortó Bill. Lo miré sin saber que hacer y luego miré a Simone.
-Pero Aly aún no se ha terminado la cena.
-No te preocupes ya acabé. Gracias, Simone-Le sonreí. Entonces la chica que anteriormente había entrado con total timidez a la cocina, me tomó del brazo y me llevó hacia el salón diciéndome algo sobre la ciudad que no logré escuchar muy bien.
Nos sentamos en el sillón y no vi a Bill venir tras nosotros. Seguramente estaba conversando con su madre.
-¿Sabes? Nunca me imaginé que fueses así. Bueno, en realidad, no lo sé-Rió, llevándose una mano a la cabeza-Es distinto escuchar a Bill o ver una foto a verte a ti en vivo y en directo.
No supe qué contestar. No tenía idea de si eso era algo bueno o no.
-Y es que Bill me ha hablado tanto de ti que siento como si estuviese conociendo a una celebridad. Bueno, Bill es una celebridad, pero… no sé si me estoy explicando bien.
-No te preocupes, te entiendo. También me ha pasado-Sonreí, muriéndome de ganas por saber qué era lo que Bill le había hablado de mi-¿qué te ha dicho Bill?-Solté sin pensar.
-En realidad, no mucho. Encontré una foto tuya hace tiempo en una libreta suya y le pregunté por ti y me dijo que habían sido buenos amigos y novios. Pero no te preocupes-Se apresuró en añadir seguramente al ver mi cara-No soy para anda de esas novias celosas. A demás ya ha pasado mucho tiempo desde que estuviste con Bill, así que…- Se encogió de hombros.
-Eso me alivia un montón-Dije sincera-Pensaba que quizás serías de esas locas y me sacarías de aquí a patadas-Miranda se echó a reír.
-¡Qué imaginación!
Ambas nos giramos cuando Bill entró en la habitación y se sentó al lado de su novia en el sillón. Me mordí el labio inferior y crucé los dedos. Me sentía extraña al verlos juntos.
-Hacen una buena pareja-Comenté. Bill bajó la mirada.
-Gracias-Sonrió la chica.
Me pregunté si algún día cortarían y quité ese pensamiento rápidamente de mi cabeza.
Ella le tomó la mano a Bill.
Me sentía inquieta. Quería levantarme y separarlos. Quitar a Miranda del sillón y sentarme en su lugar, tomarle la mano a Bill y besarlo.
Sólo de algo estaba segura: La siguiente media hora sería demasiado larga.

22 abril, 2012

You /Capítulo 3






CAPITULO 3

-Y después de que moví la cabeza en señal de aprobación él se acercó y me besó en la mejilla.
-¿Bailaron?-Le pregunté. Era obvio que si, pero bueno…
-Lo intentamos, pero las chicas se acercaban alrededor nuestro y no nos dejaban hablar porque todas querían estar con Tom.
-Pff. Es de suponer.
-Si. Después fui mucho más lista y le dije a Tom que podíamos salir un rato para ponernos al día-Se acomodó el cabello detrás de la oreja y se mordió el labio inferior.
-¿Y que ocurrió?
-Nos pusimos al día-Se encogió de hombros, riendo.
-Prefiero que no des más detalles-Lis se mordió el labio inferior y yo puse los ojos en blanco.
-También yo-se lanzó de espaldas sobre mi cama y resopló- ¿Y qué tal tú con Bill? Me di cuenta de que fue a buscarte.
-Me trajo a casa-Le nformé.
-¿Y pasó algo más? ¿Hablaron sobre ustedes? ¿Te extrañó?
-No pasó nada más salvo hablar y acordar ponernos al día con temas importantes y conversando-Remarqué la última palabra-Y am… es obvio que me extrañó, yo también lo extrañé-Me encogí de hombros-Espero que nos veamos pronto porque… quiero aclarar cosas y así…
-Aclarar cosas…-Repitió burlona.
-Si, aclarar cosas.
-Si yo fuera tú iría a buscarlo, me lanzaría sobre él a besarlo apasionadamente y…-La callé lanzándole una almohada a la cara.
-¡Lis!
-Oh, es que como no has besado a alguien desde hace tiempo perdiste la práctica pero puedes…
-¡Lis! No voy a besar a Bill apasionadamente así como así. Me refiero a que si lo besaré apasionadamente pero no ahora.
Se echó a reír.
-Es igual. Podrías perder tiempo valioso. No se necesitan palabras, sólo bésalo.
-No creo que sea lo correcto.
-¡Eran  novios! Tampoco es que le vayas a quitar la ropa y a…
-¡Lis!
-…Sólo vas a darle un besito.
Suspiré.
-Como si fuerese tan fácil.
-Fue fácil para mí.-Se encogió de hombros.
-Eso es porque eres una puta.
-¡Oh, Dios, cállate, Aly!
-¡Lo siento! Era una broma…
-Lo sé, no te preocupes. Am… y deberías hacer lo mismo que yo.
-No.
-Deberías, encerio-Se incorporó y me miró seriamente.
-Ya dije que no.
-Tendrías que considerarlo… piénsalo.
-No.
-Es más fácil así-alzó las cejas repetidas veces.
-De acuerdo, analizaré la situación y si se da…
-Aly…
-Vale, vale, si.
-Debes hacelo.
-Ya dije que si, que insoportable-me quejé.


Y aquí estaba, junto a Bill en su coche, tres días después. Me costaba respirar y entender sus palabras cuando me hablaba. De hecho tardaba más de la cuenta en contestar y seguramente era por lo nervios que sentía. Mi corazón parecía no querer detenerse y ni siquiera la música calmada que había de fondo me lograba tranquilizar. Me di cuenta de que estaba moviendo una pierna inconscientemente y dejé de hacerlo. Respiré profundo para intentar relajarme.
Calculé que anduvimos unos veinte minutos en la carretera, hasta que ya no había ninguna casa, ni rastro de vida humana. Aparcó el coche a un lado de la carretera, abrió la puerta y se bajó. Cerró de un portazo que me resonó fuertemente en los oídos. Rodeó el auto y abrió la puerta de mi lado.
-Bájate– me ordenó suavemente. Luego se dio la vuelta y se situó frente al su coche, afirmado en el capó.
Le obedecí y cerré la puerta con cuidado, cerré los ojos, respiré profundo una vez más y dándome ánimos internamente me acerqué a él. Me detuve y lo imité, sólo que un poco más alejada.
Estuvimos un rato en silencio. Seguramente pensando qué podríamos decir. Si, cada uno tenía cosas que pensar. Y es que había sido tanto tiempo separados, sin saber el uno del otro… que a uno se le hacía imposible saber por donde comenzar. Y como si fuera poco, con lo nerviosa que estaba todo era mucho peor.
Luego de unos minutos Bill volteó la cabeza hacia mí y haciéndome una señal con la mano, me indicó que me  acercara. Al principio dudé en hacerlo, pero luego obedecí y me acerqué teniendo sumo cuidado en no tocarlo, me daban nervios.
Estuvimos en silencio un momento más. Como odio esos silencios incómodos que se hacen cuando nadie sabe que decir. Me carcomía la cabeza intentando pensar en algo coherente para hablar, pero nada, estaba bloqueada. Resoplé rendida, si seguía así, haciendo ese esfuerzo sobrehumano, terminaría por desmayarme o fundiendo mi cerebro.

-Te traje aquí porque hay más privacidad y es más relajante-Me explicó.
-Lo entiendo.-Y más silencio.
-¿Cómo estuvo la escuela?-Me preguntó-Después de que me fui, los chicos, nuestros compañeros...
-Como siempre-Me encogí de hombros-Hace unas pocas semanas nos fuimos campamento todos juntos, para despedirnos.
-Fue el último año.
-Si, estuvo divertido. ¿Recuerdas a Alfonso?-Lo miré, él asintió con la cabeza-Perdió una apuesta y lo vestirle de chica-Sonreí al recordarlo-Se suponía que el chico que duraba más en el lago ganaba y el que se salía primero, obviamente perdía. Estuvieron desde el almuerzo hasta eso de las once o doce de la noche-Bill rió.
-Suena estupendo, me gustaría haber estado allí.
-Si, también a mí. Me refiero a que…-Me aprsuré en añadir-me gustaría que hubieses estado con nosotros.

Nos quedamos en silencio un momento.  Ya no había tema de conversación y los recuerdos habían comenzado a apoderarse de mi mente a una velocidad vertiginosa.

-Te extrañé – me sorprendí a mi misma al decir esas dos palabras. Que habían brotado de mi boca sin ninguna razón. Bill me miró, estaba sereno… contempló mi rostro por unos segundos y luego volvió la cabeza hacia el cielo. Bien, Aly, genial, lo echaste a perder. Quizá no tendría que haber dicho eso, quizá me tendría que haber quedado callada… pero él había dicho que veníamos a hablar, ¿no era eso lo que quería?
-¿Me sigues queriendo? ¿Así como antes, de la misma manera…?– me preguntó en un susurro. Me sorprendí, no me esperaba para nada que me volviese a hablar. Enseguida fijó su vista en mi pecho. Me llevé instintivamente la mano hacia el anillo que colgaba de la cadena plateada, y luego respiré hondo para contestar.
-Si–Respondí despacio. El cogió aire, pareció tomar una decisión.
-Bien... – dijo decidido. Me empezaba a preocupar. Ese no era Bill, el que yo conocía y del cual yo me había enamorado. Esto estaba mal…
-¿Bien, que?
-Que yo también te extrañé y al parecer también sigo queriéndote – me sorprendí, creía que ya me había olvidado por completo. Bill suspiró– pero tengo… novia-Añadió hablando mucho más despacio.
-Si, Bill, yo era tu novia. Soy tu novia. No lo sé, no recuerdo que hubiésemos terminado nuestra… –Me detuve al ver su expresión. Estaba serio, y con la mirada perdida en algún punto del amplio bosque que se encontraba frente a él.
-Aly, yo... – se detuvo, se aclaró la garganta y luego siguió- yo tengo otra novia, y no eres tú… -Sentí un fuerte dolor en el pecho y me entraron ganas de llorar. Decidí intentar con todas mis fuerzas tragarme las lágrimas. ¿Cómo podía decirme algo así? yo había pasado tres años sin besar a un solo chico sólo porque él era mi novio, estando donde estuviese y siendo quien fuese, lo seguía siendo. Bill continuó. – Creía que ya había superado esto y que jamás te volvería a ver. Creí que te había olvidado, pero no fue así. Te vi esa noche y todos los recuerdos volvieron, Aly. – una lágrima traicionera rodó por mi mejilla, no quería llorar, no frente a él. –No te he olvidado aún y no he podido dejar de pensar en ti desde que te vi– afirmó–y terminaré lo antes posible con Miranda. Si tú quieres.
Sólo bastaba con que le diera el si por respuesta. Pero no lo haría.
Me levanté con la vista nublada y me adentré corriendo lo más rápido que podía en el bosque.
Sentía los pasos tras de mi, y los gritos de Bill… me pedía que regresara, pero por alguna razón yo no podía hacerlo, no quería. Seguí corriendo adentrándome aún mas en el espeso bosque, los gritos cesaron y ya no escuché más pasos que me siguiesen.
Mis piernas ya no daban para más, solo quería irme a casa, pero no encontraba la salida. Me sentía perdida y claustrofóbica, quería salir de allí. Corrí con más fuerza. Las lágrimas no me dejaban ver hacia donde iba. Me llevé la mano a los ojos.
¿Por qué me pasaba esto ahora? Yo no podía decirle a Bill que terminara la relación con su otra novia sólo por estar conmigo. No quería dañar a la chica, que seguramente sería una arpía. Tampoco podía arriesgarme a hacerlo cortar con ella si después, resultaba ser que con el paso del tiempo nos habíamos vuelto incompatibles el uno con el otro y nuestro intento de ser novios otra vez quedaba en nada concreto. No podía, no quería arriesgarme a dañar a esa chica, ni a Bill, ni a mí.
Sentí un fuerte golpe en la frente, caí de espaldas y todo se volvió negro.



-Oh, Dios que susto-Fueron las primeras palabras que oí. Enseguida logré enfocar la vista y me fijé en que Bill me estaba observando.
-¿Qué pasó?-Me llevé una mano a la frente, al sentir una zona ardiendo allí. Me dolió en cuando lo toqué.
-Corriste y chocaste con un árbol, al parecer. –Cerré los ojos con fuerza sintiéndome enrojecer. Que vergüenza.
-¿Está muy mal?-Le pregunté, refiriéndome a mi cabeza.
-Un poco hinchado y morado… pero estará bien-Me tomó de los hombros-voy a levantarte despacio-Y así los hizo.-Te llevaré a tu casa y en cuanto llegues te pones hielo ¿de acuerdo?-Asentí.


-¿Por que corriste?-me preguntó cuando ya estábamos en el coche camino a mi casa.
-Por...- Bill me cortó.
-¿No pensaste en todo lo que me preocuparía?, no te imaginas cuanto me tardé en encontrarte y cuando lo parecías muerta. Me temía lo peor – intenté decir algo pero me cortó nuevamente. – Por favor no vuelvas a hacerlo ¿si? Por lo que veo no has madurado nada y sigues teniendo la mentalidad de una niña pequeña, Aly. Tienes dieciocho años. Ya estás grande– bajé la mirada, me estaba regañando. – ¿Qué tienes que decir a tu favor?
-Lo siento – fue lo único que logré decir.
-¿Amigos nuevamente?
-Si, a... amigos-No lo entendía, recién me había dicho que…
Me acarició el brazo con su mano, aún mirando hacia la carretera. Me mordí el labio inferior para reprimir las ganas de gritar por esa sensación que no sentía hacía años. Lo había extrañado.  Ahora solo éramos amigos. Aunque a decir verdad, estaba feliz por tenerlo nuevamente.










18 abril, 2012

You /Capítulo 2


CAPITULO 2





Todo se congeló y ocurrió muy lento. Mi mirada se cruzó con una color miel, que estaba desde arriba del escenario. Me quedé embobada.  Podía sentir mi corazón en mi cabeza, que latía tan fuertemente que me hacía daño. Nuevamente, esa sensación que no había sentido en años, una herida en el pecho, esa herida, que creía que se había cerrado completamente para no abrirse nunca más, me escocía. Mi vista se volvió borrosa, pero aún así, podía distinguir a ese chico que yo muy bien conocía o conocí alguna vez. Tenía los ojos abiertos como dos platos al igual que su boca. Sostenía un micrófono en la mano derecha, el cual estaba inmóvil cerca de su boca. Me estaba mirando.Esos ojos color miel se clavaban en mi.
Retrocedí un paso, tambaleándome. Por mas que lo intentaba, no conseguía que el aire entrase en mis pulmones, me estaba desesperando. Choqué con alguien. Era Bianca. Comenzó a gritarme todo tipo de insultos, pero simplemente no la oí, solo estaba preocupada de verlo a él… no lo había visto hacía tres años. Había cambiado… ahora su cabello era largo, y lo llevaba en punta como un puercoespín, también estaba mas alto y delgado. Seguía conservando su original estilo que me atraía y me hacía perder la cabeza.
Entonces avanzó un paso, mientras yo retrocedía… y desde allí, todo ocurrió muy rápido. Alguien me cogió del brazo fuertemente y me sacó a arrastras del lugar bajo la mirada de todos esos curioso, pero la mas importante, la mirada de Bill.
Al salir pude ver quien me había sacado, era Lis. Ella debía haber tenido el mismo rostro que yo... había visto a Tom. Se acercó a mí y me abrazó, de verdad lo necesitaba, necesitaba un abrazo, segundos después se separó de mí y con la cara llena de preocupación me preguntó:

-¿Cómo te sientes?
-Bien – mentí. Me sentía terrible, lo único que quería en ese momento era echarme a llorar.
-Bien... – pensó un momento. - ¿quieres que te acompañe de vuelta a tu casa? – yo negué con la cabeza.
-No, quiero ir andando… necesito pensar un poco. Regresa a la fiesta ¿ok? – dije intentando sonar lo mas convencida y natural posible. Ella asintió.
-Llámame cuando llegues. – me sonrió
-Lo aré, adios– Lis caminó hacia la entrada, se volvió varias veces para comprobar que realmente estaba bien, pero yo le devolvía la mirada con una sonrisa.

En cuanto entró me sentí fatal. Estaba sola.
Caminé hacia la derecha, esquivando a un niño que comía un helado felizmente tomado de la mano de su madre quien lo jalaba de la mano y caminaba apresurada con algunas bolsas. Por un momento lo envidié… pero luego me consolé sola, había visto a Bill, eso era bueno, creo.
Seguí caminando, intentando de alguna manera, que ninguna lágrima saliera de mis ojos, no podía llorar allí. No era justo. Cuando creía que ya había superado todo lo de Bill, él regresaba. Siempre he sido el tipo de chica que vive por el resto, y si me abandonan yo muero. Bill me dejó sola y morí, resucité, volvió, lo ví... y vuelvo a morir nuevamente.
Me mordí el labio inferior para reprimir un sollozo, las lágrimas ya comenzaban a brotar de mis ojos a montones. Los recuerdos que había enterrado hacía ya dos años habían vuelto a mi mente, no podía evitar recordarlo.
El pecho me dolía. Lo único que quería era llegar a casa, pero no, no podía ir a casa. De una u otra maneta vería a Bill, que después de todo, su madre seguía viviendo en la casa de enfrente. Me decidí en ir al parque en el que había quedado con Lis horas antes y… también Bill años antes.
Caminé hacia la pequeña fuente que había en el centro del parque y me senté en el borde. Miré mi reflejo en el agua. Dios, estaba horrible. Tenía los ojos rojos y contrastaban con el verde. Se veía horrible. También estaban hinchados. Mis mejillas estaban llenas de maquillaje negro corrido, estaba echa un monstruo.
De pronto sentí que alguien se sentaba al lado mío silenciosamente… luego suspiró y finalmente me habló:

-Hola.

Levanté la cabeza. ¡Era él!
Allí estaba, a treinta centímetros de mí, sabía lo que vendría ahora... la vergüenza. Vergüenza por lo que pasó hace años, porque él, un chico famoso, una celebridad era mi novio, y no habíamos hablado en años. Vergüenza también, por el aspecto que tenía, no estaba muy presentable que digamos con los pelos y los ojos que llevaba. Seguramente se asustaba y salía corriendo... o bien decía que se equivocó de chica, qué se yo.
Abrí la boca para decir algo, pero las palabras no me salían, quería decirle que le seguía queriendo igual que antes, y que nunca lo había podido olvidar, que no había besado a ningún chico desde que él se fue, porque nunca cortamos, el seguía siendo mi novio en teoría, y yo le seguía siendo fiel.
Me rendí, no podía hablar. Me mordí el labio inferior y bajé la mirada.

-¿Cómo estás? – esa voz dulce, suave y delicada, sonaba para mi, para mis oídos, esa voz, que alguna vez fue la de un niño, ahora sonaba como la de un chico mayor… era la voz mas hermosa, la que yo había escuchado en mis mejores sueños y en mis pesadillas.
-B...bien – respondí con un hilo de voz.
-No lo parece, ¿quieres que te lleve a casa, Aly? – había dicho mi nombre, no me lo creía… hacía ya mucho tiempo que no escuchaba mi nombre dicho de aquella manera y con aquella voz. Sonreí.
-No, yo iré sola… a demás no quiero irme todavía porque… – dije levantándome, él igual se levantó.
-Vine para llevarte a casa porque acabamos de terminar con lo de la fiesta. – yo asentí. – vamos a mi coche.

Él comenzó a caminar hacia un coche muy bonito aparcado a un lado del parque. Yo le seguí silenciosamente.
Me abrió la puerta del copiloto y me hizo entrar, luego rodeó el auto y se sentó en el asiento del conductor. Resopló y encendió el motor para darle marcha al auto e ir hacia mi casa.

-¿Y cómo te ha ido? – preguntó para romper aquel silencio.
-Bien, creo.
-¿Crees?
-Quiero decir… han pasado muchas cosas en todo este tiempo. Quizás tenga que ponerte al día sobre algunos temas.- lo miré, estaba mirando hacia adelante.
-Si, quizás deveríamos tener alguna conversación.
-Ajam... – fue lo único que logré responder.
-¿Te apetece ir a dar una vuelta? – dijo mirándome con interés.
-No creo que a esta hora sea lo más adecuado– vale, me estaba comportando como una niña. La verdad es que me daban muchos nervios hablar con él.
-Tienes razón-Asintió-tenía ganas de que pudiésemos hablar.
-También yo-Mentí.
-¿Y cómo está tu familia, tu hermana?-Preguntó después de un rato.
-Bien, en América del sur con mi madre.
-¿Otra vez de viaje?-Oh, recordaba los viajes de mis pades, que lindo.
-Divorcio.
-Lo siento.
-No es nada, nadie se muere por eso-Me encogí de hombros.
-Si…
-¿Y tú como has estado, cómo está Tom?-Le pregunté esta vez yo.
-Bien. Si, debemos ponernos al tanto el uno al otro en uno de estos días. Y supongo que podrás ver a Tom dentro de poco.

El  coche se detuve frente a mi casa y a la de Simone, por supuesto.  Suspiré.

-Un gusto verte de nuevo, Bill.-Le sonreí y me acerqué para besarlo en la mejilla.
-También. Insisto en que podríamos hablar alguno de estos días.-Asentí.
-Luego vemos eso.
-De acuerdo.
-Adiós.
-Adiós.

Me bajé del coche, cerré la puera y me apresuré en entrar a mi casa.
Cerré la puerta, guardé la llave en mi bolsillo y subí las escaleras a toda velocidad para encerrarme en mi habitación.

16 abril, 2012

You (Leb die sekunde SEGUNDA PARTE) /Capítulo 1


CAPITULO 1





Ya habían pasado tres años desde que él se había ido, y no lo había vuelto a ver. No es que lo hubiese evitado o él a mí, no habíamos peleado. El tema fue que… simplemente las situaciones no se dieron. El día que Bill volvió yo estaba fuera del país. Habíamos acompañado a mi padre a un viaje de negocios por lo que no lo pude ver. Y para cuando yo regresé los chicos ya estaban fuera nuevamente. No logábamos coincidir y si es que los dos estuvimos en la misma ciudad unos días no nos enteramos, más que nada porque dejamos de llamarnos y cortamos nuestras comunicaciones. No sé muy bien la razón, quizás la relación se enfrió con el tiempo. Aún así yo lo miraba en la TV y buscaba sus fotos en Internet para recordarlo de vez en cuando.
Finalmente lo superé. Porque tuve otras preocupaciones mayores que atender durante el último año. El divorcio de mis padres, por ejemplo. O tener que separarme de Laila. Ellos no habían encontrado ninguna solución mejor que separarnos. Mi hermana se había mudado a Sudamérica con mamá y yo me había quedado aquí con papá. Pero él siempre tenía viajes que hacer, así que la mayor parte del tiempo me encontraba sola en casa. Bueno, con Luisa… que ahora pasaba a ser como una “madre postiza”. Por suerte este arreglo era temporal, hasta que se solucionaran algunos problemas que habían entre ellos para que se pudiesen poner de acuerdo con respecto a temas de dinero… y nosotras, obviamente.
No es que hubiese sido la mejor época de mi vida, pero tampoco era como para cortarme las venas.


Salí de casa dando un fuerte portazo que resonó por toda la calle, había quedado con Lis hace cinco minutos, y llegaría atrasada. Cómo no había ningún taxi cerca, comencé a correr calle abajo en busca de el parque en el que había quedado con mi amiga. Cuando iba a mitad de camino me sonó el teléfono. Me detuve, lo saqué del bolsillo de mi jersey y le di al botoncito.

-Hola, Lis. – La saludé con voz agitada y con la respiración entrecortada, llevándome la mano al pecho.
-Aly ¿por qué no has llegado?
-Voy en camino.
-Apurat... – colgué, no la dejé terminar, y comencé a correr nuevamente.

Al llegar me acerqué al banco de siempre, el que se encontraba bajo ese gran árbol florecido de pequeñas  flores rosas. Me senté junto a Lis, y la saludé con nuestro saludo especial.
-¡Ya era hora! – exclamó una vez finalizado nuestro saludo. Ambas reímos.
-¿Ya nos vamos? – pregunté entusiasmada.
-¡Si, Que con tu retraso tendremos menos tiempo!- Me tomó la mano y tiró de mí para luego empezar a caminar a paso rápido por el parque. ¿A dónde íbamos?, pues, íbamos a su casa a arreglarnos para una fiesta que organizó Bianca, ella era la nueva chica popular de la escuela. Cómo mi hermana se fue alguien tenía que sustituirla. Y ese alguien era Bianca. Podía ser una creída y todo lo que quieras pero tenía un “gran corazón”, por lo que invitó a todo el mundo en la escuela, por no decir a toda la ciudad, a su fiesta de cumpleaños. Ya estaba todo programado con anticipación, y esto se podía leer en la invitación, que ponía algo así como: ¡Hola!, te informo que estás invitada a la mejor fusta de cumpleaños jamás vista aquí en Liepzing, donde habrá bandas famosas, comida exótica, lugares de apuestas, piscina, y una fiesta interior o exterior, a tu gusto!... Eso es todo lo que logro recordar de esa estúpidas invitación, que parecía mucho más un anuncio de televisión, que lo que era, una invitación para un cumpleaños.
Sin darme cuenta ya estábamos bajándonos del taxi que nos había llevado a casa de Lis, entramos en su casa a empujones y subimos a su habitación, donde ya estaban todas mis cosa que necesitaría para la fiesta.

-¿Cuánto tiempo nos queda? – pregunté no muy entusiasmada, mientras me tumbaba en la cama de Lis boca abajo. La verdad, ella era a quien le hacía ilusión la fiesta.
-Nos quedan exactamente… - dijo mirando su teléfono y sacando la cuenta mentalmente. – Cuarenta y siete minutos. – habló con satisfacción por haber sacado bien la cuenta… ella no era muy buena en matemáticas, que digamos. Caminó hacia su armario y buscó ropa, luego caminó en dirección al baño, pero antes de entrar en el asomó la cabeza y me dijo. – luego entras tú, prepárate. – me guiño un ojo y yo me eché a reír.

Yo ya tenía elegido lo que me pondría: no pensaba ir con uno de esos típicos vestiditos, no señor.
Esperé pacientemente sentada en la cama, para que Lis saliera del baño, esta chica tardaba demasiado en arreglarse. No entiendo la importancia de ir tan presentable a una fiesta de cumpleaños…
Media hora después (o sea que me quedaban 17 minutos para arreglarme) Lis salió del baño, estaba divina, llevaba un vestido azul, por encima de la rodilla, con un lazo por debajo del pecho. Iba peinada con un hermoso recogido, y algunos de sus cabellos caían ondulados por lo laterales de su cara.

-¡Te ves hermosa, Lis!
-¡Gracias! Tu turno. – y acto seguido me metió en el baño a empujones.

Llegamos a la fiesta con quince minutos de retraso. En la puerta del local había un hombre gigantesco, al que le entregamos los regalos. Pasamos dentro y nos sorprendimos, había mucha gente, todos vestidos con esos trajes que yo me negaba a usar en esa ocasión. Definitivamente no encajaba allí. Caminé hacia la barra, junto a Lis, nos sentamos y pedimos algo de beber.

-No te ves muy cómoda estando aquí. – yo asentí con la cabeza.
-La verdad no estoy cómoda para nada… pero no nos vendría mal una fiesta.
-Adivina que, amiga. ¡Ya estamos en una! – hablábamos gritando ya que la música era demasiado fuerte. Tomé la copa que me acababan de servir, y me la bebí al seco, sintiendo el escozor que producía el alcohol en mi garganta. Me estremecí, eso de beber no era lo mío.
Salté del asiento y cogí a Lis de la mano, para luego llevarla a la pista de baile, en ese momento sonaba una canción muy movida. Las luces multicolores se encendían y apagaban, había neblina artificial y toda la gente se movía muy bien, vamos, la fiesta ideal.
Comenzamos a bailar la una en frente de la otra, bajo las miradas de algunos chicos, que se nos acercaban, pero que no se atrevían a pedirnos que bailásemos con ellos, perdedores. Yo meneaba mis caderas, lo mejor que podía, llevándome las manos al cabello. Bailaba bien, debo reconocer. En estos tres años, Lis y yo habíamos tomado clases de baile. Digamos que era algo así como para matar el tiempo, estar en forma y pasarlo bien.
Cuando ya llevábamos bailando unas cuatro canciones, la música dejó de sonar. Presentaron a una banda, no escuché el nombre... pero igualmente grité histérica, como el resto de las chicas. Después, sin prestarle atención, me dirigí al baño para arreglarme el cabello.
 Estuve allí frente al espejo hasta quedar presentable.
Luego salí. Busqué a Lis con la mirada pero no la encontré… la canción que sonaba se me hacía familiar, pero no lograba recordar donde la había escuchado.
Seguí caminando por la pista de baile, el resto de los invitados saltaban alrededor de un pequeño escenario, donde seguramente estaría aquel grupo que tocaba esa canción. Una chica me empujó, y choqué con Bianca, esta iba con un vaso lleno de una bebida, el cual, con el empujón, cayó directamente en su vestido.
Cerré los ojos con fuerza, sabía lo que venía…
Un agudo grito de Bianca sonó sobre la música y esta se detuvo… abrí nuevamente los ojos, y miré a mi alrededor, todo el mundo nos miraba. Apreté los puños, dios que vergüenza. Una luz amarilla nos enfocaba a ambas. Giré sobre mí misma, preparada para salir corriendo hacia la salida, me mordí el labio inferior. Quedé cara a cara al escenario, como la gente ya no saltaba, se podía distinguir el grupo que tocaba... miré hacia allí, para luego correr, pero lo que vi, no me permitió moverme un solo centímetro.