30 enero, 2013

1000 Meere /Capítulo 19






CAPITULO 19

 

Recibí otro golpe por parte de mi madre.
Mamá murmuré llevándome una mano a la mejilla. Y otro golpe más. Los ojos se me llenaron de lágrimas y me comenzaron a arder, intenté contener el sollozo que luchaba por salir de mi garganta. 
¡TE LO DIJE! cerré los ojos esperando otro golpe. Pero este no llegó. Bill tenía a mi madre sujeta por la muñeca. 
—Ya basta le dijo. Su voz no contenía ninguna emoción y eso me asustaba. 
-—¡Suéltame! ¿qué es lo que quieres con mi hija? movió el brazo con brusquedad, aun así no pudo soltarse.
Yo…
¡Suéltame! le gritó mi madre. Con la otra mano que le quedaba libre me cogió por el cabello. 
No quiero que la golpees Bill me miró. Una lágrima se escapó de mis ojos. 
Bill… dijo su madre con una voz casi inaudible. Se notaba aterrada por esta situación. 
Por favor no le hagas daño dijo Bill en el momento en que la soltaba.
¿Qué no le haga daño? ¿eh? ¡Debiste haberlo pensado antes! Oh claaaro, saliendo con niñitas ¡con mi hija! 
¡Mamá! me quejé ella tiró de mi cabello sin mirarme, como haciéndome callar. Levantó su mano y su dedo índice lo situó muy cerca del rostro de Bill.
No te quiero volver a ver cerca de mi hija. Ya no estarás cerca de ella, yo me ocuparé de eso… no, no, jamás la volverás a ver, niño comenzó a reír mientras su voz tiritaba un poco la alejaré de ti, será su castigo… y tu jamás, ¡jamá! la vas a ver… ¿te enteras? No eres más que un mocoso insolente tiro de mi cabello de nuevo, su mano tiritaba, sí que estaba nerviosa sales con niñas más pequeñas que tú sólo para hacer maldades… un reto, ¿a que sí? Te conozco, niño… la haz quemado, fuiste tú, no fue un accidente.
¡No, mamá! me tiró nuevamente, un grito salió de mis labios. 
No, es que… mi madre lo cortó.
No me interesa tiró más de mí, creí que me iba a caer. 
Sólo quiero explicar cómo son las co…
¡No tienes nada que explicarme! miró a Simone deberías vigilar más a tu hijo su voz había sonado menos ruda. Simone no dijo nada. Eso me puso aún peor. ¿A caso ella no iba a hacer nada por Bill y por mí? y tú me miró – ¡eres una puta! Te desapareces toda la noche con ese… ese…
No te atrevas dijo Tom y se adelantó un paso. Bill me miraba, no supe identificar qué era lo que él sentía en ese momento. Pero apenas se movía para respirar.

¡No te metas! me tiró el cabello de nuevo. Un sollozo ahogado salió de mi garganta. 
Pero… trató de añadir Simone. Luego se calló de golpe y fijó sus ojos en mí. Yo la miré suplicante. 
¿Cómo te atreves a desobedecerme? algo iba surgiendo en mi interior. Un extraño sentimiento que no tardó una milésima de segundo para apoderarse de todo mi cuerpo. Levanté la mano rápidamente y clavé mis uñas en el brazo de mi madre. Ella soltó un grito y me soltó el cabello. Yo me erguí del todo y me escondí tras Bill —¿qué te ha pasado? ¿qué te ha hecho? No eras así antes, no antes de estar con ese —me apuntó con el dedo. Se me vino a la cabeza el hecho de que ella pudiese estar loca. 
¡Lo amo! le grité.
—¿Lo amas? ¿es enserio? No puedes amar a alguien como él, ¡por favor! Ven aquí.
Me llamó.
No me abracé a Bill y este me correspondió al abrazo. 
—La amo dijo él. Mi madre lanzó un grito que me hizo estremecer. Mi rostro ya estaba empapado en lágrimas y me escocía. 
Meer, sepárate de Meer ahora mismo caminó hacia nosotros y tiró de mí. Bill no me soltaba, y yo tampoco a él. 
¿Dónde la llevas? preguntó desesperado.
A un lugar del cual jamás va a regresar, se olvidará de ti dijo mi madre entre dientes. 
¡No! lloré más fuerte. No supe que estaban haciendo los otros dos integrantes de la familia de Bill ¿acaso no iba a ayudar? 
Por favor, no…
Debieron pensarlo antes espetó mi madre ¡sepárense! gritó perdiendo los nervios. 
Ya basta, Bill escuché la voz de Simone, Bill fue soltando el amarre en torno a mi cuerpo, despacio. Mientras yo gritaba como una desesperada. Estaba segura de que ya todo el mundo no estaba mirando. Mi madre me cogió el cabello con una mano y con la otra sujetó uno de mis hombros. Comenzando a caminar. 
¡Bill, te amo! logré gritar antes de que mi madre me subiera en el coche de su novio y cerrara la puerta haciendo un fuerte ruido. Ella se subió rápidamente del otro lado y puso llave a la puerta. La desesperación me inundó en cuanto ella encendió el motor. Comencé a gritar como una loca y me pegué a la ventana. El coche comenzó a andar y pasamos por el lado de Bill. Este me miraba con lágrimas en los ojos. Lloré más fuerte, el pecho me dolía. Todo me dolía. Me estaba muriendo.

Vi cómo los alejábamos y me di la vuelta hacia atrás. Por la ventana pude ver a Bill de pie en la calle y a Tom con Simone yendo hacia él. Ya no había remedio.

 

Y ahora no sabía dónde íbamos. Me volví a acomodar en el asiento, aun sollozando. Yo sabía que iba a volver, sabía que iba a estar con Bill en poco tiempo. Tenía muy claro que yo haría hasta lo imposible para estar con él de nuevo. Lo tenía tan claro como el hecho de que mi madre estuviese ahora en el listado de la gente que yo odiaba. Estaba en el primer puesto, definitivamente.
Tuve ganas de lanzarme encima de ella y arrancarle los ojos con mis dedos.
Seguí llorando en “silencio”. Pequeños sollozos se escapaban de mi garganta. Sentía que iba muriendo, mi madre quería matarme, ella me quería ver sufrir, me odiaba… y yo a ella. Me llevé una mano a la boca para evitar que sonidos de llanto más fuertes salieran de allí. Me mordí el puño y cerré los ojos con fuerza. Mi madre aún no me decía nada, y a mi no me apetecía hablar con ella.
No dejaba de pensar en Bill. La noche anterior se me venía a la cabeza. Más que nunca deseaba estar con él, sentir sus brazos rodeando mi cuerpo, su respiración, su voz y sus palabras que tanto me calmaban, ver su sonrisa, sus ojos hasta perderme en ellos, quería sus besos, los necesitaba. Yo necesitaba a Bill. Tenía que volver con él. 
Ya casi no me entraba aire a los pulmones, me sentía impotente, no podía hacer nada… miré por la ventana y me di cuenta de que estábamos saliendo de la ciudad.
—¿Dónde vamos? —pregunté asustada, con la voz temblorosa por el llanto. Mi madre ni siquiera se dignó a mirarme, simplemente se limitó a contestarme con una voz fría:
—Al avión que te llevará a tu nueva casa —sus palabras quedaron rebotando en mi cabeza, repitiéndose una y otra vez. Sentí una fuerte punzada en el pecho, lo comprendía. 
—No, mamá… —dije mientras lloraba más fuerte —no quiero. Ni siquiera llevo equipaje, no —la voz me temblaba…
—Ya tomé la decisión, no me harás cambiar de parecer. Además, tu padre ya está enterado y te está esperando. 
—¡No! 
—Irás aunque no quieras —dejé caer mi cabeza contra la ventana del coche. Ni siquiera sabía hablar inglés. Yo no quería ir a Estados Unidos. Yo me quería quedar aquí, en Alemania, con Bill. 
—Mamá, por favor… no —le rogué.
—Ya lo decidí. Lo hubieras pensado antes de irte con ese… —dijo con desprecio.

—Pero lo amo —un alarido de dolor salió de mi garganta.
—Tú no lo amas, hija. Eres pequeña, no sabes nada sobre el amor —ella era la que no sabía nada. Ella era la puta, la que salía con todos… pero no se lo podía decir.
Miré por la ventana mientras intentaba detener mis lágrimas. No lo iba a volver a ver. Maldije a mi madre.
Sentía un fuerte dolor, el dolor más grande que había sentido. Incluso mayor que el dolor de ese día, cuando Helena me había hecho meter la mano en el aceite hirviendo. Mi cicatriz seguía allí, abarcando toda mi mano. 
Sentí ganas de salir corriendo en el momento en que mi madre detuvo el coche en el aeropuerto. Ella sacó una maleta de la parte trasera del coche y juntas caminamos hacia la entrada. Yo aun llorando. La gente que había allí se me quedaba mirando. Y eso me hacía llorar aún más. Quería a Bill. A Bill y sólo a Bill. 
Mi madre no se tardó en ponerme de las primeras en la fila para abordar, fue a dejar mi equipaje. No me alcancé a despedir de ella, pues me hicieron entrar.
A cada paso que daba  sentía que me alejaba infinitamente de lo que yo más quería en el mundo.
 Me estaba muriendo por culpa de la persona que me había dado la vida.




 

Recuerdo no haber dejado de llorar en todo el viaje. Sólo pensaba en Bill. En que todo se había acabado, en que ya no podría estar más con él. En que ya nunca iba a volver al lugar done había vivido toda mi vida, donde había crecido. Ya ni siquiera tenía posibilidades de venganza. 
Odiaba a mi madre. Ella me lo había arrebatado todo. Todo lo que me mantenía estable. Mi eje central, en el cual giraba yo, mis pensamientos y mi corazón. Ella lo había destruido, me había alejado de esa persona tan importante para mí a la cual yo quería incluso más que a mi propia vida. 
Me dormí a la hora de haberme subido en ese maldito avión. La señora que había estado a mi lado no me había dejado de preguntar una y otra vez si me encontraba bien o si necesitaba algo, por lo que al despertar, me hice la dormida, mirando hacia la ventana, para que la señora esa no viese mis lágrimas. Las horas pasaban y pasaban y yo no sabía cuándo iba a llegar ese puto avión a su destino. Planeaba rogarle a mi padre que me enviara de vuelta a Alemania. Después de todo, yo a él lo había visto sólo un par de veces desde la separación de mi madre y no iba a afectar en nada el hecho de que yo no estuviese con él, porque él no había estado conmigo en cinco años. Y mucho tiempo.
Alguien me tocó el hombro al llegar, yo ya sabía que habíamos aterrizado pero no me quería levantar. Todos verían mi cara roja por el llanto y lo hinchados que habían quedado mis ojos, producto de lo mismo. 
No me podía sacar a Bill de la cabeza. Lo extrañaba demasiado.
Me levanté pesadamente del asiento intentando ocultar mi rostro con el cabello. 
Me pasé la mano por los ojos y la cara antes de bajarme.
Al llegar dentro no supe que hacer. Yo no sabía quién era mi padre. Casi no recordaba su rostro y no lo conocía lo suficiente como para identificarlo entre toda esa masa de gente que había en el aeropuerto.
Me entraron ganas de llorar de nuevo al encontrarme perdida. Caminé hacia uno de los asiento y me senté. Agaché la cabeza y miré mis zapatos. No me di cuenta cuando ya había comenzado a llorar. De nuevo… 
Iba a terminar deshidratada si seguía así.
¿Meer? una voz ronca y grave traspasó mis oídos. Me llevé las manos a la cara y me limpié los ojos rápidamente, con brusquedad, para luego alzar la cabeza y mirar a ese hombre que estaba frente a mí. No se veía nada viejo y tenía pinta de tener dinero.
¿Papá? la voz me había salido ahogada, precisamente como yo no quería que me saliera.
Mi pequeña… habló en alemán, mi idioma, su idioma. Me abrió los brazos y yo me levanté en menos de un segundo lanzándome a sus brazos. Me abrazó con fuerza, como queriéndome retener allí. Lloré de nuevo, sólo que esta vez más fuerte. Hundí mi cabeza en su chaqueta y sentía como el aire me comenzaba a faltar, abrí la boca para poder respirar mejor, pero lo único que conseguía era llorar cada vez más y más fuerte ¿Qué ocurre? 
Quiero volver gemí con la voz entrecortada por el llanto.
Amor, lo siento mucho, tu madre… —lo corté.
Es una… —Me detuve. Él simplemente me abrazó más fuerte y no dijo nada Yo lo amo, papá se me salió. Aguanté la respiración para esperar que él me dijese algo. 
No puedo hacer nada su voz sonaba lastimera. Vale, le había dado algo de mi tristeza, eso no estaba bien.
Envíame de vuelta… le rogué. 
No puedo, hija un sollozo más fuerte que los anteriores salió de mi garganta. Me estaba muriendo. Mi interior se derrumbaba.

Al llegar a mi futura casa mi llanto ya se había calmado un poco. Ahora sólo lágrimas silenciosas rodaban por mis mejillas, sin que yo pudiese detenerlas.
Nos bajamos de su coche, que por cierto, era un cochazo negro. Y qué decir de la casa… Al verla quedé impactada. Era alrededor de cuatro veces la mía. Ese hombre sí que tenía dinero, mi padre. Aun así, quise volver a mi casa.
Por lo que había podido hablar con él en el coche, me había dado cuenta de que era un persona muy comprensiva. Incluso, en ese corto tiempo de viaje le había cogido tanta confianza, que al llegar ya le había contado casi todo lo que me pasaba con Bill y lo del tema de mi madre. Me pude desahogar sin ser juzgada. Realmente lo había necesitado.
Al entrar en la casa me di cuenta de que tenía un montón de empelados que vinieron a recibirme. Todos me parecieron simpáticos. Incluso había una chica, se veía bastante joven… y una señora con traje le limpieza la cual me había ofrecido un  vaso de agua. Mi padre me había presentado como “su hija Meer” y todos ellos me habían dicho un “hola, señorita”. Luego me ocuparía de ese detalle. “Señorita”, ni que fuese alguien importante. Intente sonreír, para caerle bien a esa gente en la primera impresión. Aunque nada salía de mi boca, que no fuese un sollozo o una mueca de verdadera incomodidad y dolor. 
Acabé por subir muy luego a mi habitación. No me apetecía para nada conocer la casa aún. Sólo quería llegar y acostarme a dormir... o a meditar, o bien, a llorar. Mi padre me había hecho dormir en una de las habitaciones de invitados. Porque luego el compraría los muebles para mi nueva habitación, a mi gusto. 
Al entrar en la habitación y encontrarme allí sola, me pregunté cuanta gente en el mundo estaría en mi situación. Si alguien en el mundo hubiera estado sufriendo como yo… eso hizo que la respiración se me agitaran y los ojos me escocieran para empezar a llorar de nuevo. 
Lo que yo más deseaba en el mundo era un abrazo, pero no cualquier abrazo, si no que un abrazo de Bill.

 

1000 Meere /Capítulo 18






CAPITULO 18

 

Abrí los ojos muy despacio, puesto a que una luz me cegaba. Me di cuenta de que ya era de día y que seguíamos en el coche. Miré a Bill girando la cabeza lentamente… me asusté al darme cuenta de que no estaba allí. Logré abrir bien los ojos y tras refregármelos con las manos miré por la ventanilla. Había mucho sol. No había ninguna nube en el cielo y eso era algo extraño ya que era invierno. En un principio no supe dónde estaba. Pero al recordar la noche anterior caí en la cuenta de que seguía en el mismo mirador, sólo que ahora estaba de día y se podía apreciar mejor el antiguo lugar.
Abrí la puerta del coche en un impulso. Me había dado un enorme curiosidad por salir de allí y ver cómo se veía la ciudad en el día… o bien para tomar un poco de aire, puesto a que tenía calor.
En cuanto salí del caluroso coche, una oleada de viento frío me golpeó el rostro. Me sentí fresca. Cerré la puerta y luego caminé a paso lento hacia la baranda que estaba frente a mí. Había muchos árboles, todo era muy lindo. Unas cuantas flores mal cuidadas, bancos despintados y el cemento que cubría todo lo que era suelo, estaba roto y quebradizo en algunas partes. Ustedes pensarán: un caos. Pero no… todo eso tenía un aspecto que lo volvía mágico. Me sentía como en una película.
Apoyé mis manos en la baranda de metal frío y lo acaricié despacio. Bostecé y observé el paisaje. La ciudad estaba rodeada por árboles y bosques, podía ver los edificios más grandes, las construcciones más modernas, mi barrio, donde yo vivía, la escuela a la que yo iba, el centro comercial… todo.
No me preocupaba que Bill no estuviese conmigo, él ya llegaría. Tan siquiera me podía acordar de los problemas. 
Seguí observando el hermoso paisaje durante unos minutos más. El tiempo se me había pasado muy rápido y nadie andaba por esos lugares, por lo que me encontraba sola. Pero no tenía miedo.
Me encantaba la sensación de sentir el metal de la barandilla helada en mi piel, por lo que pasaba las manos de un lado a otro por la pintura desgastada de ésta. 
Miles de coche se veían en la ciudad. Las personas a penas se distinguían, eran tan insignificantes… somos insignificantes. Insignificantes en comparación con el mundo, con el universo. Nuestros problemas eran insignificantes, nuestros sentimientos y emociones, incluso lo que hacíamos durante nuestra vida… que era un ciclo, como el de cualquier cosa viva que existe en el mundo. Todo tiene un comienzo y un fin, y nosotros también. Aunque hay que hacer lo mejor para uno mismo. Porque sino, la insignificante vida de uno, no sería nada bueno y no se podría sacar provecho de ella. Porque para ti, tu vida no es insignificante, es algo importante… aunque para el resto del mundo no lo sea. La mayoría de la gente no sabe que existes, aun así tú vives feliz. Pues, tú tampoco conoces a toda esa gente. 
Unos brazos rodeándome me sacaron del mar de pensamientos en el que me había sumergido casi sin darme cuenta. Di un salto por el susto y me giré rápidamente. Me encontré con la sonrisa más bella del mundo. Era Bill. Vi que traía unos paquetes con comida en las manos y unas bebidas. 
Me besó.
¿Estás bien?
Jamás he estado mejor le contesté. Él me sonrió.
Te traje comida… ya casi es hora de almorzar me dijo, yo solté una risita.
Hemos estado aquí mucho tiempo.
Dormilona se burló y luego me dio un fugaz beso. Nos movimos juntos hacia uno de los bancos que mejor se veía y nos sentamos en él. Bill tenía la comida en sus piernas… habían dos coca-cola’s, una bolsa de doritos, otra con galletas saladas y otra con papas fritas. Delicioso.

Al terminar de comerlo todo y dejar el suelo lleno de comida y bebida, nos volvimos a subir en el coche para regresar a casa. Había sido de lo mejor y el tiempo se nos había pasado tan rápido que ya casi eran las tres de la tarde. Bill echó a andar el coche y yo riendo, continué con juegos y bromas. Y claro, él me siguió. 
El camino de vuelta se me hizo bastante rápido. En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos doblando a la esquina para llegar a la calle en que quedaban nuestras casa. Fue en ese momento cuando me tensé y sentí que algo no iba bien. A lo mejor mi madre se había dado cuenta, lo más probable era que sí. El corazón me empezó a andar rápido y me costaba hacer entrar aire a mis pulmones. Las manos me comenzaron a temblar. Respiré profundo un par de veces y Bill ya había detenido el coche. Miré hacia afuera, por lo menos no se veía nada extraño… sólo un coche frente a mi casa, el coche del novio de mi madre. Me tranquilicé un poco.
Ya llegamos anunció Bill sonriendo.
No quiero volver a casa me quejé.
Debes volver a casa… si quieres más tarde podemos volver a salir le sonreí. 
abrimos la puerta al mismo tiempo y cada uno salió por su lado. Seguidamente nos juntamos y nos dimos un fuerte abrazo. Yo me concentré en sentirlo, en aprovechar ese momento. Lo miré hacia arriba y él me besó.
Te amo.
Yo más le contesté. Me dio otro suave beso y luego hizo el intento de separarse de mí. Pero yo lo retuve más tiempo pegado a mi cuerpo.
Y en el momento en que giraba la cabeza hacia la casa de Bill, para poder apoyarla de mejor manera en su pecho vi a mi madre viniendo hacia nosotros, con Simone tras ella… y Tom parado en la puerta con expresión horrorizada.
A mi madre parecía salirle fuego por los ojos.
Me separé de Bill en un acto reflejo. Lo miré, él tenía la vista fija en Tom. Tom estaba de nuestro lado, seguro no lo había podido evitar. Mi madre… ella estaba como una loca. Una verdadera loca. Su cara estaba roja por la rabia y su aspecto no era del todo agradable. Su cara estaba desencajada. Demasiado enojada, jamás la había visto así. Simone, la madre de Bill, no tenía expresión en el rostro. Sólo caminaba hacia nosotros, no tan decidida como lo hacía mi madre. Vi como Tom se movía y daba un paso mientras observaba la situación, luego volvió sus ojos hacia su gemelo. 
El corazón se me detuvo y me quedé de piedra. Mi respiración se había vuelto lenta y costosa, algo me oprimía el pecho ¿y ahora qué haría mi madre?
Cuando ya estuvo lo suficientemente cerca de mí, me golpeó la cara con la mano con tal fuerza que se escuchó por toda la calle.

—¡Te lo advertí, te dije que no quería verte con él! —me gritó. Yo giré la cabeza tan rápido que me llegó a doler un poco. Miré a Bill y este me miraba a mí, sin comprender nada. Creo que a él tampoco le funcionaba el cuerpo ya que ni siquiera movió un dedo al escuchar el grito de mi madre. Simone se había quedado de pie unos pasos más atrás y Tom ya se había puesto a su lado.

1000 Meere /Capítulo 17








CAPITULO 17


Bill detuvo el coche frente a una moderna construcción bastante linda, tenía luces y aspecto elegante. Abrí la puerta en el momento en que Bill abría la de su lado y luego me bajé. Hice un gran ruido al cerrar la puerta puesto a que todo estaba en silencio… Bill no me dijo nada por haber cerrado la puerta tan fuertemente, pero no pude evitar preocuparme. Me cogió la mano en cuento se puso a mi lado, luego me tiró hacia él y me abrazó. 
Así caminamos hacia la entrada del local. Un hombre de terno y con el cabello perfectamente peinado nos abrió la puerta. Yo lo quedé mirando hasta pasar por su lado mientras él miraba un punto fijo delante de sus ojos. 
Adentro era mucho más bonito. El aire estaba cálido y había una suave música ambiental, muy agradable. Había gente joven. No era una fiesta, era un restaurante. Muy elegante, debo decir. Con casi toda la decoración en rojo y blanco. El rojo no era ese típico color chillón, que a mí personalmente no me gusta, si no que era uno mucho más oscuro. Todo allí adentro tenía formas extrañas, como las sillas que parecían espirales o algo parecido, las mesas algo… descuadradas y una barra en forma ondulatoria. Todo muy moderno y muy lindo. Estaba casi segura de que ese local era nuevo… ya lo averiguaría, se lo preguntaría a Bill.
Bill habló con un hombre que estaba casi en la entrada, yo no escuché nada, pues estaba embelesada mirando ese lugar. Él siempre me sorprendía. Me di cuenta cuando el hombre con una voz bastante estirada le dijo a Bill un “síganme” y él tiró de mi mamo.
Nos situamos en la última mesa. Yo me senté al rincón y Bill frente a mí, de espaldas al resto de la gente. Me sentí bien, ya que nadie se había quedado mirándonos de forma extraña. 
Me di cuenta de que toda la gente que allí había, se veía con dinero… vamos, no es que yo sea de esas chicas que sólo se preocupan por eso. Pero realmente, lo parecían… hasta con su forma de hablar era diferente. Y yo que sólo había venido con una ropa de andar por casa. Pero eso no me hizo sentir inferior. Tan sólo el hecho de estar con Bill me relajaba y me sentía mucho mejor. Incluso ya no me acordaba de mi madre y de lo que me había ordenado. “Aléjate de él”. Mujer estúpida. Me reí en mi mente y luego subí mi vista hacia los ojos de mi novio.
Los ojos más hermosos del mundo, los cuales podría reconocer entre un millón de ojos.
¿Te gustó este lugar? asentí con la cabeza. 
Es genial. Es perfeco, es… wow. No hay palabras, de verdad no supe la razón de porqué murmuré todo eso, como queriendo que nadie más escuchase. Bill me siguió con el mismo tono de voz.

Es genial que te haya gustado, tenía mis dudas soltó una risita planeaba llevarte a una fiesta fruncí el ceño ¿otra fiesta? con lo mal que había salido en la última… pero eres muy pequeña. Además, con los problemas que tuviste en tu fiesta anterior… negó con la cabeza en signo de desaprobación, pero riendo no quería tener problemas con una chica alcoholizada. 
No es gracioso entrecerré los ojos. 
¿No, Mery?
No lo fulminé con la mirada.
¿Sabes que eres hermosa cuando te enojas? se mordió el labio inferior y siguió sonriendo. Me derretí…
¿Quién? le seguí el juego ¿Meer o Mery?
Las dos. Las dos son hermosas y son la misma persona, ¿sabías? miré a la mesa y volví a sonreír, mi mente estaba trabajando rápido y las cosas iban fluyendo muy bien.
Pues yo tenía entendido que Mery era sólo tuya… y Meer, pues Meer era la chica de todo el mundo.
¿Ah, sí?
Si asentí. 
Entonces Mery es sólo mía… 
Si tú quieres, claro me encogí de hombros. 
Claro que quiero y justo cuando nos empezábamos a acercar, un plato se puso en frente de nosotros. Lo miré. Y sí que era un gran plato. Un gran plato lleno de pasta. Vaya, restaurante italiano. Y plato para dos. 
El mozo dijo algo más que no escuché y nos dejó un vaso con jugo a cada uno. Bill no me daría vino, eso estaba claro.
Me sonrió y seguidamente cogido su tenedor, yo lo imité y cogí el mío.
Enrollé el tenedor en la pasta y saqué un poco de ella y luego, para darle más picardía al asunto se la di a Bill. Este abrió la boca y se comió la pasta con una sonrisa. Le había gustado… ¿y qué mejor que tu novia te de pasta italiana en la boca? él me imitó y yo repetí lo que él había hecho anteriormente, comer la pasta. Estaba deliciosa. 
Está deliciosa… dije sonriendo habías pedido esto desde antes.
—¿Cómo sabes? dijo luego de haber tragado. 
No nos dieron ese listadito con la comida que dan en todos los lugares como este —sonreí, contentan de haberle pillado. 
Estás inteligente hoy. Ah, y se llama menú rio mientras yo masticaba.



Y así seguimos durante toda la cena que duró alrededor de una hora y media… ya que estuvimos mucho tiempo hablando y comiendo.
Todo había ido de maravilla. Esa noche me había encantado. Los problemas habían quedado de lado y sólo me concentraba en disfrutar el tiempo con Bill, ya que debido a mi madre luego no iba a poder estar con él mucho tiempo, estaba segura de que me tendría vigilada. 
Realmente yo lo amaba más que todo en el mundo, en ese momento sentí que él era mi única razón para seguir bien y no caer en una depresión tan grande que me llevaría al suicidio... já. No era para tanto, vale, exagero. Pero mi vida no era una de las mejores y Bill era como la luz de toda la oscuridad. Él era muy importante para mi, y lo necesitaba.



Salimos del local en cuanto Bill pagó todo.
Nos subimos en el coche. Yo estaba agotada, se me cerraban los ojos por acción automática, aunque yo los quisiese tener abiertos.
Tengo sueño le comenté mientras bostezaba.
Lo noté.
No quiero ir a casa le dije recordando lo que me podría esperar al llegar.
¿Y qué quieres que hagamos? me encogí de hombros, el echó a andar el coche.
No lo sé. Tú sabrás donde ir… soltó una risita. Vi como el dirigía el coche hacia el lado contrario desde donde quedabas nuestras casa, es decir, siguió subiendo más arriba, hasta que sólo se vieron un par de casa y unos cuantos árboles. Supuse que el viaje se me había hecho corto porque me había dormido sin darme cuenta. Ya no tenía sueño.
Ya llegamos, Mery me dijo Bill. Todo quedó en silencio pues él había detenido el motor. Mi erguí para mirar por la ventanilla pero no se veía nada, todo estaba oscuro salvo por una luz que salía al parecer el suelo, no veía bien, pero llegaba de unos metros más adelante espero no te moleste dormir en el coche.
¿Dónde estamos?
Un mirador vaya.
¿Es bonito el paisaje? pregunté ilusionada.
Jamás lo he visto de noche apenas pude ver cómo me sonreía, debido a la oscuridad.
Quiero ver dije como una niña pequeña… bueno, más pequeña.
¿Ya no tienes sueño?
No entonces sentí cómo Bill abría la puerta. 
Espera aquí me dijo y lego la cerró. Todo se quedó en silencio nuevamente y yo estaba impaciente por que Bill me viniera a buscar. A lo mejor iba a ver algo o que se yo… y luego de unos cuantos segundos que se me hicieron eternos, la puerta de mi lado se abrió. Bill me cogió de la mano y salí del coche. Me dio frío. Pero no le tomé importancia. 
Juntos caminamos hacia dónde provenía esa única luz que parecía iluminar el oscuro cielo. Pronto me di cuenta de que no era una luz del suelo… sino que eran nada más y nada menos que las luces que iluminaban a la ciudad por la noche. Desde allí se podía ver toda la ciudad. Un sonido de asombro salió por entre mis labios. 
Es precioso… dijo Bill.
Si le di la razón, luego nos abrazamos y nos apoyamos en la baranda de metal que rodeaba todo el cemento y las bancas que conformaban ese antiguo mirador. A lo mejor lo habían creado cuanto tan siquiera existían un par de casas en la ciudad. Me reí de mi misma por la conclusión que había sacado de todo aquello es genial estar aquí contigo le dije a Bill, este me besó el cabello. 
Te amo…
Te amo nos dijimos al mismo tiempo ¿sabes? siempre recordaré esto le dije. 
Ten por seguro que yo igual me acarició la cabeza y el cabello eres lo mejor que existe en este mundo.
Y tú eres lo más importante que existe en mi mundo nuevamente me besó el cabello. 
Te amo.
Yo te amo más. 
Eres muy competitiva, Mery. Sabes que siempre te querré más.
No. Yo te querré más. Siempre, por siempre y para siempre. 
¿Para siempre? asentí.
Es mucho tiempo… pero estoy segura de que será así pude notar como el sueño me invadía nuevamente. Bostecé y mis ojos se llenaron de lágrimas debido al bostezo. 
¿Ahora tienes sueño? asentí ven, vamos al coche… caminamos abrazados hacia el coche. Los ojos ya me comenzaban a pesar. Había durado muy poco tiempo despierta. En vez de subirnos en los asientos de adelante nos subimos en los de atrás los dos juntos. Lo abrazamos, yo entre sus piernas y muy cerca el uno del otro.
Que duermas bien preciosa yo contesté con un leve ronroneo. Él me apretó más contra sí mismo y nos dormimos juntos. Todo había sido muy romántico ese día. Habían ocurrido tantas cosas. Definitivamente, un día para no olvidar.


1000 Meere /Capítulo 16

 
 
 

CAPITULO 16

 

Pestañeé varias veces para asegurarme de que estaba viendo bien y que no era una ilusión. Pero allí estaba. Mirándome apenado. 
Se hizo un lado y yo pasé empujándolo con el hombro. No tenía que hacer en mi casa y si era para hablar conmigo sobre algo, pues yo no lo haría simplemente porque no se me daba la gana. 
Él no me dijo nada y cerró la puerta. Eso me sorprendió.
Y cuando creí que iba a llegar a mi habitación sin tener que hablar con él, mi madre me llamó desde el salón.
¡Meer, ven aquí! se notaba furiosa. Giré la cabeza para mirarla. 
Sí, estaba furiosa. 
El pánico me inundó el cuerpo y me tensé por completo. Ojala no fuese lo que yo creía. Porque si lo era alguien iba a morir esta noche. Y si ese alguien no era yo… era Eddy. Respiré profundo intentando mantener la calma y caminé lentamente hasta situarme frente al sillón donde mi madre se encontraba sentada con los brazos cruzados y con expresión enfadada.
¿Qué ocurre? intenté sonar lo más inocente posible. 
Siéntate me ordenó con voz fría. Las piernas me comenzaron a temblar y me senté en el sillón que estaba frente al de ella. Dirigí una fugaz mirada a Eddy, quien observaba todo desde la punta del salón. Estúpido. Esto no se iba a quedar así. Luego volví a mirar a mi madre Bill Kaulitz separó ambas palabras y yo me aterré aún más. Era oficial. Ya lo sabía. Pero ahora… a ver que me decía ¿es tu amiguito, no? 
Justamente te quería hablar de es… no me dejó acabar y me interrumpió. 
¿Cuánto tiempo has estado con él? me preguntó con brusquedad.
Mamá yo…
¿Cuánto? me cortó volviendo a insistir.
Mira, yo no… 
¡¿Cuánto tiempo?! se levantó del sillón y me miró con rabia.
Casi dos meses solté rápidamente. 
¡¿Dos meses?! gritó alarmada ¿no te da vergüenza? bajé la mirada. No podía enfrentarla, lo sabía. Aunque en mi mente pensaba en las mil maneras de decirle que no me daba vergüenza, que estaba orgullosa ¡¿Acaso estás loca?! me gritó y me cogió de los hombros ¿qué mierda tienes en la cabeza? ¡¿eh?! me zarandeó con fuerza. Yo ya tenía ganas de llorar ¿cuándo pensabas decírmelo? ¿O te lo pensabas callar? no dije nada ¿creíste que tu secretito iba a durar por mucho tiempo? entonces me soltó de los hombros y con una mano cogió mi cabello y tiró hacia arriba, obligándome a levantarme del sillón. Grité por el dolor que el tirón me había producido. Ella situó mi cara muy cerca de la suya para luego decirme: no quiero volver a saber nada de ti y ese Kaulitz juntos ¿entendido? NADA no, no. Yo de Bill no me separaba. Prefería que me quitasen las uñas una por una, pero a Bill no lo dejaría jamás ¡¿entendido?! —negué con la cabeza. Mi madre me cruzó la cara con tal manotazo que quedé medio aturdida. Había resonado por todo el salón. Me pregunté si Eddy estaría disfrutando de la función ¿cómo dices? 
Que no rompí a llorar. 
¿No qué? se hizo la tonta y tiró de mi cabello más fuertemente.
Que no me voy a separar de Bill fijé mis ojos en los suyos, la miré con odio. Y justo en ese momento ella me dio otro manotazo que sentí hasta en los pies. 
Tú me obedeces, yo soy la madre por desgracia. 
No susurré mientras sentía como mi cuerpo se comenzaba a convulsionar por los sollozos. Entonces mi madre me soltó el cabello y me cogió del brazo. Me movió un poco, yo la miré.
—Escucha muy bien lo que te diré esperé a que continuara, pero no lo hizo, por lo que tuve que asentir con la cabeza no quiero que vuelvas a ver a ese. Aléjate de él
¿Por qué? dejé escapar todo el aire que tenía en los pulmones. 
No quiero que mi hija salga con chicos y mucho menos si son mucho mayores que ella y parecen chicas me enfurecí.
¡Él no es una chica! ¡Estás loca! le grité. Mi madre me golpeó nuevamente en la cara y luego comenzó a arrastrarme escaleras arriba. 
Jamás te volverás a ver con él ¿quedó claro? no dije nada y me dejé llevar ¡¿quedó claro?! asentí. Mi madre no me había visto asentir, por lo que abrió la puerta de mi habitación y me zarandeó de nuevo ¡¿Quedó claro?! 
¡Que sí! le grité. Entonces ella me tiró hacia adentro, logrando que yo me cayera al suelo y cerró la puerta dando un gran portazo. 
Lloré aún más fuerte. Esto no se iba a quedar así, no. Yo iba a seguir con Bill fuese como fuese, de eso estaba segura. No le iba a contar sobre estoy y por la noche saldría con él me dejaran o no. No me importaba. Ya me encargaría después de la venganza. Habían dos en mi lista:
1. Helena.
2. Eddy. 
A mi madre no le tendría rencor. No aún. 
Le di al piso con la mano y me cubrí la boca con la otra para que mi llanto no se escuchase desde la habitación que estaba frente a la mía. Iba muriendo. Aunque yo bien sabía que no iba a dejar de ver a Bill por ningún motivo del mundo. 
La puerta se abrió de golpe y yo me di la vuelta rápidamente para ver de quien se trataba.
La sangre me hirvió al ver a Eddy en la puerta. Tenía el arrepentimiento grabado en su rostro. Estúpido.
Me levanté rápidamente y me pasé una mano por los ojos. 
¡¿Estás contento?! me acerqué a él y lo empujé vete de aquí, no quiero volver a verte no pude correrlo ni medio milímetro de donde estaba ¡he dicho que te vayas, estúpido! ¡vete de aquí y no me vuelvas a hablar en tu mierda de vida, ¿quieres?!
Meer, discúlpame.
¡No! ¡no soportas ver a la gente feliz! es eso, ¿no? Pues yo no te soporto a ti ¡te ODIO! Vete, vete, VETE le di un empujón y tras haberlo sacado de la habitación, cerré la puerta. 

Me sequé las lágrimas tras haber llorado un buen rato. Me había obligado a entender a mí misma que con llorar no ganaba absolutamente nada. Que era mejor pensar y usar la cabeza para algo que no fuese golpearla contra el piso. 
Para empezar yo iba a salir con Bill si o si. Él no se iba a enterar de esto, jamás. Ahora más que nuca deberíamos tener lo nuestro en secreto, aunque eso costase lo suyo, ya que Bill ahora querría decírselo a todos.
Recordé que Bill iba a venir a por mí. De un salto me levanté del suelo y abrí silenciosamente la puerta de mi habitación, aunque no podía dejar de respirar fuertemente, con breves hipos de vez en cuando. Entré en el baño y me lavé la cara lo más rápido que pude para quitar el rastro que las lágrimas habían dejado en mis mejillas y aminorar un poco el rojo escozor de mis ojos. Me hice un suave masaje en los parpados y tras haberme enjuagado la cara y haberme arreglado el cabello como de costumbre, volví a salir del baño.
Entré nuevamente a mi habitación y cerré la puerta. Abrí el pequeño cajoncito que había en mi mesita de noche y saqué la llave. Seguidamente cerré la puerta. Así mi madre no podría entrar ver que no estaba.
Caminé hacia la ventana y la abrí del todo para luego hacer mis acrobacias y pasar del otro lado, ya que la ventana estaba abierta. Cuando ya creí que había pasado por completo y que había llegado sana y salva del otro lado, mi pie se atoró en la ventana y yo caí al suelo. Por suerte esta vez no me había golpeado la nariz. 
Me sentía algo culpable por haber salido de esa manera de mi casa. Pero, repito, yo no me iba a separar de Bill nunca. Recordar la pelea con mi madre me dio ganas de llorar. Pero estaba en otra casa, la de Bill. Justamente donde yo no debería estar. Podría haber seguido lamentándome en mi habitación. Pero no, yo siempre llevaba la contraria a todo, aunque fuese a escondidas. Porque, como ya dije antes, no tenía una personalidad fuerte.
Me levanté del suelo y examiné la habitación con la mirada. Esperaría a que él viniese, ya que no quería exponerme a que Simone me viera. Supuse que estaba en casa.
Me acerqué a su escritorio. No estaba para nada ordenado. En ese aspecto éramos bastante parecidos. Encontré un papel entre los cuadernos. Una genial idea se me vino a la mente. Cogí un lápiz que encontré por allí y anoté:


Te amo. 
Recuérdalo siempre
Meer.

Luego doblé el papel por la mitad y lo dejé bajo todos sus libros. No supe la razón, pero me entraron ganas de llorar nuevamente. 
Cerré los ojos con fuerza para reprimir las lágrimas. Y no lloré. Pues si yo decía que no, era no. 
De pronto localicé una cámara digital, estaba sobre su mesita de noche. Caminé hacia allí y la cogí. Le di a todos los botones hasta lograr encenderla y tras haberlo hecho busqué la galería de imágenes. Sólo había dos fotos. Las agrandé y pude ver… a mí. En la primera foto salía durmiendo y en la segunda de perfil en su coche. No recordaba haberme tomado esas fotos, pero me pareció lindo. Sonreí para mí misma. 
Me di la vuelta al sentir unos pasos bastante cerca. Bill venía entrando por la puerta y se había sorprendido al verme. 
—Hola —lo saludé con una sonrisa. 
—¡Mery! —vino hacia mí y me dio un dulce beso en los labios —¿qué haces aquí? ¿Cómo entraste? —señalé la ventana. En seguida se dio cuenta de que tenía su cámara entre mis manos —¿qué haces con eso? —me la quitó, sonrió juguetón y luego situó la cámara con la lente frente a nosotros. Me abrazó —dame un beso —obedecí feliz y él sacó la foto. El flash había iluminado toda la habitación. Dio vuelta la cámara y juntos vimos la foto. 
—Hermoso —dije mientras veía nuestro beso. 
—Si —dijo con un ronroneo. Me besó en la cien y luego situó la cámara frente a nosotros nuevamente —sonríe, preciosa —estrañamente tuve ánimos de sonreír. Ya que con la pelea de hoy lo más probable era que no fuese “feliz” durante toda la semana. Bill sacó la foto con nuestros dos rostros juntos. Repitió lo anteriormente hecho y juntos vimos la foto —que linda te ves —comentó. 
—La foto quedó genial… pero no me veo bien —reí un poco —sales hermoso
.
—Sales excelente —me dijo tiernamente. Apagó la cámara y la dejó sobre la mesita de noche —te tengo una sorpresa.
¿Una sorpresa? me sentí bien. Lo miré ilusionada y él rio.
Creo haber dicho eso… se encogió de hombros divertido. 
Tonto —reí. Junté disimuladamente su mano con la mía, entrelazando nuestros dedos. El apretó un poco mi mano y comenzó a caminar tirando de mí.
Vamos, Mery. 
No me llames Mery. 
¿Por qué? es lindo se dio la vuelta y me miró.
No me gusta me encogí de hombros y salimos de la habitación.
Mi madre te llama así. 
Eso es diferente. A ella no le puedo decir que no me llame así… pero a ti sí le di la explicación. Me dio la idea de que Simone estaba escuchando. Pero me saqué esa idea de la cabeza, si no la había visto, ella no me había escuchado. Bajamos las escaleras aún cogidos de la mano.
Pero a mí me gusta llamarte Mery.
A mí no… 
¡Pero si suena hermoso! a demás se detuvo en el último escalón y yo más arriba, por lo que estábamos casi a la misma altura, me miró y quedamos bastante cerca, cara a cara … Mery te queda bien me escaneó con la mirada tienes pinta de ser Mery. 
—Sí, claro ironicé.
Es verdad se acercó otro poco a mí déjame llamarte Mery puso sus manos en mi cintura y casi juntó nuestros labios sólo yo me susurró. No me pude negar, no me pude resistir. Su encanto, su hermosura, el amor tan inmenso que yo sentía por él, superaba a ese feo nombre… resoplé muy cerca de sus labios. 
Vale… respondí resignada, dejándome llevar por su encanto. Podía conmigo…
¿De verdad? me sonrió. 
dije mientras me mordía el labio inferior. Entonces él se acercó hasta juntar nuestros labios. Los suyos estaban cálidos y me encantaban. Me separé costosamente de él, tras escuchar una tos falsa. Ya sabía de quien era.
Bill se dio la vuelta y yo miré enfadada a Tom, quien tenía una sonrisa burlona pintada en el rostro.
Que gracioso le espetó Bill.
¿A que si? dijo aun sonriendo. 
Si, si hice un gesto con la mano en señal de desprecio, fingido claro. 
Tu novia me odia se quejó Tom, mirando a Bill con cara de niño pequeño rechazado. 
No te odia, lo que pasa es que interrumpiste mi beso suspiró. 
Y cómo Bill es taaaaan bueno besando… dije yo siguiendo el juego claro. Tom se echó a reír y Bill se volteó a mirarme.
¿De verdad? me dijo. Y en ese momento me di cuenta de lo que había dicho. Me comenzó a dar calor y estaba segura de que estaba roja como un tomate. No sabía dónde meterme, y dios, que vergüenza. 
S... vamos me apresuré en decir. Empujé a Bill y acabamos de bajar las escaleras. Le cogí la mano de nuevo y nos dirigimos hacia la puerta.
Con que besa bien me dijo Tom al pasar a su lado y siguió riéndose de mí. Yo apreté la mano de Bill sin darme cuenta, pero este no me dijo nada. 
Tras haber cerrado la puerta de la casa me di cuenta de que mi casa quedaba justo al lado y que mi madre podría estar mirando… encima las luces de las ventanas que daban hacia la calle estaban encendidas. Me apresuré en rodear el coche de Bill y en cuanto él le quitó la llave, yo abrí la puerta y me subí dentro. Luego la cerré. Bill se demoró un poco más en subir, se tomó su tiempo… yo estaba impaciente por que pusiera el coche en marcha y nos largásemos de allí antes de que mi madre se asomara por la puerta y pasara cualquier cosa.
Entonces… dijo en cuanto subió y mientras giraba la llave para encender el coche beso bien su voz sonaba insinuante. Resoplé. 
Sí, se me salió… sólo eso me encogí de hombros y miré hacia la ventana. Sentí como el rostro se me calentaba nuevamente. 
¿Tienes vergüenza? noté que su voz contenía una risa. Yo me deslicé en el asiento hacia abajo.
N…si. 
No tienes por qué tenerla rio.
Ya no hablemos de esto y has como que yo no eh dicho nada. 
Tom me lo recordará durante toda la semana siguió riendo. Entonces lo miré.
Ninguna palabra más.
Vale, vale lo vi sonreír y yo me di la vuelta hacia la ventana nuevamente. Esperando a que se me quitara el color de las mejillas. 
Era mejor pensar otra cosa que no fuese lo que había ocurrido recién. 
¿Dónde me llevaría? ¿sería un lugar nuevo?... bueno, eso estaba más que claro, porque si me había dicho “una sorpresa” es porque era una sorpresa, ¿no? Y una sorpresa no era algo ya conocido para uno… ¿O si? vale, me estaba enredando a mis misma. Pensaba diferentes posibles lugares donde él pudiese llevarme. Por lo visto íbamos hacia la parte alta de la ciudad, ya que nosotros vivíamos en la parte baja, es decir, estábamos casi saliendo de la ciudad. Pero no del todo, porque había casas. Digamos que eran unos de esos barrios que quedan aislados de todos, al final de las ciudades, donde nadie los ve y a los chicos les cuesta ir a la escuela y tiene que viajar mucho porque les queda muy lejos del centro de la ciudad. Pero en mi ciudad estos barrios estaban en “la parte alta”, en la cima de un cerro. 


1000 Meere /Capítulo 15





CAPITULO 15

 

Él se quedó quieto en el lugar, supongo que no sabiendo que hacer mientras yo saboreaba sus dulces y cálidos labios que me volvía loca por completo. 
Sentí decenas de miradas clavadas en nosotros, pero no me sentí incómoda. Yo buscaba que me miraran. 
Me separé de Bill con una sonrisa y le cogí la mano. El seguía como en trance, con la vista fija en los miles de chicos o “niños” para él, que clavaban su vista en nosotros. Miré hacia atrás y mis ojos recorrieron rostros asombrados hasta encontrarme con Eddy, quien estaba con la boca abierta hasta el piso y con expresión desencajada.
Finalmente Bill me abrazó. Ya no valía la menta aparentar nada. 
Supuse que todos estaban sorprendidos porque no imaginaban que yo estuviera con alguien y menos con alguien mayor que yo.
Bill me ayudó a subirme en el coche y dejó mi mochila en los asientos de atrás. Luego se subió él y lo echó a andar. Iba un poco fuerte en comparación con los otros días, pero ya al haber andado unas dos cuadras y al haber doblado a una esquina se detuvo. Frenó el coche a un lado de la calle, apagó la radio y me miró. 
Yo lo miré con una sonrisa. No había nada malo en lo que yo había hecho, no para mí. 
Bill suspiró y echó la cabeza hacia atrás, llevándose las manos a la cara. Volvió lentamente a su pose normal.
—¿Qué? —le dije yo, para que dejara de mirarme.
—¿ Por qué hiciste eso, Meer?
—No hice nada malo —me encogí de hombros y miré a otro lado, enojada. 
—No podías hacerlo frente a toda esa gente —dijo enojado. Vale que ahora los dos nos enojábamos. 
—Si podía. 
—Pero no debías —resoplé y me deslicé en el asiento hacia abajo.
—¿Por qué? —y eso fue lo único que se me ocurrió decir en ese momento. Había sonado del todo inmaduro y sinceramente me sentí estúpida.
—Porque se suponía que nadie debía saber sobre esto —me dijo tajante. Vale, vale si que estaba enojado y todo era por mi culpa. Y es que era tan estúpida… me había dejado llevar por el impulso de mostrarle a todos lo que había entre Bill y yo. Pero lo había echado todo a perder ¿y qué pasaba si ahora Bill decidía dejar de hablarme? Pues no lo culparía. Para empezar yo era una niña cinco años menor que él. Si continuamos analizando nos podemos dar cuenta de que soy totalmente inmadura y que no estaba en condiciones de una relación como esa. Y mucho menos con una persona tan maravillosa como él. Porque yo no lo merecía. También habría que añadirle a esto la parte secreta, que a decir verdad no era sólo una parte secreta, si no que TODO era un secreto. O más bien, había sido un secreto, porque yo lo había revelado frente a toda mi escuela y ya lo había echado a perder. 
Miré mis manos que se movían nerviosas. Y no supe que más decirle. A lo mejor… si dejábamos todo hasta donde estaba y no seguíamos con… No. Imposible. Yo lo amaba.
—Lo siento —susurré. 
—¿Por qué no pensaste antes de hacerlo? —negué con la cabeza.
—No lo sé. Pero aún no le veo lo malo —mentí. 
—Meer, ya no será como antes. Ahora esos niños se lo contarán a todo el mundo… —dejó la frase sin terminar.
—¿…Y?
—Tu madre va a terminar sabiendo de todo esto —lo miré fugazmente. Se había echado nuevamente hacia atrás y tenía las manos en la cabeza.
—Por dios, si mi madre te adora. A ti y a Tom. Los tiene prácticamente en un pedestal… no sé a qué viene eso —el tono de voz me salió algo rudo y miré mis manos nuevamente, avergonzada.
—Estoy seguro de que tu mamá no te quiere conmigo. 
—Pues si fuese el caso, que lo dudo, ella no se podría entrometer. Es mi vida —me encogí de hombros —si ella sale con quien quiere, yo igual puedo hacerlo. 
—Ese no es el punto, Meer. A demás de tu madre hay más gente involucrada. 
—Dame nombres —dije rápidamente.
—Por favor, no seas infantil —me dijo con un tono cansado. 
—Dame nombres —volví a repetir.
—Meer… —se quejó. 
—Te avergüenzas de mí, ¿no es cierto? —me apunté a mí misma y lo miré enojada. No sabía cómo había llegado a esa conclusión, pero odio admitir que tenía algo de lógica. 
—No, Meer. 
—No, Meer —lo imité —no me avergüenzo de ti, por eso te llevo a lugares donde no hay gente que nos vea y no estoy contigo en público —ironicé. 
—No vas a pensar que…
—Ya cállate —le corté. Sentí un nudo en el pecho mientras pensaba en todo eso. Sí, se avergonzaba de mí porque yo era una mierda en comparación con lo que él era. Dios, como no me había dado cuenta antes… y encima siguiéndole el jueguito de estar juntos a escondidas.
—No es como tú piensas, preciosa —me dijo con voz suave. Me entraron ganas de llorar.
—Explícame como es, entonces… —puse mi mano en la puerta. Lista para abrirla y salir corriendo si era necesario. Bill suspiró.
—Es sólo que… no le agrado a tu madre. 
—Si le agradas —dije frunciendo el ceño —todo lo que tú me dices es mentira. 
—No. 
—Si lo es. 
—Deja de comportarte como una niñita, ¿quieres? —dijo con brusquedad. En ese momento me sentí tan mal que sólo le pude espetar una cosa:
—Pues vete con Helena, es una puta, pero no una “niñita” —y enseguida abrí la puerta para salir corriendo. En ese instante me di cuenta de que no llevaba mi mochila, pero ya la buscaría luego. 
Dejé la puerta del coche abierta.
Entonces Bill me consideraba una niñita. Me sentía rechazada. Todo por ser pequeña.
Maldije el hecho de que él hubiese nacido antes que yo.


Al ir corriendo me di cuenta de que iba del lado contrario de la ciudad, por lo que me veía obligada a regresar. Me detuve un segundo en una esquina y miré calle arriba. Podría irme a unas dos calles más allá y luego regresar, obviamente dos calles más arriba y llegar a mi casa. 
Y como soy una estúpida que piensa tan lento como un mosquito, en el momento en que iba a empezar a correr de nuevo una mano me cogió del brazo, haciéndome ir hacia atrás bruscamente y chocarme con un cuerpo, el cual ya creía saber de quién era. Dejé ir un bufido por entre mis labios y me sentí totalmente estúpida. Y es que… ¿acaso no era fácil escapar de alguien corriendo? Era muy fácil, pero como siempre, no era lo mío.
Me resigné a girarme en cuanto me di cuenta d que no me podía soltar se su mano, que al ser más grande me podía rodear la muñeca completa y retenerme sin ningún esfuerzo. 
Lo miré hacia arriba y me sentí enana. No pensaba quedarme así, yo iba a crecer, eso estaba más que claro. Pero ese no era el asunto.
Mis ojos estaban cristalizados en lágrimas, las que yo no iba a derramar. No lo pude mirar a la cara, pero sentí como su mano se posaba en mi mejilla y pare de mi cuello y me obligaba a mirarle. Aun así miré hacia abajo para no hacerlo. 
Lo sientome dijo suavemente. Sentí unas enormes ganas de abrazarme a él para no volver a soltarme jamás. Pero no, esto no iba a ir tan rápido Mery… Mery. Dios, lo odiaba. Aunque si él lo decía, sonaba bonito. Seguí en mi posición sin moverme. No sabía qué hacer. Tragué saliva antes de contestar: 
Tú deberías estar enojado conmigo.
Pero no lo estoy. 
¿No? lo miré a los ojos. Amaba sus ojos color miel. Pero volví a mirar hacia otro lado rápidamente. 
No Dios, no podía resistirme a él te amo murmuró muy cerca de mí. No pude soportar la presión del momento. Me solté de su mano, que ya no apretaba mi muñeca y rodeé su cuerpo con mis brazos apretando fuertemente su cintura. Apoyé mi cabeza en su pecho y él me abrazó. 
Yo más le dije. Siempre nos habíamos respondido con lo mismo. “Yo más”. Pues, al menos en mi caso era verdad.
—Eres hermosa dijo entrelazando sus manos en mi cabello. Me contuve de contestarle con un “lo sé” por lo que simplemente dejé salir una risita por entre mis labios, pensando en que él era una persona mucho más hermosa que yo. Tanto exterior como físicamente, digo ¿sabes qué? cogió mi cara y me obligó a mirarlo nuevamente y a perderme en sus ojos.
¿Qué…?
Ahora que todo el mundo lo sabe podremos estar juntos mucho más tiempo me dijo divertido. 
Será interesante ir por la calle abrazada a ti entrecerré los ojos y evalué la expresión de su rostro. Ningún cambio, seguía mirándome con cariño y ternura y besarte frente a mucha gente como hoy… ningún cambio. Es más, al parecer le hacía gracia o en un banco en la plaza o en mi casa. O en la tuya… nada o frente a tus amigos.
¿A dónde quieres llegar con esto? 
No lo sé —mentí. 
También puedes besarme en la calle siguió mi juego o en el coche o frente a mamá… o en una tienda de helados o en un supermercado… o aquí terminó por juntar nuestros labios. 
Que tonto eres me eché a reír. 
Te amo, te amo dijo mientras me cogía en brazos y me pegaba aún más fuerte a él. Giró sobre su mismo y luego me volvió a dejar en el suelo. Me reí y él me siguió ¿nos vamos a casa? asentí con la cabeza. 
Nos separamos y caminamos cogidos de la mano hacia el coche.
Nos subimos en él y conversamos todo el viaje hasta llegar a casa. Una vez hubimos llegado, Bill me ayudó a bajar y ayudándome con la mochila caminó conmigo hasta la puerta de mi casa. 
Nos vemos dentro de un rato. Vendré por ti ¿de acuerdo? asentí te amo me dio un dulce beso en los labios.
Yo te amo más. 
Me di la vuelta del todo feliz mientras él se alejaba hacia la casa vecina y piqué al timbre. Ya casi no recordaba nuestra pequeña pelea. Al parecer ahora todo iba a ser mucho más fácil que antes.
Escuché pasos provenientes desde dentro de la casa y luego la puerta se abrió.
Me sorprendí tanto que di un paso hacia atrás. 
¿Qué hacía Eddy en mi casa?

1000 Meere /Capítulo 14





CAPITULO 14

 


Bill y yo no habíamos hablando en todo ese tiempo que habíamos pasado en el hospital, él simplemente me había abrazado intentando darme ánimo. 
Ya en el viaje de vuelta fue cuando yo rompí el silencio.
¿Estás enojado conmigo? le pregunté mientras lo miraba interrogante. Ya que, si no me hablaba, la única razón era que pudiese estar enojado… o que se yo. Me miró.
No. ¿Por qué? 
No me hablas me encogí de hombros.
No sé qué decirte me dijo simplemente. Bajé la mirada a mi mano, ya no me dolía, los calmantes habían hecho su trabajo Meer, disculpa me dijo rápidamente. 
No te preocupes, a todos nos pasa eso de no querer hablar en algún momento —suspiré. 
Meer, no es eso lo miré es que… mírate, mira tu mano. Es culpa mía. 
Claro que no, Bill. A veces todo pasa por que tiene que pasar. 
Pero eso no tendría que haber pasado si las cosas era así, entonces yo no tendría por qué haberme enamorado de él. Eso tampoco tendría que haber pasado no a ti. 
Pero me pasó. Aunque podría haberle tocado a Helena murmuré bajito, pero Bill me escuchó.
Helena es una zorra. 
La odio vi como tensaba la mano en el volante. 
En cualquier caso, es culpa mía. 
Que no lo es… Resoplé. Bill fue a decir algo pero yo lo corté ¿puedo abrir la ventana? 
le sonreí y apreté el botón. La ventana se abrió en unos segundos y el viento me llegó fuertemente a la cara, revolviéndome el cabello. Ahora iba a tener una buena excusa para no hacer nada en la escuela, mi mano estaba quemada, por lo que no podía escribir. Todo tiene un lado bueno, ¿no?
¿Qué haremos hoy por la noche? le pregunté yo a Bill. 
No lo sé entonces me di cuenta de que estaba siendo estúpida. Una grosera. Él no me había invitado, y de cierto modo yo lo estaba “obligando” a que me llevase a algún lugar. 
Estás enojado le dije. 
No, Meer. Estoy… pensando. 
¿Cuándo dejas de pensar? me di vuelta en el asiento hacia su lado y lo miré muy cerca de él.
Cuando deje de estar preocupado. 
No tienes por qué estar preocupado le dije.
Acabas de tener un accidente. 

¿Y qué? Ya sanará y luego todo esto será un recuerdo me sorprendí a mí misma con lo madura que había sido. 
Ya por la tarde, estábamos ambos en su habitación tumbados en la cama y mirando la TV. Todo lo que había era muy aburrido, pero estando con Bill podía aguantar cualquier cosa.
¿Sabes que eres la niñita más linda del mundo? me dijo como si yo fuese un bebé y luego me besó en la nariz y me apretó más contra su cuerpo.

¿Sabes que eres el anciano más lindo del mundo? dije divertida.
Me haces sentir viejo se quejó.
Lo eres lo besé. Él me hacía sentir una niña, y lo era de cierto modo. Aunque ya estaba “madurando”, eso era seguro Te amo.
Te amo sentí satisfacción al escuchar eso ¿te duele la manito? negué con la cabeza. 
Me siento bien, que ni siquiera tengo ganas de matar a Helena. Pero ya regresarán —dije divertida, Bill soltó una risa no muy convencida. 
No dejaré que Helena vuelva a dañarte. 
No es necesario, se cuidarme sola hice un gesto para quitarle importancia.
Sabes que es mejor que yo te cuide dijo divertido. 
Es mejor. Así estarás conmigo todo el día me abrazó fuertemente.
Eres tan tierna… me besó en la frente. 
Sólo soy tierna contigo, Bill le dije riendo.
Y eso está bien. Sólo conmigo y nadie, nadie más.
Celoso dije en broma.
No soy celoso. Yo cuido lo que es mío lo que es suyo… eso me gustó. Lo besé, pero en el momento en que me iba a separar de él, él me cogió la cabeza con la mano y no me dejó ir. Estuvimos besándonos por largo rato. Jugando con nuestras bocas y nuestras lenguas. Ese sí que había sido un beso.

 

Ya había pasado un mes desde ese incidente. Mi mano ya estaba completamente sana, aunque si le había quedado marca ya que no había ido a ver al médico en la fecha que me habían indicado. No le tomaba importancia a eso… las cicatrices no eran feas, o al menos a mí no me lo parecían. De Helena no había vuelto a saber y estaba feliz de ello. 
Con Bill todo iba bien, incluso más que bien. Seguíamos como siempre, viéndonos a escondidas, aunque eso ya me estaba hartando un poco y tenía planeado algo para hoy, cuando Bill me viniese a buscar a la escuela. 
Tom ya se había vuelto mi amigo. Siempre conversábamos cuando yo iba a su casa y nos llevábamos excelente, había resultado ser mejor persona de lo que yo había pensado. 
Mi madre y la madre de los chicos ya sabían que nosotros tres pasábamos el rato juntos, y que éramos “amigos”. Aunque claro está que no sabían de lo que había entre Bill y yo. Simone ya me tenía como “una hija más”, incluso me decía Mery, por cariño. No me gustaba mucho, pero no le iba a reprochar nada ya que ella era una mujer excelente que me atendía muy bien cuando iba a su casa para estar con los chicos, y sobre todo con Bill. 


Seguí fingiendo prestarle atención a la clase de química. Yo era excelente en química aunque no estudiara nada por lo que no era necesario escuchar una y otra vez las mismas explicaciones del profesor, un viejo gordo, de mejillas rojas e hinchadas y con pequeños ojos que junto con su cabeza sin cabello le daban un aspecto gracioso. 
Hacía ya mucho rato que estaba jugando con mi lápiz y pensando en que la clase ya terminaría y vería a Bill. 
Me eché hacia atrás en el asiento y pensé un poco más lo que después haría. ¿Era realmente necesario? la respuesta llegó al instante. Sí, lo era. A lo mejor yo estaba equivocada, pero de errores se aprende ¿no? además, no creo que nadie fuera a encontrar lo que iba a ser como algo malo y le demostraría a Bill que podíamos estar juntos frente al resto de la gente. 
No pude evitar que una sonrisa se dibujara en mi rostro. 
Al sonar el timbre me apresuré en guardar todo en mi mochila. Y después de asegurarme de que no me faltaba nada salí del salón echa una bala.
Caminé rápidamente chocándome con la gente que caminaba a mi alrededor. Pero no tomé en cuenta sus reclamos y seguí caminando para llegar a mi objetivo, mi novio. 
Me sentí nerviosa al atravesar la puerta de salida. El corazón me empezó a andar rápido. Realmente lo haría. Respiré profundo varias veces mientras bajaba las escaleras y buscaba a Bill con la mirada, él siempre se bajaba del coche y me esperaba de pie a un lado de la escuela. 
Pude divisarlo apoyado en su coche y con las manos dentro de los bolsillos. Miré a mi alrededor y sonreí como una estúpida. Seguí bajando los tres escalones que me quedaban y caminando a paso rápido me acerqué a Bill.
—¡Hola! —le dije con una sonrisa. 
—Hola, Meer —me devolvió la sonrisa. Se agachó un poco y yo me puse en puntillas para “darle el beso en la mejilla” el que siempre me daba al irme a buscar y dejar a la escuela. Y bueno, Bill pensaba que le daría el típico besito en la mejilla, pero en vez de eso, y para demostrarle a todo el mundo que éramos novios, le cogí la cara con ambas manos y lo besé en los labios.