CAPITULO 7
Estuvimos
sin cruzar palabras por un tiempo. No había de qué hablar. A demás él era el
adulto... y los adultos acostumbraban siempre hacerles preguntas a los niños, o
niñas como yo. Pero al parecer a él no se le ocurría nada y yo ya me había cansado
de pensar. Miré la radio del coche, era bastante extraña, muy moderna… pero
extraña. Vaya, si, algo nuevo.
—Enciéndela si quieres – Me dijo Bill. Yo lo miré y le sonreí. Luego volví a mirar la radio. Bien… no sabía cuál botón. Le di al más grande que vi, pero nada. Fruncí el ceño y apreté otro… y luego otro. Pero nada funcionaba y me estaba desesperando. Comencé a darle a los botones a mil por segundo hasta que su mano me detuvo —con cuidado, Meer. Es este —le dio justamente al botón más pequeño e insignificante… el cual yo no había visto. Y en cuanto lo hizo pegué un salto y un grito que casi me trago mi propia lengua. El auto se movió hacia la otra vía y luego volvió a su posición. Bill también se había asustado. Le bajó rápidamente el volumen a la radio… quizás yo era la culpable y la había dejado en máximo.
—Lo siento —dije aún con los ojos como platos y el corazón golpeándome fuertemente el pecho. Lo miré. El me observaba intermitentemente a mí y a la carretera. Pero estaba sonriendo.
—No te preocupes. Fue un accidente.
—Si —intenté regular mi respiración. Al menos no se había enojado.
Lo seguí mirando mientras el miraba hacia el frente.
—¿Qué tal la escuela? —me preguntó. Ya se le había ocurrido tema de conversación.
—Pues… como siempre —me encogí de hombros.
—¿Y los chicos? —me dedicó una mirada fugaz.
—¿Mis amigos? —dije sin comprender.
—Él chico que te va a dejar a tu casa… ¿Es tu novio? —abrí los ojos como platos y sentí como el color se me acumulaba en las mejillas. Miré hacia la ventana e intenté huir de su posible mirada divertida —no tiene que darte vergüenza, pequeñita —rió un poco. Realmente estaba incómoda. Mis mejillas iban a explotar en cualquier momento.
—No te lo diré.
—¡Vamos! Confía en mí, no se lo diré a tu madre —lo miré por entremedio de mi cabello. Pude verlo sonriendo mientras miraba el camino. Al parecer disfrutaba haciéndome sentir incómoda.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque los vi —rió más fuerte —¿Aún te duele la nariz? —Vale. Ahora sí que se había pasado. Eso era algo privado y vergonzoso! Y encima él lo había visto. Puse cara de horror y luego me hundí en el asiento —vale, disculpa —me quedé callada y miré mis pies. Me estaba muriendo de la vergüenza —Meer, la vida es así —dijo divertido y luego continuó —esas cosas pasan —iba a seguir hablando pero yo lo corté.
—¿Me has traído sólo para burlarte de mí? pues que sepas que no me hace nada de gracia. Llévame a casa —me crucé de brazos para luego añadir —y sí, él es mi novio —Bill resopló pero no dio vuelta el coche.
—Ya, vale, lo siento… contigo no se puede bromear. Podrías ser un poquito más grande… —susurró. Creo que sólo era para él. Pero yo igual lo pude escuchar… decidí hacer como si no hubiese escuchado nada. Decidí guardar la vergüenza para otro minuto y dejar de pensar en lo de la nariz y todo eso… no me haría bien.
—¿Dónde vamos?
—No lo sé. Un simple paseo por la ciudad —Miré por la ventana.
—¿Dónde estamos? —dije al darme cuenta de que no tenía idea de cuál era el lugar en el que estábamos.
—Al norte de la ciudad ¿Jamás viniste por aquí? —negué con la cabeza.
—No…
—¿Quieres que te muestre algunas cosas?
—¡Sí! —dije ilusionada. Aunque les suene tonto… tenía ganas de saber qué cosas me mostraría. Era muy curiosa.
Bill soltó una risita y anduvimos en el coche por algunos minutos más… luego, cuando ya no se veía ninguna luz y la carretera estaba cubierta de árboles por la orilla, Bill se detuvo.
—Enciéndela si quieres – Me dijo Bill. Yo lo miré y le sonreí. Luego volví a mirar la radio. Bien… no sabía cuál botón. Le di al más grande que vi, pero nada. Fruncí el ceño y apreté otro… y luego otro. Pero nada funcionaba y me estaba desesperando. Comencé a darle a los botones a mil por segundo hasta que su mano me detuvo —con cuidado, Meer. Es este —le dio justamente al botón más pequeño e insignificante… el cual yo no había visto. Y en cuanto lo hizo pegué un salto y un grito que casi me trago mi propia lengua. El auto se movió hacia la otra vía y luego volvió a su posición. Bill también se había asustado. Le bajó rápidamente el volumen a la radio… quizás yo era la culpable y la había dejado en máximo.
—Lo siento —dije aún con los ojos como platos y el corazón golpeándome fuertemente el pecho. Lo miré. El me observaba intermitentemente a mí y a la carretera. Pero estaba sonriendo.
—No te preocupes. Fue un accidente.
—Si —intenté regular mi respiración. Al menos no se había enojado.
Lo seguí mirando mientras el miraba hacia el frente.
—¿Qué tal la escuela? —me preguntó. Ya se le había ocurrido tema de conversación.
—Pues… como siempre —me encogí de hombros.
—¿Y los chicos? —me dedicó una mirada fugaz.
—¿Mis amigos? —dije sin comprender.
—Él chico que te va a dejar a tu casa… ¿Es tu novio? —abrí los ojos como platos y sentí como el color se me acumulaba en las mejillas. Miré hacia la ventana e intenté huir de su posible mirada divertida —no tiene que darte vergüenza, pequeñita —rió un poco. Realmente estaba incómoda. Mis mejillas iban a explotar en cualquier momento.
—No te lo diré.
—¡Vamos! Confía en mí, no se lo diré a tu madre —lo miré por entremedio de mi cabello. Pude verlo sonriendo mientras miraba el camino. Al parecer disfrutaba haciéndome sentir incómoda.
—¿Por qué lo preguntas?
—Porque los vi —rió más fuerte —¿Aún te duele la nariz? —Vale. Ahora sí que se había pasado. Eso era algo privado y vergonzoso! Y encima él lo había visto. Puse cara de horror y luego me hundí en el asiento —vale, disculpa —me quedé callada y miré mis pies. Me estaba muriendo de la vergüenza —Meer, la vida es así —dijo divertido y luego continuó —esas cosas pasan —iba a seguir hablando pero yo lo corté.
—¿Me has traído sólo para burlarte de mí? pues que sepas que no me hace nada de gracia. Llévame a casa —me crucé de brazos para luego añadir —y sí, él es mi novio —Bill resopló pero no dio vuelta el coche.
—Ya, vale, lo siento… contigo no se puede bromear. Podrías ser un poquito más grande… —susurró. Creo que sólo era para él. Pero yo igual lo pude escuchar… decidí hacer como si no hubiese escuchado nada. Decidí guardar la vergüenza para otro minuto y dejar de pensar en lo de la nariz y todo eso… no me haría bien.
—¿Dónde vamos?
—No lo sé. Un simple paseo por la ciudad —Miré por la ventana.
—¿Dónde estamos? —dije al darme cuenta de que no tenía idea de cuál era el lugar en el que estábamos.
—Al norte de la ciudad ¿Jamás viniste por aquí? —negué con la cabeza.
—No…
—¿Quieres que te muestre algunas cosas?
—¡Sí! —dije ilusionada. Aunque les suene tonto… tenía ganas de saber qué cosas me mostraría. Era muy curiosa.
Bill soltó una risita y anduvimos en el coche por algunos minutos más… luego, cuando ya no se veía ninguna luz y la carretera estaba cubierta de árboles por la orilla, Bill se detuvo.
Escuché como apagó
el motor y puso el freno. Luego todo quedó en silencio. Escuché el rose de su
chaqueta con el asiento y lo miré. Pues supuse que el hacía lo mismo. Mirarme.
Y sí. Me estaba mirando. Tenía expresión relajada. Le sonreí y él también lo hizo. Luego movió un poco la mano y abrió la puerta del coche. Vi cómo se bajaba y yo hice lo mismo rápidamente… ya que podía ver como él se acercaba a mi lado, quizás para ayudarme a bajar, pero yo no quería que lo hiciera. Una vez abajo me estiré un poco los pantalones y suspiré. Volví a alzar la vista que anteriormente había estado en mi ropa y lo miré ladeando la cabeza hacia un lado. Sólo lograba ver su rostro, ya que estaba bastante cerca... bueno, unos cuantos centímetros por encima de mi cabeza, pero cerca. No podía ver nada más porque estaba oscuro y no había luces. Fue extraño, porque no sentí pánico. Si hubiese estado así en otro momento, con esa oscuridad y escuchando el sonido de los grillos y de las ramas de los árboles crujir con el viento, hubiese salido corriendo de allí.
—No veo nada —dije de repente. Él soltó una risita y creo que se alejó un poco. Ya no lo veía —¿Dónde estás? —no escuché nada —Bill… —llamé. Seguidamente di un paso y eché la mano hacia adelante, intentado tocarlo o no chocar con algo —Bill —hablé un poco más fuerte. Giré sobre mi misma aún con la mano estirada, pero no estaba —mierda —dije para mí misma. No tenía miedo... no. O quizás sí, un poco. Vale, si, tenía miedo. Mucho… dejé salir un gemido de frustración de mi garganta.
Pero de pronto grité. Por la sorpresa o por el miedo. No lo sé. Pero un brazo había rodeado a mi cuerpo y me había movido rápidamente hacia un costado. Tardé unos segundos en darme cuenta de que allí sólo estábamos Bill y yo.
—¿Bill?
—¿Meer? —dijo en broma. Luego lo sentí moverse y una luz me segó por completo, haciendo que me dolieran los ojos. Él estaba con una pequeña linterna dándome a la cara. Le di un manotazo y la quité de allí.
—Me dejarás ciega, anormal.
—Lo siento, lo siento —escuché como reía un poco y luego apuntaba la luz a su rostro. La luz amarilla anaranjada hacía que se viese aún más bonito.
—¿Me vas a decir dónde estamos?
—¿No sería mejor verlo por ti misma? —alcé una ceja, él pudo verme y me imitó el gesto. Luego miró hacia adelante y estiró el brazo con la linterna en la misma dirección. Sólo vi árboles. Grandes, oscuros y frondosos árboles que daban miedo. Eran como esos de las películas de terror. Realmente, no le encontré la gracia.
—¿Eso?
—Pues,si no te gusta… —vale, que yo tampoco era mala y no iba a dañar sus sentimientos ni nada de eso.
—No, no. Si me gusta, pero…
—Esperabas algo más bonito —terminó mi frase. Yo asentí y él soltó otra risa —ven, camina —comenzó a caminar llevándome con él. Yo pasé mi brazo por su espalda y aferré mis mano a su chaqueta, él ya me tenía abrazada por los hombros... al menos así no tendría frío.
Caminamos recto durante unos diez minutos según mis cálculos y luego nos detuvimos frente a un “muro de arbustos”. Bill apuntó un pequeño agujero debajo de este con la luz de la linterna y luego me miró. Yo estaba concentrada escuchando ese suave rugido que provenía del otro lado… Me dio un pequeño empujoncito y me soltó. Yo aún no lo soltaba.
—¿Qué? —le pregunté confundida mientras le miraba.
—Ve del otro lado.
—¿Por allí? —pregunté apuntando el agujero. No sentía asco ni nada de eso pero ¿él también pasaría?
—Sí.
—¿Tú también irás?
—Sí. Vamos, pasa.
—Ah, sí.
Caminé unos pasos hasta llegar muy cerca del agujero entre las ramas, mientras Bill me alumbraba el camino con la linterna ya que todo estaba muy oscuro, gracias a los árboles que hacía como una especie de techo. Me agaché y estiré un pié de ese lado…. Para luego pasar mi cuerpo entero. Me hice paso con las manos y cerré los ojos, no fuera a ser que me entrara alguna hoja o algo. Y en cuanto me sentí libre, los abrí. Me erguí y me sacudí el cabello. Luego avancé un paso más, aún sin haber abierto los ojos, tropecé con una piedra y los abrí de golpe buscando algo de que sujetarme, logré apoyar mi mano en el tronco de un árbol. Estaba húmedo y pegajoso. Por lo que rápidamente saqué la mano y me la pasé por el pantalón.
Bien, ahora vería que era lo que Bill quería mostrarme. Mientras seguía intentando limpiar mi mano por que la cosa asquerosa esa estaba bien pegada a ella. Levanté la vista y miré hacia al frente…
… Era hermoso. No, hermoso se queda corto.
No me había dado cuenta de que en este lado había más luz… porque la luna estaba inmensa, con algunas nubes, si… pero los árboles ya no la cubrían. Pude ver un pequeño riachuelo, no podría haber tenido más de un metro de ancho. Podía ver el fondo de este, puesto a que el agua era transparente y se reflejaba la luna en ella. Un árbol con las hojas caídas estaba a un lado, casi sobre el agua… era inmenso.
Miré asombrada todo lo que me quedaba por mirar. Podía sentir el sonido de los grillos y bichitos, esos que sólo se sienten en la noche porque hay menos ruido. Era precioso. La hierba estaba totalmente seca, pero verde. Y las rocas que se extendían por el lugar le daban un toque aún más hermoso. Era como si alguien –de muy buen gusto- hubiese decorado todo eso, fijándose hasta en el más mínimo detalle.
De pronto sentí como alguien se colocaba a mi lado y empujaba un poco mi hombro. Me di cuenta de que tenía la boca abierta por el asombro y la serré de golpe.
Moví la cabeza hacia arriba y miré a Bill. Creí que él estaría mirando el hermoso paisaje, pero en vez de eso me miraba a mí. Quizás ya lo había visto muchas veces y lo tenía aburrido.
—Wow —dije en un suspiro. Bill dibujó una leve sonrisa en su rostro.
—¿Te gustó el lugar? —qué pregunta más estúpida, eso era obvio.
—Wow —repetí. Entonces el me cogió de la mano como a las niñas pequeñas y comenzó a caminar rumbo a ese árbol, que según yo, estaba triste… ya que las hojas que caían como en cadena llegaban casi hasta el suelo. Me tropecé un par de veces ya que el terreno no era muy plano que digamos y la hierba no me dejaba ver algunas piedras… añadiendo también que estaba oscuro. Pero Bill me había sujetado todas esas veces y no había llegado a tocar el suelo.
Vi como movía hacia un lado las hojas de ese gran árbol. Las zapatillas ya se me comenzaban a mojar. Luego pasó dentro, llevándome con él y soltó las hojas, para que quedaran como una especie de cortina. Olía a humedad, pero no era nada repugnante... más bien, era un olor delicioso. Rodeamos el gran tronco hasta llegar a la zona más seca de este… allí había una gran piedra redonda. Me di cuenta de que Bill estaba medio agachado, yo no tenía necesidad ya que era bajita. Me soltó la mano y me cogió de la cintura. Luego me levantó y me sentó sobre la piedra. Yo, sinceramente, estaba impresionada… tan impresionada que incluso me costaba hablar. Él se sentó a mi lado.
Y sí. Me estaba mirando. Tenía expresión relajada. Le sonreí y él también lo hizo. Luego movió un poco la mano y abrió la puerta del coche. Vi cómo se bajaba y yo hice lo mismo rápidamente… ya que podía ver como él se acercaba a mi lado, quizás para ayudarme a bajar, pero yo no quería que lo hiciera. Una vez abajo me estiré un poco los pantalones y suspiré. Volví a alzar la vista que anteriormente había estado en mi ropa y lo miré ladeando la cabeza hacia un lado. Sólo lograba ver su rostro, ya que estaba bastante cerca... bueno, unos cuantos centímetros por encima de mi cabeza, pero cerca. No podía ver nada más porque estaba oscuro y no había luces. Fue extraño, porque no sentí pánico. Si hubiese estado así en otro momento, con esa oscuridad y escuchando el sonido de los grillos y de las ramas de los árboles crujir con el viento, hubiese salido corriendo de allí.
—No veo nada —dije de repente. Él soltó una risita y creo que se alejó un poco. Ya no lo veía —¿Dónde estás? —no escuché nada —Bill… —llamé. Seguidamente di un paso y eché la mano hacia adelante, intentado tocarlo o no chocar con algo —Bill —hablé un poco más fuerte. Giré sobre mi misma aún con la mano estirada, pero no estaba —mierda —dije para mí misma. No tenía miedo... no. O quizás sí, un poco. Vale, si, tenía miedo. Mucho… dejé salir un gemido de frustración de mi garganta.
Pero de pronto grité. Por la sorpresa o por el miedo. No lo sé. Pero un brazo había rodeado a mi cuerpo y me había movido rápidamente hacia un costado. Tardé unos segundos en darme cuenta de que allí sólo estábamos Bill y yo.
—¿Bill?
—¿Meer? —dijo en broma. Luego lo sentí moverse y una luz me segó por completo, haciendo que me dolieran los ojos. Él estaba con una pequeña linterna dándome a la cara. Le di un manotazo y la quité de allí.
—Me dejarás ciega, anormal.
—Lo siento, lo siento —escuché como reía un poco y luego apuntaba la luz a su rostro. La luz amarilla anaranjada hacía que se viese aún más bonito.
—¿Me vas a decir dónde estamos?
—¿No sería mejor verlo por ti misma? —alcé una ceja, él pudo verme y me imitó el gesto. Luego miró hacia adelante y estiró el brazo con la linterna en la misma dirección. Sólo vi árboles. Grandes, oscuros y frondosos árboles que daban miedo. Eran como esos de las películas de terror. Realmente, no le encontré la gracia.
—¿Eso?
—Pues,si no te gusta… —vale, que yo tampoco era mala y no iba a dañar sus sentimientos ni nada de eso.
—No, no. Si me gusta, pero…
—Esperabas algo más bonito —terminó mi frase. Yo asentí y él soltó otra risa —ven, camina —comenzó a caminar llevándome con él. Yo pasé mi brazo por su espalda y aferré mis mano a su chaqueta, él ya me tenía abrazada por los hombros... al menos así no tendría frío.
Caminamos recto durante unos diez minutos según mis cálculos y luego nos detuvimos frente a un “muro de arbustos”. Bill apuntó un pequeño agujero debajo de este con la luz de la linterna y luego me miró. Yo estaba concentrada escuchando ese suave rugido que provenía del otro lado… Me dio un pequeño empujoncito y me soltó. Yo aún no lo soltaba.
—¿Qué? —le pregunté confundida mientras le miraba.
—Ve del otro lado.
—¿Por allí? —pregunté apuntando el agujero. No sentía asco ni nada de eso pero ¿él también pasaría?
—Sí.
—¿Tú también irás?
—Sí. Vamos, pasa.
—Ah, sí.
Caminé unos pasos hasta llegar muy cerca del agujero entre las ramas, mientras Bill me alumbraba el camino con la linterna ya que todo estaba muy oscuro, gracias a los árboles que hacía como una especie de techo. Me agaché y estiré un pié de ese lado…. Para luego pasar mi cuerpo entero. Me hice paso con las manos y cerré los ojos, no fuera a ser que me entrara alguna hoja o algo. Y en cuanto me sentí libre, los abrí. Me erguí y me sacudí el cabello. Luego avancé un paso más, aún sin haber abierto los ojos, tropecé con una piedra y los abrí de golpe buscando algo de que sujetarme, logré apoyar mi mano en el tronco de un árbol. Estaba húmedo y pegajoso. Por lo que rápidamente saqué la mano y me la pasé por el pantalón.
Bien, ahora vería que era lo que Bill quería mostrarme. Mientras seguía intentando limpiar mi mano por que la cosa asquerosa esa estaba bien pegada a ella. Levanté la vista y miré hacia al frente…
… Era hermoso. No, hermoso se queda corto.
No me había dado cuenta de que en este lado había más luz… porque la luna estaba inmensa, con algunas nubes, si… pero los árboles ya no la cubrían. Pude ver un pequeño riachuelo, no podría haber tenido más de un metro de ancho. Podía ver el fondo de este, puesto a que el agua era transparente y se reflejaba la luna en ella. Un árbol con las hojas caídas estaba a un lado, casi sobre el agua… era inmenso.
Miré asombrada todo lo que me quedaba por mirar. Podía sentir el sonido de los grillos y bichitos, esos que sólo se sienten en la noche porque hay menos ruido. Era precioso. La hierba estaba totalmente seca, pero verde. Y las rocas que se extendían por el lugar le daban un toque aún más hermoso. Era como si alguien –de muy buen gusto- hubiese decorado todo eso, fijándose hasta en el más mínimo detalle.
De pronto sentí como alguien se colocaba a mi lado y empujaba un poco mi hombro. Me di cuenta de que tenía la boca abierta por el asombro y la serré de golpe.
Moví la cabeza hacia arriba y miré a Bill. Creí que él estaría mirando el hermoso paisaje, pero en vez de eso me miraba a mí. Quizás ya lo había visto muchas veces y lo tenía aburrido.
—Wow —dije en un suspiro. Bill dibujó una leve sonrisa en su rostro.
—¿Te gustó el lugar? —qué pregunta más estúpida, eso era obvio.
—Wow —repetí. Entonces el me cogió de la mano como a las niñas pequeñas y comenzó a caminar rumbo a ese árbol, que según yo, estaba triste… ya que las hojas que caían como en cadena llegaban casi hasta el suelo. Me tropecé un par de veces ya que el terreno no era muy plano que digamos y la hierba no me dejaba ver algunas piedras… añadiendo también que estaba oscuro. Pero Bill me había sujetado todas esas veces y no había llegado a tocar el suelo.
Vi como movía hacia un lado las hojas de ese gran árbol. Las zapatillas ya se me comenzaban a mojar. Luego pasó dentro, llevándome con él y soltó las hojas, para que quedaran como una especie de cortina. Olía a humedad, pero no era nada repugnante... más bien, era un olor delicioso. Rodeamos el gran tronco hasta llegar a la zona más seca de este… allí había una gran piedra redonda. Me di cuenta de que Bill estaba medio agachado, yo no tenía necesidad ya que era bajita. Me soltó la mano y me cogió de la cintura. Luego me levantó y me sentó sobre la piedra. Yo, sinceramente, estaba impresionada… tan impresionada que incluso me costaba hablar. Él se sentó a mi lado.
En ese lugar sí que
había oscuridad.
—¿Qué es esto? —pregunté refiriéndome a todo este lugar, que era por así decirlo “mágico”.
—Un sauce.
—No, no. El árbol no… ya lo sé, digo ¿Qué es este lugar…? ¿Cómo llegamos aquí…?—miré, donde supuse estaría su rostro.
—Tom y Yo lo descubrimos hace unos meses —Dijo tranquilamente.
—Ah… ¿pero cómo estaban ustedes dos por aquí?
—Esto es de nuestra propiedad, Meer.
—Wow…—solté impresionada. Tenían tanto dinero, que hasta podían comprarse un lugar como este. Yo con suerte era dueña del patio de mi casa.
Nos quedamos un rato en silencio. Eché mi cuerpo hacia atrás, hasta que mi espalda tocó el árbol. Así estaba más cómoda. Moví mi cabeza hacia un lado y me topé con su brazo. Luego me aferré a él con una mano y cerré los ojos… después de todo, éramos amigos, ¿no? O algo así.
A demás, para él, todo lo que yo hacía le debía parecer “tierno”, puesto a que yo era mucho más pequeña. Aunque, pensándolo bien… no era tanto, tanto.
Sentí como el posaba su cálida mano sobre mi mejilla y movía un poco su dedo, como acariciándola o algo así. Luego levantó un poco mi rostro, separándolo de su brazo y me dejó allí, quieta, y con la cara levantada. Él aún tenía su mano en mi mejilla y parte de mi cuello. Yo seguía con los ojos cerrados.
Y de pronto… sentí algo chocar contra mis labios. Era tan suave y cálido... y dios, sentí que iba a morir en ese mismo momento de un ataque al corazón. Se me había detenido y ya me comenzaba a doler… pero era un lindo dolor.
Y tan rápido como “eso” había pasado, dejó de pasar. Se me separó de mí y sacó su mano de donde la tenía. Miré al suelo.
Desde ese momento comencé a verlo de manera diferente.
Mi primer beso había sido con él…
… y me había gustado, él me gustaba.
—¿Qué es esto? —pregunté refiriéndome a todo este lugar, que era por así decirlo “mágico”.
—Un sauce.
—No, no. El árbol no… ya lo sé, digo ¿Qué es este lugar…? ¿Cómo llegamos aquí…?—miré, donde supuse estaría su rostro.
—Tom y Yo lo descubrimos hace unos meses —Dijo tranquilamente.
—Ah… ¿pero cómo estaban ustedes dos por aquí?
—Esto es de nuestra propiedad, Meer.
—Wow…—solté impresionada. Tenían tanto dinero, que hasta podían comprarse un lugar como este. Yo con suerte era dueña del patio de mi casa.
Nos quedamos un rato en silencio. Eché mi cuerpo hacia atrás, hasta que mi espalda tocó el árbol. Así estaba más cómoda. Moví mi cabeza hacia un lado y me topé con su brazo. Luego me aferré a él con una mano y cerré los ojos… después de todo, éramos amigos, ¿no? O algo así.
A demás, para él, todo lo que yo hacía le debía parecer “tierno”, puesto a que yo era mucho más pequeña. Aunque, pensándolo bien… no era tanto, tanto.
Sentí como el posaba su cálida mano sobre mi mejilla y movía un poco su dedo, como acariciándola o algo así. Luego levantó un poco mi rostro, separándolo de su brazo y me dejó allí, quieta, y con la cara levantada. Él aún tenía su mano en mi mejilla y parte de mi cuello. Yo seguía con los ojos cerrados.
Y de pronto… sentí algo chocar contra mis labios. Era tan suave y cálido... y dios, sentí que iba a morir en ese mismo momento de un ataque al corazón. Se me había detenido y ya me comenzaba a doler… pero era un lindo dolor.
Y tan rápido como “eso” había pasado, dejó de pasar. Se me separó de mí y sacó su mano de donde la tenía. Miré al suelo.
Desde ese momento comencé a verlo de manera diferente.
Mi primer beso había sido con él…
… y me había gustado, él me gustaba.
Enseguida sentí
vergüenza y me comencé a poner nerviosa por lo que vendría. Por lo que me fuese
a decir o hacer… o más bien, lo que yo le diría ¿Qué le decía ahora? ¿Qué se
suponía que debía hacer? ¿Cómo debía actuar? quizás él se había tomado “eso” de
una manera diferente… además, no había sido un beso, beso de los de verdad,
había sido sólo un roce, y quizás, como él ya era “un adulto” lo tomaba muy a
la ligera.
O
tal vez, quería mostrarme que es lo que era un beso, a lo mejor se reía de mi
choque de nariz y esa era una forma de burlarse de mi desgracia…
… pero a mí me había parecido tierno.
Me quedé quieta esperando algún tipo de gesto por su parte. Me di cuenta de que mi mano aún seguía sujeta a su chaqueta y la dejé caer sobre la piedra con lentitud. Me golpeé la mano. Fue un golpe mínimo, pero en ese momento podía sentir todo con más fuerza… los latidos de mi corazón, el sonido del agua, la textura del árbol en mi espalda, la fría piedra debajo de mí, la respiración de Bill, el sonido ambiental producido por los grillos y el viento, aún más helado, que se calaba por entre los agujeros de mi ropa… pero no podía ver nada.
De pronto sentí como él se movía un poco. Temía que se levantara y se fuera para llevarme a cara, pero no fue así. En vez de eso rodeó mi espalda con su brazo y me pegó a él. Ninguno de los dos dijo nada. Era un momento magnífico. Cerré los ojos y suspiré. Él pasó su mano por mi brazo, acariciándolo y dándole un poco de calor… hacía frío, y parecía que iba a llover, según yo.
Me comenzó a dar sueño. Estaba tan cómoda allí, en esa posición con él, que deseé quedarme así por siempre. Mi cabeza se movía al ritmo de su respiración a la vez que la mía comenzaba a ser más profunda producto del sueño.
Entre abrí los ojos y me vi dentro de un coche, el coche de Bill, pude pensar. Pero no pude razonar nada más puesto a que los ojos se me cerraron de golpe en el momento que él entraba en el coche y cerraba la puerta. Era como si unos hilos invisibles tiraran de mis párpados hasta cerrarlos. El portazo quedó resonando en mi cabeza hasta que me volví a dormir.
… pero a mí me había parecido tierno.
Me quedé quieta esperando algún tipo de gesto por su parte. Me di cuenta de que mi mano aún seguía sujeta a su chaqueta y la dejé caer sobre la piedra con lentitud. Me golpeé la mano. Fue un golpe mínimo, pero en ese momento podía sentir todo con más fuerza… los latidos de mi corazón, el sonido del agua, la textura del árbol en mi espalda, la fría piedra debajo de mí, la respiración de Bill, el sonido ambiental producido por los grillos y el viento, aún más helado, que se calaba por entre los agujeros de mi ropa… pero no podía ver nada.
De pronto sentí como él se movía un poco. Temía que se levantara y se fuera para llevarme a cara, pero no fue así. En vez de eso rodeó mi espalda con su brazo y me pegó a él. Ninguno de los dos dijo nada. Era un momento magnífico. Cerré los ojos y suspiré. Él pasó su mano por mi brazo, acariciándolo y dándole un poco de calor… hacía frío, y parecía que iba a llover, según yo.
Me comenzó a dar sueño. Estaba tan cómoda allí, en esa posición con él, que deseé quedarme así por siempre. Mi cabeza se movía al ritmo de su respiración a la vez que la mía comenzaba a ser más profunda producto del sueño.
Entre abrí los ojos y me vi dentro de un coche, el coche de Bill, pude pensar. Pero no pude razonar nada más puesto a que los ojos se me cerraron de golpe en el momento que él entraba en el coche y cerraba la puerta. Era como si unos hilos invisibles tiraran de mis párpados hasta cerrarlos. El portazo quedó resonando en mi cabeza hasta que me volví a dormir.
Abrí un poco los ojos, nuevamente. Pero los volví a cerrar producto de la intensa luz que me cegaba. Los sentí húmedos y bostecé. Luego me intenté acomodar, pero me vi apresada… percibí unos brazos rodeando mi cuerpo. Abrí los ojos nuevamente, mi cabeza estaba sobre algo que olía a… cuero. Vale, Bill me llevaba en brazos. Solté un gruñido pequeñito, lleno de sueño mientras veía como pasábamos por un pasillo con unas puertas y unos cuantos cuadros en las paredes.
—Vuelve a dormir, Peque —lo escuché susurrar. Yo lo abracé y volví a cerrar los ojos.
Segundos después, sentí como me dejaba caer, sobre una superficie blanda, por suerte. No pude pensar nada, simplemente me di la vuelta y me acomodé.

creo que este sin duda es uno de mis momentos favoritos entre Meer y Bill , espero el proximo saludos :)
ResponderEliminaroooooooooooooooh, esta novela yo la leia antes en el fotolog O: .. pero que onda, la estas haciendo nuevamente ocomoo como? es una nueva version?... porfa suuuuuuuubela, escribes realmente bien y con esta novela no se como que tengo algo especial con esta :z
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