CAPITULO 10
El día siguiente era domingo, por lo que no me molesté en despertarme temprano. Me pasé casi todo el día metida en mi habitación, con la misma ropa del día anterior. Se me pasó por la cabeza unas cuantas veces la idea de asomarme a la ventana a ver si estaba Bill. Pero intenté alejarme todo lo posible de ella.
Alrededor de las siete de la tarde ya había asumido, aunque no tan de buena forma, lo que Bill me había dicho por la noche, es decir, él sentía lo mismo que yo y eso estaba bien ¿o me equivoco? pues a mis ojos eso era bueno y no sabía cómo se vería desde fuera. Bill era grande, mayor que yo… y yo era una niñita inmadura. No me cabía en la cabeza como él podía haberse… interesado en alguien como yo. Pero darle muchas vueltas a todo eso me mareaba y terminaba confundiéndome. Aun así algo que me había quedado completamente claro, era el hecho de que nadie debía enterarse de “eso”. No sería bueno y no traería buenas consecuencias… lo sospechaba.
Cambié de canal nuevamente, no tenía idea de que era lo que estaba viendo. Mi mente estaba centrada sólo y únicamente en lo de anoche. Y no es que yo quisiera pensar en eso todo el día, pero se me venía una y otra vez a la cabeza y no podía dejar de imaginarme cosas.
—¡MEER! —escuché a mi madre desde abajo. No era un grito de enojo, más bien, me estaba llamando.
—¡Ya voy! ¡espera un poco! —estaba completamente segura de que me enviaría a comprar. Y no iba a salir con esa ropa.
Me la quité rápidamente y me cambié por algo más limpio y cómodo. Ya me ducharía por la noche. Me arreglé el cabello y me lo até en una coleta alta y salí de la habitación intentando hacer fuertes pisadas para que mi madre supiera que iba bajando y no me gritara de nuevo… porque si había algo en el mundo que me irritaba, era cuando mi madre me llamaba repetidas veces, sabiendo que yo iría.
—¿Qué ma..?. —pregunté al llegar abajo. Ella estaba mirando algo dentro del horno.
—Hoy no has comido nada. Preparé algo especial para ti —me dijo. Eso era lo que me gustaba de ella. Porque, aunque fuese algunas veces, se preocupaba por mí. Sonreí ampliamente y me senté a la mesa.
—¿Qué es? —pregunté como una niña pequeña mientras cogía del tenedor y sentía como mi estómago rugía de repente.
—¿Cuál es tu comida favorita? —preguntó divertida.
—¡Lasaña! —contesté muy entusiasmada. Mi madre sacó la bandeja con la lasaña dentro. Sirvió dos platos, uno para ella y otro para mí, obviamente.
Los puso a la mesa y después de dejar la bandeja nuevamente en el horno se sentó frente a mí.
Hablamos cosas sin importancia, incluso se me olvidó lo de Bill por unos minutos. Me sentía tan a gusto conversando con mi madre de ese modo, hacía mucho que no teníamos tiempo para nosotras.
Quedamos en que el siguiente fin de semana me llevaría a comprarme unas nuevas zapatillas.
Y como lo suponía, al terminar de comer, me envió a comprar cosas para atender a su novio que vendría por la noche. Esta vez no saldría y yo me quedaría encerrada en mi habitación como siempre que uno de sus novios venía a casa.
—¿Qué traigo? —le pregunté.
—Espera un poco —cogió un papel amarillo, de esos de los mensajitos que se dejan en el refrigerador, y comenzó a hacerme una lista con las cosas que debía traer —ya está —me dio la lista y luego buscó en sus bolsillos, me dio unos cuantos billetes —si sobra, te compras algo, que no sobrepase los límites —le sonreí y asentí.
—OK, gracias.
Salí de la cocina rápidamente. Mientras más rápido iba, más rápido compraba y más rápido estaba de vuelta en casa.
Cerré la puerta de calle produciendo un gran ruido que me hizo encogerme de hombros, y comencé a caminar hacia el pequeño negocio en la esquina de mi calle. Allí había de todo.
Llegué y miré dentro. Me sorprendí un poco al ver a Tom pagando algo en la única caja que había. Iba con una chica rubia tomaba del brazo. La cual parecía ser de esas babosas pegotes.
Me miró y yo le saludé con la mano, este hizo lo mismo.
Luego desdoblé la lista y casi me da algo al ver todo lo que mi madre me había pedido comprar. ¿Cómo pretendía que yo llevara todo eso a casa? ¡Era mucho y no me lo podría!
Cogí un canastito, ya que no había de esos típicos carritos y comencé a guardar las cosas. Cuando ya casi no me podía el canasto, lo dejé apoyado en una esquina de la caja y le dije a la señora que atendía que luego vendría por él. Entonces cogí otro, y tras la mirada divertida de la mujer, comencé a buscar lo que me faltaba.
Terminé por comprarme un chicle. Tomé el montón de bolsas entre mis manos y caminando como una borracha salí del local. No alcancé a dar ni diez pasos cuando tuve que dejar caer todas las bolsas y esperar un poco a que los brazos se me descansar un poco.
Volví a coger las bolsas y avancé otro poco más.
Casi imposible. Ya comenzaba a transpirar. Tiré las bolsas al piso
nuevamente y resoplé. Me llevé las manos a la cara.
Esperé unos segundos a sentirme mejor y justo en el momento en que iba a coger las bolsas nuevamente, dos manos se lanzaron con rapidez y las cogieron todas. Di un bote y grité:
—¡Suelta eso! —me di la vuelta con el puño apretado mirando con furia a quien me fuese a robar.
Pero no era un ladrón. O era más bien un ladrón de corazones. Estaba segura de que no me iba a robar las bolsas.
—Hola —me dijo Bill sonriendo. Solté una risa nerviosa y bajé el puño.
—Hola —miré mis bolsas que él las tenía. Él pareció darse cuenta.
—Yo las llevo hasta tu casa —me ofreció sonriendo. Y claro, yo me negué.
—No te preocupes, yo puedo —“no me las puedo”, Me dije a mi misma mientras rogaba que él insistiera en llevármelas. Puse mis manos sobre las bolsas y se las intenté quitar tirando un poquito, muy poquito.
—Meer, no te las puedes —dijo riendo y luego empezó a caminar. Me quedé atontada en el lugar. ¿Pero qué…? ¿No se acordaba de lo de ayer? ¿O es que se estaba haciendo el tonto? —Meer —me llamó. Entonces salí de mi atontamiento y caminé a paso apurado hasta alcanzarlo.
—¿No me das una para ayudarte a llevarlas? —no dejé que contestara —vamos, dame ésta, que así me siento mejor —tomé una de su mano y él no opuso resistencia a que se la quitara. Puse la bolsa entre mis brazos como un bebe. Miré a Bill y este me sonreía —¿qué?
—¿Qué harás por la noche? —me preguntó en tono tranquilo. Yo, que no me había puesto nerviosa en todo ese rato, ya comenzaba a estarlo.
—Nada —me encogí de hombros —dormir como la gente normal ¿no?
—Ja,ja. Estás graciosa hoy —dijo irónico. Luego prosiguió haciendo como si nada, pero con la mueca de risa grabada en su rostro —a lo que iba ¿no quieres salir… conmigo? —me lo imaginaba. Ni siquiera tenía que pensar en lo que le diría. Ya lo sabía. Pero había un problema: mi mamá.
—¡Claro! —dije sonriendo mientras un plan llegaba a mi mente. El plan perfecto.
—Te avisaré por la ventana.
—Vale —nos quedamos en silencio y seguimos caminando. Un auto pasó por nuestro lado dándome tiempo para suspirar sin que él lo notara. Ya comenzaba a desear que llegara la noche.
Cambié la bolsa de posición, y ya estábamos frente a mi casa. Nos detuvimos justo en mi puerta y Bill dejó las bolsas en el suelo. Estiré la mano y fui a picar el timbre pero él me detuvo. Lo miré. Él miraba hacia todas direcciones, luego fijó sus ojos en mí y se acercó a mi rostro. Me iba a dar un beso en la mejilla o eso era lo que yo pensaba, por lo que no me puse nerviosa… pero en vez de eso, se acercó a mi oído y me susurró:
—Te veo en la noche… te quiero —rio un poco al final de la frase. Separó su boca de mi oído y rápidamente juntó nuestros labios con suavidad. Y tan rápido como los había juntado, los separó.
—Yo también —solté sin pensar. Él me sonrió, pasó una de sus manos por una de mis mejillas y luego se fue.
Vale, si se había acordado de lo de ayer.
Piqué al timbre, me sentía como en una nube. Al instante mi madre me abrió y me ayudó a entrar las bolsas. Dejamos todo sobre la mesa de la cocina y guardamos las cosas en sus respectivos muebles.
Al terminar fijé la vista en el reloj de la cocina, ya llegaría el novio de mi madre y yo podría salir a escondidas. Y como si lo hubiera adivinado, picaron al timbre. Mi madre se arregló un poco el escote y salió de la cocina caminando como una… como ella solía caminar.
Puse los ojos en blanco y me apresuré a subir por la escalera antes de que mi madre pasara a su invitado al salón. Que a juzgar por su voz, debería ser el moreno de buen cuerpo. Sí, yo ya conocía a todos sus amigos y los tenía identificados.
Cerré la puerta de mi habitación y le puse la llave. No había otra copia y mi madre no vendría a verme, eso era seguro.
Encendí la TV mientras esperaba a que Bill me avisara que ya salíamos. Se me hizo eterno… fue esperar, y esperar y esperar. Y encima no había nada bueno en la TV. Terminé por apagarla. Al hacerlo pude escucha las risas provenientes desde abajo madre mía. Que Bill me llamara pronto.
Di un bote al escuchar un ruido un la ventana.
Esperé unos segundos a sentirme mejor y justo en el momento en que iba a coger las bolsas nuevamente, dos manos se lanzaron con rapidez y las cogieron todas. Di un bote y grité:
—¡Suelta eso! —me di la vuelta con el puño apretado mirando con furia a quien me fuese a robar.
Pero no era un ladrón. O era más bien un ladrón de corazones. Estaba segura de que no me iba a robar las bolsas.
—Hola —me dijo Bill sonriendo. Solté una risa nerviosa y bajé el puño.
—Hola —miré mis bolsas que él las tenía. Él pareció darse cuenta.
—Yo las llevo hasta tu casa —me ofreció sonriendo. Y claro, yo me negué.
—No te preocupes, yo puedo —“no me las puedo”, Me dije a mi misma mientras rogaba que él insistiera en llevármelas. Puse mis manos sobre las bolsas y se las intenté quitar tirando un poquito, muy poquito.
—Meer, no te las puedes —dijo riendo y luego empezó a caminar. Me quedé atontada en el lugar. ¿Pero qué…? ¿No se acordaba de lo de ayer? ¿O es que se estaba haciendo el tonto? —Meer —me llamó. Entonces salí de mi atontamiento y caminé a paso apurado hasta alcanzarlo.
—¿No me das una para ayudarte a llevarlas? —no dejé que contestara —vamos, dame ésta, que así me siento mejor —tomé una de su mano y él no opuso resistencia a que se la quitara. Puse la bolsa entre mis brazos como un bebe. Miré a Bill y este me sonreía —¿qué?
—¿Qué harás por la noche? —me preguntó en tono tranquilo. Yo, que no me había puesto nerviosa en todo ese rato, ya comenzaba a estarlo.
—Nada —me encogí de hombros —dormir como la gente normal ¿no?
—Ja,ja. Estás graciosa hoy —dijo irónico. Luego prosiguió haciendo como si nada, pero con la mueca de risa grabada en su rostro —a lo que iba ¿no quieres salir… conmigo? —me lo imaginaba. Ni siquiera tenía que pensar en lo que le diría. Ya lo sabía. Pero había un problema: mi mamá.
—¡Claro! —dije sonriendo mientras un plan llegaba a mi mente. El plan perfecto.
—Te avisaré por la ventana.
—Vale —nos quedamos en silencio y seguimos caminando. Un auto pasó por nuestro lado dándome tiempo para suspirar sin que él lo notara. Ya comenzaba a desear que llegara la noche.
Cambié la bolsa de posición, y ya estábamos frente a mi casa. Nos detuvimos justo en mi puerta y Bill dejó las bolsas en el suelo. Estiré la mano y fui a picar el timbre pero él me detuvo. Lo miré. Él miraba hacia todas direcciones, luego fijó sus ojos en mí y se acercó a mi rostro. Me iba a dar un beso en la mejilla o eso era lo que yo pensaba, por lo que no me puse nerviosa… pero en vez de eso, se acercó a mi oído y me susurró:
—Te veo en la noche… te quiero —rio un poco al final de la frase. Separó su boca de mi oído y rápidamente juntó nuestros labios con suavidad. Y tan rápido como los había juntado, los separó.
—Yo también —solté sin pensar. Él me sonrió, pasó una de sus manos por una de mis mejillas y luego se fue.
Vale, si se había acordado de lo de ayer.
Piqué al timbre, me sentía como en una nube. Al instante mi madre me abrió y me ayudó a entrar las bolsas. Dejamos todo sobre la mesa de la cocina y guardamos las cosas en sus respectivos muebles.
Al terminar fijé la vista en el reloj de la cocina, ya llegaría el novio de mi madre y yo podría salir a escondidas. Y como si lo hubiera adivinado, picaron al timbre. Mi madre se arregló un poco el escote y salió de la cocina caminando como una… como ella solía caminar.
Puse los ojos en blanco y me apresuré a subir por la escalera antes de que mi madre pasara a su invitado al salón. Que a juzgar por su voz, debería ser el moreno de buen cuerpo. Sí, yo ya conocía a todos sus amigos y los tenía identificados.
Cerré la puerta de mi habitación y le puse la llave. No había otra copia y mi madre no vendría a verme, eso era seguro.
Encendí la TV mientras esperaba a que Bill me avisara que ya salíamos. Se me hizo eterno… fue esperar, y esperar y esperar. Y encima no había nada bueno en la TV. Terminé por apagarla. Al hacerlo pude escucha las risas provenientes desde abajo madre mía. Que Bill me llamara pronto.
Di un bote al escuchar un ruido un la ventana.
Es como si leyera mis pensamientos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario