29 febrero, 2012

Capítulo 4 /Leb die sekunde







CAPITULO 4

Levantó la mirada y vio a través del espejo, era Bill... sintió su cálido aliento en su cuello y se le erizo el vello. Enseguida se dio la vuelta y lo vio. Estaba tan guapo como siempre... con esa preciosa sonrisa pintada en sus labios. Él seguía abrazado a su cintura y ella no quería arruinar el momento abriendo la boca… así que se limitó a levantar sus brazos y rodear el cuello, quien la acercó más a su cuerpo, abrazándola mas fuerte. Alice podía sentir el aliento de Bill sobre sus labios, le miró detenidamente aquellos ojos color miel, aquellos ojos que la volvían loca, aquellos ojos en los que perdidamente se había enamorado de un momento a otro, aquellos ojos que hacían que se olvidara de todos sus problemas y que con cada mirada lograban arrancarle una sonrisa... se acercaron, ya estaban a milímetros de distancia, entonces Bill se acercó aún más, posando sus labios sobre los suyos y dando paso a un beso lleno de cariño, amor y ternura. Estuvieron así un momento y luego se separaron. Alce estaba un poco ruborizada.
-Lo... lo siento, Aly… yo no,.. - dijo Bill disculpándose. Pero Aly lo cortó.
-No te preocupes.- le sonrió
-¿Vamos?
Alice asintió.
Bajaron a con Laila y Tom y tomaron desayuno. Después los gemelos se fueron a casa. El día pasó insignificante y nada interesante para Alice...ya que no vería a Bill porque éste tenía que ir a ensayar con su banda.

Y así pasó toda la semana... Alice y Bill ya no se habían vuelto a besar, pero Laila y Tom cada día se veían mas enamorados, o al menos eso parecía.

Llegó el lunes siguiente, eran las 7:30 cuando sonó el despertador, Alice abrió los ojos algo molesta y lo apagó de un manotazo. La luz del sol atravesada por las rejillas de las cortinas era un día precioso... fue a su armario y eligió su ropa; un vestido blanco con un lazo roza debajo del pecho, unas calzas de color gris  y unas bailarinas blancas con una cinta. Se alisó el pelo y se hizo una coleta  y se maquilló como de costumbre. Al terminar bajo a tomar el desayuno, sus padres no estaban… sólo Luisa.

-Buenos días, Luisa.- la saludó con una sonrisa.
-Buenos días, Aly- Le sirvió un vaso de leche con chocolate.
-¿Dónde están mama y papa?
-Se han ido de viaje de negocios...
-Ah… ya veo. Lo mismo de siempre - se sentó en la mesa- siempre se van y nos dejan, ni siquiera nos avisan o se despiden, ni siquiera un "hasta luego" o un "nos vemos, cariño" - Alice suspiró mientras alcanzaba las galletitas que le tendía Luisa con la mano.
-Dijeron que volverían tan pronto como les fuera posible. Estoy segura de que era algo urgente y por eso no se pudieron despedir…-Intentó reconfortarla. Pero no servía de nada, ellos no estaban allí. Alice suspiró y deseó que sus padres se tomaran unas vacaciones. Así todo era más divertido. Comían juntos y ella podía abrazarlos y sentirlos cerca.
A los tres minutos llegó Laila, se veía más feliz que nunca.

-Hallo, Aly. - se sentó a su lado y la besó e la mejilla, ignorando a Luisa.
-Hallo, Laila.. - contestó desanimada con un tono triste en su voz.
-¿Que pasa?
-Es que mama y papa…
-¡¿Les pasó algo?!-La cortó, llevándose una mano al pecho.
-No, no, no… lo que pasa es que se fueron sin avisar...
- Hum… ¿A dónde?
-Viaje de negocios.
-¡Pff! como siempre. - bajó la mirada a la taza de leche que Luisa le acababa de servir. - no quiero leche, Luisa... me iré sin desayunar..
-Yo tampoco tengo hambre.- Alice dejó la galleta a medio comer y siguió a su hermana- Adiós, Luisa.
-Que les vaya bien en la escuela.-Se despidió la mujer.
Pero en vez de ir a toma el autobús para ir a la escuela, caminaron en otra dirección. Ambas sabían dónde irían y no decían palabra alguna.
A los veinte minutos de caminar, llegaron a un parque poco transitado. Se sentaron en la hierba contemplando la calle, los autos pasar, en frente podían ver un gran cartel de un edificio... Al parecer era algo así como estudios de grabación o algo relacionado con la música. Ellas querían entrar ahí como estrellas, era su sueño, ser famosas, reconocidas… suspiraron al mismo tiempo y luego se miraron… y comenzaron a reír. Poco después comenzó una guerra de pasto. Y cuando ya tenían césped en todas partes y a Laila le entró a la boca y comenzó a quejarse, dejaron de pelear. Se sacudieron y luego volvieron a mirar el edificio... pudieron ver entrando a 4 chicos, dos de ellos eran rubios, otro llevaba el cabello negro y corto con el fleco tapándole un ojo y el otro llevaba rastas y gorra...las gemelas se miraron incrédulas de lo que veían.
-Son… son..
-Los chicos ¿Pero qué...
-…hacen entrando…
-…Al edificio de música?
-¿Y quiénes son…
-…esos dos que vas con ellos?-
Se levantaron y caminaron a toda prisa. Se acercaron al de rastas que intentaba llevar un guitarra, pero tenía dificultades.
 - ¿Tom?-Laila alzó una ceja y lo miró divertida.
-Oh, emm… Laila… - la besó en los labios. En ese instante Bill, que ya había entrado en el edificio, salió nuevamente pero esta vez estaba acompañado. Una chica lo abrazaba por la cintura mientras él le pasaba el brazo por sobre los hombros.
Ojalá no fuera lo que Alice creía que era. Bill se acercó donde estaban ellos, aun con la chica entre sus brazos.
-Chicas…-Se notaba nervioso.-¿Qué hacen ustedes por acá?
-Estábamos en el parque y los vim…
-¿Y tú qué haces aquí?-Alice cortó a su hermana y se dirigió a Bill con un tono seco.
-Nos contrataron…-explicó.
-¡Genial!- Gritó su hermana y enseguida empezó a felicitarlos.
La chica que estaba junto a Bill se hizo notar carraspeando. Alice, que la había estado mirando todo el tiempo, se presentó.
-Soy Aly...-Le sonrió de medio lado.
-Yo soy Eliane... la novia de Bill - le devolvió la sonrisa y seguidamente se dieron dos besos... y luego lo mismo con Laila.
Alice sintió como se le abriera un agujero en el pecho y sus ojos se humedecían, le dolía fuertemente la garganta y le pinchaban los ojos. Intentó reprimir las lágrimas, las guardaría para otro momento. Miró a Bill, pero este miraba hacia otro lado, Eliane aún le sonreía, al parecer no se había dado cuenta de su estado.
-T..tengo..que irme.. – y acto seguido se dio la vuelta y empezó a caminar.
-¿Por qué no vienes con nosotros? Estamos grabando para la banda...-La invitó Tom.
-Es que... tengo que… almorzar, si almorzar – ella había dicho lo primero que se le había pasado por la cabeza, todos la miraron extrañados, a excepción de su hermana, que se dio cuenta de todo.
-Pero si son las... – Eliane miró su reloj- nueve y treinta..
- Lo que pasa… yo quise decir…
- Se ha confundido. Ella quería decir desayuno… –Laila rió forzadamente.
-¿Entonces no vienes?-Preguntó Tom.
-No. Adiós. – les hizo un gesto con la mano y se fue de allí sin dirigirle a Bill ninguna mirada.
En su cabeza habían preguntas, muchas preguntas, y todas sin respuesta. “¿Bill tenia novia? ¿Por qué no me lo ah dicho? ¿Iba a grabar en un CD’s?”…  Entonces se dio cuenta de que en realidad no sabía nada de él.
Miles de cosas pasaban por su cabeza.
Sin darse cuenta llegó a su casa. Entró y se encerró en su habitación, quería permanecer allí para siempre. Alejarse del mundo, de la luz, de Bill... no lo quería ver más. Ella podía ver que Eliane era una chica simpática, y que quería mucho a Bill, ella no iba a intervenir.
Se sentó sobre su cama y abrazó sus rodillas... agachó la cabeza enterrando sus rodillas en sus ojos.. “estúpida, que estúpida soy” se repetía una y otra vez. Podía sentir como su corazón se rompía en pedazos… ella había creído que Bill la quería, pero no era así, el tenia novia… y no era Alice.

Laila, por su parte estaba muy divertida con Tom, Bill, Eliane y los dos chicos, integrantes de la banda: Gustav y Georg. Estaban sentados en unos sofás de la discográfica, descansando, ya que los chicos habían terminado de grabar.
Y después de una conversación estúpida, graciosa y sin sentido se pusieron de a cuerdo para ir a casa de las gemelas a pasar la tarde en la piscina.

Capítulo 5 /Der letzte tag






Capítulo CINCO

Caminé rápido, quería llegar luego a casa. Todo esto me había dejado una fea sensación… era como si algo grande viniera en camino… algo… algo nuevo y malo en mi vida.
Estupideces, estaba siendo un paranoica como siempre. Sí, eso era. Me había tomado muy enserio lo que Tom había dicho, nada más.
Me acomodé el cabello detrás de la oreja y seguí caminando. Que frío hacía… Dios, como odio el invierno. Odio andar con un montón de ropa puesta, la bufanda con cinco vueltas alrededor del cuello, camisetas debajo de camisetas, calcetines sobre calcetines y lo peor de todo… quitarse la ropa al final del día. Quería días de calor… primavera, vacaciones, verano, piscina, diversión, tiempo... y cada vez quedaba menos… Dos meses, dos meses y las clases terminaban. Y es increíble lo que pueden pasar en dos meses. Quizás, en dos meses más Matt y yo ya éramos novio y podíamos divertirnos juntos en el verano. ¡Aw!, sería tan genial, pasar el día juntos en el parque, abrazados… caminar bajo el sol tomados de la mano, ir a la piscina juntos, comer helado… uy, sería el verano perfecto. Si todo el plan que teníamos con Nina salía bien… este podía ser el mejor verano de mi vida.
Esto me hacía sonreír como boba sin poder evitarlo. Dios, que tonta soy.
Le di al timbre tres veces, como era de costumbre y esperé. Miento, no esperé… Alison abrió la puerta a los dos segundos y me arrebató la bolsa de las manos antes de salir corriendo.
-¡Mamá Jenna ya llegó, ven rápido!
Le expliqué de pasada a mi madre lo que había pasado con el resto del dinero y mientras estaban listas las palomitas subí a mi cuarto. Me quité un poco de ropa y me amarré el cabello en una coleta. Después de todo aquí adentro estaba calentito. Mientras me quitaba los zapatos para ponerme mis pantuflas favoritas-de elefantes- sonó mi teléfono. Lo busqué con la mirada… encima del escritorio, lo alcancé y contesté.
-¿Si?-Logré ponerme la primera pantufla y me dispuse a quitarme el otro zapato.
-¡Hola, Jenna!-OMG, era… era…. ¡MATT!
-M…matt-Solté sorprendida. Él rió del otro lado de la línea… y alguien más también lo hizo. No estaba solo.
-Am.. y… ¿Cómo estás?
-B…bien.-Rió otra vez.
-Am.. un… que bien… am… este… Ben te da saludos.-Sonreí.
-Dale mis saludos también.
-De acuerdo. … Jenna te da saludos.-Rió.-Hecho.-Hizo una pausa.-A lo que iba. Te llamaba para que quedáramos… ya sabes salir… Ben y yo teníamos ganas de ir a una fiesta el sábado… es el cumpleaños de una amiga, y yo supuse que a ti y  a Nina les encantaría venir con nosotros… para divertirnos.-Volvió a reír. Y yo no entendí por qué. Quizás estaba nervioso… igual que yo… que tenía estrujada la pantufla de elefante en mi mano derecha.
-Creo que acepto tu invitación…-Si es que mamá me deja ir, claro… pff, yo TENGO que ir a esa fiesta. A lo mejor se da lo esperado… quien sabe. ¡Qué emoción!
-Excelente. Nos vemos mañana entonces.-Volvió a reír. ¡Qué tierno era!
-Nos vemos…
-Adiós.
-Adiós… oyes ya deja de hacer es…-alcancé a escuchar antes de que cortada la llamada. No le di importancia… pff, no tenía importancia. De seguro Ben lo estaba molestando.
Sonreí emocionada… me puse la pantufla y le escribí un mensaje a Nina... ya que casi no tenía saldo para hacer una llamara.

Adivina con quién tenemos fiesta el sábado... tienes permiso para saltar por tu habitación como una desquiciada.





Uy, estoy despierta. Pero que pereza tengo… no quiero levantarme. Debe ser temprano. Hoy es… sábado. Podría dormir un ratito más y…
¡Sábado! ¡Es el día de la fiesta! ¡Hoy tengo que salir con Nina a comprarnos ropa nueva!
Me levanté de la cama y casi corrí al armario.  Tenía tan poco tiempo para encontrar un buen traje, arreglarme el cabello, maquillarme y todo ese tema. Debía apresurarme o no encontraría el vestido adecuado y terminaría en la fiesta con algo horrible puesto encima. Tomé unos jeans, una camiseta manga larga de color rosa pálido, un sweater gis, ropa interior, mis converse rosas y lo lancé todo sobre la cama. Después tome un par de toallas y me metí en el baño. Me duché a la velocidad de la luz. Me vestí, sequé el cabello, me puse delineador y labial.
Tomé mi chaqueta y salí a paso rápido de la habitación. Me metí en la cocina. Mamá y Lulu estaban ahí. Ni señales del monstruo y de Niki.
Desayuné, hablé un rato con mamá y después salí. Al llegar a la casa de mi amiga, ella ya estaba lista y esperándome.
Acabé comprándome una falda con pretina alta, ajustada y corta por encima de la rodilla de color negro con una camiseta manga larga, algo suelta que llegaba por encima del ombligo. Tenía brillos y ese tipo de cosas que se suelen llevar en las fiestas. También compré un par de aros que me parecieron totalmente de diva, un anillo  y  un  colgante a juego. Con eso ya me había gastado toda la mesada y no me alcanzaba para zapatos nuevos… pero usaría los tacones que mamá me había comprado para cuando mi prima Megan se casó hace seis meses. Nina se compró un vestido negro bastante bonito, que le hacía ver las piernas mucho más largas.
Nos fuimos a mi casa y allí estuvimos trabajando en nuestra imagen toda la tarde. Quería impresionar a Matt. Quien sabe… a lo mejor algo bueno pasaba esta noche. Podría ser el comienzo de algo o que se yo… después de todo era una fiesta, y todo puede pasar en una fiesta. Que emoción.
Matt y Ben vendrían a buscarnos a las nueve. Nos iríamos en taxi. Y es que no quedaba tan lejos pero los chicos habían pensado en todo y no nos querían hacer caminar si llevábamos tacones. Que lindos y considerados. Y es que eran los chicos perfectos… perfectos para nosotras. Y era genial porque estábamos siendo la envidia de todas las chicas de la escuela. Y es que es obvio, los chicos más guapos del lugar se habían pasado las últimas tres semanas con nosotros y ahora íbamos a una fiesta juntos. Esto era demasiado bueno para ser cierto. Lo pensaba y comenzaba a buscarle el lado malo al asunto… ¡pero no había nada malo o extraño! Quizás la suerte, al fin, estaba de nuestro lado. Quizás este era mi momento para enamorarme. ¡Y es que sería tan lindo! En un mes y medio sería verano… y lo pasaría junto a mi novio, el chico más guapo, amable, simpático y perfecto del planeta. Estas serían lejos las mejores vacaciones de mi vida.

Y como ellos ya nos habían dicho, a las nueve en punto sonaba el timbre. Tomé mi chaqueta de cuero, tiritando de los nervios, y bajamos las escaleras dando grititos. Nina estaba igual o más histérica que yo. Y es que cualquiera lo estaría en esta situación.
Abrí la puerta… y la boca casi me llegó al piso. ¡Matt estaba guapísimo! ¡bah, que digo! Guapísimo se quedaba corto. Esto es tan… tan increíble. Es como para llorar. Y es que nunca pensé que un momento así llegaría… los chicos más guapos del universo, en la puerta de mi casa, esperándonos para ir a una fiesta. ¡Es de lo más emocionante!
Ben nos abrió la puerta para subirnos al taxi. No puedo creer que sea tan caballero… es… es genial que queden chicos así en el mundo.
Durante todo el viaje Nina y yo nos mirábamos sin poder creerlo, compartiendo sentimientos  y casi hablando con la mirada.
Al llegar allá, Matt me ayudó a bajar y entramos tomados de la mano a la casa. Y sí que era una casa, más bien una casota… ¡enorme! Seguro tenía piscina y todo. Matt me guió entre la gente, saludando a algunas personas, chicos, chicas de su grado que obviamente lo conocían. Y es que, buff, como para no conocerlos, a él y a Ben… y a todo esto... hasta se me había olvidado Nina. Miré hacia atrás mientras Matt seguía llevándome de la mano hacia una mesa donde había bebidas. Nina estaba allí, con Ben, hablando con una chica rubia y delgada. Me despreocupé. Matt me sirvió. Y creo que casi muero cuando él se acercó a mi oído para preguntarme si quería hielo. Ese escalofrío, la cosquilla en la panza y la sensación de debilidad en las piernas  no era algo que se sintiera todos los días… bueno, en realidad, desde que pasaba la mayor parte del tiempo con los chicos esto iba seguido, porque claro, estaba Matt… pero esta vez, esta vez había sido diferente. Estábamos bastante cerca y el ambiente, la noche, las luces, la música... no lo sé… pero le daba un toque especial. Me sentía fuera de mi, era como si no fuese yo misma.
Nina y Ben nos alcanzaron en ese momento. Y antes de que pudiera decir algo, una chica apareció de la nada y se lanzó encima de Matt con los brazos abiertos. Deduje que esta era la chica de la fiesta y la saludé de un beso en la mejilla.
Estuvimos conversando a gritos por un rato, incluso se nos unieron un par de personas más. Hasta que a una pelinegra se le ocurrió sacar a Matt a bailar. Y claro, él no se negó. Me dijo que luego volvía. Después desapareció Ben. Ni siquiera Nina se dio cuenta. Pero no pasó nada… no es que nos hubiésemos aburrido o algo así… de hecho lo pasamos bastante bien. La de la fiesta, Sophía, resultó ser también una conocida de mi hermana. Y nos invitó a salir fuera de la casa.
Y sí… también tenía piscina. Nos quitamos los zapatos y nos quedamos sentadas en el borde. Su novio se nos unió luego y ella no tardó en marcharse a bailar.
-Genial.-Comenté, bebiendo un poco de bebida.
-Y son sólo las once…- Bostezó.- Quiero saber donde está Ben…
-También yo. Digo… saber donde está Matt.- Nina sonrió de medio lado. Conversamos un rato más. Hasta que unos chicos vinieron a buscarnos para ir a bailar. Al principio no tuve ganas, pero Nina acabó convenciéndome.
Y así fue como pasó la noche. Bailando con chicos, sin saber de Matt. Fue… extraño. Porque habíamos entrado aquí tomados de la mano y ahora ni señales de él. Ardía de rabia al pesar que podía estar con alguna chica besándose o haciendo algo mucho peor. Y es que… aunque no fuésemos nada no podía evitar sentir celos. Matt era mío. O pronto lo sería… LO SERÍA.

28 febrero, 2012

Capítulo 3 /Leb die sekunde







CAPITULO 3

La semana paso increíblemente rápida. Bill y Alice no se separaban, eran como los mejores amigos de "toda la vida", incluso Bill dejó un poco abandonados a sus antiguos amigos.
En cambio Tom y Laila andaban por lugares diferentes, cada uno con su grupo de amigos. Pero en cuanto se veían comenzaban a besarse como desesperados sin importar el lugar donde estaban, ni quien los miraba.

Los nuevos amigos se encontraban en sus respectivos asientos, ya que estaban en clases, hablando. Y todo iba bien, como hablaban despacio el profesor, que escribía algo en la pizarra, no podía oírlos… hasta que salió el tema de Tom y Laila, que estaban unas tres mesas más adelante, sentados juntos por primera vez, besándose ‘disimuladamente’. Entonces Bill comenzó a burlarse de ellos y Alice no pudo aguantar la risa. Bill también se contagió y sin darse cuenta comenzaron a armar todo un show en plena clase.
-Kaulitz.-Los interrumpió el profesor-Mc… Mc…
-Mc Stewyemer.
-Mc Stewyemer – Le repitió. - A la sala de castigos.
-Pero...-Bill intentó hacer algo…
-Nada de peros ¡A-H-O-R-A!-…Pero no sirvió de nada.

Los dos se levantaron cabizbajos y salieron de la sala ante la mirada y burlas de todos. Se dirigieron a la sala de castigos… pero estaba cerrada.

-¿Y ahora que hacemos? - exclamó Alice llevándose las manos a la cabeza.
-No sé... ¿vamos al parque?
-Mmm… ¿No está mal?
-Si nadie se entera no pasa nada.

Una vez en el parque se sentaron en la hierba y jugaron a buscarle forma a las nubes.

-¡Mira esa de allí! - dijo Alice señalándola con el dedo índice - se parece al maestro Yoda-Rió.
-¿El de Star Wars?- soltó una carcajada.
-Sí.
-Hum… mira – señaló otra nube- esa es como tú.
-¿Cómo yo? Estás loco, yo no me parezco a esa nube…
-Sí, se parece a ti. Quizás no viste bien cual era. Es esa.-Apuntó de nuevo.
-¿Pero por qué…?-Soltó en resoplido, con una sonrisa en el rostro, pensando que Bill estaba loco.
-Porque es la nube más linda que he visto.- La miró. Entonces se dio cuenta de como el color rojo se acumulaba en las mejillas de Alice, y esta movía la cabeza para que no la viese.
Y luego, sin avisar, Bill se acercó a ella y le tomó la barbilla atrayendo su rostro hacia él. Se miraron a los ojos... Alice no se podía explicar porqué sentía un extraño cosquilleo dentro de ella cada vez que Bill rozaba su piel, tampoco se podía explicar cómo esos ojos color miel hacían que se le erizara el vello y esa sonrisa que le provocara una ardor en las mejillas. Bill se acercó mas ella, y la tomó por la nuca... se acercó un poco más. Estaban a milímetros de tocarse.
Esta vez fue Alice quien se acercó y rozó sus labios suavemente. De un segundo a otro... ese tímido roce se transformó en un beso tierno, dulce y cariñoso que dio paso a un beso de esos que te dejan sin respiración y hacen que te tiemblen las piernas. Siguieron besándose y cuando se separaron para dar un respiro, Bill se dio cuenta de que la mitad de su cuerpo estaba sobre Alice. Enseguida se separó y se sentó a su lado tomando la misma posición con la que estaba antes.

-Aly… Lo siento. - dijo algo avergonzado..
-Tu igual discúlpame... no volverá a pasar.
-No… no volverá a pasar.- se levantó del césped i se limpió los pantalones. Le tendió la mano a Alice para ayudarla a levantarse, y esta la tomó y se paró de un salto. - vamos a ver si ya está abierta la sala de castigos.
-Si... no quiero tener doble castigo. - rió.

El resto del día transcurrió con normalidad. Alice y Bill no volvieron a besarse aunque la mayoría del tiempo que no hablaban se la pasaban pensando en el otro.
Por la noche quedaron de reunirse en la casa de las gemelas a ver una película, ya que los padres de ellas estaban en un viaje de negocios.

Ya eran las nueve y treinta. Faltaba poco para que llegaran los gemelos. Laila estaba con unos pitillos blancos muy, muy ajustados, una blusa rosa pálido y unos tacones. Ella siempre vestía elegante... no le importaba la ocasión. Y Alice estaba con un short negro, una camiseta de tirantes de color rojo y unas zapatillas de andar por casa con diseño de pies con garras.
Tocaron el timbre, las dos gemelas se pelearon por abrir la puerta y finalmente la abrió Laila.

-Hallo Tom, hallo Bill - saludó a los dos con un beso… A Tom en la boca obviamente, y los hizo entrar a su casa. Una vez adentro Alice los saludó.
Eligieron la película de terror... para desgracia de Alice, ella odiaba las películas de terror. La asustaban mucho y a veces le provocaban pesadillas.
Pusieron la película y apagaron las luces... Laila y Tom estaban abrazados y sin despegar sus bocas, en el lado derecho del sofá. Alice estaba al extremo izquierdo abrazada a un cojín tapándose la cara y Bill estaba en medio con el pote de palomitas. En la mitad de la película la parejita subió a la habitación de Laila.
Estaba solos Aly y Bill en la misma habitación… Y Aly se estaba poniendo nerviosa. Era su amigo... pero con lo que había pasado en la mañana no sabía que debía pensar. Miró a Bill... este le sonreía burlón.

-¿Tienes miedo? - Alice asintió con la cabeza.-Ven aquí, soy mejor que un cojín. - dijo extendiendo los brazos. Ella soltó el cojín tímidamente y se acercó a Bill. Se agarró entre sus brazos y lo abrazó fuertemente. Al hacer contacto con su pies se estremeció y un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Sintió el calor de Bill y su olor… Dios, hacía que la pobre chica perdiera la cabeza... pero también la hacía sentir segura, protegida. Definitivamente nada le podría pasar estando en los brazos de Bill.
La película acabó y los dos seguían abrazados. Alice terminó durmiendo primero... entonces Bill se recostó y se durmió acariciando su suave y delicado brazo.

-¡AAH!-Abrió los ojos de golpe, le faltaba el aire y le dolía el brazo izquierdo. Y ya sabía la razón. Laila y Tom se habían lanzado encima de ellos.
-Aly, no grites…-Se quejó Bill, abriendo los ojos de golpe.
-Pero es que estos subnormales... ¡AAH! - gritó nuevamente a sentir algo que le pinchaba el estómago. Intentó moverse para salir de allí pero lo único que consiguió fue empeorar las cosas. – Ay, Alguien me golpeó en el… ¡Ay! ay, ay…
-¡Aly, no chilles!-Esta vez la hacía callar su hermana.
-Ya era hora de que despertaran.- Se rió Tom. Aún seguían encima de ellos - ¡¿Quién tiene su pie en mi cuello?!
-Tom, quítate.
-No puedo.
-¡Me duele!
-¡Sólo quítate!-Bill sonaba enojado.
-¡No puedo!-Le contestó su hermano.
- Que si puedes.
-Que no.…
-¡Que si!
-¡Que no!
-Puedas o no puedes levántate, ¡me duele!-Se volvió a quejar Alice.
-No se puede levantar...-Insistió Laila.
-¡Si que puede!- Bill tomó mucho aire y con todas sus fuerzas se levantó dejando en el suelo a su hermano y las dos chicas. Los tres comenzaron a quejarse. Alice se pasaba la mano por la cabeza, Tom por el brazo derecho y Laila intentaba estirar su espalda.
-Lo siento.-Bill rió, encogiéndose de hombros.
-No es gracioso, Bill.
-Sí lo es. – Los miró, gracioso.
-Oh, mierda… Se te pasó la mano. Me va a salir un moretón.-Se quejó Tom mirándose el brazo.
-No debiste haberte tirado sobre mí.-Bill se volvió a encoger de hombros.
-Yo no estaba sobre ti… e igual acabé en el piso.-Alice, que ya estaba de pie, lo miró frunciendo el seño.
-Si estabas sobre él, Aly- Alice la miró muy sorprendida a su hermana y luego miró a Tom.- ¿no es cierto, Tom? - Él movió la cabeza haciéndole entender que si era cierto. Y a la pobre se le subió el color a las mejillas y se vio obligada a bajar la cabeza para disimular.
- Mee voy a .. a.. al baño, disculpen - salió de la sala con un paso apurado y entro al baño. Se miró al espejo y luego abrió el grifo. Se enjuago la cara y después se la secó con una toalla. Tomó un peine y se lo pasó por el cabello y luego buscó un lápiz de ojos negro... y cuando se disponía a repasarse el maquillaje corrido sintió unas manos en su cintura, que la abrazaban.
Pegó un bote, levantó la vista y miró a través del espejo…

Capítulo 2 /Leb die sekunde







CAPITULO 2

A la mañana siguiente, como su padre lo dijo, Luisa fue a despertar a Alice a las siete. Ella se resignó a levantarse, ya que no tenía más opciones. Se duchó y se vistió; se puso unos jean, una blusa negra muy ajustada, unas zapatillas, una muñequera de cuero con tachas, se alisó el pelo y el flequillo… luego se maquilló los ojos de negro y salió de su habitación.
En el desayuno estaban todos los miembros de la familia excepto Laila. Luisa había preparado unos pastelillos de chocolate, los favoritos de Alice… saludó a todos y luego se sirvió un vaso de leche para acompañar su pastelillo… en cuanto le dio el último mordisco apareció Laila saludó a todos de mala gana y cogió una manzana.
- ¿Hija, no comes nada mas? te veo muy delgada, cariño – su madre estaba preocupada, ya que Laila casi no comía.
- No gracias, no tengo hambre.- en ese momento sintieron una ruido de bocina.
- Debe de ser el autobús- dijo con un gran pedazo de pastelillo en la boca.
- Adiós- se despidió Laila y salió de la cocina.
- ¡Laila, espérame! Adiós mamá , adiós papá- Le dio un beso a cada uno y salió corriendo tras su hermana… tomó su bolso, y las dos salieron de casa.
Al subirse en el autobús todos las miraban, Laila vio un asiento desocupado al lado de un chico de cabello rubio. El chico la miró sonriendo y Laila se sentó allí. pero Aly seguía caminando hacia los asientos de atrás. Vio un asiento desocupado al lado de una chica morena de pelo ondulado.
- ¿Puedo…?- preguntó con una sonrisa, la chica asintió con la cabeza. Entonces se sentó y dejó su bolso sobre sus piernas.
- Hola, me llamo Anna… - la chica era un poco tímida, por lo que solo miraba a Alice a través del flequillo que le tapaba toda la cara.
- Soy Aly – la miró con una gran sonrisa en los labios.
- ¿Eres nueva?
- Sí, soy nueva en la ciudad.
- Oh, ya veo. – dijo Anna asintiendo con la cabeza.
- ¿Tu siempre has vivido aquí?
-S s…i..¡sí! – La chica desvió su mirada hacia el pasillo del autobús, al parecer sin percatarse de que no había cerrado la boca.
-Anna. ¿Te ocurre algo? ¿Estás bien?– Alice movía las manos cerca de los ojos de Anna.
- Si. Si, si… estoy bien… muy bien. Mira, Mira..- dijo señalando dos asientos mas adelante.
-Es mi vecino… - Comentó Alice despreocupada y sin prestarle importancia... era Tom, el chico de las rastas que estaba unos pasos más adelantes, parado porque no quedaba lugar en el autobús.
- ¿No es lindo? – lo dijo suavemente, casi como un murmuro… y se llevó las manos a la cara – que pena que él no busca relaciones serias. Él... es el típico chico que está siempre con una chica diferente. Y corre el rumor de que ha estado con hasta tres chicas es una noche… – Alice puso una expresión divertida y trató de animar a Anna que estaba con una cara de pena interminable.
- Pues, yo ayer estuve cenando en su casa… y me fui muy en la noche, no recuerdo haber visto a una chica en su casa.-Rió.
-¡No te lo creo! ¿Es enserio? ¡No puede ser!- se llevaba las manos a la cabeza y las movía por el aire, haciendo expresiones raras que a Alice le asustaban un poco.
- Si…-entrecerró los ojos y la observó preguntándose si había cometido un error al contárselo.-No es la gran cosa.
- ¡Estuviste en la casa de los chicos más populares del colegio! – tras decir esto… el autobús frenó bruscamente, y no le dio tiempo a Alice de contestar, ya habían llegado. Anna se separó de ella ya que estaba en otra clase, y Aly fue en busca de la suya… cuando iba pasando por la puerta del salón el profesor la detuvo, estaba con su hermana y habló un rato con ellas hasta que sonó la campana para entrar, una vez todos adentro, el profesor entro a la clase y presentó a Alice frente a todos:
- Chicos, les presento a sus nuevas compañeras de clase. Sus nombres son Alice y Laila…- se quedó cortado ya que no recordaba el apellido de las chicas. Pero antes de que pudiera ver en la nómina Laila lo interrumpió.
-Laila y Aly-Corrigió, todo el mundo la llamaba así.- Mc Stewyemer. Tenemos dieciséis años, somos gemelas y nos acabamos de mudar.–  siguió hablando al ver que el profesor la miraba con aprobación.
-Señoritas Mc Stewyemer, ya pueden ir a sus asientos... creo que por allí hay uno desocupado. – Alice caminó al único asiento que vio desocupado en el lado izquierdo de la sala y Laila hacia el lado derecho. Dejó su bolso a un lado de la mesa y se sentó apoyando la cabeza sobre sus manos.
- Yo te eh visto antes… - Alice se giró para ver al chico que estaba a su lado, al verlo abrió unos grandes ojos, al recordar lo que le había dicho Anna hace unos minutos: en la casa de los chicos más populares del colegio... “más populares..” pensó..”No creo… esa chica debe exagerar. No lo creo…” pero sus pensamientos fueron interrumpidos… – Aly… ¿Aly verdad? ¿O eres Laila? – decía el chico confundido.
- Soy Aly, Bill –Rió. Abrió su libro en la página que había ordenado el profesor.
- Es que son iguales… no estaba seguro. Aunque había más probabilidades de que fueras tú. – Bill le sonrió y Alice le devolvió la sonrisa.
- Sr. Kaulitz, Srta. Mc.. Mc..-Interrumpió el profesor.
-Mc Stewyemer – corrigió Alice. Bill comenzó a reír y puso una mano en su boca para disimular.
- Sr. Kaulitz... en realidad no sé que es lo que le causa tanta gracia...  deje de conversar y comience leyendo en voz alta la pagina noventa y cuatro. – Bill comenzó a leer.

Sonó la campana para el primer receso.
Alce cogió sus libros que estaban sobre la mesa y los guardó en su bolso, se levantó de la silla y la acomodó en su lugar. Acto seguido salió al pasillo y empezó a buscar a Laila con la mirada, pero esta no estaba.
- Aly... – Ella se volteó enseguida.
-Ah… hola Bill.. – le dijo con una media sonrisa
- ¿Esperabas a alguien?
- No… digo sí. Lo que pasa es que ese alguien ya se ha ido...y me ha dejado sola – hizo un puchero y a Bill le entró la risa.
- Voy a comprar algo para comer… ¿vienes? –
- Amm… sí, claro..Se apresuró en contestar.

Fueron a la cafetería… en el camino Alice podía observar como algunas chicas la miraban con asco y otras con envidia, pero no les dio importancia y siguió caminado sin prestar atención; al llegar a la cafetería vieron a Tom y a Laila hablando muy, muy, íntimamente en una mesa, a punto de juntar sus labios. Alce abrió mucho los ojos y la boca, mientras Bill se reía a carcajadas de la cara con la que se había quedado. Alice también se dio cuenta que su hermana estaba rodeada de chicas, una de ella le traía un refresco, pero Laila lo rechazaba. ¿Cómo era posible? ¿Cómo es que Laila había estado tan sólo un momento en la escuela y había logrado algo… así? Parecía no tener explicación y Alice no le encontraba lógica alguna.
- ¿Vamos con ellos?-Preguntó Bill, riendo.
- ¿De qué te ríes?
- De la cara que has puesto al ver a esos dos.
- No me di cuenta... Podrías haberme avisado.-Se sonrojó y miró hacia otro lado reprimiendo la risa.  Eso pareció causarle gracia a Bill porque este siguió riendo.
- Ok, ok.
- Oh, ¡ya cállate!
- Esta bien, está bien… lo siento.-Se mordió los labios para no seguir con lo mismo.
- Vamos con ellos...- Entonces Alice empezó a caminar hacia la mesa donde estaban Tom, Laila, y sus nuevas “amigas”.
- ¿Y ahora quien es la que quiere ir a acompañarlos? Já. - Bill seguía a Alice por entre las mesas; al decir esto ella de giró la cabeza hacia atrás y le mostró su lengua. Bill sonrió.
Llegaron a la mesa, y se sentaron frente a la “pareja”, quienes los miraron como queriendo decir “¿porqué vienes aquí?, no te das cuenta que estoy ocupado/a?”.
Las otras chicas igual los miraron. Más todas las miradas se posaron en Alice.
- Eres idéntica a Laila…- “¡No me digas!” Pensó.
- ¿Laila, porqué ella se parece a ti?
Esas chicas estaban impresionadas, hablaban muy fuerte y agudo, cosa que a Alice le molestaba.
- Es mi hermana… gemela.- habló Laila con un cierto tono de superioridad.
-Entonces hay dos como tú…-Una de las chicas se acercó a ella entuciasmada.
- No digas esas cosas, querida, ella nunca será como yo – la chica que había hablado miró el suelo muy avergonzada por lo que había dicho. Laila no le dio importancia y siguió- Aly, ¿qué haces aquí? ¿No ves lo ocupada que estoy?- su voz era dulce, solo con su hermana era dulce.
-Lo siento. Ya me voy de aquí, no te preocupes. – Se levantó de la silla- Adiós. – les sonrió a los dos y salió de la cafetería.
- Bill…- Murmuró Tom a su hermano, casi suplicando. Definitivamente quería que se fuera de allí y lo dejara a solas con esa hermosa y cruel muchacha que estaba al lado suyo. Bill solo se levantó y sin decir nada siguió los pasos de Alice.

Una vez afuera de la cafetería, Alice caminó hacia el exterior, se sentó en una banca de madera y afirmó su bolso en sus piernas, empezó a cantar flojito, lo más despacio que podía. Necesitaba calmarse un poco. A demás del estrés que significaba mudarse, este también era su primer día en la escuela y como si fuera poco su hermana no la estaba acompañando.
- Que bien cantas.- Era una voz muy dulce, que Alice habia escuchado antes un par de veces, una voz que le susurraba en el oído... muy despacio. Se dio vuelta rápidamente.
-Bill, me asustaste.- Se llevó la mano a la frente torpemente y golpeándosela, haciendo un pequeño sonido.
-¿Puedo sentarme?
-Claro.. – se corrió un poco hacia la derecha y Bill se sentó junto a ella.
Se hizo un silencio incomodo, de esos silencios que Alice tanto odiaba.

-Y dime... ¿cantas?- Bill la miraba con esos hermosos ojos color miel. Alice se sonrojó al escuchar esa pregunta… la verdad le daba mucha vergüenza que la escucharan cantar.
- Si… pero solo por diversión. También toco la guitarra, antes, en California tenía un grupo con mis amigas.
-¿Y supongo que eras la que cantaba no?
-Sí. También era la segunda guitarra – Dijo muy orgullosa de si misma.
-Qué curioso. Yo también tengo un grupo. – a Alice le cambió la cara completamente… ya no tenía las mejillas rojas. Al contrario, estaba con una cara de asombro..
-¿Enserio? Eso es genial ¿cómo se llaman?
-Delivish, pero no sé si será definitivo. – Sonrió
-¿Y qué haces en la banda?
-Cantar
- OMG ¡cántame una canción! – Juntó ambas manos y se las llevó a la boca, mirando a Bill con esa cara que solía usar para conseguir que Luisa la dejara comer más pasteles de los que su madre le permitía.
-¿Ahora? No... – Negó con la cabeza. Entonces Alice insistió, e incluso lo tomó de los hombros y recurrió al puchero típico de su hermana... pero a pesar de todo el intento que hacía no logró hacer que Bill le cantara una canción y la campana para entrar a la segunda clase los interrumpió.

- ¿Y como ensayan si ellos viven en otra ciudad? – Le preguntó Alice a Bill refiriéndose a su banda, cuando ya estaban en la sala de clases esperando a que el profesor, que se había retrasado, llegara. 
-Ellos nos vienen aquí. O a veces también vamos nosotros.
-¿Y Tom que haces en la banda?
-Toca la guitarra.
-Genial, como yo ¿me invitaras un día a algún ensayo?
- Uhm... lo consideraré. Si es que te portas bien.-dijo en tono “mama”- ¿pero sabes?... ya me cansas con tantas preguntas.-Rió.
-Ya no te preguntaré más, no te preocupes.-Señaló con la cabeza hacia la puerta, por donde entraba el profesor.

Al termino de las clases, Alice y Bill caminaban hacia la puerta de la escuela.Ya era hora de subir al autobús.
-¡NOO!-Gritó Alice llevándose las manos a la boca.
-¡AH!
-¡Bill, no grites!
-Tú has gritado primero!
- Pero es que me olvidé el bolso en la clase de Biología- Miró hacia el cielo, suspirando. “Pero qué tonta estás” Se dijo a su misma.
- Vamos a buscarlo. – Al instante Alice pudo sentir la mano de Bill sobre la piel de su brazo… haciendo que se le erizaran los vellos. Sintió como sus mejillas enrojecían.  Al instante Bill empezó a correr hasta llegar a la sala de Biología. Alice posó la mano en el pomo de la puerta, y giró hacia la izquierda. No se abría. Luego a la derecha. Tampoco. Miró a Bill…
-¿Qué... qué hacemos?-Le preguntó.
-Vamos por las llaves...
-Buena idea ¿donde….? – Sin poder hablar más sintió nuevamente la piel de Bill rozar con la suya, para luego salir arrastrada.
Pidieron las llaves al conserje, quien les dio un llavero con más de veinte llaves. Y al séptimo intento… se abrió la puerta. Alice entro y verificó que no se le quedara nada mas, tomó su bolso y fueron a entregar la llave.

Al salir a tomar el autobús nuevamente, para su sorpresa, ya no estaba. Lo habían perdido.
- ¿Y ahora que haremos?-Suspiró Alice, pensando en el ‘fabuloso’ día que había tenido.
- Caminar… supongo – dijo Bill muy despreocupado con las manos en los bolsillos.
- Pero queda demasiado lejos...- se quejo.
-Entonces… ¿Llamamos a alguien para que venga a por nosotros?
-Me parece bien.-Le sonrió de medio lado.
- Espera...- sacó su teléfono del bolsillo y llamó a su padrastro.- ya está... mi padrastro nos vendrá a buscar. Pero se tardará un poco.
Se hizo un silencio incomodo; Bill se sentó en la hierba y al instante Alice lo imitó, sentándose a su lado.
Después de un rato de estar en silencio Bill posó su mano sobre la de su nueva amiga... quien de la vergüenza que sentía en ese momento agachó la cabeza, para disimular lo rojo de sus mejillas.
Bill la miró tiernamente y para cuando fue a abrir la boca…

-¡PIIIIIIII PIIIIIIIIIIII PIIIIIIIIIIIIII!-

Era el coche de su padrastro. Alce se levantó rápidamente rompiendo el contacto, Bill se levantó tras ella. Se limpiaron los pantalones con las manos y se subieron a ese hermoso coche blanco. No hablaron en todo el camino… sólo a veces que el padre de Bill les preguntaba alguna cosa... pero le respondía con monosílabos. Estaba incómoda.
Al llegar a casa Alice se acostó y se durmió al instante.
Pensando en  Bill.

Capítulo 4 /Der letzte tag







Capítulo CUATRO

-¿Jenna?-Escuché  al momento en que sentía que algo tiraba de mis párpados hacia arriba con fuerza.-Tengo hambre.-Me soltó. Cerré  los ojos, era sábado… no quería levantarme temprano. Me quejé.- ¿Estás despierta?-Me picó la cara con sus pequeños dedos. Bostecé y me levanté de golpe.
-¿Qué quieres?
-Tengo hambre… y Nina está aquí.-Me sonrió.
-¿Nina? ¿Tan temprano?-Me alarmé, levantándome de la cama. ¿Por qué…?
-Es hora de almorzar… muero de hambre y Niki salió.-Se llevó ambas manos a la panza y comenzó a quejarse dramáticamente.
-Ya deja eso….Enseguida bajo y te doy algo de comer.-Caminé hacia la puerta de la habitación a paso lento.
-Yo que tú… me arreglaría un poco el cabello.- ¿Arreglarme el cabello? Me pasé la mano un par de veces y bajé las escaleras refregándome los ojos. Sentía a Alison bajando detrás de mí. Llegué abajo, me quité la mano de los ojos y busqué a Nina con la mirada. Di con ella al instante. Había dos personas más allí también. Quedé en shock. No era posible que nadie me hubiese avisado… ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¡Dios, estaba en pijama! ¡Qué vergüenza! Esto no me podía estar pasando…
-¡Jennaaa!-Exclamó Nina, abriendo los brazos y corriendo hacia mí.-Traje a los chicos, salúdalos.-Por suerte me cubrió por completo. No era gracioso aparecer con un pijama rosa lleno de ovejitas al frente del chico que te gusta. Les hice una seña con la mano.
-Hola-Me saludaron a la vez. Nina me metió en la cocina y cerró la puerta.
-¿Qué haces con… con eso?-Me señaló. Miré mi pijama… era lindo, si, me gustaba ¡Pero para dormir!
-Debiste avisarme.-Pateé el piso.- Matt me vio así.-Me levé las manos a la cara, avergonzada.
-No te pongas así, tampoco está tan mal… es… agh, veníamos a visitarte.-Tomó mi mano, tirando de mi hasta llegar a la mesa de la cocina.-A todo esto… he visto como Matt te mira.-Alzó las cejas repetidas veces. No pude evitar sonreír.
-¿Te ha dicho algo?
-Bueno… Ben y Matt hoy me dijeron que podríamos ser amigos. Los cuatro, ya sabes… amigos.-Me mordió el labio inferior.-Esperemos que ese “amigos” sea sinónimo de novios… aunque para los chicos suele ser así.-Sonreí bobamente. Es que no lo podía evitar. Nina suspiró.-Ve a vestirte, yo prepararé algo para tu hermanita.
La abracé, le di las gracias mil veces y luego salí de la cocina a paso rápido. Los chicos me vieron y sonrojada a más no poder los invité a sentarse y les dije que bajaría enseguida.
Me duché en cinco minutos, vestí en tres y arreglé en diez. En veinte ya estaba abajo. Al llegar todos comían un plato de pasta en la cocina e incluso había uno para mí.
-¡Que rico!-Me senté en la mesa y enseguida miré a mi amiga, frente a mí.- Gracias.-Tomé el tenedor y probé. Delicioso.
-En realidad los chicos me ayudaron un poco. Estaba haciendo un desastre… pero Ben salvó la comida.-Lo miré. Qué bien.
-Gracias.-Le agradecí.  Simplemente asintió, él con la boca llena de comida. Que tierno.
-Quiero helado.-Pidió mi hermanita. Rolé los ojos.
-Alison… no tenemos helado.
-Podemos ir a comprarlo.-Dijo Matt. Alison aplaudió, lanzando el tenedor lejos. Matt lo recogió.
-Me caes bien, Matt.-Le dijo, cerrando ambos ojos en un mal intento de un guiño.
-Tú también me caes bien, Alison.-Nos echamos a reír.
Al terminar de comer me ofrecí a ir con Matt comprar el helado. Dejamos a Ben y Nina a cargo de la monstruo. Tomé del dinero extra que nos había dejado mamá y salimos. Por suerte había un pequeño negocio no tan lejos, donde podríamos comprar.
Al pasar frente a la casa de Nina, y sin dejar de conversar y reír con Matt en ningún momento, me fijé en que el mismo chico de la noche anterior iba saliendo de allí, sosteniendo un cigarro en una de sus manos. Me miró. En ese momento recordé lo de Andreas. Disimuladamente vi la hora en mi teléfono, aún quedaba un media hora… no tenía que preocuparme. Aunque no sé por qué razón me había inquietado tanto el hecho de que el amigo de Andreas me hubiese visto con Matt. Quizás era por lo que me había cuestionado anoche… no tenía que quedar con Andreas si no estaba interesada en él. Esto me hizo sentir un poco culpable. Matt se dio cuenta de mi cambio de actitud al ver al chico ese y me hizo algunas preguntas. Me pareció bastante raro que se diera cuenta de algo que yo había disimulado muy bien.
Incluso me preguntó si lo estaba molestando, pero yo me empeñé en convencerlo de que no era nada y que no me estaba molestando. No quería que se fuera. No antes de comer helado y hablar un rato… hasta las cuatro. Matt no podía saber que yo iba a salir con otro chico. Quizás que cosas pensaría de mi. Ugh, esto no podía volver a repetirse, le aclararía las cosas a Andreas hoy mismo. No lo dejaría pasar.

Mamá llegó a eso de las siete. Obviamente corrí a saludarla emocionada… y a preguntarle cómo estaba la abuela. Después, tras contarle lo del incidente de Alison en la escuela y un par de cosas más me fui a mi habitación. Allí me quedé hasta que dio la hora de dormir. No me sentía bien. Era como si… hubiese cometido un error. Me mordí el labio inferior. Hacía tiempo que no me sentía así de culpable. Y eso que no había hecho nada… bueno, Andreas había estado aquí con nosotros, y Matt… bueno, nos habíamos acercado un poco más de lo habitual y me había abrazado y… tampoco había sido algo tan exagerado… en realidad era un juego en el que todos participamos, excepto Andreas. Ugh, es que su cara lo decía todo. Yo ni siquiera pude hablarle y dejarle claras las cosas porque… soy una estúpida. Pero de esas ESTÚPIDAS MUY ESTÚPIDAS. No me gusta hacer sentir mal a la gente, pero es que no me había dado cuenta hasta que se fue… quizás mañana hablaba con él. Si es que podía claro, o la próxima vez que lo viera. Después de todo… mañana era domingo y quería descansar… o tal vez salir con Nina, Ben y Matt. Tomar un helado, ir al cine, hacernos fotografías…
Pero nada de eso sucedió. Es más, ni Nina ni yo supimos algo sobre ese par en todo el día y como teníamos uno de esos trabajos individuales de poco menos de mil páginas para entregar el martes decidimos terminarlo hoy para mañana poder salir con los chicos.
Cerca de las cinco mi trabajo estaba listo. Bajé a ver que había de comer.
-¿Terminaste?-Me preguntó mamá. Miré el helado que estaba decorando con crema y chispitas de colores sobre la mesa. Se me hizo agua la boca.
-Si.-Sonreí.
-Ya era hora.- Esparcí las pequeñas chispitas encima del que se suponía sería mi helado. Le puse muchas.- ¿No vas a ir donde Nina?
-No creo, má.- Suspiré. Tenía que dejarla terminar con su trabajo y yo no quería que me invitara a “ayudarla a trabajar”-Que bueno que la abuela ya está bien, ¿no?
-Si.-Sonrió.- ¿Puedes buscar a Alison?-Asentí.
-¡ALISOOOOOOOOOON! ¡HAY HELADO!-Grité.
-Para eso hubiese gritado yo.- Roló los ojos. Guardó el helado sobrante y la crema en el refrigerador. Enseguida llegó Alison corriendo, se sentó en una silla e instantáneamente comenzó a atragantarse con helado.
Estuvimos conversando un rato. Y quedamos en ver una película todas juntas antes de irnos a dormir. Alison comenzó a hacer show de que quería cabritas… y al no tener, mamá me encargó que comprara algunas de esas que se hacían en el microondas.
Tuve que cambiarme de ropa antes de salir y abrigarme un poco. Había mucho viento. Fui al negocio más cercano a mi casa. No había palomitas… así que me compré unos dulces y me decidí a caminar un poco más. Al supermercado que quedaba más cerca. Casi nunca iba a comprar allí. Sobre todo porque Niki y sus amigos solían juntarse en el estacionamiento y hacer piruetas con sus sk8 o como se llamen. A demás, tampoco es que yo viviera en uno de esos barrios privados o de buenas personas… ok, ok, en el lugar donde yo vivía se podía andar por la calle sin temer por su vida, pero donde se encontraba el supermercado este y donde la mayoría de los amigos de Niki vivían… pues… quizás era algo peligroso por la noche. Por eso es que Niki es tan “así”, porque se junta con esta gente. No lo digo en forma de desprecio, ni mucho menos… es sólo que… son extraños.
Y como era de suponer, Niki y sus amigos estaban allí. Intenté no mirarlos y pasar lo más desapercibida posible. Estaban lejos.
-¡Eh, Jenna!-Me detuve. Había sido mi hermana. Genial. Tragué saliva y me volteé. Sabía lo que vendría ahora.- ¡¿Puedes venir un momento?!- Siguió gritando, para que yo pudiera escucharla. Suspiré. Si no iba ahora me estaría esperando al salir o bien iría a buscarme adentro y no me dejaría comprar en paz. Caminé hacia ella lentamente, sintiendo ganas de echarme a correr al observar uno a uno a sus amigos. Andreas también estaba allí.
-¿Qué?-Le pregunté. Uno de sus amigos me ofreció un cigarro. Obviamente me negué, no iba a quedarme a fumar con ellos… a demás, mamá se daría cuenta.
-¿A qué vienes?
-A comprar.-Me encogí de hombros. ¿Para qué otra cosa vendría a un supermercado?
-Y… ¿te sobra dinero? Mamá no se va a enojar su me pasas el resto.-Fruncí el seño. Planeaba comprar más cosas para comer a demás de las cabritas para microondas.
-No.-Contesté. Sabiendo que igualmente acabaría dándole todo cuando sus amigos me lo pidieran. No podía decirles que no. Me intimidaban.
-Vamos, hermana… es que hace calor, y tenemos sed...-Rió. Sus amigos rieron con ella. Me acomodé el cabello detrás de la oreja y suspiré. Miré fugazmente a Andreas, este estaba al lado del chico de las ratas y conversaba con él como si no le importase mi presencia. Me fijé también en que el otro chico, el de la TV estaba allí también y hablaba con una chica pálida, cabello negro increíblemente largo y que usaba labial rojo en exceso. Sentí ganas de pedirle a Andreas que me acompañara, para poder hablar.-…¿Y?
Lo había olvidado.
-Y… no. Tengo que comprar muchas cosas, lo siento.- Di media vuelta.
-¡Pero, Jenna!-Se quejó.-Kevin, no dejes que se vaya.-Su novio me sujetó del brazo y me volteó con suavidad. Me sonrió.
-Es sólo un poco de dinero.-Pidió sin soltarme.
-Con todo el dinero que les he dado podría haber acabado con el hambre en el mundo… ¿y te atreves a pedirme “algo de dinero”?-Alcé ambas cejas, soltándome. Kevin no me asustaba… vamos, era Kevin, el novio de la tonta de Niki, el hermano de Nina… lo conocía desde siempre.
-No me jodas, enana…-¿Porqué siempre tenía que poner esa cara? Me tomó del brazo de nuevo.
-Kevin…-Intenté soltarme.- Niki, ya dile que…-Me quedé en silencio. No me dejarían ir, lo sabía.
-Jenna… querida…
-Bien.-Espeté.-Pero primero debo comprar, el vuelto es suyo.
-Perfecto. Oh, esto está mejor… Oilver puede ir a comprar contigo y así no tardamos más de la cuenta. Tú no tienes que venir hasta acá para darnos el dinero y nosotros no tenemos que esperar por nuestro refresco. Todos ganamos.
-Pero…
-Ya ve. Oliver te acompañará. Lo conoces, ¿verdad?-Negué.- Bueno, él es Oliver.- Dijo señalándome a un chico moreno, rapado y con ropa ancha. Si no me fallaba la memoria era el mismo chico que había estado en mi casa hace unos días.-Experto en grafitis.-Soltó con un tono orgulloso. No supe que decir. Él SI me asustaba. Eran dos metros de músculos con un rostro de “voy a hacerte puré”.-Mejor… mejor… acompáñala tú Tom.- Todo el mundo rió. Seguro era de la cara que se me había quedado al ver a ese tal Oliver. Y es que, realmente, parecía un traficante, asesino, violador o algo así.
-Claro.-Dijo Tom aún riendo. Era el de rastas y ropa ancha. El hermano del chico de la TV. Sabía quienes eran, iban en mi escuela. Solía meterse en problemas y le gustaba hacer dibujos en las paredes… o grafitis.- ¿Vienes?- Preguntó, sacándome de mis pensamientos.
Me apresuré en caminar para alcanzarlo. Inconscientemente giré a cabeza hacia atrás y miré, sin querer a Andreas. Sus ojos me intimidaron, obligándome a girar la cabeza al instante. Me mordí el labio inferior. ¿Cuánto tendría que esperar para que se me fuese esta fea sensación en el pecho? Culpabilidad, claro. No tendría que haberlo invitado a salir el viernes. Y es que si el chico de la TV me hubiese dicho... eso que me dijo antes de que llegara Andreas, seguramente todo hubiese quedado en un “discúlpame, no hay problema” y fin. Suspiré sin poder evitarlo. Me di cuenta entonces de que Tom, el chico de las rastas me miraba alzando una ceja.
-¿Enamorada?-Me preguntó, al momento en que atravesábamos las puertas del supermercado. Lo miré sin comprender. Y tres segundos después caí en la cuenta de que se debía a ese suspiro. Me dio vergüenza y sentí que las mejillas me ardían.
-N…no.-Intenté sonreír.-Sólo pensaba.
-¿En alguien?-Asentí sólo una vez. Tom rió. Wow, nunca, nunca, nunca antes había hablado con él. No despertaba ningún tipo de interés en mi… en otras chicas si, como en Nina, que lo encontraba lindísimo… y es que casi todas las chicas lo encontraban lindísimo. Am… y había escuchado un par de rumores sobre el “chico rapero de todas”. Le gustaban todas.-Espero que ese “alguien” no te desilusione.- Lo miré sin comprender.- Bah, no me hagas caso.-se relamió los labios. Tenía una linda nariz, unos lindos labios y un lindo piercing. Su sonrisa también era bastante… linda.-¿Qué es lo que querías comprar?
-Ah, si… cabritas… de esas para microondas.- Caminamos en silencio hasta encontrarlas. Tomé dos paquetes y me resigné a que no podría comprar nada más.
-Bien, ahora vamos por lo mío.-Asentí. Lo seguí, buscamos sus “refrescos” y nos fuimos a pagar. Como este era un local bastante chiquito y funcionaban pocas cajas tuvimos que esperar nuestro turno haciendo fila.
-Se dice por ahí que cambiaste a Andreas por Matt y su amiguito.-Comentó de repente, sin mirarme. Me demoré un poco en analizar sus palabras… ¿Pero qué…? Yo no había cambiado a nadie. A demás… ¿Cómo es que él lo sabía? Ugh, seguro su hermano ese, que no recuerdo su nombre se lo había dicho… si es que no había sido el propio Andreas.- Espero que lo que busques sea una linda amistad.- ¿Perdón? A él no tenía que importarle este tema. Era algo mío, personal… si yo quería a una persona para algo más que una amistad era tema mío.
-Discúlpame, pero no sé quien eres… y no entiendo por qué me dices todo esto. A demás-Tragué saliva-…yo no cambié a Andreas, de hecho ni siquiera lo conozco.-Asintió.
-Ok. Y emm… Jenna ¿verdad?
-Sí.
-Deberías… pagar.-Oh, claro.
Un poco confundida terminé con todo el trámite y salimos de allí andando rápido.
-Gracias por todo, Jenna.-Me guiñó un ojo, alejándose.-Y espero que no te de un infarto cuando lo sepas.-¿Sepas? ¿Saber? ¿yo? ¿Qué cosa?
-¿Qué?-Pregunté. Pero él se había apresurado y ya iba lo suficientemente lejos como para no escucharme o fingir no hacerlo.
Miré por última vez a mi hermana y su grupito de amigos. Sin duda eran todos unos locos, Tom acababa de demostrarlo… ¿se creía adivino o algo así? Oh, Dios… seguro algo malo pasaría, ellos me harían algo o qué se yo... no se me ocurría que más podría ser. Sus palabras eran poco lógicas y agh… esta gente me ponía los nervios de punta.