24 febrero, 2012

Capítulo 22 /Sacred










                                                  Capitulo 22

Pero justo en ese momento, di un bote al escuchar una melodía que provenía de algún lugar… Bill despegó sus manos de mi pantalón y se separó de mi un poco cortado. Busqué con la mirada el lugar de donde provenía el sonido: Mi bolso. Estaba tirado en el suelo cerca de la cama. Estiré mi mano y lo tomé, luego busqué dentro el móvil. No me molesté en leer en la pantalla quien era, sólo me limité a darle al botón verde con fuerza, estaba enfadada. 
- ¿Si?. – contesté con brusquedad.
- ¿Liza? ¡Qué bella forma de saludar a tu amiga!. – exclamó Andy del otro lado.
- Lo siento. 
- No te preocupes, sólo llamé para preguntarte algo. – se quedó callada un momento, esperando que yo dijera algo quizás. Pero como lo no hice, habló nuevamente. - ¿donde mierda estás metida? 
- ¿Eh? – pregunté confusa mientras miraba a Bill. 
- Tu padre vino a buscarte al internado, estaba muy furioso... y gritaba una y otra vez que llamaría a la policía si tu no aparecías esta noche. – ¿Qué? Pero, pero si todo… es decir. ¡Bah! Ya no podía pensar con claridad. Todo se había echado a perder…mierda, mierda y más mierda.
- ¿Pe...pero cómo?. 
- Cómo nada. Tú dime dónde estás para ahorrarnos unos cuantos problemas.
- ¿Problemas? ¿A ti no te hizo nada, verdad?. – pregunté alarmada, conociendo a mi padre… él era capaz de cualquier cosa.
- No. Pero al director lo ha amenazado con sacarle de su puesto. – Oh, Dios. Algún día pagaría todo el mal que le hacía a las personas.
- ¿Q.. qué?.. no, no. Yo no te lo diré. – miré a Bill quien me miraba con preocupación y curiosidad. – te debo cortar... nos vemos dentro de.. humm.. no lo sé. ¡Adios!. – no esperé a que respondiese y corté, luego apagué el móvil y lo lancé sobre el bolso.
Todos mis planes se habían arruinado. Claro, yo sabía que ese hijo de puta era capaz de buscarme. Pero nunca creí que llegaría a tanto… sólo llevaba un día fuera de casa y él ya comenzaba con los escándalos. Yo nunca le había importado... pero justo ahora tenía que salirme a buscar como todo un “buen padre”. Pensé en Rose… ojala mi padre no le hubiera hecho nada.. no sé que haría sin ella. 
Respiré profundo para calmar los nervios que me aprisionaban la garganta y seguidamente le dije a Bill:
- Necesito tu ayuda. – él me miró sin comprender y me tendió mi camiseta. Yo me la puse y me abroché el pantalón. – Necesito. – respiré una vez más fuertemente... yo no era de el tipo de gente que pedía esta clase de favores, nunca lo había hecho y nunca pensé que lo haría, pero debía pedírselo, sino, sería mi perdición… o más bien, mi muerte. – necesito que me dejes un lugar en tu habitación por el resto de… - resoplé. – la vida. 
- ¿Por qué? – preguntó algo impresionado. – digo, no es que no quiera que te quedes, es más, me gustaría que te quedaras. Pero… ¿por qué te quedas?. – yo me encogí de hombros. Necesitaba una buena escusa.
- Porque… le dije a mi padre que me cambie de internado a un instituto... él me ya me sacó de este y no me ha puesto en el otro aún… pero no podrá hacerlo por que saldrá en un viaje de negocios a… Japón, si Japón. No volverá dentro de meses... y no hay nadie en mi casa por lo que me aburriré sola allí encerrada. 
- ¿Tu padre se fue a Japón y te dejó sola? – Se notaba incrédulo. Yo asentí. – ¿Y no te avisó?.
- La mayoría del tiempo está ocupado. – vaya, la mentira había salido a la perfección, cosa extremadamente rara en mi. 
- Ok. – dijo aún incrédulo. – ¿Y no tienes que traer cosas? – Si íbamos, mi padre probablemente estaría allí y… ¡Rose! ¡Ella podía traer mis cosas!
- Las iré a buscar mañana por la mañana. Pero tu madre no dice nada, ¿no?. 
- No… ella estará encantada. La casa es grande. – me guiñó un ojo divertido. – tengo hambre. 
- ¿Hambre? Pero si antes de venirnos pasamos a comer, Bill! – el rió.
- No hemos comido el postre. – dijo mientras se levantaba de la cama.
- Pero… pero… ya es muy tarde para comer postre. 
- Pues esta es mi casa y yo pongo las reglas aquí... Ahora, si la señorita quisiera… - me tendió la mano como un caballero, yo se la cogí y me levanté de la cama con una sonrisa en el rostro. Caminamos riendo hasta llegar a la cocina, que por cierto, era muy amplia. Bill me indicó que me sentara en una de las sillas que rodeaban la mesa que estaba en el centro de la habitación. 
- ¿Que comeremos?. – Bill me sonrió pícaro y abrió uno de los muebles de la cocina. De allí sacó una caja con helado y la puso sobre la mesa junto con dos cucharas que había cogido de un cajón.
- Esto.-Un… montón de grasa congelada. Sin embargo… moría de ganas por llevarme una cucharada a la boca.
- Delicioso. – tomé mi cuchara mientras esperaba impaciente a que Bill abriera la caja… claro que en realidad eso era para disimular lo mal que me sentía con saber que mi padre me buscaba… 
- Jamás creí que te oiría decir eso. 
- Pues lo estás oyendo y de-mi-bo-ca. 
- De tu hermosa boquita. – y nuevamente, la sensación de ardor en la cara. Siempre me hacía sonrojar… eso ya debería ser penado por la ley. No está bien hacer pasar vergüenzas de ese tipo a las personas. Para disimular un poco “eso”, metí la cuchara en la caja ya abierta, saqué un poco de helado y me lo llevé a la boca… genial, piña. 
- Me encanta la piña. – dije mientras tragaba. Sentí como la cabeza se me enfriaba al enfriaba al instante. – ¡Está helado! – grité mientras ponía cara de haber chupado un limón. Bill se echó a reír.
- Por algo se llama helado, Liza.
- Pero, pero… Es que estaba demasiado helado. – hice un pucherito con la boca. 
- Come despacio, no te atragantes, querida. 
- ¡Dios! Hablas como la Michi esa. – fruncí el ceño.
- Es que se me contagió.
- Ja, ja y já! La próxima vez que vea a esa mujer le aré algo. – dije con aires maliciosos.
- Sólo vigila que mi madre no te vea y estará todo bien. – yo reí. Comimos un poco más en un cómodo silencio hasta que Bill lo interrumpió. – ¿Quien te llamó hace un rato?
- ¡Rose! Si, Rose… –Bill me miró sin creerse nada.
- ¿Quién es Rose?
- La mujer que trabaja para nosotros. 
- Ah… ¿tan ocupado está tu padre que no puede hacerte ni siquiera un pequeña llamada? 
- Creo que él no tiene mi número... es que ha cambiado su número tantas veces... que yo tampoco me lo sé. – reí divertida.. a Bill pareció no hacerle gracia.
- ¿Tengo que creer lo que dices? – yo me encogí de hombros.
- Sólo si quieres. 
- Te creeré, por algo eres mi chica. – acercó su cara a la mía y me dio un fugaz beso en los labios para luego volver a la posición en la cual antes estaba. “Su chica”... sonaba bonito.

Al acabar limpiamos todo el desorden que habíamos hecho lanzándonos helado en la cocina y subimos a su habitación a revisar las letras de canciones que él tenía escritas.. le había hecho prometer que me cantaría durch den monsun, el single que sacarían y estaba muy emocionada por aquello, era genial. 
Al entrar en la habitación sentí como se me formaba un nudo en el estómago de tan solo pensar en lo que podría haber pasado si Andy no hubiese llamado para informarme sobre “ese suceso” ocurrido hoy. Me dieron ganas de lanzar un grito histérico, pero me mordí los labios y la lengua para no hacerlo…
Cuando quise darme cuenta de lo que ocurría, Bill estaba tirado sobre la cama con el mando de la TV en sus manos y cambiando de canal.
- ¿Qué? ¿Te quedas allí? – alzó una ceja.
- No, supongo. – caminé hacia la cama, pasé sobre él y me tendí a su lado. Apoyé mi cabeza en su pecho y él me rodeó con sus brazos. Estaba tan cómoda… adoraba sentir esa sensación de estar protegida cuando estaba a su lado... y adoraba también, sentir como mi cabeza subía y bajaba al ritmo de su respiración. Podía escuchar como sus pulmones se llenaban de aire y luego se vaciaban… creo que estaba apoyado en uno de ellos. Pero el punto es que sentir su respiración era un alivio inmenso... como si en eso se concentrase toda mi vida… mi vida giraba en torno a él, a su vida y al cariño que él sentía por mí y a la vez yo sentía por él. – ¿Me cantarás?. – le pregunté en un murmullo. Él se aclaró la garganta y comenzó a cantar una canción. Vale, que cantar, cantar no era… pero es que no podía cantar tan fuerte teniendo a alguien encima de él.
La letra de la canción estaba estupenda... el coro me lo pude memorizar ya que lo repitió muchas veces. Decía algo así como:


Ich muss durch den monsun
Hinter die welt
Ans ende der zeit
Bis kein regen mehr fällt
Gegen den sturm
Am abgrund entlang
Und wenn ich nicht mehr kann, denk'ich daran 
Irgendwann laufen wir zusammen
Durch den monsun, dann wird alles gut

Fantástico..
y aún mas acompañado con su voz… era tan suave. Que enamoraba a todo quien la escuchase… no habían palabras para describirlo. Pero este momento había sido uno de los mejores… sentir su respiración, escuchar su voz.. y sus brazos rodeándome con cariño ¿Que más podía pedir? Nada. No me podía quejar… y eran en estos momentos cuando no me importaban el resto de los problemas que tenía, sólo me concentraba en una cosa... y esa cosa era mi mundo, mi novio, mi Bill. 
- Qué... hermoso… 
- ¿Te gustó?. – yo asentí. El cogió mi cara con una de sus manos y la acerco a la suya para luego unirnos en un cálido beso que sinceramente me encantó. 
Poco a poco nos fuimos moviendo en la cama, sin despegar nuestros labios, de modo que él quedó sobre mí. Recorrió mi cuello con suaves besos, mientras yo me estremecía al sentir su cálido aliento sobre mi piel… me quitó la camiseta rápidamente. 
Bien Liza, ahora terminarás lo que comenzaste hace un rato, me dije a mi misma.
Llené mis pulmones de aire al sentir como pellizcaba levemente mi cuello con sus dientes, esto iba bien... muy bien. Me dije a mi misma. Busqué con mis torpes manos el borde inferior de su camiseta y se la quité con su ayuda. Él me sonrió, pude notar como sus ojos brillaban con un brillo especial. Recorrí su cálido cuerpo con mis manos empujándolo hacia atrás, hasta quedar sobre él… lo besé con desesperación, sorprendiéndome a mi misma… sus manos acariciaban mis costados mientras que yo con la mías bajé hasta el borde de su pantalón… le desabroché el botón sin dificultad alguna y segundos después, era yo la que estaba aprisionada con su cuerpo y la cama. Bill comenzó a besar mi cuello mientras me desabrochaba la única prenda de ropa que me quedaba hacia arriba y me la quitaba, bajó sus besos por mi piel desnuda hasta llegar un poco más debajo de mi ombligo, donde comenzaba el pantalón. Me lo desabrochó y me lo quitó mientras volvía a mis labios. Yo no me quedé atrás y le quité su pantalón con un poco de su ayuda…
Lo abrasé a mi fuertemente, quería sentirlo cerca… quería sentir su cuerpo, su respiración… lo quería sentir a él… yo lo amaba.
Entonces Bill me quitó la última prenda de ropa que me quedaba… 

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