22 febrero, 2012

Capítulo 2 /Sacred





                                          Capitulo 2.

- Sí, claro.-No me creía. 
- Lo prometo.
- Espero que esta vez sea cierto. – dijo mientras se levantaba de la cama y se dirigía a la ventana. – ¡mira!. Allí está tu gran amigo. – dijo apuntando.
- Deja ya eso.. 
- Y allí está el profesor de… emm… no veo bien… ¡el consejero!. – dijo como si hubiese descubierto el fuego. - y se dirige hacia Bill.
- ¡¿Qué?!. – dije yendo de una salto a su lado en la ventana. – al suelo. – la cogí de la ropa y tiré de ella hasta que solo nuestros ojos estuvieran asomados. – si… - dije para mi misma.
- ¿Eh?
- ¡shht!. A ver si logramos escuchar algo. – Andy asintió. Lugo me volví hacia la dirección donde estaban Kaulitz y el consejero hablando. Pude ver que Kaulitz movía los brazos por el aire gritando cosas y negando con la cabeza. Por desgracia, no podía oír lo que el decía, pero se veía que estaba completamente avergonzado. Finalmente se alejó de allí. Miró rápidamente hacia mi ventana, nuestros ojos se encontraron, los de el estaban llenos de odio, lo podía sentir. Vale, me había pillado. ¿Qué hacer?, pues estar todo el puto día pegada a Andy, Bill no se atrevería a hacerme nada si estaba con ella. Eso estaba bien.
- No puedo creerlo…
- ¿El que? – dije girándome hacia ella.
- Que haya funcionado y encima Kaulitz se dio dado cuenta de que fuiste tú. Miró hacia acá.
- Pues si… pero... 
- Espero que no sea vengativo. – dijo mientras se levantaba y caminaba hacia el portátil que estaba en un pequeño escritorio al lado de la TV. Yo la seguí.
-Ya sabes que si lo es. 
- ¿No tienes miedo?. – me encogí de hombros. – vamos, que el es un chico, y siempre está con su “pandilla de idiotas”.
- No dejaré que me lastimen, si es que eso es lo que te preocupa. – dije mientras reía. – eso no es relevante.
- Claro… Mira en mi bolso, allí está mis apuntes.
- Ok. 
El resto de la tarde la pasé ocupada en los deberes y en traspasar los apuntes de Andy a mis hojas de trabajo. Hasta que llegó la hora de cenar. Bajamos a la cafetería y nos sentamos en la mesa de siempre: La más apartada.
- Iré a buscar la cena. ¿Qué quieres?.
- Nada. 
- ¡¿Nadad?!
- Es que.. no tengo hambre… y me duele un poco la panza. – me excusé.
- Vale. – dijo mientras se dirigía a la gran fila de estudiantes que esperaban su turno impaciente para pedir su comida. Yo me quedé allí sentada esperando el regreso de mi amiga. Estaba sumida en mis pensamientos, cuando alguien me picó el hombro, haciendo que yo diera un respingo.
- Disculpa… - me di la vuelta y subí la mirada para encontrarme con una chica, tenía el cabello oscuro y rizado, la piel tostada, con unos bonitos ojos café que brillaban como dos pequeñas estrellitas. Era un tanto delgada y bajita. Se veía amable.
- ¿Si?.
- Esto.. te venía a preguntar su me podía sentar contigo. – yo asentí con una sonrisa y ella se sentó a mi lado, dejando la bandeja sobre la mesa.. si, soy medio tonta. No me había dado cuenta de que traía bandeja. 
- ¿Eres nueva, no? – Pregunté. Ella asintió mientras cogía su hamburguesa.
- Soy Lidia. – se presentó y luego se llevó su hamburguesa a la boca.
- Yo soy Elizabeth, pero puedes llamarme Liza. – ella asintió con la boca llena de comida. 
- Mucho gusto Liza. – casi no comprendí lo que decía debido a que aún no había tragado su bocado.
- Deberías tragar primero. – ella rió.
- Me parece buena idea. – Que bien me había caído aquella chica. No era de aquellas personas huecas que no tiene cerebro ni nada dentro de la cabeza que no fuese aire. 
- ¿Cuando has llegado al internado?.
- Pues acabo de llegar, me eh perdido el primer día.. – rió. – ahora debo ir a acomodar las cosas a mi habitación. – yo asentí. – me ha tocado la 103. 
- ¿103? ¡Allí estamos Andy y yo!.-Que coincidencia.
- ¡Genial!. – esta vez yo fui quien rió.
Nos quedamos en silencio mientras ella comía y yo pensaba sobre mis asuntos. Ahora sería todo mucho mejor, siendo tres. Digo, Andy, Lidia y yo.
Un cosquilleo en mi cuello me sacó de mis pensamientos. Me resultó difícil darme cuenta de donde prevenía.
Me gire bruscamente hacia el lado derecho…
- ¿Que hace aquí!?
- Sólo necesito que me digas una cosa, preciosa.
Oh, no.
- Vete Kaulitz. No me apetece hablar contigo… 
- ¡Vamos! Solo es una pequeña preguntita.
- Que te largues, ¿no me has oído? – Kaulitz miró hacia la mesa siguiente, yo igual lo hice. Puede ve a Tom que miraba a su hermano acusadoramente. 
- Ya hablaremos, zorra. – espetó, y luego se fue hacia la otra mesa. Yo resoplé cansada. 
- El chico es guapo…
- ¡¿GUAPO!?!, a mi se ocurren muchos términos para describirlo, y ninguno se asemeja a ese. – Eso me había molestado. Kaulitz, ¿guapo?. Definitivamente no.
- Vale, vale. No te molestes.. disculpa.. 
- ¡He llegado!. – anunció mientras canturreaba. Dejó su bandeja sobre la mesa y se sentó frente a mi.
- Mira, esta es Lidia, es nueva.. – le comenté.
- Y estoy en su habitación. – dijo para completar la frase. – Mucho gusto.
- Igualmente, soy Andrea.. pero llámame Andy. – dijo con una sonrisa.
La cena transcurrió tranquila y con normalidad, las tres compartíamos y reíamos. Con Lidia me sentía tan a gusto, que era como si la conociese desde toda la vida y no desde hace unos minutos. Hubiese sido perfecto de no ser por que Kaulitz me echaba miradas envenenadas cada dos por tres. Que me hacían poner los pelos de punta. Aun que jamás iba a admitir que el me intimidaba. Por mas que me insultara y tratara de malas maneras, no señor, yo nunca admitiría que me el me asustaba. 

A la mañana siguiente el despertador sonó muy temprano por la mañana. Intenté levantarme con todas mis fuerzas, pero era imposible. Haber estado toda la noche acomodando las cosas de Lidia traía sus consecuencias… 
Dejé que Andy y Lidia se vistieran y bajaran a desayunar mientras yo dormía un poco más.. después de todo, ¿Quién necesitaba desayunar?, yo por lo menos no lo necesitaba o tal vez, no quería. 
Puse el despertador para que sonara en 30 minutos mas.. y como si esos 30 minutos fuesen 30 segundos.. el “pipipipipi” tan agudo y molesto sonó nuevamente.. 
Me levanté pesadamente frotándome los ojos y bostezando y me dirigí al baño. Una vez allí me duché y salí de allí en ropa interior. Me paré frente al espejo y observé mi figura. ¡Qué gorda estaba!. Esta semana de ayuno no había servido de nada… que mal se sentía hacer un gran esfuerzo y no tener recompensa alguna.
Me dirigí al armario y escogí ropa: Unos pantalones negros ajustados y con bolsillos en todas partes, junto con una camiseta de tiritas color blanco. Busqué unas zapatillas negras y me arreglé un poco el pelo. Hoy no me maquillaría. 
Salí de la habitación con todas las cosas que necesitaba durante el día para no tener que volver a subir las escaleras. Y bajé a la primera clase: Historia. 
Por el camino me choqué con varios chicos y a todos los insultaba con mis típicas frases groseras.. era raro, pero al hacer eso me sentía.. ¿bien?.
Me senté en la última mesa de la clase y me dediqué a garabatear en mi cuaderno durante el periodo completo, sin hacer el mínimo esfuerzo por poner atención en la clase.
La segunda clase pasó completamente normal. Era Artes Musicales, por lo que no había que pensar mucho.
Y la tercera: Deporte. Odiaba esta clase. No crean que era porque yo era mala en esto, no. Al contrario, soy muy buena. Sino porque la profesora tenía una extraña adicción a hacer grupos de dos personas: chico y chica. Y a mi siempre me tocaba con Kaulitz. 
- Y por último Elizabeth Diermissen y Bill Kaulitz. – Genial… ¿ven que es verdad lo que les digo? – hoy aprenderemos técnicas para pasar el balón de baloncesto. - Nos dio el balón y empezamos a lanzarlo en silencio, Kaulitz solo me dedicaba miradas de odio, yo sabía que el se había enterado… primero lanzamos en alto, Kaulitz me la lanzaba en la cabeza. Después lanzamiento bajo, me la tiraba fuertemente en el estómago, como odio a ese chico…
Necesitaba vengarme… tomé el balón y con todas la fuerzas y lo lancé.
- ¡AAAH!! – se quejó mientras se llevaba las manos a la entrepierna.
- ¡Siiiiiiiiiiii!-Celebré alzando los brazos.
- ¿PERO QUE CREES QUE HACES PUTA?. – dios, estaba histérico..
- PUES LO QUE TENGO QUE HACER, ESTUPIDO
- ¡DEJA DE GRITARME!
- ¡TU COMENZASTE A GRITAR!
- ¡CIERRA LA BOCA PUTA LOCA!.
- SERÉ LOCA PERO NO TAN ESTÚPIDA COMO TU MAMÁ QUE TE AGUANTA COMO HIJO – le devolví el grito..
- ¿Que pasa aquí!?. – era la voz de la profesora. Ambos nos volteamos hacia ella y comenzamos a explicarle nuestra versión de la historia. La pobre no se enteraba de nada.. – ¡SILENCIO!. ¡Salen de clase ahora mismo y no vuelven a entrar a ninguna en todo el resto del día!. – salí de la clase sin mirar a Kaulitz ni a nadie. Subí a mi habitación e hice los deberes para el día siguiente. Después al no tener nada que hacer me quité la ropa hasta quedar en ropa interior y me observé frente al espejo. No me gustaba lo que veía, no me agradaba para nada.
De repente se abrió la puerta de golpe…

- Sé que has sido tú la que… - yo me volteé a mirarlo, Kaulitz abrió los ojos como platos.. – ¡ahh! ¡Cúbrete por dios!, ¡qué asco me das! – Vale, me había ofendido.. yo sabía que era horrible.. pero no era como para decírmelo a la cara tan directamente.
- ¡Sal de aquí, anormal! – le grité intentado no llorar, me había dolido lo que me había dicho. 
- ¡Sólo he venido a preguntarte algo!, ¿has sido tu la que ha dicho que soy impotente? – dijo mientras se acercaba a mi y me apuntaba con el dedo índice. Yo negué con la cabeza y retrocedí un paso.
- Yo no he dicho nada, Kaulitz. – dije cortante.
- Se que estás mintiendo, no me mientas, preciosa. – se acercaba cada vez mas a mi.
- Ya te lo dije: yo-no-eh-si-do. – dije separando las sílabas
- Si, y yo me chupo el dedo, no?.
- ¿Te chupas el dedo?. – dije fingiendo sorpresa.
- Cállate y dime la verdad, ¿has sido tu?
- No tengo por qué darte explicaciones. Lárgate. 
- ¡No me largo!. – Gritó. Seguidamente se acercó a mi. Me cogió de los hombros y me lanzó violentamente sobre la cama. 
- ¡Me haces daño!. – chillé. Kaulitz no dijo nada. Se limitó a sonreír con aires maliciosos y se tumbó sobre mi aprisionándome contra el colchón. Tenía ambas manos apoyadas en los lados de mi cara y sus rodillas sobre el colchón a cada lado de mi cadera. – ¡suéltame! ¡¿No te das cuenta que me haces daño?!. – Ya no lo soportaba. Iba a llorar.. no.. yo no quería eso.
- Te haré daño si no me dices la verdad, Diermissen. – dijo amenazante. Podía sentir su aliento sobre mi rostro.
- Vale, vale. Fui yo. ¿feliz?. – me rendí…
- Esta me las pagas…
- ¡Déjame ya!.. ¡estoy harta de ti, de tus amenazas! – La voz se me quebró al final de la frase y se me escapó una lagrima... que vergüenza…
- ¿Por qué lloras? – yo no respondí.. quería hacerlo, pero temía en que si dijera algo no me saliera la voz. – ¡Hey! ¿Que te pasa?. – su aliento era fresco, olía demasiado bien. Giré la cara hacia un lado. – No creo que sea por…
- Vete de aquí. 
- Contéstame. – me ordenó.
- ¡Déjame en paz, Kaulitz!. – le empujé para quitármelo de encima dejándolo tirado sobre la cama. Yo me levanté y caminé hacia el espejo. Me miré, estaba horrible y me sentía fatal.. me refregué los ojos con ambas manos, todo esto bajo la mirada de ese Kaulitz. 
- Te vez fea, horrible.. – intenté no pensar en esas palabras… pero le siguió. – bueno, tu siempre has sido fea, ¿que quieres que te diga?.
- No he preguntado tu opinión. 
- ¡Ya sé por que lloras! Te arrepientes de haberme molestado y tienes miedo. ¿A que si?. – suspiré..
- Vete por favor, Kaulitz. Te doy lo que quieras, pero vete. – le rogué perdiendo todo el orgullo que me quedaba.
- Lo que yo quiera?. – yo asentí y el se levantó de la cama mientras se mordía el labio inferior.

Se acercó a mi lentamente, mientras me miraba fijamente a los ojos. Me cogió la cara con ambas manos en mis mejillas. Mi respiración se volvió entrecortada… podía oler su piel, su aliento. Creo que la distancia entre nosotros en ese momento me afectó un poco la cabeza, porque no me pareció para nada repulsivo. Incluso sentía como si fuese alguien… especial?. No.. no podía ser… mis pensamientos se interrumpieron en el momento que el juntó nuestros labios fugazmente, se separó al instante y me observó unos segundos. Esta vez no me miraba con odio… aunque podía ver como sus ojos se endurecían a medida que despegaba sus manos de la piel de mis mejillas. Miró hacia la puerta y se aclaró la garganta para luego decir:

- Quiero tu MP4. – y luego salió rápidamente de la habitación, dejándome con una cara de boba, que si alguien me veía… 

Suspiré, estaba completamente agotada y sentía como todo mi cuerpo desfallecía. En cualquier momento caería desmayada o algo. 
Caminé lentamente hasta llegar a mi cama y la abrí para luego meterme dentro. Las sábanas estaban frías.

Pero me acostumbré a ellas rápidamente, proporcionándoles el calor de mi cuerpo.
No quería pensar en nada.. pero unas cuantas preguntas se me venían a la cabeza. no sabía por qué Bill había hecho eso, y ahora me sentía terrible, como si en su beso hubiese habido algún tipo de veneno que se apoderaba de mi lenta y dolorosamente. 
Quería dormir, por todo el resto del día. Después de todo, me habían sacado de clases y no podía entrar, ¿no? 









Estaba negro y no lograba distinguir nada.. todo era tinieblas y oscuridad… hacía frío. Me froté los brazos y me arropé con un jerssey. Avancé un paso.. nada. Me quedé parada en el lugar y luego de examinar todo con la mirada por si lograba ver algo, di otro paso. Esta vez el suelo comenzó a moverse debajo de mi.. y comenzó a caer a pedazos. El mundo se rompía bajo mis pies y yo no sabía que hacer…me desesperaba.. 
Mi respiración se volvió agitada y comencé a correr a través de la oscuridad. Me caí varias veces, pero no sentía dolor alguno… seguí corriendo desesperada mientras jadeaba y sudaba, el labio inferior me temblaba al igual que mis manos, pero seguía corriendo.
Hasta que algo me cegó por completo, era algo demasiado brillante… una luz?. Si, una luz. Me detuve al instante y me llevé las manos a los ojos intentando ver de donde provenía esa molesta luz. Mis ojos se acostumbraron poco a poco a la claridad y el brillo; hasta que por fin pude distinguir algo.. una silueta. Me acerqué con miedo.
No sabía quien era… pero mis pies se movían automáticamente como si fuesen independientes. 
Pude distinguir entre la brillante luz a un chico. El me sonreía con cariño. Nunca, ningún hombre me había sonreído con cariño... no… en realidad, solo me sonreía Andy. Me mordí los labios y negué con la cabeza.. no podía ser él… caminé un paso hacia atrás y el avanzó hasta mi lentamente. Me tendió la mano… 










Desperté sudando y con la respiración agitada… había sido una pesadilla, no era real. Puto Kaulitz ¿era necesario que él estuviese en todas partes?. Sacudí la cabeza intentando olvidar ese horroroso sueño.
Me incorporé en la cama y miré a mi alrededor. Había una tenue luz que traspasaba las cortinas de la habitación y gracias a esa luz pude distinguir a Lidia y Andy dormidas profundamente en sus respectivas camas. Me levanté y caminé silenciosamente al armario. Busqué una camiseta y unos short de tela y me los puse. No tenía sueño, por lo que decidí salir a caminar por el instituto.
Calculé que debía ser al rededor de las doce o una de la madrugada, todos estarían durmiendo. Me dirigí a la tercera planta, la de los chicos, desde allí había una escalera por la cual podría ir al desván y en el desván una puertecilla por la que podía subir a la azotea. Me gustaba ese lugar. No lo visitaba desde el año anterior y ya lo comenzaba extrañar… la azotea era “mi santuario”, yo iba allí cuando necesitaba meditar sobre mis cosas, cuando necesitaba escaparme del mundo y sumergirme en el mío propio. 
Subí con sumo cuidado las escaleras, no quería caerme y despertar a todo el internado… una vez llegué a la tercera planta, me dirigí directamente a la escalera que me llevaría a al desván. Entré intentando hacer el mas mínimo ruido posible. 
Una vez en el desván, subí por la vieja escalera de madera que conectaba a la puertecilla de la azotea. Me sorprendí al darme cuenta de que estaba abierta, generalmente la tenía que forzar, pero esta vez fue diferente. Aún así, me decidí por subir a mi lugar secreto.
Al asomar la cabeza en la azotea sentí como el viento pegaba fuertemente contra mi rostro, aspiré profundamente, se sentía tan bien… 
Seguí subiendo mientras el viento me provocaba escalofríos. Hasta llegar a la azotea. 
Pude distinguir a alguien sentado en el borde, sostenía un cigarro con una mano y observaba el cielo repleto de pequeños puntitos brillantes que le daban luz y hermosura…
Caminé hacia el borde me senté a su lado, nos habíamos encontrado allí un par de veces antes, pero no habíamos cruzado palabra alguna, por lo que esperaba que él guardara silencio como todas esas otras veces en el año anterior.
Suspiré mientras miraba el cielo, estaba precioso… 

- Hola Elizabeth. – me saludó, yo giré la cabeza y le observé. Su rostro estaba tranquilo…
- Hola…
- ¿Que hacer por.. aquí? – me susurró.
- No podía dormir, ¿tu?
- Lo mismo.. 
- Ah.. – me di vuelta nuevamente hacia el cielo… era la primera vez que hablábamos sin insultos ni gritos.. y debo reconocer, que se sentía bien. Eso era algo nuevo para mi - ¿Estás enfermo?
- ¿Qué?. – preguntó medio riendo.
- ¿No me vas a insultar?
- No.. – yo lo miré sorprendida. – Es de noche… y… no tengo ánimo de pelear. A veces.. hace bien una tregua.
- Si… - medité por un tiempo lo que él me había dicho, para luego agregar. – Oye Kaulitz,. – le llamé, el se giró a verme nuevamente. – este podría ser un lugar de tregua. – el asintió dándome la razón.
- Estoy de acuerdo. – dijo sonriendo…¿amistosamente?. Ese definitivamente no era el Kaulitz que yo conocía. – Entonces los problemas quedan fuera, ¿no?
- Si..
- ¿No intentarás tirarme desde aquí arriba…?
- Pues si, has echado a perder mi plan – dije riendo. El también rió.
- Quizás yo lo haga primero.. 
- No creo que puedas. – dije retándole.
- ¿No? – enarcó una ceja, yo asentí sonriendo traviesa. Pero algo le interrumpió, una luz que nos alumbraba desde abajo y una voz que gritaba un: ¿Quien está allí?. Era uno de los guardias del internado. Nos miramos alarmados y rápidamente nos levantamos de allí casi corriendo y nos dirigimos hacia la puertecilla. Kaulitz bajó primero. – Adios, Elizabeth. – dijo en un susurro con una sonrisa natural.
- Adiós, Bill. – me despedí. Le había llamado por su nombre.. después de todo, el me llamaba por mi nombre… estábamos parejos.
Esperé a que el estuviera lo suficientemente lejos para bajar. No me lo podía creer… ¿ese era el Kaulitz verdadero?, ¿Así de simpático? No, definitivamente el sueño me estaba afectando. A demás, había sido una conversación bastante corta. Una vez que hubieron pasado unos minutos me dirigí a mi habitación, me tumbé en la cama y me dormí al instante… 

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