Capitulo 16
Esperé unos segundos, que para mi fueron años hasta que la puerta se abrió… no quería alzar la mirada, no quería ver a mi padre a la cara… me daba terror. A saber con qué me encontraría… ¿Estaría muy enojado?
Mis temblores aumentaron y comencé a sudar, incluso antes que me hablara… me mordí el labio inferior y en ese momento escuché una voz grave, fría y prepotente que me hablaba desde unos centímetro más arriba de mi cabeza.
- ¿Qué haces aquí? – un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, hacía ya meses que no escuchaba su voz… yo no la recordaba tan amenazadora como lo era…
- Y… yo. – tartamudeé antes de que él me sujetara del cuello de mi camiseta y tirara de mi como a un animal hasta me metió dentro de “mi casa”. Entonces me tomó del cuello y me apretó con fuerta. Sentí como la sangre se agolpaba en mi cabeza… tosí despacio mientras intentaba coger aire, me iba a matar... definitivamente no sobreviviría a esta noche… comencé a patalear intentando, que de alguna manera, me soltase y pudiera respirar con normalidad, pero era imposible... la vista se me volvió borrosa en el momento que mi espalda chocaba contra algo duro y ya no sentí esa presión en mi cuello. Me llevé las manos allí y comencé a toser fuertemente dando cortos y rápidos respiros para no ahogarme, me dolía. Entonces levanté la vista… ese hombre que seguramente era “Mi padre”, me miraba con asco, como toda la vida lo había hecho. No quise llorar, tampoco rogarle que me dejase en paz, eso no me serviría de nada, ya lo sabía. Me cubrí el rostro con mis brazos para esperar el siguiente golpe que me daría después de que yo pronunciara lo primero que se me vino a la cabeza: “hijo de puta”. Esperé a sentir algo, un golpe que me hiciera chillar… pero no sentí nada. Me quedé allí tirada en el suelo, intentando cubrirme, esperando algo…
- Ya verás cuando regrese… - había sido un susurro… sentí como sus pasos se alejaban y miré hacia donde se dirigía: La cocina, seguramente le diría a cocinera o a quien fuera que estuviese allí, que se fuera. Y luego volvería a por mí.
Me incorporé para quedar sentaba en el suelo mientras observaba el lugar... ya no sentía pánico, tampoco miedo... no sentía nada. De no ser por el dolor que sentía al respirar hubiera jurado que estaba muerta. Saqué el móvil de mi bolsillo y le di un toque a Bill. Luego lo dejé bajo un mueble de madera para que mi padre no me lo quitara… hijo de puta, ¿Por qué no me daba en adopción de una vez? Así acabaría todo y el no tendría que seguir viendo mi cara por más tiempo. Me iría a otro lugar lejos de aquí, en un orfanato y allí viviría hasta los 18 años. Pero al parecer a él le gustaba verme sufrir…
Me di cuenta de que mi padre había tardado más de lo que se demoraría si estuviera corriendo a alguien. Pero no quise ver lo que sucedía… probablemente tenía a alguien allí dentro. Me levanté y me senté en uno de los sillones de cuero negro. Estaban casi como nuevos… sonreí para mis adentros mientras cogía un lápiz y lo enterraba en el sillón haciendo un agujero en este… luego me sentí tonta. ¿Cuál era la gracia de hacer eso? nada… mi padre tenía mucho dinero y lo podía sustituir cuantas veces quisiera… ojala pudiese sustituir a su esposa, quizás si eso ocurriera me dejaría en paz…
Sentí pasos que se acercaban, y miré hacia allí… venía caminando mi padre con una sonrisa en el rostro acompañado de una mujer muy buen vestida, de contextura delgada, alta, cabello rubio y ojos claros. También venía sonriendo… se detuvieron frente a mí.
- Ella es mi hija Elizabeth. – dijo mi “padre”… ¡pero yo no era su hija! Él nunca se había comportado como mi padre ni nada que se le pareciera.
- ¡Hola, preciosa! Yo soy Kate -la mujer, al menos, parecía simpática. Me miró sonriendo esperando una respuesta... yo no contesté, miré a mi padre que me miraba con cara se circunstancia y me vi obligada a hablar
- Hola.. – dije con voz ronca producto de mi adolorida garganta.
- Bueno… será mejor que me vaya.. – dijo Kate… en mi interior yo rezaba porque no se fuera, sino, mi sufrimiento llegaría. – Adiós Elizabeth, un gusto conocerte. Adiós cariño. – besó en los labios a mi padre... ¡Pero que asco! Y encima lo había llamado “cariño”.
Esperé unos segundos, que para mi fueron años hasta que la puerta se abrió… no quería alzar la mirada, no quería ver a mi padre a la cara… me daba terror. A saber con qué me encontraría… ¿Estaría muy enojado?
Mis temblores aumentaron y comencé a sudar, incluso antes que me hablara… me mordí el labio inferior y en ese momento escuché una voz grave, fría y prepotente que me hablaba desde unos centímetro más arriba de mi cabeza.
- ¿Qué haces aquí? – un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, hacía ya meses que no escuchaba su voz… yo no la recordaba tan amenazadora como lo era…
- Y… yo. – tartamudeé antes de que él me sujetara del cuello de mi camiseta y tirara de mi como a un animal hasta me metió dentro de “mi casa”. Entonces me tomó del cuello y me apretó con fuerta. Sentí como la sangre se agolpaba en mi cabeza… tosí despacio mientras intentaba coger aire, me iba a matar... definitivamente no sobreviviría a esta noche… comencé a patalear intentando, que de alguna manera, me soltase y pudiera respirar con normalidad, pero era imposible... la vista se me volvió borrosa en el momento que mi espalda chocaba contra algo duro y ya no sentí esa presión en mi cuello. Me llevé las manos allí y comencé a toser fuertemente dando cortos y rápidos respiros para no ahogarme, me dolía. Entonces levanté la vista… ese hombre que seguramente era “Mi padre”, me miraba con asco, como toda la vida lo había hecho. No quise llorar, tampoco rogarle que me dejase en paz, eso no me serviría de nada, ya lo sabía. Me cubrí el rostro con mis brazos para esperar el siguiente golpe que me daría después de que yo pronunciara lo primero que se me vino a la cabeza: “hijo de puta”. Esperé a sentir algo, un golpe que me hiciera chillar… pero no sentí nada. Me quedé allí tirada en el suelo, intentando cubrirme, esperando algo…
- Ya verás cuando regrese… - había sido un susurro… sentí como sus pasos se alejaban y miré hacia donde se dirigía: La cocina, seguramente le diría a cocinera o a quien fuera que estuviese allí, que se fuera. Y luego volvería a por mí.
Me incorporé para quedar sentaba en el suelo mientras observaba el lugar... ya no sentía pánico, tampoco miedo... no sentía nada. De no ser por el dolor que sentía al respirar hubiera jurado que estaba muerta. Saqué el móvil de mi bolsillo y le di un toque a Bill. Luego lo dejé bajo un mueble de madera para que mi padre no me lo quitara… hijo de puta, ¿Por qué no me daba en adopción de una vez? Así acabaría todo y el no tendría que seguir viendo mi cara por más tiempo. Me iría a otro lugar lejos de aquí, en un orfanato y allí viviría hasta los 18 años. Pero al parecer a él le gustaba verme sufrir…
Me di cuenta de que mi padre había tardado más de lo que se demoraría si estuviera corriendo a alguien. Pero no quise ver lo que sucedía… probablemente tenía a alguien allí dentro. Me levanté y me senté en uno de los sillones de cuero negro. Estaban casi como nuevos… sonreí para mis adentros mientras cogía un lápiz y lo enterraba en el sillón haciendo un agujero en este… luego me sentí tonta. ¿Cuál era la gracia de hacer eso? nada… mi padre tenía mucho dinero y lo podía sustituir cuantas veces quisiera… ojala pudiese sustituir a su esposa, quizás si eso ocurriera me dejaría en paz…
Sentí pasos que se acercaban, y miré hacia allí… venía caminando mi padre con una sonrisa en el rostro acompañado de una mujer muy buen vestida, de contextura delgada, alta, cabello rubio y ojos claros. También venía sonriendo… se detuvieron frente a mí.
- Ella es mi hija Elizabeth. – dijo mi “padre”… ¡pero yo no era su hija! Él nunca se había comportado como mi padre ni nada que se le pareciera.
- ¡Hola, preciosa! Yo soy Kate -la mujer, al menos, parecía simpática. Me miró sonriendo esperando una respuesta... yo no contesté, miré a mi padre que me miraba con cara se circunstancia y me vi obligada a hablar
- Hola.. – dije con voz ronca producto de mi adolorida garganta.
- Bueno… será mejor que me vaya.. – dijo Kate… en mi interior yo rezaba porque no se fuera, sino, mi sufrimiento llegaría. – Adiós Elizabeth, un gusto conocerte. Adiós cariño. – besó en los labios a mi padre... ¡Pero que asco! Y encima lo había llamado “cariño”.
- Adiós cielo.
– dijo mi padre. Kate cogió su bolso del gancho que estaba al lado de la puerta
y salió de la casa. Me miró sonriente mientras agitaba la mano en signo de
despedida, al cual yo no pude contestar y luego mi padre cerró la puerta…
Seguí con la
mirada cada uno de los pasos que él daba, los cuales resonaban por el salón que
estaba en silencio… se acercó mientras yo seguía con la mirada posada en sus
pies y se detuvo frente a mí. El miedo regresó inundando mi cuerpo por
completo… tenía ganas de salir corriendo de allí. Debía escapar… algún día
tendría que hacerlo… yo no podría quedarme de brazos cruzados mientras ese
hombre hacía lo que quería con la gente. A veces, incluso llegaba a pensar que
él podría haber asesinado a alguien. O quizás era solo yo la desgraciada que
recibía su frustración y golpes…
- Ya verás lo que haré contigo… - su prepotente y fría voz me sacó de mis pensamientos. Entrelazó sus dedos en mi cabello y tiró hacia arriba con fuerza, chillé, me dolía… hijo de puta… llevé mis manos hacia la raíz del cabello para disminuir un poco el dolor… el cual no era nada comparado con el golpe que recibí en el ojo unos segundos después.
Y como anteriormente lo había hecho, me arrastró del cabello hasta mi habitación donde me lanzó contra algo duro… comencé a llorar…
- CALLATE – Gritó mi padre mientras me daba con el pié en el estómago… no pude seguir llorando, ya que me faltó aire… no podía respirar. Me revolqué en el suelo desesperada mientras él seguía golpeándome en las piernas y espalda. Pero yo no me preocupaba por los golpes o las marcas que siempre quedaban… lo que realmente me preocupaba era morir. Yo no podía morir en las manos de ese hombre… no le iba a dar el gusto. Y menos teniendo por primera vez a gente que quería a mi lado.
- Déjame ya, hijo de puta. – le susurré con odio. Como toda respuesta recibí otro golpe en el estómago… me encogí sobre mi misma intentando respirar. Entonces él me cogió del brazo y me levantó del suelo violentamente, me sujetó frente a él y me dio un puñetazo en la boca… al instante sentí ese sabor metálico y salado tan característico de la sangre, no me dio tiempo de tocarme cuando ya estaba contra la pared otra vez, mi cabeza rebotó contra ésta produciendo un fuerte ruido.
- ¡¿No te gusta andar golpeando a compañeras en el internado?! ¡¿Eh?! – gritó muy cerca de mi cara. Yo negué con la cabeza mientras la bestia me zarandeaba con violencia, luego despegó mi espalda de la pared y me lanzó contra la mesa del escritorio. Intenté apartarme… pero estaba tan aturdida que apenas podía moverme. Me dolía todo el cuerpo, ni siquiera podía gritar para pedir ayuda. ¿Por qupe no me dejaba de una vez?.
Caminó hacia mi nuevamente y me cubrí la cara con los bazos. El me cogió de ambos, me levantó y me dejó caer violentamente contra el borde de la cama… le miré, estaba todo nublado… pero pude distinguir como la silla del escritorio volaba en mi dirección. Me cubrí todo lo que pude, pero aún así no pude evitar que la silla me aplastara provocándome un fuerte dolor en el costado. Fue en ese momento cuando mi cuerpo comenzó a temblar… hasta que recibí un fuerte y doloroso golpe en la cabeza provocando que todo se volviera negro…
Abrí los ojos para encontrarme con la oscuridad… no veía absolutamente nada. Vale, o estaba oscuro y era de noche o me había quedado ciega producto de los golpes. Pensé en que la primera opción sería la más válida… puesto a que nunca me había quedado ciega por una paliza… ilógico, lo sé… pero es mejor pensar de esa manera cuando estás en situaciones como esta.
Me levanté tambaleando del lugar en donde estaba. La cabeza me daba vueltas y me dolía todo el cuerpo. Manoteé en busca de algo que me dijera dónde estaba, sentí un fuerte dolor en el dedo índice de mi mano izquierda, pero seguí buscando sin mover ese dedo... no lograba tocar nada… avancé un paso y luego otro, hasta que choqué con algo… me agaché a tocar que era mientras un fuerte dolor recorría toda mi columna vertebral. La silla del escritorio… seguí allí tirada… entonces estaba en mi habitación. Intenté recordar para qué lado estaba la puerta, y caminando a ciegas, la cerré y luego le puse el cerrojo. Era mejor estar protegida. Tosí un poco, me dolió todo el pecho y el costado derecho. Intenté no seguir moviéndome. Pero no aguantaba ver todo así de negro… aunque mis pupilas ya se hubiesen adaptado un poco a la oscuridad, necesitaba un poco de luz.
Caminé a la ventana y abrí la persiana. El vidrio estaba lleno de pequeñas gotitas de agua que impedía que viera del otro lado… levanté la mano y las quité sintiendo como mis dedos se helaban a medida que las gotitas desaparecían….
Una vez terminé de limpiar la ventana, pude distinguir las luces de las calles que parecían no terminar entre las casas y edificios pequeños que allí había. Me llevé la mano a mi ojo derecho, en la parte de la ceja era donde me dolía… lo frío me calmó un poco el dolor, pero no del todo. Volví a apoyar la mano en la ventana para que se helara de nuevo, y así poderla llevar a otro lugar de mi rostro donde me escocía aún más fuerte: el labio.
- Ya verás lo que haré contigo… - su prepotente y fría voz me sacó de mis pensamientos. Entrelazó sus dedos en mi cabello y tiró hacia arriba con fuerza, chillé, me dolía… hijo de puta… llevé mis manos hacia la raíz del cabello para disminuir un poco el dolor… el cual no era nada comparado con el golpe que recibí en el ojo unos segundos después.
Y como anteriormente lo había hecho, me arrastró del cabello hasta mi habitación donde me lanzó contra algo duro… comencé a llorar…
- CALLATE – Gritó mi padre mientras me daba con el pié en el estómago… no pude seguir llorando, ya que me faltó aire… no podía respirar. Me revolqué en el suelo desesperada mientras él seguía golpeándome en las piernas y espalda. Pero yo no me preocupaba por los golpes o las marcas que siempre quedaban… lo que realmente me preocupaba era morir. Yo no podía morir en las manos de ese hombre… no le iba a dar el gusto. Y menos teniendo por primera vez a gente que quería a mi lado.
- Déjame ya, hijo de puta. – le susurré con odio. Como toda respuesta recibí otro golpe en el estómago… me encogí sobre mi misma intentando respirar. Entonces él me cogió del brazo y me levantó del suelo violentamente, me sujetó frente a él y me dio un puñetazo en la boca… al instante sentí ese sabor metálico y salado tan característico de la sangre, no me dio tiempo de tocarme cuando ya estaba contra la pared otra vez, mi cabeza rebotó contra ésta produciendo un fuerte ruido.
- ¡¿No te gusta andar golpeando a compañeras en el internado?! ¡¿Eh?! – gritó muy cerca de mi cara. Yo negué con la cabeza mientras la bestia me zarandeaba con violencia, luego despegó mi espalda de la pared y me lanzó contra la mesa del escritorio. Intenté apartarme… pero estaba tan aturdida que apenas podía moverme. Me dolía todo el cuerpo, ni siquiera podía gritar para pedir ayuda. ¿Por qupe no me dejaba de una vez?.
Caminó hacia mi nuevamente y me cubrí la cara con los bazos. El me cogió de ambos, me levantó y me dejó caer violentamente contra el borde de la cama… le miré, estaba todo nublado… pero pude distinguir como la silla del escritorio volaba en mi dirección. Me cubrí todo lo que pude, pero aún así no pude evitar que la silla me aplastara provocándome un fuerte dolor en el costado. Fue en ese momento cuando mi cuerpo comenzó a temblar… hasta que recibí un fuerte y doloroso golpe en la cabeza provocando que todo se volviera negro…
Abrí los ojos para encontrarme con la oscuridad… no veía absolutamente nada. Vale, o estaba oscuro y era de noche o me había quedado ciega producto de los golpes. Pensé en que la primera opción sería la más válida… puesto a que nunca me había quedado ciega por una paliza… ilógico, lo sé… pero es mejor pensar de esa manera cuando estás en situaciones como esta.
Me levanté tambaleando del lugar en donde estaba. La cabeza me daba vueltas y me dolía todo el cuerpo. Manoteé en busca de algo que me dijera dónde estaba, sentí un fuerte dolor en el dedo índice de mi mano izquierda, pero seguí buscando sin mover ese dedo... no lograba tocar nada… avancé un paso y luego otro, hasta que choqué con algo… me agaché a tocar que era mientras un fuerte dolor recorría toda mi columna vertebral. La silla del escritorio… seguí allí tirada… entonces estaba en mi habitación. Intenté recordar para qué lado estaba la puerta, y caminando a ciegas, la cerré y luego le puse el cerrojo. Era mejor estar protegida. Tosí un poco, me dolió todo el pecho y el costado derecho. Intenté no seguir moviéndome. Pero no aguantaba ver todo así de negro… aunque mis pupilas ya se hubiesen adaptado un poco a la oscuridad, necesitaba un poco de luz.
Caminé a la ventana y abrí la persiana. El vidrio estaba lleno de pequeñas gotitas de agua que impedía que viera del otro lado… levanté la mano y las quité sintiendo como mis dedos se helaban a medida que las gotitas desaparecían….
Una vez terminé de limpiar la ventana, pude distinguir las luces de las calles que parecían no terminar entre las casas y edificios pequeños que allí había. Me llevé la mano a mi ojo derecho, en la parte de la ceja era donde me dolía… lo frío me calmó un poco el dolor, pero no del todo. Volví a apoyar la mano en la ventana para que se helara de nuevo, y así poderla llevar a otro lugar de mi rostro donde me escocía aún más fuerte: el labio.
En estos
momentos era donde me sentía la persona más desdichada del planeta, donde
sentía lastima por mi misma a tal punto que llegaba a odiarme. Necesitaba que
alguien me abrazara y que me dijera que todo estaría bien… que me quería, y que
estaba conmigo… necesitaba a Bill, mi Bill… había sido un gran error dejar el
móvil en el salón. Ahora no me atrevería a bajar… reprimí un suspiro para
evitar el dolor que me traería y me limpié una lágrima que había recorrido
silenciosamente mi mejilla. Pero no valía la pena llorar. El daño ya estaba hecho…
ya no podía evitar nada. A parte, con las lágrimas nadie arregla nada y la
gente se ve tonta cuando llora, me consolé.
Decidí revisar que tal estaba mi cuerpo… para empezar, mis piernas y bazos no estaban rotos, conocía muy bien el dolor de las rupturas de huesos por lo que descarté la idea de alguna fractura, aunque no estaba segura de que era lo que tenía mi dedo… tendría que averiguarlo con Rose, la empleada de la casa que alguna vez en su vida había estudiado enfermería un tiempo.
Ahora, como me vería… no tenía idea. Si mal no lo recordaba, habría un espejo justo al lado de la puerta. Lo busqué con la mirada y allí estaba, empotrado en la pared y sin ningún tipo de daño. Caminé hacia el y me paré en frente. Me asusté un poco al ver el monstruo que estaba frente a mí, hasta que logré convencerme de que ese monstruo era yo. ¡Dios!, me asqueaba de mi misma… estaba llena de sangre seca y piel roja/morada en algunas zonas de que tenía al descubierto. Eso era todo lo que podía ver estando con ropa…. Me levanté la camiseta con sumo cuidado para no hacerme más daño y contemplé boquiabierta los moratones que se esparcían por todo mi vientre. Presioné uno con el dedo para ver que tanto dolían... y si que dolía, ya que siseé de dolor al hacerlo, retiré inmediatamente el dedo de allí y me bajé la camiseta... acerqué mi cara al espejo y suavemente con mis dedos buenos comencé a retirar la sangre seca del labio y ceja para que no lucieran tan terribles…
…Decidí revisar que tal estaba mi cuerpo… para empezar, mis piernas y bazos no estaban rotos, conocía muy bien el dolor de las rupturas de huesos por lo que descarté la idea de alguna fractura, aunque no estaba segura de que era lo que tenía mi dedo… tendría que averiguarlo con Rose, la empleada de la casa que alguna vez en su vida había estudiado enfermería un tiempo.
Ahora, como me vería… no tenía idea. Si mal no lo recordaba, habría un espejo justo al lado de la puerta. Lo busqué con la mirada y allí estaba, empotrado en la pared y sin ningún tipo de daño. Caminé hacia el y me paré en frente. Me asusté un poco al ver el monstruo que estaba frente a mí, hasta que logré convencerme de que ese monstruo era yo. ¡Dios!, me asqueaba de mi misma… estaba llena de sangre seca y piel roja/morada en algunas zonas de que tenía al descubierto. Eso era todo lo que podía ver estando con ropa…. Me levanté la camiseta con sumo cuidado para no hacerme más daño y contemplé boquiabierta los moratones que se esparcían por todo mi vientre. Presioné uno con el dedo para ver que tanto dolían... y si que dolía, ya que siseé de dolor al hacerlo, retiré inmediatamente el dedo de allí y me bajé la camiseta... acerqué mi cara al espejo y suavemente con mis dedos buenos comencé a retirar la sangre seca del labio y ceja para que no lucieran tan terribles…
- ¡Ay!. – chillé al sentir el ardor del alcohol sobre la herida del labio.
- No grites tanto que luego vendrá tu padre. – me susurró. – esto no está tan mal como creí que estaría, Liza. No te has roto nada, solo el dedo que tardará poco en sanar…. – me informó, como dije antes… Rose estudió enfermería… un tiempo.
- Gracias por curarme… siempre.
- Es lo menos que podría hacer por ti, Lizita. – Lizita… hacía mucho tiempo que no me llamaba así… lo hacía cuando yo tenía cinco años… yo reí como pude.
- Retira eso de mi boca de una vez. – me quejé por el algodón con alcohol que Rosa sujetaba en mi boca.
- Está bien… pero luego no te vengas a quejar con que se te ha infectado.
- Si… si, ¿cuándo podré regresar al internado?.
- En una semana estaría bien, pequeña. – me sonrió. – Te vendré a ver por la noche... te traeré algo de comer... y si necesitas otra cosa… pues, me pasaré por aquí en cuanto pueda.
- Gracias, Rose. ¿Me podrías traer mi móvil?.. Está bajo el mueble de la televisión en el salón.
- Está bien… volveré en cuanto tenga oportunidad de hacerlo, con tu móvil. Adiós, Lizita.
- Adiós. – dije mientras ella cerraba la puerta.
Por suerte estaba bien y no tenía de que preocuparme… solo debía tratar de no hacerle caso al dolor y en una semana ya me habría mejorado casi por completo y podría volver al internado con Bill.
Me tumbé en la cama boca arriba a esperar que el tiempo pasara… pero parecía ser tan lento... me sacaba de quicio… puto tiempo… con sus horas, minutos y segundos inservibles que solamente te hacían perder la cabeza al esperar algo.

JeZZ! esta es una de mis Fics Favoritas del mundo mundial, llevo dias queriendo comentar y asi... pero no se que pasaba con mi explorador... creo que estaba poseido... hahaha Me alegra que estes de regreso! Besos!
ResponderEliminar*-* que bueno que te guste la idea! :) yo estaba leyendo tu fic y me perdí(? XD pero seguiré pronto y te dejo un comentario :3
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