Capitulo 24
Me agaché a recogerla sin siquiera mirar a la persona que seguramente estaba me estaba mirando, y una vez dejé la libreta cerrada y en su lugar. Mi giré con una sonrisa nerviosa en el rostro.
- ¿Liza? – Me preguntó Tom desde la puerta.
- Hola Tom.
- ¿Qué haces aquí?
- Me quedé a dormir anoche.
- Genial. Oye... cuando Bill llegue.. – miró para todos los lados de la habitación, como intentando hallar algo. – Le dices que debe ir a la discográfica cuanto antes. – yo asentí. – Nos vemos.
- Adiós. – él me sonrió y cerró la puerta nuevamente... se le veía algo preocupado. Vale, esta vez ya no iba a buscar esa libreta, no señor... después podía llegar Bill… y probablemente se enojaría conmigo. Encendí la TV y busqué algo para ver. Me detuve en un programa para niños pequeños y me dejé caer en la cama mientras resoplaba. Comencé a cantar canciones, inventando partes y añadiéndole cosas… puesto a que nunca me había interesado ese tema y no me sabía casi ninguna… para cuando Bill llegó yo ya estaba “lalaleando” una canción.. con un perfecto “lalala” muy desafinado. Él rió.
- ¿Qué haces?. – dijo riendo. Yo me incorporé en la cama.
- Lalaleo una canción. – el me miró sin comprender.
- ¿Lalaqué?
- Lalalalalalala… – dije comenzando a cantar.
- Estás loca.
- ¡Por ti, cariño!. – Esto de cantar me había animado… quizás me había animado demasiado... o tal vez, Tom me había pegado toda esa chulería. Como sea… pero Bill rió. – Oye.. – dije acordándome de algo. – Tom ha venido y dijo que tenías que ir a la discográfica cuanto antes.
- ¿No te dijo por que?. – yo me encogí de hombros.
- No... pero será mejor que te apresures.
- Vienes conmigo. – dijo mientras posaba su mano en el pomo de la puerta. Yo negué con la cabeza.
- Tengo algunas cosas que hacer... Pero luego te voy a buscar a la discográfica. Antes que salgas yo estaré allí.
- Bien. ¿Y qué es lo que tienes que hacer?
- No te lo puedo decir.. pero no tardaré.
- Ok. – bajamos por las escaleras hasta llegar a la cocina.
- ¿Qué hacemos aquí?.
- Desayunar… - se encogió de hombros. - ¿Sabías que es la comida más importante del día?.
- No – me acerqué hasta unas manzanas que reposaban sobre un bonito canasto sobre un mueble. Cogí una y se la lacé. – no hay tiempo de desayunar. - luego cogí otra para mi y me la eché en el bolsillo. Con esto ya lo dejaba feliz. Salimos fuera de la casa y Bill cerró la puerta. –Ya me voy. – reí. El igual lo hizo, me dio un dulce beso en los labios y luego.. otro beso.
- Nos vemos.
- Yo iré a por ti. – le guiñé un ojo y me di la vuelta... miré hacia atrás, él caminaba en la dirección contraria a la que yo iba. Me despedí un par de veces más con la mano antes de doblar a la esquina… ahora… a encontrar ese lugar. No recordaba donde quedaba exactamente… pero tenía toda la mañana.
Comencé a correr calle arriba y a doblar por todas las esquinas que se me hacían familiares… rezaba interiormente que nadie que conocía a mi padre me viese, y es que si eso ocurría... sería una tragedia o… era mejor no pensar en eso. Aunque al fin y al cabo, algún día me tenían que encontrar. Saqué la manzana de mi bolsillo y le di un mordisco. Estaba rica. Últimamente todo lo encontraba rico… me acordé de las marcas de mi cara... ya no estaban... bueno, la del ojo si, pero esa no se veía, faltaba muy poco para que se curara y la del labio ya se había curado completamente.
Me detuve en
cuanto llegué frente al callejón que Candy me había indicado… estaba oscuro y
no sabía si entrar o no entrar… ya que como era temprano y había un bar a cinco
pasos de allí… podría haber cualquier cosa allí dentro.. y mas encima la “casa”
de Candy estaba por el final. Estuve alrededor de diez minutos debatiendo
internamente caso pasar o no pasar mientras me paseaba por alrededor de la
entrada. Suspiré un par de veces hasta decidirme…
Tomé una piedra en cada mano y me adentré dentro de ese oscuro lugar… ahora, no me acordaba cual puerta era… decidí que no miraría ni hacia atrás ni hacia los lados, si no me daría más miedo…
Piqué a la puerta que según yo era la de Candy, y luego de esperar unos minutos volví a tocar. Esta vez si que me abrieron, sólo pude distinguir un ojo de ese lado…
- ¿Candy? –entonces la puerta se abrió por completo, alguien me cogió del brazo y tiró de mi hasta llevarme dentro de esa “casa” y cerró la puerta rápidamente… dentro estaba aún más oscuro que afuera, puesto a que no habían ventanas... solo una pequeña vela sobre una mesa iluminaba el lugar. Dios, era terrorífico.
- Has vuelto. – escuché una voz tras de mí, me giré rápidamente hasta quedar frente a esa persona.
- Si.. pero no me quedaré por mucho tiempo, solo vine a decirte que no me esperes. – no pude ver su expresión debido a su oscuridad, pero lo que si pude sentir fueron unas pequeñas manitos tirando de mi jersey.
- ¡Liza! – exclamó Lucía con esa voz de niña pequeña.
- Si, soy yo, Lucía.
- ¿Te irás? – casi pude ver entre la oscuridad como ella ponía un puchero con la boca. Yo me agaché y la levanté. Lucía era una niña preciosa.. y la vida que tenía, la verdad no me agradaba que ella estuviese en esa situación, ¿pero que se le podía hacer? Absolutamente nada…
- Si.
- No volverás, supongo… - la voz de Candy sonó fría.
- Si, lo siento. – después de todo yo no les había prometido nada. – Esto.. – dejé a Lucía en el suelo y busqué unas cuantas monedas en mis bolsillos, siempre andaba con algunas. – ten. – se las di a Candy. – ya nos veremos en otra ocasión.
- Si. – prácticamente me las arrebató y caminó hacia la mesa, sentándose en una vieja silla que estaba junto a esta... dirigió la visa hacia la vela y supongo que se quedó pensando algo.. porque después de eso no se movió.
- ¡Nos verems, Liza!. – Lucía me extendió los brazos, yo la sostuve un momento y le di un beso en la frente.
- Pórtate bien y sé una niña buena. – ella asintió. – Ahora, si me disculpan, debo irme. – la dejé nuevamente en el suelo, ella me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Luego miré hacia Candy, no se había movido un solo centímetro. Abrí la puerta, que por cierto estaba tan vieja y deteriorada que me costó bastante. Luego salí y cerré la puerta como pude tras de mí. Me di cuenta de que ya no traía las piedras… se me debieron haber caído cuando cogí a Lucía… miré hacia el principio del callejón, y no pude evitar mirar hacia atrás... allí pude ver a un hombre en el suelo, le faltaba un zapato y cubierto con un par de cajas dormía.. parecía ebrio.
El miedo me inundó por completo al ver otro bulto a su lado… ahora, lo que faltaba era que apareciera un perro de esos que ladran mucho y que te asustan enseñando los dientes… pero yo no tenía tan mala suerte, ¿o si?.. o quizás tenía tanta que eso ya sería demasiado, por lo que era improbable que eso ocurriera.
Me erguí todo lo que pude y comencé a caminar hacia la salida del lugar, respiraba fuertemente y apretaba tanto los puños que me clavaban las uñas en la palma de las manos, me estaba haciendo daño… pero no sentía dolor, solo miedo.
Escuché unas risas al pasar frente a otra puerta vieja de madera, estaba un poco rota y despintada…. Seguí caminando, intentando ignorar esas risas, hasta que cesaron y sentí como la puerta se habría a mi espaldas.. caminé más rápido e intenté no escuchar lo que esas personas me gritaban, ya estaba por salir del lugar oscuro, la luz ya llegaba a mis zapatos… pero justo en ese momento, alguien me cogió de un hombro.. se me heló la sangre y di un bote…
Tomé una piedra en cada mano y me adentré dentro de ese oscuro lugar… ahora, no me acordaba cual puerta era… decidí que no miraría ni hacia atrás ni hacia los lados, si no me daría más miedo…
Piqué a la puerta que según yo era la de Candy, y luego de esperar unos minutos volví a tocar. Esta vez si que me abrieron, sólo pude distinguir un ojo de ese lado…
- ¿Candy? –entonces la puerta se abrió por completo, alguien me cogió del brazo y tiró de mi hasta llevarme dentro de esa “casa” y cerró la puerta rápidamente… dentro estaba aún más oscuro que afuera, puesto a que no habían ventanas... solo una pequeña vela sobre una mesa iluminaba el lugar. Dios, era terrorífico.
- Has vuelto. – escuché una voz tras de mí, me giré rápidamente hasta quedar frente a esa persona.
- Si.. pero no me quedaré por mucho tiempo, solo vine a decirte que no me esperes. – no pude ver su expresión debido a su oscuridad, pero lo que si pude sentir fueron unas pequeñas manitos tirando de mi jersey.
- ¡Liza! – exclamó Lucía con esa voz de niña pequeña.
- Si, soy yo, Lucía.
- ¿Te irás? – casi pude ver entre la oscuridad como ella ponía un puchero con la boca. Yo me agaché y la levanté. Lucía era una niña preciosa.. y la vida que tenía, la verdad no me agradaba que ella estuviese en esa situación, ¿pero que se le podía hacer? Absolutamente nada…
- Si.
- No volverás, supongo… - la voz de Candy sonó fría.
- Si, lo siento. – después de todo yo no les había prometido nada. – Esto.. – dejé a Lucía en el suelo y busqué unas cuantas monedas en mis bolsillos, siempre andaba con algunas. – ten. – se las di a Candy. – ya nos veremos en otra ocasión.
- Si. – prácticamente me las arrebató y caminó hacia la mesa, sentándose en una vieja silla que estaba junto a esta... dirigió la visa hacia la vela y supongo que se quedó pensando algo.. porque después de eso no se movió.
- ¡Nos verems, Liza!. – Lucía me extendió los brazos, yo la sostuve un momento y le di un beso en la frente.
- Pórtate bien y sé una niña buena. – ella asintió. – Ahora, si me disculpan, debo irme. – la dejé nuevamente en el suelo, ella me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Luego miré hacia Candy, no se había movido un solo centímetro. Abrí la puerta, que por cierto estaba tan vieja y deteriorada que me costó bastante. Luego salí y cerré la puerta como pude tras de mí. Me di cuenta de que ya no traía las piedras… se me debieron haber caído cuando cogí a Lucía… miré hacia el principio del callejón, y no pude evitar mirar hacia atrás... allí pude ver a un hombre en el suelo, le faltaba un zapato y cubierto con un par de cajas dormía.. parecía ebrio.
El miedo me inundó por completo al ver otro bulto a su lado… ahora, lo que faltaba era que apareciera un perro de esos que ladran mucho y que te asustan enseñando los dientes… pero yo no tenía tan mala suerte, ¿o si?.. o quizás tenía tanta que eso ya sería demasiado, por lo que era improbable que eso ocurriera.
Me erguí todo lo que pude y comencé a caminar hacia la salida del lugar, respiraba fuertemente y apretaba tanto los puños que me clavaban las uñas en la palma de las manos, me estaba haciendo daño… pero no sentía dolor, solo miedo.
Escuché unas risas al pasar frente a otra puerta vieja de madera, estaba un poco rota y despintada…. Seguí caminando, intentando ignorar esas risas, hasta que cesaron y sentí como la puerta se habría a mi espaldas.. caminé más rápido e intenté no escuchar lo que esas personas me gritaban, ya estaba por salir del lugar oscuro, la luz ya llegaba a mis zapatos… pero justo en ese momento, alguien me cogió de un hombro.. se me heló la sangre y di un bote…
- Suéltame. – mi voz sonó
completamente fría y autoritaria... no quise darme la vuelta, ni moverme...
pero mis pies comenzaron a andar por si solos hacia adelante.
- ¿Que hace una chiquita como tú por aquí?. – la voz de ese hombre sonó enredada y temblorosa, estaba ebrio... de eso estaba segura. Me apretó más fuertemente el hombro.
- He dicho que me sueltes. – vale, ahora sí que no sabía porqué la voz no se me había quebrado…
- ¡No te enojes!. – Entonces con un movimiento rápido quité su mano de mi hombro y avancé un par de pasos corriendo, me di la vuelta rápidamente y allí pude ver a unos chicos de no más de veinte años, tambaleándose uno al lado del otro… el miedo volvió a inundarme y las manos me comenzaron a tiritar al igual que todo el resto de mi cuerpo… pero eso no me impidió correr y salir disparada calle abajo.
Una vez que me hube asegurado de que no me seguían y ya estaba lo bastante lejos como para que no me encontraran, me detuve a pensar en Candy y Lucía. Vaya lugar donde vivían… era mucho mejor un internado... o mi propia casa. Allí no había borrachos… sólo hombres golpeadores…
Suspiré, sabía dónde estaba... a cuatro calles de la casa de Bill, pero lo que yo o sabía en ese momento era donde estaba la dichosa discográfica. Había olvidado preguntárselo a Bill… la tendría que salir a buscar o no sé.. algo se me ocurriría, pero llegaría…
Caminé hasta llegar a la casa de Bill a paso lento.. recordé por donde había visto que Bill iba y caminé en esa dirección.. vi pasar a un par de personas por el lado mío, ninguna tenía pinta de saber donde estaba.. pero tenía que intentar preguntarle a alguna.
Detuve a una señora, iba con una niña pequeña.. la cual, llevaba algo en la boca, porque no paraba de masticar.
- Disculpe… ¿usted sabe dónde queda una discográfica?
- Una discográfica - repitió la niña.
- Silencio, Viviane, no seas mal educada. – le dijo a la niña con reproche. – Si, cariño. Está a tres calles de aquí yendo en esa dirección, luego doblas hacia la izquierda y allí está. – me dijo la señora señalándome la calle.
- Muchas gracias
- De nada, linda. – le sonreí y ella me devolvió la sonrisa.. le eché un vistazo a la niña y esta me enseñó la lengua.. yo hice lo mismo y comencé a caminar.
- Adiós.
- Adiós. – se despidió la señora.
Seguí caminando mientras me reía al recordar la niña… era muy graciosa, aunque un poco mal de la cabeza, debo decir.. es que con cinco años, según calculé, las niñas no hacían esas cosas.. ¿o si?.. Quizás yo estoy mal.. y si que hacen esas cosas.
Al llegar a la esquina me encontré con un edificio moderno y muy alto.. no sé como no lo había visto antes con lo alto que era… sentí vergüenza de entrar, ya que a través de las puertas de vidrio podía ver del otro lado, y se veía muy diferente que afuera.. digo.. era todo lujos y esas cosas.
Empujé la puerta con cuidado y entré.. me guardé las manos en los bolsillos y caminé hacia una mujer llena de arrugas que se sentaba frente a un mostrador con una taza de café…
- Disculpe.. – era la segunda vez que decía esto en el día, y en menos de una hora., pensé divertida. – Busco a una banda… ¿Tokio hotel… ? - la señora asintió.
-¿Estás autorizada para verlos?
- ¿Que hace una chiquita como tú por aquí?. – la voz de ese hombre sonó enredada y temblorosa, estaba ebrio... de eso estaba segura. Me apretó más fuertemente el hombro.
- He dicho que me sueltes. – vale, ahora sí que no sabía porqué la voz no se me había quebrado…
- ¡No te enojes!. – Entonces con un movimiento rápido quité su mano de mi hombro y avancé un par de pasos corriendo, me di la vuelta rápidamente y allí pude ver a unos chicos de no más de veinte años, tambaleándose uno al lado del otro… el miedo volvió a inundarme y las manos me comenzaron a tiritar al igual que todo el resto de mi cuerpo… pero eso no me impidió correr y salir disparada calle abajo.
Una vez que me hube asegurado de que no me seguían y ya estaba lo bastante lejos como para que no me encontraran, me detuve a pensar en Candy y Lucía. Vaya lugar donde vivían… era mucho mejor un internado... o mi propia casa. Allí no había borrachos… sólo hombres golpeadores…
Suspiré, sabía dónde estaba... a cuatro calles de la casa de Bill, pero lo que yo o sabía en ese momento era donde estaba la dichosa discográfica. Había olvidado preguntárselo a Bill… la tendría que salir a buscar o no sé.. algo se me ocurriría, pero llegaría…
Caminé hasta llegar a la casa de Bill a paso lento.. recordé por donde había visto que Bill iba y caminé en esa dirección.. vi pasar a un par de personas por el lado mío, ninguna tenía pinta de saber donde estaba.. pero tenía que intentar preguntarle a alguna.
Detuve a una señora, iba con una niña pequeña.. la cual, llevaba algo en la boca, porque no paraba de masticar.
- Disculpe… ¿usted sabe dónde queda una discográfica?
- Una discográfica - repitió la niña.
- Silencio, Viviane, no seas mal educada. – le dijo a la niña con reproche. – Si, cariño. Está a tres calles de aquí yendo en esa dirección, luego doblas hacia la izquierda y allí está. – me dijo la señora señalándome la calle.
- Muchas gracias
- De nada, linda. – le sonreí y ella me devolvió la sonrisa.. le eché un vistazo a la niña y esta me enseñó la lengua.. yo hice lo mismo y comencé a caminar.
- Adiós.
- Adiós. – se despidió la señora.
Seguí caminando mientras me reía al recordar la niña… era muy graciosa, aunque un poco mal de la cabeza, debo decir.. es que con cinco años, según calculé, las niñas no hacían esas cosas.. ¿o si?.. Quizás yo estoy mal.. y si que hacen esas cosas.
Al llegar a la esquina me encontré con un edificio moderno y muy alto.. no sé como no lo había visto antes con lo alto que era… sentí vergüenza de entrar, ya que a través de las puertas de vidrio podía ver del otro lado, y se veía muy diferente que afuera.. digo.. era todo lujos y esas cosas.
Empujé la puerta con cuidado y entré.. me guardé las manos en los bolsillos y caminé hacia una mujer llena de arrugas que se sentaba frente a un mostrador con una taza de café…
- Disculpe.. – era la segunda vez que decía esto en el día, y en menos de una hora., pensé divertida. – Busco a una banda… ¿Tokio hotel… ? - la señora asintió.
-¿Estás autorizada para verlos?
- Si.-Respondí rogando para que
me dejara pasar.
- Están en la sala de
grabación. – Luego de eso me ignoró y siguió con su café… pero yo no sabía
donde mierda estaba las sala esa... y la mujer no me decía. – ¿Necesitas algo
más? – me preguntó al ver que yo no me iba.
- No sé dónde queda.
- Dios, subes al tercer piso la sala 298 que dice en un CARTEL MUY GRANDE “sala de grabación”. – Qué mujer más agria.
Me aparté de allí y volví a sacar la manzana de mi bolsillo, ahora ya estaba negra en el lugar del mordisco… la boté en un basurero pequeño que había al lado del ascensor y me subí en él. Solo iba yo… marqué el piso tres y mientras esperaba me miré al espejo, que mal estaba…
- No sé dónde queda.
- Dios, subes al tercer piso la sala 298 que dice en un CARTEL MUY GRANDE “sala de grabación”. – Qué mujer más agria.
Me aparté de allí y volví a sacar la manzana de mi bolsillo, ahora ya estaba negra en el lugar del mordisco… la boté en un basurero pequeño que había al lado del ascensor y me subí en él. Solo iba yo… marqué el piso tres y mientras esperaba me miré al espejo, que mal estaba…

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