28 febrero, 2012

Capítulo 4 /Der letzte tag







Capítulo CUATRO

-¿Jenna?-Escuché  al momento en que sentía que algo tiraba de mis párpados hacia arriba con fuerza.-Tengo hambre.-Me soltó. Cerré  los ojos, era sábado… no quería levantarme temprano. Me quejé.- ¿Estás despierta?-Me picó la cara con sus pequeños dedos. Bostecé y me levanté de golpe.
-¿Qué quieres?
-Tengo hambre… y Nina está aquí.-Me sonrió.
-¿Nina? ¿Tan temprano?-Me alarmé, levantándome de la cama. ¿Por qué…?
-Es hora de almorzar… muero de hambre y Niki salió.-Se llevó ambas manos a la panza y comenzó a quejarse dramáticamente.
-Ya deja eso….Enseguida bajo y te doy algo de comer.-Caminé hacia la puerta de la habitación a paso lento.
-Yo que tú… me arreglaría un poco el cabello.- ¿Arreglarme el cabello? Me pasé la mano un par de veces y bajé las escaleras refregándome los ojos. Sentía a Alison bajando detrás de mí. Llegué abajo, me quité la mano de los ojos y busqué a Nina con la mirada. Di con ella al instante. Había dos personas más allí también. Quedé en shock. No era posible que nadie me hubiese avisado… ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? ¡Dios, estaba en pijama! ¡Qué vergüenza! Esto no me podía estar pasando…
-¡Jennaaa!-Exclamó Nina, abriendo los brazos y corriendo hacia mí.-Traje a los chicos, salúdalos.-Por suerte me cubrió por completo. No era gracioso aparecer con un pijama rosa lleno de ovejitas al frente del chico que te gusta. Les hice una seña con la mano.
-Hola-Me saludaron a la vez. Nina me metió en la cocina y cerró la puerta.
-¿Qué haces con… con eso?-Me señaló. Miré mi pijama… era lindo, si, me gustaba ¡Pero para dormir!
-Debiste avisarme.-Pateé el piso.- Matt me vio así.-Me levé las manos a la cara, avergonzada.
-No te pongas así, tampoco está tan mal… es… agh, veníamos a visitarte.-Tomó mi mano, tirando de mi hasta llegar a la mesa de la cocina.-A todo esto… he visto como Matt te mira.-Alzó las cejas repetidas veces. No pude evitar sonreír.
-¿Te ha dicho algo?
-Bueno… Ben y Matt hoy me dijeron que podríamos ser amigos. Los cuatro, ya sabes… amigos.-Me mordió el labio inferior.-Esperemos que ese “amigos” sea sinónimo de novios… aunque para los chicos suele ser así.-Sonreí bobamente. Es que no lo podía evitar. Nina suspiró.-Ve a vestirte, yo prepararé algo para tu hermanita.
La abracé, le di las gracias mil veces y luego salí de la cocina a paso rápido. Los chicos me vieron y sonrojada a más no poder los invité a sentarse y les dije que bajaría enseguida.
Me duché en cinco minutos, vestí en tres y arreglé en diez. En veinte ya estaba abajo. Al llegar todos comían un plato de pasta en la cocina e incluso había uno para mí.
-¡Que rico!-Me senté en la mesa y enseguida miré a mi amiga, frente a mí.- Gracias.-Tomé el tenedor y probé. Delicioso.
-En realidad los chicos me ayudaron un poco. Estaba haciendo un desastre… pero Ben salvó la comida.-Lo miré. Qué bien.
-Gracias.-Le agradecí.  Simplemente asintió, él con la boca llena de comida. Que tierno.
-Quiero helado.-Pidió mi hermanita. Rolé los ojos.
-Alison… no tenemos helado.
-Podemos ir a comprarlo.-Dijo Matt. Alison aplaudió, lanzando el tenedor lejos. Matt lo recogió.
-Me caes bien, Matt.-Le dijo, cerrando ambos ojos en un mal intento de un guiño.
-Tú también me caes bien, Alison.-Nos echamos a reír.
Al terminar de comer me ofrecí a ir con Matt comprar el helado. Dejamos a Ben y Nina a cargo de la monstruo. Tomé del dinero extra que nos había dejado mamá y salimos. Por suerte había un pequeño negocio no tan lejos, donde podríamos comprar.
Al pasar frente a la casa de Nina, y sin dejar de conversar y reír con Matt en ningún momento, me fijé en que el mismo chico de la noche anterior iba saliendo de allí, sosteniendo un cigarro en una de sus manos. Me miró. En ese momento recordé lo de Andreas. Disimuladamente vi la hora en mi teléfono, aún quedaba un media hora… no tenía que preocuparme. Aunque no sé por qué razón me había inquietado tanto el hecho de que el amigo de Andreas me hubiese visto con Matt. Quizás era por lo que me había cuestionado anoche… no tenía que quedar con Andreas si no estaba interesada en él. Esto me hizo sentir un poco culpable. Matt se dio cuenta de mi cambio de actitud al ver al chico ese y me hizo algunas preguntas. Me pareció bastante raro que se diera cuenta de algo que yo había disimulado muy bien.
Incluso me preguntó si lo estaba molestando, pero yo me empeñé en convencerlo de que no era nada y que no me estaba molestando. No quería que se fuera. No antes de comer helado y hablar un rato… hasta las cuatro. Matt no podía saber que yo iba a salir con otro chico. Quizás que cosas pensaría de mi. Ugh, esto no podía volver a repetirse, le aclararía las cosas a Andreas hoy mismo. No lo dejaría pasar.

Mamá llegó a eso de las siete. Obviamente corrí a saludarla emocionada… y a preguntarle cómo estaba la abuela. Después, tras contarle lo del incidente de Alison en la escuela y un par de cosas más me fui a mi habitación. Allí me quedé hasta que dio la hora de dormir. No me sentía bien. Era como si… hubiese cometido un error. Me mordí el labio inferior. Hacía tiempo que no me sentía así de culpable. Y eso que no había hecho nada… bueno, Andreas había estado aquí con nosotros, y Matt… bueno, nos habíamos acercado un poco más de lo habitual y me había abrazado y… tampoco había sido algo tan exagerado… en realidad era un juego en el que todos participamos, excepto Andreas. Ugh, es que su cara lo decía todo. Yo ni siquiera pude hablarle y dejarle claras las cosas porque… soy una estúpida. Pero de esas ESTÚPIDAS MUY ESTÚPIDAS. No me gusta hacer sentir mal a la gente, pero es que no me había dado cuenta hasta que se fue… quizás mañana hablaba con él. Si es que podía claro, o la próxima vez que lo viera. Después de todo… mañana era domingo y quería descansar… o tal vez salir con Nina, Ben y Matt. Tomar un helado, ir al cine, hacernos fotografías…
Pero nada de eso sucedió. Es más, ni Nina ni yo supimos algo sobre ese par en todo el día y como teníamos uno de esos trabajos individuales de poco menos de mil páginas para entregar el martes decidimos terminarlo hoy para mañana poder salir con los chicos.
Cerca de las cinco mi trabajo estaba listo. Bajé a ver que había de comer.
-¿Terminaste?-Me preguntó mamá. Miré el helado que estaba decorando con crema y chispitas de colores sobre la mesa. Se me hizo agua la boca.
-Si.-Sonreí.
-Ya era hora.- Esparcí las pequeñas chispitas encima del que se suponía sería mi helado. Le puse muchas.- ¿No vas a ir donde Nina?
-No creo, má.- Suspiré. Tenía que dejarla terminar con su trabajo y yo no quería que me invitara a “ayudarla a trabajar”-Que bueno que la abuela ya está bien, ¿no?
-Si.-Sonrió.- ¿Puedes buscar a Alison?-Asentí.
-¡ALISOOOOOOOOOON! ¡HAY HELADO!-Grité.
-Para eso hubiese gritado yo.- Roló los ojos. Guardó el helado sobrante y la crema en el refrigerador. Enseguida llegó Alison corriendo, se sentó en una silla e instantáneamente comenzó a atragantarse con helado.
Estuvimos conversando un rato. Y quedamos en ver una película todas juntas antes de irnos a dormir. Alison comenzó a hacer show de que quería cabritas… y al no tener, mamá me encargó que comprara algunas de esas que se hacían en el microondas.
Tuve que cambiarme de ropa antes de salir y abrigarme un poco. Había mucho viento. Fui al negocio más cercano a mi casa. No había palomitas… así que me compré unos dulces y me decidí a caminar un poco más. Al supermercado que quedaba más cerca. Casi nunca iba a comprar allí. Sobre todo porque Niki y sus amigos solían juntarse en el estacionamiento y hacer piruetas con sus sk8 o como se llamen. A demás, tampoco es que yo viviera en uno de esos barrios privados o de buenas personas… ok, ok, en el lugar donde yo vivía se podía andar por la calle sin temer por su vida, pero donde se encontraba el supermercado este y donde la mayoría de los amigos de Niki vivían… pues… quizás era algo peligroso por la noche. Por eso es que Niki es tan “así”, porque se junta con esta gente. No lo digo en forma de desprecio, ni mucho menos… es sólo que… son extraños.
Y como era de suponer, Niki y sus amigos estaban allí. Intenté no mirarlos y pasar lo más desapercibida posible. Estaban lejos.
-¡Eh, Jenna!-Me detuve. Había sido mi hermana. Genial. Tragué saliva y me volteé. Sabía lo que vendría ahora.- ¡¿Puedes venir un momento?!- Siguió gritando, para que yo pudiera escucharla. Suspiré. Si no iba ahora me estaría esperando al salir o bien iría a buscarme adentro y no me dejaría comprar en paz. Caminé hacia ella lentamente, sintiendo ganas de echarme a correr al observar uno a uno a sus amigos. Andreas también estaba allí.
-¿Qué?-Le pregunté. Uno de sus amigos me ofreció un cigarro. Obviamente me negué, no iba a quedarme a fumar con ellos… a demás, mamá se daría cuenta.
-¿A qué vienes?
-A comprar.-Me encogí de hombros. ¿Para qué otra cosa vendría a un supermercado?
-Y… ¿te sobra dinero? Mamá no se va a enojar su me pasas el resto.-Fruncí el seño. Planeaba comprar más cosas para comer a demás de las cabritas para microondas.
-No.-Contesté. Sabiendo que igualmente acabaría dándole todo cuando sus amigos me lo pidieran. No podía decirles que no. Me intimidaban.
-Vamos, hermana… es que hace calor, y tenemos sed...-Rió. Sus amigos rieron con ella. Me acomodé el cabello detrás de la oreja y suspiré. Miré fugazmente a Andreas, este estaba al lado del chico de las ratas y conversaba con él como si no le importase mi presencia. Me fijé también en que el otro chico, el de la TV estaba allí también y hablaba con una chica pálida, cabello negro increíblemente largo y que usaba labial rojo en exceso. Sentí ganas de pedirle a Andreas que me acompañara, para poder hablar.-…¿Y?
Lo había olvidado.
-Y… no. Tengo que comprar muchas cosas, lo siento.- Di media vuelta.
-¡Pero, Jenna!-Se quejó.-Kevin, no dejes que se vaya.-Su novio me sujetó del brazo y me volteó con suavidad. Me sonrió.
-Es sólo un poco de dinero.-Pidió sin soltarme.
-Con todo el dinero que les he dado podría haber acabado con el hambre en el mundo… ¿y te atreves a pedirme “algo de dinero”?-Alcé ambas cejas, soltándome. Kevin no me asustaba… vamos, era Kevin, el novio de la tonta de Niki, el hermano de Nina… lo conocía desde siempre.
-No me jodas, enana…-¿Porqué siempre tenía que poner esa cara? Me tomó del brazo de nuevo.
-Kevin…-Intenté soltarme.- Niki, ya dile que…-Me quedé en silencio. No me dejarían ir, lo sabía.
-Jenna… querida…
-Bien.-Espeté.-Pero primero debo comprar, el vuelto es suyo.
-Perfecto. Oh, esto está mejor… Oilver puede ir a comprar contigo y así no tardamos más de la cuenta. Tú no tienes que venir hasta acá para darnos el dinero y nosotros no tenemos que esperar por nuestro refresco. Todos ganamos.
-Pero…
-Ya ve. Oliver te acompañará. Lo conoces, ¿verdad?-Negué.- Bueno, él es Oliver.- Dijo señalándome a un chico moreno, rapado y con ropa ancha. Si no me fallaba la memoria era el mismo chico que había estado en mi casa hace unos días.-Experto en grafitis.-Soltó con un tono orgulloso. No supe que decir. Él SI me asustaba. Eran dos metros de músculos con un rostro de “voy a hacerte puré”.-Mejor… mejor… acompáñala tú Tom.- Todo el mundo rió. Seguro era de la cara que se me había quedado al ver a ese tal Oliver. Y es que, realmente, parecía un traficante, asesino, violador o algo así.
-Claro.-Dijo Tom aún riendo. Era el de rastas y ropa ancha. El hermano del chico de la TV. Sabía quienes eran, iban en mi escuela. Solía meterse en problemas y le gustaba hacer dibujos en las paredes… o grafitis.- ¿Vienes?- Preguntó, sacándome de mis pensamientos.
Me apresuré en caminar para alcanzarlo. Inconscientemente giré a cabeza hacia atrás y miré, sin querer a Andreas. Sus ojos me intimidaron, obligándome a girar la cabeza al instante. Me mordí el labio inferior. ¿Cuánto tendría que esperar para que se me fuese esta fea sensación en el pecho? Culpabilidad, claro. No tendría que haberlo invitado a salir el viernes. Y es que si el chico de la TV me hubiese dicho... eso que me dijo antes de que llegara Andreas, seguramente todo hubiese quedado en un “discúlpame, no hay problema” y fin. Suspiré sin poder evitarlo. Me di cuenta entonces de que Tom, el chico de las rastas me miraba alzando una ceja.
-¿Enamorada?-Me preguntó, al momento en que atravesábamos las puertas del supermercado. Lo miré sin comprender. Y tres segundos después caí en la cuenta de que se debía a ese suspiro. Me dio vergüenza y sentí que las mejillas me ardían.
-N…no.-Intenté sonreír.-Sólo pensaba.
-¿En alguien?-Asentí sólo una vez. Tom rió. Wow, nunca, nunca, nunca antes había hablado con él. No despertaba ningún tipo de interés en mi… en otras chicas si, como en Nina, que lo encontraba lindísimo… y es que casi todas las chicas lo encontraban lindísimo. Am… y había escuchado un par de rumores sobre el “chico rapero de todas”. Le gustaban todas.-Espero que ese “alguien” no te desilusione.- Lo miré sin comprender.- Bah, no me hagas caso.-se relamió los labios. Tenía una linda nariz, unos lindos labios y un lindo piercing. Su sonrisa también era bastante… linda.-¿Qué es lo que querías comprar?
-Ah, si… cabritas… de esas para microondas.- Caminamos en silencio hasta encontrarlas. Tomé dos paquetes y me resigné a que no podría comprar nada más.
-Bien, ahora vamos por lo mío.-Asentí. Lo seguí, buscamos sus “refrescos” y nos fuimos a pagar. Como este era un local bastante chiquito y funcionaban pocas cajas tuvimos que esperar nuestro turno haciendo fila.
-Se dice por ahí que cambiaste a Andreas por Matt y su amiguito.-Comentó de repente, sin mirarme. Me demoré un poco en analizar sus palabras… ¿Pero qué…? Yo no había cambiado a nadie. A demás… ¿Cómo es que él lo sabía? Ugh, seguro su hermano ese, que no recuerdo su nombre se lo había dicho… si es que no había sido el propio Andreas.- Espero que lo que busques sea una linda amistad.- ¿Perdón? A él no tenía que importarle este tema. Era algo mío, personal… si yo quería a una persona para algo más que una amistad era tema mío.
-Discúlpame, pero no sé quien eres… y no entiendo por qué me dices todo esto. A demás-Tragué saliva-…yo no cambié a Andreas, de hecho ni siquiera lo conozco.-Asintió.
-Ok. Y emm… Jenna ¿verdad?
-Sí.
-Deberías… pagar.-Oh, claro.
Un poco confundida terminé con todo el trámite y salimos de allí andando rápido.
-Gracias por todo, Jenna.-Me guiñó un ojo, alejándose.-Y espero que no te de un infarto cuando lo sepas.-¿Sepas? ¿Saber? ¿yo? ¿Qué cosa?
-¿Qué?-Pregunté. Pero él se había apresurado y ya iba lo suficientemente lejos como para no escucharme o fingir no hacerlo.
Miré por última vez a mi hermana y su grupito de amigos. Sin duda eran todos unos locos, Tom acababa de demostrarlo… ¿se creía adivino o algo así? Oh, Dios… seguro algo malo pasaría, ellos me harían algo o qué se yo... no se me ocurría que más podría ser. Sus palabras eran poco lógicas y agh… esta gente me ponía los nervios de punta.

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