24 febrero, 2012

Capítulo 18 /Sacred








                                               Capitulo 18 

Me levanté del suelo y caminé hacia la cama, tomé una de las almohadas y la quité de encima de la bandeja con comida… la miré, estaba llena de dulce, crema y migas de pan. La lancé hacia atrás y comí un poco. Extraño en mí, lo sé… pero lo necesitaría. 
Una vez terminé, busqué debajo de mi cama, si no me equivocaba allí debía estar un bolso lo suficientemente grande para que me cupiera algo de ropa. 
Busqué en el armario las prendas que ocuparan menos espacio y las metí dentro junto con mi móvil. 
Luego me acomodé un poco el cabello de forma estratégica, de modo que el fleco tapara el golpe del ojo… me maquillé un poco los moratones del resto de la cara y la herida del labio y seguidamente guardé todas esas cosas personales en el bolso de la ropa, junto con el cobertor de los pies de mi cama. 
Dejé el bolso a un lado de la puerta, apoyé la mano en el pomo de esta y la abrí…. 
Miré para ambos lados del pasillo antes de salir y luego caminé de puntillas hacia la habitación de mi padre, la última puerta. Se suponía que él estaba comiendo y no estaría en la habitación... pero ahora, si es que por alguna razón el estaba allí dentro… mejor ni imaginarlo…
Pegué el oído a la puerta para verificar que la habitación estuviera vacía, y tras hacer esto abrí la puerta lentamente intentando no hacer ruido… genial, todo seguía como antes… salté hacia la mesita de noche que estaba al lado de la gran cama muy acolchada de mi padre y abrí el último cajón. De allí saqué todo el dinero que había, me serviría para sobrevivir un tiempo… y luego dejé todo en su lugar… después caminé hasta el armario. Estaba lleno de cajas de madera… cogí la tercera de la columna de la derecha y busqué allí una especie de bolsita de terciopelo negro con dinero dentro… la debía tener, porque yo, hacía tiempo, la había visto… 
La busqué hasta que la encontré y luego metí el dinero de la mesita de noche dentro. Después, caminé hacia una repisa que estaba al lado del televisor, allí había un pequeño joyero que alguna vez había sido de mi madre. Lo abrí y saqué de allí todas esas joyas tan valiosas que mi madre había poseído y luego lo cerré. Metí las joyas en la bolsita, que ya estaba por reventar, y luego de asegurarme de que la habitación estuviese tal y como estaba antes de que yo entrase, salí de allí disparada hacia la mía. 
Una vez adentro suspiré aliviada… todo había salido bien… ahora sólo debía esperar a la oportunidad de salir de allí… metí la bolsita en el bolso y me asomé a la ventana…
Todo sería diferente… el hecho de que saliera de esta casa cambiaría las cosas por completo… y estaba decidida a aceptar esos cambios.
No volvería al internado, ya que luego mi padre me encontraría y era mejor no pensar en lo que podría ocurrir después… tendría que ver a Bill en secreto… lo iría a visitar algunas noches, si es que podía… o bien, lo llamaría… en fin, que las personas se olvidan unas a otras y él me acabaría olvidando. 
Me tendría que conseguir un trabajo, que lo que le había robado a mi padre no me iba a alcanzar para toda la vida… 
Aunque pensándolo bien… ¿no era esto una medida muy exagerada? Quizás debía quedarme aquí, en esta casa a esperar que me curara y luego ir al internado, con Bill, Andy, Tom y los chicos… 
Pero al ver mi reflejo en el cristal de la ventana me respondí esa pregunta. No, no era una medida exagerada… yo no quería más golpes, mas gritos, mas insultos, amenazas… no más. Esta era la oportunidad de salir de esto… solo esta oportunidad… y no debía desaprovecharla, ya que quizás no se volvería a repetir.
Entonces algo llamó mi atención. Dos sujetos, o más bien Kate y mi padre, se acercaban al coche negro que estaba aparcado frente a mi casa… se subían en él y partían a toda velocidad hacia algún lugar… 
Suspiré, era la hora… el destino me llamaba… caminé a mi armario y cogí un abrigo, lo até a mi cintura y luego fui a por el bolso para colgármelo en el hombro… me miré en el espejo del lado de la puerta por última vez… y la abrí. Salí de allí, y antes de cerrar la puerta, miré mi habitación… ya no volvería a verla… ya no volvería a ese lugar de sufrimiento y torturas… nunca más. 
Ese lugar en el que durante años me había refugiado y curado luego de las palizas, desde muy pequeña… donde había aprendido a no llorar y a no rendirme… a no tener miedo. Ese infierno que me enseño a vivir, a ver el mundo desde mi punto de vista… que me enseñó a ser fuerte. 
Cerré la puerta despacio mientras suspiraba… más dolor. Eso me alentó a seguir adelante, dando el próximo paso que me guiaba hacia mi destino, uno muy diferente al que yo alguna vez había soñado, pero que mas daba… ¿las cosas pasan por algo, no? 
Bajé las escaleras con la vista pegada en mis zapatos… miré todo como queriendo despedirme y me asomé en la cocina, allí probablemente estaría Rose. Y así era… limpiaba uno de los muebles con un paño gris, supongo que habría tomado ese color por la suciedad.
- Rose.. – la llamé. Ella se volteó a verme un poco sorprendida.
- ¡Oh! ¡Liza, eres tú!. Me has dado un susto.. – se llevó la mano al pecho y yo me acerqué a ella. – ¿Por qué traes todas esas cosas?
- Me vengo a despedir de ti… 
- ¿Despedir?
- Me voy, Rose. 
- ¿Cómo que te vas? ¡¿Estás mal de la cabeza?!
- Lo estaría s me quedar aquí. – reí. Pero a ella no pareció causarle gracia alguna.
- ¡Hay hija!, ¡no te vayas!
- Lo siento… - me abracé a ella, olía a detergente… como siempre... 
- Te extrañaré, pequeña…
- Y yo… - la apreté más fuerte. – vendré a verte… tu... sólo me llamas al móvil cuando mi padre no esté. – que genial idea.. se me había ocurrido en ese momento…
- Lo aré. Si es que tu padre no me corre. – rió. – en caso de que lo haga, me compraré una casa y tu te vendrás a vivir conmigo, ¿si, cariño?. - yo asentí. Ahora mismo les aclaro eso de comprarse una casa. Lo que pasaba es que Rose vivía con nosotros en nuestra casa, por lo que no necesitaba de una casa para ella. Tampoco tenía familia.. aunque creo que si, pero estaban muy lejos. Realmente no estoy informada sobre la familia de Rose… y no era por ser egoísta… pero me hubiese gustado que mi padre la hubiese despedido.
- Te extrañaré…
- Y yo… espero verte pronto. Y ten mucho cuidado, tu padre no puede encontrarte o… Dios, Liza.
- Lo sé.
- ¿Y donde dormirás cariño? Es de noche... – yo me encogí de hombros.
- Ya veré si encuentro algún lugar. – Rose suspiró resignada mientras negaba con la cabeza en signo de desaprobación.
- Aún estás a tiempo, puedes quedarte…
- No, no puedo. Y a esto… ¿No sabes donde mi padre tiene escondido dinero?. – ella se encogió de hombros.
- En su habitación y en el salón… - ¡ya está! En el salón. No sé como se me había olvidado… 
- Iré a robas los billetes del salón. – me separé de ella y prácticamente corrí hasta allí. Levanté una de las almohadas del sillón y busqué entremedio de los dobleces un agujero… metí la mano dentro y saqué otra bolsita similar a la de la habitación, sólo que esta tenía más dinero. La metí en el bolso y dejé todo como estaba. Caminé hacia la puerta, donde Rose me estaba esperando.
- Adios, cuídate mucho, Lizita,
- Lo aré. – le respondí. Luego la besé en la mejilla, le di un fuerte abrazo y salí de la casa. 
Ya no podía volver atrás. Este había sido un gran paso para mí como persona… desde ahora era una chica independiente. Bueno, la independencia yo ya la tenía desde antes… pero la cosa es que ya no recibiría mas palizas y eso me hacía feliz. Ahora viviría por mi y para mi.. ya no tenía a nadie mas que me impidiera ser yo…sé que no terminaría la escuela ni la universidad, que no tendría un título profesional, que no podría trabajar dignamente por esa razón, que debería dejar atrás cosas que me importaban demasiado, que no podría darme lujos y que estaría viviendo en la porquería por el resto de mi vida… pero aún así me sentía bien: yo iba a ser libre
.. o eso era lo que creía… 

Cuando me di cuenta de que ya llevaba mucho tiempo caminando sumida en mis pensamientos, me detuve en un parque lleno de árboles y muy oscuro… tenía frío y sueño, los ojos se me cerraban solos y casi no podía sentir mis piernas, contando que me temblaban al igual que mis manos. Vamos, que estaba agotada y no me podía mantener en pie. Me senté en un pequeño banco para descansar un poco. Era mejor si pasaba allí toda la noche… abrí el bolso y saqué el cobertor que anteriormente había echado, y él móvil cayó al suelo al sacarlo. Por lo que me agaché a recogerlo y aproveché para ver qué hora era: 1:25 de la madrugada… no estaba bien andar sola en la calle a esta hora… quizás sería bueno llamar a Bill y decirle que viniera a por mí… pero no, yo no lo iba a meter en mis problemas.
Ya vería lo que hacía con eso.
Abracé mi bolso y me acurruqué con al cobertor para cubrirme del viento helado y el frío típico de un invierno en Leipzig…. Miré todo mi alrededor en busca de algo o alguien sospechoso por última vez y cerré los ojos… necesitaba descansar, sino, ¿cómo iba a seguir mañana?.. Tenía que correr ese riesgo…

Desperté con los primeros rayos de sol que me llegaban a la cara, estiré mis brazos mientras bostezaba y miré a mi alrededor… no había nadie, absolutamente nadie… pero el parque parecía más bonito... incluso se escuchaba el sonido de algunos pajaritos… guardé el cobertor en el bolso y miré hora en el móvil, eran las 6:00.. buena hora para llamar a Bill y despertarlo. Así llegaría temprano a clase, pensé divertida. Me colgué el bolso y me levanté, ahora iría en busca de algún lugar donde cambiarme de ropa y arreglarme un poco el cabello…
Y por el camino llamaría a Bill… 
Busqué su número en las llamadas recientes y le di al botón verde para luego llevarme el móvil al oído. 
- ¿Hallo? – me contestó una voz ronca y adormilada después de varios pitidos.
- Hola, dormilón. – dije divertida.
- Liza...
- Obviamente. 
- Que temprano te levantas.. – se quejó.
- Es que quería hablar contigo antes de que te fueras a clases. 
- Que.. considerado, de tu parte. – yo me eché a reír, y del otro lado solo se escuchó un “jaaaaaa” medio bostezo-medio risa. 
- Ya deberías levantarte.. has como yo. Que ya estoy con ropa y todo. – y era verdad… la misma ropa de ayer. 
- Si me esperaras unos minutos, mi amor… yo luego te llamo. 
- Pero quiero que te levantes, ¿eh?. No quiero llegues atrasado a clases. 
- Si madre… adios. – dijo aún con la voz adormilada.
- Adiós. – dije riendo para luego colgar…. Que chico… 

Luego de unos minutos más me di por vencida… no me podía cambiar de ropa.. mi plan había sido entrar a un local a tomar un café, ir al baño y allí cambiarme y arreglarme.. pero al parecer a estas horas los locales estaban cerrados. 
Apoyé mi espalda en el muro de una hamburguesería, donde probablemente abría baño… esperaría a que abrieran y luego entraría…
Para matar el aburrimiento comencé a cantar la canción que Bill siempre me cantaba, o mas bien tarareaba porque la letra no me la sabía…y creo que el tampoco…
Luego de que yo hubiera empezado a mover mis manos al ritmo de la música, que menos mal que nadie me veía. Me empecé a reí de mi misma. 
Entonces una mano se posó en mi hombro haciendo que me detuviera al instante…

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