Capitulo 14
- Podríamos ir a mi habitación… o a la azotea… como quieras. – yo le miré sonriendo.
- Me apetece estar dentro del internado… - quizás esta podría ser mi oportunidad…
- Tu padre… - se detuvo con la mirada clavada en algún lugar frente a él
- No sé absolutamente nada de él... debería venir en dos semanas. – me encogí de hombros.
- No me refiero a eso. Mira… ¿no es él?. – vaya, ojala estuviese equivocado. Miré hacia allí levantando la cabeza lentamente. Di un bote a comprobar que tenía toda la razón… ahí estaba mi padre… serio y temible como siempre…
- Tengo que salir de aquí… - Me llevé una mano al pecho, sintiendo los desenfrenados latidos de mi corazón. Las piernas me temblaban… Dios.
- Deberías ir a hablar con él.
- ¡No! Ven, corre. – me di vuelta en la dirección contraria a la que estábamos y comencé a correr hacia un aula desocupada… si tenía suerte podría saltar por la ventana…
- ¿Pero que haces? Es solo tu padre.
- No hables, solo ayúdame.. – entré en un aula vacía y cerré la puerta con cuidado de no hacer ruido... luego observé el lugar… ojala las ventanas fuesen bajas… me acerqué a una y asomé la cabeza. No era tanto… no era la gran cosa, me intenté convencer. Después de todo, solo estábamos en el primer piso. – ayúdame a saltar.
- Liza…
- Sólo ayúdame... yo sé por qué lo hago.. – apoye mis manos en el borde para tomar impulso, pero no hubo necesidad de eso, ya que otras manos se posaron en mis caderas y me alzaron.
- Déjame ir contigo.
- Si quieres… - entonces apoyé mi pié del otro lado, luego el otro… y después de intentar mantener el equilibrio, caí en el suelo de espaldas. – Ay… - me quejé.
- ¿Estás bien?. – preguntó desde dentro.
- Si. Pasa rápido. - me incorporé y me levanté observando hacia la ventana. Vi como Bill se subía por su propio impulso y bajaba sin dificultad aparente. Yo era la torpe que se caía… - ¿Y ahora?... ¿saltar la verja?. – y es que no era fácil saltarla... medía2 metros y rodeaba todo el
internado. Prácticamente imposible…
- Podríamos pasar por la puerta.. – Bill se encogió de hombros..
Comenzamos a correr lo más rápido que podíamos para alejarnos del internado. Nadie no había visto. Pero no tardarían en enterarse de nuestra “huída”. Giramos en la tercera esquina y nos detuvimos frente a un parque repleto de gente. No pude evitar agobiarme... tanta gente me hacía mal.
- Ahora explícame por qué teníamos que huir. – dijo aún con la respiración entrecortada provocada por la carrera.
- Es una razón… personal.
- Si no quieres contármelo…. – comenzó a caminar en dirección al parque.
- ¡No! Espera Bill. No quiero ir allí. – le rogué. Y es que yo no se lo contaría... vamos, que era mi novio... pero no podía andar comentando mi vida privada con todo el mundo.
- ¿Entonces? – yo me encogí de hombros. – ¿Quieres ir a mi casa?. – yo asentí. Me cogió la mano y me guió por entre esa aglomeración de personas. Y es que no me había dado cuenta de lo perfecto que era ese chico… me apoyaba y ayudaba en todo... él siempre había intentado ayudarme.., desde pequeños… hace 6 años cuando lo había conocido… y yo, una tonta que se había perdido lo mejor del mundo solo porque no le apetecía recibir ayuda… y ahora estaba actuando igual. Si no le contaba a Bill mis problemas... jamás iba a poder ayudarme y me constaría aún más salir de ellos.
- Gracias. – le dije cuando ya no vi más personas en frente de mi.
- ¿Por qué?
- Por estar aquí y ayudarme... aunque yo no te de las razones. – el rió.
- Somos novios, tenemos que ayudarnos. - le miré y con un movimiento que no logré ver, nuestros labios se juntaron y separaron rápidamente. – mi madre debe estar en casa… le gustará conocerte.
- ¡¿Conocerme?! – de repente sentí pánico. Me daba miedo no ser aceptada... yo era... rara. Ella no me iba a querer. Y no le gustaría que si hijo saliera con una chica como yo. En realidad, ¿A qué madre le gustaría? Bill asintió. – pero…
- Nada de peros señorita.
- Podríamos ir a mi habitación… o a la azotea… como quieras. – yo le miré sonriendo.
- Me apetece estar dentro del internado… - quizás esta podría ser mi oportunidad…
- Tu padre… - se detuvo con la mirada clavada en algún lugar frente a él
- No sé absolutamente nada de él... debería venir en dos semanas. – me encogí de hombros.
- No me refiero a eso. Mira… ¿no es él?. – vaya, ojala estuviese equivocado. Miré hacia allí levantando la cabeza lentamente. Di un bote a comprobar que tenía toda la razón… ahí estaba mi padre… serio y temible como siempre…
- Tengo que salir de aquí… - Me llevé una mano al pecho, sintiendo los desenfrenados latidos de mi corazón. Las piernas me temblaban… Dios.
- Deberías ir a hablar con él.
- ¡No! Ven, corre. – me di vuelta en la dirección contraria a la que estábamos y comencé a correr hacia un aula desocupada… si tenía suerte podría saltar por la ventana…
- ¿Pero que haces? Es solo tu padre.
- No hables, solo ayúdame.. – entré en un aula vacía y cerré la puerta con cuidado de no hacer ruido... luego observé el lugar… ojala las ventanas fuesen bajas… me acerqué a una y asomé la cabeza. No era tanto… no era la gran cosa, me intenté convencer. Después de todo, solo estábamos en el primer piso. – ayúdame a saltar.
- Liza…
- Sólo ayúdame... yo sé por qué lo hago.. – apoye mis manos en el borde para tomar impulso, pero no hubo necesidad de eso, ya que otras manos se posaron en mis caderas y me alzaron.
- Déjame ir contigo.
- Si quieres… - entonces apoyé mi pié del otro lado, luego el otro… y después de intentar mantener el equilibrio, caí en el suelo de espaldas. – Ay… - me quejé.
- ¿Estás bien?. – preguntó desde dentro.
- Si. Pasa rápido. - me incorporé y me levanté observando hacia la ventana. Vi como Bill se subía por su propio impulso y bajaba sin dificultad aparente. Yo era la torpe que se caía… - ¿Y ahora?... ¿saltar la verja?. – y es que no era fácil saltarla... medía
- Podríamos pasar por la puerta.. – Bill se encogió de hombros..
Comenzamos a correr lo más rápido que podíamos para alejarnos del internado. Nadie no había visto. Pero no tardarían en enterarse de nuestra “huída”. Giramos en la tercera esquina y nos detuvimos frente a un parque repleto de gente. No pude evitar agobiarme... tanta gente me hacía mal.
- Ahora explícame por qué teníamos que huir. – dijo aún con la respiración entrecortada provocada por la carrera.
- Es una razón… personal.
- Si no quieres contármelo…. – comenzó a caminar en dirección al parque.
- ¡No! Espera Bill. No quiero ir allí. – le rogué. Y es que yo no se lo contaría... vamos, que era mi novio... pero no podía andar comentando mi vida privada con todo el mundo.
- ¿Entonces? – yo me encogí de hombros. – ¿Quieres ir a mi casa?. – yo asentí. Me cogió la mano y me guió por entre esa aglomeración de personas. Y es que no me había dado cuenta de lo perfecto que era ese chico… me apoyaba y ayudaba en todo... él siempre había intentado ayudarme.., desde pequeños… hace 6 años cuando lo había conocido… y yo, una tonta que se había perdido lo mejor del mundo solo porque no le apetecía recibir ayuda… y ahora estaba actuando igual. Si no le contaba a Bill mis problemas... jamás iba a poder ayudarme y me constaría aún más salir de ellos.
- Gracias. – le dije cuando ya no vi más personas en frente de mi.
- ¿Por qué?
- Por estar aquí y ayudarme... aunque yo no te de las razones. – el rió.
- Somos novios, tenemos que ayudarnos. - le miré y con un movimiento que no logré ver, nuestros labios se juntaron y separaron rápidamente. – mi madre debe estar en casa… le gustará conocerte.
- ¡¿Conocerme?! – de repente sentí pánico. Me daba miedo no ser aceptada... yo era... rara. Ella no me iba a querer. Y no le gustaría que si hijo saliera con una chica como yo. En realidad, ¿A qué madre le gustaría? Bill asintió. – pero…
- Nada de peros señorita.
- ¡Bill!. – Me
quejé.
- Te hice un favor sacándote del internado... ahora tú me la pagas con esto.
- Creí que los novios se ayudaban de forma desinteresada. Estúpido Kaulitz. – Me crucé de brazos. Bill pareció tomárselo como una especie de alago y simplemente me sonrió.
- Te hice un favor sacándote del internado... ahora tú me la pagas con esto.
- Creí que los novios se ayudaban de forma desinteresada. Estúpido Kaulitz. – Me crucé de brazos. Bill pareció tomárselo como una especie de alago y simplemente me sonrió.
La manos me
temblaban mientras miraba como Bill acercaba su dedo hacia el timbre de su
casa… habíamos pasado todo el resto del camino haciendo el tonto y él me había
comentado que su mamá solía viajar y por eso él y Tom entraron en el internado.
Pero que últimamente había estado más en casa. Y todo iba estupendamente,
olvidamos el tema e incluso se me había olvidado lo de conocer a su madre...
hasta que llegamos y se me hizo una especie de nudo en el estómago… que
nervios, que miedo….
- Espera Bill. – el se detuvo justo antes de tocar.
- No te preocupes. Le caerás excelente.
- ¿Y si no es así? ¿Y si me odia? ¿Si no quiere que esté contigo? ¿Y si me saca de tu casa a patadas?.. – eso no me extrañaría en absoluto... todo el mundo hacía eso con las chicas raras.
- No seas tonta. Mírame a mí. – vaya, en eso tenía razón. – mira las pintas que traigo… y a mi madre le gusta.
- No lo sé…- ¡Aún así no quería entrar!
- Ahora relájate… que no ocurrirá nada malo. – Y seguidamente picó al timbre sin darme tiempo a protestar. Me entraron ganas de salir corriendo de ese lugar, y lo habría hecho de no ser porque Bill me tenía cogida con una mano por la cintura... y que mis pies no respondían ante las órdenes de movimiento que les daba mi cabeza. Respiré hondo mientras me mordía el labio inferior. Lo miré... él me sonrió. Parecía relajado…. – Todo está bien, confía en mí.
- S.. si.. – dije asintiendo mientras intentaba que mis manos dejaran de temblar. Esperamos unos segundos más parados frente a la puerta hasta que sentí unos pasos que se acercaba y luego la puerta se abrió.
- ¡Bill! ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en…? ¡Oh! Veo que vienes acompañado. – dijo interrumpiéndose a sí misma al darse cuenta de mi presencia… ella debía ser su madre. Un poco más alta que yo, de cabello rubio y corto y piel blanca... con expresión de sincera simpatía que en ese momento me quitó un poco el nerviosismo.
- Ella es Liza… Liza, mi madre.
- Hola… ¿señora Kaulitz…? – dije tímidamente.
- Llámame Simone, cariño. – se acercó a mí y me dio dos besos, luego le dio dos más a su hijo. - ¿Van a pasar..?
- Si, mamá. – Simone nos dejó un espacio libre para pasar y luego cerró la puerta tras nosotros.
- Bill, me vas a explicar ahora mismo por que no están en el internado. – Su voz no era como la de la típica madre que regaña a su hijo. Sino que era una voz divertida, que quedaba perfectamente combinada con la expresión de su rostro.
- Pues… que no echaron de clase y decidimos salir un poco de ese lugar… Es que de tanto estar encerrados allí... – suspiró. – Nos sentíamos agobiados. – Simone mi miró y yo asentí dándole la razón a mi novio. Y como si leyera mis pensamientos, miró como su hijo tenía su mano en mi cintura, alzó una ceja y luego dijo:
- Vayan al salón que ya conversaré con ustedes... no está bien que se escapen así como así del internado. – no alcancé a ver su expresión, se dio la vuelta y desapareció por el pasillo doblando hacia una habitación que supuse era la cocina.
- ¿Ves? no fue tan terrible.
- Si.. – reí. Luego caminamos hacia el salón. Nos sentamos en el sillón más grande… Bill pasó su mano sobre mis hombros y me atrajo hacia él, quedando los dos recostados sobre este. Le eché un vistazo al lugar. Estaba decorado con muebles modernos y al parecer muy costosos… todo estaba limpio, de no ser porque los gemelos estuvieran en el internado… el lugar no estaría así, pensé divertida. Pero es que esos chicos eran peor que un terremoto, maremoto con un huracán y una explosión volcánica.
- Mi madre ya se dio cuenta de que eres mi novia. – dijo de repente.
- Hum.. - la verdad no sabía que decir.
- Ahora nos preguntará sobre eso. No creo que le interese lo del internado… no es su estilo preocuparse por esas cosas.
- Oh…-Ojala Bill tuviera razón.
- ¿Ya no estás nerviosa?. – yo negué con la cabeza.
- Me ha caído bien tu madre.
- Todo el mundo lo dice. – yo reí. – ¿Qué?.
- Es que al parecer eso te molesta.
- En realidad me da igual. – reí nuevamente. El me besó en el cabello y luego suspiró.
- ¿Qué..? – mi pregunta se vio interrumpida por unos pasos provenientes de detrás nuestro. Era Simone. Pasó frente a nosotros y se sentó en un pequeño sillón del otro lado de la mesita de centro.
- ¿Son novios?. – wow, que directa. Di un bote al escuchar esto. Bill rió bajito…
- Espera Bill. – el se detuvo justo antes de tocar.
- No te preocupes. Le caerás excelente.
- ¿Y si no es así? ¿Y si me odia? ¿Si no quiere que esté contigo? ¿Y si me saca de tu casa a patadas?.. – eso no me extrañaría en absoluto... todo el mundo hacía eso con las chicas raras.
- No seas tonta. Mírame a mí. – vaya, en eso tenía razón. – mira las pintas que traigo… y a mi madre le gusta.
- No lo sé…- ¡Aún así no quería entrar!
- Ahora relájate… que no ocurrirá nada malo. – Y seguidamente picó al timbre sin darme tiempo a protestar. Me entraron ganas de salir corriendo de ese lugar, y lo habría hecho de no ser porque Bill me tenía cogida con una mano por la cintura... y que mis pies no respondían ante las órdenes de movimiento que les daba mi cabeza. Respiré hondo mientras me mordía el labio inferior. Lo miré... él me sonrió. Parecía relajado…. – Todo está bien, confía en mí.
- S.. si.. – dije asintiendo mientras intentaba que mis manos dejaran de temblar. Esperamos unos segundos más parados frente a la puerta hasta que sentí unos pasos que se acercaba y luego la puerta se abrió.
- ¡Bill! ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en…? ¡Oh! Veo que vienes acompañado. – dijo interrumpiéndose a sí misma al darse cuenta de mi presencia… ella debía ser su madre. Un poco más alta que yo, de cabello rubio y corto y piel blanca... con expresión de sincera simpatía que en ese momento me quitó un poco el nerviosismo.
- Ella es Liza… Liza, mi madre.
- Hola… ¿señora Kaulitz…? – dije tímidamente.
- Llámame Simone, cariño. – se acercó a mí y me dio dos besos, luego le dio dos más a su hijo. - ¿Van a pasar..?
- Si, mamá. – Simone nos dejó un espacio libre para pasar y luego cerró la puerta tras nosotros.
- Bill, me vas a explicar ahora mismo por que no están en el internado. – Su voz no era como la de la típica madre que regaña a su hijo. Sino que era una voz divertida, que quedaba perfectamente combinada con la expresión de su rostro.
- Pues… que no echaron de clase y decidimos salir un poco de ese lugar… Es que de tanto estar encerrados allí... – suspiró. – Nos sentíamos agobiados. – Simone mi miró y yo asentí dándole la razón a mi novio. Y como si leyera mis pensamientos, miró como su hijo tenía su mano en mi cintura, alzó una ceja y luego dijo:
- Vayan al salón que ya conversaré con ustedes... no está bien que se escapen así como así del internado. – no alcancé a ver su expresión, se dio la vuelta y desapareció por el pasillo doblando hacia una habitación que supuse era la cocina.
- ¿Ves? no fue tan terrible.
- Si.. – reí. Luego caminamos hacia el salón. Nos sentamos en el sillón más grande… Bill pasó su mano sobre mis hombros y me atrajo hacia él, quedando los dos recostados sobre este. Le eché un vistazo al lugar. Estaba decorado con muebles modernos y al parecer muy costosos… todo estaba limpio, de no ser porque los gemelos estuvieran en el internado… el lugar no estaría así, pensé divertida. Pero es que esos chicos eran peor que un terremoto, maremoto con un huracán y una explosión volcánica.
- Mi madre ya se dio cuenta de que eres mi novia. – dijo de repente.
- Hum.. - la verdad no sabía que decir.
- Ahora nos preguntará sobre eso. No creo que le interese lo del internado… no es su estilo preocuparse por esas cosas.
- Oh…-Ojala Bill tuviera razón.
- ¿Ya no estás nerviosa?. – yo negué con la cabeza.
- Me ha caído bien tu madre.
- Todo el mundo lo dice. – yo reí. – ¿Qué?.
- Es que al parecer eso te molesta.
- En realidad me da igual. – reí nuevamente. El me besó en el cabello y luego suspiró.
- ¿Qué..? – mi pregunta se vio interrumpida por unos pasos provenientes de detrás nuestro. Era Simone. Pasó frente a nosotros y se sentó en un pequeño sillón del otro lado de la mesita de centro.
- ¿Son novios?. – wow, que directa. Di un bote al escuchar esto. Bill rió bajito…
- Si, mamá. –
respondió como si fuese la cosa más natural del mundo… sentí como el color se
me subía a las mejillas y me comenzaban a arder. Ya no estaba tan preocupada,
tampoco tenía tanto miedo. Lo que sentía ahora era vergüenza… no había razones
para sentir eso… ¿Pero quien entiende la mente humana?, si yo no soy capaz de
entender la mía…
- Ammm…. ¿Desde hace cuanto tiempo están saliendo…?
- Ayer.
- Vaya… ¡y ya te estás escapando con ella!. – rió. Bill también lo hizo, al parecer yo era la única que no le encontraba sentido al comentario hecho por Simone.
- ¡Tuvimos buenas razones! – Simone alzó una ceja. Vale, ya sabía de dónde Bill había sacado esa costumbre…
- ¿Razones? – Bill asintió.
- Estaba su padre en el internado… - Simone mi miró, como invitándome a hablar…
- Ayer tuve una pelea.. – reí nerviosa.
- Con Lea. – completó mi oración.
- ¿La niña odiosa que estuvo una vez por aquí?.. – Bill asintió.
- Liza le ha roto la nariz. – dijo riendo. Yo le di con el codo para que se callase... temía la reacción de Simone.
- Así es como se hace, querida. Muy bien. – yo quiero una mama como ella, gritaba una voz infantil en mi interior. No se había enojado... es más, parecía feliz. Era ilógico… ¿Qué madre estaría feliz de que su hijo tuviese una novia luchadora? Y sobre todo… ¿extraña? No me entraba en la cabeza, por lo que solo me, limité a sonreír. Entonces sentí una melodía que venía desde algún sitio de la habitación. – ¡Oh! Disculpen... – dijo Simone para luego levantarse y salir del salón metiendo la mano en todos sus bolsillos, como buscando algo.
- No se enfadó.
- ¿Pensabas que se enojaría?.. – asentí con vergüenza. El rió. – ¿Qué te hizo pensar eso..?- Una vida sin madre y con un padre que te odia, quizás. Respondí mentalmente. Aunque solo me encogí de hombros.
- No lo sé...
- ¡Chicos! – ambos nos volteamos para ver a Simone ya con abrigo puesto y abriendo la puerta de su casa. – Ha surgido un problema… me debo ir. Los dejo a cargo de la casa. – Dijo tan apresuradamente que Bill y yo asentimos a la misma velocidad, se nos había contagiado. – ¡Adios!. – nos sonrió y cerró la puerta. Luego todo quedó en silencio… suspiré, no lo soportaba.
- ¿Quieres ver una peli?.-Me preguntó.
- Bueno. – Bill me besó en la cabeza y luego me quitó de encima suyo con suavidad, me apoyó en el sillón y se levantó para seguidamente dirigirse ala TV
y agacharse en un estante a ver qué pelis tenía. Era el chico más perfecto del mundo…
no podía estar más segura de eso… no mas que ahora.
- ¿Cuál? – dijo mientras sostenía dos CD’s en sus manos, uno a cada lado de su cabeza y me miraba con expresión divertida. Yo me encogí de hombros.
- La que tú quieras… que yo no he visto ninguna de esas dos. – Bill se rió de mí y yo le sonreí de medio lado.
- Emmm… la que más me gusta es esta. – dijo refiriéndose a la que tenía en su mano derecha. – ¿Estás de acuerdo?
- Claro… con que no sea nada porno… - me eché a reír.
- Ja-ja-ja – dijo sarcástico. – Te equivocas de gemelo, preciosura. – dios, era el mismo tono de voz que ocupaba cuando me insultaba… cuando me odiaba. Sólo que ahora, en vez de sentir sus palabras con odio, las sentía llenas de sensualidad. Me mordí el labio inferior mientras el ponía la película y le daba al botón “play”. Luego se levantó y caminó hacia mí con una sonrisa pintada en el rostro. Se acomodó como anteriormente estaba y pasó su brazo por sobre mis hombros, pero esta vez no me atrajo hacia él. Si no que el vino hacia mí, apoyando su cabeza sobre la mía.
- ¿Cómo se llama?.
- A history of love.
- ¿No será una cosa cursi de esas, no? – soltó una risita y no dijo nada. – vale… - vale, si, lo digo nuevamente. Me iba a tener que quedar unas dos horas viendo como gente lloraba por amor y esas cosas… suspiré resignada y dirigí mi vista al televisor.
Calculé que abrían pasado unos veinte minutos y yo ya
me había aburrido. Cambié de posición. Era la sexta vez que lo hacía desde que
la película había comenzado. Bill igual se acomodó, pero de tal manera que su
rostro quedó muy cerca de mí….
- Ammm…. ¿Desde hace cuanto tiempo están saliendo…?
- Ayer.
- Vaya… ¡y ya te estás escapando con ella!. – rió. Bill también lo hizo, al parecer yo era la única que no le encontraba sentido al comentario hecho por Simone.
- ¡Tuvimos buenas razones! – Simone alzó una ceja. Vale, ya sabía de dónde Bill había sacado esa costumbre…
- ¿Razones? – Bill asintió.
- Estaba su padre en el internado… - Simone mi miró, como invitándome a hablar…
- Ayer tuve una pelea.. – reí nerviosa.
- Con Lea. – completó mi oración.
- ¿La niña odiosa que estuvo una vez por aquí?.. – Bill asintió.
- Liza le ha roto la nariz. – dijo riendo. Yo le di con el codo para que se callase... temía la reacción de Simone.
- Así es como se hace, querida. Muy bien. – yo quiero una mama como ella, gritaba una voz infantil en mi interior. No se había enojado... es más, parecía feliz. Era ilógico… ¿Qué madre estaría feliz de que su hijo tuviese una novia luchadora? Y sobre todo… ¿extraña? No me entraba en la cabeza, por lo que solo me, limité a sonreír. Entonces sentí una melodía que venía desde algún sitio de la habitación. – ¡Oh! Disculpen... – dijo Simone para luego levantarse y salir del salón metiendo la mano en todos sus bolsillos, como buscando algo.
- No se enfadó.
- ¿Pensabas que se enojaría?.. – asentí con vergüenza. El rió. – ¿Qué te hizo pensar eso..?- Una vida sin madre y con un padre que te odia, quizás. Respondí mentalmente. Aunque solo me encogí de hombros.
- No lo sé...
- ¡Chicos! – ambos nos volteamos para ver a Simone ya con abrigo puesto y abriendo la puerta de su casa. – Ha surgido un problema… me debo ir. Los dejo a cargo de la casa. – Dijo tan apresuradamente que Bill y yo asentimos a la misma velocidad, se nos había contagiado. – ¡Adios!. – nos sonrió y cerró la puerta. Luego todo quedó en silencio… suspiré, no lo soportaba.
- ¿Quieres ver una peli?.-Me preguntó.
- Bueno. – Bill me besó en la cabeza y luego me quitó de encima suyo con suavidad, me apoyó en el sillón y se levantó para seguidamente dirigirse a
- ¿Cuál? – dijo mientras sostenía dos CD’s en sus manos, uno a cada lado de su cabeza y me miraba con expresión divertida. Yo me encogí de hombros.
- La que tú quieras… que yo no he visto ninguna de esas dos. – Bill se rió de mí y yo le sonreí de medio lado.
- Emmm… la que más me gusta es esta. – dijo refiriéndose a la que tenía en su mano derecha. – ¿Estás de acuerdo?
- Claro… con que no sea nada porno… - me eché a reír.
- Ja-ja-ja – dijo sarcástico. – Te equivocas de gemelo, preciosura. – dios, era el mismo tono de voz que ocupaba cuando me insultaba… cuando me odiaba. Sólo que ahora, en vez de sentir sus palabras con odio, las sentía llenas de sensualidad. Me mordí el labio inferior mientras el ponía la película y le daba al botón “play”. Luego se levantó y caminó hacia mí con una sonrisa pintada en el rostro. Se acomodó como anteriormente estaba y pasó su brazo por sobre mis hombros, pero esta vez no me atrajo hacia él. Si no que el vino hacia mí, apoyando su cabeza sobre la mía.
- ¿Cómo se llama?.
- A history of love.
- ¿No será una cosa cursi de esas, no? – soltó una risita y no dijo nada. – vale… - vale, si, lo digo nuevamente. Me iba a tener que quedar unas dos horas viendo como gente lloraba por amor y esas cosas… suspiré resignada y dirigí mi vista al televisor.

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