25 febrero, 2012

Capítulo 29 /Sacred








                                                 Capitulo 29

En ese momento no supe que pensar… todo se paralizó y mi mente quedó en blanco mientras el miedo y la desesperación se apoderaba de mi rápidamente. Me iba a hacer volver, no…
- ¿C..como lo sa..sabes?. – tartamudeé, la voz no me salía… había un gran nudo que oprimía mi garganta y no me dejaba respirar.
- Tu padre estuvo en el internado. Estaba como loco… - no, no. Si estaba así… yo no iba a volver. Tom no le podía decir eso a nadie... aunque ya casi todo el mundo lo supiera en el internado… pero no sabían dónde estaba. Ahora, sería muy diferente si Bill se enterara de lo que pasaba.
- ¿Q... qué? 
- Lo que oyes. Tienes que volver con él, está muy preocupado. – ¿preocupado? Él nunca se había preocupado por mí... y esta no sería la excepción. Apreté los puños sobre mi regazo intentando depositar allí toda la energía negativa que tenía. Para no estallar en ese momento… - tu padre te necesita, eres su hija. – no, yo era un estorbo para él. ¿Por qué mierda no me dejaba ir y ya? Así todo se arreglaría.
- No. – negué con la cabeza repetidas veces.
- Le tendré que decir esto a Bill. No te podemos tener en nuestra casa si tu padre no está en Japón. ¿Comprendes que podríamos tener problemas con la ley?
- Pe..pero Tom... – el me miró con cara de circunstancia. – te lo ruego… n.. no le digas nada a Bill.
- No se lo diré a mi madre para preocuparla pero no puedo prometerte que no se lo diré a Bill. – negó con la cabeza. 
- Por favor… sólo esta noche. – le rogué.
- Sólo esta noche... después de eso no tienes nada asegurado. – me miró seriamente y luego se levantó.
- Gracias. – le susurré.
- No tienes porqué dármelas. – dijo mientras salía por la puerta de la cocina. Esto estaba mal... muy mal.
Ahora sólo me tenía que concentrar en aprovechar el resto de vida que me quedaba.
Busqué un vaso y lo llené de agua. La bebí toda muy lentamente paras relajarme... ahora debía aislar todos los problemas y como dije antes... aprovechar el momento. 
Me mordí el labio inferior e intenté parecer normal al salir de la cocina y dirigirme al salón, donde se escuchaban risas de ambos chicos... quizás esa era la última vez que los escucharía reír a ambos. 
Me acomodé en el sillón al lado de Bill y miré la TV. Sólo la miraba, ya que ni siquiera me daba cuenta de lo que ocurría... pero es que la angustia a penas me dejaba pensar en otra cosa que no fuese lo que me esperaba. 
- ¿Estás bien?. – Me preguntó Bill dulcemente. Tom carraspeó.
- Es… mejor que me vaya. – El de rastas se levantó rápidamente del sillón y salió del lugar bajo la mirada de incomprensión de su hermano.
- Si, si.. estoy bien... no te preocupes. – me abracé a él fuertemente. No debí haberlo hecho.. por me entraron ganas de echarme a llorar.
- ¿Tienes sueño?. – yo asentí con la cabeza escondida entre sus brazos. – A dormir entonces… - se recostó en el sillón llevándome con él… hasta que los dos terminamos tumbados allí. Yo con la mitad de mi cuerpo sobre es suyo... tan tibio y cálido… pero es que ya ni siquiera eso podía hacer que me sintiese mejor. Apreté su camiseta entre mis puños y la acerqué a mi nariz, como la noche anterior lo había hecho con su mano. El pareció darse cuenta y como respuesta me abrazó más fuerte. Definitivamente, tenía que sobrevivir a o que viniese, para estar con él. No pude evitar soltar una lágrima, la cual limpié con la camiseta de Bill que tenía agarrada, antes de que llegase a chocar contra él. No quería que se diera cuenta… Lugo le tendría que explicar todo.
- Que duermas bien. – me susurró. – Te quiero…
- Yo más. – deje para luego cerrar los ojos. Ya había asumido que esa noche no podría dormir. El miedo que sentía hacía que por cada pequeño ruido hacía que me aferrara más y mas al cuerpo dormido de mi chico. Yo lo quería, y volvería. De una u otra manera lo haría…
Los ojos me pesaban, pero no los podía mantener cerrados. Sentía pánico…
Los débiles rayos de sol se calaban por entre las cortinas semicerradas del salón, y comenzaban a iluminarlo todo. Sentí frío. Dios, estaba muy cansada. Había pensado durante toda la noche… incluso podría haber sido menos terrible 3 años seguidos sin vacaciones en el instituto. Esta situación no me agradaba para nada. Quizás podría escapar de nuevo...ir donde Candy... ¿O no? Es que esos barrios eran… por así decirlos, no muy buenos para una persona como yo. 
Mi cabeza ya no daba para más, pero tendía a darle vueltas al asunto una y otra vez.. eso no me agradaba para nada. 
La luz del salón cada vez era mas y mas.. y mi miedo iba disminuyendo poco a poco. Ya me había rendido, no podía escapar de esta… cerré los ojos con fuerza... esta vez si dormiría. No valía la pena armar un problema por algo que probablemente ocurriría en otro momento… podría ser mañana o pasado, u hoy por la noche... pero estaba segura que siendo hoy por la mañana no ocurriría nada. 
Cuando despertara haría un plan. La cabeza no me andaba bien si tenía sueño…


Abrí los ojos lentamente. Me costó recordar lo que había ocurrido la noche anterior, pero finalmente lo hice... había llegado el momento, o eso creía…
Pero no me sentía diferente a los otros días. Me sentía bien... ni una pizca de miedo. Pánico, nada. ¿A caso ya no sentía?. 
Me incorporé en el sillón refregándome los ojos con las manos. Bostecé. Mi boca estaba seca. Busqué con la mirada a Bill que no estaba. Por lo que me limité a levantarme, y caminar a la cocina a por un vaso de agua. Cogí el mismo de la noche anterior, lo llené y me lo bebí rápidamente. 
Al terminar me paseé por la casa en busca de alguna señal de vida. Pero nada. Al parecer me habían dejado sola… bajé las escaleras hacia “mi habitación”. Mi boca se abrió hasta el suelo al ver mis bolsos al lado de la puerta con toda la ropa metida dentro. Quizás Tom la había guardado, me consolé a mi misma. Me agaché junto a ellos y cogí lo primero que encontré. Unos jeans negros y una camiseta de las que me había comprado Simone, mas la ropa interior.
No me apetecía meterme en la ducha, por lo que desvestí y vestí en la misma habitación. Guardé la ropa sucia en el bolso y luego me dirigí al baño... allí cogí uno de los cepillos para cabello e intenté arreglarme un poco…
Al terminar de hacer todas mis cosas miré la hora, 4:12 PM. Quizás los chicos andaban en la discográfica... y Simone.. supongo que.. haciendo algo importante de trabajo o así. 
Subí las escaleras con cuidado... todo era silencio y me daba un poco de miedo romperlo. Me metí en la habitación de Bill y la comencé a examinar. No sabía la razón por la que lo hacía, pero algo me había atraído hasta ese lugar. Si, suena tonto. Pero así era.. 
Inspeccioné los CD’s de música que habían en un estante. No eran grupos que me llamaran la atención por lo que no reproduje ninguno. Los dejé en su lugar y luego miré en la otro pequeño mueble que había al lado. Calculé que habrían unos veinte libros. Miré el nombre de cada uno... la mayoría ya los había leído.
Vaya, en realidad no sabía lo que hacía.. pero algo en mi interior me decía que buscara… una cosa…
Al instante se me vino a la cabeza mi grandioso y olvidado MP4. En algún lugar debería estar. Comencé revisando los cajones. Pero sólo habían papeles, cuadernos.. em.. cosas.. y mas cosas sin importancia o que no quiero nombrar. 
Miré por los cajones del escritorio, pero antes de lograr abrir uno, algo que había sobre este me llamó la atención.. yo lo había visto antes. Cogí la libreta entre mis manos y la abrí, igual que antes, si, era la misma.. llena de tachas, manchones y borrones… con palabras escritas fuera de los márgenes y todo muy desordenado. 
Avancé a la siguiente página y comencé a leer lo que se podía leer, claro está..
Me mantengo despierto
Por ti..

No pude continuar leyendo, ya que la puerta se abrió… ¿a caso siempre me tenían que interrumpir?
No quise alzar la mirada para ver quien era… la mantuve puesta en la libreta hasta que la persona que había entrado me la arrebató, la cerró y la dejó sobre la mesa. 
- No me gusta que hurguen en mis cosas. – Si, era Bill... por su voz, sus manos y “su cosa”. Me hablaba enojado. Me mordí el labio inferior y no le miré. – ¿Por qué lo hiciste, Liza? – no comprendí esa pregunta... ¿tanto lío armaba sólo por una libreta? No supe que responder por lo que me limité a llevarme la mano al cabello y pasarme un mechón por detrás de la oreja. – vamos. – dijo frío. Me cogió de la muñeca y me sacó a arrastras de la habitación. Bajó las escaleras apresuradamente, me tropecé una par de veces pero al parecer no le importaba... me estaba tratando igual que antes… ¿Ya no me quería?, ¿Me había vuelto a odiar?... me llevó a “mi habitación”, cogió los bolsos con una mano, sin soltarme y se quedó en el lugar. - ¿Por qué no me dijiste la verdad? - yo no respondí. No sabía que responder… no quería. Los ojos se me llenaron de lágrimas al escuchar nuevamente ese tono frío e hiriente que muchas veces, hace tiempo, ya había usado conmigo. – ¿no me vas a responder? – negué con la cabeza pesadamente, con la mirada clavada en mis zapatillas. – estás loca. – espetó. Comenzó a caminar hacia la puerta de salida. Bill me estaba llevando al infierno. Pero no lo podía culpar de nada… simplemente me dejé llevar por él, que me tiraba con fuerza cuando mis piernas ya no daban para mas… en cualquier momento mis rodillas se doblarían y yo caería. Sentía un enorme nudo en el pecho... sentía impotencia, yo ya no podía hacer nada... esto se había salido de control, ya no estaba en mis manos. Me odié a mi misma por permitirme llegar tan lejos, a ese extremo.. a sentirme así. Juro que hubiese preferido la muerte en vez de eso… sentía una angustia total… que inundaba cada milímetro de mi cuerpo, me hacía sentir insignificante para mí misma… como si ya no existiera. Yo ya no existía. Quería llorar, quería caer al suelo al medio de la calle y comenzar a patalear y gritar, como una niña pequeña. Quería pedir ayuda, quería decirle todo. Pero mi boca no se habría y las lágrimas no acudían a mis ojos. Mi cuerpo estaba paralizado. Ya ni siquiera sentía las piernas… el corazón me bombeaba con fuerza, con tal poder, que podía sentir los latidos en mi cabeza. Los escuchaba… y me hacían daño en los oídos. Era insoportable. Necesitaba que Bill me dijera algo, su voz me tranquilizaría, aunque fuese algo ofensivo, la peor cosa del mundo… yo estaría mejor. 
Me di cuenta de que me faltaba el aire. Con todas mis fuerzas intenté inhalar un poco hasta conseguirlo. - ¿No te sientes culpable?. – levanté la vista… él miraba hacia adelante con expresión seria, caminaba con pasos decididos, me daba miedo. Volví a bajar la mirada a mis zapatillas. - ¿No respondes? ¿Te has quedado muda? ¿O es que es una broma?.. si lo es, te aseguro que no es nada graciosa.. ya puedes terminar con eso. – cerré los ojos con fuerza... deseando en lo más profundo de mis ser que esto terminara, que me borraran de este lugar. Deseé no haber existido nunca, no haber nacido… todo hubiera sido mejor.. todo habría ido bien sin mi.
Me mordí el labio inferior en el momento que nos deteníamos frente a mi casa. No tuve el valor suficiente para mirar a Bill, ni siquiera pude mirar la puerta. Intentaba convencerme a mi misma de que no tenía miedo…- Ya hablaremos de esto. – yo asentí. – Me lo tendrás que explicar todo… - tomó aire y me soltó el brazo. Yo lo dejé caer lentamente al lado de mi cuerpo. – vendré mañana. – se acercó a la puerta y picó al timbre. – Adiós, Liza. – Se dio media vuelta y se alejó del lugar… eso me había dolido… había tocado a la puerta del infierno y me había dejado esperando a que el demonio me recibiera. Sin siquiera darme un beso de despedida, sólo con un frío “Adiós”, que se lo podría haber dado a cualquiera.
No estaba segura de que sobreviviría a esto... pero a medida que pasaban los segundos, un pequeño rayo de esperanza comenzaba a nacer en mi interior. Aliviándome de todos esos sentimientos negativos que se habían apoderado de mi mente…
La puerta se abrió de golpe, yo di un pequeño salto y un paso hacia atrás.
- ¡Li...! – justo en ese momento Rose fue apartada de la puerta de un empujón.
- ¿Tu aquí? – Me quedé sin respiración. ¿Cómo olvidar esa despreciable voz? – Entra eso. – le ordenó a Rose, creo que refiriéndose a mis bolsos. Ella le obedeció sin decir nada y los dejó al lado de la escalera. – pasa. – me ordenó fríamente. – y tú... vete de aquí. – traducción: Ahora viene mi muerte. - ¡Te llevaste todo mi dinero! – me gritó mientras me tomaba del cabello y me arrastraba hacia las escaleras.

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