22 febrero, 2012

Capítulo 4 /Sacred









                                      Capítulo 4

Abrí los ojos lenta y pesadamente. Estaba tan cómoda durmiendo que no quería despertar.. me sobresalté un poco al darme cuenta de que estaba bajo las estrellas, pero al instante recordé el por qué… había sido real.. y no un sueño. Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Alcé la mirada esperando encontrarme con un rostro dormido, pero no fue así. En vez de un rostro dormido, me encontré con unos bellos ojos color miel, que brillaban a la luz de la luna, haciéndolos aún mas hermosos. Se achicaron un poco, supuse que había sonreído.

- ¿Cómo has dormido?. – preguntó en un susurro. Que tierno era cuando se preocupaba por mi.. hacia que me sintiera especial, ya que casi nadie se había preocupado por mi. Ni siquiera en preguntarme como he dormido o un simple como te encuentras.
- Muy cómoda. – Contesté divertida en un susurro, igual que él.
- Que bien. – Rió
- ¿Cuanto dormí? 
- No lo se.. el tiempo se me ha pasado volando. – yo le miré con incredulidad.
- ¿No has dormido?.
- No, prefería quedarme despierto.. por si despertabas o algo..
- Ah. – había despertado hacía menos de 5 minutos y el ya se había preocupado dos veces por mi.. era todo un record. Me sentí orgullosa, tontamente orgullosa. – no tienes frío?. – dije en cuanto me di cuenta de que estaba solo en camiseta, ya que yo tenía su chaqueta de cuero en mis hombros. El negó con la cabeza mientras se encogía de hombros y me sonreía. Que sonrisa tan perfecta.. yo también sonreí. No sabía que tenía ese chico, pero me hacía sonreír de verdad.. eso era un tanto raro en mi.
- Creo que ya debemos irnos… - yo asentí con la cabeza dándole la razón. – ve tu primero. 
- Ok. – dije mientras me incorporaba y salía de entre sus cálidos brazos, dejando la chaqueta encima de él. Me puse de pié y le sonreí tímidamente mientras movía la mano en señal de despedida. – adiós Kau.. Bill. 
- Adiós.

Comencé a bajar por las escaleras de madera, sin volver la vista atrás. Mientras pensaba en lo ocurrido, debo decir que había sido realmente genial e irreal. Nunca me imaginé durmiendo en los brazos de mi peor enemigo.. incluso, si alguien me hubiese dicho hace tres días que yo estaría “así” con Bill, no me lo abría creído, y me hubiera burlado de el. 
Tomé todo el aire que mis pulmones me permitieron y lo solté en un gran suspiro. Esta tregua era la mejor idea que a Bill y a mi se nos podía haber ocurrido… pero lo mejor de todo, definitivamente, era que mañana era SABADO LIBRE, y como ya lo había planeado, iría a comprar ropa nueva y a hacerme ese piercing que tanto deseaba… quizás, si le pedía a Andy que me acompañara, podría estar mucho mejor y menos aburrida que estando sola. Pero eso ya lo vería mañana por la mañana, porque podía ser que ella tuviese sus propios planes. Y yo no quería arruinárselos. 
Me pregunte cuales serían los planes de Bill para mañana… esperen… ¿Por qué pensaba tanto en él?. Vale, el era un amigo genial y se “preocupaba” por mi. Pero no era como para tenerlo en la mente todo el tiempo, no?.. era ridículo y estúpido…

Cerré la puerta de mi habitación procurando no hacer ruido. No quise encender la luz, ya que Andy y Lidia dormían, y no quería despertarlas, ni mucho menos darles explicaciones de donde había estado. Caminé a tropezones hasta el borde de mi cama y me quité los zapatos con mis mismos pies, mientras que con los brazos me desabrochaba el botón de mi pantalón. Me quité también el pantalón y me metí entre las sábanas. Alargué mi mano hasta la mesita de noche y manoteé hasta encontrar un móvil. Era el de Lidia. Le dí a cualquier botón para iluminar la pantalla y seguidamente miré la hora con los ojos entrecerrados, ya que la luz me molestaba. Las 2:15 AM. Dejé nuevamente el móvil en la mesita, aunque esta vez no calculé bien la distancia y calló al suelo. Rogué para que las chicas no despertaran por el ruido. Y no lo hicieron. 
Me acurruqué mas entre las sábanas de la cama y hundí mi cabeza en la almohada…


A la mañana siguiente desperté alrededor de las 10. Había dormido 8 horas. 
Me metí en la ducha, no sin antes decirle a Andy sobre mis planes. Ella había aceptado ir conmigo de compras, ya que ella, al igual que yo, necesitaba renovar su guardarropa.
Me vestí lo mejor que pude, solo podíamos salir solos del internados una vez al mes y no iba a estar vestida como cualquier día…
Me puse unos jeans oscuros entubados junto con una camiseta llena de tachas, color negra, muy a la moda y a mi estilo. Junto con unos tacones negros.
Me cepillé el fleco y me maquillé los ojos de negro, concentrando mas el color en la parte superior del ojo. Me guiñe un ojos frente al espejo, no sabía de donde venía tanta felicidad, pero me sentía bien y quería disfrutarlo mientras durase.
Salí del baño sonriendo ampliamente y me encontré con Andy sentada en la silla del escritorio, girando y girando como una niña pequeña. Al parecer no se había dado cuenta de que la observaba. Me acerqué a ella y cogí la silla del respaldo, para luego moverla hacia arriba provocando que Andy cayera en suelo sentada. No pude reprimir una carcajada al ver la cara con la que se había quedado.
- ¿¡Pero que haces!? – chilló. La sonrisa de mi rostro se borró al instante. 
La contemplé por unos segundos, estaba con el ceño fruncido y sus manos apretaban la alfombra fuertemente, incluso tiritaban… me entró la risa y no pude reprimir una sonora carcajada. Ella frunció aún mas el ceño. – No es gracioso, Liza.
- ¡Si lo es!. - dije mientras reía con las manos en mi estómago que ya me comenzaba a doler.
- ¡Para ya!, ¡mejor me ayudas!. – yo seguí riendo, le tendí la mano para ayudar a que se parase, lo que no pasó, ya que por la risa y el hecho de que no veía nada por las lagrimas que me salían, la solté a medio camino provocando otra caída. Comencé a reír más fuertemente llevándome las manos a la boca e intentando parar. Reír mucho era molesto, a veces. – Estás muy contenta hoy…
- Pues, pues ¡siiiii!.
- Dios… - negó con la cabeza mientras se levantaba, se limpió los pantalones, esperó a que me calmara un poco. Me cogió de la mano y diciendo un “vamos” me sacó de la habitación a empujones.



- ¿Y bien?. – dijo mirando hacia el gran letrero multicolor que adornaba la entrada de un gran local y que decía: “PIERCINGS Y TATUAJES”. Yo me mordí el labio inferior y asentí.
- Aquí voy.. – suspiré.
- Te esperaré fuera. – posó su mano en mi hombro para darme ánimos, yo sonreí y empujé la puerta que decía “abierto”. 

Lo primero que hice fue mirar el lugar. Estaba lleno de imágenes y diferentes tipos de adornos pegados en las paredes, me pareció un lugar genial, aunque un poco desordenado. ¿Pero de que me quejaba? La habitación de mi casa era igual o mas desordenada que ese lugar. Me acerqué a un chico que miraba una revista, estaba sentado en una silla con los pies subidos en el mostrador de tatuajes, el debería ser el que atendía…

- Disculpa…
- ¿Si?. – dijo levantando la vista de la revista. Me sonrió amablemente. Tenía una sonrisa bonita, y unos ojos verdes que te mueres, estaba lleno de piercings y tatuajes que se esparcían por su cuello y se perdían en su camiseta, para luego aparecer en sus brazos… pero no era mi tipo. – ¿que necesitas?. – me miró de pies a cabeza. yo fruncí el ceño y con una sonrisa algo falsa le dije:
- He venido a perforarme… 
- Mmmm.. ¿eres menor de edad?. 
- Esto, si.. – reí nerviosa. – pero mi padre me ha autorizado a hacerme uno. – mentí.
- Bien, pues… ¿donde lo quieres? – se levantó del asiento y avanzó hacia un mueble que estaba a mi lado.
- Aquí. – dije apuntando mi ceja derecha. 
- ¿Estás segura?. – yo asentí. El resopló y sacó unos guantes de goma de una cajita. Luego se los puso…



Salí de allí con la mueca de dolor aún grabada en mi rostro. ¿Por qué todas las personas decían “no duele nada” cuando en realidad te daban ganas de llorar del dolor?, ¡já!, yo nunca haría eso, si alguien me preguntaba, pues le diría que si duele. Que mal es ir feliz a hacerte un piercing que supuestamente no re dolerá y luego.. pues, te duele. 
Busqué a Andy con la mirada, estaba en el mostrador de una tienda de accesorios y complementos. Caminé hacia ella y le piqué el hombro. Ella se dio la vuelta y abrió la boca en forma de “O”.

- ¡Te lo has hecho!.- dijo llevando su mano a mi ceja. Con solo el hecho de tocarme, me dolieron hasta los pies. 
- ¡ahh! ¡Quita!! – ella quitó rápidamente una mano de mi ceja.
-  Lo siento. 
- No te preocupes.. 
- Esto.. a la peluquería ahora, ¿verdad?.
- Si.. eso.. creo..

Caminamos alrededor de 20 minutos hasta llegar a una peluquería moderna y muy conocida por sus cortes de cabello y tinturas, eran de buena calidad, y la mayoría a muy bajo precio. Esta vez entramos las dos, ya que Andy se haría un corte de cabello. Cogimos un número, ya que la tienda estaba llena de gente, que agobiante era, ¡dios! Quería salir corriendo de ese lugar.

Pero era tanto el deseo de tener el cabello rosa que me limité a quedarme sentada en un sillón junto con Andy conversando.

- Aquí adentro apesta. – dije arrugando la nariz, en realidad no apestaba, pero era para sacar un tema de conversación.
-  No es cierto.
- Si lo es, huele.. – ella comenzó a oler el aire mientras hacía el tonto, yo comencé a reír mientras la gente nos miraba raro. Decidí para mientras ella seguía con su show, esperando que yo siguiera riéndome, me gustaba hacer eso… entonces la puerta de entrada se abrió, y cierta persona apareció por la puerta, me quedé completamente en blanco.

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