24 febrero, 2012

Capítulo 23 /Sacred









                                                   Capitulo 23

A la mañana siguiente desperté debido al terrible frío que sentía. Me costó un par de segundos asimilar lo que había pasado. Miré a Bill, este dormía profundamente… tenía cara de niño pequeño. Reí bajito. Estiré la mano hacia mi bolso que estaba casi metido bajo la cama y cogí el móvil… las seis y treinta de la mañana. Era mejor ir a esta hora por la ropa y volver antes de que Bill despertase. 
Me levanté con cuidado de no hacer ruido me puse la ropa del día anterior… salí de la habitación y me metí en el baño…
Minutos después estaba de vuelta en la habitación de Bill, mucho más presentable para salir. Me acerqué a Bill y le di un suave beso en los labios, casi sin tocarlo para que no despertara… luego miré por la ventana para ver que tal estaba el terreno. Estaba fácil de bajar. Ya que había como una especie de techo un poco más abajo de la ventana…
Pasé un pié hacia afuera y luego el otro, para quedar sentada. Miré a Bill por última vez y me lancé…
A las nueve ya estaba de vuelta en la habitación de Bill. Todo había salido bien… había llamado a Rose y habíamos quedado en un café. Allí ella me había entregado un bolso con ropa y me había dicho que no dudase en pedirle algo si es que lo necesitaba… y habíamos tomado desayuno en el local. 
Dejé el bolso, que era más grande que el que traía originalmente, bajo el escritorio y me acosté al lado de Bill para descansar.
Giré la cara para mirarlo… dormía como un niño pequeño. Estaba boca abajo, tapado con la sábanas hasta la cintura y su cuerpo subía bajaba al ritmo de su acompasada respiración. Que perfecto era… 
Suspiré mientras alargaba mi mano hacia su rostro. Lo acaricié suavemente. El pareció despertarse un poco. Lo observé con atención, viendo como sus ojos se iba abriendo pesadamente, poco a poco. Hasta dar un bote cuando algo cálido se posó sobre mi mano, que estaba en la mejilla de Bill.  Ya estaba despierto... me había agarrado la mano.
Le sonreí y el también lo hizo. Luego llevó mi mano a su boca dándome un dulce beso en ella. 
- Buenos días.
- Bueno días, princesa. – me contestó un voz ronca y llena de sueño. 
- ¿Cómo estás?
- Bien. ¿Por qué?
- No lo sé. – me encogí de hombros. – quería preguntártelo. – Bill rió y luego pareció darse cuenta de algo ya que me apuntó con el dedo.
- ¿Por qué estás vestida?
- Fui a buscar mis cosas. – respondí como si nada ocurriese.
- ¿Y no me avisaste?. 
- No quería despertarte… 
- ¿A qué hora fuiste? – ¿Acaso esto era un interrogatorio?
- A las seis y treinta. – Bill asintió... pareció darse cuenta de que era demasiado temprano para él. Incluso ahora, a las nueve y algo ya era temprano. 
- ¿Qué piensas hacer ahora que no vas al internado? – preguntó entre bostezos. “esperar a que mi padre muera y me den todo su dinero”, pensé divertida... yo no era interesada ni mucho menos. Pero eso lo era todo. Sin eso, nadie podía vivir… 
- Pasaré el tiempo libre contigo… hasta que te aburras de mí y me saques de esta casa a patadas. – me encogí de hombros y le sonreí.
- Que sepas que nunca me cansaré de ti. – me dio un toquecito en la nariz con su dedo índice y me sonrió como a una niña pequeña.
- Eso lo dices ahora… ya veremos lo que opinas después. 
- Te voy a seguir queriendo. - me besó la mano nuevamente. 
- No estés tan seguro. – y era verdad... el amor no duraba por siempre... y menos en dos chicos de dieciséis años… esto era algo pasajero. Y aunque yo no lo sintiese pasajero, y aunque supiera que nunca lo dejaría de querer... algún día nos teníamos que separar… vamos, que el amor de los adolescentes no dura por siempre.
- Estoy seguro al cien por ciento, Liza.. yo te quiero. – Lo que Bill decía me sonaba como una verdad.. pero el problema era que yo no quería creerlo. Desde pequeña siempre había vivido en un mundo sin cariño, mimos, ni nada que se le pareciera… por lo que esto era completamente nuevo para mi. Y aún no lo podía asimilar, ni creer.. si, estoy un poco retrasada, lo se… Ya somos novios desde hace tiempo y yo aquí dudando. 
Suspiré mientras me encogía de hombros.
- ¿Quieres que me vaya para que te cambies? – Bill me escaneó con la mirada.
- ¿Y tú no te cambiarás?
- Lo había olvidado… llevo la misma ropa de ayer y…
- Si quieres ve a ducharte. – me interrumpió. Yo le sonreí y moví la boca diciendo un “gracias” mudo. Luego me incorporé y camine hacia mi bolso que lo había dejado bajo el escritorio y saqué la ropa que necesitaba. Todo esto bajo la mirada de Bill.
- No me tarde... luego vas tú. – Bill asintió. Yo le hice un gesto de despedida agitando la mano como una niña pequeña y él me contestó con una sonrisa tierna pintada en el rostro.
Salí de la habitación y cerré la puerta tras de mí. ¿Estaría Simone en casa? ¿Abría llegado cuando nosotros estábamos en “eso”? y en el caso que hubiese llegado… ¿Nos habría escuchado?. Decidí no darle más vueltas al asunto y luego de revisar todas las puertas que encontré, me metí en la del baño que era la del fondo.  Como no era mi casa y no sabía dónde estaba cada cosa. La cerré y le puse el picaporte… luego de eso me quité la ropa rápidamente, abrí el grifo de agua caliente y me metí bajo el chorro de agua… que bien se estaba allí… aún podía sentir los besos y caricias de Bill la noche anterior… un escalofrío recorrió toda mi columna vertebral al recordar el momento…
Cerré el grifo con resignación, ya no podía seguir allí adentro y eso me molestaba. Me envolví en la toalla que había sacado anteriormente de mi bolso y salí de allí. Me sequé y vestí con rapidez, para no entumirme y me sequé un poco el cabello con la misma toalla. Me miré al espejo antes de salir del baño… llevaba unos pantalones ajustados color gris, con un jersey blanco y unas zapatillas algo anchas. Pero se veían bien y me encantaban, a demás era invierno y hacía un frío de mil demonios. Recordé a Candy… la debía ir a ver para avisarle sobre mi decisión y decirle que nos me esperara. Ya que no volvería… o tal vez si… eso se veía según los hechos. 
Salí del baño con la ropa sujetada entre mis brazos y caminé hacia la habitación de Bill. Abrí la puerta y me lo encontré en ropa interior, sentado en la cama y con unas cuantas prendas de ropa en sus manos.
- ¡Qué guapa!. – me sonrió, yo enrojecí un poco y le devolví la sonrisa. – mi turno. 
- Apresúrate. – Bill se levantó y caminó hacia mí.
- Lo haré. – me dio un dulce beso en los labios y luego salió de la habitación cerrando la puerta tras de si. Suspiré.. que lindo.. y era mio.
Dejé escapar un “grito silencioso” de mi boca y metí toda la ropa en el bolso mientras pensaba en “los viejos tiempos”. Esos días que nos llevábamos mal y que nos veíamos en la azotea... en esos tiempos cuando yo estaba comenzando a enamorarme de él.. qué días, ¡dios! En ese entonces todo me parecía difícil... pero ahora que lo pienso.. estoy en otra situación mas difícil aún. Recordé con una sonrisa el día que le había confesado que había sido yo quien le había dicho al consejero que era impotente. Comencé a reír… esa “travesura” había sido buena.. pero no tanto como la de las avispas.
Me levanté del suelo, donde había estado arrodillada y me limpié el pantalón con las manos. Me fijé que en el escritorio había un libreta con algunas hojas sobresalientes... me llamó la atención. Por lo que la tomé y la abrí con cuidado. Estaba escrita, llena de tachas y manchones. Di vuelta la página en busca de algo que se pudiese leer. Pero justo en ese momento, la puerta se abrió y la libreta cayó al suelo…

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